Arabia Saudí VII: el despotismo ilustrado de Faisal (1964-1975)

Historia de Arabia Saudí
1Geografía y primer emirato saudí (1744-1818)
2 – El siglo XIX (1818-1919)
3 – Conquista y dominio (1919-1926)
4 – El reino antes del petróleo (1926-1938)
5 – Petróleo con sabor americano (1938-1953)
6 – El breve reinado de Saud (1953-1964)
7 – El despotismo ilustrado de Faisal (1964-1975)

Introducción

En la anterior entrega contaba como el rey Saud había sido obligado a abdicar, siendo sustituido por su hermano Faisal, también hijo del patriarca y fundador del reino, Ibn Saud. Si el reinado de Saud se caracterizó por el caos económico y el malestar en el seno de la familia saudí, el de Faisal lo haría por los motivo contrarios.

Faisal invirtió las ganancias del petróleo en la consolidación del Estado, cuya estructura expandió enormemente, en la creación de infraestructuras y en el desarrollo de servicios públicos básicos, especialmente educación. Paralelamente, maniobró para que el monarca tuviera un control mucho más firme sobre las riendas del Estado que durante el periodo en el que Saud estuvo al mando. Por estos motivos me gusta denominar a Faisal como un déspota ilustrado: todo para el pueblo, pero por supuesto sin el pueblo.

Faisal pone orden en casa

Los primeros pasos del reinado de Faisal consistieron en evitar el tipo de errores que había cometido Saud. Es decir, mantener el orden interno en la extensísima familia saudí para evitar envidias y conspiraciones palaciegas. El principio fundamental que siguió Faisal fue el de repartir el poder entre sus hermanos y medio hermanos, que serían la generación que hasta 2017 estaría en control de los asuntos del reino. En lugar de tratar de colocar a sus hijos en posiciones de poder como había hecho Saud, Faisal designó a algunos de sus hermanos de mayor edad (Nayef o Sultan, por ejemplo) para los puestos estratégicos, como el ministerio de Interior o el de Industria, a la vez que mantuvo a los príncipes veteranos que ya disfrutaban de posiciones de responsabilidad (Fahd) . Jálid, 7 años menor que Faisal, fue designado príncipe heredero y de hecho se convertiría en rey tras la muerte de Faisal.

Paralelamente, la figura del defenestrado rey Saud se fue eliminando poco a poco de la memoria pública. Su retrato se quitó de edificios públicos a la vez que las instituciones que llevaban su nombre (como la actual Universidad de Riad) eran rebautizadas. No me quiero extender con el culebrón interno de la familia saudí, pero quiero que una idea quede clara: Faisal sentó las bases del sistema de sucesión saudí que se ha respetado hasta la nominación de Mohammed bin Salman este año. El trono y los puestos de poder no se transmitirían de padres a hijos, sino entre los hijos mayores de Ibn Saud.

saudi treeÁrbol genealógico resumido de los Saud. El aún rey Salman (que llegó al trono en 2015) es uno de los hermanos menores de Faisal. Nació en 1935, y desde 1963 hasta 2011 fue gobernador de Riad. Houseofsaud.com

Una vez tranquilizados los hermanos de Faisal y marginados los hijos y nietos de Saud que aún conservaban algún poder, Faisal y su equipo se encargaron de que el díscolo Talal y sus príncipes libres continuaran en el exilio y no supusieran ninguna amenaza. Su propuesta de convertir Arabia Saudí en una monarquía constitucional no tenía partidarios entre los miembros más destacados de la dinastía, y los príncipes libres no contaban con una base social nativa que compartiera sus reivindicaciones, de modo que su movimiento se fue desinflando. Faisal, de hecho, concentró aún más poderes en la figura del monarca, eliminando cargos y duplicidades que podían amenazar su dominio del Estado saudí.

Desarrollo y modernización

Uno de los primeros objetivos de Faisal, sus hermanos mayores y sus asesores fue arreglar las maltrechas finanzas saudíes. Para ello, eliminaron gastos fastuosos innecesarios y elaboraron el primero de una serie de planes quinquenales. Los Saud eran anti-comunistas, eso seguro, pero eso no significa que no creyeran en la economía planificada. Los planes dieron sus frutos: el PIB de Arabia Saudí se multiplicó por 15 entre 1964 y 1975. Factores como el aumento de los precios del petróleo a raíz de la crisis de 1973 ayudan a explicar este desarrollo espectacular (en 1975 el petróleo suponía tres cuartos de los ingresos estatales), pero no hay que negar la gestión por parte de Faisal y los suyos.

Los planes de desarrollo seguían el modelo de modernización en boga en los años 60 y 70. El Estado saudí financió la construcción de infraestructuras (carreteras y otras conexiones de transporte, alumbrado, agua corriente), a la vez que desarrollaba un sistema de educación pública gratuita. El gran problema de Arabia Saudí en los años 50 y 60 es que había tenido que importar mano de obra cualificada de otros países árabes para la industria petrolera y la creciente burocracia. Esto planteaba problemas sociales ademas de económicos, pues los inmigrantes traían consigo nuevas costumbres e ideas peligrosas y revolucionarias.

3840264669Proximidades de la Meca, década de 1970. Fuente: Aramcoexpats

El gobierno de Faisal estableció numerosas escuelas públicas y varias universidades técnicas y religiosas, e incluso promovió la educación femenina. Esto último preocupó seriamente al clero, al que se tranquilizó otorgándole el control sobre las escuelas para chicas. En general, Faisal consiguió reducir paulatinamente la dependencia de la mano de obra extranjera, proporcionando empleos cualificados a muchos de sus súbditos, que además no pagaban impuestos.

Arabia Saudí, al fin y al cabo, es uno de los ejemplos clásicos de Estado rentista, y el modelo se consolidó durante el reinado de Faisal. El desarrollo económico, especialmente, posibilitó la expansión del Estado y la creación de una burocracia sólida, superandose así los modelos rudimentarios e informales implantados por Ibn Saud. Cada vez más súbditos estaban a sueldo del Estado como funcionarios o soldados a la vez que más servicios públicos estaban al alcance de los saudíes.

Los monarcas saudíes siempre habían sido vistos como proveedores y redistribuidores de riqueza. En la cuarta entrega explicaba cómo antes del descubrimiento del petróleo Ibn Saud mostraba su poder organizando banquetes para sus súbditos y concediéndoles regalos. Durante el reinado de Faisal, esta generosidad real se traducía en sanidad y educación públicas y de calidad, vivienda pública, parques y jardines, becas para estudiar en Estados Unidos y un sinfín de “obsequios”. La sociedad de consumo se implantó poco a poco entre los saudíes, no sin reservas de los círculos más conservadores.

Si los súbditos de a pie disfrutaban de nuevos servicios, las ramas colaterales de los Saud y las élites tribales de la periferia del Estado no se quedaron atrás. Cada príncipe saudí se rodeó de un círculo particular de cortesanos pelotas (líderes tribales en decadencia, primos sin poder y sin sueldo estatal) a los que llevaban de viaje por Europa y daban donativos regulares. Los miembros menores de la familia Saud, que no necesitaban la limosna de algún príncipe más importante pero que no esperaban ocupar ningún cargo político, se dedicaron al mundo de los negocios aprovechando sus lazos familiares para obtener suculentos contratos públicos y acuerdos comerciales ventajosos.

desalination-plantSello conmemorativo de la inauguración de la primera desaladora en 1971 (1391 de la era islámica). Me encantan los sellos como fuente histórica, pues muestran la “ideología oficial” que el Estado trata de transmitir.

Arabia Saudí, en fin, entraba en el mundo desarrollado y consumista. Esto, sin embargo, generó grandes tensiones. Hace tiempo que no hablamos de ellos, pero no viene mal recordar que el reino saudí era el fruto de un acuerdo entre la familia Saud y el estamento clerical wahabí. Y los wahabíes, recordemos, no eran muy amigos de las innovaciones.

Religión y Estado durante el reinado de Faisal

En 1965, una multitud enfurecía chocaba con las fuerzas de seguridad saudíes en Riad. El líder de la protesta, un sobrino lejano del rey llamado Jalid bin Musaid, era abatido por la policía. El motivo de los disturbios, por llamativo que parezca, era la inauguración de la primera cadena de televisión en Arabia Saudí.

Buena parte de los saudíes no veían con buenos ojos las nuevas tecnologías. En su libro, Ángeles Espinosa cuenta como una simple bicicleta era calificada como “el caballo del diablo” a mediados de siglo XX. La doctrina wahabí era una de las causas de esta reticencia al progreso tecnológico .Para continuar con sus planes de desarrollo, Faisal necesitaba tranquilizar a los hombres de religión e incorporarles a la estructura del Estado saudí, a la vez que debía marginar y silenciar a los clérigos intransigentes que no estaban dispuestos a cooperar.

¿Os acordáis de los mutawain? Hablé de ellos en la tercera entrega. Los mutawain eran clérigos no profesionales que se encargaban de difundir la doctrina wahabí y pegar con un palo a los que no la respetasen, y fueron un factor fundamental en la consolidación del reino de Ibn Saud. Desde entonces, habían disfrutado de privilegios y ejercían como policía religiosa. Faisal dió un paso más en el desarrollo de los lazos entre el Estado y el estamento religioso. Escogió a los más “educados” de entre ellos y los puso al frente de las recién creadas universidades religiosas, a expensas de los ulema más consolidados de regiones como Hiyaz. Los ulema hiyazíes pertenecen por lo general a la escuela malikí, mientras que los Saud siguen la doctrina wahabí, que a su vez pertenece a la escuela hanbalí. Si todo esto os suena a chino, quedaos con que los Saud fomentaron su propia visión del islam suní por encima de la que es tradicional en otras regiones del país.

faisal rezandoEl rey Faisal rezando. Getty Images.

La doctrina wahabí, que hasta entonces había sido transmitida informalmente en las madrasas cercanas a la mezquita, se desplazó a las recien establecidas universidades religiosas, donde adquirió una estructura formal y estandarizada. Muchos mutawain se convirtieron así en ulema propiamente dichos.  Mientras tanto, el número de mutawain encargados de velar por la moral pública aumentaba. Como he mencionado arriba, el clero wahabí se hacía además con el control de la recién establecida educación femenina, lo que aumentaba aún más su influencia en la sociedad saudí. Los clérigos que rechazaban realizar concesiones al desarrollismo de Faisal eran excluidos del funcionariado y de las escuelas y universidades religiosas.

Estado y wahabismo, una vez más, se fundían en una provechosa alianza. Salvo en asuntos puntuales, el clero saudí apoyó y sancionó religiosamentecasi todas las decisiones del monarca.

La diplomacia de Faisal: Arabia Saudí se convierte en potencia regional

En el plano diplomático, el reinado de Faisal puede considerase un éxito. La política errática de Saud fue sustituida por una estrategia planificada a la vez que oportunista que consiguió convertir a Arabia Saudí en la principal potencia árabe.

Las principales amenazas exteriores para los Saud eran las nuevas ideologías del baazismo y el nacionalismo árabe. Para contrarrestarlas y obtener apoyo frente a las repúblicas árabes, Faisal adoptó una retórica panislamista que hizo las delicias del clero saudí a la vez que proyectaba a Arabia Saudí más allá del mundo árabe, estrechando sus relaciones con países como Pakistán o Irán. La Liga Mundial Islámica (1962) y la Organización para la Cooperación Islámica (1969) surgieron gracias a la iniciativa de Faisal, que las dio sede y financiación. Los saudíes también comenzaron a financiar la construcción de mezquitas y madrasas a lo largo del globo, y gracias a su generosidad, consiguieron que su rol de “Guardianes de los Santos Lugares” adquiriese un carácter político.

Faisal subió al trono durante la intervención saudí en Yemen, en lo que era una suerte de guerra fría entre Egipto y Arabia Saudí. Comenté el asunto al final de la entrega anterior. En 1965, Nasser y Faisal llegaron a un acuerdo por el cual Egipto retiraría sus tropas al final del año siguiente y Arabia Saudí dejaría de apoyar a los realistas. Nasser tenía objetivos más ambiciosos en Palestina y le venía bien liberar algunas de sus tropas.

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Faisal, Gadafi, Iryani (presidente de Yemen) y Nasser. BBC

La guerra de los Seis Días de 1967, un ataque preventivo del ejército israelí contra sus vecinos, fue un tremendo desastre para los nacionalistas árabes liderados por Nasser. En menos de una semana, Egipto perdió el control de Gaza y el Sinaí, Siria los altos del Golán, y Jordania se quedó sin Jerusalén y Cisjordania. Libia, Kuwait y Arabia Saudí (productores de petróleo) anunciaron que ayudarían económicamente a los países de la “línea de frente”. Con Nasser neutralizado por su incapacidad para defender su país, Faisal tenía vía libre para seguir con su proyecto de convertir a Arabia Saudí en potencia regional a golpe de talonario. Cuando Nasser fue sustituido por Sadat en 1972, Egipto, necesitado de ayuda financiera, pasó a entrar en la esfera de influencia saudí.

Gracias al apoyo económico saudí los egipcios restauraron su maltrecho ejército y en 1973 sorprendieron a los israelíes en la guerra de Yom Kipur. Sadat tenía el apoyo logístico y moral de Faisal, que había suscrito los tres principios acordados por los mandatarios árabes en 1967: no al reconocimiento del estado de Israel, ni a las negociaciones con ellos, ni a la paz. Sin embargo, su apoyo a los palestinos y la OLP no estaba justificado desde un punto de vista nacionalista árabe, sino religioso, dada la importancia de Jerusalén como lugar sagrado islámico. Los saudíes consiguieron que otros estados musulmanes apoyasen la campaña contra Israel, y además financiaron a la OLP y a sus campos de entrenamiento en varios países árabes.

Arabia Saudí y otros países árabes productores de petróleo acordaron subir los precios del crudo en 1973 como consecuencia del apoyo a Israel por parte de los EEUU y Europa. Esto causó una crisis económica mundial sin precedentes, a la vez que aumentaba enormemente los ingresos de los saudíes. Faisal se convertía en el líder simbólico de la nación árabe, un monarca capaz de desafiar a los americanos. No obstante, la historiadora Madawi al-Rasheed afirma que Arabia Saudí no quería recurrir al embargo y solo se unió a él cuando no podía rechazarlo por miedo a perder su recién obtenido liderazgo en el mundo árabe.

1101731119_400Faisal en la portada de Time, Noviembre de 1973.

Faisal estaba entre la espada y la pared. Por un lado, debía hacer honor a su condición de nuevo líder de los árabes y mantener el pulso a los americanos y los israelíes, tal y como demandaban los líderes nacionalistas árabes de sus países vecinos (Siria, Iraq, Yemen). Por otro, necesitaba no alienar demasiado a los americanos, de quienes dependía para la explotación y exportación de petróleo y para su protección militar frente a los regímenes panarabistas. Al final, Faisal logró sus objetivos forzando a la OPEC a mantener una política de precios moderados y aumentando la producción de crudo a los pocos meses de ser iniciado el embargo, lo que fue premiado cpn una serie de acuerdos para la formación del ejército saudí y la adquisición de armamento pesado americano.

En julio de 1968 los baazistas iraquíes se hacían con el control del gobierno de su país con un golpe de Estado. Bagdad sustituía a El Cairo como capital simbólica del nacionalismo árabe, y allí se daban cita los escasos disidentes y opositores izquierdistas saudíes, así como algunos círculos chiíes. Esta oposición era muy reducida y apenas tenía influencia, aunque se mantuvo activa durante un tiempo y consiguió publicar revistas y panfletos en los que se criticaba a la monarquía.

El asesinato del rey Faisal

Todo parecía atado y bien atado en Arabia Saudí. La familia real estaba en orden, la población parecía contenta con la bonanza económica, la ausencia de impuestos y los servicios públicos de calidad. Egipto, el gran rival ideológico y militar de los saudíes había fracasado en su guerra contra Israel y se había convertido en un satélite de los saudíes. Faisal gozaba de prestigio internacional y el reino saudí se consolidaba como referente en el mundo islámico. Y, sin embargo, Faisal murió asesinado.

El regicida, sin embargo, no era un opositor izquierdista o un espía internacional. Como suele suceder en Arabia Saudí, se trataba de un asunto doméstico de la familia Saud. He mencionado antes la manifestación contra la televisión pública en 1965 en la su líder, un joven príncipe llamado Jálid ibn Musaid, había muerto a manos de la policía. Diez años después, el hermano de este Jálid, que también se llamaba Faisal, decidió asesinar al monarca durante una de las tradicionales reuniones en las que el rey recibía a dignatarios extranjeros y miembros de su familia.

the-one-and-only-during-the-1973-arab-israeli-war-when-9579212Meme conspiranoico en el que se afirma que Faisal fue ejecutado por la CIA a causa de la crisis del petróleo.

¿Los motivos? Hay quien dice que fue una venganza por la muerte de su hermano; otros afirman que la venganza era por la deposición del rey Saud, ya que el joven Faisal se iba a casar con la hija del antiguo rey; otras versiones dicen que fue un asunto de drogas o incluso un complot de la CIA. Lo único cierto es que el rey Faisal estaba muerto y el 25 de marzo de 1975 su hermano Jálid ibn Abdulaziz se convertía en el nuevo sultán de Arabia Saudí.

Jálid reinaría hasta 1982, y su mandato coincidiría con la revolución iraní. Hablaremos de ello en la siguiente entrega.

 

 

 

 

 

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La construcción del Estado postcolonial

Continuamos con la tercera parte de la Breve Historia de Oriente Medio. Ayer resumimos brevemente el periodo de las independencias y las relaciones de EEUU con los países de Oriente Medio durante la Guerra Fría. Hoy hablaremos de los cambios políticos, económicos y sociales que experimentaron las sociedades de la región durante las primeras décadas de la independencia (1940-1970), centrándonos en las revoluciones políticas y las “reformas” emprendidas por los distintos gobiernos.

Revolución y modernización

Como vimos, tras la descolonización muchos países de Oriente Medio como Irak o Egipto se convirtieron en monarquías. Estos reyes, colocados por las potencias occidentales, a menudo no eran más que gobernantes títere, que además no redistribuían la riqueza ni satisfacían las exigencias de libertad y participación política de sus súbditos. La mayoría de estos regímenes cayeron en revoluciones populares, casi siempre dirigidas o supervisadas por el ejército.

monarquias republicas 1950

monarquias republicas 2016

Los protagonistas de las revueltas eran jóvenes oficiales de rango medio del ejército, pertenecientes a la clase media-baja. Estaban inspirados por las ideologías que habían permeado sus países desde finales del siglo XIX: palabras como nacionalismo, modernización, secularización e industrialización adornaban sus discursos y proclamas. Sus modelos, aunque no lo reconociesen necesariamente, eran Atatürk y en menor medida, Reza Khan (LINK), dos líderes que habían surgido del ejército, habían derrocado a las monarquías y habían asegurado la independencia de su países frente a Rusia y Occidente. Quizá el ejemplo más famoso de este tipo de oficiales revolucionarios sea el egipcio Gamal Abdel Nasser, pero las primeras rebeliones y golpes de Estado militares tuvieron lugar en Irak ya en 1936.

En Egipto, Nasser y otros militares formaron una organización secreta conocida como los Oficiales Libres. Descontentos con la monarquía y la ocupación británica, en 1952 organizaron un golpe de Estado que derrocó al rey Faruq, y forzaron la evacuación británica del país. Aunque en un principio fueron apoyados por organizaciones izquierdistas y los Hermanos Musulmanes, pronto Nasser y los suyos eliminaron a toda oposición, estableciéndose un régimen militar nominalmente laico y pan-árabe. Poco a poco, las monarquías fueron cayendo en Oriente Medio. A Egipto le siguieron Túnez (1956), Irak (1958), Yemen (1962), Libia (1969), y finalmente Irán (1979). De las 15 monarquías que había en Oriente Medio y el Norte de África en 1945 solo quedan 8 hoy día: Marruecos, Arabia Saudí, Jordania, Omán, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahrain y Kuwait. Salvo Marruecos y Jordania, todas están en el golfo Pérsico y forman el CCEAG.

El socialismo panárabe y el partido Baath se merecen un artículo aparte. De momento, quedémonos con la idea de que los nuevos regímenes revolucionarios enarbolaron el pan-arabismo (es decir, la idea de que todos los estados árabes deberían unirse y formar una sola nación). Algunos de ellos incluso llegaron a eintentar ponerlo en práctica, siendo el ejemplo más notable la fallida República Árabe Unida que abarcaba Egipto y Siria entre 1958 y 1961. En general, todos los gobernantes, incluyendo a los monarcas del Golfo y las élites nacionalistas de Irán y Turquía, abrazaron una idea conocida como el “modernismo”: Esta teoría postulaba que la industrialización y el “progreso” harían que la población abandonase sus hábitos “tradicionales” y se fueran secularizando cada vez más, a la vez que permitirían a las naciones descolonizadas abandonar el estatus de países económicamente dependientes. Quizá el mayor exponente académico de dicha teoría sea el norteamericano Daniel Lerner.

Economía y construcción estatal

Los países árabes donde las monarquías fueron derrocadas eran, con la excepción de Libia, bastante parcos en recursos naturales. Es decir, no disponían de amplias reservas de petróleo, lo que hacía que los Estados no dispusieran de un flujo constante de ingresos, como sí lo hacían las monarquías del Golfo o Irán. A pesar de esta dificultad, muchos de los nuevos regímenes (Egipto, Siria, Irak, Yemen del Sur, Libia) se autodenominaron “socialistas” y trataron de redistribuir la riqueza para contentar a la población y contrarrestar la falta de libertades políticas. De este modo, iniciaron un programa de nacionalizaciones de éxito dispar, e invirtieron en nuevas industrias de propiedad estatal, formándose así un amplio sector secundario nacionalizado. En algunos casos, esto sirvió para generar ingresos, y por lo general estas medidas aliviaron el desempleo y crearon un sector del proletariado afín a los gobiernos militares.

Además de nacionalizar los recursos e industrializar, los nuevos gobiernos revolucionarios se embarcaron en un proceso de construcción y consolidación de Estado. La idea aquí era “alcanzar” a Occidente, consiguiendo estados poderosos y eficientes que pudieran garantizar la independencia y la estabilidad. El desafío y la dificultad residían en que esto debía de hacerse en un plazo de tiempo corto, en apenas un par de décadas, mientras que Europa había tenido siglos para modernizar y establecer sus eficaces burocracias. Por tanto, la modernización del país debía ser dirigida por las élites, que intervendrían en la economía con reformas agrarias y las ya mencionadas nacionalizaciones e industrialización. Adicionalmente, la estructura de los estados y el tamaño de la burocracia se ampliaron notablemente, y se establecieron universidades y escuelas estatales, además de un importante sector militar. También se llevaron a cabo faraónicas obras públicas, como la presa de Assuan en Egipto. Estas medidas no son exclusivas de Oriente Medio; en Argentina tenemos el ejemplo de la industrialización dirigida por Perón y en España las medidas de Franco durante la época de la autarquía.

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El Mogamma, un enorme edificio administrativo de los años 40 en la plaza Tahrir de El Cairo. Fuente: Scott Nelson

Demográficamente, se iniciaba un periodo de elevada natalidad, a la vez que se reducía la mortalidad. La población aumentaba, lo que hacía mucho más necesario que se llevaran a cabo “reformas”. Los países que disfrutaban de rentas petroleras pudieron manejar la situación con mayor libertad. En algunos casos, como en Arabia Saudí, el dinero del petróleo se repartió entre los centenares de príncipes que conformaban la dinastía, lo que les permitió una vida de lujo y confort. En otros, como Irán, el petróleo sirvió para pagar caro armamento de última generación y para financiar la revolución blanca. En general, los gobiernos que disponían de petróleo acabaron convirtiéndose en dependientes del oro negro para financiar sus crecientes burocracias y ejércitos, lo que acaba determinando su política exterior. La economía dependía del Estado, que a su vez dependía del petróleo, cuyo precio variaba según la época. No se formaban burguesías o clases medias económicamente independientes del Estado que pudieran poner en entredicho la legitimidad del régimen. Esta idea, el “Estado rentista” , es la principal (si no la única) contribución teórica del campo académico de los Estudios Orientales en los últimos 50 años.

 En algunos países estas reformas tuvieron éxito y la población apoyó a los regímenes. En otros, por el contrario, la situación se descontroló y, ante el posible descontento popular, el Estado decidió armarse para machacar a la disidencia, dando pie a los denominados “Estados búnker”, como la Libia de Gadafi. Reprimida la oposición interna, a veces no quedaba más remedio que rentabilizar la inversión en armamento atacando países vecinos, como hizo Sadam Hussein con Irán (1980) y Kuwait (1990). En la mayoría de naciones, no obstante, se produjo un equilibrio entre ambas tendencias, acompañándose la ampliación de las fuerzas de seguridad con un incremento del aparato del Estado y del empleo público.

Nasser_Idris_INasser y el rey Idris de Libia. Wikimedia

La segunda mitad del siglo XX presenciaría el auge de la política de masas, como sucedió en el sur de Europa hacia los años 20 y 30. Lo veremos en el siguiente artículo.