República del Rif II: La consolidación del Estado rifeño

Autor: Selim Balouati. Editado por Alejandro Salamanca.


España y el Rif

  1. La invasión española del Rif: causas y antecedentes (1848-1908)
  2. Marruecos y el Rif a principios del siglo XX
  3. Annual, 1921: muerte y nacimiento
  4. Breve historia de la República del Rif (1923-1927)
    1. El nacimiento de la República del Rif
    2. La consolidación del nuevo Estado
  5. Fuente primaria: Carta de Abd el-Krim a la Sociedad de Naciones (1921)

Como ya hemos visto en el anterior artículo, tras la derrota española en Annual, Abd el Krim fundó la República del Rif. Uno de sus primeros pasos para asentar su proyecto de Estado fue el de obtener reconocimiento por parte de las diferentes tribus solicitando una baia, un  documento en el que las tribus reconocían su mando y autoridad. Esta estrategia le permitió debilitar  a sus rivales dentro del Rif, entre otros Ben Hamidi y Qirsh.

El siguiente paso fue organizar un gobierno para la región centrado en Axdir, que sería la capital. Ahí se construyó el centro político que representó a las 41 tribus a través de un Consejo de la resistencia de las tribus del Rif, un parlamento que en teoría sería elegido cada tres años. Se redactó una constitución de cuarenta artículos que no se conserva, pues se cree que fue quemada junto con el centro gubernamental. El gobierno de Abd el Krim estableció impuestos que regulaban las actividades comerciales y que permitieron financiar el ejército y las nuevas infraestructuras. Las innovaciones tecnológicas continuaron con la llegada de la red telefónica a la que se sumaron la radio y prensa, que incluso llegaban hasta la zona del Marruecos francés.

A diferencia de otros caudillos como el Raisuni, Abd el Krim tenía un proyecto modernizador para el Rif que iba más allá del lucro personal. No obstante, la guerra y la precariedad hicieron que muchos de sus proyectos no se llevaran a cabo.

Símbolos de la nueva república

Todo Estado debe poseer una bandera y un gobierno, tal y como Abd el Krim indicó en varias entrevistas previas al nacimiento de la república. Oficialmente el nombre del nuevo Estado era Al Daula al yumhuria (el Estado de la República del Rif) como término más técnico.  Mientras que también existe el término Yebha rifia (frente rifeño). Ambos son términos correctos, pero solo uno era utilizado de forma oficial.

Uno de los símbolos fue la bandera. Su fondo era de color rojo en referencia a la sangre, mientras que el rombo blanco el centro representaba la liberación del pueblo rifeño. En medio del rombo había una estrella de seis puntas y una media luna verde. El verde y la media luna son símbolos del islam, mientras que la estrella de seis puntas corresponde a las seis grandes tribus que participaron en la descolonización. Una de las banderas originales de la época se encuentra en el museo militar de Toledo. En la bandera también se encontraba bordada la frase en árabe “la Allah ila Allah, Muhammad Rasul Allah” (No hay Dios más que Dios y Mahoma es su profeta), una declaración de intenciones religiosa. Para muchos rifeños, especialmente los provenientes de las zonas rurales, la propia lucha contra el extranjero era una yihad frente al invasor. 

El nuevo estado de Abd el Krim prometía mantener y defender la religión y sus costumbres, y librar a la región de cualquier tipo de imposición o culto extranjero. Al mismo tiempo, Abd el Krim se inspiró en los proyectos de construcción nacional europeos para su República del Rif, que incluía una constitución. La República del Rif intentó reunir las características básicas de un Estado-nación de la época: tierra, pueblo, lengua, bandera y moneda.

Dejando atrás bled es-siba: carreteras y teléfonos

Durante mucho tiempo a la zona del Rif se le denomino bled es-siba, que viene a significar lugar o zona de anarquía. Esta era así pues rara vez las órdenes del sultán llegaban al lugar y eran acatadas, aunque estas zonas estaban bien conectadas con el resto de Marruecos gracias al comercio y la emigración. Para crear una república fuerte, Abd el Krim necesitaba alterar esta dinámica, centralizar el poder y asegurarse de que su autoridad fuera acatada en las distintas regiones del Rif.

El orden y control de las tribus se lograría implementando una mahkama (gobierno) en cada tribu, además de construir bases militares cercanas. Cada mahkama estaba al mando de un bajá designado por Abd el Krim. Como curiosidad, en ciertos lugares las mahkamas eran llamadas fisinas, que viene de la palabra española oficina.

Una de las primeras medidas para asegurar el control del territorio fue la construcción de carreteras, o más bien caminos, que facilitaran la comunicación y el transporte. El transporte era en su mayoría animal, aunque hubo algún vehículo motorizado capturado a los españoles. El centro de esta red de comunicaciones, que la república rifeña fue aumentando a medida que sometía a más zonas a su control, fue la capital,Axdir. La red conectaba Hassi Uenza hasta Xauen por el este y por el sur hasta Ain Medina. La mano de obra que construyó dichas carreteras estaba integrada por los prisioneros españoles y rifeños y más tarde franceses.

Otro elemento fundamental para asegurar las comunicaciones fue el establecimiento de una red telefónica a partir del material que habían dejado atrás los españoles y de suministros adquiridos por contrabando desde Tánger. La red telefónica, que iba ampliándose a medida que Abd el Krim se iba haciendo con el control nuevos territorios, se convirtió en un símbolo de la república y de la modernidad que el nuevo Estado prometía a aquellas zonas que decidieran integrarse a él.




Fuente: C. R. Pennell, La guerra del Rif : Abdelkrim el-Jattabi y su Estado rifeño, p. 199.

Arcas sin agujeros

Todas estas nuevas medidas suponían un gasto enorme, aunque en un principio la liquidez no fue un problema. Los rifeños habían conseguido gran cantidad de material bélico en Annual, a lo que había que sumar el rescate que España pagó por los prisioneros capturados en Annual y monte Arruit, una cifra que llegó a ser de cuatro millones de pesetas. Además, las arcas del nuevo Estado fueron engrosadas por los bienes incautados a los enemigos de Abd el Krim como El Raisuni.

La incipiente hacienda estatal también obtenía fondos de los impuestos, que además del tradicional Zakat coránico incluían innovaciones como el Dariba, impuesto general o el Tijane, impuesto sobre la renta. También se creó el impuesto de aduanas para regular el contrabando. Además, se confiscaron los bienes de las mezquitas, una medida que podría ser calificada como progresista (y resulta curiosa dado el supuesto carácter islámico de la república) pero que no fue bien recibida entre la población. También encontramos el impuesto por venta en zocos. Estos impuestos, sumados a las multas y sanciones aportaban a las arcas una buena suma de ingresos anuales. El nuevo gobierno trabajó para crear su propia moneda y su propio banco nacional, aunque no obtuvo los resultados esperados.

La república rifeña contactó con un supuesto financiero inglés, Charles Alfred Percy Gardiner, que acabó estafando a la República (entre otras cosas, Gardiner prometió la compra y entrega de material bélico moderno que jamás fue entregado a los rifeños). Si se observa el papel moneda en las imágenes se puede leer que está todo en inglés y en árabe, lenguas desconocidas para la mayoría de rifeños. Finalmente, la incapacidad para acuñar monedas e imprimir billetes hizo que la peseta española y el franco francés siguieran siendo los principales medios de pago en el territorio controlado por la república.

Un ejército moderno para un Estado moderno

Una de las máximas aspiraciones de Abd el Krim fue la de crear un ejército regular al estilo europeo, ya que hasta entonces las fuerzas rifeñas habían estado integradas por levas irregulares de hombres que aportaban sus propias armas y munición. Uno de los problemas a los que Abd el Krim tuvo que hacer frente para formar un ejército moderno fue el déficit de formación superior entre la población rifeña. Los principales lugares de reclutamiento continuaron siendo los zocos, donde se ofrecían sueldos fijos para los potenciales nuevos soldados. El ejército se dividía en grupos de: 25 soldados (jamsa uachrin), 50 (Jamsín) y 100 llamado mía. El nombre tan solo hace mención al número en árabe, pero como curiosidad, durante la Guerra Civil española las tropas rifeñas en el bando sublevado mantendrán el mismo nombre según el número. La distinción de rango no se encontraba en la ropa si no en el color del turbante, el verde era para los soldados rasos.

La República contó también con una marina muy precaria, integrada por apenas 30 marineros y una serie de botes (principalmente de remo, aunque posteriormente se uniría alguna embarcación a motor). La función de estas embarcaciones simplemente consistía en transportar a personas, suministros y armas que venían de contrabando desde Tánger. Abd el Krim también trató de establecer una fuerza aérea que aportaría mucha moral a sus tropas. En esa época una avioneta otorgaba superioridad en el campo de batalla e infligía graves daños, tal y como probaban las acciones de la aviación española.  El Estado rifeño llegó a obtener hasta seis aviones: dos fueron abandonados por los españoles tras Annual, uno fue capturado a los franceses y los otros tres fueron probablemente comprados en Argelia. Estos aviones fueron destruidos por bombardeos de los españoles o bien por los ensayos de los nuevos pilotos rifeños.

Reconstrucción del aspecto de uno de los aviones de la República del Rif. Dorand A.R.2. Fuente: Aeropinakes : la efímera fuerza aérea de la República del Rif

Hay que mencionar también a un grupo de extranjeros que se encontraban en el ejército de la República del Rif. Había marroquíes como Ahmed el Susu, que venía del sur de Marruecos; El Matali, originario del noroeste; y otro llamado El Muffaddal. También encontramos algunos europeos que trabajaban como instructores. Antonio, conocido como el mecánico, formó a los rifeños para el mantenimiento de las nuevas redes telefónicas. El noruego Walter Heintgent ejercía la labor de médico, y también hay constancia de un capitán militar de origen serbio. A estos se les sumaba el afamado artillero alemán Otto Klems cuya vida se vió representada en la película “Sargento Klems” de 1971, dirigida por Sergio Grieco.

Educación, sanidad y reforma agraria

Todo proyecto de Estado-nación moderno debe se impulsar la educación. Lo normal en en la región era aprender árabe a través de la enseñanza del Corán en las mezquitas. Aún así, el 80% de los rifeños ignoraba el árabe. La república del Rif trató de construir escuelas con un currículo moderno con asignaturas como matemáticas, ciencias naturales y formación premilitar. Se fundaron escuelas en Axdir, Zauia Adoz, Xauen y el Yebala. Una de ellas estaba orientada a la educación para adultos, y en Axdir se estableció una escuela para niñas. Abd el Krim era consciente de que una administración moderna precisaba gente con estudios superiores. Para solventar este déficit educativo el gobierno rifeño se puso en contacto con autoridades educativas en Egipto y organizó delegaciones estudiantiles para que viajasen a Turquía o Egipto y se formaran allí.

Una de las grandes carencias de la república del Rif era la sanidad. Abd el Krim solicitó a la Sociedad de Naciones que les reconociera como beligerantes para poder acceder la Cruz Roja y ofrecer asistencia sanitaria. La respuesta de la Sociedad de Naciones fue negativa, y la población del Rif y los prisioneros españoles y franceses fueron condenados a sufrir los efectos de la guerra sin asistencia médica. No había rifeños con conocimientos o formación en medicina, aunque hubo médicos extranjeros que accedieron a incorporarse de modo altruista a dichos servicios sanitarios. Además del ya citado Walter Heintgent, también había doctores de zonas cercanas como Mahbub El Aichi, que provenía de Fez y fue destinado al hospital de Xauen. Hubo distintas iniciativas humanitarias que intentaron acceder al Rif, la mayoría de ellas desde el lado francés a causa del bloqueo impuesto por las autoridades españolas, que temían que los rifeños se reforzasen con armas o suministros.

Fotografía colorizada por @eugenet343 y utilizada con su permiso

La república rifeña también intentó realizar una reforma agraria que facilitara el acceso a la tierra al campesinado más pobre, además de adelantar simiente para poder comenzar con los cultivos. Esta política buscaba aumentar las cosechas en una zona con un pobre rendimiento agrícola y sometida a hambrunas regulares. Para esta reforma se repartieron las tierras que habían sido requisadas a los enemigos de Abd el Krim.

Rifeños judíos

En el Rif existían habitantes de religión judía que vivían en zonas urbanas como Tánger y Melilla, en diversas cabilias o tribus e incluso zonas aisladas y rurales. Un ejemplo de la importancia de esta comunidad son los artículos publicados en el periódico el Telegrama del Rif de la ciudad de Melilla cuando se nombraban los aspectos positivos que el protectorado español aportaba a la región siempre se mencionaba en conjunto a “rifeños y judíos”

El papel desempeñado por los judíos en el Rif era importante en la economía local, pues eran joyeros, fabricantes de albardas y comerciantes. Nunca llevaban armas y estaban siempre bajo la protección del jefe del clan o linaje Según el Anuario Estadístico de la Zona del Protectorado en 1936, diez años después de la Guerra del Rif, habitaban en la región unos 13.000 rifeños de religión hebraica.

Los judíos también desempeñaron un papel importante en la  República del Rif. Mesod Benaín, un rifeño de religión hebrea que fue socio empresarial del padre de Abd el Krim,  ocupó el cargo de ministro de la tesorería de la República del Rif. Además, el hermano de Abd el Krim había estudiado francés en una escuela para población judía en Tetuán.  Varios rifeños judíos de la cabilia o tribu de Beni bu Frah y Jamás trabajaban en el depósito general de Azzcar en Axdir manipulando las municiones y reparando el armamento. Otro grupo se encargaba de transformar los obuses que caían y no explotaban en granadas de mano, y otro se encargaba de los arreos de caballos. Estos rifeños judíos se encargaban de este tipo de trabajos debido a sus oficios en orfebrería o mecánica en poblaciones rifeñas. Además, según J.F. Salafranca, como mínimo debió haber una unidad de combatientes judíos en las filas de la República del Rif.

Conclusión

Abd el Krim intentó construir un Estado en el norte de África en el que sería uno de los primeros movimientos anticoloniales exitosos (al menos hasta que fueron derrotados). La experiencia de la República del Rif inspiraría a los creadores de la Liga contra el Imperialismo, una organización ligada a la Internacional comunista a la que pertenecieron, entre otros, Albert Einstein, Lamine Senghor y Jawaharlal Nehru.

Los líderes de la rebelión rifeña no eran meros tradicionalistas tratando de restaurar el estilo de vida existente antes de la llegada de los europeos. Además de luchar contra el invasor, Abd el Krim y los suyos trataron de construir un Estado moderno que fuera aceptado por el resto de actores internacionales (véase la carta de Abd el Krim a la Sociedad de Naciones, una interesantísima fuente primaria). Como hemos visto, el Estado rifeño impulsó proyectos modernizadores entre los que se contaban una ampliación de la red de transporte y comunicaciones, la construcción de escuelas y el envío de legaciones educativas a otros países, así como una reforma agraria que cimentase el apoyo popular al nuevo Estado y acabase con la riqueza de sus enemigos tribales. La vida de este nuevo régimen, no obstante, fue muy efímero y estuvo principalmente marcada por el conflicto bélico contra los españoles.


Bibliografía en castellano

El nacimiento de la República del Rif

Autor: Selim Balouati. Editado por Alejandro Salamanca.
Traducción al francés disponible en Courrier du Rif

España y el Rif

  1. La invasión española del Rif: causas y antecedentes (1848-1908)
  2. Marruecos y el Rif a principios del siglo XX
  3. Annual, 1921: muerte y nacimiento
  4. Breve historia de la República del Rif (1923-1927)
    1. El nacimiento de la República del Rif
    2. Construcción y consolidación del nuevo Estado (próximamente)
  5. Fuente primaria: Carta de Abd el-Krim a la Sociedad de Naciones (1921)

Introducción

La República de las Tribus Confederadas del Rif (en tifinagh: ⵜⴰⴳⴷⵓⴷⴰ ⵏ ⴰⵔⵔⵉⴼ) es uno de los mayores hitos de la lucha anticolonial, un hecho tan singular como sorprendente. En un momento en el que la mayor parte del continente africano y un buen número de países islámicos se encontraban bajo dominio europeo (bien como colonias o como protectorados), una confederación de rifeños al mando de Abd el-Krim consiguió derrotar al ejército colonial español y establecer una república independiente que resistió durante cinco años. Hasta entonces sólo Etiopía había sido capaz de una gesta similar, cuando en 1895 expulsó a los italianos. No obstante, Etiopía ya era entonces un Estado consolidado y además había contado con apoyo ruso y francés. La República del Rif, en cambio, no contaba con precedentes históricos cercanos y no recibió apoyo de ninguna potencia europea.

En esta serie de artículos narraremos la historia de la república rifeña más allá de lo meramente militar, centrándonos en cómo Abd el-Krim y sus seguidores trataron de establecer un estado moderno en una región tradicionalmente anárquica, donde el sultanato marroquí había sido incapaz de asegurar el control y que era conocida en los mapas como Bled es-siba, que viene a significar zona sin control.

Trataremos de reconstruir la historia de la República del Rif desde el inicio hasta el final. Si bien es un hecho histórico excepcional, el contexto que rodea este tema ha hecho que haya pasado desapercibido y que los estudios hayan sido superficiales. Al final de este artículo puedes encontrar un breve repaso a la historiografía sobre la república rifeña.

Retos y escenario tras Annual

La batalla de Annual no significó el flin del conflicto. A pesar de la victoria, Abd el Krim y sus adeptos todavía tenían que resolver la situación en varios frentes. El Rif Occidental, que iba desde Gomara hasta Larache, aún estaba en manos de los españoles, quienes lo iban a defender a toda costa con el apoyo de algunos líderes rifeños opuestos a Abd el-Krim. Por otro lado, además de mantener a raya a las potencias coloniales, Abd el-Krim tenía que ganarse el reconocimiento de las comunidades rifeñas y convencerlas para adherirse a su causa. Había jefes tribales que lo ponían en entredicho y querían continuar en favor del colonialismo español, entre quienes se encontraban rivales importantísimos como el-Raisuni, de quien hablamos brevemente aquí.

En otras palabras, tras Annual no vino la paz, sino que se desencadenaron dos procesos paralelos: los preparativos para un nuevo conflicto armado contra españoles y franceses y la construcción de un nuevo Estado en forma de república. Como se verá más adelante, Abd el-Krim trató de acabar con el antiguo sistema tribal, creando una nueva figura por encima de los líderes con mandato. Esto es algo que nunca había existido en la región y que será clave para la nueva república. 

Mapa del Rif. La zona de Gomara y el Yebala sería la zona Occidental del Rif. Extraído de: Manuel Leguineche Annual 1921: el desastre de España en el Rif

Frente español

Los españoles, al mando de Dámaso Berenguer, continuaron atacando la zona occidental del Rif tras su derrota en Annual. Durante su mandato, Berenguer trató de frenar a Abd el-Krim colocando a rifeños en puestos importantes, como fue el caso de Driss El Riffi, que administrador de la zona occidental. Tras la destitución de Berenguer como Alto Comisario de España en Marruecos, su puesto lo ocupó Ricardo Burguete. Burguete comenzó con una política de pacificación y de restitución de antiguas amistades como las del jerife el-Raisuni. Las políticas de Burguete surtieron efecto en la zona occidental dominada por los españoles, quienes comenzaron a avanzar por el frente occidental en octubre de 1922.

Al principio este avance se produjo en zonas que cuestionaban a Abd el-Krim como Beni Said y Beni Tuzin, donde el ejército español no lograría consolidar su dominio. En noviembre, Abd el-Krim infligió otra derrota a los españoles, quienes sufrieron cerca de 2000 bajas. Tras la derrota, Burguete ordenó la retirada de las tropas. Con la llegada al poder de Primo de Rivera (1923), los españoles decidieron suspender temporalmente la idea de colonizar el Rif.

Jinetes rifeños. Fuente de la imagen

Frente rifeño

En el interior, Abd el-Krim tuvo que resolver dos problemas: En primer lugar, necesitaba terminar de consolidar su dominio y enfrentarse a sus adversarios internos en el Rif occidental, ciertos líderes tribales de la zona de Gomara y el Yebala que rivalizaban con él. En segundo lugar, debía asegurar el reconocimiento de los líderes de cada tribu rifeña, algo esencial y  necesario para que no hubiera que usar la fuerza para obtener el poder y lograr la construcción del nuevo Estado. 

Los protagonistas del primer problema eran un “triunvirato” compuesto por dos jefes rifeños y un argelino: Amar Ben Hamidu, el gueznaia El Hay Bel Quish y Abd el-Kader Hach Tieb, respectivamente. Abd el-Kader jugó un papel de negociador y colaborador con los españoles llegando a mandar tropas a luchar contra aliados de Abd el-Krim. Los tres líderes presentaron una dura y continua resistencia en la zona occidental del Rif. Una de las estratagemas que utilizó Abd el-Krim para lograr contrarrestar a estos fue ir centralizando el poder pacíficamente a través del reconocimiento y cooptación de los distintos líderes tribales de forma que sus opositores encontraran cada vez menos aliados hasta quedarse solos. Así, Abd el-Krim nombró Caid de Marnisa a Ben Hamidu para acabar con su oposición y romper el trio, del cual solo Abd el-Kader continuó con el bando español. 

Abd el-Krim dio otro golpe de efecto con su victoria frente a una de las figuras más míticas del Rif, el-Raisuni, un caudillo que controlaba la zona occidental conocida como el Yebala. El-Raisuni había logrado una gran influencia dado a los altercados que perpetraba, las escaramuzas que llevaba a cabo y sus sonados secuestros, como el famoso el incidente Perdicaris: el-Raisuni secuestró a un diplomático norteamericano y causó una pequeña crisis diplomática entre los Estados Unidos y el sultán de Marruecos, que además era el primer país que había reconocido la independencia estadounidense. Tal aventura fue plasmada en una película de 1975 titulada “El viento y el león” en la que Sean Connery interpretaba a el-Raisuni.

Fotografía real de el-Raisuni

Curiosidades aparte, el-Raisuni era un notable a tener en cuenta en el Rif occidental, pues había gobernado durante más de 20 años en la zona del Yebala. El-Raisuni se había mostrado ambiguo respecto a la presencia española: a veces veía favorable la colonización española y otras no, pues exigía al gobierno español que le otorgara un alto cargo en la administración colonial. Todo cambió en 1922, cuando los españoles decidieron acabar con el-Raisuni y tomar Tazrut, la capital del Yebala, para asegurar el Rif occidental tras Annual. Tras esto, los españoles decidieron ofrecer un cargo a el-Raisuni a cambió de que este derrocase a Abd el-Krim, que amenazaba los intereses de ambas partes.

El-Raisuni

Tras una serie de ataques a las tropas de Abd el-Krim organizados por el-Raisuni, en enero de 1923 Abd el-Krim envía un ejército compuesto de 1000 hombres que logran derrotar definitivamente a el-Raisuni, que contaba con apoyo de la aviación española en la zona. Con esta victoria, Abd el-Krim se volvió incontestable y, a ojos de sus seguidores, invencible. Esta victoria no solo le proporcionó prestigio: los bienes incautados a el-Raisuni y los españoles llenaron las arcas del nuevo estado. 

Una vez solventados los conflictos con los rifeños y pacificado el Rif en todo su territorio desde Temsaman hasta Tetuán, Abd el-Krim ya podía comenzar a construir sobre los cimientos establecidos lo que sería el nuevo estado del norte de África, la República del Rif. Pero esto lo veremos en el siguiente artículo.


Apéndice historiográfico

Varias preguntas viene siendo si esta se trató de una República Independiente del Reino de Marruecos, si  fue simplemente una república transitoria hasta que Marruecos fuese descolonizado o si fue el primer conato de la lucha anticolonial marroquí incluyendo a Abd el-Krim como parte del nacionalismo marroquí. Cuestiones clave como la ideología del movimiento, sus objetivos y la gestión del líder rifeño no han sido del todo exploradas.   

Pocas son las obras publicadas sobre este periodo histórico. La gran obra sobre la República del Rif continúa siendo la obra del antropólogo norteamericano David M. Hart The Aith Waryaghar of the Central Rif: an ethnography and history, así como otra obra basada en la tesis doctoral de C.R Pennell  La guerra del Rif : Abdelkrim el-Jattabi y su estado rifeño. En cuanto  a las obras en español encontramos muy pocas, mientras que en árabe encontramos un gran catálogo marroquí y que para el cual recomiendo el articulo de Rocío Velasco de Castro.

Las obras en español no son abundantes. Este tema, al igual que la etapa colonial de España en África, parece ser objeto de una clara amnesia social y académica. Una de las primeras obras es la de Miguel Martín, El colonialismo español en Marruecos de 1973. En esta obra se menciona la República del Rif pero de un modo superficial centrándose en los escenarios políticos en España y en los partidos políticos comunistas activos en el anticolonialismo de la época.

María Rosa de Madariaga es, hasta el momento, la autora más prolífica con una intensa publicación de articulos y obras sobre España, el Rif y el protectorado. Su obra centrada en el líder rifeño Abd el-Krim El Jatabi. La lucha por la independencia de 2009 aborda el periodo de existencia de la República pero no llega a ocupar más de 20 páginas haciendo un análisis de la misma superficial. La obra más reciente de esta temática es El Rif, sus élites y el escenario internacional en el primer tercio del siglo XX (1900-1930) de 2016 de Faris el Messaoudi-Ahmed. Este  aborda el tema de manera más profunda y hace un análisis claro de las diferentes corrientes y visiones sobre este periodo histórico en la historiografía, sobre todo la marroquí.

También encontramos La República del Rif de Jesús Salafranca de 2004. Podemos decir que es la obra más completa, pues se dedica el libro enteramente a la formación de la República, a exponer las novedades y además a realizar un análisis ideológico del nuevo Estado. 

No es un catálogo extenso, mucho menos si se tiene en cuenta que la mitad de las obras citadas se encuentran descatalogadas y fuera de circulación. Además, de los autores citados sólo uno es originario de la región del Rif.

Marruecos y el Rif a principios del siglo XX

Artículo escrito por Selim Balouati y editado por Alejandro Salamanca.

Parte de la serie España en el Rif

1 – La invasión española del Rif: causas y antecedentes (1848-1908)
2 – Marruecos y el Rif a principios del siglo XX
3 – Annual, 1921: muerte y nacimiento
4 – Fuente primaria: Carta de Abdelkrim a la Sociedad de Naciones (1921)


En el anterior artículo explicábamos las causas de la invasión española del Rif, centrándonos en factores internos de la historia y la política españolas. En el artículo de hoy hablaremos de la situación del Rif y del resto de Marruecos a principios de siglo.

Nota sobre terminología: empleamos el término “tribu” para referirnos a una comunidad social cohesionada por lazos de parentesco reales o imaginados. No se debe interpretar como una palabra valorativa o despectiva

El reino de Marruecos

A principios del siglo XX, Marruecos era uno de los pocos países africanos que todavía no había sido ocupado por las potencias coloniales europeas. Esta situación se logró en parte gracias a la hábil diplomacia marroquí, que nunco mostró favoritismo por ninguna potencia europea y procuró mantener una actitud neutral. Sin embargo, como ocurriría en muchos otros lugares, las concesiones comerciales y los acuerdos de exportación acabarían debilitando su independencia. Marruecos es el único país del continente africano que da al mar Mediterráneo y al océano Atlántico, lo que le da gran importancia geoestratégica.


Las tres grandes potencias que intentaban ejercer su influencia en Marruecos eran Alemania, Inglaterra y Francia. Inglaterra quería proteger sus intereses en Gibraltar y alejar de Marruecos a potencias hostiles. Alemania, que apenas había logrado territorios en el reparto colonial del Congreso de Berlín, aspiraba a ampliar su influencia en el país,visita del káiser a Tánger incluida. Por su parte, Francia quería evitar que Alemania se hiciera fuerte en un territorio tan cercano a sus posesiones en Argelia. Se producirían varias crisis diplomáticas entre Francia y Alemania, solucionadas tras la cesión a Alemania de parte del territorio francés en Congo.

Marruecos contaba en 1900 con aproximadamente 4 millones de habitantes. La mayoría de ellos se organizaban en torno a tribus o sociedades familiares, donde el nombre del ancestro tenía un peso notable. La principal autoridad estatal era el rey o sultán, que además tenía el título simbólico de amīr al-muʾminīn o comendador de los creyentes. Su sucesión no era hereditaria, sino que estaba determinada por un consejo de ulemas, aunque el puesto siempre recaía en un miembro de la familia alauí. Cada nuevo aspirante a sultán tenía que armar un ejército a través de redes tribales y clientelares para así ganar el título a través de la guerra con sus posibles aspirantes.

A pesar de que el sultán de Marruecos era reconocido como líder religioso y espiritual en todo el Magreb, su poder como líder político solo llegaba hasta donde su ejército real podía ir a recoger los impuestos. A principios del siglo XX, la autoridad del sultán se extendía apenas entre Tánger y Esauira, más o menos un 20% del territorio del actual Marruecos. El resto del país era conocido como Bled es Siba cuyo significado podría ser algo similar a territorios sin ley o zonas de anarquía, aunque en realidad eran simplemente zonas fuera del poder real. El Rif era una de estas regiones.

(Blanco: zonas de poder real. Gris: zonas de Bled es Siba )
Autor: Elisée Reclus, “L’Homme et la Terre”

En los primeros treinta años del siglo XX, el sultanato de Marruecos experimentó una serie de sucesiones al trono turbulentas. Uno de los primeros monarcas marroquíes que se abrieron la influencia extranjera fue  Sultán Abd el Aziz, que comenzó su reinado en 1901 (oficialmente su reinado comenzó en 1894, pero al ser menor de edad la regencia la ejercía un visir). El nuevo sultán, a quien le gustaba imitar las modas occidentales, se rodeó durante su mandato de un gabinete de consejeros europeos que le asesoraron sobre cómo modernizar el país. (¿Os suena?)

Las reformas fiscales y administrativas del sultán no agradaron a los nobles y notables marroquíes, que comenzaron una rebelión cuyo líder era el hermano del sultán, Muley Abdelhafiz. Para sofocarla, el sultán solicitó tropas a los europeos, y los franceses aprovecharon para aumentar su presencia e influencia en el país a través de acuerdos comerciales y apoyo en las revueltas internas que sufría el nuevo gobierno de Abd el Aziz. Por otra parte, se produjo un incidente diplomático entre Francia, Marruecos y Alemania, que se intentó resolver mediante la conferencia de Algeciras que se celebró en 1906 y de la que hablamos en el siguiente artículo. Dos años después, los ulemas proclamaron a Abdelhafiz, más conservador y tradicional que su hermano, como legítimo sultán.

El sultán Abd el Aziz con su famosa bicicleta. Se decía que esta era de oro y que por ella se había vendido el país a los extranjeros, una fábula que desprestigió  al joven sultán. Autor: La vie illustree

El nuevo sultán se comprometió a cumplir seis puntos: 1: Deshacerse de toda influencia europea. 2: Recuperar todas las regiones fuera de la frontera actual marroquí. 3: Abolir el acta de Algeciras. 4: Eliminar los privilegios extranjeros. 5: Gobernar sin ayuda extranjera. 6: No realizar acuerdos con extranjeros sin consultar al pueblo. Como vemos, toda una declaración de intenciones que en cierto modo ataba al sultán en materia exterior y que era un tanto irrealista dado el estado del país.

La situación con el tiempo no resultaría beneficiosa para Abdelhafiz, pues Marruecos se encontraba ahogada por las deudas (se calcula que para 1910 debía cerca de treinta y cinco millones de dólares a Francia). El poco margen de movimiento provocó que el nuevo Sultán acabase formalmente de la independencia del Estado marroquí con la firma del tratado de Fez en 1912, que convertía el país en un protectorado de Francia. Al conocer el tratado, la población de Rabat y otras ciudades se levantaron en una revuelta con el objetivo de dar muerte a todo foráneo que se encontrase en la capital, una insurrección que tuvo que ser sofocada por el ejército francés. Ese mismo año, Abdelhafiz abdicó del trono en favor de su hermano Yusuf. Desde ese momento y hasta el fin de la presencia colonial europea en Marruecos, el Sultán no sería un obstáculo para los franceses.

Portada del suplemento dominical del diario francés Le Petit Journal sobre la firma del tratado de Fez y el inicio del protectorado francés. Fuente: Biblioteca Nacional Francesa

El Rif a principios del s. XX

Tánger

Una de las pocas zonas del Rif controladas efectivamente por el sultán era Tánger. La ciudad  fue escenario de una actividad diplomática intensa que no vivía ninguna otra zona de Marruecos, pues allí se ubican todas las embajadas y consulados extranjeros. El emplazamiento de la ciudad la hizo una zona clave de paso para viajeros y reuniones diplomáticas, por lo que esta ciudad adquirió un carácter particular que la deja fuera de la cronología rifeña. queda fuera de la cronología rifeña.En 1925 la ciudad pasó a ser una “zona internacional”, es decir,administrada de forma independiente por varios Estados. Esta situación no se rompió hasta la entrada de Alemania en París durante la Segunda Guerra Mundial, momento que aprovechó el ejército español para entrar en la ciudad y gobernarla hasta el fin del conflicto en 1945, tras lo que se restauró la situación anterior finalizando en 1956. Hay que mencionar como curiosidad que la primera adquisición de gobierno norteamericano fuera de Estados Unidos fueron los terrenos donde se erigía el consulado americano en Tánger, convertido hoy día en un museo.

El Rif y los rifeños

A principios del siglo XX, la población del Rif no  llegaba a los 800.000 habitantes. Esta zona estaba relativamente libre de influencia extranjera y apenas había cartografía más allá de Ceuta, Melilla y Larache. El interior del Rif era una zona inexplorada sobre la que había muchas fábulas y mitos como por ejemplo las riquezas mineras de la zona.

La mayoría de los habitantes del Rif eran bereberes o amazigh. Apenas habían sido arabizados y conservaban su lengua y sus estructuras sociales tradicionales. El árabe era solo la lengua intelectual y litúrgica, pues tanto el Corán como los documentos oficiales siempre estaban en ese idioma. No se sabe hasta qué punto el alfabeto bereber o tifinagh había sobrevivido o cuando se extinguió. Un ejemplo de pervivencia cultural frente a la arabización es el tatuaje en el rostro femenino que continuó siendo propio de la etnia amazigh. Este símbolo de distinción social podía poseer varios significados, como la confirmación de que estaba prometida (una función similar a la del anillo de compromiso en Occidente).  

Mujer Amazigh
Autora: Farah Ali  Twitter; @farali_95 (Reproducido con su autorización)

Los amazigh se organizaban en tribus, también llamadas cabilas o cabilias. Cada una de estas era conocida por su antecesor de origen masculino o por el lugar de origen. Para designar a la tribu por el nombre del antepasado común se usan los vocablos ulad y beni que quiere decir “hijo de” o “hijos de”. Esta estructura tribal partía de un tronco inicial que se iba dividiendo en clanes surgidos a través de matrimonios o por asentamientos en determinados lugares. A pesar de las subdivisiones, podemos hablar de una sociedad relativamente igualitaria en la que las tribus se trataban de igual a igual.

El poder de cada tribu dependía del número de parientes adheridos a esta y de su afinidad o alianzas con otras.  La rivalidad entre tribus podía dar lugar a enfrentamientos, pero a pesar de ello rara vez ejercían su poder para imponerse en materias legales o jurisdiccionales. En esa época, la tribu más fuerte era la de los Beni Urriaguel, de donde procedía el futuro líder rifeño Abdelkrim. Se calcula que en 1920 contaban con algo más de 40.000 miembros. Los Beni Urriaguel fueron durante mucho tiempo la tribu dominante en el Magreb, y eran tan poderosos que raramente necesitaba la alianza de otra para resolver un conflicto.

‘Zoco a Had de Benibuifrur’, 1910. Autor: José Ortíz Echagüe (Museo de la Universidad de Navarra).

Los amazigh se regían por una ley interna llamada el urf, la cual imponía multas de carácter económico y físico, pero siempre trataba de buscar la paz entre las tribus y el respeto de las zonas comunes como los zocos. Como hemos dicho antes, el poder del sultán apenas llegaba al Rif, que era considerado uno de los Bled es-Siba o territorios sin ley. Es cierto que el sultán nombraba un Caid para que gobernase la zona en nombre de su majestad, pero este importaba poco. Se sabe que en otras regiones había un cierto temor a las delegaciones reales enviadas a recaudar impuestos, pues cuando no se les hacía caso acampaban en la zona y ejercían el bandolerismo contra aquellos que se negaban a acatar las órdenes reales, aunque no se tiene constancia de que esto sucediera en el Rif.

Fuerza cabileña

Durante mucho tiempo la historiografía puso el foco de atención en Abd el Krim y Annual, pero en realidad los rifeños nos ofrecen muchos otros ejemplos de resistencia en el siglo XX. Las cabilas rifeñas participaron en varios conflictos durante los siglos anteriores, aunque la mayoría de las veces lo hicieron como actores secundarios. La primera gran alianza tribal se fraguó con Mohamed Ameziane (1859-1912), sobre quien no hay muchas fuentes. Bajo su liderazgo, las tribus rifeñas se unieron por primera vez sin que hubiera presencia de bereberes de otras zonas del Magreb. El motivo de la unión fueron las pretensiones de un presunto heredero al trono que trató de vender las riquezas mineras del Rif a los inversores europeos.

La guardia del jefe tribal de Abadda Dar en 1922. Autor: Roger-Viollet

Todo comenzó en 1902, cuando entró en escena un tal Bu Hamara, que se hacía pasar por hermano del Sultán y Rogui, es decir, heredero legítimo al trono.  El Rogui, activo tanto en las zonas controladas por el sultán como en los “territorios sin ley”, lideró una revuelta con las tribus bereberes del nordeste de Marruecos, derrotó al ejército real y a partir de ahí se autoproclamó autoridad legal de esa zona del Magreb. Bu Hamara trató de enriquecerse estableciendo contratos con inversores alemanes y españoles. Por ejemplo, vendió el derecho de explotación de las minas del monte Afra a la Compañía española de Minas del Rif por un tiempo de noventa y nueve años.  

A pesar de su prestigio, el Rogui Bu Hamara no se había ganado la confianza de las tribus del Rif, que mostraron su malestar frente a las ventas de explotación minera y de ferrocarril a manos extranjeras. Ante esta situación, en la cual las cabilas rifeñas podían entorpecer la actividad de los extranjeros, el Rogui decidió invadir el Rif con un ejército para someter a las tribus amazigh.  Esto provocó que que las tribus rifeñas se unieran para defender sus territorios. La coalición estaba formada por los Beni Urriaguel, Bocoya, Tensaman, Beni Ammart y Beni Tuzín. Su líder fue el citado Mohamed Ameziane (en amazigh,”el pequeño” o “el menor”). No se sabe mucho sobre su vida, salvo que era el caid de los Beni Bu Gafa de Nador y jerife (descendiente del profeta) de nacimiento. La única imagen que se tiene de él es la que apareció en la noticia sobre su muerte en la revista española Mundo Gráfico.

Único retrato de Mohamed Ameziane o El Mizzian, obtenida de la revista Mundo gráfico. 22/5/1912 (Hemeroteca Digital de la BNE)

La batalla definitiva entre las tribus rifeñas y el Rogui se produjo en el río Nekor en 1907. El Rogui fue derrotado y entregado al Sultán Abdelhafiz. La victoria fue muy importante para las cabilas rifeñas, que por primera vez se habían unido contra un enemigo común que ponía en peligro la jurisdicción de las mismas en el territorio del Rif. Los rifeños aprendieron podían vencer a un enemigo al que ni el mismo sultán con su ejército real había podido derrotar, por lo que se puede aventurar que que esta primera experiencia tribal fue un antecedente de lo que sucedió en Annual en 1921. La unión tribal liderada por Ameziane estableció las bases de lo que sería la lucha anticolonial contra los españoles, que en 1909 sufrieron su primera derrota. No obstante, la prematura muerte de Ameziane en 1912 a manos de los españoles retrasaría la organización de las cabilas rifeñas frente a los invasores europeos.

Resumen y conclusiones

A principios del siglo XX Marruecos aún conservaba su independencia, a diferencia de la mayor parte de sus vecinos en el norte de África. Al mismo tiempo, era un Estado incapaz de controlar muchos de sus territorios, como el Rif. La influencia europea se notaba especialmente en la capital, en la corte del sultán y en Tánger, ciudad rifeña donde se ubicaban los consulados y embajadas extranjeras. Al igual que en muchos otros países, la penetración europea en Marruecos comenzó con la economía y la ayuda militar. Las deudas que contrajo el sultán con los franceses, a quienes había pedido ayuda para sofocar varias rebeliones, acabaron causando la pérdida de independencia del país. Esta se formalizó bajo la forma del protectorado, que era una manera suave de decir que estaban bajo el dominio de una potencia europea (dos, si contamos a España en el Rif y Río de Oro).

Por las mismas fechas, las tribus rifeñas se unían cerrando filas frente a un enemigo invasor, el Rogui Bu Hamara, quien haciéndose pasar por la autoridad legítima había vendido a los españoles y los alemanes el derecho de explotación de algunas minas. Una vez derrotado el Rogui, la coalición tribal rifeña siguió organizándose para hacer frente a los españoles, que comenzaban a realizar las primeras incursiones en suelo rifeño. Su victoria más sonada sería la emboscada del Barranco del Lobo en 1909, de la que hablamos en el anterior artículo. Esta unión tribal sería el más claro antecedente de la coalición que culminaría en la proclamación de la República del Rif en 1921.  

En este artículo hemos podido ahondar un poco más en la historia de los rifeños a principios del siglo XX, sobre la que no hay muchas fuentes. Hemos dejado fuera del texto a personajes destacados como El Raisuni, pero en cambio hemos dado espacio a Mohamed Ameziane o el Mizzian, uno de los grandes olvidados en la historia de las tribus rifeñas, que unió a las tribus frente a un enemigo común antes incluso de la llegada de los españoles. Tras su muerte, la lucha de las cabilas rifeñas se detuvo hasta la aparición de Abdelkrim, por lo que podríamos llegar a la conclusión de que la mayoría de las veces ha hecho falta un líder que aunara a las distintas cabilas. Tal vez sin ese líder la unión tribal nunca hubiera podido llevarse a cabo, como si fuera un puzzle al que le hiciera falta esa pieza final.  

Bibliografía

  • Manuel del Barrio Jala, “Nuestros generales en el norte de África” en Revista Ejército, número 732. Marzo de 2002, página 45.
  • Ángel Bahamonde y Jesús Martínez, Historia de España Siglo XIX, Cátedra: 2011
  • Sebastián Balfour, Abrazo Mortal: De la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909-1939), Península: 2018
  • Faros El Messaoudi-Ahmed, El Rif, sus elites y el escenario internacional en el primer tercio del siglo XX (1900-1930), Megustaescribir: 2016
  • Manuel Horrillo, El Rif 1921, Una historia olvidada (documental)
  • Jesús Marchán, “Costa, los congresos africanistas y la colonización agrícola en Marruecos”, en Regenerar España y Marruecos. Ciencia y educación en las relaciones hispano-marroquíes a finales del siglo XIX, CSIC: 2011 (enlace)
  • Ginés Sanmartín Solano, “La Compañía Española de Minas del Rif (1907-1984),” en Aldaba: revista del Centro Asociado de la UNED de Melilla 5, 1985, pp. 55-74 (enlace)
  • Rosario de la Torre del Río, “Preparando la Conferencia de Algeciras: el acuerdo hispano-francés de 1 de septiembre de 1905 sobre Marruecos”, Cuadernos de Historia Contemporánea 2007, vol. Extraordinario, pp. 313-320

La invasión española del Rif: Causas y antecedentes (1848-1908)

Parte de la serie España en el Rif

  1. La invasión española del Rif: causas y antecedentes (1848-1908)
  2. Marruecos y el Rif a principios del siglo XX
  3. Annual, 1921: muerte y nacimiento
  4. Breve historia de la República del Rif (1923-1927)
    1. El nacimiento de la República
    2. La construcción y consolidación del nuevo Estado (próximamente)
  5. Fuente primaria: Carta de Abdelkrim a la Sociedad de Naciones (1921)


Artículo escrito conjuntamente por Alejandro Salamanca y Selim Balouati

Introducción

En esta web hemos tratado el colonialismo y sus efectos en las sociedades musulmanas, tanto en casos donde hubo dominación militar por los europeos como en ocasiones donde la influencia de Occidente tuvo un carácter más indirecto. Habitualmente nos hemos centrado en los países que hoy denominamos Oriente Medio (Egipto, Levante, Mesopotamia, la península Arábiga, la meseta Irania y alguna excursión hacia la India). El Magreb, la región más cercana a la península Ibérica y con la que los españoles han tenido más contacto, ha tenido un papel secundario en esta web.  Esta serie de artículos sobre España y el Rif es un intento de remediar esto y de reflexionar sobre el reciente pasado colonial español en África.

Si bien los contactos entre el Magreb y la península Ibérica tienen una larga trayectoria, Desvelando Oriente es una web de historia contemporánea, de modo que vamos a comenzar nuestro relato a finales del siglo XIX. Nos vamos a centrar en el norte Marruecos, escenario de uno de los tres proyectos coloniales españoles tras el Desastre del 98. Los otros dos, que se desarrollaron más o menos al mismo tiempo, fueron el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial, aunque fue el Rif la región que dio más problemas. El protectorado español en Marruecos se extendió hasta 1956 y ocupó un área de unos 20.000 kilómetros cuadrados en los extremos norte y sur de Marruecos, apenas un 4,69% de la superficie total del país. El resto estaba ocupado por Francia

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España desembarcó en el Rif en 1904 y se quedó hasta 1956, medio siglo que cambió para siempre la historia de ambas tierras, y en el que el ejército y la administración españolas cometieron numerosos abusos, incluyendo el uso de gas mostaza contra la población civil.

Los rifeños que se opusieron a la ocupación española fueron capaces de establecer un Estado independiente que resistió durante cinco años, entre 1921 y 1926. La República del Rif fue un experimento único en el Magreb y, nos atreveríamos a decir, el mundo musulmán. No tanto por su oposición al colonialismo (los argelinos ―y las argelinas― llevaban resistiendo desde 1830) o por su carácter modernizador y en cierto modo occidentalizante (en Turquía una nueva élite militar desmantelaba el Imperio otomano más o menos por esas fechas), sino porque fue el primer proyecto descolonizador que tuvo un breve periodo de éxito. Cinco años pueden parecer poca cosa, pero no olvidemos que la II República española duró lo mismo. El lustro republicano ha marcado muy significativamente la identidad de los rifeños que se oponen al régimen marroquí.

No obstante, no queremos adelantar acontecimientos. Hoy trataremos los antecedentes de la ocupación española en el Rif, fijándonos en los motivos por los que se decidió la invasión en los despachos de Madrid y en las experiencias previas durante el siglo XIX.

Las causas de la invasión

Las tropas españolas desembarcaron en el Rif procedentes de Melilla el 14 de febrero de 1908. Sin embargo, la invasión se había comenzado a gestar mucho antes. Antes de narrar las vicisitudes militares es preciso preguntarse cuáles son los motivos por los que España, que en 1898 había perdido sus posesiones en Cuba, Filipinas y Puerto Rico, decidió comenzar una aventura colonial en el norte del Magreb. A grandes rasgos, se podría decir que la invasión del Rif se produce por la combinación de tres grupos de presión: las potencias extranjeras (Francia y Gran Bretaña), la burguesía comercial y el Ejército.

La España de principios del siglo XX estaba dominada por el régimen de la Restauración borbónica, un sistema político semidemocrático (las mujeres no podían votar) en el que los partidos Liberal y Conservador se turnaban en el poder de forma análoga a como sucedía en el Reino Unido. España no pintaba mucho en la escena internacional del momento pero, al contrario de lo que se suele afirmar, la ocupación del Rif no fue un intento de recuperar el prestigio perdido. Más bien fue una mezcla de intereses geopolíticos, posibilidades de inversión y necesidad de mantener ocupados a los militares.

2809124 - copiaSección de un mapa de África del año 1901. Autor: GF Cram.

Presiones geopolíticas

En los años anteriores a la rimera Guerra Mundial, el equilibrio estratégico era un concepto fundamental en las relaciones entre países europeos. Como podemos ver en el mapa arriba, las posesiones francesas en el norte de África bordeaban todo el sultanato de Marruecos y el Sáhara español. El norte de Marruecos controlaba el acceso meridional al estrecho de Gibraltar, vital para el tráfico marítimo. Si Francia, que aspiraba a hacerse con Marruecos, hubiera sido capaz de controlar el Rif, el equilibrio de potencias se hubiera visto gravemente alterado.

Los británicos no podían permitir que Francia se hiciera con el control del Estrecho, pues además de suponer una enorme ventaja geoestratégica, podía amenazar su base en Gibraltar. Al mismo tiempo, ni los franceses ni los británicos deseaban que Alemania, una potencia emergente y relativamente nueva (la unificación alemana se había producido en 1871), pero muy activa en Marruecos, obtuviera una posible ventaja territorial. De modo que para garantizar la neutralidad del estrecho, franceses y británicos acordaron conceder una pequeña “esfera de influencia” a España en el norte de Marruecos dentro de los acuerdos que llevaron al establecimiento de la Entente Cordial en 1904.

Un año después España y Francia se repartían formalmente el territorio con un acuerdo sobre el cual podéis leer en más detalle aquí. Las presiones alemanas (y las protestas del sultán de Marruecos) forzaron la convocatoria de una conferencia internacional sobre el destino de Marruecos que se celebró en Algeciras en 1906 con la presencia de 13 países, incluyendo a EEUU y los imperios otomano y austrohúngaro. La jugada no les salió bien a los alemanes, pues solo Austria-Hungría apoyó firmemente sus posiciones y Francia y España tuvieron vía libre para actuar en Marruecos, a pesar de algunas medidas cosméticas como garantizar el comercio internacional y poner un supervisor suizo a los oficiales de policía españoles y franceses.

No obstante, no ha de entenderse que España sólo ocupó el Rif forzada por sus compromisos internacionales. Estos compromisos supusieron un incentivo y una justificación para la intervención, pero también hubo importantes factores internos que llevaron a la invasión. El más elemental era la seguridad fronteriza.  Los enclaves de Ceuta y Melilla se encuentran completamente rodeados de territorio marroquí, y en el siglo XIX se habían producido numerosas escaramuzas entre las tropas españolas y diversos grupos de guerreros bereberes, como veremos más adelante. Asegurar el territorio que rodeaba a las plazas españolas era estratégicamente una buena decisión.

Potencial económico del Rif

El Rif, dominado por la cordillera homónima, no tiene ni mucho menos un paisaje homogéneo. Además de montañas, crestas y colinas, hay valles verdes, bosques, olivares, y áreas semidesérticas. Una foto por satélite de la región, un mapa orográfico y un un mapa de precipitaciones nos ahorrarán un largo párrafo describiendo los distintos paisajes del Rif.

mapa satélite norte marruecos
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A pesar de su importancia estratégica, las posibilidades de explotación  del Rif a principios del siglo XX eran limitadas. El rudimentario estado de las comunicaciones hacía necesaria una importante inversión en infraestructuras (vías, puertos, red telegráfica)  antes de que se pudiera sacar partido económico real. No obstante, si los inversores españoles conseguían hacerse con sus derechos de explotación, las minas de hierro del monte Uxian y las de plomo del monte Afra prometían beneficios rápidos y suculentos.

El grupo de hombres de negocios que apoyaba la expansión colonial había comenzado a organizarse formalmente en 1904, coincidiendo con el convenio hispano-francés de octubre de ese año que reconocía la esfera de influencia española. Ese año se fundaron los Centros Comerciales Hispano-Marroquíes de Madrid y Barcelona. Estos centros organizaron cuatro “Congresos Africanistas” entre 1907 y 1910 en los que se debatió la mejor forma de “penetrar pacíficamente en el Rif”.

Aunque algunas crónicas describen los congresos como una sucesión de discusiones leoninas y poca acción real, se trataron temas importantes, como la organización del flujo migratorio español a África, especialmente a las colonias agrícolas de Guinea (¡vaya, quién lo diría un siglo después!); las posibilidades de compra de tierras en Marruecos, de establecer cultivos intensivos para la exportación, y de ofrecer tierras a los militares que participasen en la campaña como incentivo. Jesús Marchán, que ha investigado en detalle sobre los Congresos Africanistas, concluye que se tomaron decisiones de forma apresurada y sin una planificación detallada. Pese a todo, los centros comerciales y los congresos favorecieron el surgimiento de un grupo de presión que trató de influir al gobierno para impulsar la causa colonial (y ya de paso obtener subsidios y préstamos ventajosos para el desarrollo de infraestructuras).

En 1907, España consiguió los derechos de explotación sobre las minas de hierro, mientras que los franceses obtuvieron las de plomo. El sector minero recibió la noticia con agrado, pues la minería española de por aquel entonces estaba especializada en el hierro, que representaba el 60% de la exportación minera española a finales del siglo XIX. No obstante, los filones habían comenzado a agotarse y la posibilidad de explotar nuevas minas en Marruecos supuso un oportunidad para la industria.

La recién fundada Compañía Española de Minas del RIF (CEMR) contó con un capital inicial de seis millones de pesetas, y su proyecto inicial incluía la construcción de un ferrocarril para transportar los minerales a puerto. La CEMR fue fundada despuésde que varios inversores alcanzaran un acuerdo con Bu Hamara “el Rogui”, un avispado bandolero, líder tribal y pretendiente al trono marroquí que hizo creer a los empresarios españoles que tenía autoridad real sobre las minas de Uxian y que las riquezas de dichas minas superaban las expectativas. En este artículo de Ginés Sanmartín se pueden leer más detalles y anécdotas sobre la CEMR y la reputación legendaria del Rif como región con una gran riqueza mineral.

La necesidad de distraer al ejército

Este punto es más polémico, y se trata más de una hipótesis que de una afirmación inequívoca, pero en todo caso trataremos de argumentarlo. Se puede decir que el Desastre del 98 es una de las causas de  la invasión de Marruecos. No porque España necesitara recuperar su prestigio y papel en la esfera internacional, sino porque la burguesía comercial que se había enriquecido con las plantaciones en Cuba necesitaba nuevas posibilidades de inversión.  No obstante, no se debe minimizar la importancia de la moral del Ejército. Las Fuerzas Armadas españolas, cuestionadas y duramente criticadas tras la derrota frente a EEUU, necesitaban un proyecto para mantenerse ocupadas y dejar de causar problemas e incidentes violentos en España.

El siglo XIX español se caracterizó por la constante intervención de los militares en la vida política a través de pronunciamientos, levantamientos, guerras carlistas y otros intentos de golpes de Estado. El régimen de la Restauración borbónica, instaurado en 1876, había sobrevivido durante más de un cuarto de siglo sin golpes militares. El ejército, antaño adalid de las ideas liberales y progresistas, se había convertido a finales del XIX en uno de los guardianes de las esencias tradicionales españolas, a la vez que se minimizaba su intervencionismo en política. El régimen borbónico, instaurado tras un golpe militar, debía su estabilidad al compromiso del Ejército con el proyecto político que encarnaba.

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Esta viñeta que ridiculiza a los militares causó una grave crisis constitucional en 1905

Muchos militares se habían sentido traicionados tras la derrota de 1898. Habían luchado y sufrido para defender los restos del Imperio colonial español, y a su vuelta habían sido criticados y tratados como cobardes e inútiles. Los militares se sentían injustamente tratados, y además no podían comprender por qué los políticos profesionales del gobierno hacían concesiones al movimiento obrero o a la burguesía catalanista, poniendo en juego (a su juicio) la unidad de España por la que tantos compañeros habían muerto. Una buena fuente para apreciar como surgen estas dinámicas y cómo los propios militares entendían la situación de la época es la película Raza (1942), dirigida por el dictador Franco bajo pseudónimo.

Una expedición al Rif con el objetivo de asegurar las fronteras de ceuta y Melilla era un buen pretexto para alejar a los militares del centro de la política en Madrid y reducir la inestabilidad doméstica. No obstante, el estado del ejército español en 1905 era bastante deficiente: sobraban oficiales, faltaban tropas, y apenas había presupuesto para renovar o mantener el material de guerra, ya que la mitad del presupuesto del Ejército se empleaba para pagar sueldos. (Para comparar, Sebastian Balfour ofrece en Abrazo Mortal el contraejemplo del ejército francés, donde solo una sexta parte del presupuesto iba destinada a salarios).

Lo cierto es que hasta 1923 el ejército no tuvo mucha influencia en la vida política española, o al menos la amenaza de los pronunciamientos desapareció. Sin embargo, acabó forjándose una división entre el ejército africanista y el peninsular que terminaría de cristalizar en los años de la II República. No obstante, los oficiales destinados en África no formaban un grupo homogéneo, como explica Sebastian Balfour en Abrazo Mortal.

Por otro lado, Marruecos era un escenario muy propicio para el ejército español. A todo el discurso de la Reconquista, la lucha contra el musulmán en defensa de la fe, y la necesidad de asegurar el perímetro de Ceuta y Melilla se le sumaban unos exitosos antecedentes: en la segunda mitad del siglo XIX el ejército español había cosechado dos victorias en sus enfrentamientos con las tribus y milicias rifeñas. Los vamos a ver brevemente a continuación.

Antecedentes: las guerras del XIX

La presencia militar ibérica en el norte de África se remonta al siglo XV cuando Portugal tomó con la ciudad de Ceuta, si bien el trasiego de personas y mercancías entre ambas orillas del Estrecho ha sido constante desde la Antigüedad. Además de Ceuta y Melilla, con las que España se hizo formalmente en 1640 y 1556, respectivamente, España dominó durante años ciudades como Orán (1509-1792, salvo el periodo 1708-1732), Larache (1610-1689) o fuertes como el penón de Vélez de la Gomera. De forma sorprendente, los conflictos entre españoles y las cabilas rifeñas se mantuvieron al mínimo, con alguna excepción.

El primer intento de expansión de España en Marruecos durante el siglo XIX se produce en 1848, cuando el  general Serrano ocupa las  islas Chafarinas. Los motivos de la operación fueron puramente estratégicos: tras la conquista de Argelia por los franceses en 1830, estos planeaban tomar las islas para tener una base próxima a Marruecos, lo que suponía una grave amenaza para España por la cercanía de los islotes a Almería. Ante las quejas del sultán de Marruecos, las autoridades ceutíes decidieron aumentar la línea de la ciudad y construir un reducto extramuros, lo que provocó el levantamiento de los cabileños y el ataque a las obras, donde murieron varios trabajadores españoles.

Este episodio sería el detonante de la primera guerra hispano-marroquí ( o “Guerra de África“) declarada por España, con O’donnell al mando, el 22 de octubre de 1859. La superioridad española se hizo evidente, y rápidamente las fuerzas españolas llegaron a Tetuán mientras la marina bombardeaba Tánger o Larache. Preocupada por Gibraltar, Gran Bretaña decide prestar ayuda al sultán de Marruecos y facilitarle los fondos para pagar la indemnización que exigía España. La guerra fue breve; en abril de 1860 se firma la paz. Aunque los éxitos materiales fueron escasos, la victoria supuso una gran inyección de moral para el lado español. Según Ángel Bahamonde y Jesús Martínez, la guerra causó un gran impacto (positivo) en la opinión pública y alimentó una “exaltación nacional en letargo desde los días de la Guerra de la Independencia”

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La Batalla de Tetuán, un descomunal óleo de Mariano Fortuny, testigo de la guerra.

La siguiente intervención española en Marruecos, llamada Guerra de Margallo por la muerte del general homónimo, tuvo lugar tres décadas después, en 1893-94. El detonante fueron, de nuevo, las obras de expansión de una de las plazas españolas, Melilla. Los cabileños locales habían solicitado a las autoridades españolas que detuviesen la construcción de un fuerte en la zona de Rostrogordo cercano a una kubba (mausoleo con cúpula ) donde se encontraba un morabito muy venerado. Los españoles hicieron caso omiso, y las cabilas se rebelaron, sin obedecer al sultán de Marruecos (en el próximo artículo hablaremos de la complicada relación entre el poder central y las tribus rifeñas y marroquíes).

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Tira cómica sobre la guerra, 1893.

Tras siete meses de cruento conflicto, el sultán fue capaz de negociar su cese, otorgando a España la razón y el permiso para construir el fuerte.  Otra de las cláusulas de la paz firmada incluía el derecho de España a supervisar la elección de los caídes en el Rif, lo que podría leerse como un primer intento de expandir la influencia española más allá de Ceuta y Melilla. No obstante, la zona no estaba sometida al sultán, de modo que este difícilmente podía asegurar el cumplimiento de dicha cláusula. Al mismo tiempo, España estaba centrada en controlar a los independentistas cubanos, de modo que no prestó excesiva atención al Rif hasta la década posterior.

Conclusiones

En este primer artículo hemos tratado de analizar las causas por las que España planeó y ejecutó la invasión del Rif en 1908. El primer motivo es geopolítico: como potencia modesta, España permitía garantizar la neutralidad del Estrecho de Gibraltar, una solución de compromiso que agradó a los principales poderes europeos: Francia, Gran Bretaña y, en menor medida, Alemania. Al mismo tiempo, los militares españoles se mostraban preocupados por la seguridad de Ceuta y Melilla.

La segunda razón por la que España intervino en Marruecos fue por las posibilidades de obtener beneficios económicos. Un nutrido grupo de comerciantes y empresarios, muchos de ellos debilitados por la independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, vieron en Marruecos una enorme oportunidad económica, dada su cercanía y una supuesta riqueza mineral. Los empresarios africanistas organizaron congresos y empresas destinadas a explotar las riquezas tanto del Rif como de Ifni, Sáhara y Guinea Ecuatorial. Estamos en plena época del imperialismo capitalista, al fin y al cabo.

La tercera causa fue la necesidad de ocupar a los militares para evitar problemas domésticos. Marruecos se presentaba como un escenario muy propicio para las campañas militares, tanto por su cercanía y por el relativo subdesarrollo de las milicias locales como por las leyendas épicas sobre la Reconquista, la guerra contra el infiel y el recuerdo de las victorias en 1860 y 1894.

Estos tres factores (diplomático, económico y militar) se conjugaron para que el gobierno de España plantease una intervención en 1908. No obstante, tendréis que esperar al siguiente artículo para leer los detalles de la misma y una descripción más detallada de las dinámicas internas en el Marruecos de principios del siglo XX.

Bibliografía básica

Ángel Bahamonde y Jesús Martínez, Historia de España Siglo XIX, Cátedra: 2011

Sebastián Balfour, Abrazo Mortal: De la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909-1939), Península: 2018

Faros El Messaoudi-Ahmed, El Rif, sus elites y el escenario internacional en el primer tercio del siglo XX (1900-1930), Megustaescribir: 2016

Manuel Horrillo, El Rif 1921, Una historia olvidada (documental)

Jesús Marchán, “Costa, los congresos africanistas y la colonización agrícola en Marruecos”, en Regenerar España y Marruecos. Ciencia y educación en las relaciones hispano-marroquíes a finales del siglo XIXCSIC: 2011 (enlace)

Ginés Sanmartín Solano, “La Compañía Española de Minas del Rif (1907-1984),” en Aldaba: revista del Centro Asociado de la UNED de Melilla 5, 1985, pp. 55-74 (enlace)

Rosario de la Torre del Río, “Preparando la Conferencia de Algeciras: el acuerdo hispano-francés de 1 de septiembre de 1905 sobre Marruecos”, Cuadernos de Historia Contemporánea 2007, vol. Extraordinario, pp. 313-320