La revolución constitucional iraní (1905-1911)

1905. El sha de Irán, Mozaffareddín Shah Qayar, vuelve a su país tras su tercer viaje por Europa. El rey, que llevaba en el trono sólo una década, había comprometido las finanzas del Estado al concertar varios préstamos con acreedores rusos y británicos. Más que para mejorar la administración o la infraestructura del país, el dinero sirvió principalmente para pagar los gastos suntuarios del monarca, como el mantenimiento de su corte y sus estancias en varios balnearios de Europa, recomendadas por su médico personal. Para pagar sus deudas, había subido los impuestos y vendido concesiones de explotación de recursos (como el recién descubierto petróleo).

La presión fiscal, la penetración política y comercial de rusos y británicos y los abusos de poder de las autoridades aumentaron el descontento popular. Tras una vejación pública a dos mercaderes, varios miembros de los grupos sociales más influyentes en Teherán, los comerciantes y el clero, se organizaron y comenzaron una campaña de protestas y encierros en santuarios, una táctica que había dado resultado quince años atrás durante el movimiento contra la concesión del monopolio del tabaco a los británicos. Tras meses de tensión, y ante una capital desierta y bloqueada por los cierres, el rey se vio obligado a aceptar una monarquía parlamentaria como forma de gobierno.

Celebraciones tras la promulgación de la constitución. Fuente: Wikimedia

La revolución constitucional es recordada en Irán como una época de efervescencia política y cultural. Se multiplicaron los periódicos y publicaciones de todo tipo, además de las organizaciones políticas y artísticas. El movimiento revolucionario estaba integrado por distintos actores de la sociedad iraní, desde mercaderes descontentos con la situación económica y la injerencia occidental a jóvenes intelectuales que aspiraban a incorporar instituciones de gobierno representativas como las de algunas monarquías europeas, además de ayatolás críticos con los abusos del poder monárquico y mujeres que denunciaban las desigualdades y aspiraban a una educación y derechos políticos.

El primer parlamento, elegido por sufragio universal masculino a finales de 1906, se apresuró a redactar una constitución que limitaba y regulaba los poderes sha y ponía el poder legislativo en manos del parlamento, que también se reservaba el derecho de aprobar préstamos, concesiones económicas y la construcción de infraestructuras. La constitución establecía el chiísmo duodecimano como religión oficial del país e instituía la creación de un comité integrado por cinco ayatolás designados por el parlamento para garantizar que las nuevas leyes no entraran en conflicto con la doctrina islámica. El clero, económica independiente en Irán desde hacia varios siglos y muy activo en el movimiento constitucional, conseguía por primera vez poder político efectivo.

El sha Mozaffareddín, enfermo, procrastinó ratificar la constitución hasta prácticamente su lecho de muerte a principios de 1907. Su sucesor, Mohammad Alí Shah, no acató la nueva constitución y trató de acabar con el parlamento a través de coacciones y violencia. El caos se desató en Teherán, con disturbios, asesinatos políticos y una durísima represión. En junio de 1908, tras un intento de magnicidio, el rey organizó un golpe militar contra el parlamento. Tras bombardear el edificio y reducirlo a ruinas, los cosacos persas, al mando del coronel ruso Liájov, capturaron y ejecutaron a los supervivientes. Las noticias de la represión en Teherán se extendieron por el país

En Tabriz, capital del Azerbaiyán meridional y una de las ciudades más pobladas y desarrolladas, las milicias populares resistieron el asedio de las tropas reales hasta que fueron expulsados por los rusos, que ocuparon la ciudad con el pretexto de proteger las vidas y propiedades de los europeos. Los milicianos, que se hacían llamar fedayines o muyahidines, se dirigieron a la provincia de Guilán. Allí se les unieron varios grupos revolucionarios locales con los que emprendieron la marcha hacia Teherán. Mientras tanto, por el sur, una insurrección de los bajtiari conseguía expulsar al ejército real de Isfahán y avanzaba también hacia la capital.  En julio de 1909, los revolucionarios tomaron Teherán. El rey se refugió en la embajada rusa y su hijo Ahmad, de apenas once años de edad, fue proclamado sha por el segundo parlamento.

Alfombra conmemorativa de la revolución, actualmente en el Museo constitucional de Tabriz. Fuente: Wikimedia

Poco antes, Rusia y Gran Bretaña, las dos grandes potencias que en el siglo anterior se habían disputado el control de Asia Central durante el Gran Juego, habían firmado un acuerdo secreto en el que dividían Irán en zonas de influencia: el norte y el centro del país, incluyendo la capital e Isfahán, caerían bajo la esfera rusa, Baluchistán bajo la británica, y el sur y la costa del Pérsico serían una zona neutral. Por su parte, los otomanos, aprovechándose de la inestabilidad ocuparon algunas zonas del Azerbaiyán y el Kurdistán iraní hasta que fueron expulsados por los rusos en 1911. Tanto el Zar de Rusia como el Sultán Otomano, asediados por sus propios movimientos constitucionalistas (la revolución rusa de 1905, la revolución de los jóvenes turcos en 1908) tenían motivos para recelar del éxito político de los iraníes.

Mientras tanto, inspirados por el éxito de los japoneses en su guerra contra los rusos, los nuevos gobiernos trataron de reducir la influencia de las grandes potencias. Estados Unidos era entonces percibido entre los revolucionarios como una república moderna y neutral que podría actuar como contrapeso ante los poderes imperiales, Rusia y Gran Bretaña. En 1911, el parlamento iraní, siguiendo recomendaciones de Washington, decidió nombrar al funcionario estadounidense William Shuster como tesorero del Estado. Shuster organizó una policía fiscal, y para encabezarla propuso a un oficial británico. Esto enfureció a los rusos, que consideraban que cualquier cargo extranjero que actuase en su zona de influencia debía estar bajo su control, y amenazaron a Irán exigiendo que en adelante no podría nombrar asesores extranjeros sin el permiso de Rusia y Gran Bretaña. Tras un ultimátum ruso y el avance hacia Teherán de las tropas rusas acantonadas en el Azerbaiyán meridional, el gobierno del regente Naser al-Molk disolvió el parlamento y destituyó a Shuster.

Tropas rusas en Irán, 1911. Fuente: Wikimedia

El regente restauró la censura de prensa, mantuvo el parlamento disuelto y gobernó bajo la atenta supervisión de los rusos, que siguieron ocupando el norte del país, y los británicos, que comenzaban a disfrutar de los beneficios de la concesión de la explotación del petróleo en el sur del país, firmada en 1901 pero cuyos beneficios no se materializaron hasta 1913, cuando la Compañía Petrolera Anglo-Persa ( Anglo Iranian Oil Company) comenzó el refinado de combustible en Abadán.  Terminaba así la revolución constitucional, un periodo que pasaría a la memoria histórica iraní como una época de esperanza y transformación política aplastado por la intervención imperialista.

Su epílogo fue la masacre de Mashad en 1912, en la que las tropas rusas bombardearon y profanaron el histórico santuario del Imán Reza, matando a treinta y nueve personas e hiriendo a decenas y violando la santidad de un espacio tradicionalmente vetado a los no chiíes. El suceso causó indignación en Irán, y sería recordado como un humillante ejemplo de la sumisión del país al imperialismo ruso.

Detalle de una ilustración contemporánea de la masacre. Fuente: Biblioteca Nacional de Qatar
Foto de los daños sufridos por el monumento. Extraída de Rudi Mathee y Elena Andreeva (eds.), Russians in Iran: Diplomacy and Power in the Qajar Era and Beyond, p 164