Arabia Saudí VI: el breve reinado de Saud (1953-1964)

Historia de Arabia Saudí
1 –
Geografía y primer emirato saudí (1744-1818)
2 – El siglo XIX (1818-1919)
3 – Conquista y dominio (1919-1926)
4 – El reino antes del petróleo (1926-1938)
5 – Petróleo con sabor americano (1938-1953)
6 – El breve reinado de Saud (1953-1964)

Introducción

Noviembre de 1953. Abdelaziz Ibn Saud, conquistador y pacificador de los territorios que hoy día forman Arabia Saudí, acaba de morir. El reino es más próspero que nunca gracias a las riquezas del petróleo, aunque también más vulnerable. Las rivalidades familiares y la incertidumbre del momento histórico, en el que se sucedían los golpes que derrocaban a las monarquías vecinas, hicieron que los primeros años tras la muerte de Ibn Saud fueran turbulentos.

La primera década tras la muerte del gran patriarca sería un periodo de lucha interna entre los dos hijos mayores de Ibn saud, Faisal y Saud, pero también una etapa en la que el estado saudí tendría que hacer frente a las amenazas ideológicas que llegaban desde el exterior. El momento histórico, sin duda, era emocionante para los árabes. El partido Baaz era fundado en Siria y se expandía por otros países árabes, llegando a ser una fuerza significativa en algunos parlamentos. En Egipto, Nasser se hacía con el control y plantaba cara a las antiguas potencias coloniales con la nacionalización del canal de Suez. La Nakba palestina hacía emerger un sentimiento de solidaridad y de impotencia entre los árabes. Demasiados desafíos externos para un reino que se enfrentaba a su primera sucesión.

Saud el olvidado (1953-1964)

El heredero al trono, como contaba en la entrega anterior, era el príncipe Saud, que fue coronado a los pocos días de la muerte de su padre, mientras que Faisal era proclamado heredero al trono. Faisal estaba mucho más versado en las labores de gobierno que su hermano, y pronto el nuevo rey y su heredero comenzaron a mostrar sus diferencias. Saud sería depuesto por su propia familia en 1964, un acontecimiento insólito en la historia reciente del reino. ¿Cómo se llegó a esa situación?

El primer motivo fueron los problemas económicos. A pesar de que los ingresos por el petróleo no dejaban de aumentar, Saud disparó el flujo de gasto sin ningún tipo de control, y las deudas que había heredado de su padre se multiplicaron. Aunque el nuevo rey canceló los pocos proyectos de obras públicas que había comenzado, no disminuyó el gasto destinado a los demás príncipes de su familia, y los lujos de la enorme familia Saud consumieron las finanzas del estado.

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Fuga en un oleoducto en 1958. Aramcoexpats.

Si anteriormente la familia estaba sujeta a la magnanimidad del patriarca Ibn Saud, que concedía regalos y prebendas a su voluntad, Saud fijó un sueldo anual muy generoso para los improductivos miembros de la familia (32.000$ al año).

En 1958, la deuda saudí alcanzaba los 480 millones de dólares, y los bancos internacionales, así como ARAMCO, el consorcio petrolero que operaba en el país, se negaron a conceder más créditos. El valor del rial se devaluó a la mitad de su precio anterior.

El colapso económico, no obstante, no explica la caída de Saud. El principal motivo de su abdicación forzosa se debió a la lucha que mantuvo con su hermano Faisal por el poder. La historiografía saudí ha presentado el enfrentamiento como el choque entre dos formas de entender el gobierno: una, la de Saud, tribal , medieval y despótica; y la otra, la de Faisal, modernizadora, eficiente y cabal. Sin embargo, las cosas distan de ser tan idealistas. En la práctica, el enfrentamiento tuvo que ver con las ramas de la familia que controlaban los órganos de gobierno.

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Saud en 1952. Wikimedia

Como contaba en la entrega anterior, Abdelaziz Ibn Saud se retiró del gobierno durante sus últimos años, dividiendo las responsabilidades entre Saud y Faisal. Ibn Saud había creado una serie de instituciones de gobierno y ministerios para facilitar su gobierno. Aún así, estaba claro que el poder absoluto estaba en sus manos, pues al fin y al cabo él había sido el conquistador y arquitecto del reino. El problema estuvo, tras su muerte, en el papel que estas nuevas instituciones tendrían en el nuevo gobierno. La última instución que fue creada por Ibn Saud, un mes antes de su muerte, fue el Consejo de Ministros.

Este consejo fue pensado como rama ejecutiva del gobierno. Podía aprobar decretos, pero sus decisiones precisaban de la aprobación del rey. El primer ministro, director del consejo, ejercería como líder del ejecutivo. Y aquí es donde comenzaron los problemas. Faisal, que era ministro de asuntos exteriores, fue designado como primer Primer Ministro (valga la redundancia) del reinado de Saud. Saud, que desconfiaba de su hermano, decidió liquidar el puesto y ejercer él mismo como primer ministro de facto, pues para algo era el rey.

Además, Saud decidió situar a sus hijos y descendientes en los altos cargos de la burocracia en expansión: Los nuevos ministerios de Educación, Comunicación y Agua y Agricultura fueron establecidos durante el primer año de reinado de Saud. El rey decidió además situar a los suyos en los puestos estratégicos. En 1957, Saud nombró a su hijo Fahd ministro de Defensa, y colocó a sus vástagos Sa’ad, Musa’id y Jalid al frente de la Guardia Especial, la Guardia Real y la Guardia Nacional, respectivamente.

Aparte de sus hijos, Saud colocó a personas de su confianza, no ligadas a la familia real, o pertenecientes a ramas menores y colaterales de la descendencia de su padre, a la cabeza de la mayoría de ministerios. Esto enfadó muchísimo a sus hermanos de mayor edad, especialmente a Faisal, que veía como Saud repetía las tácticas con las que su padre se encargó de marginar a sus hermanos a principios de siglo. Uno de los medio-hermanos menores que Saud colocó en el gobierno, Talal, daría mucho que hablar años más tarde.

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Talal. Wikimedia

Los miembros de la familia Saud y sus clientes se acabaron dividiendo en tres bandos informales. En primer lugar, los partidarios del rey Saud, especialmente sus hijos y descendientes directos. En segundo lugar, Faisal, sus tíos, y algunos de sus hermanos, que posteriormente serían llamados los Siete Sudairis. Por último, Talal y sus príncipes libres. ¿Cómo? ¿Príncipes libres?

Así es. Mientras en otros países árabes, las monarquías caían y los regímenes se transformaban gracias a la sociedad civil y grupos de “oficiales libres” (como el de Nasser en Eigpto), en Arabia Saudí este papel lo intentaron desempeñar los hijos menores de Ibn Saud, que reclamaban “reformas” y un gobierno más plural.

Talal había sido parte del gobierno hasta 1961, cuando fue cesado por su ambición y sus roces con Saud y Faisal. Ese año se exilió en Beirut, y allí formó su grupo de oposición, al-umara’ al-ahrar, los príncipes libres, que fue seguido de cerca por la prensa egipcia y libanesa. Entre otras cosas, los príncipes reclamaban una monarquía constitucional y más derechos y libertades, todo ello revestido de retórica inspirada en el panarabismo y el nasserismo.

La sociedad saudí no era especialmente activa en cuestiones políticas, salvo unos pocos afortunados que habían podido estudiar en el extranjero. Los trabajadores de la industria petrolera, gracias a la influencia de los inmigrantes de otros países árabes, fueron capaces de organizar varias huelgas exitosas para reivindicar mejores condiciones laborales. Más allá de eso, la política era un asunto familiar y dinástico, y solamente los Saud y sus protegidos se interesaban por el tema.

El rey Saud, no obstante, desconfiaba del ejército y de sus hermanos y se temía un golpe de Estado. Hay varias anécdotas graciosas al respecto, que incluyen al rey escondiéndose tras haber entendido mal a sus sirvientes. El temido golpe acabó llegando de la forma más inesperada. En 1964, cuando Saud estaba en el extranjero recibiendo tratamiento médico, Faisal formó un nuevo gobierno que excluía a los hijos de Saud e incluía a Fahd, Sultan y otros de los mencionados “Siete Sudairis”. Prometieron una serie de reformas básicas, así como la abolición de la esclavitud y la redacción de unas leyes básicas.

A la vuelta, el rey rechazó las medidas y amenazó con movilizar a la Guardia Real contra Faisal. Faisal respondió convocando a la Guardia Nacional. Finalmente los ulema y los miembros de la familia más ancianos intervinieron y forzaron un compromiso. Saud se iría al exilio en Grecia, donde moriría 5 años más tarde, y Faisal se convertiría en nuevo rey. Un golpe intrafamiliar y sin sangre.

Diplomacia saudí en la era de la independencia

Otro de los grandes problemas de Saud fue su diplomacia errática. Su reinado (1953-1964) coincidió con un periodo muy interesante en la política de los demás países árabes. Podéis encontrar un poco más de contexto en este artículo.  Dos tendencias destacan en esta década. En primer lugar, la sustitución de las monarquías liberales resultantes de la descolonización por repúblicas de corte socialista, a menudo gobernadas por los militares (Egipto en 1952 era el caso más reciente). En segundo lugar, la lucha entre EEUU y la URSS por la influencia en la región.

monarquias republicas 1950

monarquias republicas 2016Monarquías en 1950 y monarquías en la actualidad. Hay un error, y es que Siria ya era una república en 1950.

Sin embargo, los principales enemigos de los saudíes seguían siendo los hachemitas, que gobernaban en Jordania e Iraq (para más información, véanse Arabia Saudí II, III, y La colonozación de Oriente Medio). Saud intentó apaciguar a Nasser, que había tomado el poder en Egipto, a la vez que firmaba con él un tratado de defensa mutua en 1955, pensado para contrastar la creciente influencia de los hachemitas y el Pacto de Bagdad.

Siguiendo el ejemplo del líder egipcio, Saud intentó adoptar la retórica del nacionalismo árabe y buscó acuerdos con los países de la órbita soviética. También intentó eliminar algunos de los monopolios de los que la empresa ARAMCO disfrutaba en su país, como los derechos sobre el transporte del crudo, algo que no sentó muy bien en la empresa y en EEUU.

Saud apoyó a Nasser cuando decidió nacional izar el Canal de Suez, y cortó las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña. Las cosas ya se habían puesto tensas entre el reino saudí y el decadente Imperio británico en los últimos años de Ibn Saud, ya que Arabia Saudí había intervenido en las disputas internas de varios emiratos del Golfo (Omán, Abu Dhabi) que estaban bajo la protección británica.

CENTO
El Pacto de Bagdad

No obstante, la relación entre Nasser y Saud no llegó a cuajar. El presidente egipcio visitó Arabia Saudí en 1956, disfrutando de una cálida recepción popular. Esto preocupó mucho a la familia Saud, que no deseaban un levantamiento popular anti-monárquico. Además, Nasser estaba en pleno enfrentamiento contra los Hermanos Musulmanes, un grupo que contaba con las simpatías de los saudíes. Nasser propuso la unión de Egipto, Siria y Arabia Saudí en un único estado, algo que tampoco hizo mucha gracia a los Saud, que veían el país como su propiedad y su cortijo privado.

Cuando Egipto y Siria se unieron en 1958, Saud decidió conspirar para asesinar a Nasser. La trama fue descubierta por la prensa libanesa, llenando a la familia saudí de vergüenza. Faisal y sus hermanos mayores se enfadaron con el rey, al que acusaban de una diplomacia inconsistente y de minar la reputación del reino. Probablemente las semillas de la abdicación forzosa de Saud se sembraron aquí. El año anterior, Saud había visitado al rey hachemita de Iraq, el antaño archienemigo de su familia, para intentar forjar una alianza contra Nasser. El entendimiento no duró mucho, ya que en julio del 1958 el rey de Iraq fue depuesto por los militares, apoyados por el partido Baath y los nasseristas.

Esta Guerra Fría entre Saud y Naser se desplazó entonces a Yemen, donde en 1962 Abdulá al Salal, un oficial apoyado por los egipcios, depuso al monarca yemení e instauró una república, la primera república en la península arábiga, y una amenaza vital para la supervivencia del reino saudí. Se inició así un conflicto entre Egipto y Arabia Saudí con Yemen como campo de batalla. Saud apoyó a los realistas, mientras que Nasser aportó tropas y financiación a los partidarios del nuevo presidente . Cuando Saud fue depuesto, el conflicto civil en Yemen no había terminado. Arabia Saudí interviniendo en Yemen… nos suena terriblemente actual, ¿verdad?

Esta intervención fue apoyada por los EEUU, gracias especialmente a la mediación del futuro rey, Faisal. EEUU acordó establecer un sistema de defensa aérea en la fontera con Yemen y realizó maniobras conjuntas con los saudíes, así como ejercicios de intimidación contra los egipcios. La cosa no llegó a más, pues Kennedy no quería tensar las relaciones con Egipto, y además entendía que su responsabilidad se limitaba a proteger los yacimientos petrolíferos y el suministro de crudo.

EEUU y Arabia Saudí no se entendieron bien durante la primera mitad de los 60. Faisal, que se encargaba de los asuntos exteriores, trató de mejorar las relaciones con Gran Bretaña a raíz del conflicto en Yemen. Sin embargo, los británicos no disponían de los medios ni de la sganas para apoyar la campaña saudí en Yemen. Además, Faisal entendió bien que en el nuevo mundo bipolar los británicos jugaban un papel secundario. El futuro pertenecía a EEUU y la URSS, y dado que los saudíes eran fervientemente anti-comunistas (al fin y al cabo, la suya era una monarquía despótica apoyada en la religión), decidieron que su supervivencia pasaba por llevarse bien con los americanos, que además tenían importantes intereses económicos en el país.

Saud no solo había llevado acabo una política interna errática y económicamente desastrosa, sino que sus esfuerzos diplomáticos fueron en vano y a menudo contraproducentes.

Durante el reinado de Faisal, Arabia Saudí abandonó su posición marginal en la región y se consolidó como potencia. Lo veremos en la siguiente entrega.

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