Arabia Saudí VII: el despotismo ilustrado de Faisal (1964-1975)

Historia de Arabia Saudí
1Geografía y primer emirato saudí (1744-1818)
2 – El siglo XIX (1818-1919)
3 – Conquista y dominio (1919-1926)
4 – El reino antes del petróleo (1926-1938)
5 – Petróleo con sabor americano (1938-1953)
6 – El breve reinado de Saud (1953-1964)
7 – El despotismo ilustrado de Faisal (1964-1975)

Introducción

En la anterior entrega contaba como el rey Saud había sido obligado a abdicar, siendo sustituido por su hermano Faisal, también hijo del patriarca y fundador del reino, Ibn Saud. Si el reinado de Saud se caracterizó por el caos económico y el malestar en el seno de la familia saudí, el de Faisal lo haría por los motivo contrarios.

Faisal invirtió las ganancias del petróleo en la consolidación del Estado, cuya estructura expandió enormemente, en la creación de infraestructuras y en el desarrollo de servicios públicos básicos, especialmente educación. Paralelamente, maniobró para que el monarca tuviera un control mucho más firme sobre las riendas del Estado que durante el periodo en el que Saud estuvo al mando. Por estos motivos me gusta denominar a Faisal como un déspota ilustrado: todo para el pueblo, pero por supuesto sin el pueblo.

Faisal pone orden en casa

Los primeros pasos del reinado de Faisal consistieron en evitar el tipo de errores que había cometido Saud. Es decir, mantener el orden interno en la extensísima familia saudí para evitar envidias y conspiraciones palaciegas. El principio fundamental que siguió Faisal fue el de repartir el poder entre sus hermanos y medio hermanos, que serían la generación que hasta 2017 estaría en control de los asuntos del reino. En lugar de tratar de colocar a sus hijos en posiciones de poder como había hecho Saud, Faisal designó a algunos de sus hermanos de mayor edad (Nayef o Sultan, por ejemplo) para los puestos estratégicos, como el ministerio de Interior o el de Industria, a la vez que mantuvo a los príncipes veteranos que ya disfrutaban de posiciones de responsabilidad (Fahd) . Jálid, 7 años menor que Faisal, fue designado príncipe heredero y de hecho se convertiría en rey tras la muerte de Faisal.

Paralelamente, la figura del defenestrado rey Saud se fue eliminando poco a poco de la memoria pública. Su retrato se quitó de edificios públicos a la vez que las instituciones que llevaban su nombre (como la actual Universidad de Riad) eran rebautizadas. No me quiero extender con el culebrón interno de la familia saudí, pero quiero que una idea quede clara: Faisal sentó las bases del sistema de sucesión saudí que se ha respetado hasta la nominación de Mohammed bin Salman este año. El trono y los puestos de poder no se transmitirían de padres a hijos, sino entre los hijos mayores de Ibn Saud.

saudi treeÁrbol genealógico resumido de los Saud. El aún rey Salman (que llegó al trono en 2015) es uno de los hermanos menores de Faisal. Nació en 1935, y desde 1963 hasta 2011 fue gobernador de Riad. Houseofsaud.com

Una vez tranquilizados los hermanos de Faisal y marginados los hijos y nietos de Saud que aún conservaban algún poder, Faisal y su equipo se encargaron de que el díscolo Talal y sus príncipes libres continuaran en el exilio y no supusieran ninguna amenaza. Su propuesta de convertir Arabia Saudí en una monarquía constitucional no tenía partidarios entre los miembros más destacados de la dinastía, y los príncipes libres no contaban con una base social nativa que compartiera sus reivindicaciones, de modo que su movimiento se fue desinflando. Faisal, de hecho, concentró aún más poderes en la figura del monarca, eliminando cargos y duplicidades que podían amenazar su dominio del Estado saudí.

Desarrollo y modernización

Uno de los primeros objetivos de Faisal, sus hermanos mayores y sus asesores fue arreglar las maltrechas finanzas saudíes. Para ello, eliminaron gastos fastuosos innecesarios y elaboraron el primero de una serie de planes quinquenales. Los Saud eran anti-comunistas, eso seguro, pero eso no significa que no creyeran en la economía planificada. Los planes dieron sus frutos: el PIB de Arabia Saudí se multiplicó por 15 entre 1964 y 1975. Factores como el aumento de los precios del petróleo a raíz de la crisis de 1973 ayudan a explicar este desarrollo espectacular (en 1975 el petróleo suponía tres cuartos de los ingresos estatales), pero no hay que negar la gestión por parte de Faisal y los suyos.

Los planes de desarrollo seguían el modelo de modernización en boga en los años 60 y 70. El Estado saudí financió la construcción de infraestructuras (carreteras y otras conexiones de transporte, alumbrado, agua corriente), a la vez que desarrollaba un sistema de educación pública gratuita. El gran problema de Arabia Saudí en los años 50 y 60 es que había tenido que importar mano de obra cualificada de otros países árabes para la industria petrolera y la creciente burocracia. Esto planteaba problemas sociales ademas de económicos, pues los inmigrantes traían consigo nuevas costumbres e ideas peligrosas y revolucionarias.

3840264669Proximidades de la Meca, década de 1970. Fuente: Aramcoexpats

El gobierno de Faisal estableció numerosas escuelas públicas y varias universidades técnicas y religiosas, e incluso promovió la educación femenina. Esto último preocupó seriamente al clero, al que se tranquilizó otorgándole el control sobre las escuelas para chicas. En general, Faisal consiguió reducir paulatinamente la dependencia de la mano de obra extranjera, proporcionando empleos cualificados a muchos de sus súbditos, que además no pagaban impuestos.

Arabia Saudí, al fin y al cabo, es uno de los ejemplos clásicos de Estado rentista, y el modelo se consolidó durante el reinado de Faisal. El desarrollo económico, especialmente, posibilitó la expansión del Estado y la creación de una burocracia sólida, superandose así los modelos rudimentarios e informales implantados por Ibn Saud. Cada vez más súbditos estaban a sueldo del Estado como funcionarios o soldados a la vez que más servicios públicos estaban al alcance de los saudíes.

Los monarcas saudíes siempre habían sido vistos como proveedores y redistribuidores de riqueza. En la cuarta entrega explicaba cómo antes del descubrimiento del petróleo Ibn Saud mostraba su poder organizando banquetes para sus súbditos y concediéndoles regalos. Durante el reinado de Faisal, esta generosidad real se traducía en sanidad y educación públicas y de calidad, vivienda pública, parques y jardines, becas para estudiar en Estados Unidos y un sinfín de “obsequios”. La sociedad de consumo se implantó poco a poco entre los saudíes, no sin reservas de los círculos más conservadores.

Si los súbditos de a pie disfrutaban de nuevos servicios, las ramas colaterales de los Saud y las élites tribales de la periferia del Estado no se quedaron atrás. Cada príncipe saudí se rodeó de un círculo particular de cortesanos pelotas (líderes tribales en decadencia, primos sin poder y sin sueldo estatal) a los que llevaban de viaje por Europa y daban donativos regulares. Los miembros menores de la familia Saud, que no necesitaban la limosna de algún príncipe más importante pero que no esperaban ocupar ningún cargo político, se dedicaron al mundo de los negocios aprovechando sus lazos familiares para obtener suculentos contratos públicos y acuerdos comerciales ventajosos.

desalination-plantSello conmemorativo de la inauguración de la primera desaladora en 1971 (1391 de la era islámica). Me encantan los sellos como fuente histórica, pues muestran la “ideología oficial” que el Estado trata de transmitir.

Arabia Saudí, en fin, entraba en el mundo desarrollado y consumista. Esto, sin embargo, generó grandes tensiones. Hace tiempo que no hablamos de ellos, pero no viene mal recordar que el reino saudí era el fruto de un acuerdo entre la familia Saud y el estamento clerical wahabí. Y los wahabíes, recordemos, no eran muy amigos de las innovaciones.

Religión y Estado durante el reinado de Faisal

En 1965, una multitud enfurecía chocaba con las fuerzas de seguridad saudíes en Riad. El líder de la protesta, un sobrino lejano del rey llamado Jalid bin Musaid, era abatido por la policía. El motivo de los disturbios, por llamativo que parezca, era la inauguración de la primera cadena de televisión en Arabia Saudí.

Buena parte de los saudíes no veían con buenos ojos las nuevas tecnologías. En su libro, Ángeles Espinosa cuenta como una simple bicicleta era calificada como “el caballo del diablo” a mediados de siglo XX. La doctrina wahabí era una de las causas de esta reticencia al progreso tecnológico .Para continuar con sus planes de desarrollo, Faisal necesitaba tranquilizar a los hombres de religión e incorporarles a la estructura del Estado saudí, a la vez que debía marginar y silenciar a los clérigos intransigentes que no estaban dispuestos a cooperar.

¿Os acordáis de los mutawain? Hablé de ellos en la tercera entrega. Los mutawain eran clérigos no profesionales que se encargaban de difundir la doctrina wahabí y pegar con un palo a los que no la respetasen, y fueron un factor fundamental en la consolidación del reino de Ibn Saud. Desde entonces, habían disfrutado de privilegios y ejercían como policía religiosa. Faisal dió un paso más en el desarrollo de los lazos entre el Estado y el estamento religioso. Escogió a los más “educados” de entre ellos y los puso al frente de las recién creadas universidades religiosas, a expensas de los ulema más consolidados de regiones como Hiyaz. Los ulema hiyazíes pertenecen por lo general a la escuela malikí, mientras que los Saud siguen la doctrina wahabí, que a su vez pertenece a la escuela hanbalí. Si todo esto os suena a chino, quedaos con que los Saud fomentaron su propia visión del islam suní por encima de la que es tradicional en otras regiones del país.

faisal rezandoEl rey Faisal rezando. Getty Images.

La doctrina wahabí, que hasta entonces había sido transmitida informalmente en las madrasas cercanas a la mezquita, se desplazó a las recien establecidas universidades religiosas, donde adquirió una estructura formal y estandarizada. Muchos mutawain se convirtieron así en ulema propiamente dichos.  Mientras tanto, el número de mutawain encargados de velar por la moral pública aumentaba. Como he mencionado arriba, el clero wahabí se hacía además con el control de la recién establecida educación femenina, lo que aumentaba aún más su influencia en la sociedad saudí. Los clérigos que rechazaban realizar concesiones al desarrollismo de Faisal eran excluidos del funcionariado y de las escuelas y universidades religiosas.

Estado y wahabismo, una vez más, se fundían en una provechosa alianza. Salvo en asuntos puntuales, el clero saudí apoyó y sancionó religiosamentecasi todas las decisiones del monarca.

La diplomacia de Faisal: Arabia Saudí se convierte en potencia regional

En el plano diplomático, el reinado de Faisal puede considerase un éxito. La política errática de Saud fue sustituida por una estrategia planificada a la vez que oportunista que consiguió convertir a Arabia Saudí en la principal potencia árabe.

Las principales amenazas exteriores para los Saud eran las nuevas ideologías del baazismo y el nacionalismo árabe. Para contrarrestarlas y obtener apoyo frente a las repúblicas árabes, Faisal adoptó una retórica panislamista que hizo las delicias del clero saudí a la vez que proyectaba a Arabia Saudí más allá del mundo árabe, estrechando sus relaciones con países como Pakistán o Irán. La Liga Mundial Islámica (1962) y la Organización para la Cooperación Islámica (1969) surgieron gracias a la iniciativa de Faisal, que las dio sede y financiación. Los saudíes también comenzaron a financiar la construcción de mezquitas y madrasas a lo largo del globo, y gracias a su generosidad, consiguieron que su rol de “Guardianes de los Santos Lugares” adquiriese un carácter político.

Faisal subió al trono durante la intervención saudí en Yemen, en lo que era una suerte de guerra fría entre Egipto y Arabia Saudí. Comenté el asunto al final de la entrega anterior. En 1965, Nasser y Faisal llegaron a un acuerdo por el cual Egipto retiraría sus tropas al final del año siguiente y Arabia Saudí dejaría de apoyar a los realistas. Nasser tenía objetivos más ambiciosos en Palestina y le venía bien liberar algunas de sus tropas.

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Faisal, Gadafi, Iryani (presidente de Yemen) y Nasser. BBC

La guerra de los Seis Días de 1967, un ataque preventivo del ejército israelí contra sus vecinos, fue un tremendo desastre para los nacionalistas árabes liderados por Nasser. En menos de una semana, Egipto perdió el control de Gaza y el Sinaí, Siria los altos del Golán, y Jordania se quedó sin Jerusalén y Cisjordania. Libia, Kuwait y Arabia Saudí (productores de petróleo) anunciaron que ayudarían económicamente a los países de la “línea de frente”. Con Nasser neutralizado por su incapacidad para defender su país, Faisal tenía vía libre para seguir con su proyecto de convertir a Arabia Saudí en potencia regional a golpe de talonario. Cuando Nasser fue sustituido por Sadat en 1972, Egipto, necesitado de ayuda financiera, pasó a entrar en la esfera de influencia saudí.

Gracias al apoyo económico saudí los egipcios restauraron su maltrecho ejército y en 1973 sorprendieron a los israelíes en la guerra de Yom Kipur. Sadat tenía el apoyo logístico y moral de Faisal, que había suscrito los tres principios acordados por los mandatarios árabes en 1967: no al reconocimiento del estado de Israel, ni a las negociaciones con ellos, ni a la paz. Sin embargo, su apoyo a los palestinos y la OLP no estaba justificado desde un punto de vista nacionalista árabe, sino religioso, dada la importancia de Jerusalén como lugar sagrado islámico. Los saudíes consiguieron que otros estados musulmanes apoyasen la campaña contra Israel, y además financiaron a la OLP y a sus campos de entrenamiento en varios países árabes.

Arabia Saudí y otros países árabes productores de petróleo acordaron subir los precios del crudo en 1973 como consecuencia del apoyo a Israel por parte de los EEUU y Europa. Esto causó una crisis económica mundial sin precedentes, a la vez que aumentaba enormemente los ingresos de los saudíes. Faisal se convertía en el líder simbólico de la nación árabe, un monarca capaz de desafiar a los americanos. No obstante, la historiadora Madawi al-Rasheed afirma que Arabia Saudí no quería recurrir al embargo y solo se unió a él cuando no podía rechazarlo por miedo a perder su recién obtenido liderazgo en el mundo árabe.

1101731119_400Faisal en la portada de Time, Noviembre de 1973.

Faisal estaba entre la espada y la pared. Por un lado, debía hacer honor a su condición de nuevo líder de los árabes y mantener el pulso a los americanos y los israelíes, tal y como demandaban los líderes nacionalistas árabes de sus países vecinos (Siria, Iraq, Yemen). Por otro, necesitaba no alienar demasiado a los americanos, de quienes dependía para la explotación y exportación de petróleo y para su protección militar frente a los regímenes panarabistas. Al final, Faisal logró sus objetivos forzando a la OPEC a mantener una política de precios moderados y aumentando la producción de crudo a los pocos meses de ser iniciado el embargo, lo que fue premiado cpn una serie de acuerdos para la formación del ejército saudí y la adquisición de armamento pesado americano.

En julio de 1968 los baazistas iraquíes se hacían con el control del gobierno de su país con un golpe de Estado. Bagdad sustituía a El Cairo como capital simbólica del nacionalismo árabe, y allí se daban cita los escasos disidentes y opositores izquierdistas saudíes, así como algunos círculos chiíes. Esta oposición era muy reducida y apenas tenía influencia, aunque se mantuvo activa durante un tiempo y consiguió publicar revistas y panfletos en los que se criticaba a la monarquía.

El asesinato del rey Faisal

Todo parecía atado y bien atado en Arabia Saudí. La familia real estaba en orden, la población parecía contenta con la bonanza económica, la ausencia de impuestos y los servicios públicos de calidad. Egipto, el gran rival ideológico y militar de los saudíes había fracasado en su guerra contra Israel y se había convertido en un satélite de los saudíes. Faisal gozaba de prestigio internacional y el reino saudí se consolidaba como referente en el mundo islámico. Y, sin embargo, Faisal murió asesinado.

El regicida, sin embargo, no era un opositor izquierdista o un espía internacional. Como suele suceder en Arabia Saudí, se trataba de un asunto doméstico de la familia Saud. He mencionado antes la manifestación contra la televisión pública en 1965 en la su líder, un joven príncipe llamado Jálid ibn Musaid, había muerto a manos de la policía. Diez años después, el hermano de este Jálid, que también se llamaba Faisal, decidió asesinar al monarca durante una de las tradicionales reuniones en las que el rey recibía a dignatarios extranjeros y miembros de su familia.

the-one-and-only-during-the-1973-arab-israeli-war-when-9579212Meme conspiranoico en el que se afirma que Faisal fue ejecutado por la CIA a causa de la crisis del petróleo.

¿Los motivos? Hay quien dice que fue una venganza por la muerte de su hermano; otros afirman que la venganza era por la deposición del rey Saud, ya que el joven Faisal se iba a casar con la hija del antiguo rey; otras versiones dicen que fue un asunto de drogas o incluso un complot de la CIA. Lo único cierto es que el rey Faisal estaba muerto y el 25 de marzo de 1975 su hermano Jálid ibn Abdulaziz se convertía en el nuevo sultán de Arabia Saudí.

Jálid reinaría hasta 1982, y su mandato coincidiría con la revolución iraní. Hablaremos de ello en la siguiente entrega.

 

 

 

 

 

Luces y sombras del Qatar contemporáneo (y III)

Último artículo de la serie. Aquí puedes encontrar el primero y el segundo. Hoy hablaremos de las últimas cuatro puntos débiles de Qatar: los derechos de los inmigrantes, la ausencia de libertad de prensa, el giro intervencionista en la política exterior, y algunos problemas de imagen relacionados con el Mundial de fútbol de 2022.

5 debilidades de Qatar

2 – Derechos de los inmigrantes

Solo el 20% de los habitantes de Qatar poseen la nacionalidad, y aquellos que trabajan lo suelen hacer en el sector público. El resto de la población se compone de inmigrantes o “trabajadores invitados” de una amplia variedad de nacionalidades, convirtiendo a Qatar en uno de los países del mundo con mayor porcentaje de población extranjera. El status social de los migrantes está determinado por su lugar de origen y ocupación: los trabajadores cualificados occidentales están mejor vistos que los obreros de la construcción de la India.

La mayoría de los inmigrantes vinenen del sur de Asia, especialmente de India y Nepal, y de las Filipinas. Según un estudio de Ganesh Seshan, el migrante promedio en el año 2007 era un varón de 30 años con educación secundaria empleado en el sector de la construcción y viviendo en un campamento de trabajadores. Este migrante medio se las apañaba para enviar a casa (habitualmente a sus padres) más del 40% de sus ingresos, ahorrando lo que podía del resto para construir una casa en su país natal y dar una edicación a sus hijos. Las mujeres extranjeras están menos pagadas en comparación con los hombres, y son menos capaces de enviar dinero a casa o de ahorrar.

458cb9d2-8c5a-4e69-964f-8391d612a6e6-2060x1236Trabajadores inmigrantes en Qatar al final de su jornadalaboral. Pete Patisson

Independientemente de su lugar de origen o estrato social, los trabajadores extranjeros en Qatar son altamente dependientes de su empleador o “sponsor”, que debe autorizarles a cambiar de trabajos si desean hacerlo antes de que termine su contrato laboral. Además, estos “trabajadores huéspedes” deben obtener un permiso de salida de sus jefes antes de que puedan salir del país, lo que les hace vulnerables a los caprichos de sus empleadores, como ha denunciado Human Rights Watch.

Los contratos laborales tienen por lo general una duración de entre uno y tres años, aunque algunas empresas no especifican el tiempo. Una nueva ley aprobada en 2015 estableció que en caso de que no se fijase un periodo de trabajo en el contrato los trabajadores deberán permanecer 5 años con su empleador. Se espera que los migrantes vuelvan a sus países una vez expire su contrato, pero algunas empresas están valiéndose de la ley para retener a sus trabajadores en condiciones de explotación. Algunos empleadores llegan a confiscar los pasaportes de sus trabajadores, una práctica ilegal que no es siempre perseguida por las autoridades.

Qatar se vio obligado a aprobar una nueva ley sobre los trabajadores extranjeros cuando la prensa occidental comenzó a criticar la situación. Desde 2013, el diario The Guardian ha publicado una serie de noticias en las que se denuncia el maltrato y la explotación que sufren los trabajadores nepalíes y su alarmante tasa de fallecimientos en accidentes laborales. Otros medios como la BBC se han hecho eco de las quejas, y varias ONGs como Amnistía Internacional han realizado informes especiales sobre el tema.

La nueva ley, sin embargo, no ha cumplido las expectativas de las organizaciones en defensa de los Derechos Humanos, que siguen criticando las políticas laborales de Qatar. Amnistía ha publicado un duro informe (en español) en el que analiza los defectos de la ley y exige al gobierno de Qatar que:

Procedan a abolir el permiso de salida para que los empleadores no tengan autoridad alguna para interferir arbitrariamente en la libertad de circulación de los trabajadores y trabajadoras migrantes; apliquen una prohibición inequívoca de la confiscación de pasaportes y exijan que todos los empleadores proporcionen a cada trabajador un espacio seguro y que pueda cerrarse con llave para guardar individualmente su pasaporte; y garanticen que los trabajadores pueden cambiar de empleo sin necesidad del permiso de su empleador actual”.

Si el bloqueo de Qatar se alarga mucho y afecta su economía, es de esperar que se produzca un descenso en el número de trabajadores que buscan oportunidades en la península, pudiendo producirse una escasez dramática de mano de obra cinco años antes del Mundial de fútbol.

3- Censura de la prensa

El gobierno de Qatar comenzó una campaña para defender, al menos de boquilla, la libertad de expresión, estableciendo en 2008 del Doha Center for Media Freedom (DCMF), una organización con el objetivo de trabajar a favor de “la libertad de prensa y el periodismo de calidad en Qatar, Oriente Medio y el mundo” mediante la protección de periodistas amenazados en todo el globo.

No obstante, algunos de sus colaboradores han sido muy críticos con el Centro. Un antiguo trabajador, Ole Chavannes, dimitió y se quejó sobre el rechazo del Centro a ayudar a periodistas enfrentándose a cárcel y torturas. Según cuenta en una carta abierta, el DCMF es solo una fachada, “… un juego político en el que Qatar puede mostrar al mundo que está apoyando una iniciativa progresista, a la vez que mantiene [al DCMF] lo suficientemente pequeño como para impedir que produzca ningún cambio significativo”.

Robert Mènard, el primer director del DCMF, dimitió tras llevar menos de un año en el puesto. Su segundo director, Jan Keulen, fue despedido a finales de 2013. En una entrevista concedida más o menos un año antes de que fuera rescindido, Keulen era sorprendentemente franco y directo sobre la ausencia de una prensa libre en Qatar y la auto-censura que existe entre los periodistas que trabajan en Qatar, especialmente porque muchos ellos no son qataríes y temen que sus permisos de trabajo puedan ser revocados.

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Skyline de Doha. Collegiate Model UN

Aunque la censura fue oficialmente abolida en 1995, Al Jazeera se abstiene de criticar abiertamente a la dinastía al-Zani. Al fin y al cabo, la cadena debe su existencia a su apoyo y además es una de las principales herramientas de su política exterior, como algunos de los críticos de la cadena han señalado, especialmente tras de la Primavera Árabe de 2011. Por ejemplo, la cobertura de la Hermandad Musulmana en Egipto por parte de la cadena ha sido percibida por el gobierno de al-Sisi como una interferencia directa en sus asuntos domésticos. Este año (2017), las autoridades egipcias han arrestado a un periodista de Al Jazeera, que ha publicado una serie de artículos denunciando el asunto.

Además de Al Jazeera, Qatar cuenta con varios periódicos locales, algunos de ellos en inglés. Uno de los medios más críticos con el régimen, Doha News, ha sido bloqueado en Qatar. Doha News contiene el tipo de noticias que no aparecerían en Al Jazeera, aunque la mayoría de su contenido parece inofensivo.

La mayoría de los medios qataríes son propiedad de la familia real. Freedom House califica el país como “No libre” en lo que respecta a la libertad de prensa, y condena las restricciones que afrontan los medios locales, así como las detenciones de periodistas británicos y alemanes que estaban cubriendo historias sobre los trabajadores inmigrantes.

4 – Giro intervencionista en la política exterior

La política exterior de Qatar ha cambiado significativamente desde la Primavera Árabe (2011) y la coronación de Tamim al-Zani (2013). Se ha vuelto más intervencionista, apoyando a diversas facciones en conflicto en lugar de buscar un compromiso a base de petrodólares como acostumbraban a hacer. Un análisis del Al Jazeera Center for Studies (que podría ser considerado el “think-tank” oficial del régimen qatarí) afirma que Qatar ha pasado del soft power al smart power, o lo que es lo mismo, “de la diplomacia de la mediación a la diplomacia de la influencia”. Esto quiere decir, entre otras cosas, que Qatar ha promovido el diálogo con los Hermanos Musulmanes porque, aunque estén ilegalizados en muchos países árabes, siguen siendo un actor muy influyente en la política de la región.

El apoyo de Qatar a redes de activismo salafista y organizaciones ligadas a la Hermandad Musulmana se ha vuelto más prominente en los últimos años, una tendencia que ha causado preocupación entre la prensa especializada occidental, y que ha acabado desencadenando un conflicto diplomático con otros países del Consejo de Cooperación del Golfo. Qatar ha sido el único país que ha alojado a representantes de los Taliban afganos.

hamas-qatar_horo-2-e1496928935609-635x357Mahmud Abbas (izquierda); El que fuera emir hasta 2013, Hamad al-Zani (centro); y Jaled Mashaal, antiguo líder de Hamás, el 6 de febrero de 2012. Foto: Osama Faisal (AP)

En Siria, Qatar ha respaldado a milicias islamistas como Ahrar al-Sham, así como a otras facciones militares. Las autoridades también han hecho la vista gorda ante las donaciones privadas al frente al-Nusra (hoy día rebautizada como Jabhat Fateh al-Sham), la filial de al-Qaeda en Siria. Esta política ha probado ser ineficaz, no solo porque los distintos agentes que Qatar ha apoyado en Siria han sido incapaces de unirse en un frente común, sino también porque ha permitido que se extienda la corrupción.

A pesar de que el apoyo de Qatar al islamismo es, según diversos funcionarios estatales, pragmático más que ideológico, tendremos que esperar y ver si su apuesta acaba pagando sus dividendos o por el contrario se convierte en una amenaza peligrosa para la legitimidad del régimen. Al fin y al cabo, muchos islamistas y salafistas no reconocen a las monarquías como una forma de gobiernos islámico.

Por último, es necesario destacar que Qatar ha seguido una actitud de apaciguamiento frente al régimen iraní, dado que comparten un gran yacimiento submarino de gas natural. Esto también ha enfurecido a algunos de sus socios del CCG, que perciben a Irán como una serie amenaza para sus intereses.

Por lo pronto, el viraje de Qatar hacia un mayor intervencionismo ha acabado desembocando en la crisis diplomática presente. La Turquía de Erdogan, que también apoya a los Hermanos Musulmanes, ha prometido su apoyo militar a Qatar en caso de conflicto. No quiero aventurar lo que puede pasar (soy historiador, no adivino), pero seguramente el verano de 2017 sea interesante.

5 – Problemas con el Mundial de fútbol

La organización del Mundial de 2022, que se esperaba que mejorase la imagen de Qatar a nivel mundial, ha hecho surgir controversias y problemas que pueden minar la reputación internacional del emirato. En primer lugar, hay serias acusaciones de corrupción al respecto de la designación de Qatar como sede. En 2014, varios medios británicos aseguraron que Qatar había sobornado a Jack Warner (ex-vicepresidente de la FIFA) y a algunos otros agentes de la organización con el objetivo de asegurarse la celebración del torneo. Sean ciertas o no estas acusaciones, la imagen de Qatar se vio seriamente dañada.

La elección de Qatar como sede del Mundial también ha sido también criticada por varios miembros de la comunidad LGBT. La homosexualidad es ilegal en Qatar, y los aficionados al fútbol gays pueden verse impedidos a visitar el país durante el torneo. Las autoridades del país han afirmado que los potenciales visitantes homosexuales no deben sentirse asustados mientras no hagan muestras públicas de afecto. Los representantes de la FIFA, por otro lado, se limitaron a aconsejar que los aficionados homosexuales “deben abstenerse de cualquier actividad sexual” durante la competición. Las leyes qataríes son muy severas con los homosexuales locales, que pueden sufrir pena de muerte si son musulmanes o hasta siete años en prisión. Los homosexuales extranjeros pueden ser encarcelados y deportados.

Por último, hay varios problemas menores de imagen relacionados con las fechas del torneo, que pueden afectar las competiciones europeas, ya que se propone disputar el campeomato en invierno para evitar las altas temperaturas del verano en el golfo.

Para concluir

Aparte de todo esto, Qatar se enfrenta a varias dificultades con el bloqueo. En primer lugar, es dependiente de las exportaciones de alimentos de Arabia Saudí. Turquía e Irán les van a asistir en una especie de versión moderna del puente aéreo de Berlín, pero no es una situación sostenible a largo plazo. Los supermercados se han quedado vacíos.

En segundo lugar, como ya he mencionado, si la economía se resiente, la mano de obra inmigrante tratará de volver a casa. Qatar Airlines está tocada de muerte si se alarga la situación, y peligra seriamente la construcción de las infraestructuras del Mundial, el proyecto estrella de los al-Zani.

Por último, si Trump retira a los americanos de la base de al-Udeid, dejaría el terreno despejado a una intervención por parte del CGC, dado que el ejército de Qatar es minúsculo. Qatar intentará hacer equilibrios diplomáticos, pero será difícil que Turquía e Irán colaboren estrechamente. Quedamos a la espera de lo que pueda pasar.

Luces y sombras del Qatar contemporáneo (II)

Esta es la segunda parte de una serie de tres artículos sobre el emirato qatarí. Puedes encontrar la primera parte en este enlace. Hoy veremos los tres últimos puntos fuertes de Qatar (economía, diplomacia, relaciones públicas) y el primero de sus problemas (la salud pública).

5 puntos fuertes de Qatar

3 – Una economía fuerte y diversificada

Como mencioné en la primera parte, Qatar, que tiene el PIB per cápita más alto del mundo, es un Estado rentista típico cuya prosperidad se debe a sus recursos naturales. Es el primer exportador mundial de gas natural licuado y cuenta con las terceras mayores reservas de gas natural y las decimocuartas de petróleo a nivel mundial.

Qatar provee gas a grandes potencias como China, el Reino Unido, Japón o la India, que garantizan su seguridad. Los al-Zani han sido lo suficientemente listos como para asegurar contratos a largo plazo para sus exportaciones, lo que hace que los precios sean fijos y no estén sujetos a las fluctuaciones del precio mundial del gas y el crudo, un factor adicional para explicar el éxito económico del país. Como otros estados del Consejo de Cooperación del Golfo, Qatar ha tratado de diversificar su economía y reducir su dependencia de los recursos naturales. Para ello, ha acabado con buena parte de los monopolios estatales y se ha abierto a la inversión extranjera, en un intento de desarrollar una economía basada en los servicios.

aspire-sky-viewAspire Zone, instalaciones de alto rendimiento deportivo (y centro comercial) en Doha. Doha News

Hoy en día, las exportaciones de recursos naturales representan menos de la mitad de los ingresos de Qatar. El turismo, la banca, y otras actividades del sector terciario están ganando en importancia. El país recibe unos tres millones de turistas al año, aunque la mayoría de los visitantes lo hacen por pocos días para asistir a conferencias de negocios y otros eventos similares. Doha se ha convertido en un destino popular para organizar exposiciones y reuniones, y el gobierno se ha esforzado en promover esta imagen financiando numerosas organizaciones y conferencias, como el Centro Internacional para la Seguridad Deportiva.

Las autoridades locales esperan que el Mundial de fútbol de 2022 ayude a promover Qatar como un destino para largas estancias de lujo, un mercado que en la actualidad está dominado por los Emiratos Árabes Unidos. El deporte es uno de los pilares del proyecto de desarrollo del país. Aspire Zone, un centro de entrenamiento y alto rendimiento donde han entrenado Rafael Nadal o el Manchester United, es uno de los grandes hitos de esta estrategia.

Paralelamente, los al-Zani han invertido en barcos occidentales (Santander, Credit Suisse), supermercados (Sainsbury’s), estudios de cine (Miramax) y equipos de fútbol (el París St. Germain). La familia real qatarí ha conseguido crear una eficiente red de inversiones e intereses mutuos con varios países y empresas multinacionales que, esperan, asegurará la estabilidad de Qatar a largo plazo. Otro de los grandes activos de Qatar, tanto simbólica como económicamente, es la cadena multimedia Al Jazeera, que tiene presencia en gran parte del mundo árabe y es además un medio de referencia y calidad (salvo en lo referente a Oriente Medio) en lengua inglesa.

4 – El poder suave de la diplomacia

Qatar tiene una influencia desproporcionada en el escenario internacional para un país de su tamaño. Esto se debe en parte a su prosperidad económica, pero también a una diplomacia exitosa. Como país pequeño, Qatar es muy favorable a las organizaciones multilaterales donde cada estado obtiene un voto, y de hecho pertenece a 35 de ellas, incluyendo el G77.

Hasta 2013, Qatar siguió una política exterior basada en la mediación y el apaciguamiento, cultivando relaciones con la mayoría de actores regionales y globales, lo que impulsó la imagen del país a nivel internacional. Así, a la vez que mantenía relaciones cordiales con Irán, Qatar obtenía el voto favorable de Israel a su membresía temporal en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2005.

Qatar ha actuado como mediador en varios conflictos, como Yemen (2007), Líbano (2008) y Darfur (2009), con éxito en los dos últimos casos. Los qataríes no son para nada negociadores experimentados o habilidosos, más bien utilizan sus recursos económicos para tratar de comprar a las partes en conflicto y obtener un acuerdo entre ambas a cambio de grandes sumas de dinero. Un análisis detallado de esta política puede ser encontrado en este artículo de David B. Roberts.

Sin embargo, desde 2011 la política exterior de Qatar ha dado un giro desde la neutralidad y la mediación al intervencionismo, especialmente desde que Tamim subió al trono en 2013. Este giro, una de las probables causas de la crisis diplomática que se vive hoy día, será analizado con más detalle como una de las “sombras” de Qatar en el siguiente artículo.

5 – Relaciones Públicas

Aparte de la diplomacia oficial, Qatar cuenta con una amplia gama de canales para ejercer su “pober blando”. El más importante es Al Jazeera, una expansiva red de prensa y televisión que emite en árabe, inglés, turco y serbo-croata. La empresa fue fundada en 1996 por la familia real, que sigue financiando a la cadena (los ingresos por publicidad no son suficientes para cubrir los costes de producción). Al Jazeera trata de presentarse a sí misma como una cadena neutral y objetiva, y en relación a los asuntos de Oriente Medio da voz tanto a políticos laicos como islamistas, así como a oficiales americanos. Es una de los medios de comunicación más populares en el mundo árabe, y un instrumento valiosísimo para la política exterior qatarí. Como curiosidad, los videos de AJ+ que tanta gente comparte por redes sociales están producidos por Al Jazeera.

fcb-qf-jersey-cesc-messiLa Fundación Qatar en las camisetas del Barça. Poder blando en estado puro. Ubc.ca

Otro de los activos de Qatar para reforzar su imagen es la Fundación Qatar, una organización educativa establecida por decreto real en 1995. Los objetivos de la fundación son “lidarar la transición del país desde una economía basada en el petróleo a una basada en el conocimiento”. Para ello, la fundación ha creado escuelas y ha diseñado programas educativos y artísticos que han contribuido a convertir a Qatar en uno de los principales centros de aprendizaje de la península Arábiga.

Una forma adicional de mejorar la reputación del país han sido las obras caritativas. El estado qatarí ayudó a reconstruir el sur del Líbano tras la ofensiva israelí de 2006, y colabora con Hamás para la rehabilitación de Gaza desde 2008. No obstante, la contribución más relevante y publicitada de los al-Zani fue el “Katrina Fund”, que convirtió al emirato en el segundo mayor donante extranjero a las víctimas del huracán que destruyó Nueva Orleans.

Finalmente, Qatar ha albergado numerosos encuentros internacionales, incluyendo conferencias islámicas, festivales de artes y culturas y eventos deportivos. El Mundial de fútbol de 2022 es el último paso en una política cuidadosamente planeada que comenzó con la organización de los Juegos Asiáticos de 2006. Las autoridades qataríes esperan que el torneo de fútbol ponga a Qatar en el imaginario global como un país próspero y tecnológicamente avanzado.

Para ello, están construyendo una serie de estadios con tecnología punta, equipados con sistemas de refrigeración de bajas emisiones que permitirán que los partidos se disputen en los tórridos meses de verano. Así, los al-Zani confían en mostrar al mundo que, a pesar de que Qatar es uno de los mayores productores de gas y petróleo, también es una economía desarrollada que se preocupa por el medio ambiente. Además, dado que la población qatarí no parece tener un especial interés en el fútbol, el gobierno está construyendo los estadios siguiendo un sistema modular, de forma que puedan ser desmontados al acabar el torneo y regalados a países en desarrollo de África, Asia y Latinoamérica, según cuenta un representante del gobierno. De este modo, se espera ahorrar en costes de mantenimiento y prevenir el abandono de las instalaciones. Y de paso, Qatar se muestra como un país generoso y solidario.

5 debilidades de Qatar

1 – Problemas de salud

En el primer artículo de esta serie se dijo que Qatar es un país estable sin problemas políticos o sociales significativos. La oposición es reducida y, a pesar de la ausencia de elecciones, la mayoría de locales parecen satisfechos con el régimen. No obstante, hay un aspecto de la vida pública donde Qatar se enfrenta a una crisis nacional: la salud.

Aunque Qatar puntúa favorablemente en la mayoría de indicadores de la Organización Mundial de la Salud, hay un preocupante porcentaje de obesidad. Según varios informes, Qatar tiene una de las poblaciones más gordas del mundo. Más del 70% de los qataríes tienen sobrepeso, y al menos un tercio de la población es obesa u obesa mórbida, 40% en el caso de las mujeres. Las razones de esta tendencia son la falta de actividad física y la popularidad de la comida basura entre los locales.

El gobierno está tratando de mejorar esta estadística promoviendo el deporte y el ejercicio, aunque su estrategia es más que cuestionable. Brannagan y Giulianotti informan sobre diversos funcionarios qataríes que reconocen el problema de la obesidad. Estos funcionarios sugieren que las instalaciones deportivas de élite como el Aspire Zone (que he mencionado arriba) y eventos como el Mundial de 2022 animarán a la población qatarí a hacer ejercicio a diario. Su lógica es bastante dudosa. Si no hay un esfuerzo real para promover el deporte de base, especialmente en las escuelas, es más que probable que los qataríes sigan siendo espectadores pasivos en lugar de atletas.

2012612175943353734_20Ver deporte no es lo mismo que hacer deporte. A los qataríes les encanta lo primero, pero lo segundo les da muchísima pereza. Al Jazeera

Además de la obesidad, Qatar se enfrenta a dos problemas de salud adicionales: la diabetes y la contaminación atmosférica. Más del 15% de la población nativa sufre diabetes, una estadística sin duda ligada a los hábitos sedentarios y el excesivo consumo de dulces y bebidas azucaradas. Por otro lado, la calidad del aire en la península, especialmente en Doha, ha alcanzado niveles críticos. Según la Organización Mundial de la Salud, Qatar tiene el segundo nivel más alto de partículas PM2.5 en el mundo, solo precedido por Arabia Saudí. Las PM2.5 son micropartículas compuestas por metales pesados y materiales tóxicos especialmente dañinas para el sistema respiratorio. Se cree que los altos niveles de estas partículas se deben a la elevada actividad en el sector e la construcción, aunque hay quien las atribuye a las arenas del desierto.

Los problemas sanitarios de Qatar son recientes y sus efectos a largo plazo no se han hecho sentir aún. El gobierno no ha ignorado estas dificultades, y ha intentado distintas soluciones. Gracias a su prosperidad económica, los ciudadanos de Qatar (que tan solo son el 20% de la población total del país) pueden disfrutar de un sistema avanzado de sanidad pública. Las dificultades a las que se enfrenta Qatar son las típicas de un país desarrollado con una mayoría de población urbana: obesidad, diabetes y contaminación. Sin embargo, si Qatar quiere seguir presentándose como un modelo a seguir por otros países tendrá que encontrar soluciones eficientes y duraderas.


En el próximo artículo veremos los problemas más serios a los que se enfrenta Qatar: la situación de los trabajadores extranjeros, la censura que sufren los medios de comunicación, las complicaciones diplomáticas, y otros problemas de imagen adicionales.

Luces y sombras del Qatar contemporáneo (I)

Nota: A pesar de lo que diga la RAE, me gusta escribir Qatar. Catar es lo que se hace con los vinos, y además en árabe el país se escribe con ق , cuyo sonido más gutural asocio a la letra Q.

Este es el primero de una serie de tres artículos. Puedes leer la segunda parte en este enlace.

Introducción

A pesar de su pequeño tamaño, Qatar ha conseguido convertirse en un actor muy influyente en Oriente Medio. Esto se debe a sus abundantes recursos naturales, que le garantizan un flujo de capital constante, y a una exitosa y diversificada estrategia de relaciones públicas, cuyo culmen es su designación como sede del mundial de fútbol de 2022.

persian_political_lgLa península de Qatar y su entorno regional. Fuente: Gulf2000

Los titulares del lunes 5 de junio de 2017 abrían con una noticia sorprendente. Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Libia, Bahréin y Yemen decidían cortar relaciones diplomáticas con Qatar y cerrarles el espacio aéreo. La excusa oficial es que Qatar financia el “terrorismo”. Según el Financial Times, el enfado se debe al pago de 1.000 millones de dólares que Qatar habría realizado a distintos “enemigos” de Arabia Saudí. [No puedo enlazar la noticia porque en el ordenador aparece como de pago, pero la he leído con el móvil de forma gratuita].

Esta entrega de dinero se debería al rescate de 26 qataríes de la familia real secuestrados en Iraq en 2015 mientras cazaban, y supuestamente se habrían entregado a Kata’eb Hezbolá, una milicia iraquí ligada a Hezbolá (aliados de Irán en Líbano y Siria), que habrían recibido unos 700 millones de dolares. Otros 300 millones habrían ido para Tahrir al-Sham, un afiliado de Al Qaeda, que a su vez había secuestrado a unos oficiales de alto rango de Irán o Hezbolá, de forma que los qataríes secuestrados sirvieron para facilitar la negociación entre Irán y Al Qaeda. A mí tampoco me parece que esto tenga mucho sentido, pero tampoco me extrañaría viendo el panorama de la región.

En todo caso, el propósito de este artículo no es desentrañar los entresijos del conflicto diplomático, para eso están los periodistas y los medios de comunicación con corresponsales y fuentes confidenciales. En este texto, que he dividido en tres para facilitar la lectura, me gustaría ofrecer una introducción a Qatar para todos aquellos lectores que no sepan mucho del país, y añadir algunos datos interesantes para todos los que estén un poco más familiarizados con la región. Para ello empezaré citando cinco aspectos que han hecho de Qatar una potencia modesta pero influyente, apenas afectada por la primavera árabe o el terrorismo. Esas “luces” irán seguidas de cinco “sombras”, cinco problemas o desafíos a los que debe enfrentarse el pequeño emirato.

Los puntos fuertes de Qatar son su estabilidad interna, sus acuerdos defensivos, su fuerte economía, su diplomacia mediadora y su imagen como un país próspero y avanzado. Sus debilidades, por otro lado, son sus dificultades demográficas y sanitarias, sus desigualdades sociales y la situación de los trabajadores extranjeros, la ausencia de una prensa libre o una sociedad civil, el giro en su política exterior que le ha ganado muchos enemigos (como los recientes eventos demuestran), y algunos escándalos y controversias relacionados con el mundial de fútbol que han afectado su imagen.

Debo aclarar que el texto estaba más o menos redactado desde marzo, de modo que no tengo en cuenta los últimos acontecimientos. Antes del análisis, un poquito de contexto.

Geografía e historia

Qatar es un pequeño estado ubicado en una península en la costa occidental del Golfo Pérsico. Tiene una población de alrededor de 2,2 millones, aunque solo el 10% de ellos son ciudadanos qataríes. El resto de la población está integrado por “trabajadores invitados” de distintas nacionalidades, cuyo mayor grupo son los indios, de los que hay más de medio millón. La mayoría de los habitantes viven en Doha, la capital del país.

Durante la mayor parte del siglo XIX, Qatar estuvo gobernada por la dinastía al-Jalifa de Bahréin, hasta que en 1868 los británicos forzaron a los bahreiníes a reconocer a la familia al-Zani como los gobernantes legítimos de la península. Los al-Zani eran originalmente una tribu Beduina del desierto del Najd en lo que hoy es Arabia Saudí. Con la intención de protegerse de los bahreiníes y del segundo emirato saudí, los al-Zani buscaron la protección de los otomanos. Tras la Primera Guerra Mundial y el colapso del Imperio Otomano, Qatar entró a formar parte de los Estados de la Tregua bajo protección británica.

En 1935, la Anglo-Persian Oil Company (hoy en día BP) obtuvo una concesión para explorar y extraer petróleo durante los siguientes 75 años. El oro negro fue finalmente descubierto cuatro años más tarde, y el pequeño país comenzó a desarrollarse de una forma similar a los emiratos y reinos vecinos. (Véase Arabia Saudí V). Los al-Zani siguieron controlando la península y reprimiendo moderamente a sus oponentes, a los que encarcelaban o exiliaban pero no mataban. Tres décadas y media después el país obtuvo su independencia formal, y tras unas pocas dudas iniciales, finalmente los gobernantes de Qatar decidieron no integrarse en los Emiratos Árabes Unidos.

En 1972, Jalifa bin Hamad depuso a su primo (que era el emir por aquel entonces), y comenzó un ambicioso programa de modernización. Veintitrés años después, él mismo fue destronado por su propio hijo, Hamad, que estableció la cadena Al Jazeera y empezó a invertir en empresas occidentales varias. Hamad abdicó en 2013 y su hijo Tamim se convirtió en el nuevo emir. El enfoque diplomático de Tamim es distinto al de su padre, como veremos. Aún así, el pragmatismo, más que la ideología, parece ser la principal motivación del gobierno.

5 puntos fuertes de Qatar

1 – Estabilidad interna

Qatar ha estado bajo el control de la dinastía al-Zani durante más de un siglo. Las sucesiones y transiciones de poder suelen ser abdicaciones voluntarias o golpes intrafamiliares sin derramamiento de sangre. Qatar es oficialmente una monarquía constitucional desde 2003, aunque la familia real todavía ejerce un firme control sobre los asuntos del país. El parlamento, con 45 escaños, 15 de ellos designados por el rey, tan solo es un órgano consultivo. Las elecciones generales, que supuestamente iban a ser organizadas en 2013, han sido pospuestas en varias ocasiones, y de momento están previstas para 2019. Por otro lado, diversas elecciones locales han sido celebradas con éxito unas cuantas veces.

sheikh-tamim-bin-hamad-al-thani-in-turkeyEl emir de Qatar, Tamim al Zani, en traje y corbata para una intervención en algún foro internacional. MEMO

A pesar de esta aparente falta de democracia, no parece haber mucha disidencia interna, más allá de algunos círculos religiosos y conservadores que se oponen a la colaboración con las potencias occidentales. La legitimidad de la familia gobernante no suele ser discutida. La mayoría de ciudadanos parecen estar contentos con el régimen, ya que están exentos de impuestos y disfrutan de multitud de servicios públicos. En ese sentido, Qatar es el perfecto ejemplo de un Estado Rentista que coopta a sus súbditos/ciudadanos a través de empleos, servicios y bienes de consumo a precio asequible. Los pocos que se preocupan por los asuntos del país evitan involucrarse en política y por el contrario centran sus esfuerzos en desarrollar algo parecido a una sociedad civil a través de fundaciones y ONGs varias.

En este artículo, Justin Gengler, Mark Tessler, Darwish Al-Emadi y Abdoulaye Diop investigan hasta qué punto la participación en la sociedad civil se relaciona con la expansión de los valores democráticos. Su principal argumento es que los individuos que colaboran con estas asociaciones tienden a ser los que menos comprenden y valoran la democracia. Aún así, hay algunos foros y organizaciones subvencionadas por el estado, como la “Conferencia sobre la Democracia y la Reforma” y la “Fundación Árabe para la Democracia” que, al menos nominalmente, tienen como objetivo la promoción de valores democráticos. Aún así, la mayoría de sus miembros no son qataríes, y probablemente la existencia de estas fundaciones responda a una campaña de relaciones públicas por parte del gobierno.

Finalmente, aunque Qatar cuenta con una minoría significativa de chiíes (alrededor del 20% de los nacionales), no hay conflictos sectarios ni grandes problemas de discriminación como ocurre en el vecino Bahréin. De hecho, Qatar parece ser más tolerante con otras confesiones religiosas que los países de su vecindario. La primera iglesia católica de Qatar abrió sus puertas en 2008, y los hindúes y bahais cuentan con permiso para mantener sus propios templos. El wahabismo es la interpretación mayoritaria del islam en la península qatarí, pero los al-Zani son más pragmáticos que los Saud y permiten mayores libertades, quizá solo por promover la imagen de su país como un lugar más tolerante y agradable.

Todos estos elementos (continuidad de la familia gobernante, instituciones democráticas rudimentarias, una sociedad civil complaciente que no cuestiona al régimen y la tolerancia a las minorías religiosas) contribuyen a la estabilidad interna de Qatar en una región turbulenta. A diferencia de Bahréin, la primavera árabe de 2011 no se expandió a la península, y el régimen qatarí probablemente no se enfrente a desafíos internos significativos en el medio plazo.

2 – Defensa y seguridad

Durante los dos últimos siglos, los gobernantes de Qatar han buscado patrones y aliados para protegerse a sí mismos de sus poderosos vecinos. Esto les ha permitido mantener el equilibrio entre potencias rivales y cambiar de bando cuando ha sido conveniente. Esta estrategia fue seguida primero utilizando a los británicos contra sus rivales bahreiníes, y más tarde acercándose a los Otomanos para disuadir a los saudíes, con los que décadas más tarde se acabarían aliando.

En la década de 1990, la Segunda Guerra del Golfo sacó a la luz la debilidad militar del por entonces protector de Qatar, Arabia Saudí, que precisó de la asistencia de los al-Zani para rechazar una incursión iraquí cerca de una localidad fronteriza. En 1992, Qatar firmó el “Acuerdo de Cooperación Defensiva” con los EEUU. Cuando Hamad al-Zani tomó el poder, estrechó los lazos con los norteamericanos y construyó la base de al-Udeid, donde la fuerza aérea estadounidense se asentó en 2000. Tres años más tarde, el Centro de Operaciones de Combate Aéreo de los EEUU se trasladó a Qatar debido al malestar local en Arabia Saudí, donde la presencia de tropas y oficiales americanos era visto como una ofensa al islam.

a-10-al-udeidCaza estadounidense en al-Udeid. The Aviationist

Sin embargo, Qatar no ha confiado su protección únicamente a los EEUU. Los al-Zani han firmado también acuerdos de defensa con Francia, el Reino Unido y en 2008, India. Estos esfuerzos para diversificar la asistencia militar de las potencias extranjeras en caso de conflicto han servido para reforzar la independencia de Qatar. Como expresa Marc Dufour (la traducción es mía):

“La historia de Qatar muestra que nada es permanente en la región, que los amigos de ayer pueden convertirse en los enemigos de mañana; que los grandes imperios llegan, se asientan, proveen seguridad y eventualmente decaen y mueren. La historia ha enseñado dos lecciones principales a los líderes qataríes: Un sistema regional reducido donde se depende de la protección de los vecinos es inestable, mientras que los grandes imperios pueden ofrecer asistencia efectiva pero solo por un tiempo limitado”.


 Lee la segunda parte aquí.

 

Afganistán III: Rumbo a la revolución (1933-1978)

Continuamos con la historia de Afganistán. Este artículo, al igual que los dos anteriores, es una traducción libre y ampliada de la historia de Afganistán de Gerald Farrell, hecha con el permiso del autor. En esta entrega he traducido con mucha más libertad, alterando párrafos y añadiendo u omitiendo detalles para que el texto sea más agradable para los lectores castellanohablantes. Los encabezados y la división de los párrafos también son cosa mía.

El reinado de Mohammed Zahir Shah (1933-1973)

Mohammed Zahir Shah, el hijo de Nadir Shah, reinaría en Afganistán durante cuarenta años, un periodo de paz casi sin precedentes y cierto desarrollo económico gracias en parte a las ayudas económicas que el país recibía. El rey y su primer ministro entre 1953 y 1963, Mohammed Daud Jan, se dejaron agasajar por las potencias imperiales de la época, EEUU y la URSS, a quienes conseguían extraer fondos para infraestructuras como presas y escuelas a cambio de un apoyo que no se llegaba a materializar.

Daud, que era familia directa del rey y además estaba casado con su hermana, causó problemas con Pakistán y con los grupos no pastunes de Afganistán al insistir demasiado en el tema del Pastunistán y tratar de reforzar la posición de los pastunes a expensas de otros grupos étnicos. Daud fue retirado del gobierno en 1963, y en la década siguiente mantuvo un perfil bajo mientras preparaba su venganza. El rey, mientras tanto, se dispuso a introducir una serie de reformas, como elecciones o declaraciones de derechos de la mujer.

zahir-shah1El rey Mohammed Zahir Shah  y su primer ministro Mohammed Daud

Aunque eran un paso bienintencionado, estas medidas escondían la falta de progreso material real en el Afganistán donde vivía la mayor parte de la población. Una vez más, vemos una élite urbana prosperando y dictando el camino a seguir a las masas rurales “atrasadas”, y una vez más vemos a las masas rurales sintiendo cierto rencor ante las buenas intenciones de las progresistas élites que les exigían cambios sin ofrecer a cambio unas mejoras en su calidad de vida. Aún así, estos años son considerados una época dorada, lo cual no es sorprendente considerando lo que vino después.

Daud, que había estado cultivando relaciones con los marxistas del país y la Unión Soviética, tramó un golpe para volver al poder. En 1973, cuando el rey estaba de vacaciones en el extranjero, se hizo con el control del país con la ayuda del ejército, que poco a poco había quedado bajo la influencia de los consejeros soviéticos y los intelectuales marxistas. En lugar de proclamarse a sí mismo rey, como venía siendo la costumbre, Daud abolió la monarquía y se nombró a si mismo presidente de la nueva república afgana.

La república afgana (1973-1978)

El golpe de Daud dió ánimos los elementos más progresistas de la sociedad afgana. La izquierda urbana pensó que era el momento de aplicar su programa de transformación social, algo difícil teniendo en cuenta lo lejos que Afganistán estaba de reunir las condiciones “objetivas” que los marxistas han considerado tradicionalmente como aptas para la transición al socialismo. Los años siguientes estuvieron marcados por la inestabilidad y la lucha por el poder entre las distintas facciones izquierdistas de Kabul y otras áreas urbanas. Muchos hombres y mujeres jóvenes que habían sido formados en la Unión Soviética regresaban a casa, impacientes por poner en práctica sus ideales revolucionarios y crear una sociedad mejor. Al mismo tiempo, el aumento del desempleo y de la corrupción hacía que estos jóvenes tuvieran cada vez menos oportunidades.

El principal partido político de finales de los 60 y principios de los 70 fue el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA). Haciendo honor a las tradiciones de la izquierda, este partido estaba acabó escindiéndose en dos facciones encontradas, los Parchamis (de parcham, bandera) y los Jalquis (de jalq, masas). Los Parchamis, liderados por Babrak Karmal, ayudaron a Daud a hacerse con el poder en el golpe del 73. Su visión era que, dado que Afganistán no reunía las condiciones materiales para aplicar el comunismo al estilo soviético, era precisa una estrategia gradualista y pragmática en la que poco a poco sus ideas fueran obteniendo apoyo popular, y de ahí su alianza táctica con Daud, un aristócrata burgués que no tenía mucho de comunista. Los Jalquis, por su parte, preferían una estrategia leninista de toma del poder a manos de una pequeña vanguardia organizada. Sus líderes eran Nur Muhammad Taraki y Hafizullah Amin, los cuales criticaron duramente el apoyo de los Parchamis a Daud.

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De izquierda a derecha: Taraki, Amín y Karmal

Aún así, la luna de miel entre el gobierno y sus aliados socialistas no duró mucho. Preocupado por la posible influencia soviética, y empeñado en seguir presionando a Pakistán en relación al Pastunistán (hablamos brevemente de ello en la anterior entrega), Daud comenzó un acercamiento hacia los Estados Unidos y su socio (y vecino), Irán. El rpesidente esperaba así paliar el descenso de la ayuda al desarrollo soviética, de la que su país seguía dependiendo. Hacia 1975, la mayoría de los Parchamis habían sido expulsados del gobierno, y los asesores soviéticos habían sido devueltos a su país. La semilla de una toma de poder por parte del PDPA, con apoyo soviético, estaba sembrada. Lo único que hacía falta es que los socialiustas dejasen de luchar entre sí.

La revolución de Saur (1978)

El PDPA se las apañó para reunificarse y no disolverse el tiempo suficiente como para echar a Daud del poder con la ayuda del ejército. Se puede decir que la suerte les acompañó. La revolución de Saur (el mes del calendario persa en el que tuvo lugar) fue precipitada por el asesinato extrajudicial de un notable miembro del PDPA. Su funeral fue la escena improvisada de una impresionante manifestación, a la que Daud respondió encarcelando a Taraki y Karmal, pero no a Amín. Este fue el primero de una serie de fallos por parte de las fuerzas de seguridad leales al presidente sin los cuales la revolución no hubiera sido posible.

Amín consiguió ocultar bajo el colchón de su hijo los planes para el golpe de estado que el PDPA había planeado para meses más adelante. A pesar de encontrarse bajo arresto domiciliario, la policía permitió a uno de los cómplices de Amín visitarle, pensando que se trataba de su hermano, de forma que el líder del los Jalquis fue capaz de suministrar instrucciones a sus aliados en el ejército. Por si fuera poco, el gobierno organizó un baile para sus soldados con el objetivo de celebrar el arresto de los líderes comunistas. El día siguiente, el 28 de abril de 1978, el régimen de Daud se derrumbó. El apoyo al PDPA en buena parte del ejército, así como la incompetencia del gobierno, elevó a los comunistas al poder y convirtió a Taraki en el nuevo líder del país. Daud fue asesinado al amenazar con su revólver a los soldados que se disponían a arrestarle. A pesar de lo que se creía en Occidente, a los soviéticos este evento les pilló por sorpresa, aunque se mostraron cautamente satisfechos por el nuevo aliado que los acontecimientos les brindaban.

Una vez más, sin embargo, es crucial recordar que esta “revolución” tenía escasa relación con la vida cotidiana de la gran mayoría de los afganos, cuya existencia rural apenas era afectada por los grandiosos planes de los intelectuales urbanos. La política en el siglo XX había estado marcada por planes intermitentes e inconclusos y constituciones idealistas. Se pueden escribir todas las constituciones que se quiera, pero estas no dejan de ser una pila de papel si no se crean unas instituciones que las pongan en práctica, lo que no siempre sucedió en Afganistán.

En el siguiente video se pueden ver una serie de imágenes acompañadas de una música agradable que da una idea de la atmósfera que se respiraba en Kabul tras la revolución. La mayoría de la gente común parece perpleja, probablemente preguntándose qué pasará después y esperando que los políticos se limiten a matarse entre sí y dejarles en paz. Desafortunadamente, este no sería el caso en los años venideros.

Los comunistas no contaban con un apoyo popular extendido, más allá del ejército y un pequeño grupo de intelectuales urbanos y trabajadores industriales concienciados. La “revolución” no había sido tal, sino más bien un golpe de estado organizado gracias a la infiltración en el ejército. Una vez alcanzó el poder, el PDPA trató de que sus visión de futuro fueran algo más que una serie de planes idealistas en un trozo de papel. Comenzaron enviando a algunos de sus miembros al campo para poner en marcha su programa, que consistía en educación universal para todos (incluyendo por supuesto a las mujeres), la prohibición del matrimonio infantil, una campaña contra el velo femenino, reforma agraria, cancelación de las deudas en las que se encontraban sumidos muchos campesinos y que los convertían virtualmente en esclavos, y el estatus de igualdad para todas las minorías étnicas.

pdpaEmblema del PDPA

Todo esto suena muy bien, pero para llevarlo a cabo hace falta un grado de control y una influencia sobre las zonas rurales que los políticos de la capital no poseían. Y con estas medidas se estaban ganando la enemistad de las clases sociales tradicionales que habían ejércido el poder, los terratenientes rurales y el clero tradicional, que veían sus intereses amenazados. El antagonismo entre la clase política urbana y la élite rural tradicional, persistente durante todo el siglo XX, acabaría produciendo tristes resultados, de los que hablaremos en la próxima entrega.

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Antes de terminar, me gustaría hacer una pequeña reflexión como historiador que trasciende las fronteras de Oriente Medio. A menudo, un cambio político en los centros de poder (las ciudades) encumbra a una nueva élite progresista con grandes ideales, casi siempre impaciente por llevarlos a cabo. La mayoría de las veces, especialmente si los cambios se intentan imponer de forma rápida y radical, esto acaba generando una violenta reacción en contra por parte de las clases rurales dominantes. A pesar de sus planes altruistas, buena parte del pueblo llano no se fía de sus “liberadores” urbanitas y da su apoyo a los líderes tradicionales, a pesar de que estos les oprimen.

Más que una muestra de lo reaccionarios que son los campesinos, esto es un ejemplo de que las ciudades y el campo se mueven a ritmos distintos. El refranero español lo explica claramente: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. En nuestro país, el rechazo que la reforma agraria y las políticas laicizantes de la II República suscitaron entre los labradores y campesinos del norte de España podría ser entendido en este contexto. En Irán, la toma de poder por parte de los clérigos a pesar de que la revolución había sido iniciada por las clases medias urbanas se explica en parte por el mismo principio.

Reseña: Sectarianization 0 – Introducción

Llevo más de un mes sin publicar nada. He estado ocupado con el trabajo y otros proyectos adicionales. Hoy voy a comenzar con la reseña de uno de los libros más importantes sobre Oriente Medio que ha salido en el último año. Me parece tan relevante, que os lo voy a resumir capítulo por capítulo a lo largo de una serie de artículos. Hoy empezaremos por la introducción.

Nader Hashemi y Danny Postel (editores), Sectarianization. Mapping the New Politics of the Middle East, Hurst & Co, 2017. 384 pp. ISBN: 978-18-4904-702-9

Introducción

Sectarianization es un libro necesario. Durante años, la comunidad académica especializada en Oriente Medio ha pasado por alto una narrativa que se ha popularizado en los medios de comunicación: la de un conflicto eterno entre suníes y chiíes. Acomodados en su torre de marfil, los expertos en la región, especialmente los historiadores, se han limitado a encogerse de hombros o mirar con desdén a los periodistas y opinólogos que, desde la prensa generalista, se han dedicado a propagar una serie de mitos erróneos sobre su región de estudios.

La tendencia es mundial. Tanto la prensa de habla inglesa como la española se ha regodeado en la explicación sectaria: es llamativa, es sencilla, y permite mostrar a los musulmanes como unos fanáticos religiosos que se matan por estupideces como la sucesión de Mahoma hace 1.400 años. Aquí tenéis un ejemplo de esta narrativa absurda, y aquí otro más (El Mundo), y otro más (ABC), y aquí podéis ver cómo El País tiene una categoría entera de noticias con el título “Conflicto suníes-chiíes” (donde meten todo lo que tenga que ver con terrorismo y Oriente Medio). El rasgo común de estas interpretaciones simplonas es llevar las diferencias al plano religioso y convertir pequeñas diferencias doctrinales en la causa de la violencia. No voy a comentar los artículos en detalle porque no sostienen un mínimo análisis, y porque he venido aquí a hablar de un libro.

Por suerte, hay voces sensatas como Martí Nadal, que argumentan que todo esto del conflicto sectario eterno no es más que un mito. En un artículo que escribí para Ágora, defendí una postura similar. Parece que los jóvenes analistas no nos conformamos con las lecturas simples que nos ofrecen en los grandes medios. En ese sentido, la publicación de Sectarianization es una gran noticia, pues nos ofrece ejemplos reales y contrastables, análisis e investigaciones en multitud de países por académicos reconocidos y de prestigio.

La tesis de la sectarización

¿Sectarianización? ¿Sectarización? ¡Vaya palabro raro que se han inventado estos académicos! ¿Cómo lo traducimos al castellano? El término escogido es chocante, sin duda, pero en el capítulo introductorio los editores del libro, Nader Hashemi y Danny Postel, explican su por qué. El carácter sectario de algunos de los conflictos del Oriente Medio actual es innegable, afirman. Sin embargo, esto no ha sido siempre así, sino que es el resultado de un proceso de manipulación política por parte de las élites de la región que, incapaces de ofrecer una respuesta a los fracasos de su gestión autoritaria y corrupta, han avivado las llamas del conflicto sectario. Vamos, un “dividir y gobernar” de toda la vida mezclado con el inventarse un “otro” enemigo para dirigir las iras de la población hacia otros que no sean los gobernantes.

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Esta idea del conflicto sectario como un proceso contemporáneo ocurrido en las últimas décadas no queda clara con el término “sectarismo”, que parece aludir a un estado permanente, y de ahí la necesidad de acuñar un nuevo término. Esta idea, la del conflicto sectario como un proceso deliberado y rabiosamente actual, es la tesis fundamental del libro, un argumento mucho más convincente y preciso que el de un “antiguo conflicto religioso”.

Hashemi y Postel nosofrecen innumerables ejemplos de personalidades estadounidenses destacadas aludiendo a un supuesto conflicto inmemorial y eterno. Obama, Ted Cruz, Sarah Pailin, periodistas como Bill Maher o Bill O’Reilly, e incluso “expertos” en la región como Joshua Landis, todos creen (o afirman creer) que en Oriente Medio llevan mil años matándose por diferencias doctrinales. Por el contrario, los autores del libro defienden que la causa de la sectarización no es la religión, sino el autoritarismo corrosivo de la región. Comparan el sectarismo con el etno-nacionalismo, argumentando que se trata de fuerzas e identidades variables con el tiempo, no inmutables.

Fechas clave: 1979, 2006, 2011

El proceso de sectarización comenzó hace menos de 4 décadas, tras la revolución iraní de 1979. Un detalle a tener en cuenta sobre la revolución islámica es que sus promotores trataban de apelar a todos los musulmanes, no solo a los chiíes, y que desde el primer momento intentaron “internacionalizarla”, aunque solo fuera retóricamente. Ante el riesgo de que la revolución se propagase y pusiera en peligro su reino, los saudíes comenzaron una campaña anti-chií tratando de desacreditar a Jomeini y sus seguidores. Al mismo tiempo, los soviéticos invadían el vecino Afganistán, y Arabia Saudí y otros países del Golfo armaron y financiaron a grupos diversos de muyahidin, a los que también inculcaban la desconfianza ante los chiíes (y alguno de los cuales perpetraría masacres contra los grupos chiíes de Afganistán).

La tensión continúo durante los años 80, durante la guerra entre Irán e Irak. Las monarquías del Golfo apoyaron a Sadam Hussein con armas y dinero, aunque el conflicto no tomo un carácter decididamente sectario, pues la población chií de Iraq no apoyo a los invasores iraníes tras 1982. Tras la paz y la muerte de Jomeini, comenzó una época de distensión que duraría hasta la entrada de los EEUU en la región en 2001.

El proceso de sectarización resurge con fuerza en 2003 y, sobre todo, en 2006. La invasión norteamericana de Iraq deja un estado inoperativo y un enorme vacío de poder. La alianza táctica de los partidos chiíes con Irán y sus triunfos electorales hacen saltar las alarmas en el Consejo de Cooperación del Golfo, que ve crecer la influencia persa. En 2006, al-Qaeda atacó la mezquita al-Askari, uno de los lugares sagrados del chiísmo, dando pie a represalias por parte de milicias chiíes contra la población civil suní, y desencadenando una breve e intensa guerra civil entre milicias suníes y chiíes.

En verano de ese mismo año, Hezbollah consigue expulsar a los israelíes del sur del Líbano, siendo la primera vez que el ejército israelí es “derrotado” por una fuerza árabe. Nasrallah, el líder de la organización, se convierte en una de las figuras más populares de la región. Esto inquieta a los monarcas árabes, y ese mismo año el rey de Jordania acuña el término “creciente chií” o media luna chií, refiriéndose al arco formado por Líbano, Siria, Iraq e Irán. Se presenta a los chiíes, dominados por Irán, como una amenaza para la estabilidad de la región. Es la época de Ahmadineyad.

shiitecrescentLa media luna chií. Juan Cole.

La Primavera Árabe de 2011 supone un nuevo capítulo en el proceso de sectarización. El mayor exponente del uso de la narrativa sectaria para dividir el movimiento opositor es Bahréin, del que ya hablé en un artículo. Hashemi y Postel, sin embargo, se centran en Arabia Saudí e Irán. Irán culpó a los saudíes de financiar las protestas de 2009, el Movimiento Verde que protestaba contra la reelección de Ahmadineyad. Lo mismo, pero a la inversa, sucedió en Arabia Saudí en 2011: las protestas en el país se achacaron a la influencia de los ayatolás persas entre la población chií del país.

El mayor enfrentamiento entre ambas potencias se da en Siria. Desde el comienzo de las protestas contra al-Assad y el inicio de la guerra civil, los medios iranís caracterizan a los opositores al régimen sirio como yihadistas financiados por los petrodólares de las monarquías del Golfo. A su vez, Irán moviliza a militantes afganos recurriendo a los temas clásicos del chiísmo (el martirio, el sacrificio de Hussein en Kerbala) y les ofrece la ciudadanía iraní. Por su parte, Arabia Saudí apoya a grupos armados que hacen propaganda anti-chií explícita

El último episodio de este relato a grandes rasgos de la sectarización de Oriente Medio se produce el año pasado, cuando Arabia Saudí ejecuta al clérigo chií Nimr al-Nimr y, en represalia, la embajada saudí en Tehrán es quemada ante la impasibilidad de las fuerzas de seguridad persas. Twitter se llena de mensajes de odio, tanto de extremistas suníes contra los chiíes como al contrario.

Conclusiones

Tras estas breves pinceladas cronológicas, los editores del libro describen brevemente sus distintas partes y capítulos. Una primera parte donde ofrecen un marco teórico e histórico en el que inscribir el proceso de sectarización, y una segunda parte llena de estudios particulares de distintos países de la región, desde Líbano a Pakistán pasando por Yemen, Siria, Iraq y unos cuantos más.

Las conclusiones de los autores y editores del libro son claras. Observar Oriente Medio desde un prisma sectario oscurece y dificulta el análisis. La crisis actual se debe al colapso de la autoridad estatal (debida en parte a las intervenciones americanas). Las protestas de 2011 dejaron claro que la región no es sectaria, puesto que en diversos países (Siria, Bahréin) las manifestaciones comenzaron con participantes de todos los grupos religiosos que apelaban a la unidad. Si bien es cierto que hoy en día la identidad sectaria es más saliente en la región que en épocas anteriores, esta identidad ha sido politizada por los actores estatales.

Hay una “relación simbiótica” entre la presión social desde abajo –demandas de inclusión, participación, representación y reconocimiento en la política interna- y el rechazo de las élites a ceder ni un ápice de su poder. Esto último crea una crisis de legitimidad que debe ser manejada con precaución por los estados, lo que acaba desembocando en la sectarización, como salida fácil. Los gobernantes invocan los conflictos sectarios para crear un enemigo externo (e interno en países multiconfesionales) de forma que su ineptitud quede oculta. El sectarismo no es algo intrínseco a las masas árabes, sino que es un proceso relativamente reciente que ha sido muy rentable para algunos.

Finalmente, los autores advierten de los peligros de incurrir en explicaciones “orientalizantes”, es decir, en esencialismos que caractericen una región como inmutable y radicalmente distinta a Occidentales (“estos moros, ya se sabe, están locos, todo el día luchando por la religión”… “llevan mil años matándose entre sí”… etcétera) Aún así, y a pesar de que la tesis de los “odios religiosos ancestrales y no resueltos” no se ajuste a la realidad, los colaborades de Sectarianization nos advierten de que hay que tener cuidado, pues se puede convertir en una profecía auto-cumplida, tanto por parte de los propios habitantes de Oriente Medio, que se arriesgan a ser manipulados por las élites de sus países, como de los políticos y generales occidentales que, a menudo, toman decisiones trascendentales sin demasiado conocimiento de causa, informados por periodistas y analistas que difunden unas interpretaciones vagas y erróneas.

Con su libro, los autores de Sectarianization, esperan contribuir humildemente a redefinir los términos del debate académico, aunque son conscientes de que aplacar las iras sectarias requerirá años de esfuerzo educativo y, sobre todo, paz y estabilidad.


Próximamente iré comentando por separado los diversos capítulos de esta obra.

Arabia Saudí VI: el breve reinado de Saud (1953-1964)

Historia de Arabia Saudí
1 –
Geografía y primer emirato saudí (1744-1818)
2 – El siglo XIX (1818-1919)
3 – Conquista y dominio (1919-1926)
4 – El reino antes del petróleo (1926-1938)
5 – Petróleo con sabor americano (1938-1953)
6 – El breve reinado de Saud (1953-1964)

Introducción

Noviembre de 1953. Abdelaziz Ibn Saud, conquistador y pacificador de los territorios que hoy día forman Arabia Saudí, acaba de morir. El reino es más próspero que nunca gracias a las riquezas del petróleo, aunque también más vulnerable. Las rivalidades familiares y la incertidumbre del momento histórico, en el que se sucedían los golpes que derrocaban a las monarquías vecinas, hicieron que los primeros años tras la muerte de Ibn Saud fueran turbulentos.

La primera década tras la muerte del gran patriarca sería un periodo de lucha interna entre los dos hijos mayores de Ibn saud, Faisal y Saud, pero también una etapa en la que el estado saudí tendría que hacer frente a las amenazas ideológicas que llegaban desde el exterior. El momento histórico, sin duda, era emocionante para los árabes. El partido Baaz era fundado en Siria y se expandía por otros países árabes, llegando a ser una fuerza significativa en algunos parlamentos. En Egipto, Nasser se hacía con el control y plantaba cara a las antiguas potencias coloniales con la nacionalización del canal de Suez. La Nakba palestina hacía emerger un sentimiento de solidaridad y de impotencia entre los árabes. Demasiados desafíos externos para un reino que se enfrentaba a su primera sucesión.

Saud el olvidado (1953-1964)

El heredero al trono, como contaba en la entrega anterior, era el príncipe Saud, que fue coronado a los pocos días de la muerte de su padre, mientras que Faisal era proclamado heredero al trono. Faisal estaba mucho más versado en las labores de gobierno que su hermano, y pronto el nuevo rey y su heredero comenzaron a mostrar sus diferencias. Saud sería depuesto por su propia familia en 1964, un acontecimiento insólito en la historia reciente del reino. ¿Cómo se llegó a esa situación?

El primer motivo fueron los problemas económicos. A pesar de que los ingresos por el petróleo no dejaban de aumentar, Saud disparó el flujo de gasto sin ningún tipo de control, y las deudas que había heredado de su padre se multiplicaron. Aunque el nuevo rey canceló los pocos proyectos de obras públicas que había comenzado, no disminuyó el gasto destinado a los demás príncipes de su familia, y los lujos de la enorme familia Saud consumieron las finanzas del estado.

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Fuga en un oleoducto en 1958. Aramcoexpats.

Si anteriormente la familia estaba sujeta a la magnanimidad del patriarca Ibn Saud, que concedía regalos y prebendas a su voluntad, Saud fijó un sueldo anual muy generoso para los improductivos miembros de la familia (32.000$ al año).

En 1958, la deuda saudí alcanzaba los 480 millones de dólares, y los bancos internacionales, así como ARAMCO, el consorcio petrolero que operaba en el país, se negaron a conceder más créditos. El valor del rial se devaluó a la mitad de su precio anterior.

El colapso económico, no obstante, no explica la caída de Saud. El principal motivo de su abdicación forzosa se debió a la lucha que mantuvo con su hermano Faisal por el poder. La historiografía saudí ha presentado el enfrentamiento como el choque entre dos formas de entender el gobierno: una, la de Saud, tribal , medieval y despótica; y la otra, la de Faisal, modernizadora, eficiente y cabal. Sin embargo, las cosas distan de ser tan idealistas. En la práctica, el enfrentamiento tuvo que ver con las ramas de la familia que controlaban los órganos de gobierno.

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Saud en 1952. Wikimedia

Como contaba en la entrega anterior, Abdelaziz Ibn Saud se retiró del gobierno durante sus últimos años, dividiendo las responsabilidades entre Saud y Faisal. Ibn Saud había creado una serie de instituciones de gobierno y ministerios para facilitar su gobierno. Aún así, estaba claro que el poder absoluto estaba en sus manos, pues al fin y al cabo él había sido el conquistador y arquitecto del reino. El problema estuvo, tras su muerte, en el papel que estas nuevas instituciones tendrían en el nuevo gobierno. La última instución que fue creada por Ibn Saud, un mes antes de su muerte, fue el Consejo de Ministros.

Este consejo fue pensado como rama ejecutiva del gobierno. Podía aprobar decretos, pero sus decisiones precisaban de la aprobación del rey. El primer ministro, director del consejo, ejercería como líder del ejecutivo. Y aquí es donde comenzaron los problemas. Faisal, que era ministro de asuntos exteriores, fue designado como primer Primer Ministro (valga la redundancia) del reinado de Saud. Saud, que desconfiaba de su hermano, decidió liquidar el puesto y ejercer él mismo como primer ministro de facto, pues para algo era el rey.

Además, Saud decidió situar a sus hijos y descendientes en los altos cargos de la burocracia en expansión: Los nuevos ministerios de Educación, Comunicación y Agua y Agricultura fueron establecidos durante el primer año de reinado de Saud. El rey decidió además situar a los suyos en los puestos estratégicos. En 1957, Saud nombró a su hijo Fahd ministro de Defensa, y colocó a sus vástagos Sa’ad, Musa’id y Jalid al frente de la Guardia Especial, la Guardia Real y la Guardia Nacional, respectivamente.

Aparte de sus hijos, Saud colocó a personas de su confianza, no ligadas a la familia real, o pertenecientes a ramas menores y colaterales de la descendencia de su padre, a la cabeza de la mayoría de ministerios. Esto enfadó muchísimo a sus hermanos de mayor edad, especialmente a Faisal, que veía como Saud repetía las tácticas con las que su padre se encargó de marginar a sus hermanos a principios de siglo. Uno de los medio-hermanos menores que Saud colocó en el gobierno, Talal, daría mucho que hablar años más tarde.

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Talal. Wikimedia

Los miembros de la familia Saud y sus clientes se acabaron dividiendo en tres bandos informales. En primer lugar, los partidarios del rey Saud, especialmente sus hijos y descendientes directos. En segundo lugar, Faisal, sus tíos, y algunos de sus hermanos, que posteriormente serían llamados los Siete Sudairis. Por último, Talal y sus príncipes libres. ¿Cómo? ¿Príncipes libres?

Así es. Mientras en otros países árabes, las monarquías caían y los regímenes se transformaban gracias a la sociedad civil y grupos de “oficiales libres” (como el de Nasser en Eigpto), en Arabia Saudí este papel lo intentaron desempeñar los hijos menores de Ibn Saud, que reclamaban “reformas” y un gobierno más plural.

Talal había sido parte del gobierno hasta 1961, cuando fue cesado por su ambición y sus roces con Saud y Faisal. Ese año se exilió en Beirut, y allí formó su grupo de oposición, al-umara’ al-ahrar, los príncipes libres, que fue seguido de cerca por la prensa egipcia y libanesa. Entre otras cosas, los príncipes reclamaban una monarquía constitucional y más derechos y libertades, todo ello revestido de retórica inspirada en el panarabismo y el nasserismo.

La sociedad saudí no era especialmente activa en cuestiones políticas, salvo unos pocos afortunados que habían podido estudiar en el extranjero. Los trabajadores de la industria petrolera, gracias a la influencia de los inmigrantes de otros países árabes, fueron capaces de organizar varias huelgas exitosas para reivindicar mejores condiciones laborales. Más allá de eso, la política era un asunto familiar y dinástico, y solamente los Saud y sus protegidos se interesaban por el tema.

El rey Saud, no obstante, desconfiaba del ejército y de sus hermanos y se temía un golpe de Estado. Hay varias anécdotas graciosas al respecto, que incluyen al rey escondiéndose tras haber entendido mal a sus sirvientes. El temido golpe acabó llegando de la forma más inesperada. En 1964, cuando Saud estaba en el extranjero recibiendo tratamiento médico, Faisal formó un nuevo gobierno que excluía a los hijos de Saud e incluía a Fahd, Sultan y otros de los mencionados “Siete Sudairis”. Prometieron una serie de reformas básicas, así como la abolición de la esclavitud y la redacción de unas leyes básicas.

A la vuelta, el rey rechazó las medidas y amenazó con movilizar a la Guardia Real contra Faisal. Faisal respondió convocando a la Guardia Nacional. Finalmente los ulema y los miembros de la familia más ancianos intervinieron y forzaron un compromiso. Saud se iría al exilio en Grecia, donde moriría 5 años más tarde, y Faisal se convertiría en nuevo rey. Un golpe intrafamiliar y sin sangre.

Diplomacia saudí en la era de la independencia

Otro de los grandes problemas de Saud fue su diplomacia errática. Su reinado (1953-1964) coincidió con un periodo muy interesante en la política de los demás países árabes. Podéis encontrar un poco más de contexto en este artículo.  Dos tendencias destacan en esta década. En primer lugar, la sustitución de las monarquías liberales resultantes de la descolonización por repúblicas de corte socialista, a menudo gobernadas por los militares (Egipto en 1952 era el caso más reciente). En segundo lugar, la lucha entre EEUU y la URSS por la influencia en la región.

monarquias republicas 1950

monarquias republicas 2016Monarquías en 1950 y monarquías en la actualidad. Hay un error, y es que Siria ya era una república en 1950.

Sin embargo, los principales enemigos de los saudíes seguían siendo los hachemitas, que gobernaban en Jordania e Iraq (para más información, véanse Arabia Saudí II, III, y La colonozación de Oriente Medio). Saud intentó apaciguar a Nasser, que había tomado el poder en Egipto, a la vez que firmaba con él un tratado de defensa mutua en 1955, pensado para contrastar la creciente influencia de los hachemitas y el Pacto de Bagdad.

Siguiendo el ejemplo del líder egipcio, Saud intentó adoptar la retórica del nacionalismo árabe y buscó acuerdos con los países de la órbita soviética. También intentó eliminar algunos de los monopolios de los que la empresa ARAMCO disfrutaba en su país, como los derechos sobre el transporte del crudo, algo que no sentó muy bien en la empresa y en EEUU.

Saud apoyó a Nasser cuando decidió nacional izar el Canal de Suez, y cortó las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña. Las cosas ya se habían puesto tensas entre el reino saudí y el decadente Imperio británico en los últimos años de Ibn Saud, ya que Arabia Saudí había intervenido en las disputas internas de varios emiratos del Golfo (Omán, Abu Dhabi) que estaban bajo la protección británica.

CENTO
El Pacto de Bagdad

No obstante, la relación entre Nasser y Saud no llegó a cuajar. El presidente egipcio visitó Arabia Saudí en 1956, disfrutando de una cálida recepción popular. Esto preocupó mucho a la familia Saud, que no deseaban un levantamiento popular anti-monárquico. Además, Nasser estaba en pleno enfrentamiento contra los Hermanos Musulmanes, un grupo que contaba con las simpatías de los saudíes. Nasser propuso la unión de Egipto, Siria y Arabia Saudí en un único estado, algo que tampoco hizo mucha gracia a los Saud, que veían el país como su propiedad y su cortijo privado.

Cuando Egipto y Siria se unieron en 1958, Saud decidió conspirar para asesinar a Nasser. La trama fue descubierta por la prensa libanesa, llenando a la familia saudí de vergüenza. Faisal y sus hermanos mayores se enfadaron con el rey, al que acusaban de una diplomacia inconsistente y de minar la reputación del reino. Probablemente las semillas de la abdicación forzosa de Saud se sembraron aquí. El año anterior, Saud había visitado al rey hachemita de Iraq, el antaño archienemigo de su familia, para intentar forjar una alianza contra Nasser. El entendimiento no duró mucho, ya que en julio del 1958 el rey de Iraq fue depuesto por los militares, apoyados por el partido Baath y los nasseristas.

Esta Guerra Fría entre Saud y Naser se desplazó entonces a Yemen, donde en 1962 Abdulá al Salal, un oficial apoyado por los egipcios, depuso al monarca yemení e instauró una república, la primera república en la península arábiga, y una amenaza vital para la supervivencia del reino saudí. Se inició así un conflicto entre Egipto y Arabia Saudí con Yemen como campo de batalla. Saud apoyó a los realistas, mientras que Nasser aportó tropas y financiación a los partidarios del nuevo presidente . Cuando Saud fue depuesto, el conflicto civil en Yemen no había terminado. Arabia Saudí interviniendo en Yemen… nos suena terriblemente actual, ¿verdad?

Esta intervención fue apoyada por los EEUU, gracias especialmente a la mediación del futuro rey, Faisal. EEUU acordó establecer un sistema de defensa aérea en la fontera con Yemen y realizó maniobras conjuntas con los saudíes, así como ejercicios de intimidación contra los egipcios. La cosa no llegó a más, pues Kennedy no quería tensar las relaciones con Egipto, y además entendía que su responsabilidad se limitaba a proteger los yacimientos petrolíferos y el suministro de crudo.

EEUU y Arabia Saudí no se entendieron bien durante la primera mitad de los 60. Faisal, que se encargaba de los asuntos exteriores, trató de mejorar las relaciones con Gran Bretaña a raíz del conflicto en Yemen. Sin embargo, los británicos no disponían de los medios ni de la sganas para apoyar la campaña saudí en Yemen. Además, Faisal entendió bien que en el nuevo mundo bipolar los británicos jugaban un papel secundario. El futuro pertenecía a EEUU y la URSS, y dado que los saudíes eran fervientemente anti-comunistas (al fin y al cabo, la suya era una monarquía despótica apoyada en la religión), decidieron que su supervivencia pasaba por llevarse bien con los americanos, que además tenían importantes intereses económicos en el país.

Saud no solo había llevado acabo una política interna errática y económicamente desastrosa, sino que sus esfuerzos diplomáticos fueron en vano y a menudo contraproducentes.

Durante el reinado de Faisal, Arabia Saudí abandonó su posición marginal en la región y se consolidó como potencia. Lo veremos en la siguiente entrega.