1905. El sha de Irán, Mozaffareddín Shah Qayar, vuelve a su país tras su tercer viaje por Europa. El rey, que llevaba en el trono sólo una década, había comprometido las finanzas del Estado al concertar varios préstamos con acreedores rusos y británicos. Más que para mejorar la administración o la infraestructura del país, el dinero sirvió principalmente para pagar los gastos suntuarios del monarca, como el mantenimiento de su corte y sus estancias en varios balnearios de Europa, recomendadas por su médico personal. Para pagar sus deudas, había subido los impuestos y vendido concesiones de explotación de recursos (como el recién descubierto petróleo).
La presión fiscal, la penetración política y comercial de rusos y británicos y los abusos de poder de las autoridades aumentaron el descontento popular. Tras una vejación pública a dos mercaderes, varios miembros de los grupos sociales más influyentes en Teherán, los comerciantes y el clero, se organizaron y comenzaron una campaña de protestas y encierros en santuarios, una táctica que había dado resultado quince años atrás durante el movimiento contra la concesión del monopolio del tabaco a los británicos. Tras meses de tensión, y ante una capital desierta y bloqueada por los cierres, el rey se vio obligado a aceptar una monarquía parlamentaria como forma de gobierno.
Celebraciones tras la promulgación de la constitución. Fuente: Wikimedia
La revolución constitucional es recordada en Irán como una época de efervescencia política y cultural. Se multiplicaron los periódicos y publicaciones de todo tipo, además de las organizaciones políticas y artísticas. El movimiento revolucionario estaba integrado por distintos actores de la sociedad iraní, desde mercaderes descontentos con la situación económica y la injerencia occidental a jóvenes intelectuales que aspiraban a incorporar instituciones de gobierno representativas como las de algunas monarquías europeas, además de ayatolás críticos con los abusos del poder monárquico y mujeres que denunciaban las desigualdades y aspiraban a una educación y derechos políticos.
El primer parlamento, elegido por sufragio universal masculino a finales de 1906, se apresuró a redactar una constitución que limitaba y regulaba los poderes sha y ponía el poder legislativo en manos del parlamento, que también se reservaba el derecho de aprobar préstamos, concesiones económicas y la construcción de infraestructuras. La constitución establecía el chiísmo duodecimano como religión oficial del país e instituía la creación de un comité integrado por cinco ayatolás designados por el parlamento para garantizar que las nuevas leyes no entraran en conflicto con la doctrina islámica. El clero, económica independiente en Irán desde hacia varios siglos y muy activo en el movimiento constitucional, conseguía por primera vez poder político efectivo.
El sha Mozaffareddín, enfermo, procrastinó ratificar la constitución hasta prácticamente su lecho de muerte a principios de 1907. Su sucesor, Mohammad Alí Shah, no acató la nueva constitución y trató de acabar con el parlamento a través de coacciones y violencia. El caos se desató en Teherán, con disturbios, asesinatos políticos y una durísima represión. En junio de 1908, tras un intento de magnicidio, el rey organizó un golpe militar contra el parlamento. Tras bombardear el edificio y reducirlo a ruinas, los cosacos persas, al mando del coronel ruso Liájov, capturaron y ejecutaron a los supervivientes. Las noticias de la represión en Teherán se extendieron por el país
En Tabriz, capital del Azerbaiyán meridional y una de las ciudades más pobladas y desarrolladas, las milicias populares resistieron el asedio de las tropas reales hasta que fueron expulsados por los rusos, que ocuparon la ciudad con el pretexto de proteger las vidas y propiedades de los europeos. Los milicianos, que se hacían llamar fedayines o muyahidines, se dirigieron a la provincia de Guilán. Allí se les unieron varios grupos revolucionarios locales con los que emprendieron la marcha hacia Teherán. Mientras tanto, por el sur, una insurrección de los bajtiari conseguía expulsar al ejército real de Isfahán y avanzaba también hacia la capital. En julio de 1909, los revolucionarios tomaron Teherán. El rey se refugió en la embajada rusa y su hijo Ahmad, de apenas once años de edad, fue proclamado sha por el segundo parlamento.
Alfombra conmemorativa de la revolución, actualmente en el Museo constitucional de Tabriz. Fuente: Wikimedia
Poco antes, Rusia y Gran Bretaña, las dos grandes potencias que en el siglo anterior se habían disputado el control de Asia Central durante el Gran Juego, habían firmado un acuerdo secreto en el que dividían Irán en zonas de influencia: el norte y el centro del país, incluyendo la capital e Isfahán, caerían bajo la esfera rusa, Baluchistán bajo la británica, y el sur y la costa del Pérsico serían una zona neutral. Por su parte, los otomanos, aprovechándose de la inestabilidad ocuparon algunas zonas del Azerbaiyán y el Kurdistán iraní hasta que fueron expulsados por los rusos en 1911. Tanto el Zar de Rusia como el Sultán Otomano, asediados por sus propios movimientos constitucionalistas (la revolución rusa de 1905, la revolución de los jóvenes turcos en 1908) tenían motivos para recelar del éxito político de los iraníes.
Mientras tanto, inspirados por el éxito de los japoneses en su guerra contra los rusos, los nuevos gobiernos trataron de reducir la influencia de las grandes potencias. Estados Unidos era entonces percibido entre los revolucionarios como una república moderna y neutral que podría actuar como contrapeso ante los poderes imperiales, Rusia y Gran Bretaña. En 1911, el parlamento iraní, siguiendo recomendaciones de Washington, decidió nombrar al funcionario estadounidense William Shuster como tesorero del Estado. Shuster organizó una policía fiscal, y para encabezarla propuso a un oficial británico. Esto enfureció a los rusos, que consideraban que cualquier cargo extranjero que actuase en su zona de influencia debía estar bajo su control, y amenazaron a Irán exigiendo que en adelante no podría nombrar asesores extranjeros sin el permiso de Rusia y Gran Bretaña. Tras un ultimátum ruso y el avance hacia Teherán de las tropas rusas acantonadas en el Azerbaiyán meridional, el gobierno del regente Naser al-Molk disolvió el parlamento y destituyó a Shuster.
El regente restauró la censura de prensa, mantuvo el parlamento disuelto y gobernó bajo la atenta supervisión de los rusos, que siguieron ocupando el norte del país, y los británicos, que comenzaban a disfrutar de los beneficios de la concesión de la explotación del petróleo en el sur del país, firmada en 1901 pero cuyos beneficios no se materializaron hasta 1913, cuando la Compañía Petrolera Anglo-Persa ( Anglo Iranian Oil Company) comenzó el refinado de combustible en Abadán. Terminaba así la revolución constitucional, un periodo que pasaría a la memoria histórica iraní como una época de esperanza y transformación política aplastado por la intervención imperialista.
Su epílogo fue la masacre de Mashad en 1912, en la que las tropas rusas bombardearon y profanaron el histórico santuario del Imán Reza, matando a treinta y nueve personas e hiriendo a decenas y violando la santidad de un espacio tradicionalmente vetado a los no chiíes. El suceso causó indignación en Irán, y sería recordado como un humillante ejemplo de la sumisión del país al imperialismo ruso.
Carta de un vecino de La Unión a su primo Pedro Cabezos, que había emigrado a Saint Cloud, Argelia, treinta años antes. Más sobre la familia aquí, aquí y aquí. En la carta, José le cuenta a Pedro que espera verle antes de morirse, y que no se sorprenda si algún día le ve aparecer por Argelia aunque le dé mucho miedo el mar, porque la cosa en La Unión está muy mal. Incluyo la transcripción literal, con la excepción de alguna tilde que se me ha colado y las erres iniciales de algunas palabras, que Josétiende a doblar (rrecuerdos). El documento se puede encontrar en el Archivo General de la Administración, 66/4127 (Orán)
La Unión 6 Abril 1912 Querido primo hermano despues de saludarte paso a desirte que recordando los tiempos pasado de cuando binistes a esta [a La Unión] pues es muy triste que estando tan serca que no nos podamos ver. Pedro yo daria cuarquier cosa por estar un rato juntos pero no puede ser porque ay tanto barco por medio que no puede ser pero yo no quiero morir sin bernos porque esto esta muy malo y yo estoy muy castigado de las mina y todos los que tienen para marcharse de esta se ba[n] asi te digo que no te pille de improbiso por si me bieras entrar por esa por mas que le tengo mucho miedo al mar pero la fuerza obliga con esto sabras lo
lo que te quiero desir y no molestando mas por hoy le da recuerdo a toda la familia y le dises a Jose nuestro primo que es de su bida que mande a desir algo bueno y esto es prepararos por si me diera [por venir]. Pedro dile a Jose que estoy trabajando en el trenbia y no molestandote mas por que mucho mas cuando yo te biera en persona pero pudiera ser que te biera asi es que me mandas lo que quieras o beas por conbeniente y trabajando estoy pero aqui no se puede estar de ninguna manera le doy muchos recuerdos a tu mujer y a tus hijos si los tienes porque yo nolos tengo; le das memoria a Jose y su mujer y tu resibes de corazon de tu primo
que berte desea y estar en tu compañia un rato; aber si nos pasaba como cuando biniste con migo cuando nos tirava las piedras adios Pedro; si me contestas pones la Union calle de Bisco n 1 para Jose Buendia adios tu primo hermano
Este texto está dirigido a todas aquellas personas que no tengan una visión clara sobre el conflicto palestino-israelí. No es estrictamente un artículo de historia ni un análisis de la situación actual, sino más bien una reflexión sobre lo que ha pasado en los últimos meses y sobre la necesidad (o no) de tomar partido. La idea viene motivada por un breve post en redes sociales de mi amigo Anónimo García en el que reflexionaba, entre otras cosas, sobre el escepticismo que le provocaban las informaciones periodísticas y las consignas ideológicas al respecto del conflicto palestino-israelí, la confusión que experimenta cualquier persona que no pueda estar informada sobre el tema, y la necesidad contemporánea de expresar nuestras opiniones o posicionamientos sobre casi cualquier cosa. Anónimo planteaba una serie de preguntas retóricas sobre la cuestión de publicar (o no) un posicionamiento al respecto:
¿A quién voy a acercar o alejar con esta posición? ¿Para qué hablar de lo que solo sé por terceros? ¿Por qué opinar sobre temas de actualidad, que son los árboles que impiden ver el bosque? ¿Qué importa mi posición en un conflicto tan lejano, sobre el que no tengo ningún tipo de influencia, si no es para mostrar admisibilidad moral ante mis contactos?
Queramos o no, la actualidad nos rodea y nos afecta. Uno de los privilegios de vivir en la comodidad clasemediana occidental es poder creer la ficción de que las cosas que suceden a kilómetros de distancia no nos afectan, de que esto no va con nosotros, y de que de todos modos no tenemos nada que hacer al respecto. Esta sensación de impotencia y la apatía que a menudo la acompañan son una de las herramientas más eficaces de los poderosos para poder seguir haciendo lo que quieran sin rendir cuentas a nadie. Sentirse abrumado por la actualidad internacional es totalmente comprensible, que bastante tentemos con el día a día cotidiano. No obstante, posicionarse en un tema aparentemente lejano y complejo como el conflicto palestino-israelí no es un mero ejercicio de postureo moral. Es un acto de responsabilidad civil, aunque “no sirva para nada.” Esta es una de tantas formas de reivindicar nuestro papel en la sociedad como ciudadanos políticos y no como meros consumidores pasivos. Parte del dinero de nuestros impuestos acaba siendo parte del conflicto de forma indirecta, así que no está de más interesarnos sobre lo qué está pasando y nuestro papel en todo esto. Por otro lado, nunca viene de más hacer un ejercicio de análisis crítico, especialmente ante un conflicto que pone en tela de juicio todo el orden internacional surgido de la Segunda Guerra Mundial y los valores liberales teóricamente abanderados por el bloque occidental.
Además, posicionarse no es malo, especialmente si estamos convencidos de ello. Sin ir más lejos, al citar a Anónimo y llamarle amigo mío en este artículo ya me estoy significando y posicionando activamente respecto a su conocido caso, que le ha complicado muchísimo la vida. No gano nada con ello, y de hecho incluso puede que me gane detractores, pero es lo que considero justo. Pues, con Palestina e Israel es lo mismo, pero a una escala muchísimo mayor.
Estas reflexiones me ha llevado a escribir este artículo, dividido en varias partes para que su lectura sea más cómoda. Aunque en los últimos cuatro años años he ido dejando la divulgación en un segundo plano para centrarme en la investigación (que es lo que me da de comer al fin y al cabo), llevo un tiempo queriendo expresarme públicamente sobre la guerra abierta entre Hamás e Israel iniciada el 7 de octubre de 2023. Si bien yo no soy nadie ni una especial autoridad para hablar de este tema, soy consciente de que tengo cierto público (por pequeño que sea) y tal vez una responsabilidad de resumir e interpretar los eventos para quienes puedan tener interés en ello pero no tengan tiempo o capacidad para informarse y analizar la abrumadora cantidad de informaciones que nos llegan sobre el tema. Este texto es pues el resultado de meses de presenciar horrores indescriptibles en tiempo real, y de la necesidad imperiosa de tomar partido en un momento histórico que creo que será crucial para los años venideros. Espero que esto pueda servir de ayuda a alguien.
Para ir con las cartas descubiertas y que no se me acuse de nada, voy a dejar mi posición clara desde el principio: en este texto quiero explicar por qué creo que Israel es un Estado colonial que aplica un régimen del apartheid en los territorios que ocupa de 1967, y por qué todas las evidencias apuntan cada vez más claramente al hecho de que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza. Estas son palabras graves; quienes me seguís desde hace tiempo sabéis que suelo ser bastante parco en adjetivos calificativos, y que trato de evitar interpretaciones tremendistas o maniqueas. En este caso, no obstante, creo que es necesario decirlo con claridad: Israel es un Estado colonial que está cometiendo (por acción y por omisión) un Genocidio en Gaza. Las pruebas son, a día de hoy, incontestables. Este texto es una pues un intento personal de explicar cómo he llegado a esta conclusión, y un intento de convencer a quienes no lo tienen tan claro (o quienes no saben nada) de que este es el caso (y que es necesario expresarnos abiertamente al respecto).
En este primer artículo voy a dar argumentos a favor de aplicar el adjetivo «colonial» para referirnos tanto al proyecto sionista como a Israel. Esta no es, ni mucho menos, una tesis valiente o novedosa. Muchos antes que yo lo han usado y razonado de una forma mucho más elocuente y elegante. Antes de eso, no obstante, voy a ofrecer un breve resumen de lo sucedido desde octubre hasta ahora, aunque omitiendo muchísimos detalles.
Checkpoint de Qalandiyah (entre Jerusalén y Ramala), junio de 2016. Foto de Ahmad Al-Bazz/GroundTruth
La Guerra en Gaza y el debate público
Los detalles de la última escalada de violencia en Gaza son de sobra conocidos, pero he aquí una breve recapitulación de los hechos de la forma más aséptica e imparcial posible. El 7 de octubre de 2023, Hamás una organización armada no-estatal (una forma más precisa de definirlos que el término “terroristas”, aunque sin duda Hamás emplea tácticas terroristas) que controla el enclave de Gaza, realizó una incursión sin precedentes en territorio israelí acompañada del lanzamiento de miles de cohetes. Además de atacar objetivos militares, los de Hamás asaltaron un festival de música y varios kibbutz, asesinando a numerosos civiles y capturando cientos de rehenes en una acción terrorista sin precedentes en la historia de Israel. El ataque, parece ser, pilló totalmente por sorpresa al ejército israelí. El total de bajas israelíes superó el millar. En las horas que siguieron, el ejército israelí recuperó el control de las zonas residenciales; algunos civiles murieron en el fuego cruzado. Como represalia, Israel lanzó una operación a gran escala contra la franja de Gaza con el objetivo declarado de liberar a los rehenes y acabar con Hamás. Los intensos bombardeos fueron acompañados de intervenciones terrestres y de un bloqueo de suministros por parte de Israel.
Siete meses después, la operación israelí en Gaza continúa. Decenas de miles de palestinos, una tercera parte de ellos niños, han muerto como resultado. Muchos más han quedado mutilados y traumatizados de por vida. Cientos de miles de personas se han visto forzadas a desplazarse. La infraestructura civil de Gaza (instituciones educativas y sanitarias, administración pública, saneamiento y electricidad) ha quedado reducida a escombro y cenizas, al igual que buena parte de los edificios residenciales y comerciales. La hambruna y las enfermedades merman a la población, que subsiste en muchos casos hacinada en condiciones dificilísimas. La escala de la destrucción es tal que Sudáfrica ha acusado a Israel de genocidio ante la Corte Internacional de Justicia. El mismo tribunal ha dictaminado que Israel debe detener su ofensiva en Rafah por el gran peligro en el que pone a la población civil. El Tribunal Penal Internacional, por su parte, ha comenzado los procedimientos para arrestar a los líderes de Hamás y del gobierno israelí. Fuera de las fronteras de Palestina e Israel, Yemen lleva meses atacando buques mercantes que cruzan el mar Rojo con destino a Israel, lo que ha llevado a una respuesta occidental. Mientras tanto, Israel está interviniendo en el norte del Líbano, intercambiando fuego con Hezbolá (un partido político y organización paramilitar libanesa, un verdadero Estado dentro del Estado). También se ha producido una escalada entre Israel e Irán después de que Israel atacase con misiles de precisión el consulado iraní en Damasco, a lo que Irán respondió con un ataque aéreo con drones y proyectiles varios.
En Occidente, el asunto se vive desde la comodidad que da la distancia. Los Estados e instituciones parecen haberse situado del lado israelí, especialmente Alemania (alegando su responsabilidad Histórica por el Holocausto) y EEUU. Entre la opinión pública, hay quienes eligen posicionarse a favor o en contra de la operación israelí y quienes optan por no tomar partido, ya sea por desinterés o por abrumadora variedad de informaciones contradictorias que podemos leer y oír. A la ingente cantidad de imágenes y vídeos que han aparecido se suman no pocas fotos y vídeos errónea y malintencionadamente atribuidos (por ejemplo, escenas de la guerra civil Siria), además de numerosas imágenes generadas por IA. En los medios de comunicación y en las redes sociales el debate se plantea sin claroscuros, reducido a menudo a una caricatura, aunque también hay discusiones con más matices que quedan sepultadas bajo el ruido.
Los partidarios de Israel más moderados justifican la operación aludiendo al derecho de autodefensa y a la necesidad imperiosa de acabar con Hamás para salvaguardar la seguridad del Estado israelí. Hamás, al fin y al cabo, busca la destrucción de Israel y la eliminación de los judíos tal y como hicieron los nazis. Sobre las bajas civiles (eufemísticamente denominadas “daños colaterales”) aseguran que son el resultado inevitable de la estrategia de Hamás de mimetizarse entre la población civil a quienes usan como escudos humanos. Además, dicen, el ejército israelí es extremadamente cuidadoso en sus procedimientos y trata de evitar víctimas civiles, a pesar de que muchos gazatíes simpaticen con Hamás. La extrema violencia de los ataques de Hamás, y su retórica abiertamente antisemita y genocida (ya que aspiran a la aniquilación del Estado de Israel y varias veces han manifestado su deseo de acabar con los judíos), es una causa más que justificada, dicen, para una intervención militar en la Franja. La densidad de población de la Franja hace que sea imposible evitar “daños colaterales”.
Por otro lado, quienes critican la operación israelí y piden un alto el fuego, sin que ello quiera decir necesariamente que apoyen a Hamás o siquiera a Palestina, señalan la desmesurada cantidad de víctimas civiles, el elevado grado de destrucción, y la situación de emergencia humanitaria que afronta la población gazatí. Las cada día más numerosas voces que sostienen que Israel está cometiendo un genocidio señalan el discurso deshumanizador del gobierno y los medios israelíes, los numerosos crímenes de guerra cometidos por miembros del ejército israelí, una política supuestamente deliberada de privación y debilitamiento de la población civil mediante la inanición, la destrucción sistemática de infraestructura civil, y los constantes desplazamientos forzosos de la población. La situación amenaza con socavar los principios del “orden liberal internacional basado en reglas” que surgió tras la segunda Guerra Mundial. El propio Josep Borrell, alto representante de la UE para exteriores, ha admitido que habrá que acabar eligiendo entre la legalidad internacional y el apoyo a Israel.
Intercambio de proyectiles en Gaza, abril de 2024. Foto: Eyad Baba
Israel, ¿un Estado colonial?
Demos un salto atrás en el tiempo. Como historiador implicado en la divulgación e inicialmente especializado en historia contemporánea de Oriente Medio —luego la vida me ha llevado por otros derroteros—, he leído bastante y he escrito varios artículos al respecto del conflicto palestino israelí. En general, me baso en la obra de autores israelíes como Benny Morris (sionista moderado), Ilian Pappe (antisionista) y de palestinos como Rashed Khalidi (sí, admito que faltan voces femeninas entre mis referencias). En este artículo, “La Nakba, el éxodo árabe para crear el Estado de Israel” doy un breve repaso a los antecedentes del conflicto y argumento que en 1948 Israel realiza un intento de limpieza étnica en la Palestina histórica. Esta limpieza étnica no fue una consecuencia desafortunada de la guerra, sino un plan premeditado e ideado por las altas esferas del nuevo Estado israelí. La Nakba creó numerosos refugiados palestinos y propició la creación de organizaciones como la UNRWA. En “El incierto futuro de los refugiados palestinos en la diáspora” hablo de la situación especial de los refugiados palestinos y sus descendientes en varios países árabes.
Por supuesto, la historia es siempre compleja. No quiero decir que Israel sean “los malos” y Palestina “los buenos”; del mismo modo, no quisiera equiparar los Estados o proyectos de Estado con los pueblos que dicen representar. Los judíos no llegan a Palestina en 1948: algunas familias habían residido en la región durante siglos, mientras que muchos otros llegaron principalmente desde Europa en diversas oleadas migratorias, muchas de ellas militantes (es decir, organizadas por grupos y asociaciones políticas) e irregulares (o lo que es lo mismo, contra la legislación vigente en la época y los designios de los británicos, que desde 1920 hasta 1948 controlaron formalmente Palestina). Las relaciones entre los inmigrantes judíos y los habitantes nativos de la región tuvieron distintas fases, y no siempre se caracterizaron por la violencia. No obstante, durante la década de 1940 la tensión era altísima, y había habido varios ataques y masacres de árabes a judíos, y viceversa.
Puedo argumentar sin problemas que el proyecto sionista es un proyecto colonial. Eso no quiere decir que todas las personas que emigraron a Palestina fueran colonos o tuvieran intenciones hostiles, pero sin duda, muchos grupos de la época tenían una perspectiva colonial en mente. ¿Por qué es colonial el sionismo? Muy sencillo. La idea de que los judíos merecen vivir y construir un Estado en los territorios que ocupaba el reino de Israel en el primer milenio antes de Cristo (o de la Era Común, como decimos los historiadores últimamente) se basa en una pretendida legitimidad histórica que ignora a las personas que vivían en esa tierra, y las vicisitudes ocurridas en los dos milenios y medio pasados entre la destrucción del Templo y la llegada de los primeros inmigrantes sionistas. Es un proyecto colonial porque no busca integrarse en una comunidad existente o mezclarse con la población, sino que plantea la fundación de un nuevo Estado en el que un grupo dominante (los judíos) se impondría sobre los nativos o directamente los expulsaría. Esto no me lo estoy inventando. Basta con leerse textos del Beitar (una organización sionista de los años 20-30 que aspiraba a la creación de un Gran Israel) para ver que la retórica de la limpieza étnica no es nueva. Uno de los lemas fundacionales de Israel, “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, también refleja la ideología colonial, mostrando Palestina como una tierra prometida, deshabitada y lista para ser colonizada.
Poster del Beitar mostrando a Jabotinsky. Fuente: Beitar Australia
Los proyectos coloniales cuentan siempre con actores en el terreno que lo hacen avanzar, aunque ellos individualmente no tengan intenciones de colonizar la tierra o someter a la población nativa. Es un caso que estudio en mi tesis doctoral, en la que me centro en los españoles que habían emigrado a la Argelia colonial francesa a finales del XIX, algunos de los cuales serían llamados “Pied Noirs” décadas después. Estos inmigrantes eran personas humildes que buscaban mejorar su situación personal, y que no tenían nada que ver con los designios imperiales de las autoridades francesas. No obstante, fueron instrumentales en la frontera colonial, y sin su sudor y su sangre, la Argelia francesa no hubiera sido productiva. De algún modo, muchos de los inmigrantes judíos llegados a Palestina/Israel en los años 20, 30 y 40 me recuerdan a ellos. Pero estoy saliéndome un poco del tema. Lo que quiero decir es que, si bien creo que se puede hablar claramente del proyecto sionista como un proyecto colonial que busca crear un nuevo Estado a expensas del grupo que ocupaba esas tierras precedentemente, no sería acertado decir que los inmigrantes que hicieron posible tal proyecto sean todos colonialistas. La crítica es a la ideología y a las instituciones surgidas para defenderla, no a las distintas comunidades judías que participaron y participan en ello.
El colonialismo es compatible con la retórica democrática. Tanto en la Argelia francesa como en la India británica se celebraban elecciones. El Estado de Israel es sin duda democrático, con una sociedad civil activa. Los árabes tienen representación democrática y en teoría los mismos derechos que los ciudadanos israelíes, aunque también sufren discriminación. Entre la propia población judía de Israel existe discriminación y racismo. Quizá el caso más paradigmático sea el de los Beta Israel, una ancestral comunidad de judíos negros de origen etíope. El Estado de Israel encierra muchas contradicciones; la más importante es la tensión entre los valores democráticos y liberales en los que supuestamente se fundó, la situación con la población palestina tanto en Israel como en los territorios ocupados, y el ascenso de un ideario que pasa por transformar Israel en un etnoestado teocrático, algo que queda reflejado en la Ley del Estado-nación Judío de 2018. En los últimos años, los gobiernos de Netanyahu han puesta también en tela de juicio la estabilidad institucional de Israel. La polémica reforma judicial de 2023 provocó una oleada de protestas que casi hace caer el gobierno, aunque el inicio de la guerra pospuso la resolución de la crisis.
Israel es también un Estado que ocupa unos territorios que no son propios, tanto Gaza como Cisjordania. Es cierto que estas ocupaciones se produjeron en contextos de guerras defensivas, aunque también podría decirse que, desde la perspectiva árabe, esas guerras también eran defensivas y buscaban recuperar los territorios perdidos en 1948). La historia de Palestina desde 1948, por otro lado, es la de un proyecto de Estado que no logró consolidarse, en parte por la presión Israelí, en parte por el expansionismo de los Estados árabes de Egipto y Jordania, y en parte por una serie de malas decisiones de sus distintos líderes. En general, las organizaciones palestinas, desde las comunistas hasta las islamistas pasando por los distintos grupos laicos y liberales, optaron por no reconocer las fronteras israelíes y no renunciar ni al derecho al retorno de los refugiados (no olvidemos que la guerra del 1948 se saldó con una enorme crisis de refugiados) ni a la lucha armada para recuperar unos territorios que ellos consideraban ilegítimamente ocupados. No entraré en detalles para no hacer el texto eterno. Aún a riesgo de minimizar la agencia de los palestinos, se puede decir sin temor a dudas que desde la derrota árabe en la guerra de los Seis Días (1967), Israel mantiene una ocupación efectiva y casi permanente de Cisjordania, acompañada por un movimiento de colonos sionistas que han construido una serie de asentamientos ilegales bajo el derecho internacional.
Poco después de acabar la guerra del 67, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad la famosa resolución 242. En plena Guerra Fría, EEUU y la Unión Soviética (y otros miembros permanentes y no permanentes del Consejo, como Francia, Japón, Etiopía, la India o Bulgaria), se pusieron de acuerdo para trazar un plan de paz que partía de la retirada de las tropas israelíes de los territorios que habían ocupado en la última guerra (que incluían, aparte de Cisjordania y Gaza, la península de Sinaí en Egipto y los Altos del Golán en Siria) a cambio del reconocimiento por parte de los estados árabes de la legitimidad del Estado de Israel y de sus fronteras. El acuerdo fue cumplido solo parcialmente: ni Israel se retiró completamente de sus zonas conquistadas (aunque sí de algunas), ni las organizaciones palestinas (que operaban desde países vecinos, como Líbano o Jordanía) o los países árabes circundantes reconocieron inequívocamente a Israel. La “solución de los dos Estados” no fue aceptada por los países árabes y por la organización palestina dominante, la OLP, hasta finales de los 80. Israel tampoco la adoptó de forma decidida pues a la vez que cumplían algunos de los acuerdos, ignoraba sistemáticamente otros.
Los asentamientos israelíes en Cisjordania (los de Gaza fueron desmantelados en los 90) no han dejado de crecer. En la actualidad, la población de colonos israelíes en Cisjordania supera el medio millón de personas. Y no viven en poblados informales; en muchos casos son auténticas urbanizaciones y comunidades valladas, protegidas por el ejército israelí y con acceso privilegiado a los recursos y accesos. En este mapa y en este otro se puede apreciar cómo Cisjordania es en la actualidad un queso gruyere en el que las comunidades palestinas están aisladas entre sí, con movilidad restringida y con una buena parte del territorio inaccesible para ellos, aunque sí para los israelíes y turistas extranjeros. El ejemplo más evidente para los occidentales sería el Mar Muerto: todos hemos visto fotos de turistas en el Mar Muerto, que mucha gente cree que está en Israel. Sin embargo, se encuentra en los territorios considerados palestinos en la actualidad, aunque la realidad práctica es que los palestinos tienen prohibido el acceso por la ocupación israelí. Desde los años 90, y especialmente tras la instalación de checkpoints permanentes, la instalación de un muro de separación física, la situación ha llegado a un punto en el que organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch utilizan el término apartheid para referirse al sistema discriminatorio establecido por la ocupación israelí y a las constantes violaciones de derechos fundamentales que experimentan los árabes en Israel y los Territorios Ocupados. El mismo término es empleado por organizaciones de la sociedad civil israelí como B’Tselem, que en 2022 publicaba un informe demoledor sobre el estado de la democracia en Israel y los Territorios Ocupados. En este enlace se puede acceder a un informe de 11 páginas publicado en castellano por la misma organización en el que desarrollan sus argumentos.
En resumen, creo que es lícito usar el término «colonial» para definir tanto al proyecto sionista como al Estado de Israel. Al fin y al cabo, el sionismo plantea crear un Estado propio para los judíos ex-novo, en unos territorios que contaban ya con una población previa. El plan sionista pasaba por fomentar la inmigración voluntaria de judíos a la Palestina histórica. Durante el Mandato Británico, las organizaciones militantes (y terroristas) sionistas, como el Irgún, atentaron tanto contra objetivos británicos como contra la población árabe. Tras la independencia, Israel llevó a cabo una limpieza étnica que no llegó a término gracias a que algunos miembros del ejército israelí se opusieron a llevar a término las órdenes de «evacuación» (es decir, expulsión) de la población civil palestina. El ejemplo más conocido es Ben Dunkelman, que se negó a echar a la población árabe de Nazaret de sus casas, dado que la ciudad se había rendido pacíficamente. Una buena parte de las organizaciones sionistas, como el Beitar, aspiraban a crear un Gran Israel que abarcase ambas orillas del Jordán y llegase hasta el Mediterráneo. El Estado judío que aspiraban a crear contaría con una mayoría de población hebrea. Los árabes y habitantes nativos que no pudieran ser «reubicados» tendrían un estatus subalterno.
En la actualidad, encontramos un Estado que se autodefine como «el hogar nacional del pueblo judío» donde se niega el derecho de autodeterminación de cualquier otro pueblo. La Tierra de Israel, dice la ley básica de 2018 y una buena parte del establishment intelectual israelí, pertenece al pueblo judío por derecho histórico y bíblico, ya que era donde se ubicaba el reino de Israel (independientemente de que eso fuera hace más de dos milenios y de que incontables pueblos y estructuras políticas hayan pasado por dichas tierras). Las leyes israelíes otorgan un estatus privilegiado a la lengua hebrea y priorizan la inmigración de judíos de todas partes del mundo, a la vez que niegan el derecho de retorno de los expulsados en 1948 y sus descendientes. Una quinta parte de la población de pleno derecho del Estado de Israel es árabe, si bien en la práctica hay una segregación. Las ciudades son por lo general hebreas o árabes, con pocas localidades mixtas. Los árabes tienen prohibido viajar a muchas zonas y a la Palestina ocupada, y están concentrados en apenas un 3% del territorio. Los ciudadanos árabes están exentos de servicio militar y pueden votar en las elecciones, pero hasta la fecha ningún partido árabe ha sido parte de ningún gobierno nacional.
En Cisjordania, la potencia ocupante (Israel) actúa como un auténtico poder colonial. No solo está incentivando y apoyando el asentamiento de cientos de miles de colonos israelíes en tierras pertenecientes a los palestinos, sino que además está haciendo lo posible por separar y segregara la población local. Los múltiples checkpoints ralentizan los desplazamientos durante horas. Los palestinos no pueden acceder libremente a una buena parte del territorio. Los colonos israelíes pueden utilizar carreteras y accesos completamente vedados para los palestinos. El ejército israelí realiza de forma rutinaria registros aleatorios en residencias civiles a altas horas de la madrugada. Cada familia palestina ha sufrido al menos una de estas humillantes experiencias. Muchos ex-soldados israelíes, traumatizados por sus acciones, han dejado sus testimonios en la web de la organización Breaking the Silence (en inglés). Otra organización israelí, B’tselem, lleva años documentando los abusos del Estado israelí y de los colonos y su campaña sistemática de acoso y expropiación de tierras e inmuebles palestinos. En la práctica, la población de Cisjordania no puede moverse libremente por su país, y no puede gozar de una estabilidad y una seguridad básicas. Los colonos israelíes, con el beneplácito del Estado, acosan a los palestinos y les roban sus propiedades en todo el territorio. El objetivo último de esta política es forzar la emigración de los palestinos y allanar el terreno para conseguir una anexión efectiva de un territorio que, en la práctica, está controlado por Israel.
El sionismo es por tanto un proyecto colonial, dado que desde su origen plantea la creación de un Estado exclusivo para judíos (aunque no hubieran nacido originalmente en dichas tierras), un Israel «desde el río hasta el mar». El Estado de Israel ha llevado a cabo unas políticas segregadoras y discriminatorias hacia su población árabe. En Cisjordania, Israel ha actuado como un auténtico ocupante colonial, limitando severamente la movilidad y el acceso a los recursos de la población local, a la vez que favorecía el asentamiento de colonos israelíes.
Un soldado israelí fotografiado mientras durante la quema de la biblioteca de Al Aqsa, en Gaza, primavera de 2024.
Añadido: reforzando el colonialismo de Estado
Estamos a 25 de julio de 2024. Estoy preparando la siguiente parte del artículo, pero desde que publiqué este texto hace dos meses (el 27 de mayo) hasta ahora han pasado tres cosas que refuerzan mi argumento aún más.
En primer lugar, Israel ha decidido anexionarse por decreto la mayor cantidad de tierras de Cisjordania en tres décadas. En 2024 se ha anexionado tanto territorio palestino como en los últimos treinta años. Tela. La anexión de las tierras palestinas en Cisjordania busca aumentar el área de los asentimientos, e impedir la continuidad territorial palestina. El ministro Smotrich ha admitido que su plan es impedir la creación de un Estado palestino. Esta política oficial va acompañada por las acciones de los colonos israelíes, que llevan años amedrentando a la población palestina en Cisjordania, ocupando sus casas y arrasando sus campos de cultivo, y que han redoblado sus esfuerzos desde el 7 de octubre. La “legalización” o “anexión oficial” no es sino un reconocimiento a algo que llevaba un tiempo sucediendo de facto.
Paralelamente, el Parlamento Israelí aprobó esta semana una resolución en contra de la creación del Estado Palestino, una admisión explícita de que rechazan la solución de los dos Estados defendida por la comunidad internacional. No deja de ser curioso el hecho de que, por mucho que se empeñen los EEUU, España, y los países del bloque occidental, la solución de los dos estados está cada vez más lejos que nunca. El reconocimiento del Estado palestino no es sino una medida cosmética, especialmente si no va acompañada de sanciones a Israel, algo que (desgraciadamente) sabemos que no sucederá.
En tercer lugar, la Corte Internacional de Justicia, principal órgano jurídico de la ONU, ha emitido un dictamen consultivo sobre las acciones y políticas de Israel en los territorios palestinos ocupados, incluyendo Jerusalén. El dictamen es la respuesta a una petición de la asamblea general de la ONU muy anterior al inicio de la guerra entre Hamás e Israel. El documento, al que no se ha dado mucha importancia en los medios de comunicación españoles, tiene 83 páginas y expone de forma contundente las continuas violaciones del Derecho Internacional por parte de Israel como potencia ocupante en Cisjordania, Jerusalén y Gaza. La Corte Internacional es clara: la política israelí de asentamientos es contraria al derecho internacional; no hay diferencia entre los asentamientos de iure y de facto [esto es importante, véase el punto 112 del dictamen, en la página 35]; las anexiones de tierra son ilegales; los israelíes se enriquecen de forma ilícita de los recursos naturales palestinos y priorizan a los colonos en el acceso a recursos esenciales como el agua; e Israel discrimina sistemáticamente a la población palestina en los territorios ocupados.
Un ejemplo de esto último especificado en el dictamen es la cuestión de la discriminación jurídica: los colonos israelíes en territorio palestino ocupado están sujetos a la ley israelí y son juzgados en tribunales civiles, mientras que los palestinos son juzgados por tribunales militares. El dictamen también señala que Israel ha utilizado una violencia desproporcionada contra los palestinos, y confirma que ha llevado a cabo acciones y políticas que han causado el desplazamiento forzoso de cientos de familias. Aunque no tienen la capacidad para imponer sus decisiones a Israel, la CIJ señala que la ocupación debe terminar, que los asentamientos deben ser desmantelados, que los palestinos desplazados deberían poder volver a sus casas, y que Israel debería compensar a las víctimas de sus políticas.
En otras palabras: Si no es colonialismo, ¿cómo llamamos a un proyecto que niega el derecho de los palestinos de vivir en sus tierras, de construir un Estado propio, y que aspira a expulsarlos? ¿Cómo podemos denominar a una idea de Estado que no respeta la legalidad internacional, que incita a sus ciudadanos a establecerse en unas tierras ocupadas y que segrega a la población local, sometida a un régimen de ocupación permanente? ¿Cómo llamamos a la política de hacer la vista gorda a la violencia de los colonos y a legalizar las tierras y viviendas que han tomado a la fuerza? ¿Cómo podemos referirnos a los colonos si no es con el término “colonos”? ¿Cómo denominar a Israel salvo como Estado colonial, si no acepta la existencia de Palestina?
Los argumentos contra calificar a Israel como un Estado colonial suelen aducir el hecho de que el Reino de Israel se encontraba en ese territorio dos mil años atrás, y que el pueblo judío siempre ha tenido una conexión especial con “Tierra Santa.” Más allá del hecho de que este argumento convierte al Estado de Israel en el único representante legítimo de los judíos (algo que ya es problemático de por sí), parece ser que solo la historia bíblica es importante, que los dos milenios de diáspora son una anécdota, y que las poblaciones semíticas que han vivido ahí estos últimos dos milenios (a los filisteos, samaritanos y judíos originales habría que sumar los grecorromanos, arameos, árabes y demás que se asentaron en la zona y mezclaron con ellos) no tienen nada que decir con respecto a la tierra en la que ellos y sus ancestros nacieron.
En el próximo artículo desarrollaré el argumento sobre el genocidio.
Esta semana he estado en el AGA investigando para mi tesis y he encontrado mucho material interesante. Entre otras cosas, he transcrito varios documentos relativos a la matanza de Jalfalah (cerca de Saida) en Argelia en 1881. La caja con los documentos es enorme y no sé hasta qué punto ha sido explorada por historiadores; os invito a hacerlo si os interesa el tema. En este artículo os ofrezco la transcripción de varios documentos manuscritos que me parecieron interesantes.
La matanza de Jalfalah tuvo lugar en el contexto de una rebelión de varias cabilas argelinas lideradas por un «agitador anticolonial» llamado Buamama. La rebelión comenzó en abril de 1881 cuando los partidarios de Buamama mataron al grupo de soldados franceses que fueron a arrestar a su líder, y pronto se extendió por buena parte del Oranesado. Los jinetes de Buamama atacaban esporádicamente a los franceses y se retiraban, robando botín y evadiendo enfrentamientos directos. El 11 de junio se dirigieron a unos espartales donde vivían y trabajaban cientos de familias de temporeros españoles (sobre todo murcianos, almerienses y alicantinos), matando a cientos de ellos y destruyendo o robando las pocas pertenencias que tenían. Los jornaleros españoles eran la mano de obra fundamental de la colonización agrícola de los franceses en Argelia, de modo que el brutal ataque era una forma de desestabilizar la economía y paralizar la explotación del campo mediante el terror.
Saïda (Fuente: OpenStreetMaps)
La matanza causó mucha consternación entre la comunidad española en Argelia, y millares de inmigrantes (especialmente los que vivían en las zonas rurales del Oranesado) trataron de volver a España, asustados por la violencia y preocupados por el desdén las autoridades francesas habían tratado a los afectados por la masacre. Las noticias causaron una gran ola de solidaridad en España; varios periódicos españoles y organizaciones populares organizaron colectas para la repatriación de los afectados, varios empresarios ofrecieron pagar el pasaje y dar empleo a algunas de las víctimas en sus explotaciones agrícolas en la península, y el servicio consular en Orán se implicó al máximo, pese a la preocupación del gobierno central, que no quería provocar un conflicto diplomático con Francia. En este artículo, Ricardo Montes narra lo acontecido utilizando artículos de la prensa española de la época. Un buen análisis del suceso con documentación de archivo se puede encontrar en Los españoles en la Argelia francesa de Juan Bautista Vilar (1989), aunque es un libro relativamente complicado de encontrar.
Aquí nos limitaremos a ofrecer varios extractos de fuentes primarias extraidas del Archivo General de la Administración (Exteriores 66/4124). Todas estaban escritas a mano, así que es más que posible haya errores en la transcripción (cuando no estoy seguro de algo está indicado con corchetes y una interrogación). Mi criterio para transcribir ha sido respetar al máximo los originales, así que faltan tildes, la puntuación no es gramaticalmente correcta y hay orrores ortográficos. La caligrafía original siempre es más expresiva y siempre hay cierto matiz que se pierde al pasarlo a máquina. Por favor, si utilizas estas transcripciones en algún trabajo o artículo o como material docente, cita esta página (y avísame, me gusta saber que este proyecto es útil).
Los tres primeros textos son declaraciones de supervivientes. El segundo es una carta de Campillo, el empresario murciano que gestionaba uno de los espartales afectados, al cónsul español en Orán, cinco días después de la masacre, contándole su negociación con las autoridades francesas. El último es una carta del vice-cónsul de Arzew al cónsul de Orán en la que se queja de la situación.
Grabado en La Ilustración Española y Americana, 8-7-1881 (Fuente: Hemeroteca Digital de la BNE)
Tres testimonios de supervivientes (finales de julio de 1881)
Rafaela Ygorra y Jerez natural de Busot provincia de Alicante se presenta, con su hija Rafaela de seis años y declara que el día 11 de junio estando en el chanti de Campillo con su marido José Giner y Brotand[?] de Bustos y sus cuatro hijos José, Vicente, Juan Bautista, Rafaela, a la puerta de la barraca, vino sobre ellos un gran tropel de árabes y mataron a su marido, los hijos huyeron llevando el mayor (Jose) a Juan Bautista de quince meses en los brazos, los árabes los persiguieron hasta cerca de Saida y los mataron, que a su hija Rafaela que estaba detrás de su padre le hirió la misma bala que mató a su padre. que a la declarante y su hija les quitaron las ropas que llevaban y todo cuanto tenían en la barraca. (cuatro burros, dos mantas, una escopeta y toda la ropa) que se escondieron en el monte y andaban de noche tardando cuatro días en llegar a Saida. Llegaron a Saida en cuyo hospital curaron a la niña Rafaela el brazo que tiene roto y piden repatriación que no saben firmar y firma el testigo
Pedro Martínez
Ana Hernández y serrano de diez y seis años de edad natural de Carboneras (Almería) declara: que el once de junio estando en el Chanti de Don Mariano Campillo con su madre y una hermana de diez años, se presentaron uno gran número de árabes, matando españoles, que mataron a su madre y la arrojaron a una barraca incendiada donde se carbonizó, que la declarante mandó a su hermana a huir con otras mujeres y ella por su parte huyó también con un hombre y otra mujer y cuando a los cuatro días llegó a Saida se encontró con su hermana Ysabel, pero queno á vuelto a saber de su padre Juan Hernández natural de Carboneras y de su hermano Pascual de catorce años. Perdieron tres burros, la ropa y el ajuar. No sabe firmar y firma el testigo
Pedro Martínez
Rafael Alonso y Segura natural de Turilla provincia de Almería de 17 años de edad, declara que: trabajaba en el chanti Campillo en compañía de sus dos hermanos, Juan de 20 años y José de 14 años (son huérfanos), que el día 11 de junio llegaron grande número de moros, que hecharon a huir pero que aquel mismo dia, fueron encontrados por unos 600 o 700 moros que se los llevaron al campamento donde llegaron a las dos de la tarde, inmediatamente sacaron a unos diez metros del campamento algunos de los prisioneros españoles que fusilaron, entre esas víctimas se encontró su hermano Juan y otro del mismo pueblo llamado Juan …… de unos 25 años.
Ha permanecido en la coluna Bon Amma hasta el día 15 de julio, en que por un descuido de los moros pudo escapar en compañía de otro prisioner, Blas Rojo y Sellis [?] de la provincia de Murcia, han estado tres días andando de día y de noche y fueron socorridos por moros amigos que los condujeron a termino y de ahí fueron dirigidos por el tren a Saida.
Nos hacían cojer leña para la comida, pastos para los animales, y traer agua. Nos hacían andar todo el día y de 21 a 24 [no se entienden bien estos numeros] nos daban harina para hacernos una torta, cuando no andábamos muy deprisa nos amenazaban de muerte y nos pegaban con sus palos. Hemos perdido tres burros españoles y toda la ropa.
No saben firmar.
Oran y 23 de julio de 1881
Pedro Martínez
Extracto de un artículo un tanto incendiario en La Iustración Española y Americana, 8-7-1881 (Fuente: Hemeroteca Digital de la BNE)
Carta de Mariano Campillo al Cónsul de Orán (16-6-1881)
Membrete: M. Campillo, Saïda (Algérie)
Saida, 16 junio 1881 Señor Consul de España Oran
Muy señor mío
El 10 y 11 del actual an sido atacados mis chantis y el del señor fuentes donde había un número de 1000 personas lo menos, de los cuales no an parecido a la fecha la mitad, principalmente de los que yo ocupaba que eran unos 600 no llegando a los que an venido.
El 12 entraron los primeros que escaparon de la muerte y me icieron saver que eran muchos los eridos mugeres y niños que se avian refugiado en la [foreh??] donde habian sido atacados de nuebo, pº que podria salbar la vida a muchas personas si se les daba socorro inmediatamente me dirijo a todas las autoridades civiles y militares pidiendo armas pº aver salido con unos 300 españoles de buena boluntad a socorrer los nuestros, me dieron por respuesta no tenian, no me di por batido y todos los dias los emolestado, asta el 14 a las 10 de la noche que estuve por ultima vez casa del coronel (cuarenta) que su funcion de comandante superior, y le suplique me dejase unos 70 hombres del cuerpo territorial supuesto que no los empleaba y reunidos con unos 50 españoles que yo uviese armado a dar socorro a los nuestros, pues todos los dias estan entrando mugeres y niños diciendome que son muchos los que estan escondidos en las matas de la [foreh??]. solo ayer a las 1 de la tarde se decidieron a darme 12 cazadores de a caballo que acompañados por españoles an salido creo en tarde pues excepto 3 que me an dado aviso que ai en una matamora q an tenido algun socorro, los demas deven ser muertos de fatiga a causa de eridas y de ambre y sed, asi mismo ecreido prudente no refinar los hombres que me an ofrecido, aciendoles saver que el socorro que me dan es tarde.
Los primeros que entraron los puse en una de mis casas (donde existen todavia) pº viendo acudian bastantes me dirigi al señor alcalde 2º (el 1º estaba ausente) pidiendole socorro, ni siquiera sin dignarse de una respuesta, al dia siguiente a las 6 de la mañana pase a ver al señor alcalde 1º pidiendo socorro, deseguido dio orden pª que no faltara nada de lo mas necesario, los eridos an sido conducidos al ospital aciendo responsables a las personas que les ocupaban.
El 14 en la noche llegaron a esta los sres. prefectos de oran y mascara y los sres presidente y procurador del tribunal de mascara, los 1ºs me dijeron que se podia disponer de una suma de 1200f de su parte y 700 dados por el general Ceres.
Ayer un empleado de la compª me dijo era necesario principiar a mandar los restos de esas pobres familias, que la compª les trasportaba gratuitamente asta argel, no soi de aviso se precipita el viage asta que sepamos los que faltan de cada familia (sera dificil an sido muchos quemados) y lo que an perdido en vestios y ropa, operacion que principiare oi asistido de la justicia y despues Ud dare ordenes, su presencia de U. seria util queda de usted señor consul un af.mo y seguro servidor
Mariano Campillo
P.D. pª salir a socorrer las personas que estan abandonadas no epedido nada mas que armas comida pª ombres y medios pª transportar los q se encuentran cada vez les escribo no terminando como asido egecutado a ultima ora
Carta del vicecónsul en Arzew al Cónsul de Orán (17-6-1881)
Vice-consulado de España en Arzew
Muy señor mío: confirmo a v.c. mis oficios de 13 y 14 del corriente sobre los acontecimientos ocurridos en el interior de esta con nuestros súbditos, pudiendo asegurar que han sido tanto los atropellos cometidos con mujeres y niños de los cuales muchos hoy se ignora su paradero así como del gran número de asesinatos con hombres
Creo y noticias verídicas adquiridas me confirman que ha habido grande negligencia por parte de las autoridades de este país en proteger a nuestros súbditos cuando dadas las órdenes oportunas para retirar los chantier yá era tarde debido sin duda a la gran confianza que eso notamo [??] se incremento y temiendo a la retirada completa de estos obreros que sin caridad explotan ocultandoles la verdad de cuanto incurrian.
El señor Campillo en los primeros momentos de la ocurrencia pidió armas y municiones a la autoridad con objeto de recoger los numerosos heridos y difuntos que despues de dos dias abandonados y sin proteccion se encontraban a merced del enemigo, cuya petición fue denegada así como la de que á lo menos mandasen fuerzas á proteger á estos individuos. Habiendo sido acordada ayer con escaso número de hombres y estos acompañados de varios españoles armados a coste de los señores Fuentes y Campillo
Positivamente puedo asegurar a V.S. tambien que los heridos que se presentaron al hospital solicitando su entrada, no quisieron recibirles por ningún concepto sin la responsabilidad pecuniaria de los señores Fuentes y Campillo que se vieron obligados a darla en vista de que la Compañía Franco Algerienne se negó a responder por ningún concepto.
De estos hechos así como de otros protestaré mañana enérgicamente a las autoridades a quien corresponda.
Hoy recibido el despacho de VS he exigido a la autoridad la manutención digna de los españoles entrados a ésta hasta tanto que la compañía Franco-Algerienne de quien exijo tambien transporte gratuitamente a los españoles hasta el puerto de Arzew y Oran acuerde mi petición.
Visto la necesidad de algunos súbditos que se hallaban totalmente en cueros les he facilitado algún recurso de los cuales daré a VS cuenta en tiempo oportuno. Me ocupo y no cesaré de dar los pasos necesarios para que sean atendidos todos los españoles y en su día reintegrados de las pérdidas materiales que han sufrido.
Espero las órdenes de VS y la aprobación de mi conducta
Guarde a VS muchos años
Orán 17 de junio de 1881
El viceconsil de S. maj
Ruijano[?]
Grabado en La Ilustración Española y Americana, 15-7-1881 (Fuente: Hemeroteca Digital de la BNE)
Seis meses después: chiste en el Correo Español
Actualización: mayo de 2025. En un ejemplar del Correo Español (periódico de la comunidad española en Orán) de octubre de 1881 conservado en el AHN se puede leer el siguiente chiste (o diálogo costumbrista) que reproduzco literalmente.
-¿Digas, Chuano, vois anar al monte á fer esparto?
-No senyor no, no am convé pas.
-¿Y perqué? ¿No ganarás molts francos?
-Bueno, es veritat, ¿peo qu’am faré de lo diner si venen los moros y m’escabechan?
-Cá, no tinguas por, y después si te mataban donaria el gobern una forta suma á la teua viuda
-Sí, pues entonsas es molt fácil d’arreglar. Que vaja la meua mujer al monte y yo am quedaré aquí per cobrar als cuartos si es queda sens marit
Cuando el sultán Mahmud II aplastó a los jenízaros en 1826 ─el «benéfico evento» que ya se mencionó en el artículo anterior─, mandó también desterrar de Estambul a miles de artesanos y jornaleros musulmanes ─étnicamente turcos y kurdos─ al este de Anatolia y reemplazarlos por armenios de esa misma región (reténgase este antecedente para cuando se mencionen los muhacir y las masacres hamidianas más abajo). Además, la desaparición de los jenízaros erosionó el poder de los ulemas. Se puso así punto y final al antiguo orden otomano, en el que la alianza estratégica entre jenízaros y ulemas había entronizado y hecho caer a un sinfín de sultanes en el pasado.
En adelante la Sublime Puerta, moldeada por las Tanzimat como la cúspide de una nueva administración otomana basada en ministerios, fue ensanchando su burocracia para asumir las funciones propias de un estado moderno. Abolida la discriminación por razón de credo en la vestimenta y en muchos otros aspectos de la vida civil que hasta entonces habían privilegiado a los musulmanes, muchos puestos de esa creciente burocracia otomana fueron ocupados por cristianos y judíos.
La modernización del estado otomano, sin embargo, no impedía su debilitamiento militar y económico frente a las pujantes potencias europeas. Tildado «el hombre enfermo de Europa», el derrumbe del Imperio suponía tal riesgo sistémico para el equilibrio geopolítico de la época que las potencias europeas procuraron sostenerlo y apuntalarlo, o sea, que su voladura fuera controlada, gradual y pactada. Lo socorrieron militarmente cuando las tropas egipcias de Mehmet Alí alcanzaron el sudeste de Anatolia en 1839; o cuando los rusos ocuparon Moldavia y Valaquia en 1853.
También lo asistieron financieramente. La deuda pública otomana creció tanto a raíz de esta ayuda, que en 1881 la troika internacional de entonces estableció en Constantinopla una Administración de la Deuda Pública Otomana. Se trataba de un organismo paralelo a la burocracia otomana al que se encomendó la recaudación directa de varios tributos ─que suponían entre un tercio y una cuarta parte de los ingresos del Imperio─ para el pago de la deuda soberana. También se encargaba de canalizar la inversión extranjera para financiar proyectos industriales y la construcción de ferrocarriles, obedeciendo siempre a intereses foráneos. De sus miles de empleados la inmensa mayoría fueron extranjeros residentes en el Imperio y súbditos otomanos no musulmanes.
Ni que decir tiene que los inversores extranjeros priorizaron el contacto con los comerciantes cristianos y judíos del Imperio para entablar negocios y adentrarse en la economía otomana. Muchos mercaderes mejoraron así su posición social y buscaron maneras de distinguirse de sus compatriotas musulmanes. Una práctica recurrente fue la de hacerse con un pasaporte europeo para eludir las exacciones fiscales y la jurisdicción de las autoridades otomanas. Esto no implicaba un cambio de nacionalidad en absoluto, sino la obtención previa de una patente de protección de un consulado europeo interesado en extender así su influencia entre personas relevantes.
Con una patente de protección y un pasaporte europeo el sujeto en cuestión, aunque fuera otomano en origen, gozaba de ciertas inmunidades ─extraterritorialidad se prefería decir por entonces─ frente a las autoridades locales y podía someter sus pleitos comerciales a la jurisdicción de un cónsul europeo, evitar el pago de los impuestos que recaudaba la administración otomana por sus actividades mercantiles, acogerse a las mismas ventajas aduaneras que los extranjeros para importar productos, o eximir a sus hijos de prestar el servicio militar. En definitiva, quedaba asimilado a un extranjero.
Cuando el Gobierno otomano limitó esta práctica por medio del Reglamento sobre los Consulados Extranjeros de 1863, muchos cónsules europeos optaron por fingir que sus protegidos otomanos eran auténticos connacionales. Los agentes consulares españoles, por ejemplo, les siguieron proveyendo de pasaportes así como de patentes de protección bajo la falsa apariencia de certificados de nacionalidad española.
En este contexto debe enmarcarse la edad dorada de cosmopolitismo ─y desigualdad social─ que vivieron ciudades portuarias como Salónica, Estambul y Esmirna a finales del siglo XIX y comienzos del XX, donde los comerciantes judíos y cristianos se habían erigido en la élite económica de la sociedad otomana. Fue un último canto de cisne de la civilización otomana, el universo levantino del que hablé en esta otra nota.
Población del Imperio otomano en 1893, desagregada por provincias y grupos confesionales (nótese que por Catholics se alude a los miembros de Iglesias uniatas de ritos orientales ─armenios católicos, maronitas y melkitas─, y por Latins a los cristianos católicos de rito latino o romano). La capital contaba con cerca de 130.000 «extranjeros» sobre un total de 872.000 estambulitas. Fuente: Kemal H. Karpat, «Ottoman Population Records and the Census of 1881/82-1893», en International Journal of Middle East Studies, vol. 9, núm. 3, 1978, p. 274.
De los muhacir a las masacres hamidianas
Mientras muchos cristianos y judíos otomanos prosperaban y codiciaban los pasaportes europeos, cientos de miles de refugiados musulmanes ─muhacir─ se reasentaban en un Imperio otomano cada vez más reducido. En la década de 1860, alrededor de 200.000 tártaros se vieron obligados a abandonar la península de Crimea acusados de traición por parte de las nuevas autoridades rusas. Simultáneamente, la anexión de los janatos caucásicos al Imperio ruso forzó el éxodo de buena parte de la población musulmana de la región del Cáucaso ─más de un millón de circasianos y abjasios según el mapa de abajo─. Del mismo modo, la constitución de nuevos estados balcánicos al término de la guerra ruso-turca de 1877-1878 abocó a centenares de miles de musulmanes a buscar refugio en las tierras remanentes del Imperio otomano. Así, por ejemplo, muchos musulmanes huyeron de los territorios incorporados al Reino de Serbia; a su vez, muchos serbios abandonaron la todavía provincia otomana de Kosovo por la presión ejercida por esos mismos refugiados musulmanes.
¿Y qué soldados otomanos luchaban en los campos de batalla contra las potencias europeas? Básicamente los de confesión musulmana. Pese a los logros de las Tanzimat ─la igualdad formal ante la ley sin distinciones por razón de credo─, hasta 1909 los varones cristianos y judíos lo tuvieron mucho más fácil que los musulmanes para eludir un servicio militar que podía durar hasta cinco años. Así, en la segunda mitad del siglo XIX las comunidades no musulmanas pagaban colectivamente la exención del servicio militar de sus jóvenes, una tasa llamada bedel-i askerî que si se calcula por cabeza era bastante pequeña. Nada que ver con la exención de un musulmán ─bedel-i nakdî─, que era individual y costaba 5.000 kuruş o 50 liras de oro, una suma muy considerable.
En definitiva, en la segunda mitad del siglo XIX el Imperio otomano perdió el grueso de sus territorios balcánicos, y con ellos la población cristiana que los habitaba; al mismo tiempo, en ese mismo periodo recibió más de cinco millones de refugiados musulmanes. El reasentamiento en Anatolia de muchos de estos muhacir generó fuertes tensiones con las comunidades armenias, cuyos dirigentes nacionalistas exigían más autonomía. Aupadas quizá por el creciente intervencionismo de las potencias europeas, en especial la Rusia zarista, muchas organizaciones armenias se rebelaron contra las autoridades. La actividad represiva del sultán Abdülhamid II supuso la muerte de decenas de miles de armenios otomanos en lo que la historiografía conoce como las masacres hamidianas de 1894-1896.
Una anécdota
El 21/07/1905 una organización armenia, la Federación Revolucionaria Armenia, intentó hacer volar por los aires al sultán Abdülhamid II. La bomba mató a 26 individuos e hirió a otros 58, pero el sultán salió ileso. En dicho complot había participado un joven anarquista, Edward Joris, que fue arrestado pocos días después. Fue condenado a muerte junto con otras personas ese mismo año, pero las autoridades otomanas no lo ejecutaron y dos años después lo dejaron libre. ¿Por qué? Por aquel entonces las potencias europeas imponían al Imperio otomano una aberrante desigualdad de trato, en virtud de la cual todos los extranjeros europeos residentes en el Imperio ─protegidos incluidos─ gozaban de una serie de privilegios e inmunidades frente a las autoridades otomanas. Uno de esos privilegios era el de no poder ser condenado por un juez otomano si no estaba presente un dragomán del consulado correspondiente.
Los dragomanes o truchimanes eran empleados de las legaciones y oficinas consulares establecidas en el Imperio otomano. Hacían las veces de intérpretes, consejeros e intermediarios en las relaciones de la legación o del consulado con las autoridades otomanas. Su nombre en turco era tercüman.
Edward Joris era ciudadano belga, y en el último momento el gobierno de su país dejó de colaborar con las autoridades otomanas, de modo que la sentencia contra Joris fue dictada sin la presencia del dragomán del consulado belga y no era válida a ojos del derecho internacional de la época. El Affair Joris A recibió toda la atención de la academia iusinternacionalista de su tiempo, y Joris acabó siendo puesto en libertad dos años después y regresó a su país; se fue de rositas.
Viñeta satírica en la que Leopoldo II de Bélgica, preocupado por sus masacres en el Congo, conversa con Abdülhamid II. El sultán le dice que no se preocupe, que a él no lo han «tocado» por sus masacres armenias. La viñeta fue publicada el 31/05/1905, menos de dos meses antes del atentado de la Federación Revolucionaria Armenia y el belga Edward Joris contra Abdülhamid. Fuente: Country House Essays.
La antesala de la Gran Guerra (1908-1913)
El Tratado de Berlín de 1878 no sólo había reconocido la independencia de Montenegro, Rumanía y Serbia; también estableció un principado búlgaro semindependiente y cedió al Imperio austrohúngaro la administración de la provincia de Bosnia y de la región de Sancak, territorios que sólo nominalmente siguieron siendo otomanos. Este statu quo se mantuvo hasta la revolución de los Jóvenes Turcos en julio de 1908, que precipitó la independencia búlgara y la anexión formal de Bosnia por los austrohúngaros, si bien éstos devolvieron el Sancak a los otomanos.
La revolución antedicha de los Jóvenes Turcos, liderada por varios oficiales del ejército otomano, estalló en Macedonia ─el núcleo de las posesiones otomanas en Europa─ y su triunfo supuso la restauración de la Constitución otomana de 1876, la convocatoria de elecciones en diciembre de 1908 ─que ganó el Comité de Unión y Progreso─ y que Abdülhamid II fuera depuesto por su hermano Mehmet V al año siguiente ─no sin que antes Abdülhamid intentara un contragolpe para hacerse de nuevo con las riendas del poder absoluto─. Ese nuevo régimen constitucional, que enseguida integró a los no-musulmanes en las filas del ejército, fue percibido por muchos como la prueba de que el Imperio otomano todavía podía recuperarse y modernizarse.
Sin embargo, el imperialismo europeo seguía ejerciendo su fuerza en el Mediterráneo y el norte de África. Alemania e Italia, potencias con menos de medio siglo de existencia por entonces, habían llegado tarde al reparto colonial del orbe y ansiaban nuevos territorios. Alemania ambicionaba Marruecos y esto la enfrentó a Francia en las crisis marroquíes de 1905 y 1911. Por su parte, Italia se lanzó a una agresiva campaña contra el Imperio otomano. Así, entre 1911 y 1912 tuvo lugar la guerra ítalo-otomana, que supuso la pérdida de los territorios otomanos del Dodecaneso, Tripolitania y Cirenaica ─hoy Libia─ a favor de los italianos. En el transcurso de este conflicto las autoridades otomanas decretaron la expulsión de la colonia italiana, esto es, de todos aquellos individuos con pasaporte italiano, ya fueran realmente ciudadanos de Italia o meros protegidos de ese país. Esto incluía no sólo a los inmigrantes italianos más recientes y a sus descendientes, sino también a católicos grecizados y judíos cuyos antepasados habían llegado al Imperio varios siglos antes. Muchos de estos individuos hubieron de optar por la nacionalidad otomana o por abandonar sus hogares.
Los estados balcánicos, temerosos de que las reformas del Comité de Unión y Progreso pudieran fortalecer el Imperio otomano, emularon la política italiana de agresión y hechos consumados para atacar el Imperio otomano cuanto antes y repartirse sus últimas posesiones en Europa: el Sancak, Kosovo, Macedonia, Tracia, Ióanina y Scutari. Fueron las guerras balcánicas de 1912-1913, que a punto estuvieron de enfrentar a Rusia con Austria-Hungría, desembocaron en la creación de Albania y generaron de nuevo la huida de refugiados musulmanes a Tracia oriental y Anatolia. En medio de este caos, los consulados europeos otorgaron patentes de protección a numerosa población no musulmana.
Un buen ejemplo es lo acaecido en Salónica: tras la llegada de las tropas helenas a esta ciudad otomana ─que albergaba a más de 80.000 judíos sefardíes─ en octubre de 1912, y hasta su anexión oficial por Grecia en agosto de 1913, en virtud del Tratado de Bucarest, los consulados austrohúngaro, español y portugués inscribieron en sus registros de protegidos a centenares de familias sefardíes.
En conclusión, muchos cristianos y judíos otomanos se congraciaron con las potencias extranjeras y prosperaron en un Imperio donde los musulmanes soportaban el grueso de las cargas fiscales y sacrificaban buena parte de su juventud para servir en los frentes. Esto, sumado a la continua pérdidas de territorios y a las sucesivas oleadas de refugiados musulmanes, cuyo reasentamiento en Anatolia provocó conflictos con las comunidades locales no musulmanas, que a su vez dieron lugar a rebeliones y matanzas. He aquí el inicio de un círculo vicioso de odio y resentimiento, que probablemente llevó a que muchos turcos musulmanes abrazaran la política panislamista de Abdülhamid II primero, y la ideología de los Jóvenes Turcos y del Comité de Unión y Progreso después. Los dirigentes de esta organización, acuciados por la agresividad de las potencias europeas, acabarían por ejecutar el gran barrido del pluralismo étnico y religioso en la sociedad otomana. Pero eso ya forma parte de la siguiente entrada.
Will Hanley, «Extraterritorial Prosecution, the Late Capitulations, and the New International Lawyers», en Houssin ALLOUL et alia, To Kill a Sultan: A Transnational History of the Attempt on Abdülhamid II (1905), London, Palgrave Macmillan, 2017, pp. 163-192.
Tim Judah, The Serbs, New Haven and London, Yale University Press, 2009, 414 pp.
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La República de las Tribus Confederadas del Rif (en tifinagh: ⵜⴰⴳⴷⵓⴷⴰ ⵏ ⴰⵔⵔⵉⴼ) es uno de los mayores hitos de la lucha anticolonial, un hecho tan singular como sorprendente. En un momento en el que la mayor parte del continente africano y un buen número de países islámicos se encontraban bajo dominio europeo (bien como colonias o como protectorados), una confederación de rifeños al mando de Abd el-Krim consiguió derrotar al ejército colonial español y establecer una república independiente que resistió durante cinco años. Hasta entonces sólo Etiopía había sido capaz de una gesta similar, cuando en 1895 expulsó a los italianos. No obstante, Etiopía ya era entonces un Estado consolidado y además había contado con apoyo ruso y francés. La República del Rif, en cambio, no contaba con precedentes históricos cercanos y no recibió apoyo de ninguna potencia europea.
En esta serie de artículos narraremos la historia de la república rifeña más allá de lo meramente militar, centrándonos en cómo Abd el-Krim y sus seguidores trataron de establecer un estado moderno en una región tradicionalmente anárquica, donde el sultanato marroquí había sido incapaz de asegurar el control y que era conocida en los mapas como Bled es-siba, que viene a significar zona sin control.
Trataremos de reconstruir la historia de la República del Rif desde el inicio hasta el final. Si bien es un hecho histórico excepcional, el contexto que rodea este tema ha hecho que haya pasado desapercibido y que los estudios hayan sido superficiales. Al final de este artículo puedes encontrar un breve repaso a la historiografía sobre la república rifeña.
Retos y escenario tras Annual
La batalla de Annual no significó el flin del conflicto. A pesar de la victoria, Abd el Krim y sus adeptos todavía tenían que resolver la situación en varios frentes. El Rif Occidental, que iba desde Gomara hasta Larache, aún estaba en manos de los españoles, quienes lo iban a defender a toda costa con el apoyo de algunos líderes rifeños opuestos a Abd el-Krim. Por otro lado, además de mantener a raya a las potencias coloniales, Abd el-Krim tenía que ganarse el reconocimiento de las comunidades rifeñas y convencerlas para adherirse a su causa. Había jefes tribales que lo ponían en entredicho y querían continuar en favor del colonialismo español, entre quienes se encontraban rivales importantísimos como el-Raisuni, de quien hablamos brevemente aquí.
En otras palabras, tras Annual no vino la paz, sino que se desencadenaron dos procesos paralelos: los preparativos para un nuevo conflicto armado contra españoles y franceses y la construcción de un nuevo Estado en forma de república. Como se verá más adelante, Abd el-Krim trató de acabar con el antiguo sistema tribal, creando una nueva figura por encima de los líderes con mandato. Esto es algo que nunca había existido en la región y que será clave para la nueva república.
Mapa del Rif. La zona de Gomara y el Yebala sería la zona Occidental del Rif. Extraído de: Manuel Leguineche Annual 1921: el desastre de España en el Rif
Frente español
Los españoles, al mando de Dámaso Berenguer, continuaron atacando la zona occidental del Rif tras su derrota en Annual. Durante su mandato, Berenguer trató de frenar a Abd el-Krim colocando a rifeños en puestos importantes, como fue el caso de Driss El Riffi, que administrador de la zona occidental. Tras la destitución de Berenguer como Alto Comisario de España en Marruecos, su puesto lo ocupó Ricardo Burguete. Burguete comenzó con una política de pacificación y de restitución de antiguas amistades como las del jerife el-Raisuni. Las políticas de Burguete surtieron efecto en la zona occidental dominada por los españoles, quienes comenzaron a avanzar por el frente occidental en octubre de 1922.
Al principio este avance se produjo en zonas que cuestionaban a Abd el-Krim como Beni Said y Beni Tuzin, donde el ejército español no lograría consolidar su dominio. En noviembre, Abd el-Krim infligió otra derrota a los españoles, quienes sufrieron cerca de 2000 bajas. Tras la derrota, Burguete ordenó la retirada de las tropas. Con la llegada al poder de Primo de Rivera (1923), los españoles decidieron suspender temporalmente la idea de colonizar el Rif.
En el interior, Abd el-Krim tuvo que resolver dos problemas: En primer lugar, necesitaba terminar de consolidar su dominio y enfrentarse a sus adversarios internos en el Rif occidental, ciertos líderes tribales de la zona de Gomara y el Yebala que rivalizaban con él. En segundo lugar, debía asegurar el reconocimiento de los líderes de cada tribu rifeña, algo esencial y necesario para que no hubiera que usar la fuerza para obtener el poder y lograr la construcción del nuevo Estado.
Los protagonistas del primer problema eran un “triunvirato” compuesto por dos jefes rifeños y un argelino: Amar Ben Hamidu, el gueznaia El Hay Bel Quish y Abd el-Kader Hach Tieb, respectivamente. Abd el-Kader jugó un papel de negociador y colaborador con los españoles llegando a mandar tropas a luchar contra aliados de Abd el-Krim. Los tres líderes presentaron una dura y continua resistencia en la zona occidental del Rif. Una de las estratagemas que utilizó Abd el-Krim para lograr contrarrestar a estos fue ir centralizando el poder pacíficamente a través del reconocimiento y cooptación de los distintos líderes tribales de forma que sus opositores encontraran cada vez menos aliados hasta quedarse solos. Así, Abd el-Krim nombró Caid de Marnisa a Ben Hamidu para acabar con su oposición y romper el trio, del cual solo Abd el-Kader continuó con el bando español.
Abd el-Krim dio otro golpe de efecto con su victoria frente a una de las figuras más míticas del Rif, el-Raisuni, un caudillo que controlaba la zona occidental conocida como el Yebala. El-Raisuni había logrado una gran influencia dado a los altercados que perpetraba, las escaramuzas que llevaba a cabo y sus sonados secuestros, como el famoso el incidente Perdicaris: el-Raisuni secuestró a un diplomático norteamericano y causó una pequeña crisis diplomática entre los Estados Unidos y el sultán de Marruecos, que además era el primer país que había reconocido la independencia estadounidense. Tal aventura fue plasmada en una película de 1975 titulada “El viento y el león” en la que Sean Connery interpretaba a el-Raisuni.
Fotografía real de el-Raisuni
Curiosidades aparte, el-Raisuni era un notable a tener en cuenta en el Rif occidental, pues había gobernado durante más de 20 años en la zona del Yebala. El-Raisuni se había mostrado ambiguo respecto a la presencia española: a veces veía favorable la colonización española y otras no, pues exigía al gobierno español que le otorgara un alto cargo en la administración colonial. Todo cambió en 1922, cuando los españoles decidieron acabar con el-Raisuni y tomar Tazrut, la capital del Yebala, para asegurar el Rif occidental tras Annual. Tras esto, los españoles decidieron ofrecer un cargo a el-Raisuni a cambió de que este derrocase a Abd el-Krim, que amenazaba los intereses de ambas partes.
El-Raisuni
Tras una serie de ataques a las tropas de Abd el-Krim organizados por el-Raisuni, en enero de 1923 Abd el-Krim envía un ejército compuesto de 1000 hombres que logran derrotar definitivamente a el-Raisuni, que contaba con apoyo de la aviación española en la zona. Con esta victoria, Abd el-Krim se volvió incontestable y, a ojos de sus seguidores, invencible. Esta victoria no solo le proporcionó prestigio: los bienes incautados a el-Raisuni y los españoles llenaron las arcas del nuevo estado.
Una vez solventados los conflictos con los rifeños y pacificado el Rif en todo su territorio desde Temsaman hasta Tetuán, Abd el-Krim ya podía comenzar a construir sobre los cimientos establecidos lo que sería el nuevo estado del norte de África, la República del Rif. Pero esto lo veremos en el siguiente artículo.
Apéndice historiográfico
Varias preguntas viene siendo si esta se trató de una República Independiente del Reino de Marruecos, si fue simplemente una república transitoria hasta que Marruecos fuese descolonizado o si fue el primer conato de la lucha anticolonial marroquí incluyendo a Abd el-Krim como parte del nacionalismo marroquí. Cuestiones clave como la ideología del movimiento, sus objetivos y la gestión del líder rifeño no han sido del todo exploradas.
Pocas son las obras publicadas sobre este periodo histórico. La gran obra sobre la República del Rif continúa siendo la obra del antropólogo norteamericano David M. Hart The Aith Waryaghar of the Central Rif: an ethnography and history, así como otra obra basada en la tesis doctoral de C.R Pennell La guerra del Rif : Abdelkrim el-Jattabi y su estado rifeño. En cuanto a las obras en español encontramos muy pocas, mientras que en árabe encontramos un gran catálogo marroquí y que para el cual recomiendo el articulo de Rocío Velasco de Castro.
Las obras en español no son abundantes. Este tema, al igual que la etapa colonial de España en África, parece ser objeto de una clara amnesia social y académica. Una de las primeras obras es la de Miguel Martín, El colonialismo español en Marruecos de 1973. En esta obra se menciona la República del Rif pero de un modo superficial centrándose en los escenarios políticos en España y en los partidos políticos comunistas activos en el anticolonialismo de la época.
María Rosa de Madariaga es, hasta el momento, la autora más prolífica con una intensa publicación de articulos y obras sobre España, el Rif y el protectorado. Su obra centrada en el líder rifeño Abd el-Krim El Jatabi. La lucha por la independencia de 2009 aborda el periodo de existencia de la República pero no llega a ocupar más de 20 páginas haciendo un análisis de la misma superficial. La obra más reciente de esta temática es El Rif, sus élites y el escenario internacional en el primer tercio del siglo XX (1900-1930) de 2016de Faris el Messaoudi-Ahmed. Este aborda el tema de manera más profunda y hace un análisis claro de las diferentes corrientes y visiones sobre este periodo histórico en la historiografía, sobre todo la marroquí.
También encontramos La República del Rif de Jesús Salafranca de 2004. Podemos decir que es la obra más completa, pues se dedica el libro enteramente a la formación de la República, a exponer las novedades y además a realizar un análisis ideológico del nuevo Estado.
No es un catálogo extenso, mucho menos si se tiene en cuenta que la mitad de las obras citadas se encuentran descatalogadas y fuera de circulación. Además, de los autores citados sólo uno es originario de la región del Rif.
En el anterior artículo explicábamos las causas de la invasión española del Rif, centrándonos en factores internos de la historia y la política españolas. En el artículo de hoy hablaremos de la situación del Rif y del resto de Marruecos a principios de siglo.
Nota sobre terminología: empleamos el término «tribu» para referirnos a una comunidad social cohesionada por lazos de parentesco reales o imaginados. No se debe interpretar como una palabra valorativa o despectiva
El reino de Marruecos
A principios del siglo XX, Marruecos era uno de los pocos países africanos que todavía no había sido ocupado por las potencias coloniales europeas. Esta situación se logró en parte gracias a la hábil diplomacia marroquí, que nunco mostró favoritismo por ninguna potencia europea y procuró mantener una actitud neutral. Sin embargo, como ocurriría en muchos otros lugares, las concesiones comerciales y los acuerdos de exportación acabarían debilitando su independencia. Marruecos es el único país del continente africano que da al mar Mediterráneo y al océano Atlántico, lo que le da gran importancia geoestratégica.
Las tres grandes potencias que intentaban ejercer su influencia en Marruecos eran Alemania, Inglaterra y Francia. Inglaterra quería proteger sus intereses en Gibraltar y alejar de Marruecos a potencias hostiles. Alemania, que apenas había logrado territorios en el reparto colonial del Congreso de Berlín, aspiraba a ampliar su influencia en el país,visita del káiser a Tánger incluida. Por su parte, Francia quería evitar que Alemania se hiciera fuerte en un territorio tan cercano a sus posesiones en Argelia. Se producirían varias crisis diplomáticas entre Francia y Alemania, solucionadas tras la cesión a Alemania de parte del territorio francés en Congo.
Marruecos contaba en 1900 con aproximadamente 4 millones de habitantes. La mayoría de ellos se organizaban en torno a tribus o sociedades familiares, donde el nombre del ancestro tenía un peso notable. La principal autoridad estatal era el rey o sultán, que además tenía el título simbólico de amīr al-muʾminīn o comendador de los creyentes. Su sucesión no era hereditaria, sino que estaba determinada por un consejo de ulemas, aunque el puesto siempre recaía en un miembro de la familia alauí. Cada nuevo aspirante a sultán tenía que armar un ejército a través de redes tribales y clientelares para así ganar el título a través de la guerra con sus posibles aspirantes.
A pesar de que el sultán de Marruecos era reconocido como líder religioso y espiritual en todo el Magreb, su poder como líder político solo llegaba hasta donde su ejército real podía ir a recoger los impuestos. A principios del siglo XX, la autoridad del sultán se extendía apenas entre Tánger y Esauira, más o menos un 20% del territorio del actual Marruecos. El resto del país era conocido como Bled es Siba cuyo significado podría ser algo similar a territorios sin ley o zonas de anarquía, aunque en realidad eran simplemente zonas fuera del poder real. El Rif era una de estas regiones.
(Blanco: zonas de poder real. Gris: zonas de Bled es Siba ) Autor: Elisée Reclus, «L’Homme et la Terre»
En los primeros treinta años del siglo XX, el sultanato de Marruecos experimentó una serie de sucesiones al trono turbulentas. Uno de los primeros monarcas marroquíes que se abrieron la influencia extranjera fue Sultán Abd el Aziz, que comenzó su reinado en 1901 (oficialmente su reinado comenzó en 1894, pero al ser menor de edad la regencia la ejercía un visir). El nuevo sultán, a quien le gustaba imitar las modas occidentales, se rodeó durante su mandato de un gabinete de consejeros europeos que le asesoraron sobre cómo modernizar el país. (¿Os suena?)
Las reformas fiscales y administrativas del sultán no agradaron a los nobles y notables marroquíes, que comenzaron una rebelión cuyo líder era el hermano del sultán, Muley Abdelhafiz. Para sofocarla, el sultán solicitó tropas a los europeos, y los franceses aprovecharon para aumentar su presencia e influencia en el país a través de acuerdos comerciales y apoyo en las revueltas internas que sufría el nuevo gobierno de Abd el Aziz. Por otra parte, se produjo un incidente diplomático entre Francia, Marruecos y Alemania, que se intentó resolver mediante la conferencia de Algeciras que se celebró en 1906 y de la que hablamos en el siguiente artículo. Dos años después, los ulemas proclamaron a Abdelhafiz, más conservador y tradicional que su hermano, como legítimo sultán.
El sultán Abd el Aziz con su famosa bicicleta. Se decía que esta era de oro y que por ella se había vendido el país a los extranjeros, una fábula que desprestigió al joven sultán. Autor: La vie illustree
El nuevo sultán se comprometió a cumplir seis puntos: 1: Deshacerse de toda influencia europea. 2: Recuperar todas las regiones fuera de la frontera actual marroquí. 3: Abolir el acta de Algeciras. 4: Eliminar los privilegios extranjeros. 5: Gobernar sin ayuda extranjera. 6: No realizar acuerdos con extranjeros sin consultar al pueblo. Como vemos, toda una declaración de intenciones que en cierto modo ataba al sultán en materia exterior y que era un tanto irrealista dado el estado del país.
La situación con el tiempo no resultaría beneficiosa para Abdelhafiz, pues Marruecos se encontraba ahogada por las deudas (se calcula que para 1910 debía cerca de treinta y cinco millones de dólares a Francia). El poco margen de movimiento provocó que el nuevo Sultán acabase formalmente de la independencia del Estado marroquí con la firma del tratado de Fez en 1912, que convertía el país en un protectorado de Francia. Al conocer el tratado, la población de Rabat y otras ciudades se levantaron en una revuelta con el objetivo de dar muerte a todo foráneo que se encontrase en la capital, una insurrección que tuvo que ser sofocada por el ejército francés. Ese mismo año, Abdelhafiz abdicó del trono en favor de su hermano Yusuf. Desde ese momento y hasta el fin de la presencia colonial europea en Marruecos, el Sultán no sería un obstáculo para los franceses.
Portada del suplemento dominical del diario francés Le Petit Journal sobre la firma del tratado de Fez y el inicio del protectorado francés. Fuente: Biblioteca Nacional Francesa
El Rif a principios del s. XX
Tánger
Una de las pocas zonas del Rif controladas efectivamente por el sultán era Tánger. La ciudad fue escenario de una actividad diplomática intensa que no vivía ninguna otra zona de Marruecos, pues allí se ubican todas las embajadas y consulados extranjeros. El emplazamiento de la ciudad la hizo una zona clave de paso para viajeros y reuniones diplomáticas, por lo que esta ciudad adquirió un carácter particular que la deja fuera de la cronología rifeña. queda fuera de la cronología rifeña.En 1925 la ciudad pasó a ser una “zona internacional”, es decir,administrada de forma independiente por varios Estados. Esta situación no se rompió hasta la entrada de Alemania en París durante la Segunda Guerra Mundial, momento que aprovechó el ejército español para entrar en la ciudad y gobernarla hasta el fin del conflicto en 1945, tras lo que se restauró la situación anterior finalizando en 1956. Hay que mencionar como curiosidad que la primera adquisición de gobierno norteamericano fuera de Estados Unidos fueron los terrenos donde se erigía el consulado americano en Tánger, convertido hoy día en un museo.
El Rif y los rifeños
A principios del siglo XX, la población del Rif no llegaba a los 800.000 habitantes. Esta zona estaba relativamente libre de influencia extranjera y apenas había cartografía más allá de Ceuta, Melilla y Larache. El interior del Rif era una zona inexplorada sobre la que había muchas fábulas y mitos como por ejemplo las riquezas mineras de la zona.
La mayoría de los habitantes del Rif eran bereberes o amazigh. Apenas habían sido arabizados y conservaban su lengua y sus estructuras sociales tradicionales. El árabe era solo la lengua intelectual y litúrgica, pues tanto el Corán como los documentos oficiales siempre estaban en ese idioma. No se sabe hasta qué punto el alfabeto bereber o tifinagh había sobrevivido o cuando se extinguió. Un ejemplo de pervivencia cultural frente a la arabización es el tatuaje en el rostro femenino que continuó siendo propio de la etnia amazigh. Este símbolo de distinción social podía poseer varios significados, como la confirmación de que estaba prometida (una función similar a la del anillo de compromiso en Occidente).
Mujer Amazigh Autora: Farah Ali Twitter; @farali_95 (Reproducido con su autorización)
Los amazigh se organizaban en tribus, también llamadas cabilas o cabilias. Cada una de estas era conocida por su antecesor de origen masculino o por el lugar de origen. Para designar a la tribu por el nombre del antepasado común se usan los vocablos ulad y beni que quiere decir “hijo de” o “hijos de”. Esta estructura tribal partía de un tronco inicial que se iba dividiendo en clanes surgidos a través de matrimonios o por asentamientos en determinados lugares. A pesar de las subdivisiones, podemos hablar de una sociedad relativamente igualitaria en la que las tribus se trataban de igual a igual.
El poder de cada tribu dependía del número de parientes adheridos a esta y de su afinidad o alianzas con otras. La rivalidad entre tribus podía dar lugar a enfrentamientos, pero a pesar de ello rara vez ejercían su poder para imponerse en materias legales o jurisdiccionales. En esa época, la tribu más fuerte era la de los Beni Urriaguel, de donde procedía el futuro líder rifeño Abdelkrim. Se calcula que en 1920 contaban con algo más de 40.000 miembros. Los Beni Urriaguel fueron durante mucho tiempo la tribu dominante en el Magreb, y eran tan poderosos que raramente necesitaba la alianza de otra para resolver un conflicto.
‘Zoco a Had de Benibuifrur’, 1910. Autor: José Ortíz Echagüe (Museo de la Universidad de Navarra).
Los amazigh se regían por una ley interna llamada el urf, la cual imponía multas de carácter económico y físico, pero siempre trataba de buscar la paz entre las tribus y el respeto de las zonas comunes como los zocos. Como hemos dicho antes, el poder del sultán apenas llegaba al Rif, que era considerado uno de los Bled es-Siba o territorios sin ley. Es cierto que el sultán nombraba un Caid para que gobernase la zona en nombre de su majestad, pero este importaba poco. Se sabe que en otras regiones había un cierto temor a las delegaciones reales enviadas a recaudar impuestos, pues cuando no se les hacía caso acampaban en la zona y ejercían el bandolerismo contra aquellos que se negaban a acatar las órdenes reales, aunque no se tiene constancia de que esto sucediera en el Rif.
Fuerza cabileña
Durante mucho tiempo la historiografía puso el foco de atención en Abd el Krim y Annual, pero en realidad los rifeños nos ofrecen muchos otros ejemplos de resistencia en el siglo XX. Las cabilas rifeñas participaron en varios conflictos durante los siglos anteriores, aunque la mayoría de las veces lo hicieron como actores secundarios. La primera gran alianza tribal se fraguó con Mohamed Ameziane (1859-1912), sobre quien no hay muchas fuentes. Bajo su liderazgo, las tribus rifeñas se unieron por primera vez sin que hubiera presencia de bereberes de otras zonas del Magreb. El motivo de la unión fueron las pretensiones de un presunto heredero al trono que trató de vender las riquezas mineras del Rif a los inversores europeos.
La guardia del jefe tribal de Abadda Dar en 1922. Autor: Roger-Viollet
Todo comenzó en 1902, cuando entró en escena un tal Bu Hamara, que se hacía pasar por hermano del Sultán y Rogui, es decir, heredero legítimo al trono. El Rogui, activo tanto en las zonas controladas por el sultán como en los “territorios sin ley”, lideró una revuelta con las tribus bereberes del nordeste de Marruecos, derrotó al ejército real y a partir de ahí se autoproclamó autoridad legal de esa zona del Magreb. Bu Hamara trató de enriquecerse estableciendo contratos con inversores alemanes y españoles. Por ejemplo, vendió el derecho de explotación de las minas del monte Afra a la Compañía española de Minas del Rif por un tiempo de noventa y nueve años.
A pesar de su prestigio, el Rogui Bu Hamara no se había ganado la confianza de las tribus del Rif, que mostraron su malestar frente a las ventas de explotación minera y de ferrocarril a manos extranjeras. Ante esta situación, en la cual las cabilas rifeñas podían entorpecer la actividad de los extranjeros, el Rogui decidió invadir el Rif con un ejército para someter a las tribus amazigh. Esto provocó que que las tribus rifeñas se unieran para defender sus territorios. La coalición estaba formada por los Beni Urriaguel, Bocoya, Tensaman, Beni Ammart y Beni Tuzín. Su líder fue el citado Mohamed Ameziane (en amazigh,»el pequeño» o «el menor»). No se sabe mucho sobre su vida, salvo que era el caid de los Beni Bu Gafa de Nador y jerife (descendiente del profeta) de nacimiento. La única imagen que se tiene de él es la que apareció en la noticia sobre su muerte en la revista española Mundo Gráfico.
Único retrato de Mohamed Ameziane o El Mizzian, obtenida de la revista Mundo gráfico. 22/5/1912 (Hemeroteca Digital de la BNE)
La batalla definitiva entre las tribus rifeñas y el Rogui se produjo en el río Nekor en 1907. El Rogui fue derrotado y entregado al Sultán Abdelhafiz. La victoria fue muy importante para las cabilas rifeñas, que por primera vez se habían unido contra un enemigo común que ponía en peligro la jurisdicción de las mismas en el territorio del Rif. Los rifeños aprendieron podían vencer a un enemigo al que ni el mismo sultán con su ejército real había podido derrotar, por lo que se puede aventurar que que esta primera experiencia tribal fue un antecedente de lo que sucedió en Annual en 1921. La unión tribal liderada por Ameziane estableció las bases de lo que sería la lucha anticolonial contra los españoles, que en 1909 sufrieron su primera derrota. No obstante, la prematura muerte de Ameziane en 1912 a manos de los españoles retrasaría la organización de las cabilas rifeñas frente a los invasores europeos.
Resumen y conclusiones
A principios del siglo XX Marruecos aún conservaba su independencia, a diferencia de la mayor parte de sus vecinos en el norte de África. Al mismo tiempo, era un Estado incapaz de controlar muchos de sus territorios, como el Rif. La influencia europea se notaba especialmente en la capital, en la corte del sultán y en Tánger, ciudad rifeña donde se ubicaban los consulados y embajadas extranjeras. Al igual que en muchos otros países, la penetración europea en Marruecos comenzó con la economía y la ayuda militar. Las deudas que contrajo el sultán con los franceses, a quienes había pedido ayuda para sofocar varias rebeliones, acabaron causando la pérdida de independencia del país. Esta se formalizó bajo la forma del protectorado, que era una manera suave de decir que estaban bajo el dominio de una potencia europea (dos, si contamos a España en el Rif y Río de Oro).
Por las mismas fechas, las tribus rifeñas se unían cerrando filas frente a un enemigo invasor, el Rogui Bu Hamara, quien haciéndose pasar por la autoridad legítima había vendido a los españoles y los alemanes el derecho de explotación de algunas minas. Una vez derrotado el Rogui, la coalición tribal rifeña siguió organizándose para hacer frente a los españoles, que comenzaban a realizar las primeras incursiones en suelo rifeño. Su victoria más sonada sería la emboscada del Barranco del Lobo en 1909, de la que hablamos en el anterior artículo. Esta unión tribal sería el más claro antecedente de la coalición que culminaría en la proclamación de la República del Rif en 1921.
En este artículo hemos podido ahondar un poco más en la historia de los rifeños a principios del siglo XX, sobre la que no hay muchas fuentes. Hemos dejado fuera del texto a personajes destacados como El Raisuni, pero en cambio hemos dado espacio a Mohamed Ameziane o el Mizzian, uno de los grandes olvidados en la historia de las tribus rifeñas, que unió a las tribus frente a un enemigo común antes incluso de la llegada de los españoles. Tras su muerte, la lucha de las cabilas rifeñas se detuvo hasta la aparición de Abdelkrim, por lo que podríamos llegar a la conclusión de que la mayoría de las veces ha hecho falta un líder que aunara a las distintas cabilas. Tal vez sin ese líder la unión tribal nunca hubiera podido llevarse a cabo, como si fuera un puzzle al que le hiciera falta esa pieza final.
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Si bien los contactos entre el Magreb y la península Ibérica tienen una larga trayectoria, Desvelando Oriente es una web de historia contemporánea, de modo que vamos a comenzar nuestro relato a finales del siglo XIX. Nos vamos a centrar en el norte Marruecos, escenario de uno de los tres proyectos coloniales españoles tras el Desastre del 98. Los otros dos, que se desarrollaron más o menos al mismo tiempo, fueron el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial, aunque fue el Rif la región que dio más problemas. El protectorado español en Marruecos se extendió hasta 1956 y ocupó un área de unos 20.000 kilómetros cuadrados en los extremos norte y sur de Marruecos, apenas un 4,69% de la superficie total del país. El resto estaba ocupado por Francia
España desembarcó en el Rif en 1904 y se quedó hasta 1956, medio siglo que cambió para siempre la historia de ambas tierras, y en el que el ejército y la administración españolas cometieron numerosos abusos, incluyendo el uso de gas mostaza contra la población civil.
Los rifeños que se opusieron a la ocupación española fueron capaces de establecer un Estado independiente que resistió durante cinco años, entre 1921 y 1926. La República del Rif fue un experimento único en el Magreb y, nos atreveríamos a decir, el mundo musulmán. No tanto por su oposición al colonialismo (los argelinos ―y las argelinas― llevaban resistiendo desde 1830) o por su carácter modernizador y en cierto modo occidentalizante (en Turquía una nueva élite militar desmantelaba el Imperio otomano más o menos por esas fechas), sino porque fue el primer proyecto descolonizador que tuvo un breve periodo de éxito. Cinco años pueden parecer poca cosa, pero no olvidemos que la II República española duró lo mismo. El lustro republicano ha marcado muy significativamente la identidad de los rifeños que se oponen al régimen marroquí.
No obstante, no queremos adelantar acontecimientos. Hoy trataremos los antecedentes de la ocupación española en el Rif, fijándonos en los motivos por los que se decidió la invasión en los despachos de Madrid y en las experiencias previas durante el siglo XIX.
Las causas de la invasión
Las tropas españolas desembarcaron en el Rif procedentes de Melilla el 14 de febrero de 1908. Sin embargo, la invasión se había comenzado a gestar mucho antes. Antes de narrar las vicisitudes militares es preciso preguntarse cuáles son los motivos por los que España, que en 1898 había perdido sus posesiones en Cuba, Filipinas y Puerto Rico, decidió comenzar una aventura colonial en el norte del Magreb. A grandes rasgos, se podría decir que la invasión del Rif se produce por la combinación de tres grupos de presión: las potencias extranjeras (Francia y Gran Bretaña), la burguesía comercial y el Ejército.
La España de principios del siglo XX estaba dominada por el régimen de la Restauración borbónica, un sistema político semidemocrático (las mujeres no podían votar) en el que los partidos Liberal y Conservador se turnaban en el poder de forma análoga a como sucedía en el Reino Unido. España no pintaba mucho en la escena internacional del momento pero, al contrario de lo que se suele afirmar, la ocupación del Rif no fue un intento de recuperar el prestigio perdido. Más bien fue una mezcla de intereses geopolíticos, posibilidades de inversión y necesidad de mantener ocupados a los militares.
Sección de un mapa de África del año 1901. Autor: GF Cram.
Presiones geopolíticas
En los años anteriores a la rimera Guerra Mundial, el equilibrio estratégico era un concepto fundamental en las relaciones entre países europeos. Como podemos ver en el mapa arriba, las posesiones francesas en el norte de África bordeaban todo el sultanato de Marruecos y el Sáhara español. El norte de Marruecos controlaba el acceso meridional al estrecho de Gibraltar, vital para el tráfico marítimo. Si Francia, que aspiraba a hacerse con Marruecos, hubiera sido capaz de controlar el Rif, el equilibrio de potencias se hubiera visto gravemente alterado.
Los británicos no podían permitir que Francia se hiciera con el control del Estrecho, pues además de suponer una enorme ventaja geoestratégica, podía amenazar su base en Gibraltar. Al mismo tiempo, ni los franceses ni los británicos deseaban que Alemania, una potencia emergente y relativamente nueva (la unificación alemana se había producido en 1871), pero muy activa en Marruecos, obtuviera una posible ventaja territorial. De modo que para garantizar la neutralidad del estrecho, franceses y británicos acordaron conceder una pequeña “esfera de influencia” a España en el norte de Marruecos dentro de los acuerdos que llevaron al establecimiento de la Entente Cordial en 1904.
Un año después España y Francia se repartían formalmente el territorio con un acuerdo sobre el cual podéis leer en más detalle aquí. Las presiones alemanas (y las protestas del sultán de Marruecos) forzaron la convocatoria de una conferencia internacional sobre el destino de Marruecos que se celebró en Algeciras en 1906 con la presencia de 13 países, incluyendo a EEUU y los imperios otomano y austrohúngaro. La jugada no les salió bien a los alemanes, pues solo Austria-Hungría apoyó firmemente sus posiciones y Francia y España tuvieron vía libre para actuar en Marruecos, a pesar de algunas medidas cosméticas como garantizar el comercio internacional y poner un supervisor suizo a los oficiales de policía españoles y franceses.
No obstante, no ha de entenderse que España sólo ocupó el Rif forzada por sus compromisos internacionales. Estos compromisos supusieron un incentivo y una justificación para la intervención, pero también hubo importantes factores internos que llevaron a la invasión. El más elemental era la seguridad fronteriza. Los enclaves de Ceuta y Melilla se encuentran completamente rodeados de territorio marroquí, y en el siglo XIX se habían producido numerosas escaramuzas entre las tropas españolas y diversos grupos de guerreros bereberes, como veremos más adelante. Asegurar el territorio que rodeaba a las plazas españolas era estratégicamente una buena decisión.
Potencial económico del Rif
El Rif, dominado por la cordillera homónima, no tiene ni mucho menos un paisaje homogéneo. Además de montañas, crestas y colinas, hay valles verdes, bosques, olivares, y áreas semidesérticas. Una foto por satélite de la región, un mapa orográfico y un un mapa de precipitaciones nos ahorrarán un largo párrafo describiendo los distintos paisajes del Rif.
A pesar de su importancia estratégica, las posibilidades de explotación del Rif a principios del siglo XX eran limitadas. El rudimentario estado de las comunicaciones hacía necesaria una importante inversión en infraestructuras (vías, puertos, red telegráfica) antes de que se pudiera sacar partido económico real. No obstante, si los inversores españoles conseguían hacerse con sus derechos de explotación, las minas de hierro del monte Uxian y las de plomo del monte Afra prometían beneficios rápidos y suculentos.
El grupo de hombres de negocios que apoyaba la expansión colonial había comenzado a organizarse formalmente en 1904, coincidiendo con el convenio hispano-francés de octubre de ese año que reconocía la esfera de influencia española. Ese año se fundaron los Centros Comerciales Hispano-Marroquíes de Madrid y Barcelona. Estos centros organizaron cuatro “Congresos Africanistas” entre 1907 y 1910 en los que se debatió la mejor forma de “penetrar pacíficamente en el Rif”.
Aunque algunas crónicas describen los congresos como una sucesión de discusiones leoninas y poca acción real, se trataron temas importantes, como la organización del flujo migratorio español a África, especialmente a las colonias agrícolas de Guinea (¡vaya, quién lo diría un siglo después!); las posibilidades de compra de tierras en Marruecos, de establecer cultivos intensivos para la exportación, y de ofrecer tierras a los militares que participasen en la campaña como incentivo. Jesús Marchán, que ha investigado en detalle sobre los Congresos Africanistas, concluye que se tomaron decisiones de forma apresurada y sin una planificación detallada. Pese a todo, los centros comerciales y los congresos favorecieron el surgimiento de un grupo de presión que trató de influir al gobierno para impulsar la causa colonial (y ya de paso obtener subsidios y préstamos ventajosos para el desarrollo de infraestructuras).
En 1907, España consiguió los derechos de explotación sobre las minas de hierro, mientras que los franceses obtuvieron las de plomo. El sector minero recibió la noticia con agrado, pues la minería española de por aquel entonces estaba especializada en el hierro, que representaba el 60% de la exportación minera española a finales del siglo XIX. No obstante, los filones habían comenzado a agotarse y la posibilidad de explotar nuevas minas en Marruecos supuso un oportunidad para la industria.
La recién fundada Compañía Española de Minas del RIF (CEMR) contó con un capital inicial de seis millones de pesetas, y su proyecto inicial incluía la construcción de un ferrocarril para transportar los minerales a puerto. La CEMR fue fundada despuésde que varios inversores alcanzaran un acuerdo con Bu Hamara «el Rogui», un avispado bandolero, líder tribal y pretendiente al trono marroquí que hizo creer a los empresarios españoles que tenía autoridad real sobre las minas de Uxian y que las riquezas de dichas minas superaban las expectativas. En este artículo de Ginés Sanmartín se pueden leer más detalles y anécdotas sobre la CEMR y la reputación legendaria del Rif como región con una gran riqueza mineral.
La necesidad de distraer al ejército
Este punto es más polémico, y se trata más de una hipótesis que de una afirmación inequívoca, pero en todo caso trataremos de argumentarlo. Se puede decir que el Desastre del 98 es una de las causas de la invasión de Marruecos. No porque España necesitara recuperar su prestigio y papel en la esfera internacional, sino porque la burguesía comercial que se había enriquecido con las plantaciones en Cuba necesitaba nuevas posibilidades de inversión. No obstante, no se debe minimizar la importancia de la moral del Ejército. Las Fuerzas Armadas españolas, cuestionadas y duramente criticadas tras la derrota frente a EEUU, necesitaban un proyecto para mantenerse ocupadas y dejar de causar problemas e incidentes violentos en España.
El siglo XIX español se caracterizó por la constante intervención de los militares en la vida política a través de pronunciamientos, levantamientos, guerras carlistas y otros intentos de golpes de Estado. El régimen de la Restauración borbónica, instaurado en 1876, había sobrevivido durante más de un cuarto de siglo sin golpes militares. El ejército, antaño adalid de las ideas liberales y progresistas, se había convertido a finales del XIX en uno de los guardianes de las esencias tradicionales españolas, a la vez que se minimizaba su intervencionismo en política. El régimen borbónico, instaurado tras un golpe militar, debía su estabilidad al compromiso del Ejército con el proyecto político que encarnaba.
Esta viñeta que ridiculiza a los militares causó una grave crisis constitucional en 1905
Muchos militares se habían sentido traicionados tras la derrota de 1898. Habían luchado y sufrido para defender los restos del Imperio colonial español, y a su vuelta habían sido criticados y tratados como cobardes e inútiles. Los militares se sentían injustamente tratados, y además no podían comprender por qué los políticos profesionales del gobierno hacían concesiones al movimiento obrero o a la burguesía catalanista, poniendo en juego (a su juicio) la unidad de España por la que tantos compañeros habían muerto. Una buena fuente para apreciar como surgen estas dinámicas y cómo los propios militares entendían la situación de la época es la película Raza (1942), dirigida por el dictador Franco bajo pseudónimo.
Una expedición al Rif con el objetivo de asegurar las fronteras de ceuta y Melilla era un buen pretexto para alejar a los militares del centro de la política en Madrid y reducir la inestabilidad doméstica. No obstante, el estado del ejército español en 1905 era bastante deficiente: sobraban oficiales, faltaban tropas, y apenas había presupuesto para renovar o mantener el material de guerra, ya que la mitad del presupuesto del Ejército se empleaba para pagar sueldos. (Para comparar, Sebastian Balfour ofrece en Abrazo Mortal el contraejemplo del ejército francés, donde solo una sexta parte del presupuesto iba destinada a salarios).
Lo cierto es que hasta 1923 el ejército no tuvo mucha influencia en la vida política española, o al menos la amenaza de los pronunciamientos desapareció. Sin embargo, acabó forjándose una división entre el ejército africanista y el peninsular que terminaría de cristalizar en los años de la II República. No obstante, los oficiales destinados en África no formaban un grupo homogéneo, como explica Sebastian Balfour en Abrazo Mortal.
Por otro lado, Marruecos era un escenario muy propicio para el ejército español. A todo el discurso de la Reconquista, la lucha contra el musulmán en defensa de la fe, y la necesidad de asegurar el perímetro de Ceuta y Melilla se le sumaban unos exitosos antecedentes: en la segunda mitad del siglo XIX el ejército español había cosechado dos victorias en sus enfrentamientos con las tribus y milicias rifeñas. Los vamos a ver brevemente a continuación.
Antecedentes: las guerras del XIX
La presencia militar ibérica en el norte de África se remonta al siglo XV cuando Portugal tomó con la ciudad de Ceuta, si bien el trasiego de personas y mercancías entre ambas orillas del Estrecho ha sido constante desde la Antigüedad. Además de Ceuta y Melilla, con las que España se hizo formalmente en 1640 y 1556, respectivamente, España dominó durante años ciudades como Orán (1509-1792, salvo el periodo 1708-1732), Larache (1610-1689) o fuertes como el penón de Vélez de la Gomera. De forma sorprendente, los conflictos entre españoles y las cabilas rifeñas se mantuvieron al mínimo, con alguna excepción.
El primer intento de expansión de España en Marruecos durante el siglo XIX se produce en 1848, cuando el general Serrano ocupa las islas Chafarinas. Los motivos de la operación fueron puramente estratégicos: tras la conquista de Argelia por los franceses en 1830, estos planeaban tomar las islas para tener una base próxima a Marruecos, lo que suponía una grave amenaza para España por la cercanía de los islotes a Almería. Ante las quejas del sultán de Marruecos, las autoridades ceutíes decidieron aumentar la línea de la ciudad y construir un reducto extramuros, lo que provocó el levantamiento de los cabileños y el ataque a las obras, donde murieron varios trabajadores españoles.
Este episodio sería el detonante de la primera guerra hispano-marroquí ( o «Guerra de África«) declarada por España, con O’donnell al mando, el 22 de octubre de 1859. La superioridad española se hizo evidente, y rápidamente las fuerzas españolas llegaron a Tetuán mientras la marina bombardeaba Tánger o Larache. Preocupada por Gibraltar, Gran Bretaña decide prestar ayuda al sultán de Marruecos y facilitarle los fondos para pagar la indemnización que exigía España. La guerra fue breve; en abril de 1860 se firma la paz. Aunque los éxitos materiales fueron escasos, la victoria supuso una gran inyección de moral para el lado español. Según Ángel Bahamonde y Jesús Martínez, la guerra causó un gran impacto (positivo) en la opinión pública y alimentó una «exaltación nacional en letargo desde los días de la Guerra de la Independencia»
La Batalla de Tetuán, un descomunal óleo de Mariano Fortuny, testigo de la guerra.
La siguiente intervención española en Marruecos, llamada Guerra de Margallo por la muerte del general homónimo, tuvo lugar tres décadas después, en 1893-94. El detonante fueron, de nuevo, las obras de expansión de una de las plazas españolas, Melilla. Los cabileños locales habían solicitado a las autoridades españolas que detuviesen la construcción de un fuerte en la zona de Rostrogordo cercano a una kubba (mausoleo con cúpula ) donde se encontraba un morabito muy venerado. Los españoles hicieron caso omiso, y las cabilas se rebelaron, sin obedecer al sultán de Marruecos (en el próximo artículo hablaremos de la complicada relación entre el poder central y las tribus rifeñas y marroquíes).
Tras siete meses de cruento conflicto, el sultán fue capaz de negociar su cese, otorgando a España la razón y el permiso para construir el fuerte. Otra de las cláusulas de la paz firmada incluía el derecho de España a supervisar la elección de los caídes en el Rif, lo que podría leerse como un primer intento de expandir la influencia española más allá de Ceuta y Melilla. No obstante, la zona no estaba sometida al sultán, de modo que este difícilmente podía asegurar el cumplimiento de dicha cláusula. Al mismo tiempo, España estaba centrada en controlar a los independentistas cubanos, de modo que no prestó excesiva atención al Rif hasta la década posterior.
Conclusiones
En este primer artículo hemos tratado de analizar las causas por las que España planeó y ejecutó la invasión del Rif en 1908. El primer motivo es geopolítico: como potencia modesta, España permitía garantizar la neutralidad del Estrecho de Gibraltar, una solución de compromiso que agradó a los principales poderes europeos: Francia, Gran Bretaña y, en menor medida, Alemania. Al mismo tiempo, los militares españoles se mostraban preocupados por la seguridad de Ceuta y Melilla.
La segunda razón por la que España intervino en Marruecos fue por las posibilidades de obtener beneficios económicos. Un nutrido grupo de comerciantes y empresarios, muchos de ellos debilitados por la independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, vieron en Marruecos una enorme oportunidad económica, dada su cercanía y una supuesta riqueza mineral. Los empresarios africanistas organizaron congresos y empresas destinadas a explotar las riquezas tanto del Rif como de Ifni, Sáhara y Guinea Ecuatorial. Estamos en plena época del imperialismo capitalista, al fin y al cabo.
La tercera causa fue la necesidad de ocupar a los militares para evitar problemas domésticos. Marruecos se presentaba como un escenario muy propicio para las campañas militares, tanto por su cercanía y por el relativo subdesarrollo de las milicias locales como por las leyendas épicas sobre la Reconquista, la guerra contra el infiel y el recuerdo de las victorias en 1860 y 1894.
Estos tres factores (diplomático, económico y militar) se conjugaron para que el gobierno de España plantease una intervención en 1908. No obstante, tendréis que esperar al siguiente artículo para leer los detalles de la misma y una descripción más detallada de las dinámicas internas en el Marruecos de principios del siglo XX.
Bibliografía básica
Ángel Bahamonde y Jesús Martínez, Historia de España Siglo XIX, Cátedra: 2011
Sebastián Balfour, Abrazo Mortal: De la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909-1939), Península: 2018
Faros El Messaoudi-Ahmed, El Rif, sus elites y el escenario internacional en el primer tercio del siglo XX (1900-1930), Megustaescribir: 2016
Manuel Horrillo, El Rif 1921, Una historia olvidada (documental)
Jesús Marchán, «Costa, los congresos africanistas y la colonización agrícola en Marruecos», en Regenerar España y Marruecos. Ciencia y educación en las relaciones hispano-marroquíes a finales del siglo XIX, CSIC: 2011 (enlace)
Ginés Sanmartín Solano, «La Compañía Española de Minas del Rif (1907-1984),» en Aldaba: revista del Centro Asociado de la UNED de Melilla 5, 1985, pp. 55-74 (enlace)
Rosario de la Torre del Río, «Preparando la Conferencia de Algeciras: el acuerdo hispano-francés de 1 de septiembre de 1905 sobre Marruecos», Cuadernos de Historia Contemporánea 2007, vol. Extraordinario, pp. 313-320
Nota: El autor de este artículo es Selim B., máster en historia contemporánea por la Universidad de Valencia. Mi labor se reduce a algunos aspectos de edición y a preparar las imágenes. Mi agradecimiento a Selim por este artículo, que ha sido revisado en julio de 2021.
El desastre de Annual es uno de los hitos históricos más negros de la historia reciente ejército español. La prensa internacional de la época informaba con cierta perplejidad de cómo un ejército europeo y moderno había sido derrotado estrepitosamente por unas bandas de guerreros tribales norafricanos que apenas disponían de medios. En España, además del duelo y la consternación por las casi 15.000 bajas (la mayoría de ellos reclutas forzosos), el desastre tuvo gran influencia en la historia política: el golpe de Estado de Primo de Rivera (1923) tuvo lugar casualmente justo el día en el que se presentaba ante el Congreso el Expediente Picasso, el cual revelaba los fallos que llevaron a la derrota en Annual. En el ámbito militar, la famosa Legión Española, creada a imagen de la Legión Extranjera Francesa, surgió para hacer frente a la dureza de los rifeños. En cuanto al Rif, Annual posibilitó el establecimiento de la ‘República’ de Abd el Krim, y además sirvió de inspiración a diversos movimientos y líderes anticoloniales de diversas partes del continente africano.
La ocupación del Rif ocurrió la época posterior al Congreso de Berlín y al surgimiento del «nuevo imperialismo», en la cual los Estados europeos emprendieron ambiciosos proyectos coloniales. Además de los beneficios económicos derivados del comercio y la explotación de recursos naturales, se pensaba las colonias reforzaban el sentimiento de prtenencia a la nación y además aportaban una válvula de escape para el descontento interno. Numerosos estudios aseguraban que en la región rifeña se podrían realizar explotaciones mineras de materiales como el hierro, y en un contexto tan turbulento como el de la Restauración española, repleta de huelgas, sublevaciones campesinas y magnicidios, una victoria sobre los rifeños supondría un motivo de orgullo nacional. No obstante, podéis leer más sobre la época en esta sección de la web.
Fuente: Ricardo Fernández de La Reguera y Susana March, El desastre de Annual
Contexto internacional
Para situarnos en el marco histórico, hay que comprender que lo que acontece el norte de África es ante todo una competición entre potencias coloniales. A finales del XIX, las potencias europeas se repartieron el continente africano en el Congreso de Berlín y otras conferencias (sobre la colonización británica y francesa durante dicho periodo hablamos brevemente aquí). El norte del Magreb era fundamental para Europa por su posición geográfica al sur del estrecho de Gibraltar, especialmente relevante tras la apertura del canal de Suez en 1869. Tal era la importancia geoestratégica del norte de Marruecos que en 1906 se convocó una reunión en la que se decidiría quien sería la potencia encargada de controlar el área: la Conferencia de Algeciras, en la que se delimitaron las zonas de influencia españolas y francesas.
No es casualidad que la zona del Rif, donde se sitúan Ceuta y Melilla, se le dejará a España bajo la forma de protectorado. España no era una gran potencia ni tampoco un firme aliado de ningún Estado europeo, por lo que era un Estado que no infundía temor y tenía un carácter político internacional marcadamente neutral, lo que garantizaba el equilibrio. De haber caído en manos de las potencias del momento (Alemania, Francia o Inglaterra), el Rif y el estrecho de Gibraltar podrían haberse convertido en auténtico polvorín. Además, para España esto suponíare aparecer en el panorama internacional con un nuevo proyecto imperial tras la derrota frente a los Estados Unidos en 1898 y la pérdida de las posesiones españolas en el Caribe y Filipinas. España administró el Rif en calidad de protectorado desde 1912 hasta 1956. En teoría, esta era una forma de gobierno que respetaba los órdenes locales, siempre y cuando no interfirieran en los intereses del colonizador, de modo que la ocupación no significaba un cambio tan radical para la comunidad local.
España llega al Rif
La ocupación española del nuevo territorio, que se sumaría a sus colonias ya establecidas en continente Africano (Sahara Occidental, Guinea Ecuatorial y Sidi Ifni), se iniciaría desde las ciudades de Ceuta y Melilla. Estas plazas marcarían la forma de dividir el territorio: Melilla sería el epicentro de la zona del Rif Oriental, mientras que Ceuta sería del Rif Occidental. El ejército y el gobierno español eran conscientes del desconocimiento que tenían sobre la región y lo limtado de sus efectivos y recursos, así que optaron por una estrategia de «penetración pacífica» o «acción política». Este método consistió en sobornar o pagar a los jefes tribales para que aceptaran el dominio español; un ejemplo sería el padre de Abd el Krim, de la cabilia Beni Urriaguel. La violencia quedó reservada para las cabilias reacias a la presencia española. La estrategia de penetración pacífica no fue especialmente exitosa, y algunos grupos rifeñis se dieron cuenta de la debilidad española e iniciaron la resistencia armada.
La Semana Trágica de Barcelona ese mismo año tuvo como detonante la percepción de que los reclutas de la leva militar, integrada en su mayoría por jóvenes de familias de clase obrera, iban a un destino que no olía muy bien. Se produjo un “efecto boomerang”: lo que parecía un elemento que sería clave para la unión y honra nacional se volvió en contra del Estado con numerosas protestas. Ni los políticos, ni los militares, ni la propia corona se encontraban del todo cómodos con la situación en el Rif, aunque por suerte para ellos, la situación se iría calmando con el paréntesis fruto de la Primera Guerra Mundial. Durante este conflicto España, neutral, no tuvo restricciones al comercio y además sacó provecho de las minas de wolframio y otros minerales, lo que hizo que en los años de la Gran Guerra hubiera cierta bonanza económica. Mientras tanto en el Rif, España no expandió sus posesiones, pero se dedicó a afianzar las plazas que había logrado dominar, como por ejemplo la ciudad de Nador, y a negociar a través de sobornos con aquellas tribus o familias tribales que no se habían sometido, aunque no logró obtener éxito. Muchas tribus fueron reacias a aceptar sobornos del invasor y mucho menos a dar apoyo a los europeos. Los jefes tribales estaban influídos por los clérigos religiosos y sobre todo en ese momento por la controvertida figura de El Raisuni, quien defendía que no había que cejar en la defensa de la tierra y del pueblo musulmán frente a los cristianos.
Si el denominado Rif Oriental era relativamente desconocido para los españoles, todo lo contrario sucedía con la zona occidental, dominada por ciudades marítimas con gran peso comercial comercial como Tetuán y Tánger. Además del comercia, en el siglo XIX comercial hubo dos conflictos bélicos entre los españoles y los rifeños cuya zona de batalla serían las colindantes a esta región. Sumado a ello nos encontramos con el fascinante personaje de El Raisuni. El historiador David S. Woolman lo describió como “una combinación entre Robin Hood, un barón feudal y un bandido”. Este gobernaba, por su poder y por mano del sultán, la zona conocida de Yebala o el Rif Occidental. El Raisuni se había mostrado ambiguo respecto a la presencia española: a veces veía favorable la colonización española y otras no, pues exigía al gobierno español que le otorgara un alto cargo en la administración colonial.
Abd el Krim
Abd el Krim era hijo de un sheij (notable) perteneciente a la cabilia Beni Urriaguel, correspondiente a la zona de Alhucemas, concretamente a Axdir. Su padre fue un destacado comerciante y en un inicio favorable al protectorado español, enviando a sus hijos a España para formalizar sus estudios. Abd el Krim pronto se hizo un hueco en la sociedad melillense, llegando a trabajar como secretario e intérprete en la oficina de Asuntos Indígenas en la ciudad. El fundador y director del diario El Telegrama del Rif le había nombrado redactor jefe de las páginas en árabe de su periódico
A pesar de su buena posición social, las relaciones entre los Jattabi y los españoles acabarían deteriorándose. La familia se posicionó a favor del bando alemán y turco en la primera Guerra Mundial (de hecho hubo contactos entre los Jattabi y los alemanes en Marruecos), y publicó una serie de artículos criticando el colonialismo francés. Estas dos últimas acciones supuso el ingreso de Abd el Krim en la prisión de Melilla en 1915, tras un deshonroso juicio en el que no se aportaron pruebas concluyentes que fundamentasen la sentencia. Tras salir de prisión, Abd el Krim huyó de Melilla rumbo a su hogar, Axdir. A su llegada no tuvo todo el apoyo de la harka (conjunto de escisiones de una misma tribu, en este caso los Beni Urriaguel), pues tanto él como su familia eran vistos como pro-españoles, aunque las victorias militares como la de Abarrán hicieron cambiar de pensamiento al resto de rifeños. Abd el Krim nunca escondió que deseaba para su tierra el impulso y la modernización europea. Si inicialmente había apoyado a españoles, decía, era por las posibilidades de inversión económica y modernización de la región.
Abd el Krim es el actor clave de la lucha anticolonial rifeña, ya que fue el primero que trató de construir un nuevo estado en la región. Anteriormente, la motiavación de las cabilas rifeñas que se habían opuesto a los españoles era por mantener el status social, por no ser controlados por la religión enemiga, o por obtener un pago mayor por parte de los españoles. Abd el Krim supone toda una renovación ideológica.
Desastre para unos, victoria heroica para otros
En 1920, Silvestre tomó posesión del cargo de Comandante General de Melilla e inició un avance con el objetivo de hacerse con Alhucemas en un tiempo corto y de manera efectiva. Aunque no se puede reducir a un solo motivo, ya que es un tema complejo en el que abundan los matices, se puede concluir que un aspecto crucial para explicar la derrota española fue la precipitación en el avance. La acometida liderada por el General Silvestre se fue procediendo a la vez que estiraba la línea militar, que fue dilatándose hasta Annual, un importante campamento del ejército en su avance hacia Alhucemas. Entre Melilla y este campamento había tres puntos claves separadas en unos 31 km entre sí, y en torno a él un anillo formado por otros pequeños fortines. Cada fortín contaba con una guarnición que variaba entre cien y doscientos soldados, de los cuales casi la mitad eran rifeños que luchaban por España. En la costa se habían ocupado las dos posiciones de Sidi Dris, cercana a la desembocadura del río Amekran, y Afrau.
El 17 de Junio se inicia el asedio del enclave español en Igueriben por parte de las tropas rifeñas. Este suceso hizo que se tomaran medidas en el campamento de Annual, pero ya era demasiado tarde. Los rifeños, con Abd el-Krim al mando, fueron concentrándose alrededor de Annual. Las tropas españolas se encontraban desmoralizadas tras la noticia de la caída de Igueriben, mientras los rifeños obtenían una victoria importante, y eran conscientes de que eran capaces de enfrentarse de tú a tú al ejército colonial. Cinco días después, los rifeños hicieron acto de presencia en el campamento, que horas antes se había comenzado a evacuar de manera ordenada.
El temor y la sorpresa por la aparición rifeña provocó el temor entre los soldados españoles causando un caos total. No hubo resistencia ni defensa, sino que el ejército colonial acampado en Annual se retiró en desbandada. Ante la casi nula resistencia, los insurgentes rifeños provocaron unas bajas cercanas a los 10.000 españoles y 2.500 rifeños que luchaban con ellos. Por ello, Annual se recordó como desastre, un terrible y oscuro episodio en la que España salió gravemente herida nivel nacional, con el cuestionamiento de la corona y el golpe de Estado de Primo de Rivera como consecuencia directa.
Para los rifeños, la victoria de Annual supuso el nacimiento de un nuevoa era, pues pasaron a ser habitantes de un nuevo Estado, un estado creado por y para los rifeños: la República del Rif (1921-1925). El nacimiento del nuevo estado puede otorgarse totalmente a Abd el Krim, pues el resto de los cabileños se hubieran conformado con hacer retroceder el avance español para volver al estado anterior de Jefes tribales o cadíes. Sin embargo Abd el Krim supo que volver a la situación previa solo provocaría la vuelta de los europeos para civilizar a los bárbaros. Esta República no fue improvisada, pues Abd el Krim ya había revelado en varias entrevistas la intención de otorgar a los rifeños un gobierno y una bandera. Apenas un mes después de Annual, Abd el Krim definió la estrategia a seguir para la creación de una República y logró que los líderes tribales la aceptaran.
La República del Rif tuvo una constitución de 40 artículos (constitución que no se conserva, pues fue incinerada con la llegada de los españoles en el desembarco de Alhucemas en 1925) y un día nacional de la independencia fechado el 18 de septiembre. También se intentó establecer de una sanidad, educación y moneda propias. El breve Estado rifeño no paraba de impulsar leyes y medidas. Los rifeños pueden jactarse de que, en una época en que la tendencia era ser colonizado, fueron capaces de liberarse de la colonización y además crear una república que intentó modernizar una región que se podría catalogar de tribal, en la que no hubo derramamiento de sangre y que fue todo lo modernista que pudo hasta su final.
Texto traducido por Kamal Boutarfas. Introducción por el autor de este blog.
Introducción
Hasta el momento, en esta página me he centrado en Oriente Medio y apenas he prestado atención al Magreb. Sin embargo, hoy voy a hacer una excepción para introducir un documento histórico muy interesante y hasta cierto punto relevante en la actualidad.
La guerra del Rif es uno de esos conflictos a los que no hemos prestado la atención debida en las escuelas. Normalmente se ve únicamente como contexto del golpe de Primo de Rivera y como «escuela» de los generales africanistas que después protagonizarían la guerra civil, pero nunca reflexionamos sobre las causas y consecuencias del conflicto y de su efecto en la población local. Yo mismo no conozcco mucho sobre ella, a pesar de que sea una campaña colonial española en uno de nuestros países vecinos. Es un tema que tengo pendiente, y por lo tanto no me voy a extender, ya que hay muchos otros que han escrito más y mejor que yo.
A principios del siglo XX, la población del Rif, al norte del actual Marruecos, se sublevó contra la presencia colonial española y francesa y contra el sultán de Marruecos. El principal líder de la rebelión fue Abd el-Krim (o Abdelkrim), cuya biografía es interesantísima. Los rifeños consiguieron establecer una república independiente entre 1921 y 1925, aunque no fue reconocida internacionalmente. La rebelión rifeña fue finalmente aplastada por la alianza militar entre España y Francia, que emplearon métodos muy violentos, incluyendo ataques aéreos con gas mostaza.
Bandera de la República del Rif. Fuente: Wikimedia
En 1921 Abdelkrim enviaba una carta a la Sociedad de Naciones (organismo formado tras la primera guerra Mundial que precedió a la ONU). La Sociedad de Naciones, creada por las potencias occidentales con el objetivo de resolver conflictos por la vía diplomática a nivel global, no fue capaz de evitar ninguna agresión colonial durante el periodo de entreguerras. De hecho, sancionó la ocupación de muchos territorios que habían estado en manos de alemanes y otomanos. La fórmula legal fueron los Mandatos, uns protectorados encubiertos cuyo objetivo era ayudar a los países administrados a alcanzar su indpendencia. (Hablo de los mandatos franceses y británicos en Oriente Medio aquí)
El Rif es uno de los precedentes de lo que después sucedería con la invasión japonesa de Manchuria y la campaña italiana contra Etiopía. La carta que analizamos hoy tendrá ecos en el famoso discurso de Haile Selassie en la Sociedad de Naciones quince años después. Resalto algunos fragmentos llamativos en negrita. Especialmente interesante es, como señaló el traductor, que Abdelkrim diferencie a los rifeños del resto de africanos. Esto refleja de algún modo la ideología imperante entre las potencias occidentales durante la época, que consideraban que los no-europeos no estaban preparados para autogobernarse de forma independiente.
En la actualidad en la región del Rif se están produciendo numerosas protestas contra el régimen marroquí a causa del abandono de la región, donde no hay suficiente inversión en educación, sanidad e infraestructuras, así como por la marginación que sufren los habitantes de la zona, mayoritariamente amazigh (o bereberes). El majzén ha respondido con represión, militarización, amenazas y el encarcelamiento de los líderes del movimiento Hirak. La diáspora rifeña está muy activa y organizada, y una gran ola de solidaridad recorre las redes. Se han convocado manifestaciones y acciones en España y el resto de Europa. Muchos activistas rifeños escriben en español y podéis encontrar muchísima información sobre el movimiento en Internet. Al final del artículo dejo una lista de twiteros que os pueden interesar.
Uno de los referentes históricos del movimiento es la República del Rif. Durante las últimas semanas la carta de la que hablamos hoy ha circulado por la twitsfera rifeña. Os dejo con el texto de la carta de Abdelkrim a la Sociedad de Naciones, traducida por Kamal Boutarfas, que muy amablemente me ha dado permiso para publicarla aquí. Podéis encontrarle en Twitter con el pseudónimo Ayrad.
Carta de Abdelkrim a la Sociedad de Naciones
Nosotros, el Gobierno de la República del Rif, instaurado en julio de 1921, queremos declarar y hacer ver a los países participantes en el acuerdo de Algeciras en 1906 que las altas ambiciones que auspiciaron dicho tratado no pueden ser llevadas a cabo, cosa que ya la historia evidenció tiempo atrás, y esto debido a una premisa inicial falsa que afirma que nuestro país, el Rif, es parte de Marruecos. Nuestro país es geográficamente parte de África, y sin embargo es una entidad claramente individual, y por lo consiguiente se ha diferenciado étnicamente del resto de etnias de África, mezclándose con europeos y fenicios hace cientos de años resultado de la migración. Nuestra lengua también se diferencia claramente del resto de lenguas, de la marroquí, la africana o de otras. Porque nosotros, los rifeños, nunca hemos sido marroquíes, del mismo modo que los ingleses no pueden considerarse a sí mismos alemanes, y tal vez esta mezcla étnica es lo que nos hace más parecidos a los ingleses en cuanto a nuestra fuerte convicción en la independencia y en nuestro deseo de estar en contacto con el resto de las naciones del mundo. Hacemos un llamamiento, mediante este comunicado, a todas las naciones de cualquier parte del mundo para que vengan y descubran nuestras regiones ignotas, y para que las visiten mediante científicos, geólogos, químicos e ingenieros, con motivos comerciales y sin ninguna intención militar.
Defendemos nuestra tierra contra la invasión de las fuerzas españolas que nos obliga a la guerra con la excusa del acuerdo de Algeciras, pero este acuerdo declara la independencia del Sultán de Marruecos, su soberanía, la salvaguarda de sus territorios, la independencia de su economía sin diferenciación alguna, y nosotros estamos de acuerdo con los dos puntos anteriores con relación a sus tierras, por ello llamamos a algo parecido para nuestro Rif que nunca ha pagado impuesto alguno al Majzén, ni tampoco recibe por parte de éste ayuda o subvención para el desarrollo del Rif. Aspiramos a establecer la libertad económica sin diferenciación en nuestra república, y para ello hemos nombrado a un representante económico para desarrollar la gran riqueza de nuestro país y hacer un llamamiento a los distintos agentes económicos de todas las naciones para que prevalezca la regla de orden, paz y prosperidad.
En julio de 1921 hicimos constar a los embajadores ingleses, americanos, franceses e italianos en Tánger que hemos establecido la República del Rif, y que no despreciamos embarcarnos en una guerra legítima contra España en defensa de nuestra independencia, y que perseveraremos en ello hasta obtener la paz, la libertad y el reconocimiento de nuestra independencia con todos sus territorios; desde los límites fronterizos con Marruecos hasta el mar Mediterráneo y del río Muluya hasta el océano Atlántico. Y llamamos a todos los países a establecer servicios consulares y diplomáticos en la sede de nuestro actual Gobierno, en Ajdir, se les dará todas las facilidades y serán bien recibidos.
Firmado: Mohamed ben Abdelkirm El-Jattabi
Fuentes
Primera: Aquí está tanto el texto en árabe como su traducción al francés.
Segunda: En este periódico digital marroquí (AnwalPress) aparece el texto en árabe junto con más información sobre la República.
Tercera: En este otro periódico electrónico marroquí (Alaoual) aparece parte de dicha carta.
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No es una guía exhaustiva, ni mucho menos, pero si queréis saber lo que se cuece por la región son una mejor fuente que yo. Gente joven, muchos de ellos residentes o nacidos en España, que twitean en castellano sobre el Hirak, el Rif y otros temas de interés. Si veis que falta alguien, indicádmelo y será añadido a la lista.
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