Luces y sombras del Qatar contemporáneo (y III)

Último artículo de la serie. Aquí puedes encontrar el primero y el segundo. Hoy hablaremos de las últimas cuatro puntos débiles de Qatar: los derechos de los inmigrantes, la ausencia de libertad de prensa, el giro intervencionista en la política exterior, y algunos problemas de imagen relacionados con el Mundial de fútbol de 2022.

5 debilidades de Qatar

2 – Derechos de los inmigrantes

Solo el 20% de los habitantes de Qatar poseen la nacionalidad, y aquellos que trabajan lo suelen hacer en el sector público. El resto de la población se compone de inmigrantes o “trabajadores invitados” de una amplia variedad de nacionalidades, convirtiendo a Qatar en uno de los países del mundo con mayor porcentaje de población extranjera. El status social de los migrantes está determinado por su lugar de origen y ocupación: los trabajadores cualificados occidentales están mejor vistos que los obreros de la construcción de la India.

La mayoría de los inmigrantes vinenen del sur de Asia, especialmente de India y Nepal, y de las Filipinas. Según un estudio de Ganesh Seshan, el migrante promedio en el año 2007 era un varón de 30 años con educación secundaria empleado en el sector de la construcción y viviendo en un campamento de trabajadores. Este migrante medio se las apañaba para enviar a casa (habitualmente a sus padres) más del 40% de sus ingresos, ahorrando lo que podía del resto para construir una casa en su país natal y dar una edicación a sus hijos. Las mujeres extranjeras están menos pagadas en comparación con los hombres, y son menos capaces de enviar dinero a casa o de ahorrar.

458cb9d2-8c5a-4e69-964f-8391d612a6e6-2060x1236Trabajadores inmigrantes en Qatar al final de su jornadalaboral. Pete Patisson

Independientemente de su lugar de origen o estrato social, los trabajadores extranjeros en Qatar son altamente dependientes de su empleador o “sponsor”, que debe autorizarles a cambiar de trabajos si desean hacerlo antes de que termine su contrato laboral. Además, estos “trabajadores huéspedes” deben obtener un permiso de salida de sus jefes antes de que puedan salir del país, lo que les hace vulnerables a los caprichos de sus empleadores, como ha denunciado Human Rights Watch.

Los contratos laborales tienen por lo general una duración de entre uno y tres años, aunque algunas empresas no especifican el tiempo. Una nueva ley aprobada en 2015 estableció que en caso de que no se fijase un periodo de trabajo en el contrato los trabajadores deberán permanecer 5 años con su empleador. Se espera que los migrantes vuelvan a sus países una vez expire su contrato, pero algunas empresas están valiéndose de la ley para retener a sus trabajadores en condiciones de explotación. Algunos empleadores llegan a confiscar los pasaportes de sus trabajadores, una práctica ilegal que no es siempre perseguida por las autoridades.

Qatar se vio obligado a aprobar una nueva ley sobre los trabajadores extranjeros cuando la prensa occidental comenzó a criticar la situación. Desde 2013, el diario The Guardian ha publicado una serie de noticias en las que se denuncia el maltrato y la explotación que sufren los trabajadores nepalíes y su alarmante tasa de fallecimientos en accidentes laborales. Otros medios como la BBC se han hecho eco de las quejas, y varias ONGs como Amnistía Internacional han realizado informes especiales sobre el tema.

La nueva ley, sin embargo, no ha cumplido las expectativas de las organizaciones en defensa de los Derechos Humanos, que siguen criticando las políticas laborales de Qatar. Amnistía ha publicado un duro informe (en español) en el que analiza los defectos de la ley y exige al gobierno de Qatar que:

Procedan a abolir el permiso de salida para que los empleadores no tengan autoridad alguna para interferir arbitrariamente en la libertad de circulación de los trabajadores y trabajadoras migrantes; apliquen una prohibición inequívoca de la confiscación de pasaportes y exijan que todos los empleadores proporcionen a cada trabajador un espacio seguro y que pueda cerrarse con llave para guardar individualmente su pasaporte; y garanticen que los trabajadores pueden cambiar de empleo sin necesidad del permiso de su empleador actual”.

Si el bloqueo de Qatar se alarga mucho y afecta su economía, es de esperar que se produzca un descenso en el número de trabajadores que buscan oportunidades en la península, pudiendo producirse una escasez dramática de mano de obra cinco años antes del Mundial de fútbol.

3- Censura de la prensa

El gobierno de Qatar comenzó una campaña para defender, al menos de boquilla, la libertad de expresión, estableciendo en 2008 del Doha Center for Media Freedom (DCMF), una organización con el objetivo de trabajar a favor de “la libertad de prensa y el periodismo de calidad en Qatar, Oriente Medio y el mundo” mediante la protección de periodistas amenazados en todo el globo.

No obstante, algunos de sus colaboradores han sido muy críticos con el Centro. Un antiguo trabajador, Ole Chavannes, dimitió y se quejó sobre el rechazo del Centro a ayudar a periodistas enfrentándose a cárcel y torturas. Según cuenta en una carta abierta, el DCMF es solo una fachada, “… un juego político en el que Qatar puede mostrar al mundo que está apoyando una iniciativa progresista, a la vez que mantiene [al DCMF] lo suficientemente pequeño como para impedir que produzca ningún cambio significativo”.

Robert Mènard, el primer director del DCMF, dimitió tras llevar menos de un año en el puesto. Su segundo director, Jan Keulen, fue despedido a finales de 2013. En una entrevista concedida más o menos un año antes de que fuera rescindido, Keulen era sorprendentemente franco y directo sobre la ausencia de una prensa libre en Qatar y la auto-censura que existe entre los periodistas que trabajan en Qatar, especialmente porque muchos ellos no son qataríes y temen que sus permisos de trabajo puedan ser revocados.

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Skyline de Doha. Collegiate Model UN

Aunque la censura fue oficialmente abolida en 1995, Al Jazeera se abstiene de criticar abiertamente a la dinastía al-Zani. Al fin y al cabo, la cadena debe su existencia a su apoyo y además es una de las principales herramientas de su política exterior, como algunos de los críticos de la cadena han señalado, especialmente tras de la Primavera Árabe de 2011. Por ejemplo, la cobertura de la Hermandad Musulmana en Egipto por parte de la cadena ha sido percibida por el gobierno de al-Sisi como una interferencia directa en sus asuntos domésticos. Este año (2017), las autoridades egipcias han arrestado a un periodista de Al Jazeera, que ha publicado una serie de artículos denunciando el asunto.

Además de Al Jazeera, Qatar cuenta con varios periódicos locales, algunos de ellos en inglés. Uno de los medios más críticos con el régimen, Doha News, ha sido bloqueado en Qatar. Doha News contiene el tipo de noticias que no aparecerían en Al Jazeera, aunque la mayoría de su contenido parece inofensivo.

La mayoría de los medios qataríes son propiedad de la familia real. Freedom House califica el país como “No libre” en lo que respecta a la libertad de prensa, y condena las restricciones que afrontan los medios locales, así como las detenciones de periodistas británicos y alemanes que estaban cubriendo historias sobre los trabajadores inmigrantes.

4 – Giro intervencionista en la política exterior

La política exterior de Qatar ha cambiado significativamente desde la Primavera Árabe (2011) y la coronación de Tamim al-Zani (2013). Se ha vuelto más intervencionista, apoyando a diversas facciones en conflicto en lugar de buscar un compromiso a base de petrodólares como acostumbraban a hacer. Un análisis del Al Jazeera Center for Studies (que podría ser considerado el “think-tank” oficial del régimen qatarí) afirma que Qatar ha pasado del soft power al smart power, o lo que es lo mismo, “de la diplomacia de la mediación a la diplomacia de la influencia”. Esto quiere decir, entre otras cosas, que Qatar ha promovido el diálogo con los Hermanos Musulmanes porque, aunque estén ilegalizados en muchos países árabes, siguen siendo un actor muy influyente en la política de la región.

El apoyo de Qatar a redes de activismo salafista y organizaciones ligadas a la Hermandad Musulmana se ha vuelto más prominente en los últimos años, una tendencia que ha causado preocupación entre la prensa especializada occidental, y que ha acabado desencadenando un conflicto diplomático con otros países del Consejo de Cooperación del Golfo. Qatar ha sido el único país que ha alojado a representantes de los Taliban afganos.

hamas-qatar_horo-2-e1496928935609-635x357Mahmud Abbas (izquierda); El que fuera emir hasta 2013, Hamad al-Zani (centro); y Jaled Mashaal, antiguo líder de Hamás, el 6 de febrero de 2012. Foto: Osama Faisal (AP)

En Siria, Qatar ha respaldado a milicias islamistas como Ahrar al-Sham, así como a otras facciones militares. Las autoridades también han hecho la vista gorda ante las donaciones privadas al frente al-Nusra (hoy día rebautizada como Jabhat Fateh al-Sham), la filial de al-Qaeda en Siria. Esta política ha probado ser ineficaz, no solo porque los distintos agentes que Qatar ha apoyado en Siria han sido incapaces de unirse en un frente común, sino también porque ha permitido que se extienda la corrupción.

A pesar de que el apoyo de Qatar al islamismo es, según diversos funcionarios estatales, pragmático más que ideológico, tendremos que esperar y ver si su apuesta acaba pagando sus dividendos o por el contrario se convierte en una amenaza peligrosa para la legitimidad del régimen. Al fin y al cabo, muchos islamistas y salafistas no reconocen a las monarquías como una forma de gobiernos islámico.

Por último, es necesario destacar que Qatar ha seguido una actitud de apaciguamiento frente al régimen iraní, dado que comparten un gran yacimiento submarino de gas natural. Esto también ha enfurecido a algunos de sus socios del CCG, que perciben a Irán como una serie amenaza para sus intereses.

Por lo pronto, el viraje de Qatar hacia un mayor intervencionismo ha acabado desembocando en la crisis diplomática presente. La Turquía de Erdogan, que también apoya a los Hermanos Musulmanes, ha prometido su apoyo militar a Qatar en caso de conflicto. No quiero aventurar lo que puede pasar (soy historiador, no adivino), pero seguramente el verano de 2017 sea interesante.

5 – Problemas con el Mundial de fútbol

La organización del Mundial de 2022, que se esperaba que mejorase la imagen de Qatar a nivel mundial, ha hecho surgir controversias y problemas que pueden minar la reputación internacional del emirato. En primer lugar, hay serias acusaciones de corrupción al respecto de la designación de Qatar como sede. En 2014, varios medios británicos aseguraron que Qatar había sobornado a Jack Warner (ex-vicepresidente de la FIFA) y a algunos otros agentes de la organización con el objetivo de asegurarse la celebración del torneo. Sean ciertas o no estas acusaciones, la imagen de Qatar se vio seriamente dañada.

La elección de Qatar como sede del Mundial también ha sido también criticada por varios miembros de la comunidad LGBT. La homosexualidad es ilegal en Qatar, y los aficionados al fútbol gays pueden verse impedidos a visitar el país durante el torneo. Las autoridades del país han afirmado que los potenciales visitantes homosexuales no deben sentirse asustados mientras no hagan muestras públicas de afecto. Los representantes de la FIFA, por otro lado, se limitaron a aconsejar que los aficionados homosexuales “deben abstenerse de cualquier actividad sexual” durante la competición. Las leyes qataríes son muy severas con los homosexuales locales, que pueden sufrir pena de muerte si son musulmanes o hasta siete años en prisión. Los homosexuales extranjeros pueden ser encarcelados y deportados.

Por último, hay varios problemas menores de imagen relacionados con las fechas del torneo, que pueden afectar las competiciones europeas, ya que se propone disputar el campeomato en invierno para evitar las altas temperaturas del verano en el golfo.

Para concluir

Aparte de todo esto, Qatar se enfrenta a varias dificultades con el bloqueo. En primer lugar, es dependiente de las exportaciones de alimentos de Arabia Saudí. Turquía e Irán les van a asistir en una especie de versión moderna del puente aéreo de Berlín, pero no es una situación sostenible a largo plazo. Los supermercados se han quedado vacíos.

En segundo lugar, como ya he mencionado, si la economía se resiente, la mano de obra inmigrante tratará de volver a casa. Qatar Airlines está tocada de muerte si se alarga la situación, y peligra seriamente la construcción de las infraestructuras del Mundial, el proyecto estrella de los al-Zani.

Por último, si Trump retira a los americanos de la base de al-Udeid, dejaría el terreno despejado a una intervención por parte del CGC, dado que el ejército de Qatar es minúsculo. Qatar intentará hacer equilibrios diplomáticos, pero será difícil que Turquía e Irán colaboren estrechamente. Quedamos a la espera de lo que pueda pasar.

Luces y sombras del Qatar contemporáneo (II)

Esta es la segunda parte de una serie de tres artículos sobre el emirato qatarí. Puedes encontrar la primera parte en este enlace. Hoy veremos los tres últimos puntos fuertes de Qatar (economía, diplomacia, relaciones públicas) y el primero de sus problemas (la salud pública).

5 puntos fuertes de Qatar

3 – Una economía fuerte y diversificada

Como mencioné en la primera parte, Qatar, que tiene el PIB per cápita más alto del mundo, es un Estado rentista típico cuya prosperidad se debe a sus recursos naturales. Es el primer exportador mundial de gas natural licuado y cuenta con las terceras mayores reservas de gas natural y las decimocuartas de petróleo a nivel mundial.

Qatar provee gas a grandes potencias como China, el Reino Unido, Japón o la India, que garantizan su seguridad. Los al-Zani han sido lo suficientemente listos como para asegurar contratos a largo plazo para sus exportaciones, lo que hace que los precios sean fijos y no estén sujetos a las fluctuaciones del precio mundial del gas y el crudo, un factor adicional para explicar el éxito económico del país. Como otros estados del Consejo de Cooperación del Golfo, Qatar ha tratado de diversificar su economía y reducir su dependencia de los recursos naturales. Para ello, ha acabado con buena parte de los monopolios estatales y se ha abierto a la inversión extranjera, en un intento de desarrollar una economía basada en los servicios.

aspire-sky-viewAspire Zone, instalaciones de alto rendimiento deportivo (y centro comercial) en Doha. Doha News

Hoy en día, las exportaciones de recursos naturales representan menos de la mitad de los ingresos de Qatar. El turismo, la banca, y otras actividades del sector terciario están ganando en importancia. El país recibe unos tres millones de turistas al año, aunque la mayoría de los visitantes lo hacen por pocos días para asistir a conferencias de negocios y otros eventos similares. Doha se ha convertido en un destino popular para organizar exposiciones y reuniones, y el gobierno se ha esforzado en promover esta imagen financiando numerosas organizaciones y conferencias, como el Centro Internacional para la Seguridad Deportiva.

Las autoridades locales esperan que el Mundial de fútbol de 2022 ayude a promover Qatar como un destino para largas estancias de lujo, un mercado que en la actualidad está dominado por los Emiratos Árabes Unidos. El deporte es uno de los pilares del proyecto de desarrollo del país. Aspire Zone, un centro de entrenamiento y alto rendimiento donde han entrenado Rafael Nadal o el Manchester United, es uno de los grandes hitos de esta estrategia.

Paralelamente, los al-Zani han invertido en barcos occidentales (Santander, Credit Suisse), supermercados (Sainsbury’s), estudios de cine (Miramax) y equipos de fútbol (el París St. Germain). La familia real qatarí ha conseguido crear una eficiente red de inversiones e intereses mutuos con varios países y empresas multinacionales que, esperan, asegurará la estabilidad de Qatar a largo plazo. Otro de los grandes activos de Qatar, tanto simbólica como económicamente, es la cadena multimedia Al Jazeera, que tiene presencia en gran parte del mundo árabe y es además un medio de referencia y calidad (salvo en lo referente a Oriente Medio) en lengua inglesa.

4 – El poder suave de la diplomacia

Qatar tiene una influencia desproporcionada en el escenario internacional para un país de su tamaño. Esto se debe en parte a su prosperidad económica, pero también a una diplomacia exitosa. Como país pequeño, Qatar es muy favorable a las organizaciones multilaterales donde cada estado obtiene un voto, y de hecho pertenece a 35 de ellas, incluyendo el G77.

Hasta 2013, Qatar siguió una política exterior basada en la mediación y el apaciguamiento, cultivando relaciones con la mayoría de actores regionales y globales, lo que impulsó la imagen del país a nivel internacional. Así, a la vez que mantenía relaciones cordiales con Irán, Qatar obtenía el voto favorable de Israel a su membresía temporal en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2005.

Qatar ha actuado como mediador en varios conflictos, como Yemen (2007), Líbano (2008) y Darfur (2009), con éxito en los dos últimos casos. Los qataríes no son para nada negociadores experimentados o habilidosos, más bien utilizan sus recursos económicos para tratar de comprar a las partes en conflicto y obtener un acuerdo entre ambas a cambio de grandes sumas de dinero. Un análisis detallado de esta política puede ser encontrado en este artículo de David B. Roberts.

Sin embargo, desde 2011 la política exterior de Qatar ha dado un giro desde la neutralidad y la mediación al intervencionismo, especialmente desde que Tamim subió al trono en 2013. Este giro, una de las probables causas de la crisis diplomática que se vive hoy día, será analizado con más detalle como una de las “sombras” de Qatar en el siguiente artículo.

5 – Relaciones Públicas

Aparte de la diplomacia oficial, Qatar cuenta con una amplia gama de canales para ejercer su “pober blando”. El más importante es Al Jazeera, una expansiva red de prensa y televisión que emite en árabe, inglés, turco y serbo-croata. La empresa fue fundada en 1996 por la familia real, que sigue financiando a la cadena (los ingresos por publicidad no son suficientes para cubrir los costes de producción). Al Jazeera trata de presentarse a sí misma como una cadena neutral y objetiva, y en relación a los asuntos de Oriente Medio da voz tanto a políticos laicos como islamistas, así como a oficiales americanos. Es una de los medios de comunicación más populares en el mundo árabe, y un instrumento valiosísimo para la política exterior qatarí. Como curiosidad, los videos de AJ+ que tanta gente comparte por redes sociales están producidos por Al Jazeera.

fcb-qf-jersey-cesc-messiLa Fundación Qatar en las camisetas del Barça. Poder blando en estado puro. Ubc.ca

Otro de los activos de Qatar para reforzar su imagen es la Fundación Qatar, una organización educativa establecida por decreto real en 1995. Los objetivos de la fundación son “lidarar la transición del país desde una economía basada en el petróleo a una basada en el conocimiento”. Para ello, la fundación ha creado escuelas y ha diseñado programas educativos y artísticos que han contribuido a convertir a Qatar en uno de los principales centros de aprendizaje de la península Arábiga.

Una forma adicional de mejorar la reputación del país han sido las obras caritativas. El estado qatarí ayudó a reconstruir el sur del Líbano tras la ofensiva israelí de 2006, y colabora con Hamás para la rehabilitación de Gaza desde 2008. No obstante, la contribución más relevante y publicitada de los al-Zani fue el “Katrina Fund”, que convirtió al emirato en el segundo mayor donante extranjero a las víctimas del huracán que destruyó Nueva Orleans.

Finalmente, Qatar ha albergado numerosos encuentros internacionales, incluyendo conferencias islámicas, festivales de artes y culturas y eventos deportivos. El Mundial de fútbol de 2022 es el último paso en una política cuidadosamente planeada que comenzó con la organización de los Juegos Asiáticos de 2006. Las autoridades qataríes esperan que el torneo de fútbol ponga a Qatar en el imaginario global como un país próspero y tecnológicamente avanzado.

Para ello, están construyendo una serie de estadios con tecnología punta, equipados con sistemas de refrigeración de bajas emisiones que permitirán que los partidos se disputen en los tórridos meses de verano. Así, los al-Zani confían en mostrar al mundo que, a pesar de que Qatar es uno de los mayores productores de gas y petróleo, también es una economía desarrollada que se preocupa por el medio ambiente. Además, dado que la población qatarí no parece tener un especial interés en el fútbol, el gobierno está construyendo los estadios siguiendo un sistema modular, de forma que puedan ser desmontados al acabar el torneo y regalados a países en desarrollo de África, Asia y Latinoamérica, según cuenta un representante del gobierno. De este modo, se espera ahorrar en costes de mantenimiento y prevenir el abandono de las instalaciones. Y de paso, Qatar se muestra como un país generoso y solidario.

5 debilidades de Qatar

1 – Problemas de salud

En el primer artículo de esta serie se dijo que Qatar es un país estable sin problemas políticos o sociales significativos. La oposición es reducida y, a pesar de la ausencia de elecciones, la mayoría de locales parecen satisfechos con el régimen. No obstante, hay un aspecto de la vida pública donde Qatar se enfrenta a una crisis nacional: la salud.

Aunque Qatar puntúa favorablemente en la mayoría de indicadores de la Organización Mundial de la Salud, hay un preocupante porcentaje de obesidad. Según varios informes, Qatar tiene una de las poblaciones más gordas del mundo. Más del 70% de los qataríes tienen sobrepeso, y al menos un tercio de la población es obesa u obesa mórbida, 40% en el caso de las mujeres. Las razones de esta tendencia son la falta de actividad física y la popularidad de la comida basura entre los locales.

El gobierno está tratando de mejorar esta estadística promoviendo el deporte y el ejercicio, aunque su estrategia es más que cuestionable. Brannagan y Giulianotti informan sobre diversos funcionarios qataríes que reconocen el problema de la obesidad. Estos funcionarios sugieren que las instalaciones deportivas de élite como el Aspire Zone (que he mencionado arriba) y eventos como el Mundial de 2022 animarán a la población qatarí a hacer ejercicio a diario. Su lógica es bastante dudosa. Si no hay un esfuerzo real para promover el deporte de base, especialmente en las escuelas, es más que probable que los qataríes sigan siendo espectadores pasivos en lugar de atletas.

2012612175943353734_20Ver deporte no es lo mismo que hacer deporte. A los qataríes les encanta lo primero, pero lo segundo les da muchísima pereza. Al Jazeera

Además de la obesidad, Qatar se enfrenta a dos problemas de salud adicionales: la diabetes y la contaminación atmosférica. Más del 15% de la población nativa sufre diabetes, una estadística sin duda ligada a los hábitos sedentarios y el excesivo consumo de dulces y bebidas azucaradas. Por otro lado, la calidad del aire en la península, especialmente en Doha, ha alcanzado niveles críticos. Según la Organización Mundial de la Salud, Qatar tiene el segundo nivel más alto de partículas PM2.5 en el mundo, solo precedido por Arabia Saudí. Las PM2.5 son micropartículas compuestas por metales pesados y materiales tóxicos especialmente dañinas para el sistema respiratorio. Se cree que los altos niveles de estas partículas se deben a la elevada actividad en el sector e la construcción, aunque hay quien las atribuye a las arenas del desierto.

Los problemas sanitarios de Qatar son recientes y sus efectos a largo plazo no se han hecho sentir aún. El gobierno no ha ignorado estas dificultades, y ha intentado distintas soluciones. Gracias a su prosperidad económica, los ciudadanos de Qatar (que tan solo son el 20% de la población total del país) pueden disfrutar de un sistema avanzado de sanidad pública. Las dificultades a las que se enfrenta Qatar son las típicas de un país desarrollado con una mayoría de población urbana: obesidad, diabetes y contaminación. Sin embargo, si Qatar quiere seguir presentándose como un modelo a seguir por otros países tendrá que encontrar soluciones eficientes y duraderas.


En el próximo artículo veremos los problemas más serios a los que se enfrenta Qatar: la situación de los trabajadores extranjeros, la censura que sufren los medios de comunicación, las complicaciones diplomáticas, y otros problemas de imagen adicionales.

Luces y sombras del Qatar contemporáneo (I)

Nota: A pesar de lo que diga la RAE, me gusta escribir Qatar. Catar es lo que se hace con los vinos, y además en árabe el país se escribe con ق , cuyo sonido más gutural asocio a la letra Q.

Este es el primero de una serie de tres artículos. Puedes leer la segunda parte en este enlace.

Introducción

A pesar de su pequeño tamaño, Qatar ha conseguido convertirse en un actor muy influyente en Oriente Medio. Esto se debe a sus abundantes recursos naturales, que le garantizan un flujo de capital constante, y a una exitosa y diversificada estrategia de relaciones públicas, cuyo culmen es su designación como sede del mundial de fútbol de 2022.

persian_political_lgLa península de Qatar y su entorno regional. Fuente: Gulf2000

Los titulares del lunes 5 de junio de 2017 abrían con una noticia sorprendente. Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Libia, Bahréin y Yemen decidían cortar relaciones diplomáticas con Qatar y cerrarles el espacio aéreo. La excusa oficial es que Qatar financia el “terrorismo”. Según el Financial Times, el enfado se debe al pago de 1.000 millones de dólares que Qatar habría realizado a distintos “enemigos” de Arabia Saudí. [No puedo enlazar la noticia porque en el ordenador aparece como de pago, pero la he leído con el móvil de forma gratuita].

Esta entrega de dinero se debería al rescate de 26 qataríes de la familia real secuestrados en Iraq en 2015 mientras cazaban, y supuestamente se habrían entregado a Kata’eb Hezbolá, una milicia iraquí ligada a Hezbolá (aliados de Irán en Líbano y Siria), que habrían recibido unos 700 millones de dolares. Otros 300 millones habrían ido para Tahrir al-Sham, un afiliado de Al Qaeda, que a su vez había secuestrado a unos oficiales de alto rango de Irán o Hezbolá, de forma que los qataríes secuestrados sirvieron para facilitar la negociación entre Irán y Al Qaeda. A mí tampoco me parece que esto tenga mucho sentido, pero tampoco me extrañaría viendo el panorama de la región.

En todo caso, el propósito de este artículo no es desentrañar los entresijos del conflicto diplomático, para eso están los periodistas y los medios de comunicación con corresponsales y fuentes confidenciales. En este texto, que he dividido en tres para facilitar la lectura, me gustaría ofrecer una introducción a Qatar para todos aquellos lectores que no sepan mucho del país, y añadir algunos datos interesantes para todos los que estén un poco más familiarizados con la región. Para ello empezaré citando cinco aspectos que han hecho de Qatar una potencia modesta pero influyente, apenas afectada por la primavera árabe o el terrorismo. Esas “luces” irán seguidas de cinco “sombras”, cinco problemas o desafíos a los que debe enfrentarse el pequeño emirato.

Los puntos fuertes de Qatar son su estabilidad interna, sus acuerdos defensivos, su fuerte economía, su diplomacia mediadora y su imagen como un país próspero y avanzado. Sus debilidades, por otro lado, son sus dificultades demográficas y sanitarias, sus desigualdades sociales y la situación de los trabajadores extranjeros, la ausencia de una prensa libre o una sociedad civil, el giro en su política exterior que le ha ganado muchos enemigos (como los recientes eventos demuestran), y algunos escándalos y controversias relacionados con el mundial de fútbol que han afectado su imagen.

Debo aclarar que el texto estaba más o menos redactado desde marzo, de modo que no tengo en cuenta los últimos acontecimientos. Antes del análisis, un poquito de contexto.

Geografía e historia

Qatar es un pequeño estado ubicado en una península en la costa occidental del Golfo Pérsico. Tiene una población de alrededor de 2,2 millones, aunque solo el 10% de ellos son ciudadanos qataríes. El resto de la población está integrado por “trabajadores invitados” de distintas nacionalidades, cuyo mayor grupo son los indios, de los que hay más de medio millón. La mayoría de los habitantes viven en Doha, la capital del país.

Durante la mayor parte del siglo XIX, Qatar estuvo gobernada por la dinastía al-Jalifa de Bahréin, hasta que en 1868 los británicos forzaron a los bahreiníes a reconocer a la familia al-Zani como los gobernantes legítimos de la península. Los al-Zani eran originalmente una tribu Beduina del desierto del Najd en lo que hoy es Arabia Saudí. Con la intención de protegerse de los bahreiníes y del segundo emirato saudí, los al-Zani buscaron la protección de los otomanos. Tras la Primera Guerra Mundial y el colapso del Imperio Otomano, Qatar entró a formar parte de los Estados de la Tregua bajo protección británica.

En 1935, la Anglo-Persian Oil Company (hoy en día BP) obtuvo una concesión para explorar y extraer petróleo durante los siguientes 75 años. El oro negro fue finalmente descubierto cuatro años más tarde, y el pequeño país comenzó a desarrollarse de una forma similar a los emiratos y reinos vecinos. (Véase Arabia Saudí V). Los al-Zani siguieron controlando la península y reprimiendo moderamente a sus oponentes, a los que encarcelaban o exiliaban pero no mataban. Tres décadas y media después el país obtuvo su independencia formal, y tras unas pocas dudas iniciales, finalmente los gobernantes de Qatar decidieron no integrarse en los Emiratos Árabes Unidos.

En 1972, Jalifa bin Hamad depuso a su primo (que era el emir por aquel entonces), y comenzó un ambicioso programa de modernización. Veintitrés años después, él mismo fue destronado por su propio hijo, Hamad, que estableció la cadena Al Jazeera y empezó a invertir en empresas occidentales varias. Hamad abdicó en 2013 y su hijo Tamim se convirtió en el nuevo emir. El enfoque diplomático de Tamim es distinto al de su padre, como veremos. Aún así, el pragmatismo, más que la ideología, parece ser la principal motivación del gobierno.

5 puntos fuertes de Qatar

1 – Estabilidad interna

Qatar ha estado bajo el control de la dinastía al-Zani durante más de un siglo. Las sucesiones y transiciones de poder suelen ser abdicaciones voluntarias o golpes intrafamiliares sin derramamiento de sangre. Qatar es oficialmente una monarquía constitucional desde 2003, aunque la familia real todavía ejerce un firme control sobre los asuntos del país. El parlamento, con 45 escaños, 15 de ellos designados por el rey, tan solo es un órgano consultivo. Las elecciones generales, que supuestamente iban a ser organizadas en 2013, han sido pospuestas en varias ocasiones, y de momento están previstas para 2019. Por otro lado, diversas elecciones locales han sido celebradas con éxito unas cuantas veces.

sheikh-tamim-bin-hamad-al-thani-in-turkeyEl emir de Qatar, Tamim al Zani, en traje y corbata para una intervención en algún foro internacional. MEMO

A pesar de esta aparente falta de democracia, no parece haber mucha disidencia interna, más allá de algunos círculos religiosos y conservadores que se oponen a la colaboración con las potencias occidentales. La legitimidad de la familia gobernante no suele ser discutida. La mayoría de ciudadanos parecen estar contentos con el régimen, ya que están exentos de impuestos y disfrutan de multitud de servicios públicos. En ese sentido, Qatar es el perfecto ejemplo de un Estado Rentista que coopta a sus súbditos/ciudadanos a través de empleos, servicios y bienes de consumo a precio asequible. Los pocos que se preocupan por los asuntos del país evitan involucrarse en política y por el contrario centran sus esfuerzos en desarrollar algo parecido a una sociedad civil a través de fundaciones y ONGs varias.

En este artículo, Justin Gengler, Mark Tessler, Darwish Al-Emadi y Abdoulaye Diop investigan hasta qué punto la participación en la sociedad civil se relaciona con la expansión de los valores democráticos. Su principal argumento es que los individuos que colaboran con estas asociaciones tienden a ser los que menos comprenden y valoran la democracia. Aún así, hay algunos foros y organizaciones subvencionadas por el estado, como la “Conferencia sobre la Democracia y la Reforma” y la “Fundación Árabe para la Democracia” que, al menos nominalmente, tienen como objetivo la promoción de valores democráticos. Aún así, la mayoría de sus miembros no son qataríes, y probablemente la existencia de estas fundaciones responda a una campaña de relaciones públicas por parte del gobierno.

Finalmente, aunque Qatar cuenta con una minoría significativa de chiíes (alrededor del 20% de los nacionales), no hay conflictos sectarios ni grandes problemas de discriminación como ocurre en el vecino Bahréin. De hecho, Qatar parece ser más tolerante con otras confesiones religiosas que los países de su vecindario. La primera iglesia católica de Qatar abrió sus puertas en 2008, y los hindúes y bahais cuentan con permiso para mantener sus propios templos. El wahabismo es la interpretación mayoritaria del islam en la península qatarí, pero los al-Zani son más pragmáticos que los Saud y permiten mayores libertades, quizá solo por promover la imagen de su país como un lugar más tolerante y agradable.

Todos estos elementos (continuidad de la familia gobernante, instituciones democráticas rudimentarias, una sociedad civil complaciente que no cuestiona al régimen y la tolerancia a las minorías religiosas) contribuyen a la estabilidad interna de Qatar en una región turbulenta. A diferencia de Bahréin, la primavera árabe de 2011 no se expandió a la península, y el régimen qatarí probablemente no se enfrente a desafíos internos significativos en el medio plazo.

2 – Defensa y seguridad

Durante los dos últimos siglos, los gobernantes de Qatar han buscado patrones y aliados para protegerse a sí mismos de sus poderosos vecinos. Esto les ha permitido mantener el equilibrio entre potencias rivales y cambiar de bando cuando ha sido conveniente. Esta estrategia fue seguida primero utilizando a los británicos contra sus rivales bahreiníes, y más tarde acercándose a los Otomanos para disuadir a los saudíes, con los que décadas más tarde se acabarían aliando.

En la década de 1990, la Segunda Guerra del Golfo sacó a la luz la debilidad militar del por entonces protector de Qatar, Arabia Saudí, que precisó de la asistencia de los al-Zani para rechazar una incursión iraquí cerca de una localidad fronteriza. En 1992, Qatar firmó el “Acuerdo de Cooperación Defensiva” con los EEUU. Cuando Hamad al-Zani tomó el poder, estrechó los lazos con los norteamericanos y construyó la base de al-Udeid, donde la fuerza aérea estadounidense se asentó en 2000. Tres años más tarde, el Centro de Operaciones de Combate Aéreo de los EEUU se trasladó a Qatar debido al malestar local en Arabia Saudí, donde la presencia de tropas y oficiales americanos era visto como una ofensa al islam.

a-10-al-udeidCaza estadounidense en al-Udeid. The Aviationist

Sin embargo, Qatar no ha confiado su protección únicamente a los EEUU. Los al-Zani han firmado también acuerdos de defensa con Francia, el Reino Unido y en 2008, India. Estos esfuerzos para diversificar la asistencia militar de las potencias extranjeras en caso de conflicto han servido para reforzar la independencia de Qatar. Como expresa Marc Dufour (la traducción es mía):

“La historia de Qatar muestra que nada es permanente en la región, que los amigos de ayer pueden convertirse en los enemigos de mañana; que los grandes imperios llegan, se asientan, proveen seguridad y eventualmente decaen y mueren. La historia ha enseñado dos lecciones principales a los líderes qataríes: Un sistema regional reducido donde se depende de la protección de los vecinos es inestable, mientras que los grandes imperios pueden ofrecer asistencia efectiva pero solo por un tiempo limitado”.


 Lee la segunda parte aquí.

 

Reseña: Sectarianization 0 – Introducción

Llevo más de un mes sin publicar nada. He estado ocupado con el trabajo y otros proyectos adicionales. Hoy voy a comenzar con la reseña de uno de los libros más importantes sobre Oriente Medio que ha salido en el último año. Me parece tan relevante, que os lo voy a resumir capítulo por capítulo a lo largo de una serie de artículos. Hoy empezaremos por la introducción.

Nader Hashemi y Danny Postel (editores), Sectarianization. Mapping the New Politics of the Middle East, Hurst & Co, 2017. 384 pp. ISBN: 978-18-4904-702-9

Introducción

Sectarianization es un libro necesario. Durante años, la comunidad académica especializada en Oriente Medio ha pasado por alto una narrativa que se ha popularizado en los medios de comunicación: la de un conflicto eterno entre suníes y chiíes. Acomodados en su torre de marfil, los expertos en la región, especialmente los historiadores, se han limitado a encogerse de hombros o mirar con desdén a los periodistas y opinólogos que, desde la prensa generalista, se han dedicado a propagar una serie de mitos erróneos sobre su región de estudios.

La tendencia es mundial. Tanto la prensa de habla inglesa como la española se ha regodeado en la explicación sectaria: es llamativa, es sencilla, y permite mostrar a los musulmanes como unos fanáticos religiosos que se matan por estupideces como la sucesión de Mahoma hace 1.400 años. Aquí tenéis un ejemplo de esta narrativa absurda, y aquí otro más (El Mundo), y otro más (ABC), y aquí podéis ver cómo El País tiene una categoría entera de noticias con el título “Conflicto suníes-chiíes” (donde meten todo lo que tenga que ver con terrorismo y Oriente Medio). El rasgo común de estas interpretaciones simplonas es llevar las diferencias al plano religioso y convertir pequeñas diferencias doctrinales en la causa de la violencia. No voy a comentar los artículos en detalle porque no sostienen un mínimo análisis, y porque he venido aquí a hablar de un libro.

Por suerte, hay voces sensatas como Martí Nadal, que argumentan que todo esto del conflicto sectario eterno no es más que un mito. En un artículo que escribí para Ágora, defendí una postura similar. Parece que los jóvenes analistas no nos conformamos con las lecturas simples que nos ofrecen en los grandes medios. En ese sentido, la publicación de Sectarianization es una gran noticia, pues nos ofrece ejemplos reales y contrastables, análisis e investigaciones en multitud de países por académicos reconocidos y de prestigio.

La tesis de la sectarización

¿Sectarianización? ¿Sectarización? ¡Vaya palabro raro que se han inventado estos académicos! ¿Cómo lo traducimos al castellano? El término escogido es chocante, sin duda, pero en el capítulo introductorio los editores del libro, Nader Hashemi y Danny Postel, explican su por qué. El carácter sectario de algunos de los conflictos del Oriente Medio actual es innegable, afirman. Sin embargo, esto no ha sido siempre así, sino que es el resultado de un proceso de manipulación política por parte de las élites de la región que, incapaces de ofrecer una respuesta a los fracasos de su gestión autoritaria y corrupta, han avivado las llamas del conflicto sectario. Vamos, un “dividir y gobernar” de toda la vida mezclado con el inventarse un “otro” enemigo para dirigir las iras de la población hacia otros que no sean los gobernantes.

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Esta idea del conflicto sectario como un proceso contemporáneo ocurrido en las últimas décadas no queda clara con el término “sectarismo”, que parece aludir a un estado permanente, y de ahí la necesidad de acuñar un nuevo término. Esta idea, la del conflicto sectario como un proceso deliberado y rabiosamente actual, es la tesis fundamental del libro, un argumento mucho más convincente y preciso que el de un “antiguo conflicto religioso”.

Hashemi y Postel nosofrecen innumerables ejemplos de personalidades estadounidenses destacadas aludiendo a un supuesto conflicto inmemorial y eterno. Obama, Ted Cruz, Sarah Pailin, periodistas como Bill Maher o Bill O’Reilly, e incluso “expertos” en la región como Joshua Landis, todos creen (o afirman creer) que en Oriente Medio llevan mil años matándose por diferencias doctrinales. Por el contrario, los autores del libro defienden que la causa de la sectarización no es la religión, sino el autoritarismo corrosivo de la región. Comparan el sectarismo con el etno-nacionalismo, argumentando que se trata de fuerzas e identidades variables con el tiempo, no inmutables.

Fechas clave: 1979, 2006, 2011

El proceso de sectarización comenzó hace menos de 4 décadas, tras la revolución iraní de 1979. Un detalle a tener en cuenta sobre la revolución islámica es que sus promotores trataban de apelar a todos los musulmanes, no solo a los chiíes, y que desde el primer momento intentaron “internacionalizarla”, aunque solo fuera retóricamente. Ante el riesgo de que la revolución se propagase y pusiera en peligro su reino, los saudíes comenzaron una campaña anti-chií tratando de desacreditar a Jomeini y sus seguidores. Al mismo tiempo, los soviéticos invadían el vecino Afganistán, y Arabia Saudí y otros países del Golfo armaron y financiaron a grupos diversos de muyahidin, a los que también inculcaban la desconfianza ante los chiíes (y alguno de los cuales perpetraría masacres contra los grupos chiíes de Afganistán).

La tensión continúo durante los años 80, durante la guerra entre Irán e Irak. Las monarquías del Golfo apoyaron a Sadam Hussein con armas y dinero, aunque el conflicto no tomo un carácter decididamente sectario, pues la población chií de Iraq no apoyo a los invasores iraníes tras 1982. Tras la paz y la muerte de Jomeini, comenzó una época de distensión que duraría hasta la entrada de los EEUU en la región en 2001.

El proceso de sectarización resurge con fuerza en 2003 y, sobre todo, en 2006. La invasión norteamericana de Iraq deja un estado inoperativo y un enorme vacío de poder. La alianza táctica de los partidos chiíes con Irán y sus triunfos electorales hacen saltar las alarmas en el Consejo de Cooperación del Golfo, que ve crecer la influencia persa. En 2006, al-Qaeda atacó la mezquita al-Askari, uno de los lugares sagrados del chiísmo, dando pie a represalias por parte de milicias chiíes contra la población civil suní, y desencadenando una breve e intensa guerra civil entre milicias suníes y chiíes.

En verano de ese mismo año, Hezbollah consigue expulsar a los israelíes del sur del Líbano, siendo la primera vez que el ejército israelí es “derrotado” por una fuerza árabe. Nasrallah, el líder de la organización, se convierte en una de las figuras más populares de la región. Esto inquieta a los monarcas árabes, y ese mismo año el rey de Jordania acuña el término “creciente chií” o media luna chií, refiriéndose al arco formado por Líbano, Siria, Iraq e Irán. Se presenta a los chiíes, dominados por Irán, como una amenaza para la estabilidad de la región. Es la época de Ahmadineyad.

shiitecrescentLa media luna chií. Juan Cole.

La Primavera Árabe de 2011 supone un nuevo capítulo en el proceso de sectarización. El mayor exponente del uso de la narrativa sectaria para dividir el movimiento opositor es Bahréin, del que ya hablé en un artículo. Hashemi y Postel, sin embargo, se centran en Arabia Saudí e Irán. Irán culpó a los saudíes de financiar las protestas de 2009, el Movimiento Verde que protestaba contra la reelección de Ahmadineyad. Lo mismo, pero a la inversa, sucedió en Arabia Saudí en 2011: las protestas en el país se achacaron a la influencia de los ayatolás persas entre la población chií del país.

El mayor enfrentamiento entre ambas potencias se da en Siria. Desde el comienzo de las protestas contra al-Assad y el inicio de la guerra civil, los medios iranís caracterizan a los opositores al régimen sirio como yihadistas financiados por los petrodólares de las monarquías del Golfo. A su vez, Irán moviliza a militantes afganos recurriendo a los temas clásicos del chiísmo (el martirio, el sacrificio de Hussein en Kerbala) y les ofrece la ciudadanía iraní. Por su parte, Arabia Saudí apoya a grupos armados que hacen propaganda anti-chií explícita

El último episodio de este relato a grandes rasgos de la sectarización de Oriente Medio se produce el año pasado, cuando Arabia Saudí ejecuta al clérigo chií Nimr al-Nimr y, en represalia, la embajada saudí en Tehrán es quemada ante la impasibilidad de las fuerzas de seguridad persas. Twitter se llena de mensajes de odio, tanto de extremistas suníes contra los chiíes como al contrario.

Conclusiones

Tras estas breves pinceladas cronológicas, los editores del libro describen brevemente sus distintas partes y capítulos. Una primera parte donde ofrecen un marco teórico e histórico en el que inscribir el proceso de sectarización, y una segunda parte llena de estudios particulares de distintos países de la región, desde Líbano a Pakistán pasando por Yemen, Siria, Iraq y unos cuantos más.

Las conclusiones de los autores y editores del libro son claras. Observar Oriente Medio desde un prisma sectario oscurece y dificulta el análisis. La crisis actual se debe al colapso de la autoridad estatal (debida en parte a las intervenciones americanas). Las protestas de 2011 dejaron claro que la región no es sectaria, puesto que en diversos países (Siria, Bahréin) las manifestaciones comenzaron con participantes de todos los grupos religiosos que apelaban a la unidad. Si bien es cierto que hoy en día la identidad sectaria es más saliente en la región que en épocas anteriores, esta identidad ha sido politizada por los actores estatales.

Hay una “relación simbiótica” entre la presión social desde abajo –demandas de inclusión, participación, representación y reconocimiento en la política interna- y el rechazo de las élites a ceder ni un ápice de su poder. Esto último crea una crisis de legitimidad que debe ser manejada con precaución por los estados, lo que acaba desembocando en la sectarización, como salida fácil. Los gobernantes invocan los conflictos sectarios para crear un enemigo externo (e interno en países multiconfesionales) de forma que su ineptitud quede oculta. El sectarismo no es algo intrínseco a las masas árabes, sino que es un proceso relativamente reciente que ha sido muy rentable para algunos.

Finalmente, los autores advierten de los peligros de incurrir en explicaciones “orientalizantes”, es decir, en esencialismos que caractericen una región como inmutable y radicalmente distinta a Occidentales (“estos moros, ya se sabe, están locos, todo el día luchando por la religión”… “llevan mil años matándose entre sí”… etcétera) Aún así, y a pesar de que la tesis de los “odios religiosos ancestrales y no resueltos” no se ajuste a la realidad, los colaborades de Sectarianization nos advierten de que hay que tener cuidado, pues se puede convertir en una profecía auto-cumplida, tanto por parte de los propios habitantes de Oriente Medio, que se arriesgan a ser manipulados por las élites de sus países, como de los políticos y generales occidentales que, a menudo, toman decisiones trascendentales sin demasiado conocimiento de causa, informados por periodistas y analistas que difunden unas interpretaciones vagas y erróneas.

Con su libro, los autores de Sectarianization, esperan contribuir humildemente a redefinir los términos del debate académico, aunque son conscientes de que aplacar las iras sectarias requerirá años de esfuerzo educativo y, sobre todo, paz y estabilidad.


Próximamente iré comentando por separado los diversos capítulos de esta obra.

15 años de la invasión de Afganistán

Desvelando Oriente celebra su primer aniversario. Para conmemorarlo, publico hoy este artículo de opinión, de tono más personal. Sé que me salgo de la línea habitual del blog, pero hoy no quiero informar, sino generar debate y plantear preguntas para las que no tengo respuesta. La primera parte del artículo os resultará extraña a los lectores de más edad, pero creo que los nacidos en la primera mitad de los 90 os sentiréis identificados.
Sobre Afganistán y los Taliban publiqué un artículo hace tres años, mucho más serio que este, que podéis encontrar aquí.


Afganistán e Iraq a los ojos de un niño español

Se cumplen 15 años de la invasión de Afganistán. Yo tenía por aquel entonces 9 años, y era la época en la que empezaban a interesarme las noticias de la tele a la hora de la comida. El 11 de septiembre de 2001 era la víspera del primer día de cuarto de primaria. Estaba comiendo con mi familia con las imágenes del “incendio” en una de las Torres Gemelas de fondo, y de pronto un avión se estrelló con la otra torre. Parecía una película, pero era de verdad (aunque no sé hasta qué punto era capaz de entenderlo). Fue una tarde de tele muy entretenida, y al día siguiente todos hablábamos de ello en el recreo.

Las aventuras del cole se mezclan en mis recuerdos con el inicio de la guerra, que parecía la cosa más natural del mundo. Había un malo, Bin Laden, el que había atacado las Torres Gemelas y el Pentágono. El malo se escondía en las montañas de un país lejano llamado Afganistán. Tenía un ejército de terroristas (los Talibanes), y las Naciones Unidas (una reunión de tooodos los países del mundo) organizaron una invasión para capturarlo. Los americanos (que eran los más poderosos) iban a ir a matar a los malos, y los españoles iban a llevar ayuda humanitaria y regalos para los niños. Sobre todo, recuerdo imágenes. La demolición de los budas, la foto de la chica afgana de Time, los bombardeos y los vídeos de mala calidad del Malo y otros tíos barbudos diciendo que nos iban a matar a todos en un idioma extraño.

osama-bin-laden-video-759358189El Malo Maloso en uno de sus famosos vídeos, imagen icónica de nuestra infancia.

También recuerdo una canción que despertó mi pequeño espíritu punki. Los Reyes de 2002 me trajeron un equipo de música. En un insulso CD de “éxitos de 2002” (era la época de Rosa, Bisbal, Bustamante,  Chenoa) encontré este tema tan divertido que bailaba en mi cuarto cuando nadie me veía. Todo esto suena frívolo (la gente muriendo a kilómetros de distancia y yo hablando de una canción tonta), pero así es como lo vivimos los niños, que no sabíamos nada de Afganistán y tampoco nos importaba mucho.

Un año después, los americanos invadieron otro país llamado Irak. Las invasiones llenaban el espacio entre Eurocopa y Mundial de fútbol, parecía que estaba hecho a propósito. Cada dos años, invasión. Quedaban un montón de países raros de nombre parecido en esa parte del mundo, así que parecía que quedaba diversión para rato. Si, parece cruel hablar del tema así, pero era como lo  veiamos los niños, incapaces de separar la realidad de la ficción (o quizá yo era particularmente autista y poco empático).

En Irak había otro malo llamado Sadam Hussein que ayudaba a Bin Laden, que había escapado de Afganistán.  Sadam Hussein tenía Armas de Destrucción Masiva™, que eran bombas nucleares y misiles enormes que los terroristas iban a utilizar para atacarnos. Así que había que invadir Irak para que Sadam no diera las armas a Bin Laden. Sin embargo, no todo el mundo parecía estar de acuerdo con lo de la guerra. Esta vez no lo apoyaba la ONU, así que ya no estaba tan claro que estuviera bien. Mucha gente salió a protestar contra ello, y en algunas casas y edificios ponía “¡No a la guerra!”. En el recreo se debatía (con la intensidad y clarividencia de los niños de 10 años) si había guerras buenas y malas (lo decidía la ONU), si todas las guerras eran malas, o si es mejor ir con los que ganan y aprovecharse de ello (¡España iba a ser tan importante como Inglaterra o América!).

Invadimos Irak. Los americanos destruían todo y nosotros lo íbamos arreglando (o eso nos contaban). Cuando los yankis entraron en la capital de Irak, un montón de gente salió a celebrarlo y empezaron a derribar la estatua del dictador (un dictador es alguien que manda sin que le elijan, como Franco). Pero después vinieron los americanos con tanques y cuerdas y lo derribaron ellos. No molaba, era como querer quitarle el protagonismo a la gente de ese país. Un periodista español (José Couso) murió después porque los americanos se confundieron y le dispararon. Eso tampoco estaba bien. Empezaban a caerme un poco mal los americanos. Además su presidente parecía un poco bobo.

Statue - Saddam HusseinLa estatua de Sadam Hussein siendo derribada por los yankis. Fuente: The Guardian

2004 era el último año de primaria. El 11 de marzo estábamos de excursión en una granja escuela. No teníamos móviles ni nada de eso, así que nos enteramos de la noticia por la noche cuando llamamos a nuestras familias por qué sucedían estas cosas. Por suerte, ni los niños ni los profes perdimos a nadie. No me voy a recrear en el trauma colectivo y la indignación porque todos lo vivimos, cada uno a nuestra manera. La política internacional empezaba a afectarme casi personalmente, así que empecé a leer con curiosidad la sección de internacional de los periódicos que llegaban a mis manos (en mi casa no había internet por aquel entonces). No mentiré diciendo que en ese momento decidí dedicarme a los estudios orientales, porque eso sería una mentira como una catedral. Todo esto llegó mucho más tarde. Pero sí es cierto que el atentado marcó el final de mi inocencia, y comencé a ver las guerras, el terrorismo y la muerte como algo real y doloroso, no como un mero espectáculo de accion hollywoodiense.


El extraño consenso sobre la invasión de Afganistán

En los 15 años que han pasado desde la invasión, y muchos otros, hemos crecido y disfrutado de las comodidades de la paz y de la vida occidental, con unos difusos “terroristas yihadistas” como enemigo lejano y varias guerras iniciadas por los aliados de nuestro país para exportar la democracia y protegernos del terrorismo. Si bien con la de Iraq hubo mucha polémica, la de Afganistán pasó desapercibida. Hasta el final de su mandato, Zapatero mantuvo a las tropas españolas en Afganistán sin que hubiera grandes movilizaciones en su contra. La bendición de la ONU suele citarse como la causa de esta diferencia de apreciación pero, en mi humilde opinión, la guerra de Afganistán no ha tenido nada de humanitaria.

En septiembre de 2010, Zapatero afirmaba en el Congreso que las tropas continuarían en Afganistán mientras esté en peligro la seguridad global y la seguridad de los españoles“, es decir, para siempre. El uso de eufemismos siempre caracterizó a Zapatero, pero es que no podía ser más específico sin ser políticamente incorrecto. No iban a decir que estamos allí para ayudar a la OTAN a mantener el “centro del tablero” que controla Eurasia. ¿De verdad un país sin salida al mar, sin recursos económicos ni naturales más allá del opio, arrasado por décadas de guerra civil, es un peligro para la seguridad global?

afghanistangooglemapsAfganistán y sus vecinos. Un país pobre y sin salida al mar, pero de gran valor estratégico.

Afganistán no es nada más que una casilla en el juego de Risk que las potencias llevan jugando por siglos.  Una casilla con alto valor estratégico, pues tiene frontera con Irán, Pakistán, China y las antiguas repúblicas soviéticas de Asia central. Es decir, Afganistán es el lugar desde el que la OTAN tener a tiro a los rusos, los chinos y los iraníes (y los pakistaníes y los indios, en caso de que se pongan tontos).

Durante 15 años, los gobiernos de España (y por extensión los españoles, que por algo votamos) hemos apoyado una guerra de agresión. También lo han hecho países que se opusieron a la guerra de Irak, como Alemania o Francia. Desde la retirada en 2014 solo queda una decena de militares españoles allí, pero desde el inicio de la invasión más de 100 soldados españoles han perdido la vida sin que haya habido un debate muy profundo sobre qué hacían ahí. Parece haber cierto consenso con una noción de seguridad global consistente en mantener a las potencias rivales bajo control e impedirles obtener victorias tácticas. En ese asunto no me meto (de momento), pero me gustaría plantear una cuestión:

¿Hasta qué punto ha ayudado la presencia española en Afganistán a mejorar la situación del país?

La respuesta varía según a quien le preguntes. Hace un par de meses tuve la oportunidad de compartir viaje con dos oficiales de infantería, uno de ellos veterano de Afganistán, que defendían la necesidad de la intervención española. Las razones eran un tanto difusas: “hay que acabar con el terrorismo fuera para evitar que después vengan a España a atentar” o “hay que ayudarles a tener un ejército moderno y unas instituciones decentes antes de poder dejarles a su libre albedrío”.

El oficial de la Legión, que había estado en Afganistán, me contaba cómo había presenciado muchas escenas chocantes, como un niño de 8 años dándole una paliza a una niña de 6 mientras los viejos del pueblo lo aprobaban en silencio… Como ser humano, me contaba, no se puede permanecer impasible ante eso. Los militares españoles habían intervenido para separar a los chicos, pero, según aseguraba el legionario, “en cuanto nos vamos la situación vuelve a ser la misma”.

Historias similares sobre la barbarie Talibán (la prohibición de la música y de los entretenimientos “pecaminosos”) y anécdotas sobre el tráfico de drogas y cierta percepción de que la población local no fundamentalista apoyaba la intervención servían a los militares para justificar su posición. Yo, que jamás he estado en Afganistán, me abstuve de pronunciar mi opinión por respeto ante personas cuyo trabajo consiste en jugarse la vida por una causa que ellos creen justa (aunque a mí no me lo parezca) y que en caso de conflicto armado serán los encargados de defendernos mientras los demás opinamos en la web.

h_kabul_oct06La embajada española en Kabul, construida sobre suelo expropiado de forma ilegal. Fuente (e historia completa): RAWA

Por otro lado, España ha sido cómplice de violaciones de los derechos humanos en Afganistán. La embajada española, que ha sido atacada varias veces, fue construida tras la invasión sobre suelo procedente del desalojo ilegal de un barrio humilde, que enriqueció a unos pocos corruptos. El gobierno afgano, en manos de las facciones militares que se unieron para resistir a los Talibán, es nepotista y arbitrario. La desigualdad y la pobreza han aumentado desde 2001, y la situación de las mujeres no mejora. El paro, según algunas fuentes, supera el 60%. Nuestros aliados bombardean a la población civil (ojo: el enlace contiene imágenes fuertes) y hospitales de Médicos Sin Fronteras. Os recomiendo leer los informes y las noticias de de la Asociación de Mujeres Revolucionarias de Afganistán, RAWA, una de las organizaciones más combativas y vocales en su defensa de los derechos humanos y de la libertad de los afganos, que exige la retirada inmediata de todas las fuerzas extranjeras (petición utópica, desgraciadamente). Tienen sección en español.

Afganistán, no obstante, ya era una pena antes de 2001. Desde finales de los 70, el país ha estado en guerra permanente. Primero con los soviéticos, que intervinieron para apoyar al gobierno comunista afín que estaba siendo amenazado por una insurgencia islamista apoyada por EEUU, Pakistán y otras potencias. Después en guerra civil, dado que los “luchadores por la libertad” que desalojaron a los soviéticos se negaban a sentarse a formar un gobierno civil y se centraron en luchar por el poder y matarse entre sí. Los Talibán aparecieron en los 90 como reacción contra los señores de la guerra, y consiguieron dominar casi todo el país y de paso putear horriblemente a la población civil, que ya llevaba década y media de saqueos y violaciones. En 2001, la OTAN dio su apoyo a una alianza de facciones que antiguamente luchaban entre sí y que se unieron contra los Talibán, la famosa Liga Norte que hoy domina el país, aunque la guerra civil sigue hasta hoy después de casi cuatro décadas de conflicto.

khoshalmeenaAfganistán ya estaba en ruinas en los 90. Fuente: RAWA

Vale, todo es un asco… ¿Qué propongo entonces? En realidad, no propongo nada. Sé que la geopolítica global es una materia compleja y delicada, y que a ojos de los estrategas y expertos en seguridad, la vida humana no tiene valor en comparación con las ganancias y riesgos potenciales de mantener la ocupación o retirarse. Desde 2014, la presencia de la OTAN en Afganistán se ha reducido de forma significativa. Dado que los Taliban continúan teniendo una fuerte presencia en gran parte del país, es posible que China y sus aliados de la SCO aprovechen el vacío que dejaría la OTAN en caso de que se retirase definitivamente.

Solo pretendo que, como ciudadanos de países democráticos donde hay libertad de prensa y de expresión, nos permitamos reflexionar y cuestionarnos la necesidad de intervenir en países lejanos para proteger nuestros intereses políticos y económicos. La excusa de la seguridad, al menos para mí, no funciona. Soy incapaz de comprender cómo y por qué un país empobrecido situado a miles de kilómetros de distancia podría suponer siquiera una ligera amenaza para el bienestar de mi país. No consigo hallar la conexión entre la lucha antiterrorista (que debe ser una material policial y doméstica) y la presencia militar española en Oriente Medio. No quiero decir que no la haya, sino que no la entiendo. Así que si alguien me lo puede explicar de forma clara, lo agradecería.

Espero, en todo caso, que la paz llegue algún día a Afganistán y que los afganos vuelvan a ser los dueños de su destino, libres de señores de la guerra y de ocupantes extranjeros.

Y vosotros, lectores, ¿qué opináis?

¿Qué pasa en Bahréin?

Hoy vamos a hablar de un pequeño país que suele pasar desapercibido en las crónicas sobre Oriente Medio, pero que sin embargo es un microcosmos muy ilustrativo sobre la región. Es un artículo cortito y divulgativo que trata de dar una visión general sin entrar en muchos detalles.


Bahréin, un pequeño archipiélago en el Golfo Pérsico, suele ser descrito como una de las economías árabes más desarrolladas. Fue uno de los primeros países donde el petróleo fue descubierto y explotado, y también fue uno de los primeros países en diversificar su economía al darse cuenta de que sus reservas eran limitadas y no durarían para siempre. Con un boyante sector financiero y rentables industrias de transformación, Bahréin puntúa alto en indicadores económicos como el PIB per cápita o el índice de desarrollo humano. Además, su mano de obra nativa está bien cualificada y es menos reticente a integrarse en el sector privado. No obstante, el reino de Bahréin depende de su principal socio comercial, Arabia Saudí, y requiere inversión extranjera para seguir siendo competitivo.

Por este motivo, Bahréin, como la mayoría de monarquías de la península arábiga, invierte ingentes cantidades de dinero en campañas de relaciones públicas: organización de conferencias internacionales, grandes eventos deportivos como el gran premio de Fórmula 1, y un equipo olímpico integrado por atletas de élite nacionalizados a golpe de talonario. Paralelamente, los al-Jalifa, la familia real de Bahréin, mantienen relaciones más que cordiales con las monarquías europeas, lo que les hace mejorar su imagen apareciendo en la prensa rosa rodeados de lujo y aristocracia occidentales. A pesar de que la monarquía tiene por las riendas al gobierno y controla (por ley) la mitad del parlamento, Bahréin aparece en la prensa como una monarquía constitucional, mucho más tolerante y progresista que su vecina Arabia Saudí.

protesters_fests_toward_pearl_roundaboutLa rotonda de la Perla, foco de las protestas de 2011. Fuente: Wikimedia

Sin embargo, hay un relato alternativo sobre este grupo de islas bastante incómoda para su familia real. Una visión centrada en la represión estatal, la discriminación, la censura y las restricciones políticas. En 2011, el año de la “primavera árabe”, las calles de Manama y otras ciudades de Bahréin se llenaron de manifestantes exigiendo mejores condiciones económicas y una mayor libertad política (demandas que podemos entender si leemos el informe de Human Rights Watch de 2010), aunque más tarde se llegó incluso a exigir el fin de la monarquía. Las protestas fueron reprimidas brutalmente, y por primera vez hizo su aparición como fuerza antidisturbios el “Escudo de la Península”, una fuerza militar conjunta de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, aunque en este caso solo colaboraron Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.

Desde entonces, el gobierno de Bahréin ha seguido recortando libertades y cientos de activistas, disidentes y personalidades de la sociedad civil han sido detenidas. Ha habido llamadas periódicas a la acción y oleadas intermitentes de protestas, lo que a su vez ha intensificado la represión gubernamental. Este año ha sido prohibido el principal grupo opositor, el Wefaq, y su líder, el clérigo chií Ali Salman, ha sido encarcelado y despojado de su nacionalidad.También han sido arrestados dos activistas que criticaron en la red el apoyo de Bahréin a la intervención saudí en Yemen.

pearl-007La rotonda fue destruida por el gobierno en un intento de eliminar todo recuerdo de la insurrección de 2011. Fuente: The Guardian

La situación, aún así, no es esencialmente nueva. Un informe de 1985 ya afirmaba que “desde 1975, los habitantes de Bahréin han vivido bajo un estado virtual de emergencia que ha enterrado todas las formas de oposición política.”  En los 80, tal y como hoy, el principal grupo de la oposición era chiita. Sus preocupaciones no eran exclusivamente religiosas sino sobre todo políticas y económicas. (Aunque hubo también algunos que intentaron emular la revolución iraní, sin mucho éxito). También hubo manifestaciones y revueltas en los 90.

La mayoría de los medios occidentales, si es que hablan de Bahréin, muestran sus conflictos internos como un reflejo del “cisma” entre suníes y chiíes que supuestamente está afectando el mundo árabe. Por tanto, según esta visión, la oleada de protestas de 2011 fue provocada por la alienación de los chiitas, que son la mayoría de la población pero se encuentran excluidos del gobierno y de las fuerzas de seguridad, donde solo pueden trabajar suníes. Este relato, según algunos críticos, tan solo beneficia a la familia real, que se nutre de él. Además, no es del todo preciso.

page_66_4La rotonda de la perla, también conocida como Lulú, se ha convertido en un símbolo de resistencia al gobierno y la familia real. Foto: Amal Khalaf

Es cierto que el gobierno está integrado exclusivamente por suníes, y hasta cierto punto han tenido éxito al retratar a la oposición como conspiradores chiíes pro-iraníes que amenazan la estabilidad y la seguridad del régimen. En efecto, la mayoría de los chiíes, sea cual sea su nivel económico, desconfía de un gobierno que les niega oportunidades. Por el contrario, no todos los suníes son firmes partidarios de la familia real. Muchos de ellos participaron en las manifestaciones de 2011, especialmente los de capas sociales más bajas (se hicieron virales unas pancartas en las que se leía “ni suní ni chií: bahreini” ). Esto es problemático para los al-Jalifa. La estabilidad de su gobierno dependerá de su habilidad para mantener a los suníes leales y sumisos, alentando las divisiones sectarias y el recelo mutuo. Divide y vencerás.

Bahréin es un aliado geopolítico crucial para Occidente, ya que es la sede de la Quinta Flota estadounidense. Antes de eso, fue uno de los socios más destacados del Imperio Británico en el Golfo Pérsico, una relación que este año está siendo commemorada. Desde su independencia en 1971, el archipiélago ha sido gobernado por los al-Jalifa, que ya llevaban en el poder desde finales del siglo XVIII. Bahréin mantiene fuertes relaciones con las demás monarquías del mundo árabe, que les han suministrado fondos en época de crisis y ayuda militar, y que no estarán dispuestos a dejar caer a la familia real.

Europa, mientras tanto, mira para otro lado. La estrategia de los tres monos puede ser buena a corto plazo, pero podría dañar seriamente las relaciones diplomáticas en caso de que el régimen cayera. Aunque eso no parece que vaya a suceder próximamente. El tiempo dirá.


 

Saber más:

Amnistía Internacional

Americans for Democracy and Human Rights in Bahrain

Bahrain Observer

Bahrain Watch

Human Rights Watch


Encuentro internacional “Imagen e imaginario España-Irán” (2 de 2)

En este artículo resumo la segunda mitad de las ponencias del encuentro Imagen e Imaginario España-Irán: miradas y representaciones celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid el 10 de octubre de 2016. Puedes encontrar la primera mitad en este otro artículo. Aquí termina mi crónica de las conferencias, pues no pude asistir a la segunda jornada, que tuvo lugar el martes 11 de octubre.

Irán en los medios de comunicación españoles

 Tras la pausita para café volvimos a la sala de vídeo donde tenía lugar el encuentro. Este segundo bloque de ponencias, moderado por José Lus Neila, se centraría en la imagen de Irán que los medios españoles transmitido desde los años 70. Hubiera sido interesante alguna reflexión sobre la visión opuesta (España en los medios iraníes), pero en general estuvo muy bien.

img_20161010_1403411De izquierda a derecha: Fernando Camacho, Nadareh Farzamnia, Jose Luís Neila y Misael Arturo López Zapico

La imagen de Irán en la Televisión Española. Del régimen del Sha a Rohaní.

Fernando Camacho, especialista en Historia Global (y en particular historia chilena), nos ofreció en su ponencia un breve análisis de los documentales y especiales emitidos por TVE desde los años 70 hasta la actualidad. Todos ellos son visualizables a través del archivo digital de Televisión Española y los he enlazado abajo, para el que tenga curiosidad. Tomando como referencia estos archivos, Camacho se preguntó, ¿cuántos programas sobre Irán se han emitido desde los 70? ¿Cuándo se han emitido? ¿Quiénes los han realizado? ¿Dónde?

En los años 70 surgieron los primeros especiales dedicados al país persa. Sin embargo, dada la situación política en España y la cercanía diplomática entre Franco y el Shah, la información era apologética y se centraba en la figura del shah como gran estadista modernizador y como monarca con un estilo de vida lujoso. No se mencionaba la represión del SAVAK ni la agitación política, no fueran a dar malas ideas. Por supuesto no se mencionaba nada del golpe de Estado de 1953 que dio el poder al shah. La información era por tanto oficialista y laudatoria, poco crítica.

shariati-jomeiniCarteles de Jomeini y Shariati durante la revolución.

Con la revolución de 1979 las cosas empezaron a cambiar. TVE fue el único canal español en informar in situ sobre Irán, pero además fue de los últimos en abandonar el país dada la escasa hostilidad que España generaba en los revolucionarios. Informe Semanal emitió un exhaustivo especial, y en los telediarios se informaba de los acontecimientos. Camacho mencionó un libro, Episodios Persas, escrito por el embajador español en Irán durante el periodo revolucionario al que espero poder echar un vistazo pronto. Por lo visto, Sierra Nava actuó de enlace entre los secuestradores de la embajada estadounidense y la dipomacia americana.

Después de la revolución se sucedieron tres décadas sin apenas información sobre Irán, con la excepción de un documental turístico emitido en el 99. El interés por el país persa resurgió en 2009 como consecuencia del Movimiento Verde, una oleada de protestas por (entre otras cosas) la supuesta manipulación de los comicios presidenciales que dieron a Ahmadineyad su segundo mandato. Ese año se emitieron 3 programas sobre Irán, seguidos dos años más tarde por la célebre entrevista de Ana Pastor a Ahmadineyad y otro documental en 2012. Curiosamente, los presentadores de los programas y documentales emitidos desde 2009 han sido casi exclusivamente mujeres.

La lista completa de documentales es:

  1. El despertar de Ciro (1974)
  2. Los reyes de España en Irán e Iraq (1978)
  3. Jomeini, Alma de Dios (1979)
  4. Irán por dentro (1981)
  5. Irán detrás del velo (1999)
  6. Irán, juventud a escondidas (2009)
  7. Irán, 30 años después de los rehenes (2009)
  8. Las fronteras de la revolución (2009)
  9. Entrevista a Ahmadineyad
  10. Irán, la guerra secreta (2012)

La revolución de Irán contemplada desde España

En la segunda ponencia, Misael Arturo López analizó el tratamiento dado a la revolución iraní por dos de los principales diarios españoles, ABC y El País, el primero representando posiciones más conservadoras y el segundo algo más “joven” y progresista, al menos por aquel entonces. López está muy interesado en investigar la función de la prensa y los medios de comunicación como agentes en la política internacional, afectando a las percepciones de la opinión pública y la diplomacia.

Antes de la revolución, Irán solo aparecía en la prensa rosa y las noticias del corazón, en medios como ¡Hola!. La imagen mostrada era de frivolidad, lujo y modernización, y se centraba exclusivamente en la familia de Muhammad Reza Pahlavi, el flamante shah de Persia. Esto cambió radicalmente durante los meses de enero y febrero de 1979, los momentos más críticos de la revolución.

En enero de 1979, Irán apareció en 7 portadas de El País, tres de ellas con imagen. En ABC apareció tan solo en dos ocasiones, ambas con foto. El mes siguiente, El País dedicó a la revolución 5 portadas, todas salvo una con foto; mientras que el ABC contaba con 4 noticias sobre Irán en primera plana, todas con imagen. Las notas de prensa no eran especialmente innovadoras o rompedoras: la mayoría de ellas provenían de agencias o de corresponsales en París (donde se encontraba Jomeini) y EEUU, nunca desde Irán. Los temas tratados solían ser las declaraciones del Shah, especulaciones sobre su fortuna (con posibles errores de traducción, pues las cifras variaban según el medio) y opiniones de expertos en EEUU, así como la suerte de los 1500 “expatriados” (esa eufemismo para no decir “inmigrante), de los cuales solo quedaron 400 al final de la revolución .

jomeini paris, rohaniJomeini en París

A medida que se desarrollaron los acontecimientos, ambos medios trataron de responder a los interrogantes sobre la nueva forma de gobierno de Irán, la República Islámica. Para el ABC era algo natural pues “al contrario que en la Iglesia Católica, la política no está separada del islam.” Afirmación curiosa teniendo en cuenta que España salía de 40 años de dictadura nacionalcatólica donde los protestantes (entre otros) habían sido perseguidos, y un buen ejemplo de cómo los medios siempre aprovechan para lanzar mensajes referidos a la política local. ABC también expresaba su preocupación por el precio del petróleo y las inversiones españolas en el país persa. El País, por su parte, calificaba a Jomeini como “la encarnación de la oposición popular al shah” el 3 de enero del 79, y al día siguiente criticaron duramente al shah en su editorial. El concepto de república islámica se analizó a partir de unas declaraciones del ayatolá Montazeri.

No obstante, El País informaba sobre la revolución con tonos claramente orientalistas y literarios, casi líricos, poco adecuados para noticias de actualidad. Zapico citó numerosos ejemplos de esta retórica, aunque solo pude copiar varios de la entrevista realizada por El País a Jomeini en París; una entrevista con escasa discusión política pero con frases descriptivas como “la cerilla coránica”, “severidad serena y cataclismal”, etcétera. Más allá de eso, El País percibía cuatro fuerzas en el Irán revolucionario: el ejército, el “populismo”, la socialdemocracia y el chiísmo. Un análisis bastante cutre, todo hay que decirlo, aunque claro, es fácil criticar desde la distancia. Se salvan, en opinión de Zapico, los artículos de Félix Bayon que ofrecían una lectura geoestratégica acertada.

ABC, mientras tanto, definía a Jomeini como “la suma de Gandhi y la violencia”, o lo comparaba con Sabino Arana. También aprovechaban paracriticar a la UCD, pues desde 1977 Irán era el principal proveedor de petróleo de España (Irán y Arabia Saudí sumaban casi el 60% de las importaciones), y algo tendrían que haber hecho, pues la economía española no se podía permitir un alza en los precios del combustible. También se metían con la blandeza del presidente Jimmy Carter, que había permitido que un país tan estratégico (por su ubicación geográfica y sus reservas de petróleo) abandonase el “mundo libre.”

En conclusión: la cobertura de la prensa española no fue muy extensiva, y por lo general se abusaba de los tópicos y los elementos pintorescos y exóticos al hablar de un país lejano y desconocido. ABC, como buen medio conservador, era más crítico con la revolución y se preocupaba especialmente de la situación económica. El País, más joven y progresista, parecía más favorable a la caída del shah aunque era crítico con la evolución teocrática de los acontecimientos.

La imagen de Irán en España: de Ahmadinejad a Rohani

Nadereh Farzamnia, iraní, profesora de Historia de Oriente Medio en la UAM y autora de De la revolución islámica a la revolución nuclear, dedicó la última ponencia del día a analizar el tratamiento de Irán en los medios de comunicación españoles durante la última década. Fue la ponencia más larga, aunque también la más expresiva y viva, llena de anécdotas interesantes. Me gustó el patriotismo indignado de la doctora iraní, que a pesar de no comulgar con el régimen teocrático, ha intentado defender a su país de las difamaciones de los medios de desinformación. Su principal crítica es que los medios han asociado la imagen del país a sus políticos, generalizando alegremente sobre los iraníes a partir de sus líderes.

La cobertura de los gobiernos de Ahmadineyad (2005-2013) ocupó la mayor parte de la ponencia, algo lógico dada su extensión y el controvertido carácter del presidente. Polémico desde que llegó (una vez que los comicios presidenciales pasaron a una segunda vuelta), Ahmadineyad se convirtió en el niño rebelde predilecto de la prensa occidental. Su política se basaba en tres pilares: volver a los principios de la revolución, luchar por la justicia social y contra la corrupción, y exportar la revolución islámica. Este último punto, que en sus discursos se materializaba en un tono desafiante y acusador frente al “Occidente imperialista y opresor”, permitió a la prensa despacharse agusto contra el presidente.

Así, en 2006, el diario El Mundo publicó en su sección de deportes (!) un artículo en el que de algún modo conseguían conectar las declaraciones del presidente iraní con una imagen negativa de la selección nacional de fútbol persa que podía perjudicar el rendimiento del equipo. Farzamnia continuó citando ejemplos absurdos, en el que se destacan las arengas de Federico Jiménez Losantos equiparando Irán con los Talibán, o un programa de telecisión en el que entrevistaron a Farzamnia y pidieron su opinión sobre el burka… a pesar de que el burka es afgano y no iraní.La ponente también criticó artículos de periodistas supuestamente más informados, como Ángeles Espinosa.

Los discursos del presidente iraní eran analizados y comentados hasta el más ínfimo detalle, no solo los pronunciados ante organismos internacionales sino también los que estaban destinados a consumo interno. La imagen transmitida por los medios era la de un Irán beligerante con sed de guerra. Nada más lejos de la realidad, pues los iraníes tenían aún fresca en su memoria la guerra contra Iraq y no deseaban embarcarse en un nuevo conflicto, mucho menos contra una superpotencia como los EEUU.

La reciente invasión estadounidense del país mesopotámico y la agresividad de George Bush hicieron saltar las alarmas. En 2007, el líder supremo Alí Jamenei dio un toque de atención a Ahmadineyad para que moderase el tono, pues no era deseable causar problemas diplomáticos. Un alto cargo del gobierno americano había afirmado que no se descartaba una intervención militar contra Irán. La prensa internacional había desarollado una narrativa que justificaba la invasión: Irán es una amenaza mundial, Irán tiene la bomba. Farzamnia aseguraba entre risas que “desde hace 15 años, Irán estará listo para tener la bomba en menos de 6 meses”.

gran satanManifestación anti-americana en Irán.

La prensa española tuvo su parte en la divulgación de esta visión negativa de Irán, asociado perpetuamente a la crisis nuclear. La mayoría de las veces tan solo tenían como referencia a agencias de comunicación británicas y estadounidenses, muchas de ellas conectadas a lobbies sionistas. Otras veces, se limitaban a traducir artículos aparecidos en la prensa israelí. Así, en julio de 2007 El País afirmaba que Irán tenía la Bomba, y El Mundo aseguraba que Israel preparaba un ataque nuclear preventivo contra el país persa. Todo esto, aseguraba Farzamnia, a pesar de que el gobierno iraní colaboraba abiertamente con las agencias internacionales contra la proliferación atómica y permitía la visita de supervisores.

Dada la escasez de tiempo, la ponente tuvo que saltar a 2011, mencionando de pasada el movimiento de protesta de 2009. En 2011, Irán seguía sintiendo las sacudidas de dichas manifestaciones. Sin embargo, la prensa española lo incluyó erróneamente en sus análisis como parte de la Primavera Árabe, sin tener en cuenta que los iraníes no son árabes y que el movimiento se había originado dos años antes, a raíz de los dudosos resultados de las elecciones presidenciales.

Un año después, en 2012, Irán seguía siendo caracterizado como un país conflictivo y peligroso, merecedor de sanciones. La crisis nuclear seguía siendo el centro de atención de las noticias sobre el país, además de esporádicas menciones a la brillantez de sus cineastas. Situación que cambió radicalmente tras la elección de Rohaní, el principio de lo que un editorial de El País calificaba como “un gobierno de prudencia y esperanza” cuya misión era resolver la crisis diplomática y devolver Irán a la comunidad internacional.

Nadereh Farzamnia no pudo analizar exhaustivamente el tratamiento dado por la prensa a Rohaní, ya que se quedó sin tiempo. Yo también estaba cansado y dejé de tomar notas. En todo caso, fue una charla muy agradable y entretenida, que a pesar de su extensión no se hizo tediosa. El debate de la tarde no fue todo lo animado que podía haber sido, y de él no tomé apuntes así que no lo puedo plasmar aquí.


Me hubiera encantado estar en las ponencias del día siguiente, pero tenía que trabajar la tarde del martes y, como buen profesor, debía preparar mis clases por la mañana, así que me quedé en Toledo. Si alguno de mis lectores estuvo en la sesión del martes y puede comentar algunas impresiones, le estaría muy agradecido. Al mismo tiempo, si alguno de los ponentes de aquel día quiere matizar o corregir la información que he dado, que no dude en escribirme a desvelandooriente@yandex.com

Este blog no deja de ser un proyecto amateur, y como buen aficionado, el que escribe puede cometer errores o haber tomado mal las notas.