Annual, 1921: muerte y nacimiento

Nota: este artículo no lo he escrito yo, sino uno de mis lectores, Selim B., máster en historia contemporánea por la Universidad de Valencia. Mi labor se reduce a algunos aspectos de edición y a preparar las imágenes. Mi agradecimiento a Selim por este artículo, especialmente dada la “sequía” de contenido de los últimos meses a causa de mis mil compromisos.


El desastre de Annual es uno de los hitos históricos más negros del ejército español. Un ejército europeo y moderno, compuesto por 15.000 hombres, fue derrotado por 4.000 guerreros tribales norafricanos que apenas disponían de medios. En cierto modo, Annual supuso un punto y aparte para la España de la primera mitad del siglo XX. El golpe de Estado de Primo de Rivera tuvo lugar casualmente justo el día en el que se presentaba ante el Congreso el  Expediente Picasso, el cual revelaba los fallos que llevaron a la derrota en Annual. En el ámbito militar, la famosa Legión Española, creada a imagen de la Legión Extranjera Francesa, surgió para hacer frente a la dureza de los rifeños

La ocupación del Rif ocurrió la época del nuevo imperialismo, en la cual los Estados europeos adoptaron ambiciosos proyectos coloniales. Además de los beneficios económicos derivados del comercio y la explotación de recursos naturales, las colonias reforzaban el sentimiento nacional y aportaban una válvula de escape para el descontento interno. Numerosos estudios aseguraban que en la región rifeña se podrían realizar explotaciones mineras de materiales como el hierro, y en un contexto tan turbulento como el de la Restauración española, repleta de huelgas, sublevaciones campesinas y magnicidios, una victoria sobre los rifeños supondría un motivo de orgullo nacional.

Mapa Rif
Fuente: Ricardo Fernández de La Reguera y Susana March, El desastre de Annual

Contexto internacional

Para situarnos en el marco histórico, hay que comprender que lo que acontece el norte de África es ante todo un juego de poderes coloniales. A finales del XIX, las potencias europeas se repartieron el continente africano en el Congreso de Berlín y otras conferencias (sobre la colonización británica y francesa durante dicho periodo hablamos brevemente aquí). El norte del Magreb era fundamental para Europa por su posición geográfica al sur del estrecho de Gibraltar, la llave que abre y cierra el paso del mar Mediterráneo. Tal era la importancia geoestratégica de este paso que se convocó una reunión en la que se decidiría quien sería la potencia encargada de poseer dicha llave: la  Conferencia de Algeciras en 1906, en la que se delimitaron las zonas de influencia españolas y francesas.

No es casualidad que la zona del Rif, donde se sitúan Ceuta y Melilla, se le dejará a España bajo la forma de protectorado. España no era una gran potencia ni tampoco un firme aliado de ningún Estado europeo, por lo que era un Estado que no infundía temor y tenía un carácter político internacional marcadamente neutral, lo que garantizaba el equilibrio. De haber caído en manos de las potencias del momento (Alemania, Francia o Inglaterra), el Rif y el Estrecho podrían haberse convertido en auténtico polvorín. Además, para España esto suponíare aparecer en el panorama internacional con un nuevo proyecto imperial tras la derrota frente a los Estados Unidos en 1898 y la pérdida de las posesiones españolas en el Caribe y Filipinas.

España administró el Rif en calidad de protectorado desde 1925 hasta 1956. En teoría, esta era una forma de gobierno que respetaba los órdenes locales, siempre y cuando no interfirieran en los intereses del colonizador, de modo que la ocupación no significaba un cambio tan radical para la comunidad local. La política externa y el ejército, por otro lado, estaban a cargo de la Metrópoli. Este tipo de colonización requería menos esfuerzo económico y burocrático por parte de la Metrópoli, pues todo podía quedar encauzadomediante  promesas o sobornos a los jefes tribales o locales.

España llega al Rif

Las primeras incursiones que realizó España en esta zona no se saldaron con un balance positivo. De hecho, comenzaron con una derrota, el Desastre del Barranco del Lobo (1909). Esta fue una emboscada que acabó con 150 muertos, a los que si se les suman los heridos que no sobrevivieron representan más de 1000 bajas. Este revés tuvo repercusiones la sociedad española, como las tendría en el futuro la derrota de Annual.

La Semana Trágica de Barcelona ese mismo año tuvo como detonante la percepción de que los reclutas de la leva militar, integrada en su mayoría por jóvenes de familias de clase obrera, iban a un destino que no olía muy bien. Se produjo un “efecto boomerang”: lo que parecía un elemento que sería clave para la unión y honra nacional se volvió en contra del Estado con numerosas protestas. Ni los políticos, ni los militares, ni la propia corona se encontraban cómodos con la situación en el Rif.  Por suerte para ellos, la situación se iría calmando con el paréntesis fruto de la Primera Guerra Mundial.

Durante este conflicto España, neutral, no tuvo restricciones al comercio y además sacó provecho de las minas de Wolframio y otros minerales, lo que hizo que en los años de la Gran Guerra hubiera cierta bonanza económica. Mientras tanto en el Rif, España no expandió sus posesiones, pero se dedicó a afianzar las plazas que había logrado dominar, como por ejemplo la ciudad de Nador, y a negociar a través de sobornos con aquellas tribus o familias tribales que no se habían sometido, aunque no logró obtener éxito. Muchas tribus fueron reacias a aceptar sobornos del invasor y mucho menos a dar apoyo a los europeos. Los jefes tribales estaban influídos por los clérigos religiosos y sobre todo en ese momento por la  controvertida figura de El Raisuni, quien defendía que no había que cejar en la defensa de la tierra y del pueblo musulmán frente a los cristianos.

El Raisuni mantuvo en jaque a las tropas españolas hasta que fue derrotado en 1919 por el general Silvestre. A continuación, el Rey Alfonso XIII encomendó al general la misión de pacificar la zona del Rif. Es decir,  someter a aquellas familias tribales que no querían dar su brazo a torcer frente al protectorado español que los quería “proteger”  y dotar de infraestructuras básicas para mejorar sus condiciones de vida.

Abd el Krim

Una vez derrotado El Raisuni, Silvestre tuvo que hacer frente a un nuevo enemigo que, al contrario que El Raisuni, que no había elaborado un proyecto político concreto, tenía el objetivo claro de establecer un Estado unificado en la  región rifeña.

Abd El Krim
Abd El Krim. Fuente: El Mundo

Abd el Krim era hijo de un sheij (notable) perteneciente a la cabilia Beni Urraguiel, correspondiente a la zona de Alhucemas. El padre era anticolonialista y antieuropeísta, aunque a pesar de ello envió a sus hijos a España para formalizar sus estudios. Abd el Krim pronto se hizo un hueco en la sociedad de Melilla, llegando a ser el más destacado en los asuntos indígenas en la ciudad, todo ello sin haber llegado a la treintena en edad. El fundador y director del diario El Telegrama del Rif  le había nombrado redactor jefe de las páginas en árabe de su periódico.

Fue aquí donde las relaciones entre el rifeño y los españoles se rompieron, pues Abd el Krim publicó artículos criticando el colonialismo, lo que supuso su ingreso en prisión en 1915. Sobra decir que una vez cumplió la condena la relación de Abd el Krim con los españoles no sería la misma.  Lo primero que hizo fue salir de la ciudad de Melilla rumbo a su hogar, en Axdir. A su llegada no tuvo todo el apoyo de la harka (conglomerado de tribus), pues él y su hermano eran vistos como proeuropeos. Abd el Krim nunca escondió que deseaba para su tierra el impulso y la modernización europea. Apoyó inicialmente a los españoles por las posibilidades de inversión económica y modernización la zona, aunque se despegó del proyecto hispano una vez llegó a la conclusión de que España solo quería explotar las materias primas y tenía la nula intención de hacer inversiones modernizadoras.

Cuando Abd el Krim tomó el poder de su cabilia unificó gran parte de las tribus en contra de los españoles. La mayoría apoyó a Abd el Krim, pues eran conscientes de que este había pasado gran parte de su tiempo conviviendo con los europeos y contaba con la ventaja de conocer al enemigo. De este modo Abd el Krim logró ser reconocido por la mayoría de las cabilas como el líder que los liberaría de los europeos. Se inició así la resistencia cuyo culmen sería el desastre de Annual.

Desastre para unos, victoria heroica para otros

En 1920, Silvestre tomó posesión del cargo de Comandante General de Melilla e inició un avance con el objetivo de hacerse con Alhucemas en un tiempo corto y de manera efectiva. Aunque no se puede reducir a un solo motivo, ya que es un tema complejo en el que abundan los matices, se puede concluir que un aspecto crucial para explicar la derrota española fue la precipitación en el avance. La acometida liderada por el General Silvestre se fue procediendo a la vez que estiraba la línea militar, que fue dilatándose hasta el campamento militar en Annual. No se sabe a ciencia cierta qué intención tenía Silvestre en Annual, se desconoce si simplemente estaba ahí por coincidencia debido a la lentitud de movimiento del ejército, pues se sabe que se movían a una velocidad de 3´5 kilómetros por dia. Se cree que también pudo tener la intención de crear un fuerte en Annual debido a la llanura de la zona, algo extraño por la orografía del Rif, pero resultó ser una decisión fatal que benefició a los rifeños en la batalla.

El 17 de Junio se inicia el asedio del enclave español en Igueriben por parte de las tropas rifeñas. Este suceso hizo que se tomaran medidas en el campamento de Annual, pero ya era demasiado tarde. Los rifeños, con Abd el-Krim al mando, fueron concentrándose alrededor de Annual. Las tropas españolas se encontraban desmoralizadas tras la noticia de la caída de Igueriben, mientras los rifeños obtenían una victoria importante, y eran conscientes de que eran capaces de enfrentarse de tú a tú al ejército colonial. Cinco días después, los rifeños hicieron acto de presencia en el campamento, que horas antes se había comenzado a evacuar de manera ordenada.

El temor y la sorpresa por la aparición rifeña provocó el temor entre los soldados españoles causando un caos total. No hubo resistencia ni defensa, sino que el ejército colonial acampado en Annual se retiró en desbandada. Ante la casi nula resistencia, los rifeños provocaron unas bajas cercanas a los 15.000 españoles. Por ello, Annual se recordó como desastre, un terrible y oscuro episodio en la que España salió gravemente herida nivel nacional, con el cuestionamiento de la corona y el golpe de Estado de Primo de Rivera como consecuencia directa.

Para los rifeños, la victoria de Annual supuso el nacimiento de un nuevo episodio, pues ahora pasarían a ser habitantes de un nuevo estado, un estado creado por y para los rifeños. Nacía la República del Rif (1921-1925). Durante un breve periodo los rifeños lograron deshacerse de la amenaza de colonización española, todos los avances militares hechos por los españoles fueron disueltos con Annual. El nacimiento del nuevo estado puede otorgarse totalmente a Abd el Krim, pues el resto de los cabileños se hubieran conformado con hacer retroceder el avance español para volver al estado anterior de Jefes tribales o cadíes. Sin embargo Abd el Krim supo que volver a la situación previa solo provocaría la vuelta de los europeos para civilizar a los bárbaros. Esta República no fue improvisada, pues Abd el Krim ya había revelado en varias entrevistas la intención de otorgar a los rifeños un gobierno y una bandera. Apenas un mes después de Annual, Abd el Krim definió la estrategia  a seguir para la creación de una República y logró que los líderes tribales la aceptaran.

La República del Rif tuvo una constitución de 40 artículos (constitución que no se conserva, pues fue incinerada con la llegada de los españoles en el desembarco de Alhucemas en 1926) y un día nacional de la independencia fechado el 18 de septiembre. También se intentó establecer de una sanidad, educación y moneda propias. El breve Estado rifeño no paraba de impulsar leyes y medidas. Los rifeños pueden jactarse de que, en una época en que la tendencia era ser colonizado, fueron capaces de liberarse de la colonización y además crear una república que intentó modernizar una región que se podría catalogar de tribal, en la que no hubo derramamiento de sangre y que fue todo lo modernista que pudo hasta su final.

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Bibliografía

Fuente primaria: Carta de Abd el Krim a la Sociedad de Naciones, traducida por Kamal Boutarfas.

Rosita Forbes, El Raisuni, sultán de las montañas.

Manuel Leguineche, Annual: el desastre de España en el Rif

María Rosa de Madariaga, Marruecos, ese gran desconocido.

J. Pando, Historia secreta de Annual.

J. Salafranca, La República del Rif.

Documentales:

El laberinto marroquí, en Intermedia

Intervencionismo español en Marruecos. El desastre militar de Annual, en YouTube

 

 

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Fuente primaria: Carta de Abdelkrim a la Sociedad de Naciones (1921)

Texto traducido por Kamal Boutarfas. Introducción por el autor de este blog.

Introducción

Hasta el momento, en esta página me he centrado en Oriente Medio y apenas he prestado atención al Magreb. Sin embargo, hoy voy a hacer una excepción para introducir un documento histórico muy interesante y hasta cierto punto relevante en la actualidad.

La guerra del Rif es uno de esos conflictos a los que no hemos prestado la atención debida en las escuelas. Normalmente se ve únicamente como contexto del golpe de Primo de Rivera y como “escuela” de los generales africanistas que después protagonizarían la guerra civil, pero nunca reflexionamos sobre las causas y consecuencias del conflicto y de su efecto en la población local. Yo mismo no conozcco mucho sobre ella, a pesar de que sea una campaña colonial española en uno de nuestros países vecinos. Es un tema que tengo pendiente, y por lo tanto no me voy a extender, ya que hay muchos otros que han escrito más y mejor que yo.

A principios del siglo XX, la población del Rif, al norte del actual Marruecos, se sublevó contra la presencia colonial española y francesa y contra el sultán de Marruecos. El principal líder de la rebelión fue Abd el-Krim (o Abdelkrim), cuya biografía es interesantísima. Los rifeños consiguieron establecer una república independiente entre 1921 y 1925, aunque no fue reconocida internacionalmente. La rebelión rifeña fue finalmente aplastada por la alianza militar entre España y Francia, que emplearon métodos muy violentos, incluyendo ataques aéreos con gas mostaza.

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Bandera de la República del Rif. Fuente: Wikimedia

En 1921 Abdelkrim enviaba una carta a la Sociedad de Naciones (organismo formado tras la primera guerra Mundial que precedió a la ONU). La Sociedad de Naciones, creada por las potencias occidentales con el objetivo de resolver conflictos por la vía diplomática a nivel global, no fue capaz de evitar ninguna agresión colonial durante el periodo de entreguerras. De hecho, sancionó la ocupación de muchos territorios que habían estado en manos de alemanes y otomanos. La fórmula legal fueron los Mandatos, uns protectorados encubiertos cuyo objetivo era ayudar a los países administrados a alcanzar su indpendencia. (Hablo de los mandatos franceses y británicos en Oriente Medio aquí)

El Rif es uno de los precedentes de lo que después sucedería con la invasión japonesa de Manchuria y la campaña italiana contra Etiopía. La carta que analizamos hoy tendrá ecos en el famoso discurso de Haile Selassie en la Sociedad de Naciones quince años después. Resalto algunos fragmentos llamativos en negrita. Especialmente interesante es, como señaló el traductor, que Abdelkrim diferencie a los rifeños del resto de africanos. Esto refleja de algún modo la ideología imperante entre las potencias occidentales durante la época, que consideraban que los no-europeos no estaban preparados para autogobernarse de forma independiente.

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Abdelkrim. Fuente: El Mundo

En la actualidad en la región del Rif se están produciendo numerosas protestas contra el régimen marroquí a causa del abandono de la región, donde no hay suficiente inversión en educación, sanidad e infraestructuras, así como por la marginación que sufren los habitantes de la zona, mayoritariamente amazigh (o bereberes). El majzén ha respondido con represión, militarización, amenazas y el encarcelamiento de los líderes del movimiento Hirak. La diáspora rifeña está muy activa y organizada, y una gran ola de solidaridad recorre las redes. Se han convocado manifestaciones y acciones en España y el resto de Europa. Muchos activistas rifeños escriben en español y podéis encontrar muchísima información sobre el movimiento en Internet. Al final del artículo dejo una lista de twiteros que os pueden interesar.

Uno de los referentes históricos del movimiento es la República del Rif. Durante las últimas semanas la carta de la que hablamos hoy ha circulado por la twitsfera rifeña. Os dejo con el texto de la carta de Abdelkrim a la Sociedad de Naciones, traducida por Kamal Boutarfas, que muy amablemente me ha dado permiso para publicarla aquí. Podéis encontrarle en Twitter con el pseudónimo Ayrad.

Carta de Abdelkrim a la Sociedad de Naciones

Nosotros, el Gobierno de la República del Rif, instaurado en julio de 1921, queremos declarar y hacer ver a los países participantes en el acuerdo de Algeciras en 1906 que las altas ambiciones que auspiciaron dicho tratado no pueden ser llevadas a cabo, cosa que ya la historia evidenció tiempo atrás, y esto debido a una premisa inicial falsa que afirma que nuestro país, el Rif, es parte de Marruecos. Nuestro país es geográficamente parte de África, y sin embargo es una entidad claramente individual, y por lo consiguiente se ha diferenciado étnicamente del resto de etnias de África, mezclándose con europeos y fenicios hace cientos de años resultado de la migración. Nuestra lengua también se diferencia claramente del resto de lenguas, de la marroquí, la africana o de otras. Porque nosotros, los rifeños, nunca hemos sido marroquíes, del mismo modo que los ingleses no pueden considerarse a sí mismos alemanes, y tal vez esta mezcla étnica es lo que nos hace más parecidos a los ingleses en cuanto a nuestra fuerte convicción en la independencia y en nuestro deseo de estar en contacto con el resto de las naciones del mundo. Hacemos un llamamiento, mediante este comunicado, a todas las naciones de cualquier parte del mundo para que vengan y descubran nuestras regiones ignotas, y para que las visiten mediante científicos, geólogos, químicos e ingenieros, con motivos comerciales y sin ninguna intención militar.

Defendemos nuestra tierra contra la invasión de las fuerzas españolas que nos obliga a la guerra con la excusa del acuerdo de Algeciras, pero este acuerdo declara la independencia del Sultán de Marruecos, su soberanía, la salvaguarda de sus territorios, la independencia de su economía sin diferenciación alguna, y nosotros estamos de acuerdo con los dos puntos anteriores con relación a sus tierras, por ello llamamos a algo parecido para nuestro Rif que nunca ha pagado impuesto alguno al Majzén, ni tampoco recibe por parte de éste ayuda o subvención para el desarrollo del Rif. Aspiramos a establecer la libertad económica sin diferenciación en nuestra república, y para ello hemos nombrado a un representante económico para desarrollar la gran riqueza de nuestro país y hacer un llamamiento a los distintos agentes económicos de todas las naciones para que prevalezca la regla de orden, paz y prosperidad.

En julio de 1921 hicimos constar a los embajadores ingleses, americanos, franceses e italianos en Tánger que hemos establecido la República del Rif, y que no despreciamos embarcarnos en una guerra legítima contra España en defensa de nuestra independencia, y que perseveraremos en ello hasta obtener la paz, la libertad y el reconocimiento de nuestra independencia con todos sus territorios; desde los límites fronterizos con Marruecos hasta el mar Mediterráneo y del río Muluya hasta el océano Atlántico. Y llamamos a todos los países a establecer servicios consulares y diplomáticos en la sede de nuestro actual Gobierno, en Ajdir, se les dará todas las facilidades y serán bien recibidos.

Firmado: Mohamed ben Abdelkirm El-Jattabi

Fuentes

Primera: Aquí está tanto el texto en árabe como su traducción al francés.

Segunda: En este periódico digital marroquí (AnwalPress) aparece el texto en árabe junto con más información sobre la República.

Tercera: En este otro periódico electrónico marroquí (Alaoual) aparece parte de dicha carta.

Rifeños en Twitter

No es una guía exhaustiva, ni mucho menos, pero si queréis saber lo que se cuece por la región son una mejor fuente que yo. Gente joven, muchos de ellos residentes o nacidos en España, que twitean en castellano sobre el Hirak, el Rif y otros temas de interés. Si veis que falta alguien, indicádmelo y será añadido a la lista.

Arrif Tweets

Aydud24

Ayrad

Boutaina Rifia

Comité deapoyo al Hirak en Andalucía

Hirak Madrid

Rifland

Salua El Omari

Youssef Ouled

 

Fuente primaria: un español presencia la toma saudí de La Meca (1807)

Domingo Badía, también conocido como Alí Bey, fue un viajero y espía español que recorrió parte de Oriente Medio bajo las órdenes de Godoy fingiendo ser un príncipe abasí. Fue el primer español no musulmán en visitar los lugares sagrados del islam. Además, fue testigo de la toma de La Meca por los saudíes en 1807.

Su relato es un interesantísimo retrato de la Arabia del emirato de Diriya, el primer estado saudí al que me referí en el primer artículo sobre Arabia Saudí. Obviamente, hay que tener en cuenta que esta escrito a principios del XIX como una crónica de viajes, y que el autor sigue las convenciones estilísticas de la época, con descripciones que hoy nos parecerían racistas o esencialistas, pero que estaban de moda por entonces.

Alí Bey llega a la Meca en enero de 1807. Se reúne con el jerife Ghalib ibn Musaid y describe la ciudad. Me voy a centrar tan solo en los pasajes relativos a la llegada de los wahabis y la situación política de la ciudad. Dos elementos llaman la atención: la descripción que hace de la religiosidad de los wahabis y el temor que suscitan, y la escasa popularidad del jerife de La Meca entre sus súbditos.  Para el contexto histórico, podéis consultar Historia de Arabia Saudí I

He adaptado el texto a las convenciones gramaticales modernas para que su lectura sea más sencilla, añadiendo acentos y tildes y sustituyendo formas arcaicas de ciertas palabras por su versión moderna. He respetado la transliteración árabe que utiliza el autor (influida por las convenciones francesas), aunque no sea el estándar que usamos en la actualidad.

Si queréis el texto original, se puede encontrar fácilmente por Internet en Google Books, pero también me podéis enviar un email y os facilito un PDF.

Historia de Arabia Saudí
1Geografía y primer emirato saudí (1744-1818)
2 – El siglo XIX (1818-1919)
3 – Conquista y dominio (1919-1926)
4 – El reino antes del petróleo (1926-1938)
5 – Petróleo con sabor americano (1938-1953)
6 – El breve reinado de Saud (1953-1964)
7 – El despotismo ilustrado de Faisal (1964-1975)


Capítulo XIV. Llegada de los saudíes a la Meca.

[…] Aquel mismo día [3 de febrero de 1807] entró en la Meca un cuerpo de ejército de los wehhabis, para cumplir el deber de la peregrinación, y tomar posesión de la santa ciudad. Vílos entrar por una casualidad. Hallábame a las nueve de la mañana en la calle principal, cuando me veo venir una multitud de hombres…. Figúrese cualquiera un tropel de individuos apretados unos contra otros, no llevando mas vestido que una pequeña faja al rededor de la cintura, y algunos una toalla sobre el hombro izquierdo y bajo el brazo derecho; y en lo demás enteramente desnudos y armados de fusiles de mecha con un khanjear o gran cuchillo corvo a la cintura.

A la vista de aquel torrente de hombres desnudos y armados, todo el mundo echó a correr para dejar expédita la calle, que llenaban enteramente. Yo me obstiné en permanecer en mi sitio, y subí a un montón de escombros, para observarlos mejor. Ví desfilar una columna que me pareció compuesta de cinco a seis mil hombres, tan apiñados en todo lo ancho de la calle, que les fuera imposible mover la mano. La columna, precedida de dos jinetes armados con una lanza de dos pies de largo, terminaba en otros quince o veinte montados en caballos, camellos o dromedarios, con una lanza en la mano como los primeros; mas no llevaban banderas, ni tambores, ni algún instrumento o trofeo militar. Durante la marcha, los unos daban gritos de santa alegría, otros rezaban confusamente oraciones en alta voz, cada cual a su modo.

En el orden referido subieron hasta la parte superior de la ciudad, donde comenzaron a desfilar en pelotones para entrar en el templo por la puerta Beb-es-Selén. Crecido número de muchachos de la ciudad, que sirven ordinariamente de guías a los extranjeros, salieron a su encuentro, y se presentaron sucesivamente a los diversos grupos, para servir de guías en las ceremonias sagradas. Noté que entre aquellos conductores benévolos no había un solo hombre formado. Ya los primeros pelotones, para comenzar las vueltas de la Kaaba, se apresuraban a besar la piedra negra, cuando otros, impacientes sin duda de aguardar, se adelantan en tumulto, se mezclan con los primeros, y bien pronto, llegando a su colmo la confusión, no deja oír la voz de los jóvenes conductores.

A la confusión sucede el tumulto. Todos quieren besar la piedra negra, y se precipitan; muchos se abren paso con palo en mano: en vano uno de sus jefes sube al zócalo, junto a la piedra sagrada, para restituir el orden; sus gritos y ademanes son inútiles, porqué el santo celo de la casa de Dios que los devora no les permite escuchar la razón ni la voz de su jefe. Auméntase el movimiento en círculo por la impulsion mutua. Finalmente se les ve, como un enjambre de abejas que vuelan confusamente en torno de la colmena, circular sin orden al rededor de la Kaaba, y en su tumultuoso entusiasmo hacen pedazos con los fusiles que llevaban al hombro, todas las lámparas de vidrio que rodeaban la casa de Dios.

[…]

Los wehhabis de Draaíya, lugar principal de la reforma, tienen color de cobre. Son por lo general bien hechos, y muy bien proporcionados, pero de talla pequeña, y he notado principalmente entre ellos algunas cabezas bastante hermosas para ser comparadas a las del Apolo, del Antinoo, o del Gladiator. Tienen los ojos vivísimos,la nariz y boca regularmente diseñadas, hermosos dientes, y fisonomía muy expresiva…

Represéntese cualquiera una multitud de hombres desnudos y armados, sin casi idea alguna de civilización, y hablando una lengua bárbara: semejante cuadro a primera vista espanta la imaginación, y parece horroroso; mas si uno se sobrepone a esta primera impresión, halla en ellos cualidades recomendables: jamas roban ni a fuerza, ni con engaño, excepto cuando creen que el objeto pertenece a un enemigo o a un infiel. Todo cuanto compran, y cualquier servicio que se les hace,lo pagan en su moneda. Ciegamente sumisos a sus jefes, sufren en silencio toda clase de fatigas, y se dejarían conducir al cabo del mundo. En fin, se ve en ellos los hombres mas dispuestos a la civilización, si se les supiese dar la dirección conveniente.

Vuelto a casa supe que no cesaban de ir llegando cuerpos de wehhabis a cumplir el deber de la peregrinación. ¿Qué hacia entre tanto el sultán scherif?… En la imposibilidad de resistirá tales fuerzas, se mantenía encerrado u oculto por mejor decir, temiendo algún ataque; las fortalezas se hallaban abastecidas y preparadas a la defensa; los soldados árabes, los turcos y mogrebinos se mantenían en sus puestos: vi guardias y centinelas en los fuertes; tabicáronse muchas puertas; en una palabra, todo se hallaba pronto para el caso de agresión. Mas la moderación de los wehhabis, y las negociaciones del scherif hicieron inútiles semejantes precauciones.

Capítulo XV. Temor a los wahabis

Debo confesar en verdad que hallé mucha racionalidad y moderación en todos los wehhabis a quienes dirigí la palabra. De ellos mismos es de quienes saqué la mayor parte de las noticias quedaré sobre su secta. Sin embargo, a pesar de esta moderación, ni los naturales del país, ni los peregrinos pueden oír pronunciar su nombre sin estremecerse, y aun entre ellos mismos no lo pronuncian sino en voz baja. Así es que huyen de ellos, y evitan en lo posible el hablarles; y siempre que yo quería hablar con ellos, tenia que superar la mas obstinada oposición de parte de los que me rodeaban.

Capítulo XIX. Impopularidad del jerife. Toma definitiva de la Meca por los saudíes.

Los wehhabis, prohibiendo el uso del rosario como una superstición, han privado a los habitantes de la Meca de un ramo de comercio muy lucrativo: mas continúan fabricándolos ocultamente para los peregrinos, con diversas maderas de la India y del Yemen, y con madera de sándalo que es muy odorífera.

[…]

El actual sultán scherif de la Meca se llama Ghaleb. Es hijo del scherif Msaat, su predecesor en el trono. Hace años que su familia ha obtenido la soberanía del Beled el Haram y del Hedjaz; mas la ordinaria costumbre, cuando muere un sultán scherif, es disputar el trono con las armas en la mano, como se practica en Marruecos, hasta que el vencedor da la ley a la nación; pues no se halla establecido el derecho de sucesión. El scherif Ghaleb es hombre de genio astuto, político y valeroso; mas enteramente falto de instrucción, y entregado a sus pasiones, se trasforma en un vil egoísta para satisfacerlas; no hay vejación que no ejerza con los habitantes y con extranjeros o peregrinos; es tal su inclinación a la rapiña, que no perdona aun a sus amigos,ni a sus mas fieles servidores, cuando cree poderles arrancar alguna cantidad. Durante mi corta residencia en sus estados, fui testigo de una de estas fechorías, que costó mas de cien mil francos a un negociante de Djedda, uno de sus principales favoritos. Los impuestos sobre el comercio y sobre los habitantes son enteramente arbitrarios; van creciendo diariamente, pues inventa nuevos medios de aumentar sus rentas; en una palabra, se halla el pueblo reducido a tal extremidad, que en toda la tierra santa no he hallado uno solo que me hablase bien del scherif, excepto el negociante de quien hablé arriba.

[…]

No obstante los defectos del scherif, y la especie de nulidad a que diariamente lo reducían los wehhabis, conserva aun bastante influencia en los puertos de Arabia, y en Cosseir, por sus relaciones con los mamelucos y los habitantes del Saaid o alto Egipto, como también en Sauakeny Messua, que posee en las costas de la Abisinia, en nombre del sultán de Turquía. También advertí con sorpresa en dicho príncipe, que no tenia ninguna de las preocupaciones de su nación.

La situación política del país era muy singular a mi llegada. Era el sultán scherif su natural e inmediato soberano; y sin embargo se reconocía cono monarca supremo al sultán de Constantinopla, haciéndose mención de él como a tal en el sermón de los viernes, cuando Saaud, que domina el país con sus wehhabis, prohibió el viernes ántes de pascua, hacer mención del sultán de Constantinopla.

Bien enviaba la Puerta otomana un bajá a Djedda; pero éste pasaba el tiempo en la Meca comiendo a expensas del scherif, sin ejercer acto alguno de autoridad, de modo que casi se ignoraba su existencia. El sultán enviaba asimismo cada año a la Meca, Djedda y Medina, kadis para ejercer el poder judicial; mas no podían mezclarse en nada de lo concerniente a la parte administrativa; pues esta quedaba enteramente en manos del scherif,que gobernaba como sultán independiente por medio de sus gobernadores. Llevaban éstos el título de uisir o visires, y todos eran esclavos negros del scherif.

El sultán Saaud, cuya autoridad estribaba solo en la fuerza, se hacia obedecer allí; mas aun no se había enteramente alzado con el mando; tampoco exigía contribuciones, y aun parece respetaba el poder del scherif. Gozando éste de las atribuciones de sultán independiente, era dueño absoluto de la vida y bienes de sus súbditos; hacia según su voluntad la paz o la guerra; y mantenía sobre tres mil hombres de tropa entre turcos, negros y mogrebinos.

Sin embargo de tales ventajas, no bastando sus medios para oponerse a las empresas de los wehhabis, se veía obligado a respetar sus órdenes, recibir las leyes que le imponían, y dejarlos obrar con libertad; mas no dejaba de mantener sus fortalezas cerradas y en estado de defensa, a fin de conservar siempre una actitud imponente. De semejante conflicto de poderes, resultaba que la ciudad de la Meca no sabia quién era su verdadero dueño; la autoridad, dividida en tantos jefes, perjudicaba a la administración de justicia,comprometía la propiedad y la libertad individual, y de consiguiente apresuraba a largos pasos la ruina de la pública felicidad.

Fuera del sultán de los turcos, no tenia el scherif relaciones políticas con soberano alguno; ni había en el país cónsul o agente de una nación extranjera. Los ingleses son los únicos que de tiempo en tiempo se presentan en el puerto de Djedda, donde son favorecidos de los habitantes, porqué hacen con ellos el comercio de la India. Ya dijimos que el scherif es el principal actor de este comercio; sus buques navegan de Djedda a Mokha, y de allí a Mascate y a Surate. Tal era la situación del país, cuando el 26 de febrero de 1807, el sultán Saaud mandó anunciar en todas las plazas y parajes públicos, que el día siguiente por la tarde debían salir de la Meca todos los soldados turcos y mogrebinos del scherif, y dirigirse fuera de la Arabia, como también el bajá turco de Djedda, y los antiguos y nuevos kadis de la Meca, Medina y otros lugares: el scherif fue desarmado, destruida su autoridad, y el poder judicial pasó a manos de los wehhabis. Díjose que el sultán Saaud acompañaría la retaguardia de la tropa y peregrinos hasta las fronteras de Siria, y que en seguida iría a establecer su residencia en la Meca, o cuando menos daría a alguno de sus hijos el gobierno del país:en tal caso la nueva monarquía árabe de los wehhabis hubiera tomado un vuelo semejante al del antiguo califato.

La noche del 26 al 27 de febrero se retiraron a Djedda todos los soldados turcos. Una pequeña caravana de Trípoli que había en la Meca, levantó el campo a medio día, y partió con tan poca precaución, que se temió por su seguridad. Todavía quedaban el bajá, los kadis y los peregrinos turcos, y aun no sabían qué partido tomar en tal estado de desorden, porqué todos obraban de mala fe. La noche siguiente se pasaron al servicio de Saaud doscientos cincuenta soldados negros del scherif. Los restantes partieron el 28 de febrero. El sultán Saaud se dirigió sobre Medina con sus tropas, después de haber instalado sus kadis, dejando según dijeron, veinticinco mil francos de limosna para los empleados del templo y pobres de la ciudad. Así terminó sin efusión de sangre esta revolución política.


Alí Bey no consiguió reunirse con Saud, al que solo describe desde la distancia. Aunque hay muchos otros pasajes interesantes al respecto en el texto original, termino aquí la transcripción para no aburrir al lector.

Orígenes del nacionalismo árabe I: toma de conciencia (1840-1880)

Introducción

El mundo árabe no es y no ha sido nunca una unidad cerrada y homogénea. El concepto de nación árabe, de hecho, es relativamente reciente en el tiempo. Aunque la identidad árabe estaba más o menos definida a nivel cultural durante el primer tercio del siglo XX (el arabismo), esto no implicaba necesariamente que hubiera un programa político que pudiéramos llamar nacionalismo árabe.  La identidad nacional árabe, superior a la tribu o el clan o a la confesión religiosa, se solapaba a principios del siglo pasado con muchas otras realidades y visiones basadas en el origen o la ubicación geográfica, la religión, o la clase política y social de cada uno. Desde la universalista e “inclusiva” (para los musulmanes) identidad panislámica hasta las perspectivas localistas como el egiptismo, el “despertar de la conciencia árabe” tuvo que competir con muchas otras identidades.

1024px-arabic_dialects-svgDialectos del árabe. Wikimedia

En este artículo voy a empezar a contar los orígenes remotos del nacionalismo árabe. Hoy nos centraremos en el siglo XIX, caracterizado por la aparición del arabismo, la noción de que existía una identidad cultural común a los árabes. Este renovado interés por lo árabe y el orgullo que ciertos intelectuales sintieron por la lengua y la cultura comunes estuvo inicialmente restringido a los sectores urbanos acomodados, y no tuvo el carácter político que poseía el panarabismo de mediados del siglo XX. Me voy a quedar en los países árabes del Mashreq o de lo que hoy día llamamos Oriente Medio, es decir, Egipto, la península Arábiga, el Levante y Mesopotamia.

Para empezar, voy a describir brevemente el mosaico de identidades solapadas e identidades disputadas que es el mundo árabe en el primer tercio del siglo XX. Después, haré un breve repaso al periodo del “renacimiento” (an-Nahda) en Egipto y el Levante, donde comenzó a surgir la idea de una identidad y cultura común a los árabes. Para entender el contexto histórico y político en el que nos situamos, recomiendo a los lectores que no lo hayan hecho ya leer La colonización europea de Oriente Medio y Movimientos de reforma II: el modernismo laico.

Identidades solapadas

En Oriente Medio y en la mayoría de regiones del mundo, los individuos podían -y pueden- definirse a sí mismos en términos muy diversos: Afiliación religiosa, origen geográfico, etnia, comunidad lingüística, clase social, tribu o familia extensa, si se es nómada o sedentario, rural o urbano… Dependiendo del contexto una persona puede dar prominencia a cualquiera de estas identidades sobre las demás. Es decir, la identidad es algo mutable y en constante cambio. La mayoría de árabes hablan árabe (verbigracia) y profesan el islam suní, aunque hay árabes no-musulmanes (como por ejemplo los maronitas) y musulmanes no árabes viviendo en países de mayoría árabe, como los kurdos.

Desde la época de la conquista islámica existían importantes minorías cristianas en Egipto, el Levante y Mesopotamia. Estos cristianos mantuvieron su religión, que incluso en época bizantina había sido un símbolo y un motivo de orgullo regional,1 pero con el tiempo adoptaron el árabe. Con excepciones, la relación entre ellos y las comunidades suníes era buena. Durante la época otomana, los árabes estaban fragmentados en una serie de comunidades religiosas que, aunque compartían un idioma común, tenían instituciones, líderes y costumbres muy distintas. Hasta mediados del siglo XIX, estuvieron organizadas siguiendo el sistema de los millets, en el que las distintas comunidades tenían un gran grado de autogobierno (incluyendo sus propios tribunales) siempre y cuando se mantuvieran leales al sultán. El decreto de ciudadanía universal de 1856 que establecía la igualdad entre todos los súbditos otomanos es el principio del fin de este sistema. No obstante, esta no creó un sentimiento extendido de “otomanismo”, ya que los europeos trataron de debilitar al imperio otomano aprovechándose de sus minorías religiosas.

18638803955_e8cab9e2f7_hMapa Otomano de 1804. Fuente: Afternoon map

Las tensiones entre comunidades eran anteriores a la penetración occidental, aunque normalmente fueron agravadas por la injerencia europea. En 1860, por ejemplo, hubo una dura guerra civil entre drusos y maronitas en el Líbano que finalizó con una intervención militar francesa. Los motivos no eran religiosos sino más bien socio-económicos, pero la prensa europea lo trató como un tema confesional.

Hacia 1914 la mayoría de los árabes levantinos permanecían leales al imperio Otomano. Aunque había cierta sensación de superioridad cultural sobre los turcos y algunos pensadores reclamaban una mayor autonomía dentro del Estado otomano, solo unos pocos cristianos que se veían discriminados en un imperio confesional pedían la independencia política para los árabes, aunque esto solo eran gritos ahogados sin un plan de fondo o una base social en la que se apoyasen. Es decir, que antes de la primera guerra mundial la arabidad era solo una de las muchas capas que formaban parte de la identidad de los árabes. Esta identidad árabe no entraba en contradicción con la lealtad al imperio otomano, algo que a lo largo de la guerra cambiaría. Los asirios, por ejemplo, sufrieron una dura represión y un intento de limpieza étnica que dejó medio millón de muertos por su colaboración con las potencias europeas.

1280px-french_expeditionary_corps_landing_in_beyrouth_16_august_1860Cuadro de la tradición orientalista representando la entrada triunfal de los franceses en Beirut en agosto de 1860. Fuente: Wikimedia

Tras el colapso otomano y la conquista del levante árabe por Francia y Gran Bretaña durante la primera guerra Mundial, las minorías cristianas fueron empleadas como agentes y funcionarios de las nuevas administraciones. Muchos de ellos fueron leales a los occidentales, pero otros fueron activos en la resistencia anti-colonial y más tarde en las acciones anti-sionistas organizadas por los nacionalistas laicos.

Las diferencias entre musulmanes suníes y chiíes no parecen haber tenido importancia en el seno del movimiento nacionalista, pues a principios del siglo XX los chiíes no eran muy prominentes políticamente. Durante la época de los mandatos (1919-1948) la mayoría de chiíes eran campesinos empobrecidos en áreas aisladas y subdesarrolladas, como el valle de la Bekaa en Líbano, aunque ciudades como Bagdad presenciaron un cierto florecimiento del chiísmo gracias al éxodo rural. Con la excepción de Yemen, no había ni un solo gobierno árabe liderado por los chiíes. Más allá de cierta agitación en Iraq, no había ni rastro de las tensiones sectarias que supuestamente hoy recorren la región. No obstante, antes de adelantar acontecimientos e irnos a los años 30, veamos brevemente el surgimiento del nacionalismo cultural.


1 Por ejemplo, los coptos son los sucesores de los cristianos monofisitas que habitaban Egipto y que siempre habían luchado contra el centralismo de Constantinopla. Colaboraron con los conquistadores árabes, que necesitaban una clase administrativa para recaudar impuestos, pues ellos eran principalmente guerreros. A cambio, mantuvieron sus costumbres y su idioma, aunque poco a poco se fueron arabizando.

An-Nahda: El renacimiento cultural árabe

Durante el siglo XIX surgió en algunas ciudades árabes un difuso nacionalismo cultural, muy relacionado con el modernismo laico que comenzaba a surgir en Oriente Medio. El movimiento fue bautizado a posteriori como Al-Nahda [pronunciado an-nahda] ( النهضة), el renacimiento o despertar árabe. Sus epicentros fueron El Cairo y Alejandría y, en menor medida, Damasco y Beirut.

Egipto era el lugar perfecto para el resurgir de la autoestima árabe: como cuento brevemente en Movimientos de Reforma II, Mehmet (o Mohamed) Alí consiguió expulsar a los mamelucos en 1811 y convirtió a Egipto en una provincia prácticamente independiente de los otomanos, mientras que el resto de los árabes del Mashreq seguían bajo la tutela turca. Mehmet Alí decidió enviar varios agentes a Europa para investigar la organización y estilo de vida occidentales, una tendencia que también se dió en lugares como Irán.

bulaq09Rifa’a al-Tahtawi, 1801-1873. Fuente: Biblioteca de Alejandría

Uno de estos agentes fue Rifa’a Tahtawia (o Rifa’a al Tahtawi), al que se considera como padre de la Nahda. Rifa’a llegó a París en 1826, una década después de las primeras misiones egipcias. Su tarea inicial era servir de imán para algunos egipcios que entrenaban en la academia militar de París, aunque pronto comenzó a traducir al árabe numerosas obras científicas y políticas del periodo de la Ilustración. De vuelta a Egipto, fue el director de la gaceta oficial Al-Waqa’i al-Misiriya (Asuntos Egipcios, una especie de BOE de la época). También estableció una escuela de traductores y comenzó la difusión de algunas de las ideas que había elaborado en París, entroncando así la tradición egipcia con las ideas liberales europeas. Este artículo (en inglés) es muy interesante y refuta algunos de los mitos sobre Tahtawia (se suele decir que volvió fascinado de Francia y totalmente occidentalizado; en realidad su visión era bastante más crítica).

Otra figura que suele aparecer citada como uno de los fundadores de la corriente arabista es Mohamed Abduh (1849-1905), al que ya mencioné brevemente en el artículo sobre el modernismo islámico. Su obra, muy marcada por el racionalismo, tiene un carácter más religioso que centrado en lo árabe o egipcio, así que no me voy a detener mucho en él.

Mucho más relevante para el tema que hoy tratamos es el levantino Butrus al-Bustani (1819-1883), al que se suele considerar como el primer nacionalista árabe. De origen cristiano maronita, se convirtió al protestantismo y en la década de 1840 comenzó a colaborar con misioneros británicos y estadounidenses que operaban en Líbano. Sin embargo, poco a poco se empezó a desencantar con ellos y a adoptar posturas favorables a los otomanos, especialmente tras el decrreto de ciudadanía universal de 1856. Al-Bustani se convirtió en un duro crítico de la educación misionera, que se realizaba en idiomas extranjeros (inglés o francés) y en la que los niños solo aprendían historia y filosofía europeas, sin espacio para el legado árabe u otomano, causando división y pérdida de indentidad.

Al-Bustani comenzó así un ambicioso programa en el que trataría de reivindicar el árabe como lengua para la educación y la literatura, escribiendo artículos, dando charlas, recopilando un diccionario. Él árabe era para él una forma de dar cierta unidad a una Siria fragmentada en multitud de comunidades religiosas. “Siria no debe convertirse en una Babel de lenguas, pues ya lo es de religiones y sectas”, escribía en 1861. La actividad de al-Bustani era frenética: estableció una escuela, una sociedad científica, varios periódicos y publicó siete volúmenes de una enciclopedia universal en árabe.

butrus_bustaniButrus al-Bustani. Wikimedia

El proyecto final de al-Bustani era favorecer la integración de las comunidades religiosas sirias en una sola identidad, con la lengua árabe como base. Sin embargo, ni al-Bustani ni sus seguidores llegaron a plantear la cuestión de independizarse del imperio otomano. De hecho, su relación con las autoridades era bastante buena. Los proyectos de al-Bustani recibieron financiación del gobierno durante la década de 1860, y él no dejó de expresar su creencia de que la presencia otomana en Siria era deseable a la injerencia extranjera. No muchos intelectuales cristianos compartían esta opinión. Las críticas de al-Bustani al gobierno autoritario le valieron ciertos periodos de censura en la década de 1870, pero aun así su posición sobre la necesidad de permanecer en el imperio no se vio alterada. [Si os interesa saber más sobre la vida y obra de al-Bustani, os recomiendo este artículo. Si necesitáis el PDF, pedídmelo]

Por supuesto, hay muchísimas más figuras relevantes en el periodo, pero a veces hay que elegir tan solo unos pocos ejemplos. En general, el movimiento del Renacimiento Árabe fue exclusivamente cultural en sus inicios y restringido a las clases altas y medias de las ciudades del Levante. Sin embargo, fue el principio de una toma de conciencia que continuaría en las siguientes décadas. El auge del nacionalismo turco en la primera década del siglo XX haria que muchos arabistas pidieran una mayor autonomía para los países árabes, aunque muy pocos osaron reivindicar una independencia formal. La primera guerra Mundial lo cambiaría todo, pero eso lo veremos el próximo día. Hasta entonces.


Como siempre, si queréis más información o bibliografía, no dudéis en contactarme por email o a través de las redes sociales. Muchísimas gracias a todos los que me habéis escrito hasta ahora: me hacéis sentirme útil y me dais energía para continuar con este proyecto.

Arabia Saudí VII: el despotismo ilustrado de Faisal (1964-1975)

Historia de Arabia Saudí
1Geografía y primer emirato saudí (1744-1818)
2 – El siglo XIX (1818-1919)
3 – Conquista y dominio (1919-1926)
4 – El reino antes del petróleo (1926-1938)
5 – Petróleo con sabor americano (1938-1953)
6 – El breve reinado de Saud (1953-1964)
7 – El despotismo ilustrado de Faisal (1964-1975)

Introducción

En la anterior entrega contaba como el rey Saud había sido obligado a abdicar, siendo sustituido por su hermano Faisal, también hijo del patriarca y fundador del reino, Ibn Saud. Si el reinado de Saud se caracterizó por el caos económico y el malestar en el seno de la familia saudí, el de Faisal lo haría por los motivo contrarios.

Faisal invirtió las ganancias del petróleo en la consolidación del Estado, cuya estructura expandió enormemente, en la creación de infraestructuras y en el desarrollo de servicios públicos básicos, especialmente educación. Paralelamente, maniobró para que el monarca tuviera un control mucho más firme sobre las riendas del Estado que durante el periodo en el que Saud estuvo al mando. Por estos motivos me gusta denominar a Faisal como un déspota ilustrado: todo para el pueblo, pero por supuesto sin el pueblo.

Faisal pone orden en casa

Los primeros pasos del reinado de Faisal consistieron en evitar el tipo de errores que había cometido Saud. Es decir, mantener el orden interno en la extensísima familia saudí para evitar envidias y conspiraciones palaciegas. El principio fundamental que siguió Faisal fue el de repartir el poder entre sus hermanos y medio hermanos, que serían la generación que hasta 2017 estaría en control de los asuntos del reino. En lugar de tratar de colocar a sus hijos en posiciones de poder como había hecho Saud, Faisal designó a algunos de sus hermanos de mayor edad (Nayef o Sultan, por ejemplo) para los puestos estratégicos, como el ministerio de Interior o el de Industria, a la vez que mantuvo a los príncipes veteranos que ya disfrutaban de posiciones de responsabilidad (Fahd) . Jálid, 7 años menor que Faisal, fue designado príncipe heredero y de hecho se convertiría en rey tras la muerte de Faisal.

Paralelamente, la figura del defenestrado rey Saud se fue eliminando poco a poco de la memoria pública. Su retrato se quitó de edificios públicos a la vez que las instituciones que llevaban su nombre (como la actual Universidad de Riad) eran rebautizadas. No me quiero extender con el culebrón interno de la familia saudí, pero quiero que una idea quede clara: Faisal sentó las bases del sistema de sucesión saudí que se ha respetado hasta la nominación de Mohammed bin Salman este año. El trono y los puestos de poder no se transmitirían de padres a hijos, sino entre los hijos mayores de Ibn Saud.

saudi treeÁrbol genealógico resumido de los Saud. El aún rey Salman (que llegó al trono en 2015) es uno de los hermanos menores de Faisal. Nació en 1935, y desde 1963 hasta 2011 fue gobernador de Riad. Houseofsaud.com

Una vez tranquilizados los hermanos de Faisal y marginados los hijos y nietos de Saud que aún conservaban algún poder, Faisal y su equipo se encargaron de que el díscolo Talal y sus príncipes libres continuaran en el exilio y no supusieran ninguna amenaza. Su propuesta de convertir Arabia Saudí en una monarquía constitucional no tenía partidarios entre los miembros más destacados de la dinastía, y los príncipes libres no contaban con una base social nativa que compartiera sus reivindicaciones, de modo que su movimiento se fue desinflando. Faisal, de hecho, concentró aún más poderes en la figura del monarca, eliminando cargos y duplicidades que podían amenazar su dominio del Estado saudí.

Desarrollo y modernización

Uno de los primeros objetivos de Faisal, sus hermanos mayores y sus asesores fue arreglar las maltrechas finanzas saudíes. Para ello, eliminaron gastos fastuosos innecesarios y elaboraron el primero de una serie de planes quinquenales. Los Saud eran anti-comunistas, eso seguro, pero eso no significa que no creyeran en la economía planificada. Los planes dieron sus frutos: el PIB de Arabia Saudí se multiplicó por 15 entre 1964 y 1975. Factores como el aumento de los precios del petróleo a raíz de la crisis de 1973 ayudan a explicar este desarrollo espectacular (en 1975 el petróleo suponía tres cuartos de los ingresos estatales), pero no hay que negar la gestión por parte de Faisal y los suyos.

Los planes de desarrollo seguían el modelo de modernización en boga en los años 60 y 70. El Estado saudí financió la construcción de infraestructuras (carreteras y otras conexiones de transporte, alumbrado, agua corriente), a la vez que desarrollaba un sistema de educación pública gratuita. El gran problema de Arabia Saudí en los años 50 y 60 es que había tenido que importar mano de obra cualificada de otros países árabes para la industria petrolera y la creciente burocracia. Esto planteaba problemas sociales ademas de económicos, pues los inmigrantes traían consigo nuevas costumbres e ideas peligrosas y revolucionarias.

3840264669Proximidades de la Meca, década de 1970. Fuente: Aramcoexpats

El gobierno de Faisal estableció numerosas escuelas públicas y varias universidades técnicas y religiosas, e incluso promovió la educación femenina. Esto último preocupó seriamente al clero, al que se tranquilizó otorgándole el control sobre las escuelas para chicas. En general, Faisal consiguió reducir paulatinamente la dependencia de la mano de obra extranjera, proporcionando empleos cualificados a muchos de sus súbditos, que además no pagaban impuestos.

Arabia Saudí, al fin y al cabo, es uno de los ejemplos clásicos de Estado rentista, y el modelo se consolidó durante el reinado de Faisal. El desarrollo económico, especialmente, posibilitó la expansión del Estado y la creación de una burocracia sólida, superandose así los modelos rudimentarios e informales implantados por Ibn Saud. Cada vez más súbditos estaban a sueldo del Estado como funcionarios o soldados a la vez que más servicios públicos estaban al alcance de los saudíes.

Los monarcas saudíes siempre habían sido vistos como proveedores y redistribuidores de riqueza. En la cuarta entrega explicaba cómo antes del descubrimiento del petróleo Ibn Saud mostraba su poder organizando banquetes para sus súbditos y concediéndoles regalos. Durante el reinado de Faisal, esta generosidad real se traducía en sanidad y educación públicas y de calidad, vivienda pública, parques y jardines, becas para estudiar en Estados Unidos y un sinfín de “obsequios”. La sociedad de consumo se implantó poco a poco entre los saudíes, no sin reservas de los círculos más conservadores.

Si los súbditos de a pie disfrutaban de nuevos servicios, las ramas colaterales de los Saud y las élites tribales de la periferia del Estado no se quedaron atrás. Cada príncipe saudí se rodeó de un círculo particular de cortesanos pelotas (líderes tribales en decadencia, primos sin poder y sin sueldo estatal) a los que llevaban de viaje por Europa y daban donativos regulares. Los miembros menores de la familia Saud, que no necesitaban la limosna de algún príncipe más importante pero que no esperaban ocupar ningún cargo político, se dedicaron al mundo de los negocios aprovechando sus lazos familiares para obtener suculentos contratos públicos y acuerdos comerciales ventajosos.

desalination-plantSello conmemorativo de la inauguración de la primera desaladora en 1971 (1391 de la era islámica). Me encantan los sellos como fuente histórica, pues muestran la “ideología oficial” que el Estado trata de transmitir.

Arabia Saudí, en fin, entraba en el mundo desarrollado y consumista. Esto, sin embargo, generó grandes tensiones. Hace tiempo que no hablamos de ellos, pero no viene mal recordar que el reino saudí era el fruto de un acuerdo entre la familia Saud y el estamento clerical wahabí. Y los wahabíes, recordemos, no eran muy amigos de las innovaciones.

Religión y Estado durante el reinado de Faisal

En 1965, una multitud enfurecía chocaba con las fuerzas de seguridad saudíes en Riad. El líder de la protesta, un sobrino lejano del rey llamado Jalid bin Musaid, era abatido por la policía. El motivo de los disturbios, por llamativo que parezca, era la inauguración de la primera cadena de televisión en Arabia Saudí.

Buena parte de los saudíes no veían con buenos ojos las nuevas tecnologías. En su libro, Ángeles Espinosa cuenta como una simple bicicleta era calificada como “el caballo del diablo” a mediados de siglo XX. La doctrina wahabí era una de las causas de esta reticencia al progreso tecnológico .Para continuar con sus planes de desarrollo, Faisal necesitaba tranquilizar a los hombres de religión e incorporarles a la estructura del Estado saudí, a la vez que debía marginar y silenciar a los clérigos intransigentes que no estaban dispuestos a cooperar.

¿Os acordáis de los mutawain? Hablé de ellos en la tercera entrega. Los mutawain eran clérigos no profesionales que se encargaban de difundir la doctrina wahabí y pegar con un palo a los que no la respetasen, y fueron un factor fundamental en la consolidación del reino de Ibn Saud. Desde entonces, habían disfrutado de privilegios y ejercían como policía religiosa. Faisal dió un paso más en el desarrollo de los lazos entre el Estado y el estamento religioso. Escogió a los más “educados” de entre ellos y los puso al frente de las recién creadas universidades religiosas, a expensas de los ulema más consolidados de regiones como Hiyaz. Los ulema hiyazíes pertenecen por lo general a la escuela malikí, mientras que los Saud siguen la doctrina wahabí, que a su vez pertenece a la escuela hanbalí. Si todo esto os suena a chino, quedaos con que los Saud fomentaron su propia visión del islam suní por encima de la que es tradicional en otras regiones del país.

faisal rezandoEl rey Faisal rezando. Getty Images.

La doctrina wahabí, que hasta entonces había sido transmitida informalmente en las madrasas cercanas a la mezquita, se desplazó a las recien establecidas universidades religiosas, donde adquirió una estructura formal y estandarizada. Muchos mutawain se convirtieron así en ulema propiamente dichos.  Mientras tanto, el número de mutawain encargados de velar por la moral pública aumentaba. Como he mencionado arriba, el clero wahabí se hacía además con el control de la recién establecida educación femenina, lo que aumentaba aún más su influencia en la sociedad saudí. Los clérigos que rechazaban realizar concesiones al desarrollismo de Faisal eran excluidos del funcionariado y de las escuelas y universidades religiosas.

Estado y wahabismo, una vez más, se fundían en una provechosa alianza. Salvo en asuntos puntuales, el clero saudí apoyó y sancionó religiosamentecasi todas las decisiones del monarca.

La diplomacia de Faisal: Arabia Saudí se convierte en potencia regional

En el plano diplomático, el reinado de Faisal puede considerase un éxito. La política errática de Saud fue sustituida por una estrategia planificada a la vez que oportunista que consiguió convertir a Arabia Saudí en la principal potencia árabe.

Las principales amenazas exteriores para los Saud eran las nuevas ideologías del baazismo y el nacionalismo árabe. Para contrarrestarlas y obtener apoyo frente a las repúblicas árabes, Faisal adoptó una retórica panislamista que hizo las delicias del clero saudí a la vez que proyectaba a Arabia Saudí más allá del mundo árabe, estrechando sus relaciones con países como Pakistán o Irán. La Liga Mundial Islámica (1962) y la Organización para la Cooperación Islámica (1969) surgieron gracias a la iniciativa de Faisal, que las dio sede y financiación. Los saudíes también comenzaron a financiar la construcción de mezquitas y madrasas a lo largo del globo, y gracias a su generosidad, consiguieron que su rol de “Guardianes de los Santos Lugares” adquiriese un carácter político.

Faisal subió al trono durante la intervención saudí en Yemen, en lo que era una suerte de guerra fría entre Egipto y Arabia Saudí. Comenté el asunto al final de la entrega anterior. En 1965, Nasser y Faisal llegaron a un acuerdo por el cual Egipto retiraría sus tropas al final del año siguiente y Arabia Saudí dejaría de apoyar a los realistas. Nasser tenía objetivos más ambiciosos en Palestina y le venía bien liberar algunas de sus tropas.

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Faisal, Gadafi, Iryani (presidente de Yemen) y Nasser. BBC

La guerra de los Seis Días de 1967, un ataque preventivo del ejército israelí contra sus vecinos, fue un tremendo desastre para los nacionalistas árabes liderados por Nasser. En menos de una semana, Egipto perdió el control de Gaza y el Sinaí, Siria los altos del Golán, y Jordania se quedó sin Jerusalén y Cisjordania. Libia, Kuwait y Arabia Saudí (productores de petróleo) anunciaron que ayudarían económicamente a los países de la “línea de frente”. Con Nasser neutralizado por su incapacidad para defender su país, Faisal tenía vía libre para seguir con su proyecto de convertir a Arabia Saudí en potencia regional a golpe de talonario. Cuando Nasser fue sustituido por Sadat en 1972, Egipto, necesitado de ayuda financiera, pasó a entrar en la esfera de influencia saudí.

Gracias al apoyo económico saudí los egipcios restauraron su maltrecho ejército y en 1973 sorprendieron a los israelíes en la guerra de Yom Kipur. Sadat tenía el apoyo logístico y moral de Faisal, que había suscrito los tres principios acordados por los mandatarios árabes en 1967: no al reconocimiento del estado de Israel, ni a las negociaciones con ellos, ni a la paz. Sin embargo, su apoyo a los palestinos y la OLP no estaba justificado desde un punto de vista nacionalista árabe, sino religioso, dada la importancia de Jerusalén como lugar sagrado islámico. Los saudíes consiguieron que otros estados musulmanes apoyasen la campaña contra Israel, y además financiaron a la OLP y a sus campos de entrenamiento en varios países árabes.

Arabia Saudí y otros países árabes productores de petróleo acordaron subir los precios del crudo en 1973 como consecuencia del apoyo a Israel por parte de los EEUU y Europa. Esto causó una crisis económica mundial sin precedentes, a la vez que aumentaba enormemente los ingresos de los saudíes. Faisal se convertía en el líder simbólico de la nación árabe, un monarca capaz de desafiar a los americanos. No obstante, la historiadora Madawi al-Rasheed afirma que Arabia Saudí no quería recurrir al embargo y solo se unió a él cuando no podía rechazarlo por miedo a perder su recién obtenido liderazgo en el mundo árabe.

1101731119_400Faisal en la portada de Time, Noviembre de 1973.

Faisal estaba entre la espada y la pared. Por un lado, debía hacer honor a su condición de nuevo líder de los árabes y mantener el pulso a los americanos y los israelíes, tal y como demandaban los líderes nacionalistas árabes de sus países vecinos (Siria, Iraq, Yemen). Por otro, necesitaba no alienar demasiado a los americanos, de quienes dependía para la explotación y exportación de petróleo y para su protección militar frente a los regímenes panarabistas. Al final, Faisal logró sus objetivos forzando a la OPEC a mantener una política de precios moderados y aumentando la producción de crudo a los pocos meses de ser iniciado el embargo, lo que fue premiado cpn una serie de acuerdos para la formación del ejército saudí y la adquisición de armamento pesado americano.

En julio de 1968 los baazistas iraquíes se hacían con el control del gobierno de su país con un golpe de Estado. Bagdad sustituía a El Cairo como capital simbólica del nacionalismo árabe, y allí se daban cita los escasos disidentes y opositores izquierdistas saudíes, así como algunos círculos chiíes. Esta oposición era muy reducida y apenas tenía influencia, aunque se mantuvo activa durante un tiempo y consiguió publicar revistas y panfletos en los que se criticaba a la monarquía.

El asesinato del rey Faisal

Todo parecía atado y bien atado en Arabia Saudí. La familia real estaba en orden, la población parecía contenta con la bonanza económica, la ausencia de impuestos y los servicios públicos de calidad. Egipto, el gran rival ideológico y militar de los saudíes había fracasado en su guerra contra Israel y se había convertido en un satélite de los saudíes. Faisal gozaba de prestigio internacional y el reino saudí se consolidaba como referente en el mundo islámico. Y, sin embargo, Faisal murió asesinado.

El regicida, sin embargo, no era un opositor izquierdista o un espía internacional. Como suele suceder en Arabia Saudí, se trataba de un asunto doméstico de la familia Saud. He mencionado antes la manifestación contra la televisión pública en 1965 en la su líder, un joven príncipe llamado Jálid ibn Musaid, había muerto a manos de la policía. Diez años después, el hermano de este Jálid, que también se llamaba Faisal, decidió asesinar al monarca durante una de las tradicionales reuniones en las que el rey recibía a dignatarios extranjeros y miembros de su familia.

the-one-and-only-during-the-1973-arab-israeli-war-when-9579212Meme conspiranoico en el que se afirma que Faisal fue ejecutado por la CIA a causa de la crisis del petróleo.

¿Los motivos? Hay quien dice que fue una venganza por la muerte de su hermano; otros afirman que la venganza era por la deposición del rey Saud, ya que el joven Faisal se iba a casar con la hija del antiguo rey; otras versiones dicen que fue un asunto de drogas o incluso un complot de la CIA. Lo único cierto es que el rey Faisal estaba muerto y el 25 de marzo de 1975 su hermano Jálid ibn Abdulaziz se convertía en el nuevo sultán de Arabia Saudí.

Jálid reinaría hasta 1982, y su mandato coincidiría con la revolución iraní. Hablaremos de ello en la siguiente entrega.

 

 

 

 

 

Afganistán III: Rumbo a la revolución (1933-1978)

Continuamos con la historia de Afganistán. Este artículo, al igual que los dos anteriores, es una traducción libre y ampliada de la historia de Afganistán de Gerald Farrell, hecha con el permiso del autor. En esta entrega he traducido con mucha más libertad, alterando párrafos y añadiendo u omitiendo detalles para que el texto sea más agradable para los lectores castellanohablantes. Los encabezados y la división de los párrafos también son cosa mía.

El reinado de Mohammed Zahir Shah (1933-1973)

Mohammed Zahir Shah, el hijo de Nadir Shah, reinaría en Afganistán durante cuarenta años, un periodo de paz casi sin precedentes y cierto desarrollo económico gracias en parte a las ayudas económicas que el país recibía. El rey y su primer ministro entre 1953 y 1963, Mohammed Daud Jan, se dejaron agasajar por las potencias imperiales de la época, EEUU y la URSS, a quienes conseguían extraer fondos para infraestructuras como presas y escuelas a cambio de un apoyo que no se llegaba a materializar.

Daud, que era familia directa del rey y además estaba casado con su hermana, causó problemas con Pakistán y con los grupos no pastunes de Afganistán al insistir demasiado en el tema del Pastunistán y tratar de reforzar la posición de los pastunes a expensas de otros grupos étnicos. Daud fue retirado del gobierno en 1963, y en la década siguiente mantuvo un perfil bajo mientras preparaba su venganza. El rey, mientras tanto, se dispuso a introducir una serie de reformas, como elecciones o declaraciones de derechos de la mujer.

zahir-shah1El rey Mohammed Zahir Shah  y su primer ministro Mohammed Daud

Aunque eran un paso bienintencionado, estas medidas escondían la falta de progreso material real en el Afganistán donde vivía la mayor parte de la población. Una vez más, vemos una élite urbana prosperando y dictando el camino a seguir a las masas rurales “atrasadas”, y una vez más vemos a las masas rurales sintiendo cierto rencor ante las buenas intenciones de las progresistas élites que les exigían cambios sin ofrecer a cambio unas mejoras en su calidad de vida. Aún así, estos años son considerados una época dorada, lo cual no es sorprendente considerando lo que vino después.

Daud, que había estado cultivando relaciones con los marxistas del país y la Unión Soviética, tramó un golpe para volver al poder. En 1973, cuando el rey estaba de vacaciones en el extranjero, se hizo con el control del país con la ayuda del ejército, que poco a poco había quedado bajo la influencia de los consejeros soviéticos y los intelectuales marxistas. En lugar de proclamarse a sí mismo rey, como venía siendo la costumbre, Daud abolió la monarquía y se nombró a si mismo presidente de la nueva república afgana.

La república afgana (1973-1978)

El golpe de Daud dió ánimos los elementos más progresistas de la sociedad afgana. La izquierda urbana pensó que era el momento de aplicar su programa de transformación social, algo difícil teniendo en cuenta lo lejos que Afganistán estaba de reunir las condiciones “objetivas” que los marxistas han considerado tradicionalmente como aptas para la transición al socialismo. Los años siguientes estuvieron marcados por la inestabilidad y la lucha por el poder entre las distintas facciones izquierdistas de Kabul y otras áreas urbanas. Muchos hombres y mujeres jóvenes que habían sido formados en la Unión Soviética regresaban a casa, impacientes por poner en práctica sus ideales revolucionarios y crear una sociedad mejor. Al mismo tiempo, el aumento del desempleo y de la corrupción hacía que estos jóvenes tuvieran cada vez menos oportunidades.

El principal partido político de finales de los 60 y principios de los 70 fue el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA). Haciendo honor a las tradiciones de la izquierda, este partido estaba acabó escindiéndose en dos facciones encontradas, los Parchamis (de parcham, bandera) y los Jalquis (de jalq, masas). Los Parchamis, liderados por Babrak Karmal, ayudaron a Daud a hacerse con el poder en el golpe del 73. Su visión era que, dado que Afganistán no reunía las condiciones materiales para aplicar el comunismo al estilo soviético, era precisa una estrategia gradualista y pragmática en la que poco a poco sus ideas fueran obteniendo apoyo popular, y de ahí su alianza táctica con Daud, un aristócrata burgués que no tenía mucho de comunista. Los Jalquis, por su parte, preferían una estrategia leninista de toma del poder a manos de una pequeña vanguardia organizada. Sus líderes eran Nur Muhammad Taraki y Hafizullah Amin, los cuales criticaron duramente el apoyo de los Parchamis a Daud.

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De izquierda a derecha: Taraki, Amín y Karmal

Aún así, la luna de miel entre el gobierno y sus aliados socialistas no duró mucho. Preocupado por la posible influencia soviética, y empeñado en seguir presionando a Pakistán en relación al Pastunistán (hablamos brevemente de ello en la anterior entrega), Daud comenzó un acercamiento hacia los Estados Unidos y su socio (y vecino), Irán. El rpesidente esperaba así paliar el descenso de la ayuda al desarrollo soviética, de la que su país seguía dependiendo. Hacia 1975, la mayoría de los Parchamis habían sido expulsados del gobierno, y los asesores soviéticos habían sido devueltos a su país. La semilla de una toma de poder por parte del PDPA, con apoyo soviético, estaba sembrada. Lo único que hacía falta es que los socialiustas dejasen de luchar entre sí.

La revolución de Saur (1978)

El PDPA se las apañó para reunificarse y no disolverse el tiempo suficiente como para echar a Daud del poder con la ayuda del ejército. Se puede decir que la suerte les acompañó. La revolución de Saur (el mes del calendario persa en el que tuvo lugar) fue precipitada por el asesinato extrajudicial de un notable miembro del PDPA. Su funeral fue la escena improvisada de una impresionante manifestación, a la que Daud respondió encarcelando a Taraki y Karmal, pero no a Amín. Este fue el primero de una serie de fallos por parte de las fuerzas de seguridad leales al presidente sin los cuales la revolución no hubiera sido posible.

Amín consiguió ocultar bajo el colchón de su hijo los planes para el golpe de estado que el PDPA había planeado para meses más adelante. A pesar de encontrarse bajo arresto domiciliario, la policía permitió a uno de los cómplices de Amín visitarle, pensando que se trataba de su hermano, de forma que el líder del los Jalquis fue capaz de suministrar instrucciones a sus aliados en el ejército. Por si fuera poco, el gobierno organizó un baile para sus soldados con el objetivo de celebrar el arresto de los líderes comunistas. El día siguiente, el 28 de abril de 1978, el régimen de Daud se derrumbó. El apoyo al PDPA en buena parte del ejército, así como la incompetencia del gobierno, elevó a los comunistas al poder y convirtió a Taraki en el nuevo líder del país. Daud fue asesinado al amenazar con su revólver a los soldados que se disponían a arrestarle. A pesar de lo que se creía en Occidente, a los soviéticos este evento les pilló por sorpresa, aunque se mostraron cautamente satisfechos por el nuevo aliado que los acontecimientos les brindaban.

Una vez más, sin embargo, es crucial recordar que esta “revolución” tenía escasa relación con la vida cotidiana de la gran mayoría de los afganos, cuya existencia rural apenas era afectada por los grandiosos planes de los intelectuales urbanos. La política en el siglo XX había estado marcada por planes intermitentes e inconclusos y constituciones idealistas. Se pueden escribir todas las constituciones que se quiera, pero estas no dejan de ser una pila de papel si no se crean unas instituciones que las pongan en práctica, lo que no siempre sucedió en Afganistán.

En el siguiente video se pueden ver una serie de imágenes acompañadas de una música agradable que da una idea de la atmósfera que se respiraba en Kabul tras la revolución. La mayoría de la gente común parece perpleja, probablemente preguntándose qué pasará después y esperando que los políticos se limiten a matarse entre sí y dejarles en paz. Desafortunadamente, este no sería el caso en los años venideros.

Los comunistas no contaban con un apoyo popular extendido, más allá del ejército y un pequeño grupo de intelectuales urbanos y trabajadores industriales concienciados. La “revolución” no había sido tal, sino más bien un golpe de estado organizado gracias a la infiltración en el ejército. Una vez alcanzó el poder, el PDPA trató de que sus visión de futuro fueran algo más que una serie de planes idealistas en un trozo de papel. Comenzaron enviando a algunos de sus miembros al campo para poner en marcha su programa, que consistía en educación universal para todos (incluyendo por supuesto a las mujeres), la prohibición del matrimonio infantil, una campaña contra el velo femenino, reforma agraria, cancelación de las deudas en las que se encontraban sumidos muchos campesinos y que los convertían virtualmente en esclavos, y el estatus de igualdad para todas las minorías étnicas.

pdpaEmblema del PDPA

Todo esto suena muy bien, pero para llevarlo a cabo hace falta un grado de control y una influencia sobre las zonas rurales que los políticos de la capital no poseían. Y con estas medidas se estaban ganando la enemistad de las clases sociales tradicionales que habían ejércido el poder, los terratenientes rurales y el clero tradicional, que veían sus intereses amenazados. El antagonismo entre la clase política urbana y la élite rural tradicional, persistente durante todo el siglo XX, acabaría produciendo tristes resultados, de los que hablaremos en la próxima entrega.

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Antes de terminar, me gustaría hacer una pequeña reflexión como historiador que trasciende las fronteras de Oriente Medio. A menudo, un cambio político en los centros de poder (las ciudades) encumbra a una nueva élite progresista con grandes ideales, casi siempre impaciente por llevarlos a cabo. La mayoría de las veces, especialmente si los cambios se intentan imponer de forma rápida y radical, esto acaba generando una violenta reacción en contra por parte de las clases rurales dominantes. A pesar de sus planes altruistas, buena parte del pueblo llano no se fía de sus “liberadores” urbanitas y da su apoyo a los líderes tradicionales, a pesar de que estos les oprimen.

Más que una muestra de lo reaccionarios que son los campesinos, esto es un ejemplo de que las ciudades y el campo se mueven a ritmos distintos. El refranero español lo explica claramente: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. En nuestro país, el rechazo que la reforma agraria y las políticas laicizantes de la II República suscitaron entre los labradores y campesinos del norte de España podría ser entendido en este contexto. En Irán, la toma de poder por parte de los clérigos a pesar de que la revolución había sido iniciada por las clases medias urbanas se explica en parte por el mismo principio.

Arabia Saudí VI: el breve reinado de Saud (1953-1964)

Historia de Arabia Saudí
1 –
Geografía y primer emirato saudí (1744-1818)
2 – El siglo XIX (1818-1919)
3 – Conquista y dominio (1919-1926)
4 – El reino antes del petróleo (1926-1938)
5 – Petróleo con sabor americano (1938-1953)
6 – El breve reinado de Saud (1953-1964)
7 – El despotismo ilustrado de Faisal (1964-1975)

 

Introducción

Noviembre de 1953. Abdelaziz Ibn Saud, conquistador y pacificador de los territorios que hoy día forman Arabia Saudí, acaba de morir. El reino es más próspero que nunca gracias a las riquezas del petróleo, aunque también más vulnerable. Las rivalidades familiares y la incertidumbre del momento histórico, en el que se sucedían los golpes que derrocaban a las monarquías vecinas, hicieron que los primeros años tras la muerte de Ibn Saud fueran turbulentos.

La primera década tras la muerte del gran patriarca sería un periodo de lucha interna entre los dos hijos mayores de Ibn saud, Faisal y Saud, pero también una etapa en la que el estado saudí tendría que hacer frente a las amenazas ideológicas que llegaban desde el exterior. El momento histórico, sin duda, era emocionante para los árabes. El partido Baaz era fundado en Siria y se expandía por otros países árabes, llegando a ser una fuerza significativa en algunos parlamentos. En Egipto, Nasser se hacía con el control y plantaba cara a las antiguas potencias coloniales con la nacionalización del canal de Suez. La Nakba palestina hacía emerger un sentimiento de solidaridad y de impotencia entre los árabes. Demasiados desafíos externos para un reino que se enfrentaba a su primera sucesión.

Saud el olvidado (1953-1964)

El heredero al trono, como contaba en la entrega anterior, era el príncipe Saud, que fue coronado a los pocos días de la muerte de su padre, mientras que Faisal era proclamado heredero al trono. Faisal estaba mucho más versado en las labores de gobierno que su hermano, y pronto el nuevo rey y su heredero comenzaron a mostrar sus diferencias. Saud sería depuesto por su propia familia en 1964, un acontecimiento insólito en la historia reciente del reino. ¿Cómo se llegó a esa situación?

El primer motivo fueron los problemas económicos. A pesar de que los ingresos por el petróleo no dejaban de aumentar, Saud disparó el flujo de gasto sin ningún tipo de control, y las deudas que había heredado de su padre se multiplicaron. Aunque el nuevo rey canceló los pocos proyectos de obras públicas que había comenzado, no disminuyó el gasto destinado a los demás príncipes de su familia, y los lujos de la enorme familia Saud consumieron las finanzas del estado.

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Fuga en un oleoducto en 1958. Aramcoexpats.

Si anteriormente la familia estaba sujeta a la magnanimidad del patriarca Ibn Saud, que concedía regalos y prebendas a su voluntad, Saud fijó un sueldo anual muy generoso para los improductivos miembros de la familia (32.000$ al año).

En 1958, la deuda saudí alcanzaba los 480 millones de dólares, y los bancos internacionales, así como ARAMCO, el consorcio petrolero que operaba en el país, se negaron a conceder más créditos. El valor del rial se devaluó a la mitad de su precio anterior.

El colapso económico, no obstante, no explica la caída de Saud. El principal motivo de su abdicación forzosa se debió a la lucha que mantuvo con su hermano Faisal por el poder. La historiografía saudí ha presentado el enfrentamiento como el choque entre dos formas de entender el gobierno: una, la de Saud, tribal , medieval y despótica; y la otra, la de Faisal, modernizadora, eficiente y cabal. Sin embargo, las cosas distan de ser tan idealistas. En la práctica, el enfrentamiento tuvo que ver con las ramas de la familia que controlaban los órganos de gobierno.

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Saud en 1952. Wikimedia

Como contaba en la entrega anterior, Abdelaziz Ibn Saud se retiró del gobierno durante sus últimos años, dividiendo las responsabilidades entre Saud y Faisal. Ibn Saud había creado una serie de instituciones de gobierno y ministerios para facilitar su gobierno. Aún así, estaba claro que el poder absoluto estaba en sus manos, pues al fin y al cabo él había sido el conquistador y arquitecto del reino. El problema estuvo, tras su muerte, en el papel que estas nuevas instituciones tendrían en el nuevo gobierno. La última instución que fue creada por Ibn Saud, un mes antes de su muerte, fue el Consejo de Ministros.

Este consejo fue pensado como rama ejecutiva del gobierno. Podía aprobar decretos, pero sus decisiones precisaban de la aprobación del rey. El primer ministro, director del consejo, ejercería como líder del ejecutivo. Y aquí es donde comenzaron los problemas. Faisal, que era ministro de asuntos exteriores, fue designado como primer Primer Ministro (valga la redundancia) del reinado de Saud. Saud, que desconfiaba de su hermano, decidió liquidar el puesto y ejercer él mismo como primer ministro de facto, pues para algo era el rey.

Además, Saud decidió situar a sus hijos y descendientes en los altos cargos de la burocracia en expansión: Los nuevos ministerios de Educación, Comunicación y Agua y Agricultura fueron establecidos durante el primer año de reinado de Saud. El rey decidió además situar a los suyos en los puestos estratégicos. En 1957, Saud nombró a su hijo Fahd ministro de Defensa, y colocó a sus vástagos Sa’ad, Musa’id y Jalid al frente de la Guardia Especial, la Guardia Real y la Guardia Nacional, respectivamente.

Aparte de sus hijos, Saud colocó a personas de su confianza, no ligadas a la familia real, o pertenecientes a ramas menores y colaterales de la descendencia de su padre, a la cabeza de la mayoría de ministerios. Esto enfadó muchísimo a sus hermanos de mayor edad, especialmente a Faisal, que veía como Saud repetía las tácticas con las que su padre se encargó de marginar a sus hermanos a principios de siglo. Uno de los medio-hermanos menores que Saud colocó en el gobierno, Talal, daría mucho que hablar años más tarde.

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Talal. Wikimedia

Los miembros de la familia Saud y sus clientes se acabaron dividiendo en tres bandos informales. En primer lugar, los partidarios del rey Saud, especialmente sus hijos y descendientes directos. En segundo lugar, Faisal, sus tíos, y algunos de sus hermanos, que posteriormente serían llamados los Siete Sudairis. Por último, Talal y sus príncipes libres. ¿Cómo? ¿Príncipes libres?

Así es. Mientras en otros países árabes, las monarquías caían y los regímenes se transformaban gracias a la sociedad civil y grupos de “oficiales libres” (como el de Nasser en Eigpto), en Arabia Saudí este papel lo intentaron desempeñar los hijos menores de Ibn Saud, que reclamaban “reformas” y un gobierno más plural.

Talal había sido parte del gobierno hasta 1961, cuando fue cesado por su ambición y sus roces con Saud y Faisal. Ese año se exilió en Beirut, y allí formó su grupo de oposición, al-umara’ al-ahrar, los príncipes libres, que fue seguido de cerca por la prensa egipcia y libanesa. Entre otras cosas, los príncipes reclamaban una monarquía constitucional y más derechos y libertades, todo ello revestido de retórica inspirada en el panarabismo y el nasserismo.

La sociedad saudí no era especialmente activa en cuestiones políticas, salvo unos pocos afortunados que habían podido estudiar en el extranjero. Los trabajadores de la industria petrolera, gracias a la influencia de los inmigrantes de otros países árabes, fueron capaces de organizar varias huelgas exitosas para reivindicar mejores condiciones laborales. Más allá de eso, la política era un asunto familiar y dinástico, y solamente los Saud y sus protegidos se interesaban por el tema.

El rey Saud, no obstante, desconfiaba del ejército y de sus hermanos y se temía un golpe de Estado. Hay varias anécdotas graciosas al respecto, que incluyen al rey escondiéndose tras haber entendido mal a sus sirvientes. El temido golpe acabó llegando de la forma más inesperada. En 1964, cuando Saud estaba en el extranjero recibiendo tratamiento médico, Faisal formó un nuevo gobierno que excluía a los hijos de Saud e incluía a Fahd, Sultan y otros de los mencionados “Siete Sudairis”. Prometieron una serie de reformas básicas, así como la abolición de la esclavitud y la redacción de unas leyes básicas.

A la vuelta, el rey rechazó las medidas y amenazó con movilizar a la Guardia Real contra Faisal. Faisal respondió convocando a la Guardia Nacional. Finalmente los ulema y los miembros de la familia más ancianos intervinieron y forzaron un compromiso. Saud se iría al exilio en Grecia, donde moriría 5 años más tarde, y Faisal se convertiría en nuevo rey. Un golpe intrafamiliar y sin sangre.

Diplomacia saudí en la era de la independencia

Otro de los grandes problemas de Saud fue su diplomacia errática. Su reinado (1953-1964) coincidió con un periodo muy interesante en la política de los demás países árabes. Podéis encontrar un poco más de contexto en este artículo.  Dos tendencias destacan en esta década. En primer lugar, la sustitución de las monarquías liberales resultantes de la descolonización por repúblicas de corte socialista, a menudo gobernadas por los militares (Egipto en 1952 era el caso más reciente). En segundo lugar, la lucha entre EEUU y la URSS por la influencia en la región.

monarquias republicas 1950

monarquias republicas 2016Monarquías en 1950 y monarquías en la actualidad. Hay un error, y es que Siria ya era una república en 1950.

Sin embargo, los principales enemigos de los saudíes seguían siendo los hachemitas, que gobernaban en Jordania e Iraq (para más información, véanse Arabia Saudí II, III, y La colonozación de Oriente Medio). Saud intentó apaciguar a Nasser, que había tomado el poder en Egipto, a la vez que firmaba con él un tratado de defensa mutua en 1955, pensado para contrastar la creciente influencia de los hachemitas y el Pacto de Bagdad.

Siguiendo el ejemplo del líder egipcio, Saud intentó adoptar la retórica del nacionalismo árabe y buscó acuerdos con los países de la órbita soviética. También intentó eliminar algunos de los monopolios de los que la empresa ARAMCO disfrutaba en su país, como los derechos sobre el transporte del crudo, algo que no sentó muy bien en la empresa y en EEUU.

Saud apoyó a Nasser cuando decidió nacional izar el Canal de Suez, y cortó las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña. Las cosas ya se habían puesto tensas entre el reino saudí y el decadente Imperio británico en los últimos años de Ibn Saud, ya que Arabia Saudí había intervenido en las disputas internas de varios emiratos del Golfo (Omán, Abu Dhabi) que estaban bajo la protección británica.

CENTO
El Pacto de Bagdad

No obstante, la relación entre Nasser y Saud no llegó a cuajar. El presidente egipcio visitó Arabia Saudí en 1956, disfrutando de una cálida recepción popular. Esto preocupó mucho a la familia Saud, que no deseaban un levantamiento popular anti-monárquico. Además, Nasser estaba en pleno enfrentamiento contra los Hermanos Musulmanes, un grupo que contaba con las simpatías de los saudíes. Nasser propuso la unión de Egipto, Siria y Arabia Saudí en un único estado, algo que tampoco hizo mucha gracia a los Saud, que veían el país como su propiedad y su cortijo privado.

Cuando Egipto y Siria se unieron en 1958, Saud decidió conspirar para asesinar a Nasser. La trama fue descubierta por la prensa libanesa, llenando a la familia saudí de vergüenza. Faisal y sus hermanos mayores se enfadaron con el rey, al que acusaban de una diplomacia inconsistente y de minar la reputación del reino. Probablemente las semillas de la abdicación forzosa de Saud se sembraron aquí. El año anterior, Saud había visitado al rey hachemita de Iraq, el antaño archienemigo de su familia, para intentar forjar una alianza contra Nasser. El entendimiento no duró mucho, ya que en julio del 1958 el rey de Iraq fue depuesto por los militares, apoyados por el partido Baath y los nasseristas.

Esta Guerra Fría entre Saud y Naser se desplazó entonces a Yemen, donde en 1962 Abdulá al Salal, un oficial apoyado por los egipcios, depuso al monarca yemení e instauró una república, la primera república en la península arábiga, y una amenaza vital para la supervivencia del reino saudí. Se inició así un conflicto entre Egipto y Arabia Saudí con Yemen como campo de batalla. Saud apoyó a los realistas, mientras que Nasser aportó tropas y financiación a los partidarios del nuevo presidente . Cuando Saud fue depuesto, el conflicto civil en Yemen no había terminado. Arabia Saudí interviniendo en Yemen… nos suena terriblemente actual, ¿verdad?

Esta intervención fue apoyada por los EEUU, gracias especialmente a la mediación del futuro rey, Faisal. EEUU acordó establecer un sistema de defensa aérea en la fontera con Yemen y realizó maniobras conjuntas con los saudíes, así como ejercicios de intimidación contra los egipcios. La cosa no llegó a más, pues Kennedy no quería tensar las relaciones con Egipto, y además entendía que su responsabilidad se limitaba a proteger los yacimientos petrolíferos y el suministro de crudo.

EEUU y Arabia Saudí no se entendieron bien durante la primera mitad de los 60. Faisal, que se encargaba de los asuntos exteriores, trató de mejorar las relaciones con Gran Bretaña a raíz del conflicto en Yemen. Sin embargo, los británicos no disponían de los medios ni de la sganas para apoyar la campaña saudí en Yemen. Además, Faisal entendió bien que en el nuevo mundo bipolar los británicos jugaban un papel secundario. El futuro pertenecía a EEUU y la URSS, y dado que los saudíes eran fervientemente anti-comunistas (al fin y al cabo, la suya era una monarquía despótica apoyada en la religión), decidieron que su supervivencia pasaba por llevarse bien con los americanos, que además tenían importantes intereses económicos en el país.

Saud no solo había llevado acabo una política interna errática y económicamente desastrosa, sino que sus esfuerzos diplomáticos fueron en vano y a menudo contraproducentes.

Durante el reinado de Faisal, Arabia Saudí abandonó su posición marginal en la región y se consolidó como potencia. Lo veremos en la siguiente entrega.