El ascenso del gran ayatolá Sistani

El ascenso del gran ayatolá Sistani

El gran ayatolá Sistani (Mashad, Irán, 1930) es uno de los clérigos chiíes más poderoso del mundo. Se estima que tres cuartas partes de los chiíes del mundo le tienen como autoridad religiosa de referencia, y su fundación maneja un presupuesto millonario que le permite tener representantes en países como Azerbaiyán, Georgia, India, Turquía, el Reino Unido, Líbano, Pakistán, Estados Unidos y por supuesto Irán e Iraq.

Este artículo se centra en la trayectoria de Sistani hasta 2005. Primero narro el ascenso de Sistani entre la jerarquía eclesiástica chií. Después explico como tras la invasión estadounidense de Iraq, Sistani se convirtió en una pieza central de la política del país. Para leer sobre los últimos 15 años de la vida Sistani tendréis que esperar a mañana 15 de enero: El Orden Mundial (EOM) va a publicar un artículo mío sobre el tema (solo para suscriptores).

Antes de meternos en materia, es preciso tener en cuenta que la importancia de Sistani no se puede comprender sin considerar algunos características del chiísmo duodecimano usulí, la denominación más extendida entre los chiíes. Los usulíes defienden el uso del razonamiento independiente para interpretar los textos sagrados del islam y encontrar indicaciones sobre cómo actuar ante los problemas cotidianos. No obstante, esto solo puede ser llevado acabo por aquellos que tienen el conocimiento necesario para no malinterpretar las escrituras, los muytahidún o clérigos. El resto de los creyentes serían muqalidún o seguidores, y según la doctrina ortodoxa estarían obligados a seguir las indicaciones a un líder religioso vivo, en particular a un gran ayatolá o marya taqlid ―fuente de emulación, el más alto rango de la jerarquía religiosa chií.

Si el párrafo anterior te resulta confuso, te recomiendo que leas este artículo en el que intento explicar de forma sencilla la jerarquía religiosa y algunos de los fundamentos del chiísmo.

Una vida dedicada a la teología

Alí Hussein Sistani nació en 1930 en el seno de una familia clerical de la ciudad iraní de Mashad, un importante destino de peregrinaje. De niño estudió árabe y jurisprudencia básica en el seminario local, y a los dieciocho años se mudó a Qom, la principal ciudad religiosa de Irán, donde asistió a algunas de las clases del gran ayatolá Boruyerdí. Tres años más tarde se desplazó a Nayaf, ciudad santa del chiísmo en Iraq, donde se convirtió en alumno del ayatolá Joí, quien acabaría alcanzando la categoría de marya taqlid en 1971. Tras obtener su certificado de muytahid y regresar brevemente a Mashad, Sistani se instaló definitivamente en Nayaf y comenzó a impartir clases de derecho islámico en uno de los seminarios más importantes del mundo chií.

En 1987, el gran ayatolá Joí designó a Sistani como imam de la mezquita verde, uno de los templos del santuario del Imam Alí en Nayaf. Joí había impartido sus lecciones en esa mezquita desde su reconstrucción en los años 60 ―de hecho, se encuentra enterrado allí―, y poniendo a Sistani al frente estaba nombrando informalmente a su sucesor como marya, algo muy poco habitual entre las autoridades religiosas chiíes. Tras la muerte de Joí en 1992, Sistani se convirtió en la principal autoridad religiosas del seminario de Nayaf, donde impartió clases hasta que Sadam Hussein se lo prohibió en 1999, año en el que también fue asesinado uno de sus principal rival como marya, Sadeq al-Sadr. Sistani tuvo el apoyo de la acaudalada fundación Joí de Londres, fundada en 1989 y administrada por la familia de su predecesor, lo que facilitó su reconocimiento en Iraq.

Sistani y Joí a finales de los 80. Fuente: Wikimedia

El el reconocimiento de Joí y su fama en Nayaf no era suficiente para que el maryayat de Sistani fuera aceptado por los clérigos iraníes. Según el especialista en chiísmo Mehdi Khalaji, Sistani debe gran parte de su éxito en su país natal a su representante en Qom, su yerno el hoyatoleslam Yavad Shahrestaní. En los años 80 Sharestaní fundó en la ciudad santa iraní una editorial religiosa que popularizó el nombre de Sistani. También consiguió establecer muy buenas relaciones con la oficina de Joí, y tras la muerte de su maestro, Sistani consiguió retener una parte importante de su red y su capital simbólico.

La hábil diplomacia de Sharistaní evitó que Sistani tuviera problemas con el recién designado Líder Supremo de la República Islámica, Alí Jameneí, quien también afirmaba ser un marya a pesar de no estar reconocido como tal. Además de no disputar a Jameneí el dominio del seminario de Qom y de cultivar buenas relaciones con las autoridades del régimen, Shahrestaní se esforzó por reunirse en nombre de Sistani con clérigos caídos en desgracia o repudiados por el régimen, como el gran ayatolá Montazeri o Abdelkarim Sorush. Esto dio a Sistani un aura de independencia y neutralidad política, lo que aumentó su popularidad en su país natal.

Su creciente número de seguidores permitió a Sistani conceder estipendios a estudiantes en el seminario. Para no violar la norma no escrita que dicta que los sueldos más altos del seminario deben estar pagados por Jemeneí, Sistani gastó sus fondos en construir bibliotecas especializadas, residencias de estudiantes y hasta un observatorio, así como para ofrecer el primer servicio de internet en Qom a finales de los 90. Esto hizo que su popularidad en Irán aumentara, y poco a poco se convirtió en uno de los marya más populares, lo que a su vez hizo que siguieran aumentando sus ingresos, que en 2006 se estimaban en unos 600 millones de dólares anuales.

2003: Sistani entra en la escena política

Al igual que su antecesor, Sistani siguió una línea apolítica ―o al menos pretendidamente neutral― durante la mayor parte de su trayectoria, alejada de la corriente activista de Sadeq al Sadr o Jomeini. Esto puede interpretarse como una estrategia de supervivencia, ya que el régimen de Saddam Hussein tenía una larga tradición de asesinar clérigos incómodos. Durante sus primeros años como marya, Sistani evitó referirse al gobierno iraquí. También evitó pronunciarse explícitamente sobre el velayat-e faqih (gobierno del alfaquí), uno de los fundamentos religiosos del régimen clerical iraní. De este modo, Sistani logró asegurar la continuidad de su seminario en Nayaf y protegió sus intereses en Irán al no presentarse como un antagonista de Jamenei.

No obstante, la invasión estadounidense de Iraq en 2003 cambió radicalmente su posición. Por un lado, la caída del régimen baazista creó un vacío de poder en el que Sistani pudo ejercer su influencia. Muchos de los políticos chiíes que volvían del exilio apenas eran conocidos en su país, de modo que se acercaron a Sistani para ganar popularidad y legitimar su posición. Al mismo tiempo, los ocupantes extranjeros necesitaban encontrar un interlocutor entre la comunidad chií y Sistani, una influyente figura religiosa, sin duda conservadora pero alejada de radicalismos y sin aparentes ambiciones políticas, parecía el candidato perfecto. El anciano marya se convirtió así en una figura con poder simbólico, un mediador en tiempos de crisis, aunque con agenda propia. Una de las primeras medidas

Durante los dos primeros años de ocupación, Sistani presionó con éxito a las autoridades estadounidenses para que celebraran elecciones constituyentes. El plan de los estadounidenses tras la ocupación era establecer un gobierno provisional, redactar una constitución y someterla a referéndum. Sistani demandó elecciones inmediatas y amenazó a los ocupantes con emitir fatuas contra ellos. Sistani logró su objetivo y las elecciones se acabaron celebrando el 30 de enero 2005, aunque la participación en las áreas suníes fue muy baja ―en la provincia de Anbar, al oeste del país, apenas votó un 2% de la población. La alta abstención suní se debió al boicot por parte de algunos grupos, que pedían posponer las elecciones hasta que se diesen unas condiciones de seguridad mínimas, y al miedo de gran parte de la población a ataques de grupos armados.

Elecciones de 2005. Fuente: US Marines

El partido que se hizo con la victoria en las elecciones constituyentes fue la Alianza Unida Iraquí o lista Sistani, una coalición de 22 partidos chiíes formada por sugerencia del gran ayatolá. En otras palabras: Sistani tuvo influencia informal en la redacción de la constitución iraquí, cuyo texto protege los intereses de los clérigos chiíes. El artículo 2 de la carta establece un estado “multicultural y democrático” con el islam como “religión oficial del Estado” y “fuente principal de la legislación” donde se garantiza la libertad religiosa. También se garantiza la protección de los lugares sagrados del chiísmo ―artículo 10― así como la libertad para “administrar los bienes píos y sus asuntos”, ―artículo 43― lo que asegura la independencia del clero. A pesar de esto, Sistani ha defendido siempre que el clero debe evitar inmiscuirse en política.

Aunque nunca la ha criticado explícitamente, es evidente que Sistani no apoya la doctrina del velayat-e faqih o gobierno del alfaquí, al menos en la interpretación vigente en Irán, que establece que el poder político debe estar en manos del clero ―Sistani siempre ha defendido que el papel del clero debe ser el de “aconsejar” y “guiar” al pueblo y a los gobernantes. En cualquier caso, Sistani ha seguido manteniendo una relación personal cordial con algunas de las autoridades iraníes, por ejemplo recibiendo al presidente Rohaní en marzo de 2019―honor que no concedió a Ahmadineyad diez años antes―o preocupándose por la salud de Jameneí.


Si os ha gustado este texto, no os perdáis la segunda parte en El Orden Mundial


Bibliografía

He consultado muchos textos para escribir esto de modo que una bibliografía exhaustiva resultaría muy extensa y poco útil. No obstante, me gustaría destacar cuatro referencias que podéis encontrar online.