Os ofrezco la transcripción de varias fuentes primarias relacionadas con la expulsión de una madre y su hijo de la ciudad marroquí de Larache a finales del siglo XIX. Los documentos están extraídos del Archivo General de la Administración. Esta es una selección reducida del expediente completo, que es algo más largo.
Para entender el contexto del texto, hay que tener en cuenta que los españoles residentes en Marruecos no estaban sujetos a las leyes marroquíes. Bajo el régimen de capitulaciones establecido en el Tratado de 1861 entre España y Marruecos, los españoles estaban bajo la autoridad de los agentes consulares, que podían decretar su expulsión. No obstante, estos agentes consulares no podían recurrir a la coerción física, lo que daba pie a todo tipo de situaciones. Nótese la dureza del vicecónsul Cuevas con los inmigrantes españoles en Marruecos, a quienes considera una turba de vagos y maleantes.
Despacho del vicecónsul español en Larache al enviado especial y ministro plenipotenciario de España en Marruecos, 6 de Agosto de 1888
Exc.mo señor.
Muy señor mío, V.E. conoce la clase de españoles que por desgracia para nuestro prestigio acude generalmente a Marruecos. Aparte de los empleados, de algunos comerciantes y contadas personas dignas de toda estimación, aparte de una que otra familia de honrados artesanos, nos vemos invadidos por un elemento social contaminado por la inmoralidad en palabras y en costumbres y por individuos de deplorables antecedentes.
Semejante situación obliga a este viceconsulado a velar activamente con objeto de que ningún español se establezca o venga a Larache sin estar provisto de su documentación personal; para evitar y reprimir con severidad los desmanes de la borrachera y su inmediata consecuencia las riñas y los actos de conducta individual y para barrer por último de la Colonia española los perturbadores de su tranquilidad cuando después de reiteradas reincidencias viene a comprenderse no ser posible la enmienda. De no proceder así, de no mantener a los españoles de Larache bajo la idea de que sus excesos han de ser inmediatamente reprimidos, hubiera sido ya establecida en las huertas inmediatas y aún dentro de la ciudad la fabricación de moneda falsa y no pasaría semana sin que fuese necesario proceder gubernativa o judicialmente contra algunos culpables. Por fortuna los falsos monederos no han logrado hacer más que ligeros ensayos de su mala industria pues así que comprendieron que se estaban practicando ciertas indagaciones se apresuraron a ausentarse.
Esas cuestiones de vecindad, esas peleas que acompañadas de gritos descompasados, insultos soeces, provocaciones procaces amenazas y hasta golpes, repetidas con alarmadora frecuencia y con ardor cada vez creciente, hace motivado la provicencia gubernativa por mi tomada de expulsar de Larache a la española María Rosa Baeza y Pro, natural de Manilva, viuda de Andrés Giménez Núñez; mujer al parecer buena e inofensiva, de aspecto inocente, pero provocativa y maldiciente, famosa en Tánger mismo tanto por su constante afán de escándalo como por otras razones de que tal vez ese Sr. Cónsul de España y aún la Misión Apostólica estén enterados. Semejante resolución no ha venido así de pronto, sino después de multitud de amonestaciones, advertencias y reprehensiones, cuantas veces este Sr. Vicecónsul de Portugal se ha visto precisado a acudir a mí para defender contra la María Rosa a la familia portuguesa de Ramón Patricio, a cuya esposa villanamente calumniaba en su honra.
En la propia medida de expulsión estaba comprendido un hijo de la misma mujer, llamado Juan Giménez Baeza de unos 18 años de edad. Este joven fue echado por defraudador del molino harinero de esta localidad y convertido hoy en consumado vago, pasa su vida contrayendo deudas y bebiendo por veces hasta llegar a embriagarse. De aquí repetidos emplazamientos y severas advertencias en este Viceconsulado. Además, el hecho de ser algo tonto le conduce a la manía fomentada por su madre de querer galantear a cuantas señoritas europeas hay en Larache, a las cuales dirige a veces cartas saturadas de necedad y cuanto su lado pasa las dice por vía de requiebro ciertas expresiones indecentes. También repetidas veces he tenido que amonestarle por estas causas. La enmienda ha sido siempre irse a la calle y allá vociferar amenazando con matarme a mí y a otras personas. Hace pocos días dirigió una de sus sucias frases a cierta niña. Hubieron de oírle unos primos de ella; le reprendieron, contestó él con insultos y hablando de puñales y pistolas y se armó un escándalo que una hora más tarde la madre renovó corriendo por las calles y dando desaforados gritos.
En vista de esto y teniendo en cuenta además de lo acontecido, lo que pueda sobrevenir de dejar como otras veces impunes hechos de esta naturaleza, comprendí por ser indispensable alejar igualmente de aquí al Juan Giménez y en consecuencia me ajusté con el patrón de un falucho para que condujese a Tánger a la madre y al hijo.
El buque ha zarpado hoy a cosa del mediodía; pero sólo marchó María Rosa, porque su hijo, que andaba borracho por las calles desde ayer tarde, se fue a casa del Cadí; declaró querer volverse moro y al ser por aquí reclamado al Jalifa Caid Mohamed ben Abselam y Serbut, que tanto detesta a los españoles, me fue rotundamente negado por esta autoridad.
De lo ocurrido con tal motivo daré cuenta a V.E. con despacho separado.
Larache, 6 de Agosto de 1888
[Firmado] Pedro de Cuevas
Carta del vicecónsul de España en Larache al Jalifa del Bajá de Larache, 6 de agosto de 1888
Si Mohamed ben Abselam Serbut, Jalifa del Bajá de Larache
Juan Giménez Baeza ha sido por este Viceconsulado condenado a ser expulsado de Larache con su madre María Rosa. Hoy se ha vuelto moro. El cambio de religión no borra la nacionalidad, y por tanto Juan Giménez es español. Yo os he reclamado a dicho individuo primero por medio de uno de mis soldados y luego por el intérprete José Gallego. Vos me habéis hecho contestar que esto depende del Cadí y el Cadí ha dicho que siendo moro el Juan ni quiere ni debe entregarle, y que para esto estáis vos. No he querido llamar en auxilio de mi autoridad a las tripulaciones de buques españoles surtas en este puerto, pues hubiera podido tener lugar un conflicto sangriento.
Os escribo pues, instando a que como primera autoridad de la provincia con quien deben entenderse los Cónsules, me entreguéis inmediatamente al español Juan Giménez, y si os negáis a mi justa petición, os hago responsable de las consecuencias.
Larache, 6 de Agosto de 1888
[Firmado] Pedro de Cuevas
Traducción al árabe de la carta del vicecónsul Pedro de Cuevas al jalifa del bajá de Larache
Respuesta del Jalifa del Bajá de Larache al vicecónsul de España en Larache, 7 de agosto de 1888
Traducción de una carta dirigida por el Caid Mohamed ben Abselam Serbut, Jalifa del Bajá de Larache al Vicecónsul de España en la misma residencia a veintisiete del mes de Dulcada del año mil trescientos cinco, (7 de agosto de 1888).
Loor al Dios único.
A mi amigo el atento caballero representante de los españoles, Cónsul Cuevas, el español, concédate Dios mucho bien y te bendiga.
Recibí vuestro escrito referente al asunto del cristiano Juan el español y de su madre María mandados ambos expulsar por vos del pueblo, renegando luego el hijo de la referida mujer; y a que me enviásteis el soldado que está en nuestra puerta y luego el intérprete Sr. José, añadiendo que conteste que la cuestión estaba en manos del Cadí y que quisísteis enviar a todos los marineros de los buques españoles surtos en el puerto para que cogiesen a la fuerza (al Juan) y que después lo retirásteis por temor a un conflicto escribiéndome por lo tanto para decirme que yo soy el encargado del pueblo. Esto es lo que me decís.
Os diré que de esta cuestión vos tenéis la culpa porque ese hombre se ha vuelto moro por nuestra causa por no haber encontrado en vos la verdad en sus asuntos y así renegó sin que nadie le obligase; además en tu misma religión el hombre es libre. Yo no tuve el conocimiento de que hubiese renegado hasta que nos mandásteis a los tripulantes de los barcos españoles autorizándoles a cogerle (a Juan) a viva fuerza. Era menester que antes de todo me lo comunicases y veríamos cómo arreglarlo todo en bien para que no resultase cuestión ninguna importante entre nuestros súbditos. Y la carta que me enviásteis la observo como prueba contra vos de cuanto hicísteis con los marineros que mandásteis de vuestra nación y con los judíos en las puertas del baño de los moros y se hubiera levantado un escándalo a no haberse encontrado allí gente nuestra de juicio. Esto mismo lo saben todos y lo tenemos por escrito, y lo prueba tu carta que me enviásteis, lo cual me basta y gracias a Dios por todo que salió así.
Y la paz = escrito a 27 del mes de Dulcada de 1305. Firmado Mohamed ben Abselam Serbut. Guárdele dios
[Firmado] El Intérprete: José Gallego
Fragmento de la respuesta original en árabe
Despacho del vicecónsul español en Larache al enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de España en Marruecos, 12 de agosto de 1888
Excmo. Señor […]
El Caid Serbut continua sin querer entregar al español Juan Giménez.
Parece que el proyecto de hacerse moro databa en este muchacho desde el día en que fue echado por defraudador del molino a vapor, inclinándole más a ello los pérfidos consejos de su madre y sus aficiones sodomíticas. La madre misma, la famosa María Rosa, había también tratado en dos distintas ocasiones de apostatar. La vez primera fue rechazada, pero la segunda sólo la entereza de su hija logró apartarla del tal intento.
Dios Guarde a V.E. muchos años.
Larache, 12 de Agosto de 1888
Interrogatorio a Juan Jiménez Baeza en Tánger, 20 de agosto de 1888
Interrogado en este Consulado de España y de órden del Sr. Ministro, el español Juan Giménez, enviado a disposición de la Legación por el Vicecónsul en Larache, con oficio del 17 del actual, contestó: que al notificarle dicho Vicecónsul que iba a ser expulsado con su madre María Rosa Baeza, del distrito de Larache, se presentó a un moro de aquella ciudad, de oficio cafetero, llamado Aly, y después al Jalifa, Kaid Mohamed Serbout, manifestándoles su deseo de convertirse al mahometismo. Que dicho Kaid se mostró muy satisfecho de aquel deseo y le prometió recomendarle al Sultán para que le dieran huertas y casas, y hasta un mando en el Ejército.
Que acompañado del citado Aly y de orden del mismo kaid, entró el Juan en el Santuario de Lala (Mimana? MInana?), patrona de aquella ciudad y en el que aparentó convertirse al mahometismo. Que acompañado después de una multitud de moros, lo llevaron al baño y después y precedido del mismo Kaaid Surbout y del Kadi de la misma población, lo instalaron en la misma casa que habitan las dos hijas del sultán en dicha ciudad, siendo objeto de toda clase de festejos y de atenciones por todos los moros, y especialmente por el Serbout y el Kadi; quienes le enviaban diariamente comida abundante y le visitaban con gran frecuencia.
Que seis días después, y por temor quizás de que lo sorprendieran y se lo llevaran de dicha casa los españoles, lo envió el Kaid Serbout a la cárcel, a pesar de haberse opuesto el Kadí, permaneciendo allí encerrado y solo allí; algunos días y enviándole también la comida el mismo Serbout y el Kadí.
Que seis días después, y sin haberle permitido comunicar con nadie, y menos con el barbero español Juan Gómez, que lo solicitaba con insistencia, se lo llevó a su casa el mismo Kadi, tratándole con toda clase de atenciones.
Que el día diez y seis fue entregado al Vicecónsul, saliendo al siguiente día y de orden del mismo para Tánger, acompañado de un soldado.
Interrogado igualmente por las deudas que hubiera contraído el Giménez en Larache, contestó que sólo debía siete duros y catorce reales al hebreo Salomón de Plata, y ocho duros y catorce reales a Mordajay Gabay, a quienes di el oportuno recibo.
Dándole después lectura de la lista de (defraudadores?) según aviso del Vicecónsul de Larache confesó esas deudas, con las alteraciones que aparecen al margen de dicha lista.
1905. El sha de Irán, Mozaffareddín Shah Qayar, vuelve a su país tras su tercer viaje por Europa. El rey, que llevaba en el trono sólo una década, había comprometido las finanzas del Estado al concertar varios préstamos con acreedores rusos y británicos. Más que para mejorar la administración o la infraestructura del país, el dinero sirvió principalmente para pagar los gastos suntuarios del monarca, como el mantenimiento de su corte y sus estancias en varios balnearios de Europa, recomendadas por su médico personal. Para pagar sus deudas, había subido los impuestos y vendido concesiones de explotación de recursos (como el recién descubierto petróleo).
La presión fiscal, la penetración política y comercial de rusos y británicos y los abusos de poder de las autoridades aumentaron el descontento popular. Tras una vejación pública a dos mercaderes, varios miembros de los grupos sociales más influyentes en Teherán, los comerciantes y el clero, se organizaron y comenzaron una campaña de protestas y encierros en santuarios, una táctica que había dado resultado quince años atrás durante el movimiento contra la concesión del monopolio del tabaco a los británicos. Tras meses de tensión, y ante una capital desierta y bloqueada por los cierres, el rey se vio obligado a aceptar una monarquía parlamentaria como forma de gobierno.
Celebraciones tras la promulgación de la constitución. Fuente: Wikimedia
La revolución constitucional es recordada en Irán como una época de efervescencia política y cultural. Se multiplicaron los periódicos y publicaciones de todo tipo, además de las organizaciones políticas y artísticas. El movimiento revolucionario estaba integrado por distintos actores de la sociedad iraní, desde mercaderes descontentos con la situación económica y la injerencia occidental a jóvenes intelectuales que aspiraban a incorporar instituciones de gobierno representativas como las de algunas monarquías europeas, además de ayatolás críticos con los abusos del poder monárquico y mujeres que denunciaban las desigualdades y aspiraban a una educación y derechos políticos.
El primer parlamento, elegido por sufragio universal masculino a finales de 1906, se apresuró a redactar una constitución que limitaba y regulaba los poderes sha y ponía el poder legislativo en manos del parlamento, que también se reservaba el derecho de aprobar préstamos, concesiones económicas y la construcción de infraestructuras. La constitución establecía el chiísmo duodecimano como religión oficial del país e instituía la creación de un comité integrado por cinco ayatolás designados por el parlamento para garantizar que las nuevas leyes no entraran en conflicto con la doctrina islámica. El clero, económica independiente en Irán desde hacia varios siglos y muy activo en el movimiento constitucional, conseguía por primera vez poder político efectivo.
El sha Mozaffareddín, enfermo, procrastinó ratificar la constitución hasta prácticamente su lecho de muerte a principios de 1907. Su sucesor, Mohammad Alí Shah, no acató la nueva constitución y trató de acabar con el parlamento a través de coacciones y violencia. El caos se desató en Teherán, con disturbios, asesinatos políticos y una durísima represión. En junio de 1908, tras un intento de magnicidio, el rey organizó un golpe militar contra el parlamento. Tras bombardear el edificio y reducirlo a ruinas, los cosacos persas, al mando del coronel ruso Liájov, capturaron y ejecutaron a los supervivientes. Las noticias de la represión en Teherán se extendieron por el país
En Tabriz, capital del Azerbaiyán meridional y una de las ciudades más pobladas y desarrolladas, las milicias populares resistieron el asedio de las tropas reales hasta que fueron expulsados por los rusos, que ocuparon la ciudad con el pretexto de proteger las vidas y propiedades de los europeos. Los milicianos, que se hacían llamar fedayines o muyahidines, se dirigieron a la provincia de Guilán. Allí se les unieron varios grupos revolucionarios locales con los que emprendieron la marcha hacia Teherán. Mientras tanto, por el sur, una insurrección de los bajtiari conseguía expulsar al ejército real de Isfahán y avanzaba también hacia la capital. En julio de 1909, los revolucionarios tomaron Teherán. El rey se refugió en la embajada rusa y su hijo Ahmad, de apenas once años de edad, fue proclamado sha por el segundo parlamento.
Alfombra conmemorativa de la revolución, actualmente en el Museo constitucional de Tabriz. Fuente: Wikimedia
Poco antes, Rusia y Gran Bretaña, las dos grandes potencias que en el siglo anterior se habían disputado el control de Asia Central durante el Gran Juego, habían firmado un acuerdo secreto en el que dividían Irán en zonas de influencia: el norte y el centro del país, incluyendo la capital e Isfahán, caerían bajo la esfera rusa, Baluchistán bajo la británica, y el sur y la costa del Pérsico serían una zona neutral. Por su parte, los otomanos, aprovechándose de la inestabilidad ocuparon algunas zonas del Azerbaiyán y el Kurdistán iraní hasta que fueron expulsados por los rusos en 1911. Tanto el Zar de Rusia como el Sultán Otomano, asediados por sus propios movimientos constitucionalistas (la revolución rusa de 1905, la revolución de los jóvenes turcos en 1908) tenían motivos para recelar del éxito político de los iraníes.
Mientras tanto, inspirados por el éxito de los japoneses en su guerra contra los rusos, los nuevos gobiernos trataron de reducir la influencia de las grandes potencias. Estados Unidos era entonces percibido entre los revolucionarios como una república moderna y neutral que podría actuar como contrapeso ante los poderes imperiales, Rusia y Gran Bretaña. En 1911, el parlamento iraní, siguiendo recomendaciones de Washington, decidió nombrar al funcionario estadounidense William Shuster como tesorero del Estado. Shuster organizó una policía fiscal, y para encabezarla propuso a un oficial británico. Esto enfureció a los rusos, que consideraban que cualquier cargo extranjero que actuase en su zona de influencia debía estar bajo su control, y amenazaron a Irán exigiendo que en adelante no podría nombrar asesores extranjeros sin el permiso de Rusia y Gran Bretaña. Tras un ultimátum ruso y el avance hacia Teherán de las tropas rusas acantonadas en el Azerbaiyán meridional, el gobierno del regente Naser al-Molk disolvió el parlamento y destituyó a Shuster.
El regente restauró la censura de prensa, mantuvo el parlamento disuelto y gobernó bajo la atenta supervisión de los rusos, que siguieron ocupando el norte del país, y los británicos, que comenzaban a disfrutar de los beneficios de la concesión de la explotación del petróleo en el sur del país, firmada en 1901 pero cuyos beneficios no se materializaron hasta 1913, cuando la Compañía Petrolera Anglo-Persa ( Anglo Iranian Oil Company) comenzó el refinado de combustible en Abadán. Terminaba así la revolución constitucional, un periodo que pasaría a la memoria histórica iraní como una época de esperanza y transformación política aplastado por la intervención imperialista.
Su epílogo fue la masacre de Mashad en 1912, en la que las tropas rusas bombardearon y profanaron el histórico santuario del Imán Reza, matando a treinta y nueve personas e hiriendo a decenas y violando la santidad de un espacio tradicionalmente vetado a los no chiíes. El suceso causó indignación en Irán, y sería recordado como un humillante ejemplo de la sumisión del país al imperialismo ruso.
Hoy se cumple una década desde que empecé este proyecto. Había pensado en escribir algo al respecto, pero resulta que hace tres años ya intenté hacer lo propio para celebrar el séptimo aniversario de Desvelando Oriente. El texto, como tantos otros, quedó inacabado y almacenado en la carpeta de borradores, aunque he decidido compartirlo al final de este texto. La vida no da tregua, y al final esta web es un proyecto al que solo me dedico en mi tiempo libre.
En fin. Han pasado diez años desde que en enero de 2016, recién mudado a Toledo y mientras buscaba trabajo, decidí abrir una web para escribir textos divulgativos sobre historia. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, y también yo. Cada vez me apetece menos escribir, y siento que no tengo gran cosa que aportar. También han cambiado mucho las cosas, tanto a nivel mundial como personal, en los tres años que han desde que empecé a escribir el artículo para conmemorar los siete años de la web.
Quizá el cambio más importante en estos diez años (respecto a mi relación con Desvelando Oriente) es que he perdido mucho entusiasmo y energía. Si en 2016 estaba escribiendo un artículo a la semana, ahora como mucho publico por aquí un texto al año. Es verdad que en los últimos años me he centrado algo más en la producción académica y he dejado la divulgación un poco de lado. También es cierto que a medida que uno cumple años se va volviendo más cauto y modesto. Si en 2016 pensaba que era necesario y casi un deber cívico compartir lo que sabía, en 2026 pienso que apenas sé nada, y me avergüenzo de mi arrogancia juvenil de entonces. Sí, he leído muchos libros de historia, pero tampoco poseo un conocimiento excepcional inalcanzable por el común de los mortales. Aparte de todo esto, en lo últimos tres años han pasado algunas cosas que me han quitado las ganas de escribir.
Ejemplo de los materiales con los que trabajo en mi tesis: Anuncio de alpargatas publicado en la prensa migrante española en la Argelia francesa a principios del siglo XX
Empecemos por lo menos significativo : Twitter, la red social donde compartía mis artículos y participaba en interesantes discusiones, ha muerto. No es que antes fuera una red perfecta, pero había cierta horizontalidad y la presencia del algoritmo era mucho menor. Desde que el multimillonario fascista Elon Musk la adquirió y rebautizó como X, se ha convertido en otra cosa. Además de los múltiples escándalos relacionados con las opiniones de mierda del dueño y su fomento de ideologías de odio, la ausencia total de filtros de moderación, la implementación de una IA que además de desinformar se dedica a producir imágenes sexualizadas sin consentimiento y el fin de los «perfiles verificados», la red ahora se basa en un sistema de «pagar para que te lean» (si tienes perfil con check azul tus textos llegan a más gente) que no depende tanto de la popularidad orgánica del contenido sino del algoritmo. Hace unos dos años y medio decidí pasarme a Bluesky, una especie de copia del viejo Twitter. Es una pena, porque la red del pajarito me dio muchas alegrías y exposición, y le he dedicado muchísimo texto. Gracias a ella he conocido gente maja e inteligente y hasta me ha surgido alguna que otra oportunidad laboral. Pero no veo mucho sentido a seguir por allí, más allá de compartir algún que otro texto.
La irrupción de los Grandes Modelos de Lenguaje (LLM), mal llamados «Inteligencia Artificial», también representa un nuevo desafío. ¿Qué sentido tiene escribir gratis en Internet, cuando cualquier advenedizo puede fusilar tus textos sin esfuerzo con la ayuda de un programa? Yo escribía por amor al arte, y porque creía que era algo necesario. Ahora, escribir parece una pérdida de tiempo ante la montaña de texto generado artificialmente, ante los muchísimos actores maliciosos que quieren lucrarse o desinformar (a menudo ambas). Las redes sociales están llenas de contenido falso y es difícil discernir si discutimos con personas reales o con «bots». Pero lo más sangrante para mí es que los LLM han sido entrenados con el contenido creado desinteresadamente por muchas personas como yo, que vemos cómo las visitas a nuestras webs bajan a la vez que la «IA» regurgita nuestros textos que han sido usados sin compensación o consentimiento. Sería un poco hipócrita protestar sobre la violación de derechos de autor cuando yo mismo he recurrido a las «bibliotecas digitales pirata» para conseguir libros y artículos, pero aquí hay una diferencia de grado importante. Meta, Microsoft, OpenAI y todas esas empresas tienen recursos de sobra, y además sus productos no citan ni atribuyen correctamente los textos que utilizan. Dicho de otro modo: tengo la percepción de que escribir en Internet ha dejado de ser gratificante. Antes de vez en cuando alguien plagiaba algo, pero al menos tenía que copiarlo y pegarlo y había posibilidades de rastrearlo y quejarse al plagiario. Ahora es imposible.
Más allá de estas cuestiones tecnológicas, hay otros asuntos de índole política y personal. Por un lado, pese a que los temas sobre los que he escrito en los últimos años sean más relevantes que nunca (sobre todo la migración), creo que el debate está tan envenenado que es muy difícil contribuir de forma productiva. Hace diez años me encontraba de vez en cuando con personas de escasa comprensión lectora que confundían explicaciones con justificaciones, que creían que (por ejemplo) tratar de entender la ideología y las rencillas internas de las organizaciones islamistas equivalía a hacer apología del terrorismo. Pero estos eran los menos. Ahora la sensación que tengo es que un sector importante de la sociedad no tiene las ganas o la capacidad de hacer frente a argumentos complejos, o siquiera de leer un texto de más de quinientas palabras. Siento que los artículos largos y enrevesados como los que solía escribir por aquí no tienen ya sentido: la gente apenas lee. Podría pasarme a los videos, reels y titoks pero no tengo los conocimientos técnicos ni el tiempo para ello y además me da cierto mal rollito que mi voz o mi imagen puedan ser utilizadas para hacer «deepfakes» maliciosos. Llamadme flipao y paranoico.
Mi pesimismo y apatía también se explican por el genocidio israelí en Gaza. A pesar de las múltiples evidencias de los continuados abusos israelíes y de las denuncias de decenas de miles de palestinos, organizaciones internacionales y figuras públicas varias, la destrucción sistemática no se ha detenido (a pesar del alto el fuego), con la connivencia de los EEUU, la Unión Europea y los países árabes firmantes de los acuerdos de Abraham. Hemos vivido un genocidio retransmitido en streaming por los propios perpetradores, y aún así hay una parte considerable de la opinión pública que considera que esto no ha sucedido, o que si ha sucedido es legítimo y que los palestinos se lo merecen. Quizá con veintitrés años hubiera estado más dispuesto a explicar y argumentar y tratar de convencer a otros, pero ahora mismo lo veo un esfuerzo inútil. Esto se suma a una situación internacional bastante inestable, y al ascenso de los discursos de odio autoritarios y xenófobos, algo que sinceramente no me esperaba.
No obstante, el mayor factor para explicar mi pesimismo y desesperanza de hoy es puramente personal. Hace tres meses y tres días falleció mi hijo durante el parto. No quiero ahondar en detalles íntimos y dolorosos, no es este el lugar ni el momento, pero creo que se puede comprender que últimamente lo vea todo un poco negro. Está siendo un periodo complicado, aunque poco a poco vamos reponiéndonos.
Con esta nota oscura termino este pequeño texto conmemorativo. Ojalá el tono fuera más optimista. Desvelando Oriente me ha dado muchas alegrías en esta década, y creo que ha servido para algo, aunque sea modestamente. Muchas personas me han facilitado por la web y por mis textos, y gracias a él he conocido (virtual y presencialmente) a mucha gente maravillosa. No creo que este sea un proyecto fallido, aunque sin duda está inacabado. Hay aún muchos artículos sin terminar en mi carpeta de borradores, y muchas series de textos que no llegué a concluir. Ojalá este periodo oscuro pase y consiga recuperar el entusiasmo y la determinación que tenía antes. Espero que dentro de un año pueda conmemorar un nuevo aniversario con algo más positivo que decir.
Gracias por leerme. Gracias por estar aquí. Gracias por vuestro apoyo todos estos años, tanto quienes estáis desde el principio como quiénes os habéis encontrado con esta web hace poco.
Os dejo con el texto de hace tres años, que era un poco más optimista.
7 años de Desvelando Oriente – ¿Y ahora qué?
Aviso de antemano que este es un artículo ombliguista.
El pasado 19 de enero se cumplieron siete años desde que decidí comenzar esta página web. El aniversario pasó sin pena ni gloria, ya que ni siquiera me di cuenta. La vida pasa a toda velocidad, y en los últimos años apenas he dedicado tiempo a este proyecto, que tantas satisfacciones me ha dado. La carga de trabajo del doctorado y otros compromisos profesionales, además de cierto cansancio existencial, han hecho que haya dejado esta web bastante de lado. Y no por falta de ganas: tengo una media docena de artículos a medio escribir y muchísimas ideas que no han llegado a cuajar, incluso contenido multimedia que ya está grabado desde hace meses. Pero al mismo tiempo todo esto es trabajo no remunerado y hay que priorizar-
Me he animado a escribir esto porque hace un par de semanas recibí una noticia de carácter profesional bastante decepcionante que no voy a detallar. No es el fin del mundo: la vida está llena de pequeños fracasos que solemos olvidar rápidamente y de los que no hablamos mucho. ¡Pues anda que no me han rechazado artículos o me he quedado sin curros o becas en esta última década! De todo se aprende, aunque sea el gestionar la frustración o las expectativas no cumplidas. En todo caso, en este artículo quería reflexionar un poco sobre estos últimos años y lo que significa Desvelando Oriente para mí y cómo mi visión y perspectivas han evolucionado.
Empecé Desvelando Oriente en 2016, cuando tenía 23 años. Había terminado mi carrera y mi máster en estudios islámicos y acababa de sumergirme en el mundo laboral. Obviamente, no encontré nada relacionado con lo mío, pero conseguí independizarme y ganarme la vida como profesor de inglés y guía turístico a tiempo parcial en Toledo. El caso es que después de haber pasado años de mi vida estudiando, la nueva rutina me dejaba algo inquieto. Estaba guay lo de tener un trabajo y ganar dinero, pero echaba de menos el estímulo intelectual y el ritmo de mis años de estudio. Además, me daba pena que mis estudios no valieran para nada, y quería compartir lo que sabía, que si bien no era mucho, parecía algo más que la mayor parte de contenido que se podía encontrar en Internet en lengua castellana. Decidí comenzar un blog para escribir textos divulgativos de historia y temas de actualidad tratando de adoptar una perspectiva distinta a la habitual.
Escogí el nombre «Desvelando Oriente» porque me parecía una forma de condensar mi visión: quería quitar el «velo» a la historia de una región que se suele enfocar como esencialmente distinta a la nuestra y profundamente marcada por la religión. Quería escribir, por el contrario, textos que mostrasen que las sociedades de Oriente Medio/Medio Oriente/Oriente Próximo/Próximo Oriente (escójase la denominación occidental preferida; todas son incorrectas) no son tan ajenas, y que el uso político de la religión esconde dinámicas sociales y económicas más profundas. Hoy hubiera dado otro nombre al proyecto, ya que puede ser interpretado de otra forma más simplona y (quien lo hubiera dicho) orientalista, pero en aquel momento me parecía una idea brillante.
El logo que diseñé con el Paint en 2016
Han pasado siete años, y mi vida personal y profesional han dado muchas vueltas desde entonces. Tras dos años trabajando en Toledo y un par de solicitudes de becas y empleos fallidas, conseguí una beca de la UE para estudiar otro máster de dos años entre Alemania y Noruega. No solo me pagaron el máster sino que además me daban el equivalente al salario mínimo cada mes; es decir, estudiar se convirtió en mi trabajo, un auténtico privilegio que me tomé en serio. Algo maravilloso que me aportó este máster fue poder estudiar con un grupo de compañeros de veinte países distintos, la mayoría de ellos becarios como yo que venían de países de fuera de la Unión Europea. Esto ha sido fundamental en mi desarrollo intelectual, ya que dejé de ser un cosmopaleto occidental y empecé a comprender en profundidad las desigualdades y desequilibrios que marcan el mundo. La beca coincidió con un momento en el que mis publicaciones empezaron a ganar más visibilidad e impacto, y en el que estaba muy motivado para escribir. También tuve la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado: comencé a colaborar con El Orden Mundial un año antes de que se profesionalizaran, lo que me hizo llegar a mucha más gente y, una vez dieron el salto, empecé a recibir una remuneración por mis textos, una sensación maravillosa. Al mismo tiempo, mi perfil en Twitter no dejaba de ganar seguidores, algo muy curioso para una persona fundamentalmente tecnófoba como yo. La verdad es que es una red muy adictiva que me ha dejado grandes momentos y que me ha puesto en contacto con mucha gente muy maja: gracias a todos. También tuve el enorme privilegio de que otras personas me contactasen para colaborar puntualmente con mi web, algo por lo que estoy muy agradecido.
Acabé este segundo máster en verano de 2019 con una tesina sobre migración transatlántica en el siglo XVIII que no tenía nada que ver con mi trayectoria historiográfica hasta entonces. Hablaré de ello en otro momento, pero fue un proyecto muy satisfactorio en el que sigo inmerso. A los pocos días de terminar, hubo un cambio brusco en mi vida personal y tuve que volver a España, aunque antes pude disfrutar de la invitación de Daleel Madani, una organización de la sociedad civil libanesa, para asistir a una escuela de verano en Beirut. Pasado el verano, el fin del máster y de la beca también implicó el fin de mi independencia económica, y con 27 años tuve que volver a casa de mis padres y buscarme la vida alternando entre dar clases particulares y escribir para varios medios, aparte de colaborar con algunas organizaciones y solicitar becas para realizar un doctorado. En esas estaba cuando comenzó la pandemia. Un par de meses después, me ofrecieron un contrato para publicar mi tesina de máster (libro que debo terminar en verano de este año) y al poco me confirmaron que me contrataban en el EUI de Florencia para hacer un doctorado. Allí llevo en los últimos dos años y medio, en los que esta web se ha resentido bastante. Al fin y al cabo, cuando tu trabajo consiste en leer e investigar, quedan pocas ganas para hacer lo mismo en tu tiempo libre.
Esta narrativa, de momento, solo se centra en los éxitos. Es fácil presumir y quedarse en la autocomplacencia. Al fin y al cabo, en los últimos siete años he vivido en seis ciudades y cuatro países distintos. Me considero una persona afortunada y privilegiada. Mi curro consiste en investigar y escribir sobre historia, un auténtico lujo. Gracias a esta web y a mi presencia en redes he podido colaborar en otros medios. Me han invitado a podcasts, a la radio y a la tele.
Sin embargo, también me he llevado decepciones, que es de lo que no se suele hablar. Ha habido muchas becas y trabajos que no he podido conseguir a pesar de pasar horas escribiendo cartas de motivación y rellenando formularios. Me han rechazado una media docena de artículos académicos que no he llegado a reenviar por desmotivación. Y, en general, muchos proyectos se han quedado por el camino. Esta web es también un pequeño reflejo de todo lo que he ido dejando a medio hacer en los últimos años: hay series de artículos que no he llegado a terminar y dudo que llegue a acabar jamás, y hay borradores de artículos que llevan más de dos años en el tintero y que no sé si saldrán algún día. También está la Revista FUA, un proyecto muy ilusionante al que dediqué muchísimas horas de mi tiempo y del de otras personas y que no llego a cuajar porque no teníamos experiencia de gestión editorial y porque no nos daba la vida. No me arrepiento de ninguna de estas cosas, ya que todo ha contribuido a hacerme la persona que soy (para bien y para mal), pero es curioso en esta dinámica de autopromoción que es intrínseca tanto a la vida académica como al mundo de Internet y las redes sociales apenas hay espacio para expresar nuestras dudas o compartir nuestros fracasos y decepciones. Y, por supuesto, apenas hay lugar para la autocrítica.
Skyline de Beirut, ciudad que tuve el placer de conocer en verano de 2019
No obstante, a veces este tipo de pausas autorreflexivas pueden ser útiles, no solamente para analizar aciertos y errores, sino también para plantearnos cómo nuestras posturas y planteamientos han ido evolucionando en los últimos años. Y, ¡vaya si han cambiado! Veo en muchos de los primeros textos que escribí en esta web cierta arrogancia e ingenuidad de juventud (¡tengo 23 años, me he sacado un máster y voy a comerme el mundo!), y poca profundidad analítica. Mi indignación por la falta absoluta de rigor de muchos artículos en prensa me llevó a escribir textos abordando temas que no dominaba por completo, un berenjenal en el que hoy no me metería voluntariamente, si bien es cierto que creo que no escribí nada muy estúpido o que no esté referenciado por la bibliografía. En todo caso, creo que siempre he dejado más o menos claro que mi conocimiento sobre ciertos temas es limitado y que no soy un especialista, tan solo un divulgador. Me molesta que me nombren con la palabra «experto», porque en la mayoría de los casos no creo nuevo conocimiento, sino que me limito a adaptarlo para un público no especializado. Aunque creo que esta es una labor necesaria, cada vez tengo más dudas sobre si soy la persona adecuada para este trabajo.
Mi principal objeción a mi propia labor es que no domino ninguno de los idiomas de los países sobre los que escribo. Llevo años estudiado árabe de forma intermitente con media docena de profesores y enfoques distintos y no puedo ni tener una conversación básica o leer un texto sin la ayuda de un diccionario. Aprendí algo de persa en 2019-20, pero dejé de estudiarlo cuando me mudé a Italia y ya lo he olvidado todo. Esto significa que no puedo acceder de primera mano a fuentes primarias en lengua original, y que dependo de traducciones y de publicaciones en español, inglés o francés. Esto me inhabilita absolutamente como «experto» si bien, como digo, esta es una etiqueta que llevo rechazando años. Creo que siempre he sido consciente de esta limitación, y si me lancé a este proyecto es porque me indignaba la tranquilidad con la que muchísimos opinólogos, periodistas y enteradillos de las redes sociales hablaban sobre el pasado o el presente de unos países que no sabían ni situar en el mapa. No obstante, debo insistir en que la cuestión del idioma es esencial: por mucho que haya leído y estudiado, mi conocimiento es siempre de segunda mano y, en la mayoría de los casos, me limito a transmitir lo que otros han investigado. Nunca he reivindicado ser original o innovador, pero no está de más insistir en esto.
Donde creo que mi aportación es algo más interesante es en lo relacionado con la historia y ciertos conceptos islámicos que no están claros entre el gran público. Hay poca divulgación en castellano sobre historia contemporánea de Oriente Próximo/Medio (insito, las dos denominaciones están mal), y creo que esta web es una contribución modesta pero necesaria. Estoy especialmente contento de mi serie de artículos sobre Irán, que bebe de la tesina que escribí para mi máster en 2015 y que sí fue una investigación original a través de materiales traducidos al inglés por un grupo de activistas involucrados en la revolución y el primer gobierno provisional. A pesar de mis limitaciones lingüísticas, creo que mi interpretación de la historia sí es algo más original y con un conocimiento de causa algo más profundo, si bien no deja de ser superficial. También estoy contento con mi decisión de publicar fuentes primarias relacionadas con mi investigación doctoral, algo que espero seguir haciendo en el futuro. En los últimos años me he dado cuenta de que una de las principales carencias de la divulgación histórica es que los historiadores no solemos explicar al público cómo hacemos nuestro trabajo y cómo el pasado no está grabado en piedra, sino que es algo que está constantemente siendo reescrito y reintepretado. Las fuentes escritas no transmiten los hechos tal y como sucedieron (si es que acaso eso es posible), sino la perspectiva (muchas veces interesada) de una de las partes. Nuestro trabajo consiste en interpretar y dar coherencia estas fuentes comparándolas y complementándolas con otras, pero ofrecer el material primario al lector es una buena forma de acercar
Ha habido temas, en cambio, que no he tocado tanto como debería. El principal de ellos es la guerra civil siria, quizá porque en los últimos siete años he conocido a muchos sirios y me parece un tema complejo (como cualquier guerra civil) pero sobre todo, doloroso. No es lo mismo hablar de una guerra lejana que no conoces que escribir sobre un país de donde tienes amigos que han visto a familiares y amistades morir. También he sentado bastante repugnancia a cómo mucha gente autodenominada de izquierdas ha tratado el tema. Desde la defensa a ultranza de al Assad por «pragmatismo» (como si los ciudadanos individuales fuéramos Estados) o por un mal entendido «antiimperialismo», pasando por las teorías de la conspiración sobre los ataques químicas, a la guerra sucia de las redes sociales, donde muchos igualando a las víctimas civiles con terroristas y haciendo chistes sobre las víctimas de una guerra cruenta y larga.
[El texto original termina aquí. Quise escribir más pero no me acuerdo ahora mismo sobre qué]
En 1910, el joven Simón Cabezos, nacido en Saint Cloud, Argelia, se fue a hacer el servicio militar a España. Parte de su correspondencia se conserva en el AGA. Ya he hablado de su padre Pedro Cabezos y el resto de la familia en esta web. Esta es la única carta que se conserva de Pedro a uno de sus hijos. Es una carta emotiva y cruda, que cuenta la historia de la muerte del pequeño Bernardino e informa sobre las operaciones militares españolas en Melilla. La transcripción intenta ser lo más fiel y literal posible.
Saint Cloud 19 Nobiembre 1911
Apreciable hijo, emos recivido la tuya y abemos recivido una gran alegria al saber que quedas en completa salud que es lo ûnico que deceamos nosotros quedamos sin nobedad A D G hijo ya beo por las tuyas que te estraña mucho que no teaya contestado á tus cartas, y mas saviendo lo que te estiman tus padres y tus ermanos, en estas siguientes letras beras la causa. ya sabes que tu ermano bernardino quedo enfermo y despues se puso unos cuantos dias mucho animos comiendo mucho y con gran apetito y de un dia á otro no quiso mas comer. nadamas que beber. y cada dia peor. considera lo triste que estaria biendo que seiba inquilando poco a poco. asta que quedo con los guesos y el cutis. lastima de bernardino lastima de gigante, lastima de hércules, que el dia 9 a la 1 del dia dio el ultimo suspiro en los brazos
[de] su inolvidable padre. que lo recordare toda mi vida. lastima de hijo. y de buestro ermano. Dios le de su santa gloria. y tu madre ya ase un mes que está en la cama. ya se lebanta, pero aquedado mui devil. a estado bastante mal. por la presente no ai nobedad. asi considera lo que tu padre abra sufrido. tanbien te ago saber que tu ultima carta, la lei en alta boz en medio del acompañamiento de tu ermano y delante de su cadaver que alegria y que tristeza a la vez. te ago saber que luis Martinez murio el dia 25 de Octubre y asi te recomiendo que llebes cuidado adonde bayas adibertirte. que mira como amuerto luis. encangrenado con esto te digo lo bastante. y si acaso cayeras ponte en cura en seguida no lo ocultes. espero que como buen hijo como siempre as sido no olvides los consejos de tus padres. ten paciencia. hijo mio que nosotros quisieramos mandarte
dineros todos los dias vien lo sabes tu, pero asta abansado el mes que viene no puede ser. y sin mas por la presente. Adios hijo. Asta la tuya que la esperamos con anciedad un abrazo y un beso de tus ermanos y un sin nûmero de estos tus padres que desean berte por momentos. Pedro Cabezos y Josefa Espreciones de todos tus amigos y amigas y demas familia.
De lo que Preguntas de Melilla an tenido barios combates en irufen [¿?] y en airufen [¿?] en los fuertes que van frente al rio Kert nuestro ejercito, estaba ya aburrido, de que los cavileños, los teritorearan que decidieron, el cuartel General de escarmentarlos. y las tropas. pasaron el Kert por barios puntos. y arrollaron a los cavileños. y despues de 10 oras de combate no
en contraba ya con quien combatir y se bolvieron a los fuertes. cantando y los mûsicos tocando. los imnos de sus regimientos. y al mismo tiempo. el pelayo Estremadura y Carlos quinto asian fuego desde el mar. y quedaron 4. conpañias. y un coronel. al otro lado del rio y estuviero asiendo fuego toda la noche formando el cuadro y se vinido. à otro dia cantando si encontrar a nadi. y el General Ordoñez. asido muerto en el campamento al ir a montar a caballo.
y a ora no queda nadamas que al gunas partidas de ladrones. y en alusemas. la plaza junto con la escuadra an bonbardeado toda la costa. y todos los dias estan bonbardeando. tanto los fuertes como la escuadra. para no dejarlos sembral. ya an destrozado todos los poblados rebeldes. y los an puesto en la miseria y es cuanto ocurre. Adios hasta la tuya. P. C.
Carta de un vecino de La Unión a su primo Pedro Cabezos, que había emigrado a Saint Cloud, Argelia, treinta años antes. Más sobre la familia aquí, aquí y aquí. En la carta, José le cuenta a Pedro que espera verle antes de morirse, y que no se sorprenda si algún día le ve aparecer por Argelia aunque le dé mucho miedo el mar, porque la cosa en La Unión está muy mal. Incluyo la transcripción literal, con la excepción de alguna tilde que se me ha colado y las erres iniciales de algunas palabras, que Josétiende a doblar (rrecuerdos). El documento se puede encontrar en el Archivo General de la Administración, 66/4127 (Orán)
La Unión 6 Abril 1912 Querido primo hermano despues de saludarte paso a desirte que recordando los tiempos pasado de cuando binistes a esta [a La Unión] pues es muy triste que estando tan serca que no nos podamos ver. Pedro yo daria cuarquier cosa por estar un rato juntos pero no puede ser porque ay tanto barco por medio que no puede ser pero yo no quiero morir sin bernos porque esto esta muy malo y yo estoy muy castigado de las mina y todos los que tienen para marcharse de esta se ba[n] asi te digo que no te pille de improbiso por si me bieras entrar por esa por mas que le tengo mucho miedo al mar pero la fuerza obliga con esto sabras lo
lo que te quiero desir y no molestando mas por hoy le da recuerdo a toda la familia y le dises a Jose nuestro primo que es de su bida que mande a desir algo bueno y esto es prepararos por si me diera [por venir]. Pedro dile a Jose que estoy trabajando en el trenbia y no molestandote mas por que mucho mas cuando yo te biera en persona pero pudiera ser que te biera asi es que me mandas lo que quieras o beas por conbeniente y trabajando estoy pero aqui no se puede estar de ninguna manera le doy muchos recuerdos a tu mujer y a tus hijos si los tienes porque yo nolos tengo; le das memoria a Jose y su mujer y tu resibes de corazon de tu primo
que berte desea y estar en tu compañia un rato; aber si nos pasaba como cuando biniste con migo cuando nos tirava las piedras adios Pedro; si me contestas pones la Union calle de Bisco n 1 para Jose Buendia adios tu primo hermano
Este texto está dirigido a todas aquellas personas que no tengan una visión clara sobre el conflicto palestino-israelí. No es estrictamente un artículo de historia ni un análisis de la situación actual, sino más bien una reflexión sobre lo que ha pasado en los últimos meses y sobre la necesidad (o no) de tomar partido. La idea viene motivada por un breve post en redes sociales de mi amigo Anónimo García en el que reflexionaba, entre otras cosas, sobre el escepticismo que le provocaban las informaciones periodísticas y las consignas ideológicas al respecto del conflicto palestino-israelí, la confusión que experimenta cualquier persona que no pueda estar informada sobre el tema, y la necesidad contemporánea de expresar nuestras opiniones o posicionamientos sobre casi cualquier cosa. Anónimo planteaba una serie de preguntas retóricas sobre la cuestión de publicar (o no) un posicionamiento al respecto:
¿A quién voy a acercar o alejar con esta posición? ¿Para qué hablar de lo que solo sé por terceros? ¿Por qué opinar sobre temas de actualidad, que son los árboles que impiden ver el bosque? ¿Qué importa mi posición en un conflicto tan lejano, sobre el que no tengo ningún tipo de influencia, si no es para mostrar admisibilidad moral ante mis contactos?
Queramos o no, la actualidad nos rodea y nos afecta. Uno de los privilegios de vivir en la comodidad clasemediana occidental es poder creer la ficción de que las cosas que suceden a kilómetros de distancia no nos afectan, de que esto no va con nosotros, y de que de todos modos no tenemos nada que hacer al respecto. Esta sensación de impotencia y la apatía que a menudo la acompañan son una de las herramientas más eficaces de los poderosos para poder seguir haciendo lo que quieran sin rendir cuentas a nadie. Sentirse abrumado por la actualidad internacional es totalmente comprensible, que bastante tentemos con el día a día cotidiano. No obstante, posicionarse en un tema aparentemente lejano y complejo como el conflicto palestino-israelí no es un mero ejercicio de postureo moral. Es un acto de responsabilidad civil, aunque “no sirva para nada.” Esta es una de tantas formas de reivindicar nuestro papel en la sociedad como ciudadanos políticos y no como meros consumidores pasivos. Parte del dinero de nuestros impuestos acaba siendo parte del conflicto de forma indirecta, así que no está de más interesarnos sobre lo qué está pasando y nuestro papel en todo esto. Por otro lado, nunca viene de más hacer un ejercicio de análisis crítico, especialmente ante un conflicto que pone en tela de juicio todo el orden internacional surgido de la Segunda Guerra Mundial y los valores liberales teóricamente abanderados por el bloque occidental.
Además, posicionarse no es malo, especialmente si estamos convencidos de ello. Sin ir más lejos, al citar a Anónimo y llamarle amigo mío en este artículo ya me estoy significando y posicionando activamente respecto a su conocido caso, que le ha complicado muchísimo la vida. No gano nada con ello, y de hecho incluso puede que me gane detractores, pero es lo que considero justo. Pues, con Palestina e Israel es lo mismo, pero a una escala muchísimo mayor.
Estas reflexiones me ha llevado a escribir este artículo, dividido en varias partes para que su lectura sea más cómoda. Aunque en los últimos cuatro años años he ido dejando la divulgación en un segundo plano para centrarme en la investigación (que es lo que me da de comer al fin y al cabo), llevo un tiempo queriendo expresarme públicamente sobre la guerra abierta entre Hamás e Israel iniciada el 7 de octubre de 2023. Si bien yo no soy nadie ni una especial autoridad para hablar de este tema, soy consciente de que tengo cierto público (por pequeño que sea) y tal vez una responsabilidad de resumir e interpretar los eventos para quienes puedan tener interés en ello pero no tengan tiempo o capacidad para informarse y analizar la abrumadora cantidad de informaciones que nos llegan sobre el tema. Este texto es pues el resultado de meses de presenciar horrores indescriptibles en tiempo real, y de la necesidad imperiosa de tomar partido en un momento histórico que creo que será crucial para los años venideros. Espero que esto pueda servir de ayuda a alguien.
Para ir con las cartas descubiertas y que no se me acuse de nada, voy a dejar mi posición clara desde el principio: en este texto quiero explicar por qué creo que Israel es un Estado colonial que aplica un régimen del apartheid en los territorios que ocupa de 1967, y por qué todas las evidencias apuntan cada vez más claramente al hecho de que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza. Estas son palabras graves; quienes me seguís desde hace tiempo sabéis que suelo ser bastante parco en adjetivos calificativos, y que trato de evitar interpretaciones tremendistas o maniqueas. En este caso, no obstante, creo que es necesario decirlo con claridad: Israel es un Estado colonial que está cometiendo (por acción y por omisión) un Genocidio en Gaza. Las pruebas son, a día de hoy, incontestables. Este texto es una pues un intento personal de explicar cómo he llegado a esta conclusión, y un intento de convencer a quienes no lo tienen tan claro (o quienes no saben nada) de que este es el caso (y que es necesario expresarnos abiertamente al respecto).
En este primer artículo voy a dar argumentos a favor de aplicar el adjetivo «colonial» para referirnos tanto al proyecto sionista como a Israel. Esta no es, ni mucho menos, una tesis valiente o novedosa. Muchos antes que yo lo han usado y razonado de una forma mucho más elocuente y elegante. Antes de eso, no obstante, voy a ofrecer un breve resumen de lo sucedido desde octubre hasta ahora, aunque omitiendo muchísimos detalles.
Checkpoint de Qalandiyah (entre Jerusalén y Ramala), junio de 2016. Foto de Ahmad Al-Bazz/GroundTruth
La Guerra en Gaza y el debate público
Los detalles de la última escalada de violencia en Gaza son de sobra conocidos, pero he aquí una breve recapitulación de los hechos de la forma más aséptica e imparcial posible. El 7 de octubre de 2023, Hamás una organización armada no-estatal (una forma más precisa de definirlos que el término “terroristas”, aunque sin duda Hamás emplea tácticas terroristas) que controla el enclave de Gaza, realizó una incursión sin precedentes en territorio israelí acompañada del lanzamiento de miles de cohetes. Además de atacar objetivos militares, los de Hamás asaltaron un festival de música y varios kibbutz, asesinando a numerosos civiles y capturando cientos de rehenes en una acción terrorista sin precedentes en la historia de Israel. El ataque, parece ser, pilló totalmente por sorpresa al ejército israelí. El total de bajas israelíes superó el millar. En las horas que siguieron, el ejército israelí recuperó el control de las zonas residenciales; algunos civiles murieron en el fuego cruzado. Como represalia, Israel lanzó una operación a gran escala contra la franja de Gaza con el objetivo declarado de liberar a los rehenes y acabar con Hamás. Los intensos bombardeos fueron acompañados de intervenciones terrestres y de un bloqueo de suministros por parte de Israel.
Siete meses después, la operación israelí en Gaza continúa. Decenas de miles de palestinos, una tercera parte de ellos niños, han muerto como resultado. Muchos más han quedado mutilados y traumatizados de por vida. Cientos de miles de personas se han visto forzadas a desplazarse. La infraestructura civil de Gaza (instituciones educativas y sanitarias, administración pública, saneamiento y electricidad) ha quedado reducida a escombro y cenizas, al igual que buena parte de los edificios residenciales y comerciales. La hambruna y las enfermedades merman a la población, que subsiste en muchos casos hacinada en condiciones dificilísimas. La escala de la destrucción es tal que Sudáfrica ha acusado a Israel de genocidio ante la Corte Internacional de Justicia. El mismo tribunal ha dictaminado que Israel debe detener su ofensiva en Rafah por el gran peligro en el que pone a la población civil. El Tribunal Penal Internacional, por su parte, ha comenzado los procedimientos para arrestar a los líderes de Hamás y del gobierno israelí. Fuera de las fronteras de Palestina e Israel, Yemen lleva meses atacando buques mercantes que cruzan el mar Rojo con destino a Israel, lo que ha llevado a una respuesta occidental. Mientras tanto, Israel está interviniendo en el norte del Líbano, intercambiando fuego con Hezbolá (un partido político y organización paramilitar libanesa, un verdadero Estado dentro del Estado). También se ha producido una escalada entre Israel e Irán después de que Israel atacase con misiles de precisión el consulado iraní en Damasco, a lo que Irán respondió con un ataque aéreo con drones y proyectiles varios.
En Occidente, el asunto se vive desde la comodidad que da la distancia. Los Estados e instituciones parecen haberse situado del lado israelí, especialmente Alemania (alegando su responsabilidad Histórica por el Holocausto) y EEUU. Entre la opinión pública, hay quienes eligen posicionarse a favor o en contra de la operación israelí y quienes optan por no tomar partido, ya sea por desinterés o por abrumadora variedad de informaciones contradictorias que podemos leer y oír. A la ingente cantidad de imágenes y vídeos que han aparecido se suman no pocas fotos y vídeos errónea y malintencionadamente atribuidos (por ejemplo, escenas de la guerra civil Siria), además de numerosas imágenes generadas por IA. En los medios de comunicación y en las redes sociales el debate se plantea sin claroscuros, reducido a menudo a una caricatura, aunque también hay discusiones con más matices que quedan sepultadas bajo el ruido.
Los partidarios de Israel más moderados justifican la operación aludiendo al derecho de autodefensa y a la necesidad imperiosa de acabar con Hamás para salvaguardar la seguridad del Estado israelí. Hamás, al fin y al cabo, busca la destrucción de Israel y la eliminación de los judíos tal y como hicieron los nazis. Sobre las bajas civiles (eufemísticamente denominadas “daños colaterales”) aseguran que son el resultado inevitable de la estrategia de Hamás de mimetizarse entre la población civil a quienes usan como escudos humanos. Además, dicen, el ejército israelí es extremadamente cuidadoso en sus procedimientos y trata de evitar víctimas civiles, a pesar de que muchos gazatíes simpaticen con Hamás. La extrema violencia de los ataques de Hamás, y su retórica abiertamente antisemita y genocida (ya que aspiran a la aniquilación del Estado de Israel y varias veces han manifestado su deseo de acabar con los judíos), es una causa más que justificada, dicen, para una intervención militar en la Franja. La densidad de población de la Franja hace que sea imposible evitar “daños colaterales”.
Por otro lado, quienes critican la operación israelí y piden un alto el fuego, sin que ello quiera decir necesariamente que apoyen a Hamás o siquiera a Palestina, señalan la desmesurada cantidad de víctimas civiles, el elevado grado de destrucción, y la situación de emergencia humanitaria que afronta la población gazatí. Las cada día más numerosas voces que sostienen que Israel está cometiendo un genocidio señalan el discurso deshumanizador del gobierno y los medios israelíes, los numerosos crímenes de guerra cometidos por miembros del ejército israelí, una política supuestamente deliberada de privación y debilitamiento de la población civil mediante la inanición, la destrucción sistemática de infraestructura civil, y los constantes desplazamientos forzosos de la población. La situación amenaza con socavar los principios del “orden liberal internacional basado en reglas” que surgió tras la segunda Guerra Mundial. El propio Josep Borrell, alto representante de la UE para exteriores, ha admitido que habrá que acabar eligiendo entre la legalidad internacional y el apoyo a Israel.
Intercambio de proyectiles en Gaza, abril de 2024. Foto: Eyad Baba
Israel, ¿un Estado colonial?
Demos un salto atrás en el tiempo. Como historiador implicado en la divulgación e inicialmente especializado en historia contemporánea de Oriente Medio —luego la vida me ha llevado por otros derroteros—, he leído bastante y he escrito varios artículos al respecto del conflicto palestino israelí. En general, me baso en la obra de autores israelíes como Benny Morris (sionista moderado), Ilian Pappe (antisionista) y de palestinos como Rashed Khalidi (sí, admito que faltan voces femeninas entre mis referencias). En este artículo, “La Nakba, el éxodo árabe para crear el Estado de Israel” doy un breve repaso a los antecedentes del conflicto y argumento que en 1948 Israel realiza un intento de limpieza étnica en la Palestina histórica. Esta limpieza étnica no fue una consecuencia desafortunada de la guerra, sino un plan premeditado e ideado por las altas esferas del nuevo Estado israelí. La Nakba creó numerosos refugiados palestinos y propició la creación de organizaciones como la UNRWA. En “El incierto futuro de los refugiados palestinos en la diáspora” hablo de la situación especial de los refugiados palestinos y sus descendientes en varios países árabes.
Por supuesto, la historia es siempre compleja. No quiero decir que Israel sean “los malos” y Palestina “los buenos”; del mismo modo, no quisiera equiparar los Estados o proyectos de Estado con los pueblos que dicen representar. Los judíos no llegan a Palestina en 1948: algunas familias habían residido en la región durante siglos, mientras que muchos otros llegaron principalmente desde Europa en diversas oleadas migratorias, muchas de ellas militantes (es decir, organizadas por grupos y asociaciones políticas) e irregulares (o lo que es lo mismo, contra la legislación vigente en la época y los designios de los británicos, que desde 1920 hasta 1948 controlaron formalmente Palestina). Las relaciones entre los inmigrantes judíos y los habitantes nativos de la región tuvieron distintas fases, y no siempre se caracterizaron por la violencia. No obstante, durante la década de 1940 la tensión era altísima, y había habido varios ataques y masacres de árabes a judíos, y viceversa.
Puedo argumentar sin problemas que el proyecto sionista es un proyecto colonial. Eso no quiere decir que todas las personas que emigraron a Palestina fueran colonos o tuvieran intenciones hostiles, pero sin duda, muchos grupos de la época tenían una perspectiva colonial en mente. ¿Por qué es colonial el sionismo? Muy sencillo. La idea de que los judíos merecen vivir y construir un Estado en los territorios que ocupaba el reino de Israel en el primer milenio antes de Cristo (o de la Era Común, como decimos los historiadores últimamente) se basa en una pretendida legitimidad histórica que ignora a las personas que vivían en esa tierra, y las vicisitudes ocurridas en los dos milenios y medio pasados entre la destrucción del Templo y la llegada de los primeros inmigrantes sionistas. Es un proyecto colonial porque no busca integrarse en una comunidad existente o mezclarse con la población, sino que plantea la fundación de un nuevo Estado en el que un grupo dominante (los judíos) se impondría sobre los nativos o directamente los expulsaría. Esto no me lo estoy inventando. Basta con leerse textos del Beitar (una organización sionista de los años 20-30 que aspiraba a la creación de un Gran Israel) para ver que la retórica de la limpieza étnica no es nueva. Uno de los lemas fundacionales de Israel, “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, también refleja la ideología colonial, mostrando Palestina como una tierra prometida, deshabitada y lista para ser colonizada.
Poster del Beitar mostrando a Jabotinsky. Fuente: Beitar Australia
Los proyectos coloniales cuentan siempre con actores en el terreno que lo hacen avanzar, aunque ellos individualmente no tengan intenciones de colonizar la tierra o someter a la población nativa. Es un caso que estudio en mi tesis doctoral, en la que me centro en los españoles que habían emigrado a la Argelia colonial francesa a finales del XIX, algunos de los cuales serían llamados “Pied Noirs” décadas después. Estos inmigrantes eran personas humildes que buscaban mejorar su situación personal, y que no tenían nada que ver con los designios imperiales de las autoridades francesas. No obstante, fueron instrumentales en la frontera colonial, y sin su sudor y su sangre, la Argelia francesa no hubiera sido productiva. De algún modo, muchos de los inmigrantes judíos llegados a Palestina/Israel en los años 20, 30 y 40 me recuerdan a ellos. Pero estoy saliéndome un poco del tema. Lo que quiero decir es que, si bien creo que se puede hablar claramente del proyecto sionista como un proyecto colonial que busca crear un nuevo Estado a expensas del grupo que ocupaba esas tierras precedentemente, no sería acertado decir que los inmigrantes que hicieron posible tal proyecto sean todos colonialistas. La crítica es a la ideología y a las instituciones surgidas para defenderla, no a las distintas comunidades judías que participaron y participan en ello.
El colonialismo es compatible con la retórica democrática. Tanto en la Argelia francesa como en la India británica se celebraban elecciones. El Estado de Israel es sin duda democrático, con una sociedad civil activa. Los árabes tienen representación democrática y en teoría los mismos derechos que los ciudadanos israelíes, aunque también sufren discriminación. Entre la propia población judía de Israel existe discriminación y racismo. Quizá el caso más paradigmático sea el de los Beta Israel, una ancestral comunidad de judíos negros de origen etíope. El Estado de Israel encierra muchas contradicciones; la más importante es la tensión entre los valores democráticos y liberales en los que supuestamente se fundó, la situación con la población palestina tanto en Israel como en los territorios ocupados, y el ascenso de un ideario que pasa por transformar Israel en un etnoestado teocrático, algo que queda reflejado en la Ley del Estado-nación Judío de 2018. En los últimos años, los gobiernos de Netanyahu han puesta también en tela de juicio la estabilidad institucional de Israel. La polémica reforma judicial de 2023 provocó una oleada de protestas que casi hace caer el gobierno, aunque el inicio de la guerra pospuso la resolución de la crisis.
Israel es también un Estado que ocupa unos territorios que no son propios, tanto Gaza como Cisjordania. Es cierto que estas ocupaciones se produjeron en contextos de guerras defensivas, aunque también podría decirse que, desde la perspectiva árabe, esas guerras también eran defensivas y buscaban recuperar los territorios perdidos en 1948). La historia de Palestina desde 1948, por otro lado, es la de un proyecto de Estado que no logró consolidarse, en parte por la presión Israelí, en parte por el expansionismo de los Estados árabes de Egipto y Jordania, y en parte por una serie de malas decisiones de sus distintos líderes. En general, las organizaciones palestinas, desde las comunistas hasta las islamistas pasando por los distintos grupos laicos y liberales, optaron por no reconocer las fronteras israelíes y no renunciar ni al derecho al retorno de los refugiados (no olvidemos que la guerra del 1948 se saldó con una enorme crisis de refugiados) ni a la lucha armada para recuperar unos territorios que ellos consideraban ilegítimamente ocupados. No entraré en detalles para no hacer el texto eterno. Aún a riesgo de minimizar la agencia de los palestinos, se puede decir sin temor a dudas que desde la derrota árabe en la guerra de los Seis Días (1967), Israel mantiene una ocupación efectiva y casi permanente de Cisjordania, acompañada por un movimiento de colonos sionistas que han construido una serie de asentamientos ilegales bajo el derecho internacional.
Poco después de acabar la guerra del 67, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad la famosa resolución 242. En plena Guerra Fría, EEUU y la Unión Soviética (y otros miembros permanentes y no permanentes del Consejo, como Francia, Japón, Etiopía, la India o Bulgaria), se pusieron de acuerdo para trazar un plan de paz que partía de la retirada de las tropas israelíes de los territorios que habían ocupado en la última guerra (que incluían, aparte de Cisjordania y Gaza, la península de Sinaí en Egipto y los Altos del Golán en Siria) a cambio del reconocimiento por parte de los estados árabes de la legitimidad del Estado de Israel y de sus fronteras. El acuerdo fue cumplido solo parcialmente: ni Israel se retiró completamente de sus zonas conquistadas (aunque sí de algunas), ni las organizaciones palestinas (que operaban desde países vecinos, como Líbano o Jordanía) o los países árabes circundantes reconocieron inequívocamente a Israel. La “solución de los dos Estados” no fue aceptada por los países árabes y por la organización palestina dominante, la OLP, hasta finales de los 80. Israel tampoco la adoptó de forma decidida pues a la vez que cumplían algunos de los acuerdos, ignoraba sistemáticamente otros.
Los asentamientos israelíes en Cisjordania (los de Gaza fueron desmantelados en los 90) no han dejado de crecer. En la actualidad, la población de colonos israelíes en Cisjordania supera el medio millón de personas. Y no viven en poblados informales; en muchos casos son auténticas urbanizaciones y comunidades valladas, protegidas por el ejército israelí y con acceso privilegiado a los recursos y accesos. En este mapa y en este otro se puede apreciar cómo Cisjordania es en la actualidad un queso gruyere en el que las comunidades palestinas están aisladas entre sí, con movilidad restringida y con una buena parte del territorio inaccesible para ellos, aunque sí para los israelíes y turistas extranjeros. El ejemplo más evidente para los occidentales sería el Mar Muerto: todos hemos visto fotos de turistas en el Mar Muerto, que mucha gente cree que está en Israel. Sin embargo, se encuentra en los territorios considerados palestinos en la actualidad, aunque la realidad práctica es que los palestinos tienen prohibido el acceso por la ocupación israelí. Desde los años 90, y especialmente tras la instalación de checkpoints permanentes, la instalación de un muro de separación física, la situación ha llegado a un punto en el que organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch utilizan el término apartheid para referirse al sistema discriminatorio establecido por la ocupación israelí y a las constantes violaciones de derechos fundamentales que experimentan los árabes en Israel y los Territorios Ocupados. El mismo término es empleado por organizaciones de la sociedad civil israelí como B’Tselem, que en 2022 publicaba un informe demoledor sobre el estado de la democracia en Israel y los Territorios Ocupados. En este enlace se puede acceder a un informe de 11 páginas publicado en castellano por la misma organización en el que desarrollan sus argumentos.
En resumen, creo que es lícito usar el término «colonial» para definir tanto al proyecto sionista como al Estado de Israel. Al fin y al cabo, el sionismo plantea crear un Estado propio para los judíos ex-novo, en unos territorios que contaban ya con una población previa. El plan sionista pasaba por fomentar la inmigración voluntaria de judíos a la Palestina histórica. Durante el Mandato Británico, las organizaciones militantes (y terroristas) sionistas, como el Irgún, atentaron tanto contra objetivos británicos como contra la población árabe. Tras la independencia, Israel llevó a cabo una limpieza étnica que no llegó a término gracias a que algunos miembros del ejército israelí se opusieron a llevar a término las órdenes de «evacuación» (es decir, expulsión) de la población civil palestina. El ejemplo más conocido es Ben Dunkelman, que se negó a echar a la población árabe de Nazaret de sus casas, dado que la ciudad se había rendido pacíficamente. Una buena parte de las organizaciones sionistas, como el Beitar, aspiraban a crear un Gran Israel que abarcase ambas orillas del Jordán y llegase hasta el Mediterráneo. El Estado judío que aspiraban a crear contaría con una mayoría de población hebrea. Los árabes y habitantes nativos que no pudieran ser «reubicados» tendrían un estatus subalterno.
En la actualidad, encontramos un Estado que se autodefine como «el hogar nacional del pueblo judío» donde se niega el derecho de autodeterminación de cualquier otro pueblo. La Tierra de Israel, dice la ley básica de 2018 y una buena parte del establishment intelectual israelí, pertenece al pueblo judío por derecho histórico y bíblico, ya que era donde se ubicaba el reino de Israel (independientemente de que eso fuera hace más de dos milenios y de que incontables pueblos y estructuras políticas hayan pasado por dichas tierras). Las leyes israelíes otorgan un estatus privilegiado a la lengua hebrea y priorizan la inmigración de judíos de todas partes del mundo, a la vez que niegan el derecho de retorno de los expulsados en 1948 y sus descendientes. Una quinta parte de la población de pleno derecho del Estado de Israel es árabe, si bien en la práctica hay una segregación. Las ciudades son por lo general hebreas o árabes, con pocas localidades mixtas. Los árabes tienen prohibido viajar a muchas zonas y a la Palestina ocupada, y están concentrados en apenas un 3% del territorio. Los ciudadanos árabes están exentos de servicio militar y pueden votar en las elecciones, pero hasta la fecha ningún partido árabe ha sido parte de ningún gobierno nacional.
En Cisjordania, la potencia ocupante (Israel) actúa como un auténtico poder colonial. No solo está incentivando y apoyando el asentamiento de cientos de miles de colonos israelíes en tierras pertenecientes a los palestinos, sino que además está haciendo lo posible por separar y segregara la población local. Los múltiples checkpoints ralentizan los desplazamientos durante horas. Los palestinos no pueden acceder libremente a una buena parte del territorio. Los colonos israelíes pueden utilizar carreteras y accesos completamente vedados para los palestinos. El ejército israelí realiza de forma rutinaria registros aleatorios en residencias civiles a altas horas de la madrugada. Cada familia palestina ha sufrido al menos una de estas humillantes experiencias. Muchos ex-soldados israelíes, traumatizados por sus acciones, han dejado sus testimonios en la web de la organización Breaking the Silence (en inglés). Otra organización israelí, B’tselem, lleva años documentando los abusos del Estado israelí y de los colonos y su campaña sistemática de acoso y expropiación de tierras e inmuebles palestinos. En la práctica, la población de Cisjordania no puede moverse libremente por su país, y no puede gozar de una estabilidad y una seguridad básicas. Los colonos israelíes, con el beneplácito del Estado, acosan a los palestinos y les roban sus propiedades en todo el territorio. El objetivo último de esta política es forzar la emigración de los palestinos y allanar el terreno para conseguir una anexión efectiva de un territorio que, en la práctica, está controlado por Israel.
El sionismo es por tanto un proyecto colonial, dado que desde su origen plantea la creación de un Estado exclusivo para judíos (aunque no hubieran nacido originalmente en dichas tierras), un Israel «desde el río hasta el mar». El Estado de Israel ha llevado a cabo unas políticas segregadoras y discriminatorias hacia su población árabe. En Cisjordania, Israel ha actuado como un auténtico ocupante colonial, limitando severamente la movilidad y el acceso a los recursos de la población local, a la vez que favorecía el asentamiento de colonos israelíes.
Un soldado israelí fotografiado mientras durante la quema de la biblioteca de Al Aqsa, en Gaza, primavera de 2024.
Añadido: reforzando el colonialismo de Estado
Estamos a 25 de julio de 2024. Estoy preparando la siguiente parte del artículo, pero desde que publiqué este texto hace dos meses (el 27 de mayo) hasta ahora han pasado tres cosas que refuerzan mi argumento aún más.
En primer lugar, Israel ha decidido anexionarse por decreto la mayor cantidad de tierras de Cisjordania en tres décadas. En 2024 se ha anexionado tanto territorio palestino como en los últimos treinta años. Tela. La anexión de las tierras palestinas en Cisjordania busca aumentar el área de los asentimientos, e impedir la continuidad territorial palestina. El ministro Smotrich ha admitido que su plan es impedir la creación de un Estado palestino. Esta política oficial va acompañada por las acciones de los colonos israelíes, que llevan años amedrentando a la población palestina en Cisjordania, ocupando sus casas y arrasando sus campos de cultivo, y que han redoblado sus esfuerzos desde el 7 de octubre. La “legalización” o “anexión oficial” no es sino un reconocimiento a algo que llevaba un tiempo sucediendo de facto.
Paralelamente, el Parlamento Israelí aprobó esta semana una resolución en contra de la creación del Estado Palestino, una admisión explícita de que rechazan la solución de los dos Estados defendida por la comunidad internacional. No deja de ser curioso el hecho de que, por mucho que se empeñen los EEUU, España, y los países del bloque occidental, la solución de los dos estados está cada vez más lejos que nunca. El reconocimiento del Estado palestino no es sino una medida cosmética, especialmente si no va acompañada de sanciones a Israel, algo que (desgraciadamente) sabemos que no sucederá.
En tercer lugar, la Corte Internacional de Justicia, principal órgano jurídico de la ONU, ha emitido un dictamen consultivo sobre las acciones y políticas de Israel en los territorios palestinos ocupados, incluyendo Jerusalén. El dictamen es la respuesta a una petición de la asamblea general de la ONU muy anterior al inicio de la guerra entre Hamás e Israel. El documento, al que no se ha dado mucha importancia en los medios de comunicación españoles, tiene 83 páginas y expone de forma contundente las continuas violaciones del Derecho Internacional por parte de Israel como potencia ocupante en Cisjordania, Jerusalén y Gaza. La Corte Internacional es clara: la política israelí de asentamientos es contraria al derecho internacional; no hay diferencia entre los asentamientos de iure y de facto [esto es importante, véase el punto 112 del dictamen, en la página 35]; las anexiones de tierra son ilegales; los israelíes se enriquecen de forma ilícita de los recursos naturales palestinos y priorizan a los colonos en el acceso a recursos esenciales como el agua; e Israel discrimina sistemáticamente a la población palestina en los territorios ocupados.
Un ejemplo de esto último especificado en el dictamen es la cuestión de la discriminación jurídica: los colonos israelíes en territorio palestino ocupado están sujetos a la ley israelí y son juzgados en tribunales civiles, mientras que los palestinos son juzgados por tribunales militares. El dictamen también señala que Israel ha utilizado una violencia desproporcionada contra los palestinos, y confirma que ha llevado a cabo acciones y políticas que han causado el desplazamiento forzoso de cientos de familias. Aunque no tienen la capacidad para imponer sus decisiones a Israel, la CIJ señala que la ocupación debe terminar, que los asentamientos deben ser desmantelados, que los palestinos desplazados deberían poder volver a sus casas, y que Israel debería compensar a las víctimas de sus políticas.
En otras palabras: Si no es colonialismo, ¿cómo llamamos a un proyecto que niega el derecho de los palestinos de vivir en sus tierras, de construir un Estado propio, y que aspira a expulsarlos? ¿Cómo podemos denominar a una idea de Estado que no respeta la legalidad internacional, que incita a sus ciudadanos a establecerse en unas tierras ocupadas y que segrega a la población local, sometida a un régimen de ocupación permanente? ¿Cómo llamamos a la política de hacer la vista gorda a la violencia de los colonos y a legalizar las tierras y viviendas que han tomado a la fuerza? ¿Cómo podemos referirnos a los colonos si no es con el término “colonos”? ¿Cómo denominar a Israel salvo como Estado colonial, si no acepta la existencia de Palestina?
Los argumentos contra calificar a Israel como un Estado colonial suelen aducir el hecho de que el Reino de Israel se encontraba en ese territorio dos mil años atrás, y que el pueblo judío siempre ha tenido una conexión especial con “Tierra Santa.” Más allá del hecho de que este argumento convierte al Estado de Israel en el único representante legítimo de los judíos (algo que ya es problemático de por sí), parece ser que solo la historia bíblica es importante, que los dos milenios de diáspora son una anécdota, y que las poblaciones semíticas que han vivido ahí estos últimos dos milenios (a los filisteos, samaritanos y judíos originales habría que sumar los grecorromanos, arameos, árabes y demás que se asentaron en la zona y mezclaron con ellos) no tienen nada que decir con respecto a la tierra en la que ellos y sus ancestros nacieron.
En el próximo artículo desarrollaré el argumento sobre el genocidio.
La Universidad de Valladolid ha publicado hoy el libro Transversalidades Contemporáneas, una colección de ensayos históricos fruto de una conferencia virtual que tuvo lugar en 2022. La obra se puede descargar gratuitamente y contiene un capítulo mío sobre la historia de migración española a Argelia.
En el capítulo publicado tenéis la posibilidad de leer sobre la historia de la familia y aprender más sobre la emigración española a Argelia. El libro está solo publicado en formato digital, en acceso abierto, y se puede descargar gratuitamente. Mi capítulo ocupa las páginas 53-65
Fernando Camacho Padilla, Fernando Escribano Martín, Nadereh Farzamnia Hajardovom, José Luis Neila Hernández (coords.), Miradas de Irán: Historia y cultura, Catarata, 2021, 284 pp.
ISBN 978-84-1352-233-3
La iranología (o iranística) española es un campo de estudios modesto pero que está creciendo mucho en los últimos años. Miradas de Irán – Historia y Cultura(Catarata, 2021), una colección de ensayos editada por Fernando Camacho Padilla, Fernando Escribano Martín, Nadereh Farzamnia Hajardvodom y José Luis Neila Hernández, es una muestra muy amplia de la diversidad de estudios sobre la historia y la cultura iraníes que se están realizando en lengua castellana . La mayoría de los contribuidores están ligados de algún modo u otro a la Universidad Autónoma de Madrid, uno de los centros que más ha apostado por la investigación sobre Irán y la colaboración con instituciones académicas persas, como la Universidad Allameh Tabataba’i. El libro, en general, es una magnífica aportación a la literatura académica en español y una gran adquisición para cualquier lector cuyo interés en Irán vaya más allá de la historia política.
La obra se divide en tres bloques: estudios históricos, estudios literarios y estudios visuales. Si bien más allá de Irán no hay un hilo conductor claro entre los distintos capítulos, la obra está bien estructuada y, sobre todo, cubre temas prácticamente inéditos en castellano. Esta es sin duda la mayor virtud del libro: acercar a los lectores hispanohablantes aspectos muy diversos sobre la historia y la literatura persas que hasta ahora no habían tenido presencia en nuestro idioma, además de mostrar que la iranología española, inaugurada por el gran Joaquín Rodríguez, cuenta con una gran «cantera» de jóvenes investigadores. También hay contribuciones muy interesantes de investigadores procedentes de Irán que trabajan en universidades españolas. De algún modo, tengo la sensación de que el encuentro Imagen e Imaginario España-Irán, celebrado en la UAM en 2016 y al que tuve la suerte de asistir como espectador, sentó las bases de lo que después sería este libro. En la introducción, Fernando Camacho y Fernando Escribano hacen un breve repaso a la historia de la iranología española, una lectura indispensable para quien quiera conocer este modesto campo de estudios que, como decía, parece tener un gran futuro.
La sección de estudios históricos cuenta con cuatro capítulos que abarcan periodos y fenómenos muy diversos. En el primero, Fernando Escribano recorre cuatro siglos de relaciones diplomáticas hispanoiraníes deteniéndose en ciertas obras literarias que dejaron testimonio de distintas expediciones y embajadas. La primera de ellas es la Embajada a Tamerlán de Ruy González de Clavijo, uno de los primeros libros de viaje de la literatura europea y un testimonio interesantísimo de la diplomacia castellana medieval (la embajada tuvo lugar entre 1403 y 1406). A continuación, recorre las embajadas del siglo XVII, en especial la de García de Silva y Figueroa (1613). Como curiosidad, el fotógrafo Manolo Espaliú publicó una obra preciosa en la que sigue los pasos del embajador a través de Irán. Finalmente, Escribano se detiene en la crónica publicada por Adolfo Rivadeneyra, un aventurero al que la Primera República encargó una misión diplomática a Irán que se vio afectada por los acontecimientos políticos en España.
En el segundo capítulo, Fernando Camacho analiza la relación entre Irán e Hispanoamérica durante el siglo XX centrándose en la diáspora cristiana tras la Primera Guerra Mundial. El genocidio armenio y sus ramificaciones crearon un gran éxodo humano que también afectó a las comunidades cristianas presentes en Irán. Muchos cristianos orientales (armenios, asirios…) buscaron refugio en países hispanoamericanos y sentaron las bases de una diáspora que tendría presencia durante gran parte del siglo, especialmente en Argentina.
En el tercer artículo permanecemos en el siglo XX, si bien de vuelta en Irán. Javier Gil Guerrero recorre un proceso fundamental para entender la Revolución Islámica al que la literatura en castellano no ha prestado mucha atención: la resignificación de los rituales de Muharram que llevaron a cabo Jomeini y otros actores como Shariati o Taleqani. Javier Gil enfoca su análisis en Jomeini, que consiguió darle un carácter reivindicativo y activista al mito de Kerbala. Para quienes no estén familiarizado con el chiísmo, bastará saber que Kerbala hace referencia a una batalla que tuvo lugar en el año 680 [10 de Muharram del año de la Hégira 61] durante la segunda fitna o guerra civil en el califato islámico y que acabó con el martirio de Hussein, nieto de Ali, a manos de los omeya. En 1963 y 1978, Jomeini fue capaz de utilizar el mito de Kerbala para incitar protestas contra el régimen de los Pahlavi, a quienes asoció a los omeyas.
El siguiente capítulo está escrito por Laura Castro Royo, conocida en las redes sociales por su proyecto Las Plumas de Simurgh. Su texto nos lleva de vuelta al periodo antiguo y es una introducción muy detallada al zoroastrismo, la religión que existía en Irán antes de la conquista islámica. El capítulo es puramente divulgativo, y merece especial reconocimiento por la capacidad que tiene la autora de sintetizar y explicar conceptos complejos sin caer en simplificaciones (por ejemplo, rechaza usar términos como ángel, demonio, cielo o infierno, que otros divulgadores suelen usar pero que sin embargo ofuscan más que aclaran). El capítulo es muy recomendable para lectores con poco conocimiento sobre la religión mazdeísta que quieran acercarse a una introducción intelectualmente.
La sección sobre estudios literarios consta de cinco capítulos. En el primero de ellos, Samaneh Milani Tabrizi analiza el papel de las mujeres en una de las obras más importantes de la literatura persa, el Shahnamé o Libro de los Reyes, un poema épico escrito por Ferdosí alrededor del año 1000 de la era cristiana. Si bien la presencia femenina en la obra es discreta (al fin y al cabo, se trata de una épica medieval dominada por historias de batallas y heroismo), la autora es capaz de extraer conclusiones interesantes. Las mujeres en la obra, aunque tengan un papel secundario, no son meros sujetos pasivos y en muchas ocasiones sus actos son esenciales para el trascurso de la historia. Los personajes femeninos más importantes suelen pertenecer a la élite y, aunque en reducidas ocasiones adopten el papel de villanas, la autora concluye que en general las mujeres son presentadas de forma positiva.
El siguiente texto, de Fatemeh Hosseingholi Noori, está dedicado a Sirin, símbolo de la perfección femenina en la obra uno de los personajes de la obra La Leyenda de Cosroes y Sirín, del poeta Nezamí Ganyaví (siglo XIII de la era cristiana). Antes del análisis, la autora nos ofrece una breve esquematización de cómo las mujeres han aparecido retratadas en la literatura persa tradicional: bien de forma estética, centrándose en su belleza; bien de forma negativa, haciendo incapié en la supuesta inferioridad femenina; o bien de forma idealizada, presentando a los personajes femeninos como una síntesis de virtudes humanas. Según Fatemeh Hosseingholi, la Sirin representada por Ganyaví pertenece a la tercera categoría, y se trataría incluso de la protagonista principal de la obra por encima de Cosroes. Sirin es un personaje cargado de virtudes y con capacidad de acción, que contrasta con Cosroes, muy apegado a las pasiones y que comete acciones cuestionables o con Farhad, el tercer protagonista del triágulo amoroso que se limita a amar a Sirin de forma platónica. Si bien no puedo opinar sobre el análisis del capítulo, pues no he leido la obra de Ganyaví, la autora me ha hecho quedarme con muchas ganas de hacerlo.
Cosroes y Sirin
El próximo capítulo nos lleva de vuelta a las embajadas del siglo XVII, si bien en este caso se trata de un viaje en dirección contraria. Baharak Akradlu escribe sobre las Relaciones de don Juan de Persia, una obra interesantísima. Juan de Persia es el nombre que adoptó Uruch Bech, uno de los representantes de la corte safávida en la embajada enviada a Europa entre 1599 y 1602. Los safávidas trataron infructuosamente de asegurar una alianza anti-otomana con el papado y algunos reinos cristianos occidentales. Uruch Bech acabó quedándose en España, convirtiéndose al cristianismo y, con la ayuda de su amigo Alfonso Remón, publicó un excepcional libro de viajes. Tal y como explica Baharak Akradlu, la obra cumple con todas las características de la literatura de viajes, pero además presenta características totalmente únicas e innovadoras. El protagonista de la obra, al fin y al cabo, no es un europeo que parte de viaje a Oriente y cuenta sus experiencias, sino un iraní que ha viajado a Europa y se ha convertido al cristianismo. La obra escrita con los lectores europeos en mente, de modo que los autores adaptan su discurso al público, pero al mismo tiempo la relación con el Otro es mucho más rica y compleja que en los textos habituales. Al fin y al cabo, Juan de Persia conocía la cultura que describe. Lo exótico y lo maravilloso, en definitiva, se presentan aquí de una forma muy original.
Del siglo XVII pasamos a finales del XIX y principios del XX de la mano de Javier Hernández Díaz. Su capítulo, el más extenso del libro, es un análisis de la poesía iraní del periodo de la revolución constitucional (1906). La revolución no solo cambió la política iraní sino que afectó profundamente al panorama literario, que se renovó por completo. La poesía, el género literario que tradicionalmente ha predominado en la lengau persa, estaba un tanto anquilosada durante el periodo de la dinastía Qajar. Sus formas eran excesivamente rígidas, y su contenido solía ser una celebración acrítica y exagerada de las virtudes de la élite gobernante (los poetas, al fin y al cabo, tienen que comr). Sin embargo, el terremoto político de la revolución de 1906 tuvo su contrapartida poética. Muchos poetas experimentaron con nuevas formas y, lo que es más importante, adoptaron un tono crítico y comprometido que no había existido anteriormente. La patria y el dolor por su decadencia se convirtieron en temas privilegiados. Para ilustrar esto, Javier Hernández nos ofrece varias traducciones inéditas y anotadas de poemas del periodo, una contribución excepcional y una fuente primaria muy valiosa para estudiantes de historia que quieran entender el contexto intelectual de la revolución de 1906.
El último capítulo de la sección se complementa perfectamente con el de Javier Hernández y además sirve de broche cronológico a los estudios literarios. Najmeh Shobeiri realiza un recorrido introductorio aunque detallado de la literatura iraní a lo largo del siglo XX. La autora contextualiza rápidamente las características de la producción literaria durante la época Qajar, durante el periodo constitucional (reseñado por Javier Hernández en el capítulo anterior), y los reinados de Reza Pahlavi y su hijo Muhammad Reza. La mayor parte del capítulo, no obstante, está dedicada a la literatura de la época que sigue a la revolución de 1979. La autora recorre los géneros más populares y significativos y ofrece breves traducciones de algunos versos. En general, tras la revolución y pasado un periodo de exaltación (tanto por parte de defensores como detractores del nuevo régimen) la literatura adquirió un carácter más social, mientras que paralelamente iban surgiendo otros géneros alejados de la tradición.
La última sección del libro está dedicada a los estudios visuales, fundamentalmente al cine, aunque también hay un capítulo dedicado a la novela gráfica. En el primer capítulo, Nadereh Farzamnia Hajardovom repasa la historia de la censura en el cine iraní. El capítulo comienza con un breve recorrido a través de la historia cinematográfica persa y de la censura durante la época de los Pahlavi, para a continuación centrarse en el periodo posrevolucionario. La llegada de los jomeinistas al poder provocó una «islamización» del cine y un mayor control estatal sobre la producción audiovisual. Esto no solo implicó una censura de los contenidos moralmente dudosos desde el punto de vista del régimen, sino un control de clos temas y mensajes transmitidos por los films. El «Nuevo Cine» iraní contaba con un carácter moralizante y criticaba duramente al régimen anterior. Los reglamentos estatales fueron especialmente estrictos (y en muchas ocasiones incoherentes) hasta la muerte de Jomeini en 1989, si bien todavía se mantienen. Una de las consecuencias de la censura y de estos reglamentos es que los directores y guionistas iraníes han desarrollado un lenguaje muy creativo para esquivar la censura, como evidencia el éxito de creadores como Abbas Kiarostami.
Farshad Zaedi analiza el cine iraní creado por mujeres, deteniéndose en particular en las películas Dos Mujeres, de Tahmineh Milani (Do Zan, 1999) y La prisión de las mujeres, de Manijeh Hekmat (Zendan-e zanan, 2002). El capítulo también repasa la visión de las cineastas en el exilio, y de las visión de las mujeres de algunos directores de género masculino que han dirigido películas centradas en personajes femeninos. En el siguiente capítulo, Elena Pérez Elena se centra en la obra de la novelista gráfica Marjane Satrapi, muy conocida por su obra Persépolis, que fue adaptada en un film. Persépolis es, de hecho, la obra que ocupa la mayor parte del análisis. Elena Péreza repasa cómo la novela gráfica aborda distintos periodos de la historia de Irán y cómo Satrapi es capaz de enlazarlos con su autobiografía y su historia familiar, consiguiendo además acercar la historia reciente iraní al público occidental no familiarizado de uan forma mucho más cercana y personal que cualquier documental o manual de historia.
El penúltimo capítulo se centra en varias películas que no he visto, de modo que no puedo ofrecer un comentario con sustancia. Majid Sarsangi y Hamed Soleimanzadh analizan la representación de la realidad en el cine de Kiarostami, particularmente en las películas Close-up y en la trilogía de Koker. Por último, Maryam Haghroosta y Elaheh Nourigholamizadeh realizan un análisis crítico del discurso de la película Nader y Simin, del director Asghar Farhadi, la primera película iraní en ganar un Óscar. Las autoras introducen el marco teórico haciendo énfasis en dos conceptos: la identidad nacional (como «el más alto nivel de entre las identidades de una persona» y el que «disfruta de más estabilidad y firmeza») y el cine nacional, entendido como aquel que participa de la cultura colectiva del país. Tras el análisis del film, las autoras concluyen que este refleja las transformaciones en la identidad nacional iraní desde la revolución y que muestra en parte las diferencias entre la forma de sentirse iraníes de las clases media y baja.
Miradas de Irán es, en definitiva, una colección muy interesante y variada de capítulos sobre la historia y la cultura iraníes. El libro no solamente recorre distintos periodos y medios, sino que además sirve de muestra de los temas y enfoques que la iranología española está adoptando en los últimos años. Si bien se echa de menos un capítulo que hilvane los distintos temas tratados en la obra, el libro es una contribución necesaria y mas que bienvenida al panorama académico español. Por otra parte, la mayoría de los capítulos cuenta con un estilo muy ameno y accesible para un público no especializado, de modo que cualqueir lector interesado en el mundo iranio podrá disfrutar de su lectura.
Hoy os traigo una fuente primaria inédita: la transcripción de un documento procedente del Consulado español en Orán que en la actualidad se encuentra en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. Se trata de la declaración de Pedro Cabezos, un inmigrante español que llevaba cuatro décadas en la Argelia Colonial Francesa y que fue arrestado a los pocos días de empezar la Guerra Europea (así llamaban a la Primera Guerra Mundial las fuentes españolas del momento). La familia Cabezos es un caso de estudio muy interesante en mi proyecto de tesis doctoral. He hablado de ellos en este artículo (en el que presento otras fuentes primarias), en la radio (a partir del minuto 2) y en enero de 2022 presentaré su historia en un congreso de historia contemporánea (actualizaré el artículo cuando se publiquen los textos).
Pedro, el protagonista de esta fuente, nació en algún lugar de la sierra minera de Cartagena (Murcia) en 1863 (en los documentos franceses dice que nació en Alumbres; en los españoles, en El Algar), aunque pasó la mayor parte de su vida en la Argelia colonial francesa. En 1875 Pedro y sus padres dejaron Murcia en dirección a Argelia, como tantas otras familias del sureste peninsular. Por aquel entonces, la migración estacional entre España y Argelia era bastante habitual: entre 1874 y 1876, en plena resaca del Cantón de Cartagena y el pronunciamento de Martínez Campos, unos 50.000 pasajeros cruzaron el Mediterráneo legalmente solo entre Cartagena y Orán. Si bien hubo exiliados y refugiados políticos, el perfil más habitual entre los emigrantes españoles era el jornalero alicantino, murciano o almeriense que trabajaba en los campos de esparto. Migraban tanto hombres como mujeres, y en muchos casos niños, como Pedro y su futura esposa Josefa, también murciana y nacida en 1866. La familia de Pedro se asentó en Saint Cloud, un pueblo agrícola fundado en 1846 por unos españoles, donde la mayoría de la población era de origen hispánico. Pedro y Josefa se casaron en 1887, cuatro meses antes del nacimiento de su primer hijo, Simón.
Fiestas patronales de Saint Cloud, el pueblo de la Argelia colonial francesa donde vivían los Cabezos. Fuente: Les Tizis
En el artículo en el que presentaba las cartas de Antonio Cabezos daba algunos detalles sobre la familia, de modo que no me repetiré. No se trata de una familia del todo representativa de la comunidad española en el oeste de Argelia, si bien al igual que tantos otros, habían emigrado del campo al campo y procedían del sureste peninsular. No obstante, contaban con una posición un poco más acomodada que muchos otros inmigrantes españoles, pues eran propietarios de los viñedos que cultivaban, circunstancia que compartían con apenas el 12% de los 56.673 españoles empleados en el sector agrícola argelino. En otras palabras: pertenecían a una una clase media rural de inmigrantes europeos que surgió en la Argelia colonial francesa. Este sector levantaba recelos entre las autoridades coloniales, especialmente en casos como el de los Cabezos, cuyos hijos renunciaron a la ciudadanía francesa en favor de la española. La mayoría de la población europea en la zona del Oranesado era española o de origen español, y los gobiernos franceses sospechaban de su lealtad y temían una potencial anexión de la región por parte de España.
Además de el documento que presentamos aquí y de la colección de cartas de las que ya hablé; en la carpeta sobre los Cabezos que se encuentra en AGA podemos encontrar varios textos relacionados con el caso. Hay algunos informes del consulado y comunicaciones con el ministerio de Estado español y la prefectura de Orán, además de un certificado de buena conducta y ausencia de antecedentes expedido por el ayuntamiento de Saint Cloud (en francés), una declaración ante notario de varias vecinas españolas de Saint Cloud explicando como Josefa había sido injustificadamente acosada por la policía de Saint Cloud tras dar a luz en 1908 —el primer ejemplo de hostilidades entre la policía y los Cabezos—,y una carta en francés escrita por Pedro desde la prisión de Orán al ministro de interior francés. En este texto que os ofrezco, Pedro ofrece una declaración pormenorizada y firmada ante el cónsul en la que explica su versión de las circunstancias de su arresto y puesta en libertad nueve meses después. Para Pedro, la raíz del problema parecía ser el hecho de que sus hijos hubieran mantenido la ciudadanía española; asunto que también preocupa al consulado en su correspondencia con las autoridades francesas. La prefectura de Orán comunicó inicialmente al consulado que sospechaban que Pedro era un «agente alemán», acusación sin mucho fundamento.
Saint Cloud a principios del siglo XX. Fuente: Les Tizis
Membrete: consulado de España en Orán
En la ciudad de Orán a veintisiete de setiembre de mil novecientos quince. Ante mi Don Carlos Sáenz de Tejada, cónsul de España en esta residencia, asistido del infraescrito canciller, en autos del expediente abierto para cumplimentar la Real Orden número ochenta y cuatro, de catorce de setiembre del corriente año.
Comparece: don Pedro Cabezos Díaz, natural del Algar (Murcia), de cincuenta y dos años, casado, albañil, residente en Saint Cloud (Argelia) desde hace cuarenta años, quien previo juramento en forma de decir verdad e invitado a narrar cuanto haya ocurrido y motivado su detención por las autoridades francesas a los efectos de la información provocada a su instancia en la Real Orden que va citada, dice:
Que el día dos de agosto de mil novecientos catorce, a las seis de la mañana, fui invitado por un gendarme que vino a casa del declarante a ir a la Gendarmería donde le leyeron una orden de detención del señor prefecto de Orán, y encerrándole por de pronto en una habitación, fue poco después conducido a la cárcel del pueblo, poniéndole para ello la cadena que llaman “menoltes”? a pesar de sus protestas.
Que preguntando cuál era la causa de la detención le dijeron que parecía que en un café le habían oído decir que en caso de movilización haría todo lo posible para impedirla.
Que según supo después, hicieron un registro en su casa, llevándose un revólver que tenía y los papeles que creyeron oportunos, preguntándole después de dónde procedía el arma, contestando el declarante que hacía más de tres años que la había comprado en Rosario de Santa Fé, donde fue con motivo de su comercio.
Que el día tres de agosto le trasladaron a la cárcel de Orán y que el seis le comunicaron la expulsión del territorio francés.
Que cuando esperaba ser expulsado, el día veintitrés del referido agosto le notificaron por un gendarme que le leyó un escrito que por orden del General de la Plaza y del Prefecto quedaba la expulsión anulada, quedando el declarante detenido hasta nueva orden.
Que en vista de que el tiempo pasaba sin ser llamado a ningún tribunal ni ante ningún juez, el declarante escribió varias cartas al señor Prefecto exponiéndole su situación, el desamparo en el que había quedado su familia y su poca tierra, y protestando de su inocencia y de cómo había sido detenido, cuyas cartas escribía por correo directo del jefe de la cárcel, por cuyas manos pasaban.
Que también escribió exponiendo su caso al Gobernador General de Argelia quien, próximamente al mes, le contestó que no podía ponerle en libertad; y que así ha continuado presa a pesar de sus protestas hasta el día |22|veintidós de abril de mil novecientos quince, es decir, más de ocho meses.
Que desesperado ya, escribió una vez más al Prefecto, en primero de marzo de mil novecientos quince, también sin contestación, hasta que tras otra carta en que le rogaba le hiciera pasar al tribunal correspondiente o le diera la libertad, cuya fecha fue el nueve de marzo de mil novecientos quince, el diez y nueve del mismo mes fue llamado al despacho del director de la cárcel, donde encontró al Prefecto mismo.
Que entonces le preguntó dicha autoridad si quería ir a España, y que al exponerle el declarante que se había criado en Argelia y que aquí tenía lo poco que posee, y que tenía afección a este país, le replicó que no sería así, cuando había enviado a sus hijos a servir a España; diciéndole también que él tenía la culpa de que los españoles fueran a servir a España y que sin duda había dicho algo que podría perjudicar a Francia.
Que le dijo entonces que iba a hacer que lo pusieran en libertad, pero que si pronunciaba una sola palabra contra Francia, pasaría a Consejo de Guerra con todas sus consecuencias. Que estando en la cárcel el declarante supo que se le acusaba de anarquista peligroso, con la clasificación de AD (anarchiste dangereux)
Que posteriormente ha sabido que hacia el día diez y nueve de marzo de mil novecientos quince, fecha de su comparecencia ante el señor Prefecto, habían hecho en Saint Cloud dos informaciones, una por el alcalde y la otra por la gendarmería, que entiende le fueron favorables y que finalmente fue puesto en libertad el día veintidós de abril de mil novecientos quince, sin haber comparecido ante ningún tribunal.
Así lo declara, notificándose en ello, una vez que le fue leída, esta declaración renunciando al derecho que le asiste de hacerlo por si mismo por hallarse conforme a cuanto bajo juramento ha declarado firmando al pie, consigo el infraescrito Canciller y el señor Cónsul de que doy fe.
[Firmado] Pedro Cabezos. El cónsul de España, Carlos S. de Tejada. El canciller, Fernando ¿?¿?
En el mes de septiembre de 2021 participé en varios podcasts sobre Afganistán, donde los Talibán acababan de hacerse con el poder. La mayoría fueron grabados y emitidos mientras estaba de visita en Melilla investigando en el archivo, de modo que no actualicé la web en su momento. Por desgracia, no sé cómo insertar en la web los reproductores de podcast, así que tendréis que pinchar en los enlaces correspondientes.
Los programas fueron grabados al poco de caer Kabul en manos de los Talibán. Varios meses después de su conquista del país, la prensa internacional ha dejado de prestarles atención, lo que les está animando a ser menos «moderados». Por ejemplo, hace pocos días detuvieron y multaron a los participantes en una boda porque había baile y música, y esta semana hemos podido ver cómo volvían a atacar los budas de Bamiyán que ya destruyeron hace dos décadas. Paralelamente, los Talibán continúan con su programa de limpieza étnica o desplazamiento forzoso de la población perteneciente a minorías como los hazaras, su acoso a los periodistas y activistas de la sociedad y sus castigos ejemplares y brutales contra quienes desobedecen su ley. Mientras tanto, la crisis económica azota el país (los precios de los alimentos han aumentado muchísimo, los bancos lmitan la cantidad de dinero que se puede extraer) y el nuevo régimen es incapaz de mantener la seguridad, con atentados periódicos contra mezquitas y barrios de mayoría chií. No obstante, los Talibán parecen haber sido capaces de asegurar varios acuerdos con potencias como China o Pakistán.
El primer podcast en el que participé fue El Café de la Lluvia, que resumieron mi intervención en este artículo. Por desgracia, una tormenta eléctrica hizo que mi conexión quedase interrumpida, y no he podido encontar el tiempo para volver a grabar con ellos. En este programa hice una introducción general a la historia reciente afgana y distinguí entre varios de los actores (Al Qaeda, Talibán, Daesh)
El segundo fue Culturas Políticas, afiliado al diario digital El Independiente. Para ellos escribí el artículo «Derribando mitos sobre la historia y la sociedad afgana». En este caso hablamos de la historia del país y de algunas de las repercusiones internacionales y sociales de la toma del poder de los Talibán. ENLACE AQUÍ
También participé en un coloquio para Número Zero junto con Jaime Caro y Alicia Alamillos. Hablamos de las causas de la retirada estadounidense, del impacto de la guerra en EEUU y de otros temas.
El cuarto fue Días Extraños, de Santiago Camacho. La entrevista fue breve (menos de media hora) pero cubrimos muchos temas, desde la historia hasta la actualidad, en un formato muy dinámico y ameno. ENLACE AQUÍ
Por último, participé en Calle Mundo respondiendo brevemente unas preguntas sobre la situación actual de Afganistán y el papel de EEUU en la crisis. ENLACE AQUÍ (Spotify) O AQUÍ (Ivoox)
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