Fuentes primarias: 5 cartas desde el frente (Campaña de Yebala, 1913)

Os ofrezco unos cuantos documentos muy interesantes que voy a utilizar en mi tesis doctoral. Se trata de cinco cartas escritas por Antonio Cabezos, un recluta destinado en Ceuta con el ejército español durante la campaña de Yebala en 1913. Aquellos que no estéis familiarizados con el contexto podéis encontrar un poco de información básica en estos artículos de Desvelando Oriente sobre Marruecos a principios del siglo XX y la invasión española del Rif, aunque si queréis un texto académico más largo y detallado, os recomiendo éste de Daniel Macías en la RUHM. Las cartas y otros documentos a los que hago referencia en este artículo proceden de los fondos del Consulado de Orán en la sección de Exteriores del Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares. Por lo que me consta, las cartas están inéditas y de momento no he encontrado referencias a ellas en ningún libro o artículo.

Antonio Cabezos era el segundo hijo del matrimonio de Pedro y Josefa Cabezos. La familia vivía en Saint Cloud, un pueblo en la Argelia Francesa que había sido fundado por un español en 1846 en la carretera entre Orán y Arzew. Antonio era, podría decirse, un inmigrante español de segunda generación. Su padre había dejado su pueblo natal, El Algar, cuando era apenas un adolescente. En 1913 contaba con cincuenta años de edad y era proprietario de una casa y un viñedo en Saint Cloud. El hermano mayor de Antonio, Simón, llevaba haciendo el servicio militar desde 1910 y parecía tener problemas para volver a Argelia. La marcha de Antonio parecía poner en apuros la economía familiar, ya que en el archivo se conserva una carta elocuente carta de Pedro Cabezos al Cónsul de España en Orán el 8 de noviembre de 1912 rogando que retrasase la incorporación de Antonio al servicio militar (lo cual consiguió, ya que Antonio no deja Orán hasta enero de 1913).

Muy señor mío, le suplico V que compadesca mis palabras berdad.
de un dia á otro se presentaran en dicho consulado dos jóbenes, Fransico Mateo y Antonio Cabezos, en calidad de voluntarios, con los documentos necesarios. lorrepito. que me conseda V. lo que le pido. que ellos me prometieron el no marchar a españa hasta el primero de diciembre, y aora que an consedido lo que querian me dejan en abandono, con un trabajo a meido aser, lo cual queda perdido, para mi, si yo poder corresponder, quedo afrentado y sin cobrarlo y en V. pongo toda mi esperanza. que los llebe emtretenidos hasta fin de mes y sera el mayor cervicio que le ará V. a un padre que queda en esta con cuatro hijos menores

Pedro Cabezos al Cónsul de Tetuán, 8 de noviembre de 1912

El hecho de que los hijos de la familia Cabezos hicieran el servicio militar en España habiendo nacido en Argelia es significativo: desde 1892, todos los hijos de inmigrantes europeos nacidos en suelo francés (y eso incluía Argelia) eran considerados automáticamente franceses. Para conservar su nacionalidad debían llevar a cabo un largo y complicado trámite burocrático en el plazo exacto de un año tras cumplir la mayoría de edad (veintiún años). La relación entre la familia Cabezos y las autoridades francesas no era buena, al menos según se puede ver en los documentos, y es posible que pueda haber relación con el servicio militar de Antonio y Simón (que así se llamaba el hermano mayor). La cuestión de la nacionalidad de los hijos de los inmigrantes era crucial para las autoridades francesas en Argelia, que esperaban aumentar la cifra oficial de “franceses” (al menos sobre el papel) y, sobre todo, obtener reclutas para el ejército colonial. Un año después de estas cartas, coincidiendo con el estallido de la Gran Guerra, Pedro Cabezos sería arrestado por el prefecto de Orán y encarcelado durante nueve meses sin juicio.

En las cartas podemos seguir el viaje de Antonio hasta Marruecos desde la Península y leer sus impresiones sobre la vida en el frente, así como detalles de su vida cotidiana en Argelia. En las primeras cartas intenta tranquilizar a su familia explicando que no se ha presentado voluntario sino que le han elegido en un sorteo para ir a Melilla, y que las cosas en el frente parecen tranquilas. Leemos referencias a un François, un amigo suyo del pueblo que también estaba hacendo el servicio militar (seguramente el tal Francisco Mateo mencionado en la carta de Pedro al Cónsul). También leemos saludos y mensajes a sus hermanos, y su preocupación por no recibir noticias de su familia. En la última misiva podemos leer la frustración de Antonio con el servicio militar y que no le dejen volver a Argelia de permiso. También encontramos la noticia de que su hermano Simón ha sido destinado en Larache como acemilero (conductor de mulas, del árabe زَامِلَة‎).

Para contrastar, intercalo entre los documentos algunas imágenes y columnas extraídas de ejemplares del periódico El Telegrama del Rif y de la revista Mundo Gráfico publicados en las fechas de las cartas, accesibles respectivamente en la Biblioteca de Prensa Histórica de PARES y en en la Hemeroteca Digital de la BNE. Es divertido comparar las cartas con lo que se publicaba en la prensa.

He decidido respetar la ortografía y la gramática y la puntuación tal cual estaban en las cartas originales. Hay posibles errores de transcripción, y cuando no estoy seguro de una palabra lo indico. Si tenéis problemas leyendo las cartas debido a la ausencia de signos de puntuación, probad a leerlas en voz alta y más o menos cuando os quedéis sin aliento hacéis una pausa. Es una pena que no se puedan hacer fotos en los archivos, porque con la transcripción pierde cierto matiz. A menudo, especialmente cuando se trata de documentos manuscritos que no siguen las normas habituales, la caligrafía y la distribución del texto en el papel ayudan bastante a entender el ritmo y las pausas. En todo caso, las cartas son muy vivas y expresivas y dan una visión de la vida en el frente bastante alejada de las épicas crónicas periodísticas de la época.


Portada del Telegrama del Rif el 17 de Junio

Ceuta, 17 de junio de 1913


Apresiable padre al recivo de esta es para manifestarle lo sigiente y al mismo tiempo para desirle que quedo en completa salud
A D G


Padre de no averle escrito ante a sido por que no sabia adonde iva pero poreso no se agan mala sangre porque estoy en marueco por que aqui se pasa muy bien y se come buenos rancho y buen cafe con leche todas las mañanas y luego milisia y los maruecos no se comen a nadie y esto a sido mi suerte por que simon lo sabe todo lo que a pasado pero que vamos aver pasensia y que no sepa yo que la mama se oiga a llorar por que si yo lo se ya no escrivo mas no tiene que pensar en mi lo mismo que si estuviera en España y que et corrio mucho ya de Cartagena me fui a Alicante y despues a Madrid y despues a Algesira y despues a Seuta y porto estado bien pero en Alicante estava de ordenansa quon el General y me a tocado la suerte pero no me ago mala sangre porque estoy Francois quon migo y nusotro pasamos el tiempo como el agua siempre devertiendono pero aqui ay mucho trabajo en el tiro porque nos vamos a tetuan pero no ay nada


Madre uste no piense en mi poeque yo se quien es uste aora siempre va a estar pensando en mi por que en la otra carta me mando a desir que no me fuera a melilla pero me an enviado no por gusto que a sido por fuerza y no se piense que me ido voluntario que simon lo sabe todo


Juanico aora si que voy a ser pun con la escopetita y matar muchos moros y tu cuando veas a un morico le tiras un pedraso quon una piedra gorda en la cabezas y aver si me escrive cuando tengas un sueldo para que yo pase el tiempo. y nada mas para desirte por el momento y un monton de avrazo para todos mis ermano y memoria para todos que pregunte por mi y ustedes resiven un millon de abrazos de su ijo que desea veros todos los momentos que lo es


Antonio Cabezos


no escrivo mas por que no et tenido tiempo en otra le mandare a desir todo


mi adereso para si van a escrivir
Ceuta Regimiento de Infanteria de Uad Ras Nº 50 4 Compañia del 3er Batallon
Ceuta

Recorte del Telegrama de Rif el 17 de junio de 1913

Tetuan, 6 de julio de 1913


Apreciable padre et resivido su carta y por ella se en la situacion que se encuentra yo por la presente quedo bueno A D G


Padre sabra como a sido el aver venido y al marrueco a sido un sorteo que avemo tenido de todos los regimiento y por la mala suerte me a tocado ami tanbuen destino que yo tenia en alicante que si me fueren dado mil franco no me voy y me tenido que venir por fuerza pero no ay mas que tomar pasensia


Padre sabra como el dia 5 vamos llegao a Tetuan pero la carta suya la resiví el mismo dia que llegue a la noche y estamos en tetuan pero para mi mejor estoy en tetuan que adonde estava porque aqui ay agua a volunta pero adonde estavamos ante teniamos que compral a el agua y aqui por todo ay agua y por medio de tetuan sale el agua a chorro y adonde no ay agua es muy malo con las calores que se tiran aqui. Padre la linia de fuego esta mas adelante en unas montaña que ay muy alta pero ya lan tomado casi todas y ay un rio, y muchos jardines por toda la orilla del rio y lan pegado fuego ya casi a todos los jardines


Padre cuando me escriva me envie la fecha de las carta que resive asi yo sabre las carta que se pierden porque aqui no salen las carta vien y de simon ya et resivido dos carta y me dise que ya ase mas de un mes que no save de casa, y como eso que no se va a la casa ya tanto tiempo de servisio esque lan tomado por desertor por que en todas las carta me dise que se va air y nunca se va


Madre uste no se aga mala sangre por mi por que yo estoy vien y no es menester pensar en la guerra por que aqui no ay nada todo lo malo apasado ya nada mas para desir por el momento un millon de abrazos para todos mis ermanos y ustedes resiven de este que de veras desea a todo los momento que lo es
Antonio Cabezos

El Telegrama del Rif, 6 de julio de 1913. Mencionan la llegada a Tetuándel regimiento de Antonio.

Ceuta, 4 de septiembre de 1913


Queridos padres el resivido la sulla con fecha del 20 julio y por ella se que se encuentra todos buenos y yo por la presente no quedo muy bien.


Padre y ase algunos días que no et tenido constentansion y yo llevo 3 carta con esta escrita a es que se quedan arretrasada como esta que la et resivido aora a los 45 dias en el camino Padre yo me encuentro en el hospital porque me a salido un flemón en el cuello y me lan rajao y ya boy mejor y algunos dolores de variga como me dava en casa pero yo como muy bien


Padre el otro dia mataron al moro valiente que uno de los cavesilla y el mas revolusonario que avia en este partido y aora ay fuego desde Lauzien asta Ceuta aqui no siente uno nadamas que tiros por todos lados pero esto se acabara pronto y el dia que veniamos de Tetuan para el rincón todos los que veniamos enfermo no tuvimos que costarnos en el suelo porque se armo un tiroteo que duro mas de una ora y la artilleria siempre estan asiendo fuego esto es una fiesta y de mi regimiento no an muerto mas que 3 y los que uvieron erido no es como dise uste en esta carta que et tenido mucha bajas eso es mentira si es el periodico que lo dise eso no se lo crea porque es el regimiento que menos bajas a tenido los que mas bajas an tenido an sidos los casadores y el regimiento borbon y el regimiento cordoba pero nosotros para los fuegos que vamos echo eso no es nada y para venir de tetuan los enfermos a Ceuta de tetuan se sale en otomovil asta el rincon y del rincon asta Ceuta en un remorcador y vamos asalir para Malaga unos cuantos y el mismo dia que ivamos a envarcar vino una orden del ministro de la guerra que no saliera nadie asta nueva orden y no pudimos salir

sin mas que desirle un millón de avrazo para todos mis ermano y ustedes resiven el corazonde su ijo que verlo desea mas que escrivirle que lo es


Fdo: Antonio Cabezos


Le dara memoria para travanda y para Celina y sus ijos y su marido y para todos los que pregunte por mi

Mundo Gráfico, 3 de septiembre de 1913.

Ceuta, 20 de Septiembre de 1913

Apresiable Padre le escrivo esta cuatro letra para aserle saber en la situasion que me encuentro bueno A D G


Padre le escrivo esta cuatro letra para vean que no me an matado porque Gines me a enviado una carta disiendo me que me avian matado y yo estoy en el hospital tan tranquilo porque se a tirao un temporal que a durao 6 dias lloviendo y yo tan tranquilo en el hospital en una buena cama y comiendo siempre Galina y Jamon y los otros pobre asiendo guardia y mojando las mantas y la noche a dormir en el suelo todo mojado


Padre Gines me a enviado a desir que Simon se a ido a Larrache y quisiera que me escriviera todo lo ante posible para que yo me quede tranquilo porque estando los dos y va la cosa muy mal Padre el dia 5 dele mes entraron en el hospital que yo estoy 39 herido y el dia siguiente otro tanto y dos dias despues unos cuantos y el dia 22 quiere Marina avansar ala tomar el fondac que fue adonde prim se dejo mil y pico de hombre pero si es asin ami no me toca y de lo que yo tengo da qui 3 u 4 dia ya estara serrado y me marchare para Tetuan

Madre uste no tome pena por mi porque esto pronto se rematara ante de tres meses esto esta tranquilo porque tendran que sembrar

Madre le diga a la madre de françois que de françois no pongo nada porque estamos lenjo uno de otro pero pronto nos veremos sin mas que desirle le dara memoria a todos los amigos y a todos lo que pregunte por mi y ustede resive un millon de abrazo de su ijo que lo es


Antonio Cabezos


Juanico me enviara a desir si ay mucho vino en la casa de la uba de tu vina porque no se viña ni tefa no ay nada mas que chumbo y ijo tomasico aver si ase cudiado de Juanico que no lo pille un carro
Perico y Josñe aver si aveis echado mucho dias de vendimia y aver aora que viene el invierno aver si aseis mucho olla para pone grefa
Adios ermanos asta la vuestra

Recorte de Mundo Gráfico, 24 de septiembre de 1913. Aquí esta la probable causa de que las cartas entre Antonio y su familia se perdiesen

Ceuta, 9 de Octubre de 1913


Mimas estimados Padres esta es para manifestarle lo sigiente y al mismo tiempo para yo saber como se encuentra todo la familia yo por la presente quedo bueno A D G


Padre sabras como ya ase tanto tiempo que no et resivido carta suya que estoy sin sosiego y Simon me a escrito y tambien me dise que no a resivido carta sulla ase mas de un mes u es que se le a pegado fuego a la fabrica de aser papeles de Oran u es que no ay tinta pues le mandaremos papel y tinta desde aqui porque aqui si ay para escrivir.

Padre sabra como simon esta en Larache de asimilero en los comboy y me manda a desir que trevaja mucho cuando resivi su carta pues lo senti mucho porque aqui se pasa muy negra y que estando el cumplido como esta pues mas lo siento porque yo de alicante me fuera marchado porque eso de vinir aser 3 año y aora tiene que aser 5 pues eso no lo encuentro bien aluego dise uno de venir a servir a España ami que me dan 3 mese de permiso y lo pasaporte no biene por que disen que para Algelia no dan permiso con que mire conque gusto me quedao yo los que le an dao permiso como enfermo como ami pues ya estan en su casa y yo si quiero tengo que marcharme para Tetuan pues me tengo que todo el invierno en el hospital porque cae mucha agua y estar una noche de agua en un parapeto toda la noche mojao y sin tener en que mudarse pues eso no me conviene

sin mas que desirle Memoria para todos mis amigos y para todos los vesinos y para todos los que pregunte por mi y un abrazo para todos mis ermanos y ustedes resiven el corazon de su ijo que desea verlo mas que escribirle

Antonio Cabezos.

Mundo Gráfico, 1 de Octubre de 1913. Nótese el contraste entre el tono de las cartas de Antonio y la nota periodística.

Fuentes primarias: Los sucesos de Saïda (1881)

Esta semana he estado en el AGA investigando para mi tesis y he encontrado mucho material interesante. Entre otras cosas, he transcrito varios documentos relativos a la matanza de Jalfalah (cerca de Saida) en Argelia en 1881. La caja con los documentos es enorme y no sé hasta qué punto ha sido explorada por historiadores; os invito a hacerlo si os interesa el tema. En este artículo os ofrezco la transcripción de varios documentos manuscritos que me parecieron interesantes.

La matanza de Jalfalah tuvo lugar en el contexto de una rebelión de varias cabilas argelinas lideradas por un “agitador anticolonial” llamado Buamama. La rebelión comenzó en abril de 1881 cuando los partidarios de Buamama mataron al grupo de soldados franceses que fueron a arrestar a su líder, y pronto se extendió por buena parte del Oranesado. Los jinetes de Buamama atacaban esporádicamente a los franceses y se retiraban, robando botín y evadiendo enfrentamientos directos. El 11 de junio se dirigieron a unos espartales donde vivían y trabajaban cientos de familias de temporeros españoles (sobre todo murcianos, almerienses y alicantinos), matando a cientos de ellos y destruyendo o robando las pocas pertenencias que tenían. Los jornaleros españoles eran la mano de obra fundamental de la colonización agrícola de los franceses en Argelia, de modo que el brutal ataque era una forma de desestabilizar la economía y paralizar la explotación del campo mediante el terror.

Saïda (Fuente: OpenStreetMaps)

La matanza causó mucha consternación entre la comunidad española en Argelia, y millares de inmigrantes (especialmente los que vivían en las zonas rurales del Oranesado) trataron de volver a España, asustados por la violencia y preocupados por el desdén las autoridades francesas habían tratado a los afectados por la masacre. Las noticias causaron una gran ola de solidaridad en España; varios periódicos españoles y organizaciones populares organizaron colectas para la repatriación de los afectados, varios empresarios ofrecieron pagar el pasaje y dar empleo a algunas de las víctimas en sus explotaciones agrícolas en la península, y el servicio consular en Orán se implicó al máximo, pese a la preocupación del gobierno central, que no quería provocar un conflicto diplomático con Francia. En este artículo, Ricardo Montes narra lo acontecido utilizando artículos de la prensa española de la época. Un buen análisis del suceso con documentación de archivo se puede encontrar en Los españoles en la Argelia francesa de Juan Bautista Vilar (1989), aunque es un libro relativamente complicado de encontrar.

Aquí nos limitaremos a ofrecer varios extractos de fuentes primarias extraidas del Archivo General de la Administración (Exteriores 66/4124). Todas estaban escritas a mano, así que es más que posible haya errores en la transcripción (cuando no estoy seguro de algo está indicado con corchetes y una interrogación). Mi criterio para transcribir ha sido respetar al máximo los originales, así que faltan tildes, la puntuación no es gramaticalmente correcta y hay orrores ortográficos. La caligrafía original siempre es más expresiva y siempre hay cierto matiz que se pierde al pasarlo a máquina. Por favor, si utilizas estas transcripciones en algún trabajo o artículo o como material docente, cita esta página (y avísame, me gusta saber que este proyecto es útil).

Los tres primeros textos son declaraciones de supervivientes. El segundo es una carta de Campillo, el empresario murciano que gestionaba uno de los espartales afectados, al cónsul español en Orán, cinco días después de la masacre, contándole su negociación con las autoridades francesas. El último es una carta del vice-cónsul de Arzew al cónsul de Orán en la que se queja de la situación.

Grabado en La Ilustración Española y Americana, 8-7-1881 (Fuente: Hemeroteca Digital de la BNE)

Tres testimonios de supervivientes (finales de julio de 1881)

Rafaela Ygorra y Jerez natural de Busot provincia de Alicante se presenta, con su hija Rafaela de seis años y declara que el día 11 de junio estando en el chanti de Campillo con su marido José Giner y Brotand[?] de Bustos y sus cuatro hijos José, Vicente, Juan Bautista, Rafaela, a la puerta de la barraca, vino sobre ellos un gran tropel de árabes y mataron a su marido, los hijos huyeron llevando el mayor (Jose) a Juan Bautista de quince meses en los brazos, los árabes los persiguieron hasta cerca de Saida y los mataron, que a su hija Rafaela que estaba detrás de su padre le hirió la misma bala que mató a su padre. que a la declarante y su hija les quitaron las ropas que llevaban y todo cuanto tenían en la barraca. (cuatro burros, dos mantas, una escopeta y toda la ropa) que se escondieron en el monte y andaban de noche tardando cuatro días en llegar a Saida. Llegaron a Saida en cuyo hospital curaron a la niña Rafaela el brazo que tiene roto y piden repatriación que no saben firmar y firma el testigo

Pedro Martínez


Ana Hernández y serrano de diez y seis años de edad natural de Carboneras (Almería) declara: que el once de junio estando en el Chanti de Don Mariano Campillo con su madre y una hermana de diez años, se presentaron uno gran número de árabes, matando españoles, que mataron a su madre y la arrojaron a una barraca incendiada donde se carbonizó, que la declarante mandó a su hermana a huir con otras mujeres y ella por su parte huyó también con un hombre y otra mujer y cuando a los cuatro días llegó a Saida se encontró con su hermana Ysabel, pero queno á vuelto a saber de su padre Juan Hernández natural de Carboneras y de su hermano Pascual de catorce años. Perdieron tres burros, la ropa y el ajuar. No sabe firmar y firma el testigo

Pedro Martínez


Rafael Alonso y Segura natural de Turilla provincia de Almería de 17 años de edad, declara que: trabajaba en el chanti Campillo en compañía de sus dos hermanos, Juan de 20 años y José de 14 años (son huérfanos), que el día 11 de junio llegaron grande número de moros, que hecharon a huir pero que aquel mismo dia, fueron encontrados por unos 600 o 700 moros que se los llevaron al campamento donde llegaron a las dos de la tarde, inmediatamente sacaron a unos diez metros del campamento algunos de los prisioneros españoles que fusilaron, entre esas víctimas se encontró su hermano Juan y otro del mismo pueblo llamado Juan …… de unos 25 años.

Ha permanecido en la coluna Bon Amma hasta el día 15 de julio, en que por un descuido de los moros pudo escapar en compañía de otro prisioner, Blas Rojo y Sellis [?] de la provincia de Murcia, han estado tres días andando de día y de noche y fueron socorridos por moros amigos que los condujeron a termino y de ahí fueron dirigidos por el tren a Saida.

Nos hacían cojer leña para la comida, pastos para los animales, y traer agua. Nos hacían andar todo el día y de 21 a 24 [no se entienden bien estos numeros] nos daban harina para hacernos una torta, cuando no andábamos muy deprisa nos amenazaban de muerte y nos pegaban con sus palos. Hemos perdido tres burros españoles y toda la ropa.

No saben firmar.

Oran y 23 de julio de 1881

Pedro Martínez

Extracto de un artículo un tanto incendiario en La Iustración Española y Americana, 8-7-1881 (Fuente: Hemeroteca Digital de la BNE)

Carta de Mariano Campillo al Cónsul de Orán (16-6-1881)

Membrete: M. Campillo, Saïda (Algérie)

Saida, 16 junio 1881
Señor Consul de España
Oran

Muy señor mío

El 10 y 11 del actual an sido atacados mis chantis y el del señor fuentes donde había un número de 1000 personas lo menos, de los cuales no an parecido a la fecha la mitad, principalmente de los que yo ocupaba que eran unos 600 no llegando a los que an venido.

El 12 entraron los primeros que escaparon de la muerte y me icieron saver que eran muchos los eridos mugeres y niños que se avian refugiado en la [foreh??] donde habian sido atacados de nuebo, pº que podria salbar la vida a muchas personas si se les daba socorro inmediatamente me dirijo a todas las autoridades civiles y militares pidiendo armas pº aver salido con unos 300 españoles de buena boluntad a socorrer los nuestros, me dieron por respuesta no tenian, no me di por batido y todos los dias los emolestado, asta el 14 a las 10 de la noche que estuve por ultima vez casa del coronel (cuarenta) que su funcion de comandante superior, y le suplique me dejase unos 70 hombres del cuerpo territorial supuesto que no los empleaba y reunidos con unos 50 españoles que yo uviese armado a dar socorro a los nuestros, pues todos los dias estan entrando mugeres y niños diciendome que son muchos los que estan escondidos en las matas de la [foreh??]. solo ayer a las 1 de la tarde se decidieron a darme 12 cazadores de a caballo que acompañados por españoles an salido creo en tarde pues excepto 3 que me an dado aviso que ai en una matamora q an tenido algun socorro, los demas deven ser muertos de fatiga a causa de eridas y de ambre y sed, asi mismo ecreido prudente no refinar los hombres que me an ofrecido, aciendoles saver que el socorro que me dan es tarde.

Los primeros que entraron los puse en una de mis casas (donde existen todavia) pº viendo acudian bastantes me dirigi al señor alcalde 2º (el 1º estaba ausente) pidiendole socorro, ni siquiera sin dignarse de una respuesta, al dia siguiente a las 6 de la mañana pase a ver al señor alcalde 1º pidiendo socorro, deseguido dio orden pª que no faltara nada de lo mas necesario, los eridos an sido conducidos al ospital aciendo responsables a las personas que les ocupaban.

El 14 en la noche llegaron a esta los sres. prefectos de oran y mascara y los sres presidente y procurador del tribunal de mascara, los 1ºs me dijeron  que se podia disponer de una suma de 1200f de su parte y 700 dados por el general Ceres.

Ayer un empleado de la compª me dijo era necesario principiar a mandar los restos de esas pobres familias, que la compª les trasportaba gratuitamente asta argel, no soi de aviso se precipita el viage asta que sepamos los que faltan de cada familia (sera dificil an sido muchos quemados) y lo que an perdido en vestios y ropa, operacion que principiare oi asistido de la justicia y despues Ud dare ordenes, su presencia de U. seria util queda de usted señor consul  un af.mo y seguro servidor

Mariano Campillo

P.D. pª salir a socorrer las personas que estan abandonadas no epedido nada mas que armas comida pª ombres y medios pª transportar los q se encuentran cada vez les escribo no terminando como asido egecutado a ultima ora

Carta del vicecónsul en Arzew al Cónsul de Orán (17-6-1881)

Vice-consulado de España en Arzew

Muy señor mío: confirmo a v.c. mis oficios de 13 y 14 del corriente sobre los acontecimientos ocurridos en el interior de esta con nuestros súbditos, pudiendo asegurar que han sido tanto los atropellos cometidos con mujeres y niños de los cuales muchos hoy se ignora su paradero así como del gran número de asesinatos con hombres

Creo y noticias verídicas adquiridas me confirman que ha habido grande negligencia por parte de las autoridades de este país en proteger a nuestros súbditos cuando dadas las órdenes oportunas para retirar los chantier yá era tarde debido sin duda a la gran confianza que eso notamo [??] se incremento y temiendo a la retirada completa de estos obreros que sin caridad explotan ocultandoles la verdad de cuanto incurrian.

El señor Campillo en los primeros momentos de la ocurrencia pidió armas y municiones a la autoridad con objeto de recoger los numerosos heridos y difuntos que despues de dos dias abandonados y sin proteccion se encontraban a merced del enemigo, cuya petición fue denegada así como la de que á lo menos mandasen fuerzas á proteger á estos individuos. Habiendo sido acordada ayer con escaso número de hombres y estos acompañados de varios españoles armados a coste de los señores Fuentes y Campillo

Positivamente puedo asegurar a V.S. tambien que los heridos que se presentaron al hospital solicitando su entrada, no quisieron recibirles por ningún concepto sin la responsabilidad pecuniaria de los señores Fuentes y Campillo que se vieron obligados a darla en vista de que la Compañía Franco Algerienne se negó a responder por ningún concepto.

De estos hechos así como de otros protestaré mañana enérgicamente a las autoridades a quien corresponda.

Hoy recibido el despacho de VS he exigido a la autoridad la manutención digna de los españoles entrados a ésta hasta tanto que la compañía Franco-Algerienne de quien exijo tambien transporte gratuitamente a los españoles hasta el puerto de Arzew y Oran acuerde mi petición.

Visto la necesidad de algunos súbditos que se hallaban totalmente en cueros les he facilitado algún recurso de los cuales daré a VS cuenta en tiempo oportuno. Me ocupo y no cesaré de dar los pasos necesarios para que sean atendidos todos los españoles y en su día reintegrados de las pérdidas materiales que han sufrido.

Espero las órdenes de VS y la aprobación de mi conducta

Guarde a VS muchos años

Orán 17 de junio de 1881

El viceconsil de S. maj

Ruijano[?]

Grabado en La Ilustración Española y Americana, 15-7-1881 (Fuente: Hemeroteca Digital de la BNE)

Los otomanos no musulmanes y su fin (II): el imperialismo europeo

Los otomanos no musulmanes y su fin (II): el imperialismo europeo

El ascenso social de los no-musulmanes

Cuando el sultán Mahmud II aplastó a los jenízaros en 1826 ─el «benéfico evento» que ya se mencionó en el artículo anterior─, mandó también desterrar de Estambul a miles de artesanos y jornaleros musulmanes ─étnicamente turcos y kurdos─ al este de Anatolia y reemplazarlos por armenios de esa misma región (reténgase este antecedente para cuando se mencionen los muhacir y las masacres hamidianas más abajo). Además, la desaparición de los jenízaros erosionó el poder de los ulemas. Se puso así punto y final al antiguo orden otomano, en el que la alianza estratégica entre jenízaros y ulemas había entronizado y hecho caer a un sinfín de sultanes en el pasado.

En adelante la Sublime Puerta, moldeada por las Tanzimat como la cúspide de una nueva administración otomana basada en ministerios, fue ensanchando su burocracia para asumir las funciones propias de un estado moderno. Abolida la discriminación por razón de credo en la vestimenta y en muchos otros aspectos de la vida civil que hasta entonces habían privilegiado a los musulmanes, muchos puestos de esa creciente burocracia otomana fueron ocupados por cristianos y judíos.

La modernización del estado otomano, sin embargo, no impedía su debilitamiento militar y económico frente a las pujantes potencias europeas. Tildado «el hombre enfermo de Europa», el derrumbe del Imperio suponía tal riesgo sistémico para el equilibrio geopolítico de la época que las potencias europeas procuraron sostenerlo y apuntalarlo, o sea, que su voladura fuera controlada, gradual y pactada. Lo socorrieron militarmente cuando las tropas egipcias de Mehmet Alí alcanzaron el sudeste de Anatolia en 1839; o cuando los rusos ocuparon Moldavia y Valaquia en 1853.

También lo asistieron financieramente. La deuda pública otomana creció tanto a raíz de esta ayuda, que en 1881 la troika internacional de entonces estableció en Constantinopla una Administración de la Deuda Pública Otomana. Se trataba de un organismo paralelo a la burocracia otomana al que se encomendó la recaudación directa de varios tributos ─que suponían entre un tercio y una cuarta parte de los ingresos del Imperio─ para el pago de la deuda soberana. También se encargaba de canalizar la inversión extranjera para financiar proyectos industriales y la construcción de ferrocarriles, obedeciendo siempre a intereses foráneos. De sus miles de empleados la inmensa mayoría fueron extranjeros residentes en el Imperio y súbditos otomanos no musulmanes.

Ni que decir tiene que los inversores extranjeros priorizaron el contacto con los comerciantes cristianos y judíos del Imperio para entablar negocios y adentrarse en la economía otomana. Muchos mercaderes mejoraron así su posición social y buscaron maneras de distinguirse de sus compatriotas musulmanes. Una práctica recurrente fue la de hacerse con un pasaporte europeo para eludir las exacciones fiscales y la jurisdicción de las autoridades otomanas. Esto no implicaba un cambio de nacionalidad en absoluto, sino la obtención previa de una patente de protección de un consulado europeo interesado en extender así su influencia entre personas relevantes.

Con una patente de protección y un pasaporte europeo el sujeto en cuestión, aunque fuera otomano en origen, gozaba de ciertas inmunidades ─extraterritorialidad se prefería decir por entonces─ frente a las autoridades locales y podía someter sus pleitos comerciales a la jurisdicción de un cónsul europeo, evitar el pago de los impuestos que recaudaba la administración otomana por sus actividades mercantiles, acogerse a las mismas ventajas aduaneras que los extranjeros para importar productos, o eximir a sus hijos de prestar el servicio militar. En definitiva, quedaba asimilado a un extranjero.

Cuando el Gobierno otomano limitó esta práctica por medio del Reglamento sobre los Consulados Extranjeros de 1863, muchos cónsules europeos optaron por fingir que sus protegidos otomanos eran auténticos connacionales. Los agentes consulares españoles, por ejemplo, les siguieron proveyendo de pasaportes así como de patentes de protección bajo la falsa apariencia de certificados de nacionalidad española.

En este contexto debe enmarcarse la edad dorada de cosmopolitismo ─y desigualdad social─ que vivieron ciudades portuarias como Salónica, Estambul y Esmirna a finales del siglo XIX y comienzos del XX, donde los comerciantes judíos y cristianos se habían erigido en la élite económica de la sociedad otomana. Fue un último canto de cisne de la civilización otomana, el universo levantino del que hablé en esta otra nota.

Población del Imperio otomano en 1893, desagregada por provincias y grupos confesionales (nótese que por Catholics se alude a los miembros de Iglesias uniatas de ritos orientales ─armenios católicos, maronitas y melkitas─, y por Latins a los cristianos católicos de rito latino o romano). La capital contaba con cerca de 130.000 «extranjeros» sobre un total de 872.000 estambulitas.
Fuente: Kemal H. Karpat, «Ottoman Population Records and the Census of 1881/82-1893», en International Journal of Middle East Studies, vol. 9, núm. 3, 1978, p. 274.

De los muhacir a las masacres hamidianas

Mientras muchos cristianos y judíos otomanos prosperaban y codiciaban los pasaportes europeos, cientos de miles de refugiados musulmanes ─muhacir─ se reasentaban en un Imperio otomano cada vez más reducido. En la década de 1860, alrededor de 200.000 tártaros se vieron obligados a abandonar la península de Crimea acusados de traición por parte de las nuevas autoridades rusas. Simultáneamente, la anexión de los janatos caucásicos al Imperio ruso forzó el éxodo de buena parte de la población musulmana de la región del Cáucaso ─más de un millón de circasianos y abjasios según el mapa de abajo─. Del mismo modo, la constitución de nuevos estados balcánicos al término de la guerra ruso-turca de 1877-1878 abocó a centenares de miles de musulmanes a buscar refugio en las tierras remanentes del Imperio otomano. Así, por ejemplo, muchos musulmanes huyeron de los territorios incorporados al Reino de Serbia; a su vez, muchos serbios abandonaron la todavía provincia otomana de Kosovo por la presión ejercida por esos mismos refugiados musulmanes.

¿Y qué soldados otomanos luchaban en los campos de batalla contra las potencias europeas? Básicamente los de confesión musulmana. Pese a los logros de las Tanzimat ─la igualdad formal ante la ley sin distinciones por razón de credo─, hasta 1909 los varones cristianos y judíos lo tuvieron mucho más fácil que los musulmanes para eludir un servicio militar que podía durar hasta cinco años. Así, en la segunda mitad del siglo XIX las comunidades no musulmanas pagaban colectivamente la exención del servicio militar de sus jóvenes, una tasa llamada bedel-i askerî que si se calcula por cabeza era bastante pequeña. Nada que ver con la exención de un musulmán ─bedel-i nakdî─, que era individual y costaba 5.000 kuruş o 50 liras de oro, una suma muy considerable.

En definitiva, en la segunda mitad del siglo XIX el Imperio otomano perdió el grueso de sus territorios balcánicos, y con ellos la población cristiana que los habitaba; al mismo tiempo, en ese mismo periodo recibió más de cinco millones de refugiados musulmanes. El reasentamiento en Anatolia de muchos de estos muhacir generó fuertes tensiones con las comunidades armenias, cuyos dirigentes nacionalistas exigían más autonomía. Aupadas quizá por el creciente intervencionismo de las potencias europeas, en especial la Rusia zarista, muchas organizaciones armenias se rebelaron contra las autoridades. La actividad represiva del sultán Abdülhamid II supuso la muerte de decenas de miles de armenios otomanos en lo que la historiografía conoce como las masacres hamidianas de 1894-1896.

Una anécdota

El 21/07/1905 una organización armenia, la Federación Revolucionaria Armenia, intentó hacer volar por los aires al sultán Abdülhamid II. La bomba mató a 26 individuos e hirió a otros 58, pero el sultán salió ileso. En dicho complot había participado un joven anarquista, Edward Joris, que fue arrestado pocos días después. Fue condenado a muerte junto con otras personas ese mismo año, pero las autoridades otomanas no lo ejecutaron y dos años después lo dejaron libre. ¿Por qué? Por aquel entonces las potencias europeas imponían al Imperio otomano una aberrante desigualdad de trato, en virtud de la cual todos los extranjeros europeos residentes en el Imperio ─protegidos incluidos─ gozaban de una serie de privilegios e inmunidades frente a las autoridades otomanas. Uno de esos privilegios era el de no poder ser condenado por un juez otomano si no estaba presente un dragomán del consulado correspondiente.

Los dragomanes o truchimanes eran empleados de las legaciones y oficinas consulares establecidas en el Imperio otomano. Hacían las veces de intérpretes, consejeros e intermediarios en las relaciones de la legación o del consulado con las autoridades otomanas. Su nombre en turco era tercüman.

Edward Joris era ciudadano belga, y en el último momento el gobierno de su país dejó de colaborar con las autoridades otomanas, de modo que la sentencia contra Joris fue dictada sin la presencia del dragomán del consulado belga y no era válida a ojos del derecho internacional de la época. El Affair Joris A recibió toda la atención de la academia iusinternacionalista de su tiempo, y Joris acabó siendo puesto en libertad dos años después y regresó a su país; se fue de rositas.

Viñeta satírica en la que Leopoldo II de Bélgica, preocupado por sus masacres en el Congo, conversa con Abdülhamid II. El sultán le dice que no se preocupe, que a él no lo han «tocado» por sus masacres armenias. La viñeta fue publicada el 31/05/1905, menos de dos meses antes del atentado de la Federación Revolucionaria Armenia y el belga Edward Joris contra Abdülhamid. Fuente: Country House Essays.

La antesala de la Gran Guerra (1908-1913)

El Tratado de Berlín de 1878 no sólo había reconocido la independencia de Montenegro, Rumanía y Serbia; también estableció un principado búlgaro semindependiente y cedió al Imperio austrohúngaro la administración de la provincia de Bosnia y de la región de Sancak, territorios que sólo nominalmente siguieron siendo otomanos. Este statu quo se mantuvo hasta la revolución de los Jóvenes Turcos en julio de 1908, que precipitó la independencia búlgara y la anexión formal de Bosnia por los austrohúngaros, si bien éstos devolvieron el Sancak a los otomanos.

La revolución antedicha de los Jóvenes Turcos, liderada por varios oficiales del ejército otomano, estalló en Macedonia ─el núcleo de las posesiones otomanas en Europa─ y su triunfo supuso la restauración de la Constitución otomana de 1876, la convocatoria de elecciones en diciembre de 1908 ─que ganó el Comité de Unión y Progreso─ y que Abdülhamid II fuera depuesto por su hermano Mehmet V al año siguiente ─no sin que antes Abdülhamid intentara un contragolpe para hacerse de nuevo con las riendas del poder absoluto─. Ese nuevo régimen constitucional, que enseguida integró a los no-musulmanes en las filas del ejército, fue percibido por muchos como la prueba de que el Imperio otomano todavía podía recuperarse y modernizarse.

Sin embargo, el imperialismo europeo seguía ejerciendo su fuerza en el Mediterráneo y el norte de África. Alemania e Italia, potencias con menos de medio siglo de existencia por entonces, habían llegado tarde al reparto colonial del orbe y ansiaban nuevos territorios. Alemania ambicionaba Marruecos y esto la enfrentó a Francia en las crisis marroquíes de 1905 y 1911. Por su parte, Italia se lanzó a una agresiva campaña contra el Imperio otomano. Así, entre 1911 y 1912 tuvo lugar la guerra ítalo-otomana, que supuso la pérdida de los territorios otomanos del Dodecaneso, Tripolitania y Cirenaica ─hoy Libia─ a favor de los italianos. En el transcurso de este conflicto las autoridades otomanas decretaron la expulsión de la colonia italiana, esto es, de todos aquellos individuos con pasaporte italiano, ya fueran realmente ciudadanos de Italia o meros protegidos de ese país. Esto incluía no sólo a los inmigrantes italianos más recientes y a sus descendientes, sino también a católicos grecizados y judíos cuyos antepasados habían llegado al Imperio varios siglos antes. Muchos de estos individuos hubieron de optar por la nacionalidad otomana o por abandonar sus hogares.

Los estados balcánicos, temerosos de que las reformas del Comité de Unión y Progreso pudieran fortalecer el Imperio otomano, emularon la política italiana de agresión y hechos consumados para atacar el Imperio otomano cuanto antes y repartirse sus últimas posesiones en Europa: el Sancak, Kosovo, Macedonia, Tracia, Ióanina y Scutari. Fueron las guerras balcánicas de 1912-1913, que a punto estuvieron de enfrentar a Rusia con Austria-Hungría, desembocaron en la creación de Albania y generaron de nuevo la huida de refugiados musulmanes a Tracia oriental y Anatolia. En medio de este caos, los consulados europeos otorgaron patentes de protección a numerosa población no musulmana.

Un buen ejemplo es lo acaecido en Salónica: tras la llegada de las tropas helenas a esta ciudad otomana ─que albergaba a más de 80.000 judíos sefardíes─ en octubre de 1912, y hasta su anexión oficial por Grecia en agosto de 1913, en virtud del Tratado de Bucarest, los consulados austrohúngaro, español y portugués inscribieron en sus registros de protegidos a centenares de familias sefardíes.

En conclusión, muchos cristianos y judíos otomanos se congraciaron con las potencias extranjeras y prosperaron en un Imperio donde los musulmanes soportaban el grueso de las cargas fiscales y sacrificaban buena parte de su juventud para servir en los frentes. Esto, sumado a la continua pérdidas de territorios y a las sucesivas oleadas de refugiados musulmanes, cuyo reasentamiento en Anatolia provocó conflictos con las comunidades locales no musulmanas, que a su vez dieron lugar a rebeliones y matanzas. He aquí el inicio de un círculo vicioso de odio y resentimiento, que probablemente llevó a que muchos turcos musulmanes abrazaran la política panislamista de Abdülhamid II primero, y la ideología de los Jóvenes Turcos y del Comité de Unión y Progreso después. Los dirigentes de esta organización,  acuciados por la agresividad de las potencias europeas, acabarían por ejecutar el gran barrido del pluralismo étnico y religioso en la sociedad otomana. Pero eso ya forma parte de la siguiente entrada.

Bibliografía

  • Carlos García Muñoz, «El fin del derecho de protección en Turquía y su repercusión en los protegidos católicos del Consulado General de España en Estambul (1924-1965)», en Anuario de Historia del Derecho Español, vol. LXXXVIII (2018) y LXXXIX (2019), Madrid, 2019, pp. 445-493.
  • Will Hanley, «Extraterritorial Prosecution, the Late Capitulations, and the New International Lawyers», en Houssin ALLOUL et alia, To Kill a Sultan: A Transnational History of the Attempt on Abdülhamid II (1905), London, Palgrave Macmillan, 2017, pp. 163-192.
  • Tim Judah, The Serbs, New Haven and London, Yale University Press, 2009, 414 pp.
  • Kemal H. Karpat, «Ottoman Population Records and the Census of 1881/82-1893», en International Journal of Middle East Studies, vol. 9, núm. 3, 1978, pp. 237-274.
  • Oliver Jens Schmitt, Les levantins. Cadres de vie et identités d’un groupe ethno-confessionnel de l’Empire ottoman au «long» 19e siècle, İstanbul, ISIS, 2007, 576 pp.
  • Heather J. Sharkey, A History of Muslims, Christians and Jews in the Middle East, New York, Cambridge University Press, 2017, 394 pp.
  • Sarah Abrevaya Stein, Extraterritorial Dreams: European Citizenship, Sephardi Jews, and the Ottoman Twentieth Century, Chicago, The University of Chicago Press, 2016. 240 pp.
  • Francisco Veiga, La trampa balcánica, Barcelona, Grijalbo, 2002, 674 pp.
  • Erik Jan Zürcher, «The Ottoman Conscription System, 1844-1914», en International Review of Social History, núm. 43 (3), 1998, pp. 437-449.

Los otomanos no musulmanes y su fin (I): millet y Tanzimat

Los otomanos no musulmanes y su fin (I): millet y Tanzimat

Un texto de Carlos García Muñoz

Introducción

Desde que comenzara a interesarme por el mundo túrquico y la historia (pos)otomana, hará ya cerca de una década y media, poco a poco he ido haciéndome con el relato oficial en torno a la fundación de la República de Turquía por Mustafa Kemal y las medidas emprendidas bajo su régimen de partido único: la supresión del califato y de la enseñanza coránica en 1924, la abolición de la sharia en 1925, la adopción del alfabeto latino en 1928 ─en esta nota explico cómo se hizo─ o el reconocimiento del voto femenino en 1934, entre otras muchas reformas de calado; la frase de Atatürk «paz en casa, paz en el mundo» devino durante décadas el eslogan de la diplomacia turca.

Ya era mucho que un estudiante de derecho se molestara en distinguir lo túrquico de lo arábigo y lo pérsico; hacer ver a sus allegados cuán laica era Turquía. Recuerdo que en una presentación de derecho constitucional comparado, una asignatura de la carrera, expuse que el Tribunal Constitucional turco a punto había estado en 2008 de ilegalizar al partido en el gobierno y de inhabilitar al entonces sólo primer ministro, Tayyip Erdoğan, por su agenda islamista.

Años más tarde, cuando vivía en Turquía, conocí la película Turkish Passport, que explica como varios diplomáticos turcos lograron salvar la vida de muchos judíos durante la Segunda Guerra Mundial. También supe que Albert Einstein llegó a solicitar al Gobierno turco asilo para cuarenta profesores y doctores judíos alemanes. El primer ministro, İsmet İnönü ─Mustafa Kemal era el jefe del Estado─, le respondió que no podía atender su petición, pero que su ejecutivo ya había contratado a muchos más doctores y profesores judíos alemanes para las universidades turcas por medio de la Notgemeinschaft Deutscher Wissenschaftler im Ausland (una asociación que ayudaba a estos académicos alemanes desde el extranjero).

Carta de Albert Einstein al primer ministro turco, de 17/09/1933. Redescubierta en el siglo XXI, se publicó por primera vez en el diario Hürriyet el 29/10/2006, y en un artículo académico de Arnold Reisman en 2007. No menciona expresamente la condición de judíos de los profesores y doctores, pero Einstein indica que no pueden seguir con su labor en Alemania debido a las leyes que rigen en dicho país.

Tiempo después también aprendí que Angelo Giuseppe Roncalli, delegado de la Santa Sede en Turquía y administrador del Vicariato apostólico de Estambul entre 1934 y 1944, ayudó desde esa ciudad a miles de judíos huidos de la Europa nazi; un hecho destacado fue que consiguiera evitar la deportación de un contingente de niños judíos alemanes que había llegado a Estambul en barco, salvando así sus vidas. Para todo ello contó con la colaboración de Franz von Papen ─antiguo dirigente del católico Zentrumspartei alemán y ex canciller del Reich, que había sido nombrado embajador de Alemania ante la República de Turquía en 1939─. O eso al menos le contó Roncalli al Tribunal Militar Internacional de Núremberg, que acabó absolviendo a Von Papen en 1946. Doce años después Roncalli pasaría a ser el papa Juan XXIII.

Con todo esto da la impresión de que la Turquía de Mustafa Kemal y de su inmediato sucesor, İsmet İnönü, hubo de ser modélica: una república laica, un régimen modernizador y un pueblo acogedor; el refugio ideal para aquellos judíos que huían del nazismo, ¿no? Nada más lejos de la realidad: mientras el Reich alemán gaseaba a millones de judíos y gitanos, Turquía expropiaba los bienes de sus minorías no musulmanas y las confinaba en campos de trabajo.

Pero vayamos por partes. Finaliza aquí el tono autobiográfico y da inicio otro que pretende ser más académico, sin abandonar por ello el fin divulgativo de este texto, el primero de una serie de artículos que versarán sobre las poblaciones cristianas y judías del Imperio otomano; no así de grupos ambivalentes o «heréticos» a los ojos del islam suní como los dönme, istavri, alevíes, yazidíes, alauíes y drusos. Los vocablos turcos utilizados aparecerán en cursiva, en su forma singular y sin transcripción fonética al castellano.

Los no musulmanes del Imperio otomano hasta el siglo XIX

El Imperio otomano ─«Estado otomano» prefieren llamarlo los turcos─ lo componía una amplia amalgaba de pueblos y credos. Su estructura socioeconómica hasta el siglo XIX había distinguido grosso modo los siguientes grupos:

  • los askeri, esto es, el ejército y, por extensión, todo aquel que cobrara una renta del estado (ulemas, oficiales y otros funcionarios);
  • los reaya, que eran quienes pagaban tributos, o sea, el grueso de la población; y
  • los kul, esclavos.

Es habitual que la historiografía emplee el término reaya como sinónimo de zimmi o gayrimüslim ─sujeto otomano no musulmán─. Ahora bien, esta acepción no surge sino a mediados del siglo XVIII y convive con la que indiqué arriba hasta que las primeras reformas del siglo XIX ─las Tanzimat─ abolieron los privilegios de los askeri. En consecuencia, obligados tributarios o reaya hasta las Tanzimat podían serlo tanto musulmanes como cristianos o judíos. Del mismo modo, seguir la fe de Mahoma no era requisito indispensable para alcanzar el estatus de askeri.

Por otro lado, el derecho otomano reconocía diferentes grados de autonomía normativa ─derecho de familia, sucesiones─, jurisdiccional ─jueces propios para dirimir asuntos internos de la comunidad─ y administrativa ─religión, recaudación de tributos, instrucción, beneficencia─ a numerosas comunidades no musulmanas en función de su adscripción etnorreligiosa o millet. Es común leer que antes del siglo XIX sólo existían el millet de Rum ─que habría agrupado a todos los cristianos ortodoxos─, el millet armenio ─que habría englobado tanto a los armenios apostólicos como a los armenios católicos─ y el millet judío; que cada uno de ellos tenía en su respectivo patriarca o rabino mayor su máxima autoridad tras el sultán. Pero este esquema es demasiado simplón y no se ajusta a la realidad. Sirvan algunos ejemplos:

  • En el siglo XVII el patriarca ortodoxo de Constantinopla no pintaba gran cosa en la vida de los cristianos del Patriarcado de Peć ─la Iglesia ortodoxa serbia─.
  • Los otomanos católicos de las Cícladas, Naxos y Quíos ya tenían autonomía propia a finales del siglo XVI.
  • La Magnifica Comunità di Pera del siglo XVI y la Cancillería latina otomana del siglo XIX tampoco pueden adscribirse a ninguno de los tres millet de la historiografía clásica.
Jurisdicción del Patriarcado de Peć hacia 1660. Nótese que ratione personae dicha jurisdicción se limitaba a los cristianos ortodoxos, mientras que por razón del territorio se solapaba con las jurisdicciones de otras comunidades etnoconfesionales autónomas. Fuente: Niš i Vizantija.

En definitiva, los estatutos jurídicos y privilegios de estas comunidades no musulmanas del Imperio otomano debieron de ser tan asistemáticos y variados de una localización a otra como los privilegios de población contenidos en las cartas pueblas y fueros municipales de la España medieval, pues en ambos casos los privilegios se fueron otorgando a medida que avanzaba la respectiva toma de territorios.

A medida que los reinos cristianos peninsulares tomaban nuevas poblaciones, solían permitir que las comunidades musulmanas, los moros, siguieran rigiéndose por su religión, sus leyes y sus propios jueces. Este grado de autonomía o conjunto de «privilegios», como se decía entonces, lo reconocía el conquistador de turno en las correspondientes capitulaciones o cartas pueblas. Así, Alfonso el Batallador concedió cierta «autonomía» a los moros de Tudela tras la toma de la ciudad en 1115, de la misma manera que Mehmet Fatih se la otorgó a los genoveses de Gálata poco después de hacerse con Constantinopla en 1453.

Aunque no guarde relación con esta nota, añadiré aquí que el derecho de los mudéjares españoles bajo la dominación cristiana llegó a recogerse en códices escritos en las lenguas romances, y que algunos de ellos han sobrevivido hasta nuestros días. Es el caso de Las Leyes de Moros, del siglo XIV, o del Llibre de la Çuna e Xara («libro de la suna y sharia»), escrito en valenciano en el siglo XV.

Toda esta autonomía no quita que los reaya no musulmanes pudieran sentirse inferiores a los musulmanes: el derecho islámico los gravaba con un tributo de capitación ─cizye─ y otro sobre la tierra ─haraç─; además, se sometían a códigos de vestimenta y debían vivir en vecindarios separados de los musulmanes, toda vez que no formaban parte del ejército ni podían alcanzar altos cargos en la administración si no mediaba antes su conversión a la fe islámica. Así, la comunidad musulmana podía percibirse como dominante numéricamente y como grupo dirigente. En ese doble sentido podemos hablar de minorías etnorreligiosas para referirnos a las comunidades no musulmanas del Imperio otomano (nótese no obstante que emplear el concepto de «minoría» para el contexto otomano anterior al siglo XX puede resultar anacrónico).

Ahora bien, la población musulmana no era mayoritaria en amplias regiones del Imperio. Puede que los dos planos de distinción mencionados, el socioeconómico ─askeri frente a reaya─ y el etnorreligioso ─musulmanes y gayrimüslim─, lograran converger en tales regiones y la minoría musulmana se percibiera en ellas como grupo confesional privilegiado. Quizá eso explique, por ejemplo, que hacia 1814 ciertos reaya de los alrededores de Sarajevo se negaran a pagar impuestos alegando su condición de musulmanes precisamente.

En 1878 el Imperio austrohúngaro ocupó la provincia otomana de Bosnia, y en 1907 se la anexó formalmente. Aun así, en 1910 el 91% de los propietarios de la tierra en Bosnia eran musulmanes, mientras que los tenedores (quienes ocupaban y trabajaban la tierra, pero no eran propietarios) eran cristianos ortodoxos ─un 74%─ y católicos ─el 21,5%─ principalmente. Con todo, los musulmanes en su mayoría eran propietarios de pequeñas extensiones de tierra.

Las Tanzimat (1826/1839-1876/1878)

El siglo XIX engendró un torbellino de ideologías que, unido a los avances técnicos, transformó las estructuras políticas, económicas y sociales de la mayor parte del planeta, comenzando por el continente europeo: la soberanía fue abstraída ─colectivizada─ a golpe de guillotina, el liberalismo barrió el Ancien Régime y la tierra se privatizó a costa de desahuciar y desposeer a una infinidad de labriegos; el estado se batió en duelo con el púlpito, las élites burguesas fabricaron tradiciones a raudales y la religión cedió su puesto al nacionalismo como principal segregador de identidades; la revolución industrial dio paso a la movilización de capitales, de depauperados y también de ejércitos para sojuzgar medio mundo, asegurarse materias primas y afianzar las economías nacionales ─el imperialismo colonial─; los nuevos sistemas de comunicaciones y de transportes, por su parte, estimularon el comercio, las migraciones y las ideas; y todo esto unido cambió el rostro de las urbes, generó el problema social y suplantó la política de notables por los grandes movimientos de masas.

El Imperio otomano no escapó a estas transformaciones. Yo intuyo que la sociedad otomana y la sociedad hispánica de la Edad Moderna, por ejemplo, no eran tan dispares en lo esencial. Dejando de lado el dato de la homogeneidad religiosa de la Monarquía española, ¿qué tan diferente podía ser la tenencia de la tierra bajo el régimen señorial de las Españas o el sistema çiftlik de los turcos? ¿No era tan privilegiada la clase de los askeri como la nobleza castellana? Para colmo, el ius commune europeo requería diez años de residencia para adquirir la vecindad y naturaleza del reino, los mismos que estipulaban las primeras capitulaciones otorgadas por los turcos a Francia para que los franceses que vivían en tierras otomanas se tornaran súbditos del sultán.

Teniendo en cuenta esas dos realidades no tan dispares, la Sublime Puerta no fue rezagada tantas décadas en la adopción de las reformas requeridas para asemejar sus leyes y estructuras político-institucionales al nuevo modelo liberal de las potencias occidentales, paso necesario para que éstas reconocieran al Imperio otomano como uno más de entre sus iguales. De hecho esa voluntad de renovación tuvo respuesta en el Tratado de Paz de París de 1856, que puso fin a la Guerra de Crimea y recogió la invitación de los poderes europeos para que el Imperio otomano participara «aux avantages du droit public et du concert européens», esto es, para que entrara en el sistema europeo de estados (artículo 7 de dicho tratado).

Las profundas reformas modernizadoras de la administración otomana, conocidas como Tanzimat, vinieron precedidas por el «Benéfico Evento» de 1826 ─la aniquilación de los jenízaros─. Solemnemente anunciadas en los jardines de Gülhane por el Decreto Imperial de 3 de noviembre de 1839 ─también conocido como Edicto de Gülhane─, las Tanzimat llegaron a su culmen con la promulgación de la Constitución otomana de 1876 ─que sólo duró dos años─. En este contexto deben enmarcarse el Decreto Imperial de 18 de febrero de 1856 ─que reconoció la igualdad de derechos de todos los súbditos otomanos con independencia de su credo─, la primera ley de nacionalidad otomana de 1869 y la codificación de las distintas ramas del derecho, así como innumerables reformas administrativas, financieras y militares.

El Edicto de Gülhane de 1839 leído en los exteriores del Palacio de Topkapı por el principal artífice de las Tanzimat, Koca Mustafa Reşid Paşa. Fuente: Dünya Bülteni.

Entre las codificaciones destacan el Kanunname-i Ticaret o Código de Comercio de 1850, el Código de la Tierra de 1858 y el Código Penal de 1860. También la Mecelle o codificación de parte de la materia civil de la sharia en 1876, que pasó a aplicarse a todos los ciudadanos otomanos, fuesen o no musulmanes (piense el lector que España y Alemania no codificaron su derecho civil hasta 1889 y 1896/1900 respectivamente).

Aun cuando se parta de normas religiosas, positivizar ─dictar por escrito─ y codificar el derecho constituye un avance decisivo, el primer paso hacia su secularización, pues el poder civil reemplaza así la legitimidad divina; la ley se escinde de la religión y puede aplicarse a individuos de otro credo. Eso mismo comenzó a ocurrirle al derecho romano después de que los mores del Ius civile más arcaico se hubieran recogido en la Ley de las XII Tablas en el siglo V a.C. Y también al derecho de familia tunecino con el Decreto beilical de 13/08/1956, relativo al Código de Estatuto Personal, y la Ley nº 40 de 27/12/1957, dos normas que positivizaron y actualizaron el derecho islámico para acto seguido imponerlo a todos los tunecinos, fuesen o no musulmanes.

Por paradójico que parezca, el derecho otomano comenzó a secularizarse a la vez que el auge del nacionalismo resignificaba los millet ─las comunidades etnoconfesionales que mencioné antes─ como naciones internas que demandaban estructuras organizativas más acordes con los nuevos tiempos. Así, en 1863 la Sublime Puerta adoptó para el millet armenio un nuevo ordenamiento interno ─un nizâmnâme o reglamento en turco otomano, pero una auténtica constitución para los armenios─ que restringía los poderes del patriarca armenio e instituía una asamblea nacional armenia para administrar los asuntos seculares de esa comunidad. Duró poco, hasta la promulgación de la primera constitución otomana en 1876, pero ejemplifica de qué modo la secularización afectaba a cada una de las comunidades religiosas y no sólo al conjunto del Imperio.

Normas equivalentes fueron aprobadas para el millet de Rum ─1862─ y para regular la figura del Haham Başı o rabino jefe de la comunidad judía ─1865─. Mas no acaba ahí la cosa. El nacionalismo alentó a numerosas minorías a enfrentarse entre sí por el dominio de su respectivo millet o a persuadir a las autoridades otomanas para que las instituyeran como millet diferenciados. Así, los católicos armenios se «independizaron» del millet armenio en 1828. Esto a su vez empujó a los católicos latinos a separarse de ellos en demanda de un millet propio, lo que lograron con la institución de una cancillería latina en 1836 para las cuestiones seculares. Para los armenios protestantes la Sublime Puerta constituyó un millet en 1846, y para los católicos melkitas otro en 1848. Por su parte, los otomanos rumanos de Dobruja y los otomanos búlgaros se desgajaron del millet de Rum, dominado por los otomanos griegos, en 1864 y 1870 respectivamente. Incluso los valacos o aromunes, enemistados con los otomanos griegos, obtuvieron un millet propio en 1905.

En definitiva, hasta principios del siglo XIX el término millet se había usado para referirse vagamente a las diferentes comunidades no musulmanas, sin que ello supusiera necesariamente la existencia de ninguna estructura orgánica a nivel imperial que reuniera a todos los miembros de cada confesión en su seno. Fue precisamente la institucionalización y regulación de este tipo de estructuras organizativas lo que desató el conflicto entre numerosas minorías religiosas y la aparición de nuevos millet.

En el seno del mundo ortodoxo el reconocimiento de millet segregados implicaba la aparición de nuevas iglesias nacionales, cuya autocefalía o independencia no era inicialmente reconocida por el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla ─es el fenómeno del etnofiletismo, la adopción del principio de las nacionalidades en la organización eclesiástica, que trato en esta nota─.

En suma, este primer artículo no ha pretendido describir la composición multiétnica del Imperio otomano. Por el contrario, el propósito perseguido ha sido mucho más modesto: dar unas pinceladas limitadas pero capitales de la noción de millet. Así, se ha derribado el mito de los tres millet originarios ─el ortodoxo, el armenio y el judío─ y se han dado ejemplos de que en la Edad Moderna la autonomía organizativa de los millet era más bien local y de ningún modo abarcaba a todos los miembros de la respectiva confesión en el Imperio. Ya en el siglo XIX se ha mostrado como las reformas liberales de las Tanzimat pretendieron institucionalizar los millet, y que esta necesidad de «dibujarse» o «definirse» generó nuevas conciencias identitarias entre los otomanos no musulmanes y atomizó todavía más sus comunidades confesionales.

En cualquier caso, las Tanzimat permitieron a los no musulmanes elevar su estatus social y, para finales del siglo XIX, alcanzar puestos claves de la administración y dominar la banca, las redes comerciales y el tejido empresarial del Imperio. Contaron para ello con el mimo del capital extranjero y de la diplomacia de las potencias occidentales, que se servían de ellos para extender sus áreas de influencia cultural y económica en la región. Tratar de ilustrar este vertiginoso cambio será el objeto del siguiente artículo.


Bibliografía

  • Roderic H. Davison, «Turkish Attitudes Concerning Christian-Muslim Equality in the Nineteenth Century», en The American Historical Review, vol. 59, núm. 4, 1954, pp. 844-864.
  • Alexander H. De Groot, «The Historical Development of the Capitulatory Regime in the Ottoman Middle East from the Fifteenth to the Nineteenth Centuries», en Oriente Moderno, 22 (83), núm. 3, 2003, pp. 575–604.
  • Aleksandar Fotić, «Tracing the Origin of a New Meaning of the Term Re‘āyā in the Eighteenth-Century Ottoman Balkans», en Balcanica, núm. XLVIII, 2017, pp. 55-66.
  • Tamar Herzog, Defining Nations. Immigrants and Citizens in Early Modern Spain and Spanish America, New Haven and London, Yale University Press, 2003, 325 pp.
  • Tamar Herzog, Una breve historia del derecho europeo. Los últimos 2500 años, Madrid, Alianza Editorial, 2019, 373 pp.
  • Tim Judah, The Serbs, New Haven and London, Yale University Press, 2009, 414 pp.
  • Vjeran Kursar, «Non-Muslim Communal Divisions and Identities in the Early Modern Ottoman Balkans and the Millet System Theory», en Maria BARAMOVA et alia, Power and Influence in South-Eastern Europe, 16-19th century, Berlin, LIT Verlag, 2013, pp. 97-108.
  • Kalthoum Meziou, «Le droit international privé tunisien en matière de statut personnel», en Jean-Yves CARLIER et alia, Le statut personnel des musulmans: droit comparé et droit international privé, Bruselas, Bruyland, 1992, pp. 275-309.
  • Francis Rey, La protection diplomatique et consulaire dans les Échelles du Levant et
    de Barbarie, Paris, Librairie de la Société Générale des Lois et des Arrêts, 1899, 552 pp.
  • Armand Trannoy, «La “nation latine” de Constantinople», en Échos d’Orient, vol. 15, núm. 94, 1912, pp. 246-256.
  • Francisco Veiga, El turco: diez siglos a las puertas de Europa, 3ª ed., Barcelona, Debate, 2011, 667 pp.

República del Rif II: La consolidación del Estado rifeño

Autor: Selim Balouati. Editado por Alejandro Salamanca.


España y el Rif

  1. La invasión española del Rif: causas y antecedentes (1848-1908)
  2. Marruecos y el Rif a principios del siglo XX
  3. Annual, 1921: muerte y nacimiento
  4. Breve historia de la República del Rif (1923-1927)
    1. El nacimiento de la República del Rif
    2. La consolidación del nuevo Estado
  5. Fuente primaria: Carta de Abd el-Krim a la Sociedad de Naciones (1921)

Como ya hemos visto en el anterior artículo, tras la derrota española en Annual, Abd el Krim fundó la República del Rif. Uno de sus primeros pasos para asentar su proyecto de Estado fue el de obtener reconocimiento por parte de las diferentes tribus solicitando una baia, un  documento en el que las tribus reconocían su mando y autoridad. Esta estrategia le permitió debilitar  a sus rivales dentro del Rif, entre otros Ben Hamidi y Qirsh.

El siguiente paso fue organizar un gobierno para la región centrado en Axdir, que sería la capital. Ahí se construyó el centro político que representó a las 41 tribus a través de un Consejo de la resistencia de las tribus del Rif, un parlamento que en teoría sería elegido cada tres años. Se redactó una constitución de cuarenta artículos que no se conserva, pues se cree que fue quemada junto con el centro gubernamental. El gobierno de Abd el Krim estableció impuestos que regulaban las actividades comerciales y que permitieron financiar el ejército y las nuevas infraestructuras. Las innovaciones tecnológicas continuaron con la llegada de la red telefónica a la que se sumaron la radio y prensa, que incluso llegaban hasta la zona del Marruecos francés.

A diferencia de otros caudillos como el Raisuni, Abd el Krim tenía un proyecto modernizador para el Rif que iba más allá del lucro personal. No obstante, la guerra y la precariedad hicieron que muchos de sus proyectos no se llevaran a cabo.

Símbolos de la nueva república

Todo Estado debe poseer una bandera y un gobierno, tal y como Abd el Krim indicó en varias entrevistas previas al nacimiento de la república. Oficialmente el nombre del nuevo Estado era Al Daula al yumhuria (el Estado de la República del Rif) como término más técnico.  Mientras que también existe el término Yebha rifia (frente rifeño). Ambos son términos correctos, pero solo uno era utilizado de forma oficial.

Uno de los símbolos fue la bandera. Su fondo era de color rojo en referencia a la sangre, mientras que el rombo blanco el centro representaba la liberación del pueblo rifeño. En medio del rombo había una estrella de seis puntas y una media luna verde. El verde y la media luna son símbolos del islam, mientras que la estrella de seis puntas corresponde a las seis grandes tribus que participaron en la descolonización. Una de las banderas originales de la época se encuentra en el museo militar de Toledo. En la bandera también se encontraba bordada la frase en árabe “la Allah ila Allah, Muhammad Rasul Allah” (No hay Dios más que Dios y Mahoma es su profeta), una declaración de intenciones religiosa. Para muchos rifeños, especialmente los provenientes de las zonas rurales, la propia lucha contra el extranjero era una yihad frente al invasor. 

El nuevo estado de Abd el Krim prometía mantener y defender la religión y sus costumbres, y librar a la región de cualquier tipo de imposición o culto extranjero. Al mismo tiempo, Abd el Krim se inspiró en los proyectos de construcción nacional europeos para su República del Rif, que incluía una constitución. La República del Rif intentó reunir las características básicas de un Estado-nación de la época: tierra, pueblo, lengua, bandera y moneda.

Dejando atrás bled es-siba: carreteras y teléfonos

Durante mucho tiempo a la zona del Rif se le denomino bled es-siba, que viene a significar lugar o zona de anarquía. Esta era así pues rara vez las órdenes del sultán llegaban al lugar y eran acatadas, aunque estas zonas estaban bien conectadas con el resto de Marruecos gracias al comercio y la emigración. Para crear una república fuerte, Abd el Krim necesitaba alterar esta dinámica, centralizar el poder y asegurarse de que su autoridad fuera acatada en las distintas regiones del Rif.

El orden y control de las tribus se lograría implementando una mahkama (gobierno) en cada tribu, además de construir bases militares cercanas. Cada mahkama estaba al mando de un bajá designado por Abd el Krim. Como curiosidad, en ciertos lugares las mahkamas eran llamadas fisinas, que viene de la palabra española oficina.

Una de las primeras medidas para asegurar el control del territorio fue la construcción de carreteras, o más bien caminos, que facilitaran la comunicación y el transporte. El transporte era en su mayoría animal, aunque hubo algún vehículo motorizado capturado a los españoles. El centro de esta red de comunicaciones, que la república rifeña fue aumentando a medida que sometía a más zonas a su control, fue la capital,Axdir. La red conectaba Hassi Uenza hasta Xauen por el este y por el sur hasta Ain Medina. La mano de obra que construyó dichas carreteras estaba integrada por los prisioneros españoles y rifeños y más tarde franceses.

Otro elemento fundamental para asegurar las comunicaciones fue el establecimiento de una red telefónica a partir del material que habían dejado atrás los españoles y de suministros adquiridos por contrabando desde Tánger. La red telefónica, que iba ampliándose a medida que Abd el Krim se iba haciendo con el control nuevos territorios, se convirtió en un símbolo de la república y de la modernidad que el nuevo Estado prometía a aquellas zonas que decidieran integrarse a él.




Fuente: C. R. Pennell, La guerra del Rif : Abdelkrim el-Jattabi y su Estado rifeño, p. 199.

Arcas sin agujeros

Todas estas nuevas medidas suponían un gasto enorme, aunque en un principio la liquidez no fue un problema. Los rifeños habían conseguido gran cantidad de material bélico en Annual, a lo que había que sumar el rescate que España pagó por los prisioneros capturados en Annual y monte Arruit, una cifra que llegó a ser de cuatro millones de pesetas. Además, las arcas del nuevo Estado fueron engrosadas por los bienes incautados a los enemigos de Abd el Krim como El Raisuni.

La incipiente hacienda estatal también obtenía fondos de los impuestos, que además del tradicional Zakat coránico incluían innovaciones como el Dariba, impuesto general o el Tijane, impuesto sobre la renta. También se creó el impuesto de aduanas para regular el contrabando. Además, se confiscaron los bienes de las mezquitas, una medida que podría ser calificada como progresista (y resulta curiosa dado el supuesto carácter islámico de la república) pero que no fue bien recibida entre la población. También encontramos el impuesto por venta en zocos. Estos impuestos, sumados a las multas y sanciones aportaban a las arcas una buena suma de ingresos anuales. El nuevo gobierno trabajó para crear su propia moneda y su propio banco nacional, aunque no obtuvo los resultados esperados.

La república rifeña contactó con un supuesto financiero inglés, Charles Alfred Percy Gardiner, que acabó estafando a la República (entre otras cosas, Gardiner prometió la compra y entrega de material bélico moderno que jamás fue entregado a los rifeños). Si se observa el papel moneda en las imágenes se puede leer que está todo en inglés y en árabe, lenguas desconocidas para la mayoría de rifeños. Finalmente, la incapacidad para acuñar monedas e imprimir billetes hizo que la peseta española y el franco francés siguieran siendo los principales medios de pago en el territorio controlado por la república.

Un ejército moderno para un Estado moderno

Una de las máximas aspiraciones de Abd el Krim fue la de crear un ejército regular al estilo europeo, ya que hasta entonces las fuerzas rifeñas habían estado integradas por levas irregulares de hombres que aportaban sus propias armas y munición. Uno de los problemas a los que Abd el Krim tuvo que hacer frente para formar un ejército moderno fue el déficit de formación superior entre la población rifeña. Los principales lugares de reclutamiento continuaron siendo los zocos, donde se ofrecían sueldos fijos para los potenciales nuevos soldados. El ejército se dividía en grupos de: 25 soldados (jamsa uachrin), 50 (Jamsín) y 100 llamado mía. El nombre tan solo hace mención al número en árabe, pero como curiosidad, durante la Guerra Civil española las tropas rifeñas en el bando sublevado mantendrán el mismo nombre según el número. La distinción de rango no se encontraba en la ropa si no en el color del turbante, el verde era para los soldados rasos.

La República contó también con una marina muy precaria, integrada por apenas 30 marineros y una serie de botes (principalmente de remo, aunque posteriormente se uniría alguna embarcación a motor). La función de estas embarcaciones simplemente consistía en transportar a personas, suministros y armas que venían de contrabando desde Tánger. Abd el Krim también trató de establecer una fuerza aérea que aportaría mucha moral a sus tropas. En esa época una avioneta otorgaba superioridad en el campo de batalla e infligía graves daños, tal y como probaban las acciones de la aviación española.  El Estado rifeño llegó a obtener hasta seis aviones: dos fueron abandonados por los españoles tras Annual, uno fue capturado a los franceses y los otros tres fueron probablemente comprados en Argelia. Estos aviones fueron destruidos por bombardeos de los españoles o bien por los ensayos de los nuevos pilotos rifeños.

Reconstrucción del aspecto de uno de los aviones de la República del Rif. Dorand A.R.2. Fuente: Aeropinakes : la efímera fuerza aérea de la República del Rif

Hay que mencionar también a un grupo de extranjeros que se encontraban en el ejército de la República del Rif. Había marroquíes como Ahmed el Susu, que venía del sur de Marruecos; El Matali, originario del noroeste; y otro llamado El Muffaddal. También encontramos algunos europeos que trabajaban como instructores. Antonio, conocido como el mecánico, formó a los rifeños para el mantenimiento de las nuevas redes telefónicas. El noruego Walter Heintgent ejercía la labor de médico, y también hay constancia de un capitán militar de origen serbio. A estos se les sumaba el afamado artillero alemán Otto Klems cuya vida se vió representada en la película “Sargento Klems” de 1971, dirigida por Sergio Grieco.

Educación, sanidad y reforma agraria

Todo proyecto de Estado-nación moderno debe se impulsar la educación. Lo normal en en la región era aprender árabe a través de la enseñanza del Corán en las mezquitas. Aún así, el 80% de los rifeños ignoraba el árabe. La república del Rif trató de construir escuelas con un currículo moderno con asignaturas como matemáticas, ciencias naturales y formación premilitar. Se fundaron escuelas en Axdir, Zauia Adoz, Xauen y el Yebala. Una de ellas estaba orientada a la educación para adultos, y en Axdir se estableció una escuela para niñas. Abd el Krim era consciente de que una administración moderna precisaba gente con estudios superiores. Para solventar este déficit educativo el gobierno rifeño se puso en contacto con autoridades educativas en Egipto y organizó delegaciones estudiantiles para que viajasen a Turquía o Egipto y se formaran allí.

Una de las grandes carencias de la república del Rif era la sanidad. Abd el Krim solicitó a la Sociedad de Naciones que les reconociera como beligerantes para poder acceder la Cruz Roja y ofrecer asistencia sanitaria. La respuesta de la Sociedad de Naciones fue negativa, y la población del Rif y los prisioneros españoles y franceses fueron condenados a sufrir los efectos de la guerra sin asistencia médica. No había rifeños con conocimientos o formación en medicina, aunque hubo médicos extranjeros que accedieron a incorporarse de modo altruista a dichos servicios sanitarios. Además del ya citado Walter Heintgent, también había doctores de zonas cercanas como Mahbub El Aichi, que provenía de Fez y fue destinado al hospital de Xauen. Hubo distintas iniciativas humanitarias que intentaron acceder al Rif, la mayoría de ellas desde el lado francés a causa del bloqueo impuesto por las autoridades españolas, que temían que los rifeños se reforzasen con armas o suministros.

Fotografía colorizada por @eugenet343 y utilizada con su permiso

La república rifeña también intentó realizar una reforma agraria que facilitara el acceso a la tierra al campesinado más pobre, además de adelantar simiente para poder comenzar con los cultivos. Esta política buscaba aumentar las cosechas en una zona con un pobre rendimiento agrícola y sometida a hambrunas regulares. Para esta reforma se repartieron las tierras que habían sido requisadas a los enemigos de Abd el Krim.

Rifeños judíos

En el Rif existían habitantes de religión judía que vivían en zonas urbanas como Tánger y Melilla, en diversas cabilias o tribus e incluso zonas aisladas y rurales. Un ejemplo de la importancia de esta comunidad son los artículos publicados en el periódico el Telegrama del Rif de la ciudad de Melilla cuando se nombraban los aspectos positivos que el protectorado español aportaba a la región siempre se mencionaba en conjunto a “rifeños y judíos”

El papel desempeñado por los judíos en el Rif era importante en la economía local, pues eran joyeros, fabricantes de albardas y comerciantes. Nunca llevaban armas y estaban siempre bajo la protección del jefe del clan o linaje Según el Anuario Estadístico de la Zona del Protectorado en 1936, diez años después de la Guerra del Rif, habitaban en la región unos 13.000 rifeños de religión hebraica.

Los judíos también desempeñaron un papel importante en la  República del Rif. Mesod Benaín, un rifeño de religión hebrea que fue socio empresarial del padre de Abd el Krim,  ocupó el cargo de ministro de la tesorería de la República del Rif. Además, el hermano de Abd el Krim había estudiado francés en una escuela para población judía en Tetuán.  Varios rifeños judíos de la cabilia o tribu de Beni bu Frah y Jamás trabajaban en el depósito general de Azzcar en Axdir manipulando las municiones y reparando el armamento. Otro grupo se encargaba de transformar los obuses que caían y no explotaban en granadas de mano, y otro se encargaba de los arreos de caballos. Estos rifeños judíos se encargaban de este tipo de trabajos debido a sus oficios en orfebrería o mecánica en poblaciones rifeñas. Además, según J.F. Salafranca, como mínimo debió haber una unidad de combatientes judíos en las filas de la República del Rif.

Conclusión

Abd el Krim intentó construir un Estado en el norte de África en el que sería uno de los primeros movimientos anticoloniales exitosos (al menos hasta que fueron derrotados). La experiencia de la República del Rif inspiraría a los creadores de la Liga contra el Imperialismo, una organización ligada a la Internacional comunista a la que pertenecieron, entre otros, Albert Einstein, Lamine Senghor y Jawaharlal Nehru.

Los líderes de la rebelión rifeña no eran meros tradicionalistas tratando de restaurar el estilo de vida existente antes de la llegada de los europeos. Además de luchar contra el invasor, Abd el Krim y los suyos trataron de construir un Estado moderno que fuera aceptado por el resto de actores internacionales (véase la carta de Abd el Krim a la Sociedad de Naciones, una interesantísima fuente primaria). Como hemos visto, el Estado rifeño impulsó proyectos modernizadores entre los que se contaban una ampliación de la red de transporte y comunicaciones, la construcción de escuelas y el envío de legaciones educativas a otros países, así como una reforma agraria que cimentase el apoyo popular al nuevo Estado y acabase con la riqueza de sus enemigos tribales. La vida de este nuevo régimen, no obstante, fue muy efímero y estuvo principalmente marcada por el conflicto bélico contra los españoles.


Bibliografía en castellano

El nacimiento de la República del Rif

Autor: Selim Balouati. Editado por Alejandro Salamanca.
Traducción al francés disponible en Courrier du Rif

España y el Rif

  1. La invasión española del Rif: causas y antecedentes (1848-1908)
  2. Marruecos y el Rif a principios del siglo XX
  3. Annual, 1921: muerte y nacimiento
  4. Breve historia de la República del Rif (1923-1927)
    1. El nacimiento de la República del Rif
    2. Construcción y consolidación del nuevo Estado (próximamente)
  5. Fuente primaria: Carta de Abd el-Krim a la Sociedad de Naciones (1921)

Introducción

La República de las Tribus Confederadas del Rif (en tifinagh: ⵜⴰⴳⴷⵓⴷⴰ ⵏ ⴰⵔⵔⵉⴼ) es uno de los mayores hitos de la lucha anticolonial, un hecho tan singular como sorprendente. En un momento en el que la mayor parte del continente africano y un buen número de países islámicos se encontraban bajo dominio europeo (bien como colonias o como protectorados), una confederación de rifeños al mando de Abd el-Krim consiguió derrotar al ejército colonial español y establecer una república independiente que resistió durante cinco años. Hasta entonces sólo Etiopía había sido capaz de una gesta similar, cuando en 1895 expulsó a los italianos. No obstante, Etiopía ya era entonces un Estado consolidado y además había contado con apoyo ruso y francés. La República del Rif, en cambio, no contaba con precedentes históricos cercanos y no recibió apoyo de ninguna potencia europea.

En esta serie de artículos narraremos la historia de la república rifeña más allá de lo meramente militar, centrándonos en cómo Abd el-Krim y sus seguidores trataron de establecer un estado moderno en una región tradicionalmente anárquica, donde el sultanato marroquí había sido incapaz de asegurar el control y que era conocida en los mapas como Bled es-siba, que viene a significar zona sin control.

Trataremos de reconstruir la historia de la República del Rif desde el inicio hasta el final. Si bien es un hecho histórico excepcional, el contexto que rodea este tema ha hecho que haya pasado desapercibido y que los estudios hayan sido superficiales. Al final de este artículo puedes encontrar un breve repaso a la historiografía sobre la república rifeña.

Retos y escenario tras Annual

La batalla de Annual no significó el flin del conflicto. A pesar de la victoria, Abd el Krim y sus adeptos todavía tenían que resolver la situación en varios frentes. El Rif Occidental, que iba desde Gomara hasta Larache, aún estaba en manos de los españoles, quienes lo iban a defender a toda costa con el apoyo de algunos líderes rifeños opuestos a Abd el-Krim. Por otro lado, además de mantener a raya a las potencias coloniales, Abd el-Krim tenía que ganarse el reconocimiento de las comunidades rifeñas y convencerlas para adherirse a su causa. Había jefes tribales que lo ponían en entredicho y querían continuar en favor del colonialismo español, entre quienes se encontraban rivales importantísimos como el-Raisuni, de quien hablamos brevemente aquí.

En otras palabras, tras Annual no vino la paz, sino que se desencadenaron dos procesos paralelos: los preparativos para un nuevo conflicto armado contra españoles y franceses y la construcción de un nuevo Estado en forma de república. Como se verá más adelante, Abd el-Krim trató de acabar con el antiguo sistema tribal, creando una nueva figura por encima de los líderes con mandato. Esto es algo que nunca había existido en la región y que será clave para la nueva república. 

Mapa del Rif. La zona de Gomara y el Yebala sería la zona Occidental del Rif. Extraído de: Manuel Leguineche Annual 1921: el desastre de España en el Rif

Frente español

Los españoles, al mando de Dámaso Berenguer, continuaron atacando la zona occidental del Rif tras su derrota en Annual. Durante su mandato, Berenguer trató de frenar a Abd el-Krim colocando a rifeños en puestos importantes, como fue el caso de Driss El Riffi, que administrador de la zona occidental. Tras la destitución de Berenguer como Alto Comisario de España en Marruecos, su puesto lo ocupó Ricardo Burguete. Burguete comenzó con una política de pacificación y de restitución de antiguas amistades como las del jerife el-Raisuni. Las políticas de Burguete surtieron efecto en la zona occidental dominada por los españoles, quienes comenzaron a avanzar por el frente occidental en octubre de 1922.

Al principio este avance se produjo en zonas que cuestionaban a Abd el-Krim como Beni Said y Beni Tuzin, donde el ejército español no lograría consolidar su dominio. En noviembre, Abd el-Krim infligió otra derrota a los españoles, quienes sufrieron cerca de 2000 bajas. Tras la derrota, Burguete ordenó la retirada de las tropas. Con la llegada al poder de Primo de Rivera (1923), los españoles decidieron suspender temporalmente la idea de colonizar el Rif.

Jinetes rifeños. Fuente de la imagen

Frente rifeño

En el interior, Abd el-Krim tuvo que resolver dos problemas: En primer lugar, necesitaba terminar de consolidar su dominio y enfrentarse a sus adversarios internos en el Rif occidental, ciertos líderes tribales de la zona de Gomara y el Yebala que rivalizaban con él. En segundo lugar, debía asegurar el reconocimiento de los líderes de cada tribu rifeña, algo esencial y  necesario para que no hubiera que usar la fuerza para obtener el poder y lograr la construcción del nuevo Estado. 

Los protagonistas del primer problema eran un “triunvirato” compuesto por dos jefes rifeños y un argelino: Amar Ben Hamidu, el gueznaia El Hay Bel Quish y Abd el-Kader Hach Tieb, respectivamente. Abd el-Kader jugó un papel de negociador y colaborador con los españoles llegando a mandar tropas a luchar contra aliados de Abd el-Krim. Los tres líderes presentaron una dura y continua resistencia en la zona occidental del Rif. Una de las estratagemas que utilizó Abd el-Krim para lograr contrarrestar a estos fue ir centralizando el poder pacíficamente a través del reconocimiento y cooptación de los distintos líderes tribales de forma que sus opositores encontraran cada vez menos aliados hasta quedarse solos. Así, Abd el-Krim nombró Caid de Marnisa a Ben Hamidu para acabar con su oposición y romper el trio, del cual solo Abd el-Kader continuó con el bando español. 

Abd el-Krim dio otro golpe de efecto con su victoria frente a una de las figuras más míticas del Rif, el-Raisuni, un caudillo que controlaba la zona occidental conocida como el Yebala. El-Raisuni había logrado una gran influencia dado a los altercados que perpetraba, las escaramuzas que llevaba a cabo y sus sonados secuestros, como el famoso el incidente Perdicaris: el-Raisuni secuestró a un diplomático norteamericano y causó una pequeña crisis diplomática entre los Estados Unidos y el sultán de Marruecos, que además era el primer país que había reconocido la independencia estadounidense. Tal aventura fue plasmada en una película de 1975 titulada “El viento y el león” en la que Sean Connery interpretaba a el-Raisuni.

Fotografía real de el-Raisuni

Curiosidades aparte, el-Raisuni era un notable a tener en cuenta en el Rif occidental, pues había gobernado durante más de 20 años en la zona del Yebala. El-Raisuni se había mostrado ambiguo respecto a la presencia española: a veces veía favorable la colonización española y otras no, pues exigía al gobierno español que le otorgara un alto cargo en la administración colonial. Todo cambió en 1922, cuando los españoles decidieron acabar con el-Raisuni y tomar Tazrut, la capital del Yebala, para asegurar el Rif occidental tras Annual. Tras esto, los españoles decidieron ofrecer un cargo a el-Raisuni a cambió de que este derrocase a Abd el-Krim, que amenazaba los intereses de ambas partes.

El-Raisuni

Tras una serie de ataques a las tropas de Abd el-Krim organizados por el-Raisuni, en enero de 1923 Abd el-Krim envía un ejército compuesto de 1000 hombres que logran derrotar definitivamente a el-Raisuni, que contaba con apoyo de la aviación española en la zona. Con esta victoria, Abd el-Krim se volvió incontestable y, a ojos de sus seguidores, invencible. Esta victoria no solo le proporcionó prestigio: los bienes incautados a el-Raisuni y los españoles llenaron las arcas del nuevo estado. 

Una vez solventados los conflictos con los rifeños y pacificado el Rif en todo su territorio desde Temsaman hasta Tetuán, Abd el-Krim ya podía comenzar a construir sobre los cimientos establecidos lo que sería el nuevo estado del norte de África, la República del Rif. Pero esto lo veremos en el siguiente artículo.


Apéndice historiográfico

Varias preguntas viene siendo si esta se trató de una República Independiente del Reino de Marruecos, si  fue simplemente una república transitoria hasta que Marruecos fuese descolonizado o si fue el primer conato de la lucha anticolonial marroquí incluyendo a Abd el-Krim como parte del nacionalismo marroquí. Cuestiones clave como la ideología del movimiento, sus objetivos y la gestión del líder rifeño no han sido del todo exploradas.   

Pocas son las obras publicadas sobre este periodo histórico. La gran obra sobre la República del Rif continúa siendo la obra del antropólogo norteamericano David M. Hart The Aith Waryaghar of the Central Rif: an ethnography and history, así como otra obra basada en la tesis doctoral de C.R Pennell  La guerra del Rif : Abdelkrim el-Jattabi y su estado rifeño. En cuanto  a las obras en español encontramos muy pocas, mientras que en árabe encontramos un gran catálogo marroquí y que para el cual recomiendo el articulo de Rocío Velasco de Castro.

Las obras en español no son abundantes. Este tema, al igual que la etapa colonial de España en África, parece ser objeto de una clara amnesia social y académica. Una de las primeras obras es la de Miguel Martín, El colonialismo español en Marruecos de 1973. En esta obra se menciona la República del Rif pero de un modo superficial centrándose en los escenarios políticos en España y en los partidos políticos comunistas activos en el anticolonialismo de la época.

María Rosa de Madariaga es, hasta el momento, la autora más prolífica con una intensa publicación de articulos y obras sobre España, el Rif y el protectorado. Su obra centrada en el líder rifeño Abd el-Krim El Jatabi. La lucha por la independencia de 2009 aborda el periodo de existencia de la República pero no llega a ocupar más de 20 páginas haciendo un análisis de la misma superficial. La obra más reciente de esta temática es El Rif, sus élites y el escenario internacional en el primer tercio del siglo XX (1900-1930) de 2016 de Faris el Messaoudi-Ahmed. Este  aborda el tema de manera más profunda y hace un análisis claro de las diferentes corrientes y visiones sobre este periodo histórico en la historiografía, sobre todo la marroquí.

También encontramos La República del Rif de Jesús Salafranca de 2004. Podemos decir que es la obra más completa, pues se dedica el libro enteramente a la formación de la República, a exponer las novedades y además a realizar un análisis ideológico del nuevo Estado. 

No es un catálogo extenso, mucho menos si se tiene en cuenta que la mitad de las obras citadas se encuentran descatalogadas y fuera de circulación. Además, de los autores citados sólo uno es originario de la región del Rif.

El ascenso del gran ayatolá Sistani

El ascenso del gran ayatolá Sistani

El gran ayatolá Sistani (Mashad, Irán, 1930) es uno de los clérigos chiíes más poderoso del mundo. Se estima que tres cuartas partes de los chiíes del mundo le tienen como autoridad religiosa de referencia, y su fundación maneja un presupuesto millonario que le permite tener representantes en países como Azerbaiyán, Georgia, India, Turquía, el Reino Unido, Líbano, Pakistán, Estados Unidos y por supuesto Irán e Iraq.

Este artículo se centra en la trayectoria de Sistani hasta 2005. Primero narro el ascenso de Sistani entre la jerarquía eclesiástica chií. Después explico como tras la invasión estadounidense de Iraq, Sistani se convirtió en una pieza central de la política del país. Para leer sobre los últimos 15 años de la vida Sistani tendréis que esperar a mañana 15 de enero: El Orden Mundial (EOM) va a publicar un artículo mío sobre el tema (solo para suscriptores).

Antes de meternos en materia, es preciso tener en cuenta que la importancia de Sistani no se puede comprender sin considerar algunos características del chiísmo duodecimano usulí, la denominación más extendida entre los chiíes. Los usulíes defienden el uso del razonamiento independiente para interpretar los textos sagrados del islam y encontrar indicaciones sobre cómo actuar ante los problemas cotidianos. No obstante, esto solo puede ser llevado acabo por aquellos que tienen el conocimiento necesario para no malinterpretar las escrituras, los muytahidún o clérigos. El resto de los creyentes serían muqalidún o seguidores, y según la doctrina ortodoxa estarían obligados a seguir las indicaciones a un líder religioso vivo, en particular a un gran ayatolá o marya taqlid ―fuente de emulación, el más alto rango de la jerarquía religiosa chií.

Si el párrafo anterior te resulta confuso, te recomiendo que leas este artículo en el que intento explicar de forma sencilla la jerarquía religiosa y algunos de los fundamentos del chiísmo.

Una vida dedicada a la teología

Alí Hussein Sistani nació en 1930 en el seno de una familia clerical de la ciudad iraní de Mashad, un importante destino de peregrinaje. De niño estudió árabe y jurisprudencia básica en el seminario local, y a los dieciocho años se mudó a Qom, la principal ciudad religiosa de Irán, donde asistió a algunas de las clases del gran ayatolá Boruyerdí. Tres años más tarde se desplazó a Nayaf, ciudad santa del chiísmo en Iraq, donde se convirtió en alumno del ayatolá Joí, quien acabaría alcanzando la categoría de marya taqlid en 1971. Tras obtener su certificado de muytahid y regresar brevemente a Mashad, Sistani se instaló definitivamente en Nayaf y comenzó a impartir clases de derecho islámico en uno de los seminarios más importantes del mundo chií.

En 1987, el gran ayatolá Joí designó a Sistani como imam de la mezquita verde, uno de los templos del santuario del Imam Alí en Nayaf. Joí había impartido sus lecciones en esa mezquita desde su reconstrucción en los años 60 ―de hecho, se encuentra enterrado allí―, y poniendo a Sistani al frente estaba nombrando informalmente a su sucesor como marya, algo muy poco habitual entre las autoridades religiosas chiíes. Tras la muerte de Joí en 1992, Sistani se convirtió en la principal autoridad religiosas del seminario de Nayaf, donde impartió clases hasta que Sadam Hussein se lo prohibió en 1999, año en el que también fue asesinado uno de sus principal rival como marya, Sadeq al-Sadr. Sistani tuvo el apoyo de la acaudalada fundación Joí de Londres, fundada en 1989 y administrada por la familia de su predecesor, lo que facilitó su reconocimiento en Iraq.

Sistani y Joí a finales de los 80. Fuente: Wikimedia

El el reconocimiento de Joí y su fama en Nayaf no era suficiente para que el maryayat de Sistani fuera aceptado por los clérigos iraníes. Según el especialista en chiísmo Mehdi Khalaji, Sistani debe gran parte de su éxito en su país natal a su representante en Qom, su yerno el hoyatoleslam Yavad Shahrestaní. En los años 80 Sharestaní fundó en la ciudad santa iraní una editorial religiosa que popularizó el nombre de Sistani. También consiguió establecer muy buenas relaciones con la oficina de Joí, y tras la muerte de su maestro, Sistani consiguió retener una parte importante de su red y su capital simbólico.

La hábil diplomacia de Sharistaní evitó que Sistani tuviera problemas con el recién designado Líder Supremo de la República Islámica, Alí Jameneí, quien también afirmaba ser un marya a pesar de no estar reconocido como tal. Además de no disputar a Jameneí el dominio del seminario de Qom y de cultivar buenas relaciones con las autoridades del régimen, Shahrestaní se esforzó por reunirse en nombre de Sistani con clérigos caídos en desgracia o repudiados por el régimen, como el gran ayatolá Montazeri o Abdelkarim Sorush. Esto dio a Sistani un aura de independencia y neutralidad política, lo que aumentó su popularidad en su país natal.

Su creciente número de seguidores permitió a Sistani conceder estipendios a estudiantes en el seminario. Para no violar la norma no escrita que dicta que los sueldos más altos del seminario deben estar pagados por Jemeneí, Sistani gastó sus fondos en construir bibliotecas especializadas, residencias de estudiantes y hasta un observatorio, así como para ofrecer el primer servicio de internet en Qom a finales de los 90. Esto hizo que su popularidad en Irán aumentara, y poco a poco se convirtió en uno de los marya más populares, lo que a su vez hizo que siguieran aumentando sus ingresos, que en 2006 se estimaban en unos 600 millones de dólares anuales.

2003: Sistani entra en la escena política

Al igual que su antecesor, Sistani siguió una línea apolítica ―o al menos pretendidamente neutral― durante la mayor parte de su trayectoria, alejada de la corriente activista de Sadeq al Sadr o Jomeini. Esto puede interpretarse como una estrategia de supervivencia, ya que el régimen de Saddam Hussein tenía una larga tradición de asesinar clérigos incómodos. Durante sus primeros años como marya, Sistani evitó referirse al gobierno iraquí. También evitó pronunciarse explícitamente sobre el velayat-e faqih (gobierno del alfaquí), uno de los fundamentos religiosos del régimen clerical iraní. De este modo, Sistani logró asegurar la continuidad de su seminario en Nayaf y protegió sus intereses en Irán al no presentarse como un antagonista de Jamenei.

No obstante, la invasión estadounidense de Iraq en 2003 cambió radicalmente su posición. Por un lado, la caída del régimen baazista creó un vacío de poder en el que Sistani pudo ejercer su influencia. Muchos de los políticos chiíes que volvían del exilio apenas eran conocidos en su país, de modo que se acercaron a Sistani para ganar popularidad y legitimar su posición. Al mismo tiempo, los ocupantes extranjeros necesitaban encontrar un interlocutor entre la comunidad chií y Sistani, una influyente figura religiosa, sin duda conservadora pero alejada de radicalismos y sin aparentes ambiciones políticas, parecía el candidato perfecto. El anciano marya se convirtió así en una figura con poder simbólico, un mediador en tiempos de crisis, aunque con agenda propia. Una de las primeras medidas

Durante los dos primeros años de ocupación, Sistani presionó con éxito a las autoridades estadounidenses para que celebraran elecciones constituyentes. El plan de los estadounidenses tras la ocupación era establecer un gobierno provisional, redactar una constitución y someterla a referéndum. Sistani demandó elecciones inmediatas y amenazó a los ocupantes con emitir fatuas contra ellos. Sistani logró su objetivo y las elecciones se acabaron celebrando el 30 de enero 2005, aunque la participación en las áreas suníes fue muy baja ―en la provincia de Anbar, al oeste del país, apenas votó un 2% de la población. La alta abstención suní se debió al boicot por parte de algunos grupos, que pedían posponer las elecciones hasta que se diesen unas condiciones de seguridad mínimas, y al miedo de gran parte de la población a ataques de grupos armados.

Elecciones de 2005. Fuente: US Marines

El partido que se hizo con la victoria en las elecciones constituyentes fue la Alianza Unida Iraquí o lista Sistani, una coalición de 22 partidos chiíes formada por sugerencia del gran ayatolá. En otras palabras: Sistani tuvo influencia informal en la redacción de la constitución iraquí, cuyo texto protege los intereses de los clérigos chiíes. El artículo 2 de la carta establece un estado “multicultural y democrático” con el islam como “religión oficial del Estado” y “fuente principal de la legislación” donde se garantiza la libertad religiosa. También se garantiza la protección de los lugares sagrados del chiísmo ―artículo 10― así como la libertad para “administrar los bienes píos y sus asuntos”, ―artículo 43― lo que asegura la independencia del clero. A pesar de esto, Sistani ha defendido siempre que el clero debe evitar inmiscuirse en política.

Aunque nunca la ha criticado explícitamente, es evidente que Sistani no apoya la doctrina del velayat-e faqih o gobierno del alfaquí, al menos en la interpretación vigente en Irán, que establece que el poder político debe estar en manos del clero ―Sistani siempre ha defendido que el papel del clero debe ser el de “aconsejar” y “guiar” al pueblo y a los gobernantes. En cualquier caso, Sistani ha seguido manteniendo una relación personal cordial con algunas de las autoridades iraníes, por ejemplo recibiendo al presidente Rohaní en marzo de 2019―honor que no concedió a Ahmadineyad diez años antes―o preocupándose por la salud de Jameneí.


Si os ha gustado este texto, no os perdáis la segunda parte en El Orden Mundial


Bibliografía

He consultado muchos textos para escribir esto de modo que una bibliografía exhaustiva resultaría muy extensa y poco útil. No obstante, me gustaría destacar cuatro referencias que podéis encontrar online.

El Gobierno del Jurista (Velayat-e faqih)

Nota: este texto está extraido y adaptado de mi artículo sobre la Revolución Islámica de Irán. He decidido publicarlo como artículo independiente para tener una referencia enlazable a mano, ya que el artículo de la Wikipedia en español sobre el tema es una traducción automática bastante mala.

El velayat-e faqih es un concepto específicamente chií; si no estáis familiarizado con la jerarquía del chiísmo os recomiendo leer mi texto sobre los ayatolás.

Velayat e-faqih podría traducirse más o menos como tutela o gobierno del jurista islámico o del alfaquí. El concepto no lo inventó Jomeini, aunque él es sin duda su máximo exponente.

Jomeini escribió “Gobierno Islámico” en 1971. El modelo que propone está parcialmente inspirado en la “República” de Platón. Jomeini, como Platón, concibe una sociedad donde los filósofos, austeros, eruditos, y desprovistos de ambiciones materiales, son los gobernantes. En su versión, los filósofos son los intérpretes de la ley islámica. Esta ley, otorgada por Dios, deberá aplicarse hasta el final de los tiempos. Aunque a lo largo de la historia los clérigos chiíes jamás detentaron ningún poder, esta idea basa su legitimidad en el legado del califa Alí y sus sucesores. Tras la “ocultación” del duodécimo Imán, los clérigos y jueces chiíes se convirtieron en sus teóricos representantes en la tierra.

Si queréis saber más, os recomiendo mirar su Gobierno Islámico,  en especial la tercera sección del libro, “la forma de gobierno islámico”. El texto completo en español puede encontrarse en este enlace. La palabra clave del texto es “ley”. Sustituid faqih (interpreté de la ley islámica, juez) y fuqaha (jueces) por sus equivalentes en español, y todo tendrá muchísimo más sentido. La ley y el orden están de moda en todas partes y en todas épocas. La cuestión siempre es qué ley, y quién puede interpretar esa ley.

Es necesario recordar que los velayatis o jomeinistas no representaban a todos los clérigos en 1979, y de hecho la suya era una posición minoritaria. Por un lado, había una sección conservadora y quietista que consideraba que la religión no debía mezclarse con la política, encabezada por el marya (escalafón superior del chiísmo) Shariatmadari. De igual modo, existían ayatolás progresistas como Taleqani o en menor medida Mutahhari que defendían un orden democrático y parlamentario sin la tutela de un grupo de juristas islámicos.

En la actualidad el velayat-e faqih es la doctrina oficial de la República Islámica de Irán. No obstante, el gran ayatolá Sistani, el más influyente marya en la actualidad, no parece simpatizar con la idea. En otras palabras: el chiísmo no establece que la sociedad deba ser regida por un líder supremo con credenciales religiosas; se trata de una interpretación moderna instrumentalizada por Jomeini y sus seguidores.

Marruecos y el Rif a principios del siglo XX

Artículo escrito por Selim Balouati y editado por Alejandro Salamanca.

Parte de la serie España en el Rif

1 – La invasión española del Rif: causas y antecedentes (1848-1908)
2 – Marruecos y el Rif a principios del siglo XX
3 – Annual, 1921: muerte y nacimiento
4 – Fuente primaria: Carta de Abdelkrim a la Sociedad de Naciones (1921)


En el anterior artículo explicábamos las causas de la invasión española del Rif, centrándonos en factores internos de la historia y la política españolas. En el artículo de hoy hablaremos de la situación del Rif y del resto de Marruecos a principios de siglo.

Nota sobre terminología: empleamos el término “tribu” para referirnos a una comunidad social cohesionada por lazos de parentesco reales o imaginados. No se debe interpretar como una palabra valorativa o despectiva

El reino de Marruecos

A principios del siglo XX, Marruecos era uno de los pocos países africanos que todavía no había sido ocupado por las potencias coloniales europeas. Esta situación se logró en parte gracias a la hábil diplomacia marroquí, que nunco mostró favoritismo por ninguna potencia europea y procuró mantener una actitud neutral. Sin embargo, como ocurriría en muchos otros lugares, las concesiones comerciales y los acuerdos de exportación acabarían debilitando su independencia. Marruecos es el único país del continente africano que da al mar Mediterráneo y al océano Atlántico, lo que le da gran importancia geoestratégica.


Las tres grandes potencias que intentaban ejercer su influencia en Marruecos eran Alemania, Inglaterra y Francia. Inglaterra quería proteger sus intereses en Gibraltar y alejar de Marruecos a potencias hostiles. Alemania, que apenas había logrado territorios en el reparto colonial del Congreso de Berlín, aspiraba a ampliar su influencia en el país,visita del káiser a Tánger incluida. Por su parte, Francia quería evitar que Alemania se hiciera fuerte en un territorio tan cercano a sus posesiones en Argelia. Se producirían varias crisis diplomáticas entre Francia y Alemania, solucionadas tras la cesión a Alemania de parte del territorio francés en Congo.

Marruecos contaba en 1900 con aproximadamente 4 millones de habitantes. La mayoría de ellos se organizaban en torno a tribus o sociedades familiares, donde el nombre del ancestro tenía un peso notable. La principal autoridad estatal era el rey o sultán, que además tenía el título simbólico de amīr al-muʾminīn o comendador de los creyentes. Su sucesión no era hereditaria, sino que estaba determinada por un consejo de ulemas, aunque el puesto siempre recaía en un miembro de la familia alauí. Cada nuevo aspirante a sultán tenía que armar un ejército a través de redes tribales y clientelares para así ganar el título a través de la guerra con sus posibles aspirantes.

A pesar de que el sultán de Marruecos era reconocido como líder religioso y espiritual en todo el Magreb, su poder como líder político solo llegaba hasta donde su ejército real podía ir a recoger los impuestos. A principios del siglo XX, la autoridad del sultán se extendía apenas entre Tánger y Esauira, más o menos un 20% del territorio del actual Marruecos. El resto del país era conocido como Bled es Siba cuyo significado podría ser algo similar a territorios sin ley o zonas de anarquía, aunque en realidad eran simplemente zonas fuera del poder real. El Rif era una de estas regiones.

(Blanco: zonas de poder real. Gris: zonas de Bled es Siba )
Autor: Elisée Reclus, “L’Homme et la Terre”

En los primeros treinta años del siglo XX, el sultanato de Marruecos experimentó una serie de sucesiones al trono turbulentas. Uno de los primeros monarcas marroquíes que se abrieron la influencia extranjera fue  Sultán Abd el Aziz, que comenzó su reinado en 1901 (oficialmente su reinado comenzó en 1894, pero al ser menor de edad la regencia la ejercía un visir). El nuevo sultán, a quien le gustaba imitar las modas occidentales, se rodeó durante su mandato de un gabinete de consejeros europeos que le asesoraron sobre cómo modernizar el país. (¿Os suena?)

Las reformas fiscales y administrativas del sultán no agradaron a los nobles y notables marroquíes, que comenzaron una rebelión cuyo líder era el hermano del sultán, Muley Abdelhafiz. Para sofocarla, el sultán solicitó tropas a los europeos, y los franceses aprovecharon para aumentar su presencia e influencia en el país a través de acuerdos comerciales y apoyo en las revueltas internas que sufría el nuevo gobierno de Abd el Aziz. Por otra parte, se produjo un incidente diplomático entre Francia, Marruecos y Alemania, que se intentó resolver mediante la conferencia de Algeciras que se celebró en 1906 y de la que hablamos en el siguiente artículo. Dos años después, los ulemas proclamaron a Abdelhafiz, más conservador y tradicional que su hermano, como legítimo sultán.

El sultán Abd el Aziz con su famosa bicicleta. Se decía que esta era de oro y que por ella se había vendido el país a los extranjeros, una fábula que desprestigió  al joven sultán. Autor: La vie illustree

El nuevo sultán se comprometió a cumplir seis puntos: 1: Deshacerse de toda influencia europea. 2: Recuperar todas las regiones fuera de la frontera actual marroquí. 3: Abolir el acta de Algeciras. 4: Eliminar los privilegios extranjeros. 5: Gobernar sin ayuda extranjera. 6: No realizar acuerdos con extranjeros sin consultar al pueblo. Como vemos, toda una declaración de intenciones que en cierto modo ataba al sultán en materia exterior y que era un tanto irrealista dado el estado del país.

La situación con el tiempo no resultaría beneficiosa para Abdelhafiz, pues Marruecos se encontraba ahogada por las deudas (se calcula que para 1910 debía cerca de treinta y cinco millones de dólares a Francia). El poco margen de movimiento provocó que el nuevo Sultán acabase formalmente de la independencia del Estado marroquí con la firma del tratado de Fez en 1912, que convertía el país en un protectorado de Francia. Al conocer el tratado, la población de Rabat y otras ciudades se levantaron en una revuelta con el objetivo de dar muerte a todo foráneo que se encontrase en la capital, una insurrección que tuvo que ser sofocada por el ejército francés. Ese mismo año, Abdelhafiz abdicó del trono en favor de su hermano Yusuf. Desde ese momento y hasta el fin de la presencia colonial europea en Marruecos, el Sultán no sería un obstáculo para los franceses.

Portada del suplemento dominical del diario francés Le Petit Journal sobre la firma del tratado de Fez y el inicio del protectorado francés. Fuente: Biblioteca Nacional Francesa

El Rif a principios del s. XX

Tánger

Una de las pocas zonas del Rif controladas efectivamente por el sultán era Tánger. La ciudad  fue escenario de una actividad diplomática intensa que no vivía ninguna otra zona de Marruecos, pues allí se ubican todas las embajadas y consulados extranjeros. El emplazamiento de la ciudad la hizo una zona clave de paso para viajeros y reuniones diplomáticas, por lo que esta ciudad adquirió un carácter particular que la deja fuera de la cronología rifeña. queda fuera de la cronología rifeña.En 1925 la ciudad pasó a ser una “zona internacional”, es decir,administrada de forma independiente por varios Estados. Esta situación no se rompió hasta la entrada de Alemania en París durante la Segunda Guerra Mundial, momento que aprovechó el ejército español para entrar en la ciudad y gobernarla hasta el fin del conflicto en 1945, tras lo que se restauró la situación anterior finalizando en 1956. Hay que mencionar como curiosidad que la primera adquisición de gobierno norteamericano fuera de Estados Unidos fueron los terrenos donde se erigía el consulado americano en Tánger, convertido hoy día en un museo.

El Rif y los rifeños

A principios del siglo XX, la población del Rif no  llegaba a los 800.000 habitantes. Esta zona estaba relativamente libre de influencia extranjera y apenas había cartografía más allá de Ceuta, Melilla y Larache. El interior del Rif era una zona inexplorada sobre la que había muchas fábulas y mitos como por ejemplo las riquezas mineras de la zona.

La mayoría de los habitantes del Rif eran bereberes o amazigh. Apenas habían sido arabizados y conservaban su lengua y sus estructuras sociales tradicionales. El árabe era solo la lengua intelectual y litúrgica, pues tanto el Corán como los documentos oficiales siempre estaban en ese idioma. No se sabe hasta qué punto el alfabeto bereber o tifinagh había sobrevivido o cuando se extinguió. Un ejemplo de pervivencia cultural frente a la arabización es el tatuaje en el rostro femenino que continuó siendo propio de la etnia amazigh. Este símbolo de distinción social podía poseer varios significados, como la confirmación de que estaba prometida (una función similar a la del anillo de compromiso en Occidente).  

Mujer Amazigh
Autora: Farah Ali  Twitter; @farali_95 (Reproducido con su autorización)

Los amazigh se organizaban en tribus, también llamadas cabilas o cabilias. Cada una de estas era conocida por su antecesor de origen masculino o por el lugar de origen. Para designar a la tribu por el nombre del antepasado común se usan los vocablos ulad y beni que quiere decir “hijo de” o “hijos de”. Esta estructura tribal partía de un tronco inicial que se iba dividiendo en clanes surgidos a través de matrimonios o por asentamientos en determinados lugares. A pesar de las subdivisiones, podemos hablar de una sociedad relativamente igualitaria en la que las tribus se trataban de igual a igual.

El poder de cada tribu dependía del número de parientes adheridos a esta y de su afinidad o alianzas con otras.  La rivalidad entre tribus podía dar lugar a enfrentamientos, pero a pesar de ello rara vez ejercían su poder para imponerse en materias legales o jurisdiccionales. En esa época, la tribu más fuerte era la de los Beni Urriaguel, de donde procedía el futuro líder rifeño Abdelkrim. Se calcula que en 1920 contaban con algo más de 40.000 miembros. Los Beni Urriaguel fueron durante mucho tiempo la tribu dominante en el Magreb, y eran tan poderosos que raramente necesitaba la alianza de otra para resolver un conflicto.

‘Zoco a Had de Benibuifrur’, 1910. Autor: José Ortíz Echagüe (Museo de la Universidad de Navarra).

Los amazigh se regían por una ley interna llamada el urf, la cual imponía multas de carácter económico y físico, pero siempre trataba de buscar la paz entre las tribus y el respeto de las zonas comunes como los zocos. Como hemos dicho antes, el poder del sultán apenas llegaba al Rif, que era considerado uno de los Bled es-Siba o territorios sin ley. Es cierto que el sultán nombraba un Caid para que gobernase la zona en nombre de su majestad, pero este importaba poco. Se sabe que en otras regiones había un cierto temor a las delegaciones reales enviadas a recaudar impuestos, pues cuando no se les hacía caso acampaban en la zona y ejercían el bandolerismo contra aquellos que se negaban a acatar las órdenes reales, aunque no se tiene constancia de que esto sucediera en el Rif.

Fuerza cabileña

Durante mucho tiempo la historiografía puso el foco de atención en Abd el Krim y Annual, pero en realidad los rifeños nos ofrecen muchos otros ejemplos de resistencia en el siglo XX. Las cabilas rifeñas participaron en varios conflictos durante los siglos anteriores, aunque la mayoría de las veces lo hicieron como actores secundarios. La primera gran alianza tribal se fraguó con Mohamed Ameziane (1859-1912), sobre quien no hay muchas fuentes. Bajo su liderazgo, las tribus rifeñas se unieron por primera vez sin que hubiera presencia de bereberes de otras zonas del Magreb. El motivo de la unión fueron las pretensiones de un presunto heredero al trono que trató de vender las riquezas mineras del Rif a los inversores europeos.

La guardia del jefe tribal de Abadda Dar en 1922. Autor: Roger-Viollet

Todo comenzó en 1902, cuando entró en escena un tal Bu Hamara, que se hacía pasar por hermano del Sultán y Rogui, es decir, heredero legítimo al trono.  El Rogui, activo tanto en las zonas controladas por el sultán como en los “territorios sin ley”, lideró una revuelta con las tribus bereberes del nordeste de Marruecos, derrotó al ejército real y a partir de ahí se autoproclamó autoridad legal de esa zona del Magreb. Bu Hamara trató de enriquecerse estableciendo contratos con inversores alemanes y españoles. Por ejemplo, vendió el derecho de explotación de las minas del monte Afra a la Compañía española de Minas del Rif por un tiempo de noventa y nueve años.  

A pesar de su prestigio, el Rogui Bu Hamara no se había ganado la confianza de las tribus del Rif, que mostraron su malestar frente a las ventas de explotación minera y de ferrocarril a manos extranjeras. Ante esta situación, en la cual las cabilas rifeñas podían entorpecer la actividad de los extranjeros, el Rogui decidió invadir el Rif con un ejército para someter a las tribus amazigh.  Esto provocó que que las tribus rifeñas se unieran para defender sus territorios. La coalición estaba formada por los Beni Urriaguel, Bocoya, Tensaman, Beni Ammart y Beni Tuzín. Su líder fue el citado Mohamed Ameziane (en amazigh,”el pequeño” o “el menor”). No se sabe mucho sobre su vida, salvo que era el caid de los Beni Bu Gafa de Nador y jerife (descendiente del profeta) de nacimiento. La única imagen que se tiene de él es la que apareció en la noticia sobre su muerte en la revista española Mundo Gráfico.

Único retrato de Mohamed Ameziane o El Mizzian, obtenida de la revista Mundo gráfico. 22/5/1912 (Hemeroteca Digital de la BNE)

La batalla definitiva entre las tribus rifeñas y el Rogui se produjo en el río Nekor en 1907. El Rogui fue derrotado y entregado al Sultán Abdelhafiz. La victoria fue muy importante para las cabilas rifeñas, que por primera vez se habían unido contra un enemigo común que ponía en peligro la jurisdicción de las mismas en el territorio del Rif. Los rifeños aprendieron podían vencer a un enemigo al que ni el mismo sultán con su ejército real había podido derrotar, por lo que se puede aventurar que que esta primera experiencia tribal fue un antecedente de lo que sucedió en Annual en 1921. La unión tribal liderada por Ameziane estableció las bases de lo que sería la lucha anticolonial contra los españoles, que en 1909 sufrieron su primera derrota. No obstante, la prematura muerte de Ameziane en 1912 a manos de los españoles retrasaría la organización de las cabilas rifeñas frente a los invasores europeos.

Resumen y conclusiones

A principios del siglo XX Marruecos aún conservaba su independencia, a diferencia de la mayor parte de sus vecinos en el norte de África. Al mismo tiempo, era un Estado incapaz de controlar muchos de sus territorios, como el Rif. La influencia europea se notaba especialmente en la capital, en la corte del sultán y en Tánger, ciudad rifeña donde se ubicaban los consulados y embajadas extranjeras. Al igual que en muchos otros países, la penetración europea en Marruecos comenzó con la economía y la ayuda militar. Las deudas que contrajo el sultán con los franceses, a quienes había pedido ayuda para sofocar varias rebeliones, acabaron causando la pérdida de independencia del país. Esta se formalizó bajo la forma del protectorado, que era una manera suave de decir que estaban bajo el dominio de una potencia europea (dos, si contamos a España en el Rif y Río de Oro).

Por las mismas fechas, las tribus rifeñas se unían cerrando filas frente a un enemigo invasor, el Rogui Bu Hamara, quien haciéndose pasar por la autoridad legítima había vendido a los españoles y los alemanes el derecho de explotación de algunas minas. Una vez derrotado el Rogui, la coalición tribal rifeña siguió organizándose para hacer frente a los españoles, que comenzaban a realizar las primeras incursiones en suelo rifeño. Su victoria más sonada sería la emboscada del Barranco del Lobo en 1909, de la que hablamos en el anterior artículo. Esta unión tribal sería el más claro antecedente de la coalición que culminaría en la proclamación de la República del Rif en 1921.  

En este artículo hemos podido ahondar un poco más en la historia de los rifeños a principios del siglo XX, sobre la que no hay muchas fuentes. Hemos dejado fuera del texto a personajes destacados como El Raisuni, pero en cambio hemos dado espacio a Mohamed Ameziane o el Mizzian, uno de los grandes olvidados en la historia de las tribus rifeñas, que unió a las tribus frente a un enemigo común antes incluso de la llegada de los españoles. Tras su muerte, la lucha de las cabilas rifeñas se detuvo hasta la aparición de Abdelkrim, por lo que podríamos llegar a la conclusión de que la mayoría de las veces ha hecho falta un líder que aunara a las distintas cabilas. Tal vez sin ese líder la unión tribal nunca hubiera podido llevarse a cabo, como si fuera un puzzle al que le hiciera falta esa pieza final.  

Bibliografía

  • Manuel del Barrio Jala, “Nuestros generales en el norte de África” en Revista Ejército, número 732. Marzo de 2002, página 45.
  • Ángel Bahamonde y Jesús Martínez, Historia de España Siglo XIX, Cátedra: 2011
  • Sebastián Balfour, Abrazo Mortal: De la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909-1939), Península: 2018
  • Faros El Messaoudi-Ahmed, El Rif, sus elites y el escenario internacional en el primer tercio del siglo XX (1900-1930), Megustaescribir: 2016
  • Manuel Horrillo, El Rif 1921, Una historia olvidada (documental)
  • Jesús Marchán, “Costa, los congresos africanistas y la colonización agrícola en Marruecos”, en Regenerar España y Marruecos. Ciencia y educación en las relaciones hispano-marroquíes a finales del siglo XIX, CSIC: 2011 (enlace)
  • Ginés Sanmartín Solano, “La Compañía Española de Minas del Rif (1907-1984),” en Aldaba: revista del Centro Asociado de la UNED de Melilla 5, 1985, pp. 55-74 (enlace)
  • Rosario de la Torre del Río, “Preparando la Conferencia de Algeciras: el acuerdo hispano-francés de 1 de septiembre de 1905 sobre Marruecos”, Cuadernos de Historia Contemporánea 2007, vol. Extraordinario, pp. 313-320

La invasión española del Rif: Causas y antecedentes (1848-1908)

Parte de la serie España en el Rif

  1. La invasión española del Rif: causas y antecedentes (1848-1908)
  2. Marruecos y el Rif a principios del siglo XX
  3. Annual, 1921: muerte y nacimiento
  4. Breve historia de la República del Rif (1923-1927)
    1. El nacimiento de la República
    2. La construcción y consolidación del nuevo Estado (próximamente)
  5. Fuente primaria: Carta de Abdelkrim a la Sociedad de Naciones (1921)


Artículo escrito conjuntamente por Alejandro Salamanca y Selim Balouati

Introducción

En esta web hemos tratado el colonialismo y sus efectos en las sociedades musulmanas, tanto en casos donde hubo dominación militar por los europeos como en ocasiones donde la influencia de Occidente tuvo un carácter más indirecto. Habitualmente nos hemos centrado en los países que hoy denominamos Oriente Medio (Egipto, Levante, Mesopotamia, la península Arábiga, la meseta Irania y alguna excursión hacia la India). El Magreb, la región más cercana a la península Ibérica y con la que los españoles han tenido más contacto, ha tenido un papel secundario en esta web.  Esta serie de artículos sobre España y el Rif es un intento de remediar esto y de reflexionar sobre el reciente pasado colonial español en África.

Si bien los contactos entre el Magreb y la península Ibérica tienen una larga trayectoria, Desvelando Oriente es una web de historia contemporánea, de modo que vamos a comenzar nuestro relato a finales del siglo XIX. Nos vamos a centrar en el norte Marruecos, escenario de uno de los tres proyectos coloniales españoles tras el Desastre del 98. Los otros dos, que se desarrollaron más o menos al mismo tiempo, fueron el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial, aunque fue el Rif la región que dio más problemas. El protectorado español en Marruecos se extendió hasta 1956 y ocupó un área de unos 20.000 kilómetros cuadrados en los extremos norte y sur de Marruecos, apenas un 4,69% de la superficie total del país. El resto estaba ocupado por Francia

800px-Mapa_del_Magreb_28195629.svg_

España desembarcó en el Rif en 1904 y se quedó hasta 1956, medio siglo que cambió para siempre la historia de ambas tierras, y en el que el ejército y la administración españolas cometieron numerosos abusos, incluyendo el uso de gas mostaza contra la población civil.

Los rifeños que se opusieron a la ocupación española fueron capaces de establecer un Estado independiente que resistió durante cinco años, entre 1921 y 1926. La República del Rif fue un experimento único en el Magreb y, nos atreveríamos a decir, el mundo musulmán. No tanto por su oposición al colonialismo (los argelinos ―y las argelinas― llevaban resistiendo desde 1830) o por su carácter modernizador y en cierto modo occidentalizante (en Turquía una nueva élite militar desmantelaba el Imperio otomano más o menos por esas fechas), sino porque fue el primer proyecto descolonizador que tuvo un breve periodo de éxito. Cinco años pueden parecer poca cosa, pero no olvidemos que la II República española duró lo mismo. El lustro republicano ha marcado muy significativamente la identidad de los rifeños que se oponen al régimen marroquí.

No obstante, no queremos adelantar acontecimientos. Hoy trataremos los antecedentes de la ocupación española en el Rif, fijándonos en los motivos por los que se decidió la invasión en los despachos de Madrid y en las experiencias previas durante el siglo XIX.

Las causas de la invasión

Las tropas españolas desembarcaron en el Rif procedentes de Melilla el 14 de febrero de 1908. Sin embargo, la invasión se había comenzado a gestar mucho antes. Antes de narrar las vicisitudes militares es preciso preguntarse cuáles son los motivos por los que España, que en 1898 había perdido sus posesiones en Cuba, Filipinas y Puerto Rico, decidió comenzar una aventura colonial en el norte del Magreb. A grandes rasgos, se podría decir que la invasión del Rif se produce por la combinación de tres grupos de presión: las potencias extranjeras (Francia y Gran Bretaña), la burguesía comercial y el Ejército.

La España de principios del siglo XX estaba dominada por el régimen de la Restauración borbónica, un sistema político semidemocrático (las mujeres no podían votar) en el que los partidos Liberal y Conservador se turnaban en el poder de forma análoga a como sucedía en el Reino Unido. España no pintaba mucho en la escena internacional del momento pero, al contrario de lo que se suele afirmar, la ocupación del Rif no fue un intento de recuperar el prestigio perdido. Más bien fue una mezcla de intereses geopolíticos, posibilidades de inversión y necesidad de mantener ocupados a los militares.

2809124 - copiaSección de un mapa de África del año 1901. Autor: GF Cram.

Presiones geopolíticas

En los años anteriores a la rimera Guerra Mundial, el equilibrio estratégico era un concepto fundamental en las relaciones entre países europeos. Como podemos ver en el mapa arriba, las posesiones francesas en el norte de África bordeaban todo el sultanato de Marruecos y el Sáhara español. El norte de Marruecos controlaba el acceso meridional al estrecho de Gibraltar, vital para el tráfico marítimo. Si Francia, que aspiraba a hacerse con Marruecos, hubiera sido capaz de controlar el Rif, el equilibrio de potencias se hubiera visto gravemente alterado.

Los británicos no podían permitir que Francia se hiciera con el control del Estrecho, pues además de suponer una enorme ventaja geoestratégica, podía amenazar su base en Gibraltar. Al mismo tiempo, ni los franceses ni los británicos deseaban que Alemania, una potencia emergente y relativamente nueva (la unificación alemana se había producido en 1871), pero muy activa en Marruecos, obtuviera una posible ventaja territorial. De modo que para garantizar la neutralidad del estrecho, franceses y británicos acordaron conceder una pequeña “esfera de influencia” a España en el norte de Marruecos dentro de los acuerdos que llevaron al establecimiento de la Entente Cordial en 1904.

Un año después España y Francia se repartían formalmente el territorio con un acuerdo sobre el cual podéis leer en más detalle aquí. Las presiones alemanas (y las protestas del sultán de Marruecos) forzaron la convocatoria de una conferencia internacional sobre el destino de Marruecos que se celebró en Algeciras en 1906 con la presencia de 13 países, incluyendo a EEUU y los imperios otomano y austrohúngaro. La jugada no les salió bien a los alemanes, pues solo Austria-Hungría apoyó firmemente sus posiciones y Francia y España tuvieron vía libre para actuar en Marruecos, a pesar de algunas medidas cosméticas como garantizar el comercio internacional y poner un supervisor suizo a los oficiales de policía españoles y franceses.

No obstante, no ha de entenderse que España sólo ocupó el Rif forzada por sus compromisos internacionales. Estos compromisos supusieron un incentivo y una justificación para la intervención, pero también hubo importantes factores internos que llevaron a la invasión. El más elemental era la seguridad fronteriza.  Los enclaves de Ceuta y Melilla se encuentran completamente rodeados de territorio marroquí, y en el siglo XIX se habían producido numerosas escaramuzas entre las tropas españolas y diversos grupos de guerreros bereberes, como veremos más adelante. Asegurar el territorio que rodeaba a las plazas españolas era estratégicamente una buena decisión.

Potencial económico del Rif

El Rif, dominado por la cordillera homónima, no tiene ni mucho menos un paisaje homogéneo. Además de montañas, crestas y colinas, hay valles verdes, bosques, olivares, y áreas semidesérticas. Una foto por satélite de la región, un mapa orográfico y un un mapa de precipitaciones nos ahorrarán un largo párrafo describiendo los distintos paisajes del Rif.

mapa satélite norte marruecos
mapa altitud rif
lluvia marruecos.png

A pesar de su importancia estratégica, las posibilidades de explotación  del Rif a principios del siglo XX eran limitadas. El rudimentario estado de las comunicaciones hacía necesaria una importante inversión en infraestructuras (vías, puertos, red telegráfica)  antes de que se pudiera sacar partido económico real. No obstante, si los inversores españoles conseguían hacerse con sus derechos de explotación, las minas de hierro del monte Uxian y las de plomo del monte Afra prometían beneficios rápidos y suculentos.

El grupo de hombres de negocios que apoyaba la expansión colonial había comenzado a organizarse formalmente en 1904, coincidiendo con el convenio hispano-francés de octubre de ese año que reconocía la esfera de influencia española. Ese año se fundaron los Centros Comerciales Hispano-Marroquíes de Madrid y Barcelona. Estos centros organizaron cuatro “Congresos Africanistas” entre 1907 y 1910 en los que se debatió la mejor forma de “penetrar pacíficamente en el Rif”.

Aunque algunas crónicas describen los congresos como una sucesión de discusiones leoninas y poca acción real, se trataron temas importantes, como la organización del flujo migratorio español a África, especialmente a las colonias agrícolas de Guinea (¡vaya, quién lo diría un siglo después!); las posibilidades de compra de tierras en Marruecos, de establecer cultivos intensivos para la exportación, y de ofrecer tierras a los militares que participasen en la campaña como incentivo. Jesús Marchán, que ha investigado en detalle sobre los Congresos Africanistas, concluye que se tomaron decisiones de forma apresurada y sin una planificación detallada. Pese a todo, los centros comerciales y los congresos favorecieron el surgimiento de un grupo de presión que trató de influir al gobierno para impulsar la causa colonial (y ya de paso obtener subsidios y préstamos ventajosos para el desarrollo de infraestructuras).

En 1907, España consiguió los derechos de explotación sobre las minas de hierro, mientras que los franceses obtuvieron las de plomo. El sector minero recibió la noticia con agrado, pues la minería española de por aquel entonces estaba especializada en el hierro, que representaba el 60% de la exportación minera española a finales del siglo XIX. No obstante, los filones habían comenzado a agotarse y la posibilidad de explotar nuevas minas en Marruecos supuso un oportunidad para la industria.

La recién fundada Compañía Española de Minas del RIF (CEMR) contó con un capital inicial de seis millones de pesetas, y su proyecto inicial incluía la construcción de un ferrocarril para transportar los minerales a puerto. La CEMR fue fundada despuésde que varios inversores alcanzaran un acuerdo con Bu Hamara “el Rogui”, un avispado bandolero, líder tribal y pretendiente al trono marroquí que hizo creer a los empresarios españoles que tenía autoridad real sobre las minas de Uxian y que las riquezas de dichas minas superaban las expectativas. En este artículo de Ginés Sanmartín se pueden leer más detalles y anécdotas sobre la CEMR y la reputación legendaria del Rif como región con una gran riqueza mineral.

La necesidad de distraer al ejército

Este punto es más polémico, y se trata más de una hipótesis que de una afirmación inequívoca, pero en todo caso trataremos de argumentarlo. Se puede decir que el Desastre del 98 es una de las causas de  la invasión de Marruecos. No porque España necesitara recuperar su prestigio y papel en la esfera internacional, sino porque la burguesía comercial que se había enriquecido con las plantaciones en Cuba necesitaba nuevas posibilidades de inversión.  No obstante, no se debe minimizar la importancia de la moral del Ejército. Las Fuerzas Armadas españolas, cuestionadas y duramente criticadas tras la derrota frente a EEUU, necesitaban un proyecto para mantenerse ocupadas y dejar de causar problemas e incidentes violentos en España.

El siglo XIX español se caracterizó por la constante intervención de los militares en la vida política a través de pronunciamientos, levantamientos, guerras carlistas y otros intentos de golpes de Estado. El régimen de la Restauración borbónica, instaurado en 1876, había sobrevivido durante más de un cuarto de siglo sin golpes militares. El ejército, antaño adalid de las ideas liberales y progresistas, se había convertido a finales del XIX en uno de los guardianes de las esencias tradicionales españolas, a la vez que se minimizaba su intervencionismo en política. El régimen borbónico, instaurado tras un golpe militar, debía su estabilidad al compromiso del Ejército con el proyecto político que encarnaba.

cu cut

Esta viñeta que ridiculiza a los militares causó una grave crisis constitucional en 1905

Muchos militares se habían sentido traicionados tras la derrota de 1898. Habían luchado y sufrido para defender los restos del Imperio colonial español, y a su vuelta habían sido criticados y tratados como cobardes e inútiles. Los militares se sentían injustamente tratados, y además no podían comprender por qué los políticos profesionales del gobierno hacían concesiones al movimiento obrero o a la burguesía catalanista, poniendo en juego (a su juicio) la unidad de España por la que tantos compañeros habían muerto. Una buena fuente para apreciar como surgen estas dinámicas y cómo los propios militares entendían la situación de la época es la película Raza (1942), dirigida por el dictador Franco bajo pseudónimo.

Una expedición al Rif con el objetivo de asegurar las fronteras de ceuta y Melilla era un buen pretexto para alejar a los militares del centro de la política en Madrid y reducir la inestabilidad doméstica. No obstante, el estado del ejército español en 1905 era bastante deficiente: sobraban oficiales, faltaban tropas, y apenas había presupuesto para renovar o mantener el material de guerra, ya que la mitad del presupuesto del Ejército se empleaba para pagar sueldos. (Para comparar, Sebastian Balfour ofrece en Abrazo Mortal el contraejemplo del ejército francés, donde solo una sexta parte del presupuesto iba destinada a salarios).

Lo cierto es que hasta 1923 el ejército no tuvo mucha influencia en la vida política española, o al menos la amenaza de los pronunciamientos desapareció. Sin embargo, acabó forjándose una división entre el ejército africanista y el peninsular que terminaría de cristalizar en los años de la II República. No obstante, los oficiales destinados en África no formaban un grupo homogéneo, como explica Sebastian Balfour en Abrazo Mortal.

Por otro lado, Marruecos era un escenario muy propicio para el ejército español. A todo el discurso de la Reconquista, la lucha contra el musulmán en defensa de la fe, y la necesidad de asegurar el perímetro de Ceuta y Melilla se le sumaban unos exitosos antecedentes: en la segunda mitad del siglo XIX el ejército español había cosechado dos victorias en sus enfrentamientos con las tribus y milicias rifeñas. Los vamos a ver brevemente a continuación.

Antecedentes: las guerras del XIX

La presencia militar ibérica en el norte de África se remonta al siglo XV cuando Portugal tomó con la ciudad de Ceuta, si bien el trasiego de personas y mercancías entre ambas orillas del Estrecho ha sido constante desde la Antigüedad. Además de Ceuta y Melilla, con las que España se hizo formalmente en 1640 y 1556, respectivamente, España dominó durante años ciudades como Orán (1509-1792, salvo el periodo 1708-1732), Larache (1610-1689) o fuertes como el penón de Vélez de la Gomera. De forma sorprendente, los conflictos entre españoles y las cabilas rifeñas se mantuvieron al mínimo, con alguna excepción.

El primer intento de expansión de España en Marruecos durante el siglo XIX se produce en 1848, cuando el  general Serrano ocupa las  islas Chafarinas. Los motivos de la operación fueron puramente estratégicos: tras la conquista de Argelia por los franceses en 1830, estos planeaban tomar las islas para tener una base próxima a Marruecos, lo que suponía una grave amenaza para España por la cercanía de los islotes a Almería. Ante las quejas del sultán de Marruecos, las autoridades ceutíes decidieron aumentar la línea de la ciudad y construir un reducto extramuros, lo que provocó el levantamiento de los cabileños y el ataque a las obras, donde murieron varios trabajadores españoles.

Este episodio sería el detonante de la primera guerra hispano-marroquí ( o “Guerra de África“) declarada por España, con O’donnell al mando, el 22 de octubre de 1859. La superioridad española se hizo evidente, y rápidamente las fuerzas españolas llegaron a Tetuán mientras la marina bombardeaba Tánger o Larache. Preocupada por Gibraltar, Gran Bretaña decide prestar ayuda al sultán de Marruecos y facilitarle los fondos para pagar la indemnización que exigía España. La guerra fue breve; en abril de 1860 se firma la paz. Aunque los éxitos materiales fueron escasos, la victoria supuso una gran inyección de moral para el lado español. Según Ángel Bahamonde y Jesús Martínez, la guerra causó un gran impacto (positivo) en la opinión pública y alimentó una “exaltación nacional en letargo desde los días de la Guerra de la Independencia”

1920px-MARIANO_FORTUNY_-_La_Batalla_de_TetuC3A1n_28Museo_Nacional_de_Arte_de_CataluC3B1a2C_1862-64._C393leo_sobre_lienzo2C_300_x_972_cm29

La Batalla de Tetuán, un descomunal óleo de Mariano Fortuny, testigo de la guerra.

La siguiente intervención española en Marruecos, llamada Guerra de Margallo por la muerte del general homónimo, tuvo lugar tres décadas después, en 1893-94. El detonante fueron, de nuevo, las obras de expansión de una de las plazas españolas, Melilla. Los cabileños locales habían solicitado a las autoridades españolas que detuviesen la construcción de un fuerte en la zona de Rostrogordo cercano a una kubba (mausoleo con cúpula ) donde se encontraba un morabito muy venerado. Los españoles hicieron caso omiso, y las cabilas se rebelaron, sin obedecer al sultán de Marruecos (en el próximo artículo hablaremos de la complicada relación entre el poder central y las tribus rifeñas y marroquíes).

margallo

Tira cómica sobre la guerra, 1893.

Tras siete meses de cruento conflicto, el sultán fue capaz de negociar su cese, otorgando a España la razón y el permiso para construir el fuerte.  Otra de las cláusulas de la paz firmada incluía el derecho de España a supervisar la elección de los caídes en el Rif, lo que podría leerse como un primer intento de expandir la influencia española más allá de Ceuta y Melilla. No obstante, la zona no estaba sometida al sultán, de modo que este difícilmente podía asegurar el cumplimiento de dicha cláusula. Al mismo tiempo, España estaba centrada en controlar a los independentistas cubanos, de modo que no prestó excesiva atención al Rif hasta la década posterior.

Conclusiones

En este primer artículo hemos tratado de analizar las causas por las que España planeó y ejecutó la invasión del Rif en 1908. El primer motivo es geopolítico: como potencia modesta, España permitía garantizar la neutralidad del Estrecho de Gibraltar, una solución de compromiso que agradó a los principales poderes europeos: Francia, Gran Bretaña y, en menor medida, Alemania. Al mismo tiempo, los militares españoles se mostraban preocupados por la seguridad de Ceuta y Melilla.

La segunda razón por la que España intervino en Marruecos fue por las posibilidades de obtener beneficios económicos. Un nutrido grupo de comerciantes y empresarios, muchos de ellos debilitados por la independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, vieron en Marruecos una enorme oportunidad económica, dada su cercanía y una supuesta riqueza mineral. Los empresarios africanistas organizaron congresos y empresas destinadas a explotar las riquezas tanto del Rif como de Ifni, Sáhara y Guinea Ecuatorial. Estamos en plena época del imperialismo capitalista, al fin y al cabo.

La tercera causa fue la necesidad de ocupar a los militares para evitar problemas domésticos. Marruecos se presentaba como un escenario muy propicio para las campañas militares, tanto por su cercanía y por el relativo subdesarrollo de las milicias locales como por las leyendas épicas sobre la Reconquista, la guerra contra el infiel y el recuerdo de las victorias en 1860 y 1894.

Estos tres factores (diplomático, económico y militar) se conjugaron para que el gobierno de España plantease una intervención en 1908. No obstante, tendréis que esperar al siguiente artículo para leer los detalles de la misma y una descripción más detallada de las dinámicas internas en el Marruecos de principios del siglo XX.

Bibliografía básica

Ángel Bahamonde y Jesús Martínez, Historia de España Siglo XIX, Cátedra: 2011

Sebastián Balfour, Abrazo Mortal: De la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909-1939), Península: 2018

Faros El Messaoudi-Ahmed, El Rif, sus elites y el escenario internacional en el primer tercio del siglo XX (1900-1930), Megustaescribir: 2016

Manuel Horrillo, El Rif 1921, Una historia olvidada (documental)

Jesús Marchán, “Costa, los congresos africanistas y la colonización agrícola en Marruecos”, en Regenerar España y Marruecos. Ciencia y educación en las relaciones hispano-marroquíes a finales del siglo XIXCSIC: 2011 (enlace)

Ginés Sanmartín Solano, “La Compañía Española de Minas del Rif (1907-1984),” en Aldaba: revista del Centro Asociado de la UNED de Melilla 5, 1985, pp. 55-74 (enlace)

Rosario de la Torre del Río, “Preparando la Conferencia de Algeciras: el acuerdo hispano-francés de 1 de septiembre de 1905 sobre Marruecos”, Cuadernos de Historia Contemporánea 2007, vol. Extraordinario, pp. 313-320