La colonización europea de Oriente Medio

 La historia es esencial para comprender el origen de muchos de los conflictos que hoy día parecen “eternos”, como la disputa por Cachemira entre India y Pakistán o las “divisiones sectarias” entre los árabes del Levante Mediterráneo.  Este artículo es un resumen de la historia colonial de Oriente Medio (1757-1948), centrada en la evolución de la “percepción” europea sobre la región, la penetración comercial y la colonización del Indostán y los países árabes. Este no es un texto académico sino más bien divulgativo, con el objetivo de contextualizar futuros artículos. De nuevo, es una revisión actualizada y mejorada de una sección de mi Trabajo de Fin de Grado (2014), con añadidos y omisiones para hacer la lectura más agradable. Para conocer lo que sucede en el XIX en los países no colonizados, recomiendo leer Movimientos de Reforma II

Introducción

1650-1950Evolución política de Oriente Medio 1650-1950. Elaboración propia a través de los mapas de Geacron

            Durante los siglos XVIII y XIX, época de esplendor de los llamados “imperios de la pólvora” de Oriente Medio (con sus tres grandes dinastías, los Otomanos, los Safávidas y los Mogoles), el Occidente europeo empezaba a despuntar económicamente, siendo desplazados los países del sur de Europa por los del centro y norte. Holanda, Francia y Gran Bretaña superaban a España y Portugal y redoblaron su búsqueda de nuevos mercados y tierras que conquistar.

            Paralelamente, el imaginario europeo se transformaba y la misión civilizadora sustituiría al cristianismo evangelizador como motor y justificación de la expansión colonial.[1] La “diferencia imperial” que antes separaba a la cristiandad europea de los países islámicos se convirtió en “diferencia colonial.” Es decir, durante los siglos XV-XVII, la época de los Austrias y la lucha contra los turcos en el Mediterráneo, se percibía a los habitantes del norte de África y Oriente Medio como un “otro” igualmente poderoso, aunque los cristianos pensasen que eran superiores moral y religiosamente. Sin embargo, a partir de siglo XVIII se empezó a ver a los países e imperios de Oriente Medio como sociedades despóticas, débiles, necesitadas de buen gobierno y por tanto colonizables. La colonización al fin y al cabo se suele justificar como una especie de tutela paternalista, un servicio humanitario. Si durante la Edad Media y el Renacimiento los musulmanes eran caracterizados como sujetos pérfidos, viles y condenados al infierno por infieles, pero capaces de raciocinio y entendimiento, a partir del siglo XVIII empiezan a ser percibidos como seres atrasados, primitivos, salvajes, que aún no habían alcanzado su madurez.

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Los imperios de la pólvora hacia el 1600. Rojo-Otomanos. Violeta-Safávidas. Verde-Mogoles. Fuente: Ballandalus

            Todo esto pasaba bastante desapercibido para los habitantes y gobernantes de los distintos imperios de Oriente Medio, que no percibían ninguna señal de decadencia o atraso. Es más, seguían convencidos de ser el centro del mundo, países ricos donde la ciencia y la técnica brillaban, protagonistas de un “renacimiento”, una nueva época de esplendor que sepultaba el recuerdo de los invasores mongoles que arrasaron los campos y ciudades de la región. Aunque muchas de las dinastías gobernantes surgidas tras la desintegración del imperio de los janes (inglés: khan) eran de origen turco-mongol, acabaron asimilándose a las culturas locales, aun manteniendo las distancias. Quizá el ejemplo paradigmático sean los mogoles de la India, descendientes de un heredero de Gengis Jan en Asia Central, dinastía que se integró perfectamente en las tradiciones y la cultura del Indostán, manteniendo cierta armonía entre hindúes y musulmanes y patrocinando la construcción de maravillas como el Taj Mahal.

            No quiero detenerme demasiado en la historia de Oriente Medio durante los siglos XVI-XVIII, pero para sintetizar y resumir, podemos considerar que era una época de estabilidad política, con cierta unidad cultural (islámica), sin grandes guerras, conflictos territoriales o hambrunas severas. No era un mundo ideal, por supuesto, pero los gobernantes de los imperios de la zona tenían bastante confianza en sí mismos y en ningún momento sospecharon de los comerciantes y exploradores europeos que empezaban a asentarse en sus tierras. No esperaban que los barbilampiños e idólatras habitantes de lejanas tierras fueran a alterar de ninguna manera el equilibrio político, económico y social que habían alcanzado.

Corte de Fath Ali ShahLa corte de Fath Ali Shah (~1815). Los representantes británicos, con las obligatorias medias rojas que debían llevar los invitados a la corte de los Qajar, tratan de pasar desapercibidos entre la multitud.

 La colonización económica

            Occidente no entró en Oriente Medio solo mediante la conquista, sino también a través del comercio y la injerencia en la política interna, dinámicas que comenzaron en el siglo XVI. De hecho, a menudo la penetración económica precedió la conquista política, como en el caso de la India. La colonización europea de los países islámicos fue lenta y protagonizada por distintos actores, fundamentalmente Francia, Gran Bretaña y Rusia. No siguió un plan de acción predeterminado, si bien hubo un cierto acuerdo entre las distintas potencias europeas por el reparto de las zonas conquistables y colonizables. También hubo episodios de enfrentamiento y “guerra fría” por las famosas “esferas de influencia”, siendo la más famosa el Gran Juego por el control de Asia Central.

 “Dejemos clara una cosa: la penetración europea en el mundo musulmán nunca supuso un choque de civilizaciones (…) En esta época de colonización, la <<civilización europea=””>> nunca estuvo en guerra con la <<civilización islámica=””>>. De hecho, a partir de 1500, los europeos llegaban al mundo islámico principalmente como comerciantes ¿Qué menos amenaza podía haber?”.[2]

            Además de comerciantes, llegaron asesores y técnicos, que influyeron decisivamente en las decisiones de los gobernantes. En 1598 dos británicos, los hermanos Sherley, consiguieron llegar a Persia, y vender a Shah Abbas, el mayor de los monarcas safávidas, cañones y armas de fuego de fabricación occidental, comprometiéndose a asesorarles técnica y estratégicamente. Los persas “veían en las armas y los asesores procedentes de una isla lejana, diminuta e insignificante del oeste de Europa la solución perfecta”. Así empezó la costumbre de otorgar a asesores europeos el mando del ejército persa,[3] tendencia que con los Qajar (1798-1920) continuaría, convirtiéndose el apoyo de las potencias extranjeras en uno de los pilares de la dinastía.

            La forma en la que solían proceder las potencias europeas era intentar asegurar una serie de “concesiones” económicas. Esto es, que el monopolio de la venta de algún producto la tuvieran los agentes comerciales de dicha potencia, o que extuvieran exentos del pago de aduanas y aranceles. Esto solía ser acompañado por el status de extraterritorialidad, es decir, que los naturales de las potencias extranjeras, en el caso de que cometieran algún delito, no fueran juzgados por los tribunales del país donde ocurriese el delito, sino por los de su país de origen. En la práctica esto se tradujo en bastantes abusos y crímenes que quedaron impunes, generando bastante odio entre los locales. La contrapartida a estas concesiones eran pagos únicos o periódicos de importantes sumas de plata u oro. Si algo caracterizaba a los imperios de la pólvora (sobre todo el Otomano y el Safávida) era la escasez de metálico, problema que se agravó con la entrada al mercado europeo de toneladas de metales preciosos procedentes de  América. La construcción de infraestructuras y la modernización de los ejércitos precisaba de mucho capital, y este capital se obtuvo a costa de malvender los recursos locales a las potencias europeas. Esta práctica no es exclusiva de Oriente Medio, de hecho se dio en Latinoamérica durante todo el siglo XIX y también en España (minas de Río Tinto y demás).

            Sin embargo, por “colonización” se suele entender la mera conquista militar. La colonización política de los países musulmanes puede dividirse en tres etapas. En la anterior a 1830 sería dominado el antaño poderoso Imperio mogol y las demás regiones del subcontinente indio; desde 1830 hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial los países árabes del norte de África fueron sometidos; tras la Gran Guerra, las antiguas zonas dependientes de los otomanos (el Levante y Mesopotamia) pasaron a ser tuteladas por Francia y Gran Bretaña. En esta clasificación no entran las campañas del Imperio ruso contra los Otomanos, que eran bastante periódicas. Véase por ejemplo la lista de guerras ruso-turcas. A continuación se resumen la colonización de la India y los países árabes, dejando la expansión rusa para otro momento.

Indostán (1757-1947)

            La colonización de la India comenzó con el establecimiento de la Compañía Británica de las Indias Orientales en 1757 y su progresiva toma de control del subcontinente, llegando a reclutar ejércitos (los denominados cipayos) y a controlar la fiscalidad, manejando como títere al sultán mogol y a otros gobernantes menores hasta el motín de 1857.[4]  Posteriormente, los británicos trataron de conquistar el Hindu-Kush (Afganistán) en tres ocasiones con el objetivo de ejercer una mayor influencia sobre Persia, pero fueron rechazados. (Véanse Historia de Afganistán y II ). La dificultad de invadir y mantener el control de Afganistán ha sido experimentada después por los Soviéticos y Americanos.

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Expansión de la colonización británica del Indostán y área del motín de 1857. Fuente: kenyonimperialismproject2009

            Tras el citado motín, en el que hindúes y musulmanes se unieron contra el dominio británico,[5] la administración de la compañía fue sustituida por una directamente dependiente del Estado británico. Las élites musulmanas, encabezadas por Sayyid Ahmad Khan, trataron de reconciliarse con las autoridades coloniales y distanciarse de los hindúes,[6] estrategia que les funcionó hasta la Primera Guerra Mundial. La Gran Guerra causó una fractura en las relaciones entre los musulmanes indios y el Imperio británico, pues se había declarado la guerra al califa nominal del islam (el sultán otomano) y además se estaba enviando a cipayos musulmanes a luchar contra otros musulmanes. En la década de 1919 emergió el Khilafat movement, un amplio movimiento de masas de carácter pan-Islámico y anticolonial que se alió con el  Congreso Nacional Indio encabezado por Ghandi y que puso en jaque a la administración colonial británica durante varios años, perjudicando gravemente la economía imperial con un boicot a los textiles ingleses.[7]

            Sin embargo,  las tensiones entre las comunidades musulmana e hindú, alimentadas por años de estrategias británicas de divide et impera (como por ejemplo la discriminación del idioma urdu en favor del hindi en las oposiciones a la administración pública), resurgirían con fuerza en las siguientes décadas, hasta la retirada de los ingleses en 1947 y la creación de una “patria” para los musulmanes indios (aunque más de la mitad de esos musulmanes quedasen fuera de esta nueva patria). El Plan de Mountbatten (el funcionario británico encargado de la partición) dividía la India en dos estados, uno para los musulmanes y otro para los hindúes y sijs. El nombre de Pakistán significa “tierra de los puros”, pero hay quien dice que proviene de las iniciales de los territorios integrados (Punjab, Afganistán, Kachemira, Indo -el río- y Baluchistán)

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Plan de Mountbatten, 1947. Por desgracia no puedo citar la fuente, ya que la desconozco.

             Tanto en la historiografía europea tradicional como en la pakistaní se presenta la partición del Hindustán entre Pakistán y la India como un suceso inevitable,[8] pasando generalmente por alto la enorme tragedia humana que supuso, con 10 millones de desplazados y más de un millón de muertos. No obstante, una nueva corriente revisionista trata de demostrar que la creación de Pakistán no se trata a una necesidad histórica debida a la existencia de dos comunidades irreconciliables, sino que estas solo existían de forma definida en las mentes de los líderes,[9] siendo la partición causada por la prisa de los ingleses y la intransigencia de los representantes del Congreso Nacional Indio y la Liga Musulmana (dos partidos políticos) en las negociaciones para acordar la organización y constitución del nuevo estado indio (de hecho, las regiones que conformarían Pakistán son aproximadamente las mismas en las que la Liga Musulmana había obtenido mayoría).  A pesar de todo, Pakistán nació con una constitución secular; la islamización del país no se produciría hasta más adelante.

Países Árabes (1830-1948)

             En el siglo XVIII, con la excepción de la península arábiga, la mayoría de los territorios árabes se encontraban bajo el control otomano, al menos de forma nominal, aunque lo cierto es que tanto en la península arábiga como en Egipto el poder de los sultanes otomanos era muy limitado. El primer intento de conquista por parte de las potencias europeas fue organizado por Napoleón en 1798, con su expedición contra Egipto, narrada en primera persona desde el lado musulmán por el historiador al-Jabarti. El proyecto francés continuó después en los países del Magreb tras la conquista francesa de Argelia en 1830 y el establecimiento de un protectorado sobre Túnez en 1881. El protectorado, junto con la apertura forzada a los mercados internacionales, sería la forma habitual de incorporar los países árabes al dominio colonial. La Conferencia de Berlín de 1884 consagró el “derecho” europeo a la colonización de África, trazándose muchas de las fronteras artificiales que hoy dividen el continente.

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Reparto de África entre las potencias europeas. Fuente: Karl Addis’ site

               Dos años antes, en 1882,  Egipto, un país que se había adherido de forma decidida al comercio con Europa y al desarrollo económico inspirado en patrones occidentales, era invadido por Gran Bretaña como reacción a una revuelta dirigida por las élites tradicionales del país, que había expulsado a la troika franco-británica que gestionaba las finanzas egipcias desde la bancarrota declarada en 1875.[10] A pesar de que aparentemente los pagos de la deuda no se habían detenido con el nuevo régimen (según informaban los diplomáticos alemanes), el gobierno de Gladstone, animado por la prensa sensacionalista y temeroso de perder el control de Suez, invadió Egipto y estableció un protectorado. El último soldado británico se retiraría en 1954.[11]

             La consolidación definitiva del dominio colonial sobre los países árabes llegó tras la derrota de los otomanos en la Primera Guerra Mundial y el establecimiento de los mandatos de la Sociedad de Naciones, que repartían las colonias de los derrotados entre las potencias vencedoras. Así, se establecieron los “mandatos de tipo A” sobre el mapa modificado de la administración otomana, creándose las modernas fronteras de Iraq, Palestina y Jordania, otorgadas a los británicos, y Siria y Líbano, obtenidas por los franceses. Estos “mandatos” reflejan fielmente el imaginario occidental, la misión civilizadora que las potencias europeas se arrogaban sobre otras culturas y civilizaciones.[12]  Así, los mandatos de tipo A eran teóricamente una tutela durante varias décadas hasta que “el país pudiera valerse por sí mismo”, aunque en la práctica supuso la división de los países del norte del Mashreq en torno a criterios estratégicos en el juego de potencias y la instauración de regímenes títere, que impidió para muchos autores occidentales y árabes el surgimiento de un Estado árabe fuerte una vez libres del control turco.[13] Los movimientos anti coloniales se sucedieron durante el siglo XX, desde la fallida “revolución” egipcia de 1919 a la rebelión de Palestina de 1936, en la que el nacionalismo árabe y la solidaridad pan-islámica comenzaron a tomar fuerza.

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Mandatos de la Sociedad de Naciones, 1919. Fuente: Wikimedia

             Para explicar el actual caos en Siria y el Levante Mediterráneo se suelen citar otros tres tratados o pactos. El primero es el “Acuerdo Sykes-Picot” entre Francia y Gran Bretaña, en el que se repartían las antiguas tierras otomanas en dos esferas de influencia: el norte para Francia y el sur para los británicos. El segundo es la “Declaración Balfour“, en la que los británicos prometían al movimiento sionista la “creación de un hogar nacional judío en Palestina”, significase eso lo que significase. (Hogar nacional no significa Estado). El tercero fue la correspondencia entre Hussein, jerife hachemita de la Meca, y Mac-Mahon, un emisario británico. Se le prometió a Hussein el reconocimiento de un reino árabe independiente a cambio del apoyo contra los otomanos en la Primera Guerra Mundial. El más famoso agente colonial fue Lawrence de Arabia, que sirvió de enlace entre Hussein y los británicos. (Más información sobre la familia hachemita en Arabia Saudí II y III)

             Los británicos, en efecto, tenían tres acuerdos contradictorios. La solución final no satisfizo a árabes y sionistas, pero sí a franceses e ingleses, que aumentaban sus imperios con “mandatos” que debían supervisar. A los descendientes de Hussein los británicos les otorgaron los reinos de Jordania e Irak, tras la desastrosa experiencia de Faisal en el Reino de Siria, ocupado por los franceses. Irak y Jordania obtuvieron su independencia en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, tras asegurarse los británicos que los gobiernos que establecieron allí les fueran favorables. Los franceses fueron más reticentes a conceder la independencia a Siria y Líbano (cuyas fronteras fueron dibujadas y reconfiguradas en numerosas ocasiones), y hasta el fin de la guerra no reconocieron a dichos estados. En general, franceses y británicos utilizaron la vieja estrategia del “divide and rule” (dividir y gobernar), en la que privilegiaban a unas minorías étnicas, religiosas o lingüísticas sobre otras con el objetivo de conseguir una administración colonial nativa afecta, y de crear descontento comunal para presentar el dominio colonial como única alternativa al caos y la violencia sectaria.

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Revuelta Palestina de 1936. Fuente: Palnarrative

             En Palestina no se creo un “hogar nacional judío”, pero las potencias europeas favorecieron la inmigración y el asentamiento de judíos. El antisemitismo creciente en Europa animó a muchos a buscar tranquilidad en la “tierra prometida”, y el movimiento sionista colaboró con distintos gobiernos europeos (incluído el alemán) para aumentar el flujo migratorio. Los migrantes llegaban con capital, y lo que solían hacer era comprar tierras a terratenientes absentistas árabes (habitualmente jeques de Arabia). Estas tierras solían estar ocupadas por campesinos palestinos, pero los colonos judíos querían cultivar las tierras ellos mismos, de modo que se produjo un contínuo éxodo rural de palestinos hacia las ciudades. Por si fuera poco, los británicos privilegiaron a los judíos para trabajar en la administración del mandato. El descontento cristalizó en la revuelta de 1936, que merece un artículo aparte.

             Finalmente, en 1948 los británicos decidieron salir del Levante mediterráneo deprisa y corriendo. Al igual que en la India, tomaron decisiones precipitadas que crearían numerosos problemas, pero se lavaron las manos. Sin embargo, todo lo que sigue (creación del Estado de Israel, conflicto árabe-israelí, consagración del nacionalismo pan-árabe y del pan-islamismo, triunfo del partido Baath, victoria de Nasser contra británicos y franceses por el dominio de Suez, caída de la monarquía de Egipto…) no entra dentro del periodo colonial, de forma que no lo analizaremos en este artículo.

             Este artículo, como he dicho en la introducción, es meramente orientativo y divulgativo, e incurre en generalizaciones y simplificaciones, necesarias para mantener la fluidez del texto. Algunos de los temas tratados aquí se desarrollaran en detalle más adelante. La “colonización económica” de Irán y las turbulentas relaciones del país con Occidente, por ejemplo, está detalladas en otra sección de este blog. Las citas y referencias de este artículo provienen de mi TFG,las partes del texto sin referencias son de nueva creación. Aún así, puedo proporcionar bibliografía al que esté interesado en saber más o ponga en duda la veracidad de lo escrito. Cualquier duda, queja o sugerencia, en los comentarios.


Referencias bibliográficas

[1]     Alex Padamsee, Representations of Indian Muslims in British Colonial Discourse, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2005.

[2]     Tamim Ansary, Un destino desbaratado, p. 255.

[3]     Ibídem, p.  257.

[4]     Pati, Biswamoy, “Historians and Historiography: Situating 1857” en Economic and Political Weekly, Vol. 42, No. 19 (12 de mayo de 2007), pp. 1686-1691

[5]     Peter Robb, “On the Rebellion of 1857: A Brief History of an Idea”. en Economic and Political Weekly, Vol. 42, No. 19 (12 de mayo de 2007), pp. 1696-1702.

[6]     Shan  Mohammad, Writings and speeches of Sir Syed Ahmad Khan , Bombay, Nachiketa Publications, 2006.

[7]     K. H. Ansari, “Pan-Islam and the Making of the Early Indian Muslim Socialists” en  Modern Asian Studies, Vol. 20, No. 3 (1986), pp. 509-537.

[8]     Carlos H. Hernández, “La evolución de Asia y África desde 1945 hasta el final del siglo XX” en Javier Paredes (dir.), Historia universal contemporánea, Barcelona, Ariel, 2010. p. 1062.

[9]     Mushirul Hasan, “The Partition of India in Retrospect”en India’s Partition: Process, Strategy and Mobilization, Nueva Delhi, Oxford University Press, 2001, pp. 1-23.

[10]     R. C. Mowat,  “From Liberalism to Imperialism: The Case of Egypt 1875-1887” en  The Historical Journal, Vol. 16, No. 1 (Mar., 1973), Cambridge University Press, pp. 109-124.

[11]     John S. Galbraith y Afaf Lutfi al-Sayyid-Marsot, “The British Occupation of Egypt: Another View” en International Journal of Middle East Studies, Vol. 9, No. 4 (Nov., 1978), pp. 471-488.

[12]     W.M, Roger Louis, “The Era of the Mandates System and the None-European World”, en Hedley Bull yAdam Watson (eds.),  The Expansion of International Society, Oxford, Clarendon Press,  1985, pp. 201-210.

[13]     Un buen estudio del debate académico entre los autores árabes sobre la construcción del Estado-nación es: Youseef Choueiri, Modern Arab Historiography: Historical discourse and the nation-state, Londres, Routledge, 2003.

6 comentarios en “La colonización europea de Oriente Medio

  1. Luis dijo:

    Hola Salamanca, soy Luis estudié contigo en el instituto. Estoy leyendo muchos de tus artículos sobre Oriente Medio primero porque me parece muy interesante, y segundo porque necesito información para mi TFG de Periodismo que va sobre las repercusiones mediáticas de la guerra en Siria. Para ello, necesito una etapa de contextualización de la época y por lo que estoy viendo, tú tratas muchos de los temas que necesito para este epígrafe que te digo, así como otro que tengo por título: principales actores regionales e internacionales del conflicto bélico sirio. Sin más, pedirte que me aconsejes la bibliografía más adecuada para llevar a cabo esa parte del TFG y que me orientes históricamente sobre la región. Ni que decir sobre la calidad de este artículo, así como muchos otros que ya he leído.
    P.D: Espero verte algún día y charlar sobre cómo nos va la vida. Un abrazo muy fuerte Sala.
    Luis.

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    1. ¡Hola Luis!
      Todo depende del tiempo del que dispongas y de lo bien que se te de el inglés. Si manejas bien el idioma, mírate las referencias de mi artículo sobre la dimensión internacional del conflicto sirio (están abajo del todo). Aparte de eso, la mejor páginas web sobre la región es el Middle East Research and Information Project (http://merip.org), escrito por académicos y periodistas que trabajan sobre el terreno. Hay contenidos gratis de muy buena calidad.
      Tambien me gustan Informed Comment de Juan Cole (http://juancole.com), Al-Monitor (www.al-monitor.com) y Your Middle East (www.yourmiddleeast.com).
      Medios de comunicación generalistas, quizá The Economist y Al Jazeera, y en menor medida Russia Today, sean los que ofrecen contenidos de mejor calidad, aunque aconsejo leerlos con mucho escepticismo ya que esconden una agenda política.
      En español está el blog Traducciones de la revolución siria (http://traduccionsiria.blogspot.com.es/), que ofrece traducciones de textos originales en árabe. De la prensa general, quizá la sección internacional del ABC sea la más potable. De El País ya he hablado en otra ocasión.

      El mayor experto en Siria que conozco personalmente es Thomas Pierret, fue profesor mío en Edimburgo. Su página de Academia.edu es esta: https://edinburgh.academia.edu/ThomasPierret Tiene artículos en inglés y francés.

      Espero que esto te sirva de ayuda; y si quieres pasar a verme algún día a Toledo eres más que bienvenido. ¡Mucha suerte!

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  2. Muy buen material, lo he releído varias veces porque constantemente estoy en búsqueda de información sobre el tema para aclarar dudas importantes que surgen incluso en otros aspectos, pero que la complejidad de Oriente medio ayuda bastante como “plantilla”. En esta oportunidad mi duda es, tratando de plasmarla en un comentario, ¿por qué la colonización europea de Oriente Medio no tuvo los mismos resultados que en América, por ejemplo?, ¿por qué no hubo una colonización cultural tan pronunciada como se ve en el continente mencionado en donde incluso el cristianismo es la religión mayoritaria?, he estado analizando el tema desde hace un tiempo considerable ya y no llego a una respuesta satisfactoria, ¿qué podrías decir al respecto?, ¿con qué material podrías ayudarme?. Muchas gracias y sigue adelante.

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    1. ¡Hola! Tu pregunta es muy interesante. Voy a tratar de responderla, pero al ser difícil tendré que ir por partes:

      En primer lugar, el factor tiempo. Los europeos llegan a América a finales del siglo XV, y se quedan ahí varios siglos. La descolonización, de hecho, es liderada por los descendientes de los primeros colonos (los criollos), así que realmente se podría decir que América no llega a ser descolonizada nunca. La colonización europea militar de Oriente Medio no empieza hasta comienzos del siglo XIX, con la invasión napoleónica de Egipto, aunque las intervenciones francesas no tienen éxito hasta la década de 1830 (Argelia). Los franceses se marchan de su última colonia árabe, Argelia, en la década de 1960, así que solo están allí durante 130 años. El dominio británico de Egipto es más breve, entre 1882 y los años 50 del siglo XX.

      El segundo factor es la naturaleza de la colonización. El proyecto colonial español en América se inspiraba en el del Imperio Romano, y también en el de la Reconquista. Los españoles se asientan allí con el objetivo de obtener nuevas tierras y títulos nobiliarios, e intentan imponer su modo de vida y sus costumbres a los nativos. Para ello, tratan de acabar con las civilizaciones sometidas y borrar sus registros históricos y lo que perciben como doctrinas paganas. Españoles y portugueses no se contentan con la dominación política y económica, también quieren el dominio simbólico, cultural y religioso. Por eso construyen catedrales sobre las ruinas de los templos, y establecen universidades. Se adaptan las instituciones que son útiles para el proyecto colonial (la mita) y se descarta el resto. A ello se le suma un proyecto evangelizador y religioso, y una jerarquización social basada en la pureza racial.

      La colonización europea de Oriente Medio, por el contrario, es únicamente política y económica. Los imperios europeos no tienen el deseo ni la capacidad de hacer lo que los ibéricos hicieron en América. A ellos les interesan exclusivamente los beneficios económicos y táctico-militares que se puedan derivar de la ocupación. Franceses e ingleses no se mezclan con los nativos, de hecho, construyen sus ciudades al margen de las qasbas y medinas árabes. No establecen universidades ni construyen templos, n isiquiera intentan llevar a cabo conversiones al cristianismo, más bien levantan infraestructuras de tipo económico (ferrocarriles, minas y pozos petrolíferos) y se aseguran de controlar las rutas comerciales y los pasos estratégicos. La colonización francesa sí tenía un punto de “misión civilizadora” más pronunciado, pero solo consiguen “convertir” a las élites y las clases medias urbanas, que serán las que más tarde adopten el modernismo laico (véase el artículo al respecto en esta web). Sin embargo, franceses e ingleses no se atreven a destruir los templos, quemar los códices y textos o aniquilar las instituciones nativas; no les hubiera beneficiado ni hubieran sacado ningún provecho. El recuerdo de las cruzadas estaba presente en los árabes y musulmanes, y avivarlo solo hubiera servido para que surgiera una insurrección anti-colonial. La técnica europea era dividir para gobernar, tratar de sembrar el caos y la discordia entre las distintas comunidades con el objeto de hacerse indispensables como mediadores.

      A pesar de haber dominado militarmente Oriente Medio , franceses e ingleses no contaban con la aplastante superioridad logística que tuvieron los españoles en América. Más bien tenían que gobernar mediante reyes títere y la intercensión de unas élites locales a las que cooptaban con oro, tecnología y lujos. Los españoles directamente sustituyeron a los gobernantes aztecas e incas; franceses e ingleses se tienen que apoyar en los antiguos gobernantes. Además, en Oriente Medio no hubo la elevada mortandad (por guerra e infecciones) que hubo en América, de modo que no hubo el desastre demográfico que se dio en América y que hizo necesaria la importación de mano de obra esclava.

      Por otro lado, en Oriente Medio sobreviven importantes países que no son directamente colonizados: Irán, Turquía, Arabia Saudí. Cierto es que los europeos ejercen su influencia en la política interna y consiguen ventajas económicas, pero nunca logran el grado de control que permite imponer un modo de vida determinado.

      El último factor es que la religión islámica ejercía (y ejerce) una gran influencia en la mayoría de la población local. En América no había una gran religión monoteista, sino una diversidad de cultos locales. El islam, por el contrario, se expande desde Mauritania a Indonesia con unos textos sagrados y unas instituciones religiosas consolidadas. Los colonizadores europeos no están en condiciones de contrarrestarlo y de imponer el cristianismo. Además que no les interesa, pues confían en poder incorporar a los musulmanes a sus ejércitos (como hacen los británicos con los cipayos de la India).

      En resumen: En América los españoles se quedan varios siglos y buscan una dominación cultural, además de la económica y política. Además hay unos profundos cambios sociales derivados de la conquista. En Oriente Medio la presencia europea es menos prolongada y además se persigue el control militar y económico, no tanto el cultural. La sociedad se mantiene igual, salvo en las clases medias urbanas y las élites.

      Espero que está respuesta sea satisfactoria.
      ¡Un saludo!

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      1. Fue una excelente respuesta, satisfactoria de sobremanera. Me gusta esa manera de sintetizarlo: hubo una colonización política y económica, pero no cultural; y ahondar al respecto con el artículo sobre el modernismo laico, Movimientos de Reforma (II), fue una experiencia muy ilustrativa; me llamó bastante la atención porque contribuyó mucho a análisis que me gusta hacer, por lo formativos que son, sobre la sociedad turca, al ser Turquía un país que Huntington en Choque de civilizaciones resalta considerándolo un “caso especial” en la zona, en donde convergerían, según estudios que han realizado al respecto investigadores a partir de Huntington, una cultura occidental con una cultura islámica moderna (que el segundo artículo sobre movimientos de reforma define muy bien), lo que se me hace sumamente interesante si le agregamos las dinámicas ocasionadas por el ‘erdoganismo’, para calificarlo de alguna manera. Por cierto, ¿cuál es tu opinión sobre ese sistema?, sé que no habría desperdicio en conocerla, si es posible hacerlo, por supuesto.

        Además, las investigaciones que se han hecho sobre la juventud y sus comportamientos occidentalizados en países como Irán o Líbano (con sistemas distantes entre sí, estoy claro) son fascinantes; leía mucho lo que creo que es una serie de artículos de El Mundo, “Crónicas desde Oriente Próximo”, para informarme al respecto, sin embargo vi que en un comentario anterior reseñabas favorablemente a ABC, o al menos su sección internacional, por lo que deduzco que sabes cómo moverte entre fuentes, ¿qué me recomendarías tú?

        Muchas gracias por las efectivas respuestas, hacen falta muchas más personas como tú en estos ámbitos. ¡Un abrazo!

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      2. Hola de nuevo. Perdón por contestar tarde, he estado ocupado con otros asuntos.

        1 – Creo que Choque de Civilizaciones no es una buena fuente para la comprensión de Oriente Medio. Huntington simplifica demasiado, y además no tiene criterio definido para lo que él define como civilización. Resulta curioso que señale a Japón y China como dos civilizaciones distintas, mientras que Marruecos y Pakistán sean parte de una difusa “civilización islámica”, mientras que América Latina es una sola civilización separada de Occidente. Mezcla elementos religiosos, culturales e históricos sin mucho sentido, y en mi opinión no hace un buen análisis. Huntington fue el que propuso al Shah de Persia que crease un partido único en 1975, y no fue una buena propuesta ya que 4 años más tarde se tuvo que exiliar. En Irán 5 hablo brevemente sobre Choque de Civilizaciones.
        2 – El giro autoritario de Erdogan, con sus ataques a la libertad académica y de prensa bajo la excusa de la “seguridad”, es bastante preocupante. No me considero una autoridad en la Turquía contemporánea así que no puedo decirte gran cosa: creo que su política exterior es un poco errática (como expuse en los 6 errores de Turquía en Siria) y que va camino de instaurar una autocracia al estilo Putin.
        3 – En Enlaces de interés puedes encontrar una serie de medios recomendados. La prensa generalista peca de simple y superficial, si buscas análisis en profundidad te recomiendo La Mirada a Oriente, Bab al-Shams o el Instituto Elcano.
        Espero que esto sea suficiente. Si necesitas más información, no dudes en comentar o enviarme un email.
        ¡Un saludo!

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