A 24 años del Choque de Civilizaciones: vigencia del pensamiento de Samuel Huntington en las Relaciones Internacionales

Vídeo de mi ponencia en el marco de la conferencia “Desde el pensamiento global en las Relaciones Internacionales hacia la actuación nacional: lecciones para El Salvador y Centroamérica”, organizada por la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad de El Salvador el 16 de noviembre de 2017.

Debido a problemas técnicos, mi participación tuvo que realizarse a través de este vídeo y no de una llamada de Skype como estaba inicialmente previsto. Lo grabé en mi casa en Oldenburg (Alemania) el día anterior.

Texto relacionado: Huntington y el nuevo orden mundial, en El Orden Mundial. Son los mismos argumentos, desarrollados de otra forma.

Luces y sombras del Qatar contemporáneo (y III)

Último artículo de la serie. Aquí puedes encontrar el primero y el segundo. Hoy hablaremos de las últimas cuatro puntos débiles de Qatar: los derechos de los inmigrantes, la ausencia de libertad de prensa, el giro intervencionista en la política exterior, y algunos problemas de imagen relacionados con el Mundial de fútbol de 2022.

5 debilidades de Qatar

2 – Derechos de los inmigrantes

Solo el 20% de los habitantes de Qatar poseen la nacionalidad, y aquellos que trabajan lo suelen hacer en el sector público. El resto de la población se compone de inmigrantes o “trabajadores invitados” de una amplia variedad de nacionalidades, convirtiendo a Qatar en uno de los países del mundo con mayor porcentaje de población extranjera. El status social de los migrantes está determinado por su lugar de origen y ocupación: los trabajadores cualificados occidentales están mejor vistos que los obreros de la construcción de la India.

La mayoría de los inmigrantes vinenen del sur de Asia, especialmente de India y Nepal, y de las Filipinas. Según un estudio de Ganesh Seshan, el migrante promedio en el año 2007 era un varón de 30 años con educación secundaria empleado en el sector de la construcción y viviendo en un campamento de trabajadores. Este migrante medio se las apañaba para enviar a casa (habitualmente a sus padres) más del 40% de sus ingresos, ahorrando lo que podía del resto para construir una casa en su país natal y dar una edicación a sus hijos. Las mujeres extranjeras están menos pagadas en comparación con los hombres, y son menos capaces de enviar dinero a casa o de ahorrar.

458cb9d2-8c5a-4e69-964f-8391d612a6e6-2060x1236Trabajadores inmigrantes en Qatar al final de su jornadalaboral. Pete Patisson

Independientemente de su lugar de origen o estrato social, los trabajadores extranjeros en Qatar son altamente dependientes de su empleador o “sponsor”, que debe autorizarles a cambiar de trabajos si desean hacerlo antes de que termine su contrato laboral. Además, estos “trabajadores huéspedes” deben obtener un permiso de salida de sus jefes antes de que puedan salir del país, lo que les hace vulnerables a los caprichos de sus empleadores, como ha denunciado Human Rights Watch.

Los contratos laborales tienen por lo general una duración de entre uno y tres años, aunque algunas empresas no especifican el tiempo. Una nueva ley aprobada en 2015 estableció que en caso de que no se fijase un periodo de trabajo en el contrato los trabajadores deberán permanecer 5 años con su empleador. Se espera que los migrantes vuelvan a sus países una vez expire su contrato, pero algunas empresas están valiéndose de la ley para retener a sus trabajadores en condiciones de explotación. Algunos empleadores llegan a confiscar los pasaportes de sus trabajadores, una práctica ilegal que no es siempre perseguida por las autoridades.

Qatar se vio obligado a aprobar una nueva ley sobre los trabajadores extranjeros cuando la prensa occidental comenzó a criticar la situación. Desde 2013, el diario The Guardian ha publicado una serie de noticias en las que se denuncia el maltrato y la explotación que sufren los trabajadores nepalíes y su alarmante tasa de fallecimientos en accidentes laborales. Otros medios como la BBC se han hecho eco de las quejas, y varias ONGs como Amnistía Internacional han realizado informes especiales sobre el tema.

La nueva ley, sin embargo, no ha cumplido las expectativas de las organizaciones en defensa de los Derechos Humanos, que siguen criticando las políticas laborales de Qatar. Amnistía ha publicado un duro informe (en español) en el que analiza los defectos de la ley y exige al gobierno de Qatar que:

Procedan a abolir el permiso de salida para que los empleadores no tengan autoridad alguna para interferir arbitrariamente en la libertad de circulación de los trabajadores y trabajadoras migrantes; apliquen una prohibición inequívoca de la confiscación de pasaportes y exijan que todos los empleadores proporcionen a cada trabajador un espacio seguro y que pueda cerrarse con llave para guardar individualmente su pasaporte; y garanticen que los trabajadores pueden cambiar de empleo sin necesidad del permiso de su empleador actual”.

Si el bloqueo de Qatar se alarga mucho y afecta su economía, es de esperar que se produzca un descenso en el número de trabajadores que buscan oportunidades en la península, pudiendo producirse una escasez dramática de mano de obra cinco años antes del Mundial de fútbol.

3- Censura de la prensa

El gobierno de Qatar comenzó una campaña para defender, al menos de boquilla, la libertad de expresión, estableciendo en 2008 del Doha Center for Media Freedom (DCMF), una organización con el objetivo de trabajar a favor de “la libertad de prensa y el periodismo de calidad en Qatar, Oriente Medio y el mundo” mediante la protección de periodistas amenazados en todo el globo.

No obstante, algunos de sus colaboradores han sido muy críticos con el Centro. Un antiguo trabajador, Ole Chavannes, dimitió y se quejó sobre el rechazo del Centro a ayudar a periodistas enfrentándose a cárcel y torturas. Según cuenta en una carta abierta, el DCMF es solo una fachada, “… un juego político en el que Qatar puede mostrar al mundo que está apoyando una iniciativa progresista, a la vez que mantiene [al DCMF] lo suficientemente pequeño como para impedir que produzca ningún cambio significativo”.

Robert Mènard, el primer director del DCMF, dimitió tras llevar menos de un año en el puesto. Su segundo director, Jan Keulen, fue despedido a finales de 2013. En una entrevista concedida más o menos un año antes de que fuera rescindido, Keulen era sorprendentemente franco y directo sobre la ausencia de una prensa libre en Qatar y la auto-censura que existe entre los periodistas que trabajan en Qatar, especialmente porque muchos ellos no son qataríes y temen que sus permisos de trabajo puedan ser revocados.

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Skyline de Doha. Collegiate Model UN

Aunque la censura fue oficialmente abolida en 1995, Al Jazeera se abstiene de criticar abiertamente a la dinastía al-Zani. Al fin y al cabo, la cadena debe su existencia a su apoyo y además es una de las principales herramientas de su política exterior, como algunos de los críticos de la cadena han señalado, especialmente tras de la Primavera Árabe de 2011. Por ejemplo, la cobertura de la Hermandad Musulmana en Egipto por parte de la cadena ha sido percibida por el gobierno de al-Sisi como una interferencia directa en sus asuntos domésticos. Este año (2017), las autoridades egipcias han arrestado a un periodista de Al Jazeera, que ha publicado una serie de artículos denunciando el asunto.

Además de Al Jazeera, Qatar cuenta con varios periódicos locales, algunos de ellos en inglés. Uno de los medios más críticos con el régimen, Doha News, ha sido bloqueado en Qatar. Doha News contiene el tipo de noticias que no aparecerían en Al Jazeera, aunque la mayoría de su contenido parece inofensivo.

La mayoría de los medios qataríes son propiedad de la familia real. Freedom House califica el país como “No libre” en lo que respecta a la libertad de prensa, y condena las restricciones que afrontan los medios locales, así como las detenciones de periodistas británicos y alemanes que estaban cubriendo historias sobre los trabajadores inmigrantes.

4 – Giro intervencionista en la política exterior

La política exterior de Qatar ha cambiado significativamente desde la Primavera Árabe (2011) y la coronación de Tamim al-Zani (2013). Se ha vuelto más intervencionista, apoyando a diversas facciones en conflicto en lugar de buscar un compromiso a base de petrodólares como acostumbraban a hacer. Un análisis del Al Jazeera Center for Studies (que podría ser considerado el “think-tank” oficial del régimen qatarí) afirma que Qatar ha pasado del soft power al smart power, o lo que es lo mismo, “de la diplomacia de la mediación a la diplomacia de la influencia”. Esto quiere decir, entre otras cosas, que Qatar ha promovido el diálogo con los Hermanos Musulmanes porque, aunque estén ilegalizados en muchos países árabes, siguen siendo un actor muy influyente en la política de la región.

El apoyo de Qatar a redes de activismo salafista y organizaciones ligadas a la Hermandad Musulmana se ha vuelto más prominente en los últimos años, una tendencia que ha causado preocupación entre la prensa especializada occidental, y que ha acabado desencadenando un conflicto diplomático con otros países del Consejo de Cooperación del Golfo. Qatar ha sido el único país que ha alojado a representantes de los Taliban afganos.

hamas-qatar_horo-2-e1496928935609-635x357Mahmud Abbas (izquierda); El que fuera emir hasta 2013, Hamad al-Zani (centro); y Jaled Mashaal, antiguo líder de Hamás, el 6 de febrero de 2012. Foto: Osama Faisal (AP)

En Siria, Qatar ha respaldado a milicias islamistas como Ahrar al-Sham, así como a otras facciones militares. Las autoridades también han hecho la vista gorda ante las donaciones privadas al frente al-Nusra (hoy día rebautizada como Jabhat Fateh al-Sham), la filial de al-Qaeda en Siria. Esta política ha probado ser ineficaz, no solo porque los distintos agentes que Qatar ha apoyado en Siria han sido incapaces de unirse en un frente común, sino también porque ha permitido que se extienda la corrupción.

A pesar de que el apoyo de Qatar al islamismo es, según diversos funcionarios estatales, pragmático más que ideológico, tendremos que esperar y ver si su apuesta acaba pagando sus dividendos o por el contrario se convierte en una amenaza peligrosa para la legitimidad del régimen. Al fin y al cabo, muchos islamistas y salafistas no reconocen a las monarquías como una forma de gobiernos islámico.

Por último, es necesario destacar que Qatar ha seguido una actitud de apaciguamiento frente al régimen iraní, dado que comparten un gran yacimiento submarino de gas natural. Esto también ha enfurecido a algunos de sus socios del CCG, que perciben a Irán como una serie amenaza para sus intereses.

Por lo pronto, el viraje de Qatar hacia un mayor intervencionismo ha acabado desembocando en la crisis diplomática presente. La Turquía de Erdogan, que también apoya a los Hermanos Musulmanes, ha prometido su apoyo militar a Qatar en caso de conflicto. No quiero aventurar lo que puede pasar (soy historiador, no adivino), pero seguramente el verano de 2017 sea interesante.

5 – Problemas con el Mundial de fútbol

La organización del Mundial de 2022, que se esperaba que mejorase la imagen de Qatar a nivel mundial, ha hecho surgir controversias y problemas que pueden minar la reputación internacional del emirato. En primer lugar, hay serias acusaciones de corrupción al respecto de la designación de Qatar como sede. En 2014, varios medios británicos aseguraron que Qatar había sobornado a Jack Warner (ex-vicepresidente de la FIFA) y a algunos otros agentes de la organización con el objetivo de asegurarse la celebración del torneo. Sean ciertas o no estas acusaciones, la imagen de Qatar se vio seriamente dañada.

La elección de Qatar como sede del Mundial también ha sido también criticada por varios miembros de la comunidad LGBT. La homosexualidad es ilegal en Qatar, y los aficionados al fútbol gays pueden verse impedidos a visitar el país durante el torneo. Las autoridades del país han afirmado que los potenciales visitantes homosexuales no deben sentirse asustados mientras no hagan muestras públicas de afecto. Los representantes de la FIFA, por otro lado, se limitaron a aconsejar que los aficionados homosexuales “deben abstenerse de cualquier actividad sexual” durante la competición. Las leyes qataríes son muy severas con los homosexuales locales, que pueden sufrir pena de muerte si son musulmanes o hasta siete años en prisión. Los homosexuales extranjeros pueden ser encarcelados y deportados.

Por último, hay varios problemas menores de imagen relacionados con las fechas del torneo, que pueden afectar las competiciones europeas, ya que se propone disputar el campeomato en invierno para evitar las altas temperaturas del verano en el golfo.

Para concluir

Aparte de todo esto, Qatar se enfrenta a varias dificultades con el bloqueo. En primer lugar, es dependiente de las exportaciones de alimentos de Arabia Saudí. Turquía e Irán les van a asistir en una especie de versión moderna del puente aéreo de Berlín, pero no es una situación sostenible a largo plazo. Los supermercados se han quedado vacíos.

En segundo lugar, como ya he mencionado, si la economía se resiente, la mano de obra inmigrante tratará de volver a casa. Qatar Airlines está tocada de muerte si se alarga la situación, y peligra seriamente la construcción de las infraestructuras del Mundial, el proyecto estrella de los al-Zani.

Por último, si Trump retira a los americanos de la base de al-Udeid, dejaría el terreno despejado a una intervención por parte del CGC, dado que el ejército de Qatar es minúsculo. Qatar intentará hacer equilibrios diplomáticos, pero será difícil que Turquía e Irán colaboren estrechamente. Quedamos a la espera de lo que pueda pasar.

Irán después de Jomeini (1989-1997)

Tras una pausa de una semana, continuamos con el especial “Acuerdo nuclear”. En esta cuarta entrega, hablaremos del periodo que va desde la muerte de Jomeini hasta 1997, incluyendo referencias a las relaciones entre Irán y EEUU. Como he encontrado trabajo hace poco, no tengo tiempo para escribir y editar artículos extensos, de modo que las actualizaciones serán más intermitentes en lo sucesivo. Disculpad las molestias.

Especial “Acuerdo nuclear”
I – Relaciones Irán-Occidente, 1800-1953
II – Relaciones Irán-Occidente, 1953-1979
III – La Revolución Islámica, 1979-1989
IV – Irán después de Jomeini, 1989-1997
V – Los gobiernos de Jatami, 1997-2005
Bonus: Las relaciones no tan secretas entre EEUU y Jomeini

Irán tras la muerte de Jomeini

 Un nuevo líder supremo

13 de Jordad de 1368 (3 de Junio de 1989). El Líder Supremo de la República Islámica, el Imam de la revolución y marya-e taqlid, Ruhollah Jomeini, ha muerto. La guerra con Irak terminó el año anterior. Empieza una nueva etapa en la vida política de Irán. Como siempre que fallece un líder poderoso y carismático, se respira cierta incertidumbre en el ambiente. No obstante, Jomeini y los velayatis (partidarios del velayat-e faqih, ver sección “El Gobierno del Jurista” en parte 3) han dejado todo atado y bien atado.

En su lecho de muerte, Jomeini nombró una comisión de juristas y clérigos expertos para que designasen a su sucesor, modificando ciertos aspectos del código legal y la Constitución para adaptarlos a la nueva situación. Como dice el refrán, “allá van leyes do quieren reyes”, y la República Islámica no es una excepción.

Aunque en principio el líder supremo, el faqih, debía ser un erudito del Islam de probado prestigio, un sabio emérito que no solo dominase la doctrina islámica sino también la gramática, la filosofía y las artes gubernamentales, un marya e-taqlid en definitiva (véase ¿Qué es un ayatollah?), al final los requisitos se relajaron bastante. Ali Jamenei, un clérigo de rango modesto (hoyatoleslam, menos importante que ayatollah), fue designado Líder Supremo de Irán.

 Jamenei quizá no tenía las publicaciones ni el prestigio necesario para ser considerado una eminencia religiosa, pero era una figura política muy importante. Era muy leal a Jomeini y había participado en la revolución y la República Islámica desde sus inicios. Fue el líder del Partido de la República Islámica (PRI, hablamos de ellos en la anterior entrega) hasta su disolución en 1987, y además presidente electo de Irán durante 8 años, el tecero después del depuesto Bani-Sadr y el asesinado Raja’i.

Es decir, que el criterio para designarlo no fue su trayectoria religiosa, sino la política. Un asunto que podría haber sido problemático dada la autoproclamada confesionalidad del régimen, pero que fue asumido sin mayor dificultad por las instituciones de la República Islámica. Al fin y al cabo, cuando la religión y la política se mezclan, el poder y la lealtad suelen ser más importantes que la piedad y las credenciales religiosas.

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Jamenei en 1979. Fuente: Wikimedia

 Jamenei fue designado Líder Supremo fundamentalmente porque no había ningún otro clérigo de alto rango que reuniese las características necesarias, es decir, lealtad y compromiso con el proyecto político de Jomeini y sus seguidores. El que era considerado como principal candidato al puesto, el ayatollah Montazeri, cometió el error de criticar públicamente ciertas medidas de la República Islámica (persecución de minorías, lapidaciones, ejecución de opositores, la fatua de Jomeini contra Salman Rushdie…) que, en su opinión, no eran propias de un Estado Islámico legítimo. Esto le costó un arresto domiciliario y el apartamiento de la vida pública y política, y por supuesto, que no fuera elegido sucesor de Jomeini. Montazeri era un marya, y por tanto un caso notable, pero son numerosos los clérigos que han perdido sus privilegios y empleos por criticar el régimen.

 En todo caso, la llegada de Jamenei no alteró en exceso las relaciones entre Irán y EEUU. Justo once meses antes de la muerte de Jomeini, cuando la guerra entre Irán e Irak no había terminado aún, un avión de pasajeros iraní fue destruido por misiles americanos, el famoso vuelo 655 de Iran Air. Irán, por su parte, seguía con la retórica anti-imperialista y revolucionaria de la época de Jomeini. La fatua sobre Rushdie no estaba vigente (pues en el chiísmo las fatuas se extinguen al morir su emisor), pero Irán siguió intentando exportar la revolución apoyando a Hezbollah, que organizó ataques terroristas como el coche bomba en un centro judío en Buenos Aires o el ataque a la embajada israelí en la misma ciudad.

Atentado 17 marzo 1992 argentina
Atentado en la embajada israelí en Argentina, 17 de marzo de 1992. Fuente: Vos Iz Neias.

La República Islámica, que había excluido toda oposición, se empezó a dividir internamente en facciones y partidos, no solamente a nivel parlamentario. La República Islámica contaba con numerosas instituciones: La judicatura, el ejército, los Guardas Revolucionarios, el estamento religioso, las fundaciones benéficas, la administración estatal… todas ellas con sus propios intereses, cooperando y compitiendo a la vez.

Como árbitro y guardián, el Líder Supremo. El complejo sistema constitucional parecía garantizar el equilibrio entre todos los que estaban dentro del sistema. Rafsanyani, un comerciante de pistachos con una larga trayectoria en el Partido de la República Islámica, fue elegido Presidente en 1989. El parlamento estaba dominado por lo que Nikki Keddie denomina la “Izquierda islámica”, que por lo general se oponía a Rafsanyani, un hombre de negocios liberal. Por suerte, el presidente contaba con el apoyo de su predecesor, Jamenei, ahora convertido en líder supremo. El problema era reconstruir el país y mantener contentos a los ciudadanos, muy cansados después de 8 años de guerra y escasez.

Las presidencias de Rafsanyani

El programa de Rafsanyani y Jamenei consistía en liberalizar la economía iraní y abrirla al exterior, moderando el tono agresivo de la diplomacia oficial (por ejemplo, manteniéndose neutrales en la Guerra del Golfo). Entre 1989 y 1995 se intentó privatizar un millar de empresas públicas, pero los intereses de las instituciones que las gestionaban y los casos de corrupción en la adjudicación de los contratos hicieron que el ambicioso plan inicial se paralizase.

La orientación de la producción hacia el mercado exterior tecnificó la agricultura y permitió cierto desarrollo industrial, aunque los beneficios se invirtieron en una burbuja del sector inmobiliario. Además, Irán tuvo que hacer frente en enero de 1995 a una crisis de deuda externa a corto plazo, agravada por las sanciones que Clinton aplicó en mayo de ese mismo año. Las privaciones y el descontento causaron disturbios que fueron brutal y eficientemente reprimidos en 1992, 1994 y 1995.

Las elecciones parlamentarias que se llevaron a cabo en 1992 contaron con 1.000 candidaturas anuladas por el Consejo Guardián, de un total de 3.000. Muchos de los descalificados eran parte de la “izquierda islámica” y de la Asamblea de Clérigos Combatientes, veteranos de la revolución, algunos incluso presentes en el asalto a la embajada estadounidense. Es decir, que los que controlaban los hilos del régimen (Consejo Guardián, Jamenei) decidieron limitar la participación política ante el riesgo de desorden.

Aun así, no podían encarcelar o exiliar a todos los descontentos, algunos con un impecable credencial revolucionario, y a pesar de la censura cada vez empezó a hablarse más de temas como derechos humanos, libertades democráticas, justicia económica y social, relaciones amistosas con el exterior, etc. Muchos de los rechazados en la política se reconvirtieron en periodistas, cineastas, escritores, académicos y artistas. A menudo el rechazo al régimen se manifestó en una elevada abstención. En 1993 Rafsanyani volvió a ganar las elecciones a la presidencia, con una participación del 63%.

16 aniversario revolución
Sello commemorativo del 16 aniversario de la Revolución, 1995. Fuente: IranStamp

En cuanto a las relaciones con EEUU, Rafsanyani no fue capaz de mejorarlas. El apoyo a Hezbollah, la oposición a Israel en la ONU y el programa nuclear iraní fueron los pretextos de los embargos de Clinton, que dañaron bastante la ya de por sí maltrecha economía iraní. Desde antes de la revolución la administración iraní había intentado llevar a cabo un programa nuclear, no para desarrollar armas atómicas sino para construir centrales eléctricas que permitieran al país producir energía de forma alternativa al petróleo, para poder exportar lo que no se gastase.

En los años 90 se reactivó el programa, de nuevo con el pretexto de estar destinado al uso civil. ¿Buscaba Irán la Bomba? Los lobbies pro-israelíes y los analistas americanos más belicistas aseguran que sí, aunque el gobierno iraní siempre haya defendido lo contrario. Dado que 3 de sus vecinos cercanos poseen armas nucleares (India, Pakistán, Israel), no parece descabellado pensar que la República Islámica intentara hacerse con un par de misiles atómicos, por eso de ver quien la tiene más grande, pero en mi opinión eso son tan solo especulaciones.

El gobierno de Irán tenía (y aún tiene) que gastar su dinero en programas de ayuda social para mantener contenta a la población y evitar que se repitiese lo de 1979, de modo que centrar la inversión en adquirir armas nucleares sería cometer el mismo error que el shah cometió. Los dirigentes de la República Islámica conocen la historia de su país.

 Los programas de ayuda social eran necesarios, y para mérito de la República Islámica, se llevaron a cabo. Entre 1985 y 1997 la mortalidad materna se redujo de 140 a 37 por 100,000 nacimientos. Se construyeron hospitales en áreas rurales y barrios deprimidos. Los estudiantes de medicina reciben formación gratuita a cambio de cinco años de servicio como médicos de pueblo. El programa de planificación familiar de Irán, que provee de anticonceptivos a las familias, fue incluso alabado por la ONU. La tasa de fertilidad de Irán bajó hasta niveles europeos. Se multiplicó la inversión en educación, y la escolarización segregada hizo que muchas familias rurales llevasen a sus hijas a la escuela, algo que no sucedía antes de 1979. Las mujeres no perdieron el derecho a ejercer un empleo, y la modernización (urbanización y terciarización) continuaron a pesar del tinte islámico del régimen.

Todos estos cambios hicieron que las elecciones presidenciales de 1997 se presumieran interesantes. El descontento creciente con la gestión económica del régimen y el auge de una clase media muy debilitada por los años de la guerra, sumado al hambre de y libertades civiles y democráticas, hicieron que la actividad política se multiplicase en la víspera de las elecciones. Dado que los presidentes en Irán solo pueden gobernar durante 8 años, Rafsanyani no podía presentarse de nuevo, lo que hacía que las elecciones se convirtiesen en un evento muy excitante y estimulante para unos votantes que anhelaban cambio. Pero de eso hablaremos el próximo día.


Bibliografía general:

Nikki Keddie, Modern Iran: Roots and Results of the Revolution, Yale University Press, 2006.

Ervand Abrahamian, A History of Modern Iran, Cambridge University Press, 2008.

Relaciones Irán-Occidente (1953-1979)

Continuamos con el especial sobre Irán. En esta entrega podrás leer un resumen del gobierno del último Shah, con especial énfasis en el surgimiento de un fuerte sentimiento anti-occidental entre los estudiantes, intelectuales y opositores al régimen.

Especial “Acuerdo nuclear”
I – Relaciones Irán-Occidente, 1800-1953
II – Relaciones Irán-Occidente, 1953-1979
III – La Revolución Islámica, 1979-1989
IV – Irán después de Jomeini, 1989-1997
V – Los gobiernos de Jatami, 1997-2005
Bonus: Las relaciones no tan secretas entre EEUU y Jomeini


Relaciones Irán-Occidente, 1953-1979

El shah consolida su poder

En la última entrega nos quedamos en el golpe de Estado de 1953. Este golpe no sólo ligó la monarquía de los Pahlaví al apoyo Occidental, sino que además sirvió para que EEUU sustituyese en el imaginario colectivo persa a Gran Bretaña como la gran potencia malvada que amenazaba la independencia de Irán.

En efecto, la disgregación progresiva del imperio británico (que, entre otras cosas, abandonó la India en 1947, tema del que ya hablaremos otro día) y los problemas económicos del gobierno de Londres hicieron que la diplomacia americana tomase el relevo de la británica. El shah Muhammad Reza Pahlavi se convirtió así en el principal socio americano en Oriente Medio, una pieza fundamental en el tablero de la Guerra Fría.

Si en política exterior el Shah se consideraba parte del “mundo libre y democrático”, dentro de sus fronteras reprimió y encarceló todo atisbo de oposición. Los dos partidos títere que se alternaban en el parlamento (llamados por los iraníes el “Partido del Sí” y “Partido sí señor”) fueron complementados con uno de los servicios secretos más implacables y poderosos del tercer cuarto del siglo XX, el célebre SAVAK, hoy rebautizado como SAVAMA.

Anulada la oposición, el shah se centró en continuar el legado de su padre y fortalecer el poder del Estado. Así, se persiguió a las tribus, se impuso el uso del persa como lengua oficial (gran parte de la sociedad iraní, especialmente en las zonas montañosas y rurales, todavía hablaba dialectos túrquicos), se impulsaron las importaciones de bienes occidentales y se intentó crear una clase media “moderna” (asalariada y dependiente del Estado) que sirviese de base social al régimen. Más o menos lo que se cuenta en la segunda de la Breve Historia de Oriente Medio 3.

En 1963, diez años después del golpe, el shah anunció a bombo y platillo un programa de reformas denominado grandilocuentemente “Revolución Blanca”. El nombre se debe a que el shah pensaba que era la forma más eficiente de prevenir una revolución roja, aunque en opinión de bastantes historiadores no sirvió sino para sembrar las semillas de la revolución islámica.

Las medidas modernizadoras consistían, entre otras cosas, en una reforma agraria y un control más estricto de las instituciones religiosas por parte del Estado. La reforma agraria no fue muy exitosa, acabó con uno de los principales apoyos del régimen, la aristocracia terrateniente, y además favoreció un flujo progresivo de emigrantes rurales que se apiñaron en barrios de chabolas en las principales ciudades.

Las medidas contra el clero provocaron una oleada de protestas que tuvo como epicentro Qom, la principal ciudad religiosa de Irán. En ellas destacó un sexagenario ayatollah (¿Qué es eso?) llamado Ruhollah Jomeini. Si bien Jomeini no era por aquel entonces una de las principales figuras religiosas del país, su actitud combativa y rebelde, en contraste con el quietismo conformista de los líderes chiíes, le hizo ganar numerosos adeptos. Por supuesto, las manifestaciones fueron reprimidas a sangre y fuego, y Jomeini tuvo que exiliarse en Irak, donde permanecería hasta 1978.

Anti-occidentalismo y oposición intelectual

Al mismo tiempo, surgía entre los intelectuales y la clase media un fuerte sentimiento de rechazo hacia todo lo occidental. Su primer exponente fue Yalal Al-e Ahmad, un profesor, periodista y escritor de Teherán. He leído un buen número traducciones de sus obras, y puedo deciros es un escritor fascinante, al igual que sobre su esposa, Simin Daneshvar, que ya mencioné ayer.

En todo caso, en 1962 Al-e Ahmad publicó de forma clandestina un ensayo titulado Gharbzadegi, que puede traducirse como Occidentalitis o Intoxicación Occidental. En esta obra, deliberadamente polémica y emotiva, Al-e Ahmad afirmaba que los intelectuales iraníes se habían alejado de su pueblo y sus raíces, adquiriendo además un sentimiento de inferioridad respecto a Occidente, a la vez que la economía se resentía e Irán se convertía en un mero exportador de materia prima a cambio de productos manufacturados innecesarios (una tesis muy parecida a la Teoría de la Dependencia de Cardoso y Faletto para America Latina, aunque expresada de una forma muchísimo más visceral y literaria).

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Yalal Al-e Ahmad junto a su esposa, la también escritora Simin Daneshvar. Fuente, Not Even Past.

La respuesta, indicaba Al-e Ahmad, debía consistir en recuperar la confianza perdida, volver a las raíces (el islam) y rechazar la dependencia de la tecnología occidental alienante e innecesaria. El panfleto fue todo un éxito, y pese a la censura se convirtió en una de las obras más influyentes entre los intelectuales y estudiantes de aquellos años. Su popularidad hizo que incluso Jomeini alabara la obra y adoptara su retórica anti-occidental.

Al-e Ahmad murió en el 69 en extrañas circunstancias. Muchos iraníes pensaron que se trataba de un asesinato político, aunque su mujer desmintió las acusaciones y afirmó que había sido un ataque al corazón. No obstante, otros recogieron su testigo. Occidentalitis presentaba un diagnóstico, pero no ofrecía soluciones. Éstas fueron brindadas por otros autores y movimientos.

Más allá de la miríada de organizaciones marxistas (estalinistas, maoístas, partidarios de la no-violencia, grupos armados…), que tan solo tenían éxito entre los universitarios y ciertos elementos de la clase media “moderna” (que nunca fue muy numerosa), el teórico político más célebre del momento fue un joven sociólogo llamado Alí Shariatí.

Shariatí es una figura fascinante y muy controvertida, y es injusto despacharle en un par de líneas (ya escribiré algo más adelante). No obstante, para la fluidez del texto me limitaré a indicar que Shariatí hizo del anti-imperialismo una de los principales temas de la juventud. En su visión, oponerse a Occidente era igual que oponerse a la dictadura, y reivindicar el Islam y sus símbolos era una forma de reafirmar la identidad nacional iraní, desprenderse de la alienación provocada por el capitalismo y caminar hacia una sociedad sin clases, verdaderamente democrática y por tanto, islámica.

Por supuesto esta lectura pseudo-marxista de los textos islámicos enfureció al clero, más aún teniendo en cuenta que Shariatí los acusaba abiertamente de embaucar y adormecer a las masas con rituales y regulaciones absurdas, de desviarse del sentido revolucionario original del Islam, y de monopolizar la religión. También enfadó a los comunistas, a los que Shariati calificaba de materialistas y ajenos a la voluntad del pueblo.

Por fortuna para todos ellos, Shariati murió en Inglaterra en 1977, después de haber sido sometido a torturas por el SAVAK y escapar por los pelos del país. Es decir, que el movimiento islámico anti-clerical (sobre el que escribí mi tesina) perdió a su voz más popular un par de años antes de la revolución. “Bad timing”, como dicen los ingleses. El principal defensor de la acción revolucionaria no llego a verla materializada.

shariati-jomeiniPancartas con los rostros de Jomeini y Shariatí durante la Revolución. Fuente, The Iranian.

El shah prepara el camino para la revolución

Mientras tanto, Muhammad Reza Pahlaví seguía confiado en su trono, sintiéndose más fuerte que nunca aunque en realidad se estaba quedando más solo que ningún otro gobernante iraní en la historia. En 1975, siguiendo las recomendaciones de un académico de Harvard llamado Samuel Huntington (el del “Choque de Civilizaciones), el shah decidió liquidar el ficticio sistema parlamentario e instaurar un partido único llamado Rastajiz (Resurgimiento).

Al mismo tiempo, inició una campaña contra la especulación, instaurando precios fijos y poniendo en su contra a los propietarios y tenderos del bazar. Las rentas del petróleo, bastante lucrativas tras 1971 (Irán fue de los pocos países que no firmó el embargo contra los países occidentales), fueron invertidas casi exclusivamente en tanques, aviones y armamento pesado. En palabras de un observador estadounidense, “el shah devoraba los catálogos armamentísticos como si fueran revistas porno”.

 Quizá hubiera sido mejor para la estabilidad de su régimen invertir en programas sociales para aliviar la pobreza y el descontento en los barrios chabolistas del sur de Tehrán, o al menos en material antidisturbios de última generación (es mejor dispersar manifestaciones a porrazos y a manguerazos que a tiros). Pero por el contrario se dedicó a llevar a cabo una ambiciosa política exterior.

Entre otras cosas, el shah armó a los kurdos con la colaboración de Israel para que desgastasen a Sadam Hussein, hasta que le arrancó un pacto favorable a los intereses iraníes (los pobres kurdos suelen ser un mero peón en batallas geopolíticas de mayor calibre). El shah quería dejar de ser visto como una marioneta americana, y de hecho se volvió arrogante e insolente.

Si entendéis inglés, por favor disfrutad del siguiente video, donde Muhammad Reza Pahlaví recomienda a los británicos “trabajar más duro para salir de la crisis”, explica que debe invertir el dinero del petróleo en armas en lugar de educación y sanidad “para no crear inflación”, y afirma que “el rey y su pueblo están tan unidos como un padre y su hijo”.

En retrospectiva es fácil reírse, pero me parece que el shah se creía sus propias palabras. Tal vez sus asesores no le informasen con fidelidad, tal vez hiciese oídos sordos a las señales de alarma. En todo caso, la diplomacia americana también se tragó el cuento, y en 1978 el presidente Carter afirmó con toda solemnidad que Irán era un paraíso de estabilidad en el turbulento Oriente Medio.

Según un profesor mío que andaba por Irán en los años 70, los americanos fueron incapaces de prever la que se avecinaba porque, entre otras cosas, apenas tenían personal que hablase persa en la embajada, y se limitaban a aceptar los análisis que les ofrecían sus informantes sin contrastarla sobre el terreno. Durante la revolución la cosa no fue muy diferente, y ninguno de los medios estadounidenses se molestó en mandar a ningún especialista de habla persa.

Entre 1977 y 1979, millones de personas colapsaron las calles de las principales ciudades de Irán, en lo que se ha denominado “revolución iraní” o “revolución islámica”. Si bien el carácter islámico del movimiento es discutible (aunque a mí me convence la posición de autores como Mohsen Milani que mantienen que fue, en efecto, islámica), lo que es innegable es su aspecto anti-occidental.

Los principales grupos implicados, tanto los islamistas clericales, como los “modernistas islámicos”, al igual que los diversos comunistas, marxistas y demás, hicieron de la oposición al imperialismo americano su bandera. La dictadura del Shah y Estados Unidos, se creía, era la misma cosa. En el nuevo país que se iba a construir no quedaba lugar, pensaban, para los que durante más de veinticinco años habían sostenido un régimen represor de las libertades que les había malvendido los recursos nacionales. Una vez Irán recuperara su independencia, se decían, se redistribuiría la riqueza y todos podrían disfrutar de los beneficios del petróleo.

 La revolución de 1979 es uno de mis temas predilectos, al que he dedicado meses de lectura e investigación, y sobre el que escribí una tesina de más de 70 páginas. Al igual que con Shariatí, me parece injusto despacharla en pocas líneas, así que le he dedicado todo un artículo. En todo caso, es preciso tener en mente este carácter anti-americano de la revolución, pues el régimen que se construiría sobre ella lo convertiría en una señal de identidad.

El secuestro de la embajada estadounidense a finales de 1979 por parte de un grupo de estudiantes jomeinistas (la famosa crisis de los rehenes) debe ser entendido en esa línea, pero también en clave de política interna. Y es que esta crisis diplomática sirvió para que Mehdi Bazargan, modernista islámico, liberal, pro-occidental y presidente del gobierno provisional, presentase su dimisión al frente del gobierno, facilitando el ascenso del clerical “Partido de la República Islámica”. Se iniciaba así un nuevo capítulo en las relaciones Irán-EEUU, un capítulo que tal vez termine con el acuerdo nuclear y el levantamiento de las sanciones.

En la próxima entrega veremos en detalle la revolución del 79. Hasta la próxima.

Relaciones Irán-Occidente (1800-1953)

 Especial “Acuerdo nuclear”
I – Relaciones Irán-Occidente, 1800-1953
II – Relaciones Irán-Occidente, 1953-1979
III – La Revolución Islámica, 1979-1989
IV – Irán después de Jomeini, 1989-1997
V – Los gobiernos de Jatami, 1997-2005
Bonus: Las relaciones no tan secretas entre EEUU y Jomeini


En este primer artículo exclusivo para Desvelando Oriente me gustaría dar cierta perspectiva histórica a un tema de actualidad. En los últimos días la prensa internacional ha celebrado con cierto grado de entusiasmo el acuerdo nuclear entre Irán y Occidente, que se ha empezado a materializar en la forma de intercambio de prisioneros entre EEUU y la República Islámica y el levantamiento de sanciones. Los análisis en la prensa española han sido numerosos, aunque superficiales. Si las elecciones que se avecinan en Irán y EEUU no alteran radicalmente las dinámicas de poder en ambos países, el acuerdo nuclear puede suponer un cambio fundamental en las relaciones internacionales en Oriente Medio. Se cerrarían así casi cuatro décadas de enemistad y tensiones.

Dado que he dedicado el último año de mi vida a estudiar la historia del país persa, he decidido redactar un especial sobre el asunto. En él encontrarás, en primer lugar, una perspectiva histórica condensada de las relaciones entre Irán y Occidente, en particular EEUU (partes 1, 2 ) hasta 1979, año de la Revolución Islámica, que cuento en la parte 3. En ese artículo también encontrarás un breve esquema del funcionamiento interno de la República Islámica, y la guerra intre Irán e Irak . En la parte 4, cuento los primeros ocho años tras la muerte de Jomeini (1989-1997) . Y en la parte 5, la última de momento, resumo las dos legislaturas de Jatamí. Los 8 años de Ahmadineyad y el nuevo gobierno de Rohaní quedan para una futura entrega.

Relaciones Irán-Occidente 1800-1953

Introducción

¿Cuál es el origen de la enemistad entre Irán y EEUU? Los lectores de mi edad recordarán las soflamas del expresidente Ahmadineyad (electo en 2005 y 2009) y la inclusión del país persa en el llamado “Eje del Mal” por parte de George Bush hijo. Los mayores recordarán escenas de la revolución islámica de 1979, la guerra entre Irán e Irak y los discursos del ayatolá Jomeini contra el “Gran Satán” (EEUU). Sin embargo, para tener una perspectiva histórica más coherente de las relaciones de Irán con Occidente hemos de viajar hasta principios del siglo XIX.

A lo largo del siglo XIX y principios del XX gobernó Irán la dinastía de los Kayar o Qayar (Qajar en inglés). Se trataba de una dinastía de origen túrquico, algo que venía siendo habitual en la antigua Persia desde hacía siglos. A pesar de que los viajeros europeos describieran la monarquía irania como un gobierno absoluto en el que el Shah, o rey de reyes, ejercía el poder omnímodo (lo que los sociólogos e historiadores del siglo pasado mal llamaron “despotismo oriental”), lo cierto es que el sistema se basaba en un delicado equilibrio entre la familia gobernante y los distintos sectores de la sociedad iraní.

Estos sectores eran: la administración de habla persa; el ejército integrado por guerreros y terratenientes de origen túrquico; el estamento religioso, económicamente independiente (los iraníes, chiíes en su mayoría, no pagaban el impuesto religioso al Estado sino a los clérigos e instituciones religiosas de su elección); las tribus turcas nómadas de la periferia, y el campesinado. Los shahs ciertamente tenían a su alrededor cortes fastuosas, pero eso no implicaba que su poder alcanzase todos los rincones de su país. De hecho, la estructura del Estado era bastante limitada. Como en tantos otros países, el poder central concedía a particulares la capacidad de recaudar impuestos en determinadas zonas, lo que hacía que estos “intermediarios” locales tuviesen un poder inmenso.

Europa llega a Irán

 Durante la primera mitad del XIX el proyecto expansionista de los Kayar, que aspiraban a recuperar los territorios gobernados por los Safávidas (siglos XVI-XVII), fracasó estrepitosamente. Por el norte, el Imperio Ruso se hizo con el control la zona norte del Cáucaso (actuales Azerbaiyán, Armenia y Georgia), que tradicionalmente había estado bajo la esfera de influencia persa. Por el este, las campañas contra los afganos fueron un desastre rotundo.

Las derrotas militares y los pactos de capitulación con los rusos crearon en los antaño confiados iraníes cierto sentimiento de inferioridad. Los rusos, un pueblo considerado bárbaro y atrasado por los refinados persas, había sido capaz de infligirles derrotas decisivas. Al mismo tiempo, los británicos, habitantes de una isla diminuta e insignificante, habían conseguido sojuzgar el país vecino, la India.

¿Cómo era posible? ¿Cuál era el secreto de los europeos? La élite iraní comenzó a mirar a Occidente con curiosidad y a emprender viajes a Europa para intentar comprender de dónde sacaban los europeos su extraordinaria fuerza. Uno de los motivos, pensaron, estaba en la organización militar. De este modo, la monarquía Kayar comenzó a contratar a expertos estrategas europeos para que reorganizaran su ejército y modernizasen su material.

Esto tuvo dos consecuencias principales. En primer lugar, el apoyo de las potencias occidentales se convirtió en una pieza más de la política interior iraní. Varias revueltas e intentonas golpistas fueron eficazmente reprimidos gracias al armamento superior europeo. Al mismo tiempo, esto comprometió aún más las ya reducidas arcas del Estado.En segundo lugar, Irán se convirtió en parte del tablero en el que las potencias europeas (Francia, Gran Bretaña, Rusia y en menor medida, Alemania) se disputaban el control del mundo. Tras las guerras napoleónicas, Rusia y Gran Bretaña rivalizarían por el control indirecto de Irán en lo que se ha denominado “El Gran Juego”.

Alrededor de 1830 la monarquía iraní intentó integrarse en la “comunidad internacional” adoptando hasta cierto punto la estética y los símbolos de poder occidentales, como se puede apreciar la siguiente imagen, que representa a tres shahs consecutivos, Fath Ali, Muhammad y Nasir al-din.

3 shahs[Nótese la evolución de la estética de la vestimenta de los shahs y el estilo pictórico. Primer cuadro: Mirza Baba, Fath Ali Shah (1798), British Library. Segundo cuadro: Ahmed, Muhammad Shah (1844), vendido por Sotheby’s in 2010. Tercer y último: Fazl-ulla b. Mirza Muhammad, Nasir al-din Shah (1881), Hermitage Museum.]

Las dificultades económicas de los Kayar, incapaces de aumentar los ingresos del Estado a medida que aumentaban sus gastos, les llevaron a otorgar concesiones económicas a gobiernos o particulares occidentales.

Una de ellas, la del tabaco (1891), provocó una reacción religiosa y popular sin precedentes que se materializó en un boicot contra el consumo de tabaco hasta que no se cancelase el monopolio británico sobre la droga. Este movimiento estuvo inspirado por la singular figura de Jamaluddin Al-Afghani (del que hablo en este artículo), y puede considerarse la primera muestra popular de descontento ante la occidentalización de las élites iraníes.

La constitución de 1906

Una década y media más tarde, una rebelión cívico-religiosa forzó a los Kayar a convertirse en una monarquía constitucional. El movimiento constitucional,  que historiadores como Abrahamian califican de “revolución,” vino inspirado por el éxito de los japoneses ante los rusos en la guerra de 1905 que, se pensaba, se debía a la cohesión nacional que la Constitución Meiji (1868) había dado a Japón. El hecho de que ese mismo año se produjese una revolución pro-constitucional en Rusia confirmaría sus sospechas.

 De acuerdo con Ervand Abrahamian, uno de los principales historiadores iraníes, la “revolución constitucional” fue el resultado de una alianza entre clases medias, entre la mezquita y el bazar, que veían perjudicados sus intereses por la creciente penetración occidental. Paradójicamente, muchos de los “ilustrados” que protagonizaron el movimiento (como el jovencito Ahmad Kasraví, que décadas más tarde escribiría la historia de la revolución), estaban muy influidos por las ideas liberales y laicas europeas, lo que les llevaría a chocar con un importante sector del clero.

La constitución resultante proclamó el Islam chií como religión oficial. Solo chiíes podrían ocupar puestos de gobierno, y el ejecutivo tendría la capacidad de censurar y prohibir obras e ideas heréticas y anti-islámicas. Se instauró un Consejo Guardián integrado por clérigos de alto rango para asegurar que la legislación aprobada por el gobierno estuviese de acuerdo con la ley islámica. Sus miembros serían elegidos por la Asamblea Nacional, y en la práctica vendría a ser algo así como el Tribunal Constitucional español (que utiliza la Constitución Española en lugar de la Sharia). La constitución apenas se aplicó un par de años, pero la idea de un Consejo Guardían se retomaría en la constitución del 79.

En todo caso, el movimiento acabó desintegrándose. Por un lado, las tensiones internas fragmentaron a los partidarios de la monarquía democrática. Por otro, Rusia y Gran Bretaña aprovecharon la debilidad del gobierno iraní para repartirse el país en esferas de influencia (la “Convención Anglo-rusa de 1907”). En 1908, el shah inició una campaña de represión con la ayuda de cosacos rusos al servicio del gobierno y tropas leales. Disolvió el parlamento, arrestó a los líderes políticos y religiosos y estableció un duro control de la prensa.

El bando constitucional se reagrupó y multiplicó sus apoyos entre las minorías. La constitución fue cambiada para integrar a armenios, judíos y azerís, y se formaron milicias integradas por voluntarios. Tras dos años de enfrentamientos, los constitucionales se impusieron y a su vez se dividieron en dos facciones, “Moderados” y “Liberales”, que divergían en el papel que la religión debía tener en el nuevo Estado y fueron incapaces de llegar a acuerdos duraderos de gobierno.

El régimen constitucional fue incapaz de impedir la penetración europea. Entre 1909 y 1911 los rusos ocuparon el norte del país (con el pretexto de restaurar el orden) y los británicos tomaron el control de las rutas comerciales del sureste. La Primera Guerra Mundial incrementó la presencia de tropas rusas y británicas, a pesar de que el parlamento se había declarado neutral. El desconocido Willhelm Wassmus, una especie de Lawrence de Arabia alemán, intentó sublevar contra los ocupantes extranjeros a las tribus turcas como los Bajtiaris, a los kurdos y árabes de la zona del Golfo.

Reza Jan (1921-1941)

La derrota alemana y la revolución soviética animaron a los británicos a tratar de hacerse con el control de todo el país sobornando a los diputados para firmar la “Convención Anglo-Irania” de 1919. El acuerdo fue muy impopular, pues se percibía como la venta del país a los británicos y el fin de la independencia. El delicado equilibrio entre los sectores de la población del que hablaba al principio se acabó rompiendo y hacia 1920 el estado iraní se encontraba prácticamente inoperativo, con amplios territorios de la periferia independientes del poder central.

BP truckCamión de la BP a mediados de los 50. Fuente, Reddit.

 Hizo entonces su aparición Reza Jan (en inglés Reza Khan), un oficial de unos 40 años de edad. Provenía de una familia de tradición militar de la zona del Cáucaso y era el comandante de los cosacos en la ciudad de Qazvín. Los cosacos, por cierto, habían pasado a ser financiados y entrenados por los británicos tras la revolución soviética (lo cual no quiere decir que obedecieran ciegamente las órdenes de la diplomacia británica, aunque en la época había quien consideraba a Jan una marioneta al servicio de los intereses británicos).

Con tan solo 3.000 hombres y algunas ametralladoras, Reza Jan se hizo con el control de Teherán el 21 de febrero de 1921. Implantó la ley marcial, se ganó la confianza del resto del ejército, formó gobierno y se convirtió en la máxima autoridad en la sombra, a la vez que convencía a los británicos que no actuaría contra sus intereses y que mantendría al shah en el trono. Cuatro años más tarde depuso al shah y se coronó a sí mismo como rey de reyes, dando a su dinastía el nombre de Pahlaví o Palevi, que es como se conoce al sistema de escritura de la lengua persa durante el periodo pre-islámico.

Dado que este artículo trata sobre historia de las relaciones Irán-Occidente, no quiero explayarme con el reinado de Reza Pahlaví. En todo caso, el nuevo shah supo restaurar el equilibrio social mencionado anteriormente y ganarse la confianza de los distintos grupos sociales, incluidas las potencias europeas (firmó un acuerdo con los bolcheviques). Una vez consolidado su poder, trató de modernizar el país siguiendo el modelo de Atatürk y limitar la influencia de los que le podían hacer frente, especialmente el clero y las tribus.

Digna de mención es la ley de 1936 que prohibió a las mujeres llevar velo en público y obligó a los hombres a vestirse a la manera occidental, salvo que pudieran acreditar que eran estudiosos del islam. Como vemos, la imposición de un código de vestimenta no es algo exclusivo del Irán post-revolucionario. De hecho, es algo que estuvo muy de moda entre los gobiernos que decidieron modernizar-occidentalizar a la fuerza a sus súbditos, como el Japón Meiji o la Turquía de Atatürk.

El interregno nacionalista (1941-1953)

Reza Pahlavi gobernaría con puño de hierro hasta 1941, cuando Irán fue invadido simultáneamente por los británicos y los soviéticos. Al parecer, el shah había estado coqueteando con los alemanes, ofreciéndoles petróleo y otros recursos. Para prevenir la aparición de un nuevo frente, asegurar los suministros de los británicos a los soviéticos y controlar el preciado petróleo, los Aliados decidieron coordinar su intervención.

La excelente novela Savushun de la escritora Simin Daneshvar, disponible en castellano, está ambientada en la época. Tras la invasión Reza Jan huyó, y los Aliados instalaron en el trono a su hijo, Muhammad Reza Pahlaví. El gobierno de Reza Pahlaví no había sido especialmente popular, pero el nuevo y joven shah prometió respetar la Constitución de 1906, y la presencia de tropas extranjeras disuadió a los iraníes de intentar ningún tipo de rebelión anti-monárquica.

 Se inició así el periodo denominado como interregno nacionalista, en el que hubo elecciones más o menos democráticas (calificadas de caciquistas por contemporáneos e historiadores), libertad de prensa y cierto esplendor cultural. También hubo una movilización política sin precedentes y mucha tensión en las calles, incluyendo  sangrientos atentados de los fedayines, uno de los primeros grupos islamistas chiíes. En 1951, en medio de una crisis turbulenta, el parlamento nombró  presidente a un tal Mohammad Mosaddeq, líder de un movimiento nacional-populista que aglutinaba al bazar, las clases medias y parte de los trabajadores no afiliados al Partido Comunista.

Entre otras cosas, Mosaddeq se propuso nacionalizar la Anglo-Persian Oil Company (hoy en día llamada BP), que desde 1913 disfrutaba casi en exclusiva de la explotación de petróleo en Irán. Esto hizo saltar las alarmas en Gran Bretaña y EEUU, y en 1953 los servicios secretos de ambos países organizaron un golpe de Estado junto al monarca y sectores leales del ejército, y ante la pasividad de cierta parte del clero que no veía con buenos ojos la popularidad del líder laico.

El suministro de petróleo y la pertenencia de Irán al mal llamado “Mundo libre” quedó asegurado a corto plazo, pero a la larga provocó lo que mi profesor de Historia de Irán, el Dr. Newman, llama un “blowback”, es decir, un efecto boomerang o un tiro por la culata. Vamos, que el golpe de la CIA y el MI6 asoció irremediablemente la dinastía Pahlavi a EEUU y Gran Bretaña, e hizo que una generación de intelectuales, activistas y líderes religiosos se volviesen decididamente anti-occidentales.

En fin, eso es todo por hoy. En el siguiente artículo os hablaré del gobierno autoritario del último shah, la popularidad del anti-occidentalismo en los años 60 y 70, la Revolución de 1979, y la evolución de las relaciones exteriores de la República Islámica.


Si deseas bibliografía adicional, libros y artículos de académicos de renombre, no dudes en contactarme. La suministraré de forma privada vía email. (No me atrevo a subirla aquí por temas de copyright).

La dimensión internacional de la guerra civil siria

            Nota: Escribí este artículo en noviembre de 2015. Lo rescato para iniciar este proyecto con buen material. Es posible que esté un tanto desactualizado, pero creo que en general la situación sigue siendo parecida. Mi intención original era publicarlo en una revista que no llegó a nacer. Antes que enviarlo a cualquier otra publicación, prefiero ofrecerlo por aquí. Hay muchos pies de página, pues el formato pretendía ser académico. Son simplemente referencias y explicaciones adicionales, así que puedes ignorarlos si tienes prisa.

Introducción

            En los últimos meses, las oleadas de refugiados sirios que intentan llegar a Europa han convertido la guerra civil que asola el país levantino desde 2011 en noticia. Sin embargo, como pasó con el Ébola y otras tantas crisis humanitarias, una vez deje de tener tirón mediático, el tema volverá a ser ignorado. La intervención del gobierno ruso en favor del régimen de Al Assad ha vuelto a llevar el conflicto sirio a las portadas. No obstante, los análisis elaborados por la prensa española no han sido especialmente profundos. Además de ser una grave crisis humanitaria y una guerra civil desgarradora, la guerra de Siria es desde 2012 un enfrentamiento geopolítico de orden mundial. El objetivo de este artículo es ilustrar brevemente la dimensión internacional de esta guerra, mostrando la posición tanto de los actores globales (Rusia, EEUU, la Unión Europea) como de las potencias regionales (Irán, Arabia Saudí, etc).

             Las guerras civiles, por lo general, suelen propiciar la intervención de potencias extranjeras. Nuestra propia historia nos brinda interesantes ejemplos, desde la guerra de sucesión española (1700-1715) hasta la última guerra civil (1936-1939), donde las potencias extranjeras fueron determinantes a la hora de finalizar el conflicto. Por tanto, es legítimo preguntarse, ¿quién está detrás de los distintos bandos? Teniendo en mente esta cuestión, el que la prensa occidental denomine como “rebeldes” u “opositores” a uno de los bandos no es casual, y busca inclinar la opinión pública hacia uno de los bandos del conflicto. Mi intención al escribir este artículo no es emitir juicios morales ni señalar quienes son los “buenos” y los “malos”, sino llamar la atención sobre cómo el tratamiento de la prensa esconde unos intereses estratégicos y geopolíticos que no solemos considerar. No pretendo sentar cátedra, sino introducir el conflicto sirio al lector, esperando que éste se informe por su cuenta y saque sus propias conclusiones. [Al final del artículo se pueden encontrar enlaces a distintos artículos -en inglés- sobre el conflicto].

 Contexto: la guerra civil siria

             La denominada “revolución siria” empezó como un movimiento cívico, en el contexto de la Primavera Árabe de 2011. Sin embargo, la brutalidad del gobierno de al-Assad al reprimir las manifestaciones elevó la tensión, e hizo que algunos opositores decidieran tomar las armas contra el régimen. Como en tantos otros conflictos similares, y a pesar de la Ley Internacional y el Principio de No Intervención, la influencia exterior ha sido una constante desde el comienzo del conflicto, escalando la violencia y dificultando la reconciliación de los contendientes. El carácter fragmentario de la guerra empeora la situación, ya que cada uno de los grupos combatientes recibe apoyo de distintas fuentes. La diplomacia teatral y poco efectiva, simbolizada por la II Conferencia de Génova, ha sido acompañada de envíos pragmáticos de armas, suministros, informes de inteligencia y ayuda humanitaria. El número de refugiados y bajas civiles desde el inicio del conflicto resulta dificil de estimar.[1] Las flagrantes violaciones de la Ley Internacional respecto a la intervención extranjera en guerras civiles (o “conflictos armados no-internacionales”, según la terminología jurídica) han inspirado interesantes análisis.[2]

             El conflicto sirio no es una guerra civil típica, donde dos bandos luchan entre sí. Es, al contrario, un mosaico caleidoscópico de milicias, unidades semi-independientes y lealtades volátiles. Hay más de 1.000 grupos armados luchando contra el gobierno, con objetivos diferentes y aliados internacionales distintos.[3] Aunque se suele afirmar que el conflicto tiene un carácter sectario y religioso[4], esta afirmación caricaturiza una realidad mucho más compleja,[5] y además puede promover la “balcanización” de la región.[6] El célebre escritor libanés Elías Jurí (Elías Khoury) afirma que el “sectarianismo” ha sido promovido desde el exterior, y no representa el espíritu del levantamiento original.[7]

A pesar de la complejidad del conflicto, se pueden identificar cuatro bandos:

1 – el gobierno sirio y grupos aliados como Hezbollah

2 – la oposición siria (los denominados “rebeldes”)

3 – los grupos islamistas (principalmente el frente al-Nusra y Da’esh, autodenominado Estado Islámico)

4 – las fuerzas kurdas (PYD y otros)

             Este esbozo, sin embargo, no es del todo preciso, ya que el frente al-Nusra, asociado a al-Qaeda, lucha contra Da’esh (los conflictos entre grupos yihadistas dan para varios libros); y algunos grupos rebeldes, incluyendo el Ejército Sirio Libre, rechazan la Coalición Nacional, a la que consideran una autoridad ilegítima y extranjera.[8] De igual modo, muchos rebeldes se unieron a las fuerzas yihadistas tras las derrotas ante las fuerzas del régimen en 2013. En general, se podría decir que el frente al-Nusra, que cuenta con un importante número de sirios, mantiene relaciones cordiales con las demás fuerzas opositores, mientras que Da’esh hace la guerra a todos. Aún así, esta división simplificada en cuatro “bandos” permite ilustrar la caótica situación en los frentes de batalla.

Syrian Civil War 19-2-16Mapa del conflicto a 19 de enero de 2016. Fuente: Captura de pantalla modificada de http://syria.liveuamap.com/

 La dimensión internacional del conlficto

             Siria es un importante enclave geoestratégico, un enlace entre Anatolia, la llanura mesopotámica, el desierto Arábigo y el norte de África.[9] Tanto los poderes globales (EEUU, Rusia, la UE) como los regionales (Irán, Turquía, Arabia Saudí) tienen objetivos distintos, a menudo opuestos. A pesar de que la prensa ha enfatizado la necesidad de cooperación entre Rusia y EEUU, algunos analistas aseguran que la clave para terminar el conflicto son los actores regionales, ya que son los que más directamente se han involucrado en el conflicto.[10] El presidente al-Assad, que evita presentar el conflicto como una guerra civil, se queja no obstante de la presencia de “terroristas” apoyados desde el exterior. Al margen de los luchadores voluntarios que llegan de todas partes del mundo,[11] la intervención de distintos Estados es un hecho consumado. Veamos con quién se posicionan:

 Aliados de al-Assad

            Desde el inicio del conflicto, el gobierno de al-Assad ha sido apoyado diplomática y militarmente por sus dos aliados tradicionales, Rusia e Irán. Desde 1971, Rusia cuenta con una base naval en Tartus. Esta base es extremadamente importante para el Kremlin, tanto estratégica como psicológicamente, ya que es la única base rusa fuera de sus fronteras y la única salida segura al mar Mediterráneo.[12] En las últimas semanas se ha hecho pública la intervención militar rusa a favor del gobierno sirio, aunque la asistencia militar es constante desde el inicio del conflicto y, en realidad, desde hace más de una década.[13] En favor de Putin cabe mencionar que ayudar a un gobierno a luchar contra insurgencia interna no es una acción ilegítima según la Ley Internacional[14] (aunque todos sabemos que la Ley Internacional es habitualmente mero papel mojado).

             Irán ha sido un estrecho aliado de Siria desde la guerra entre Iraq e Irán (1980-1988)[15], colaboración que ha sido reforzada desde 2001. No obstante, el gobierno sirio ha sido capaz, en los últimos veinte años, de mantener una agenda exterior independiente respecto a Europa y los EEUU sin dañar la especial “relación fraternal” con el régimen persa.[16] Los desacuerdos entre Irán y la Comunidad Internacional respecto al programa nuclear iraní llevaron a la exclusión del régimen chií de la II conferencia de Génova, lo cual a su vez impidió cualquier progreso significativo. Ahora que se ha alcanzado el “pacto nuclear” la situación podría cambiar, pero hasta entonces la mayoría de diplomáticos expresaban su frustración ante la intransigencia americana.[17] Respecto al apoyo militar, se especula que Tehrán ha enviado miles de Guardias Revolucionarios a Siria.[18] Por otro lado, milicias afines a Irán como Hezbollah y grupos chiíes Iraquís llevan desde 2012 asistiendo al régimen de al-Assad. El objetivo de Irán es mantener a al-Assad en el poder, ante el riesgo de perder influencia en la región ante Turquía, o lo que es peor, Arabia Saudí. Además, Da’esh es una amenaza directa para los intereses iraníes.[19] El autoproclamado califato de al-Bagdadi no solo amenaza a Al Assad sino también al gobierno iraquí (que mantiene relaciones cordiales con Irán) y los lugares sagrados de Kerbala y Nayaf, importantísimos para los chiíes. Pero sobre todo, Da’esh, ha jurado exterminar a los más de diez millones de chiíes. Aunque tal afirmación es tan exagerada como aquella vez que Jomeini aseguró que las tropas persas llegarían a Jerusalén,[20] neutralizar la amenaza es central para el gobierno de Rohaní, que además podría reforzar su posición como defensor de los chiíes en la región (No obstante, la relación del régimen iraní con los ayatollahs de Irak es, a nivel político y teológico, muy tensa. En un futuro artículo me explayaré sobre el tema).

 Enemigos de al-Assad

             A pesar de la presión mediática, el gobierno de Obama ha mantenido una “política de no intervención directa”. Esto es, por un lado, la conclusión lógica de años de esfuerzos diplomáticos por parte del régimen sirio, que se presentaba (y se sigue presentando) como un elemento de estabilidad en Oriente Medio,[21] apoyando la acción anti-terrorista en Iraq y previniendo confrontaciones con Israel (a pesar de la artillería verbal y mediática, tanto Israel como Siria supieron mantener el status quo). No obstante, los medios rusos afirman que la CIA ha apoyado de forma extraoficial al Ejército Sirio Libre con armas, suministros e inteligencia.[22] Asimismo, la creciente fuerza de Da’esh ha sido percibida por EEUU como una amenaza a sus intereses en la región, y (en teoría) se han llevado a cabo bombardeos preventivos contra las posiciones del autodenominado califato en Iraq y el este de Siria.

             La Unión Europea, por su parte, estableció sanciones económicas y un embargo de armas a Siria. Este embargo fue retirado en 2013 ante las presiones británicas (el Reino Unido es uno de los principales traficantes de armas a escala mundial, y no quiso perder la oportunidad de participar en un lucrativo negocio).[23] Durante 2014, la UE, especialmente Alemania, ha provisto a los grupos kurdos con armas y material bélico, con el pretexto de romper el asedio de Kobane. Esto ha creado un problema diplomático adicional, ya que el gobierno turco, temeroso de que las armas refuerzen al PKK, ha comenzado una feroz campaña contra las regiones kurdas de Turquía. De igual modo, es posible que el gobierno turco haya animado a los refugiados sirios a desplazarse a Europa como una forma de castigar y presionar al gobierno alemán.

             La Turquía de Erdogan se opone también al régimen sirio. Al-Assad ha acusado al presidente turco de imperialismo y “otomanismo” en numerosas ocasiones.[24] Aunque la política inicial del gobierno turco era la llamada “cero problemas”[25], posteriormente Ankara pasó a apoyar pasivamente a los grupos rebeldes y yihadistas permitiendo sus actividades en las zonas fronterizas. Dado que el PYD (la sección siria del PKK) controla la frontera norte, el gobierno turco esperaba que esta política debilitase a sus dos enemigos, los kurdos y el gobierno sirio.

             Arabia Saudí y Qatar son abiertamente hostiles a al-Assad. Cada país tiene sus objetivos específicas, pero en general están enviando armas, unidades militares y suministros a las distintas fuerzas enfrentadas al gobierno. Elías Jurí y Sami Naïr acusan al gobierno saudí de armar y financiar a Da’esh y otros grupos yihadistas,[26] aunque otros analistas como Tom Ruys documentan varias evidencias de apoyo militar al Ejército Sirio Libre. Arabia Saudí desea presentarse como el defensor de los musulmanes suníes en la región, así como controlar la influencia de los Hermanos Musulmanes, un enemigo declarado de Riad. Qatar, por el contrario, apoya abiertamente a la Hermandad.[27]

 Resumen y conclusiones

             La intervención extranjera está sin duda ralentizando el fin de la guerra. Siria corre el riesgo de convertirse en un nuevo Afganistán, donde la inferencia internacional (con las distintas potencias armando y apoyando a distintas facciones de muyahidin) promovió una eterna guerra civil que dura hasta nuestros días. En este artículo he enfatizado los distintos Estados involucrados en el conflicto. Sin embargo, existen numerosas ramificaciones en forma de actores no-estatales, desde Da’esh (que se originó en Iraq durante la invasión americana) hasta las redes financieras de donantes privados que apoyan a los distintos grupos rebeldes, pasando por las milicias libanesas e iraquíes que apoyan al gobierno sirio. En este artículo me he limitado a analizar el papel de los Estados. El rol de los grupos armados no-estatales es muy interesante y daría para otro largo artículo.

             Dado que ninguna de las potencias implicadas está suministrando a sus aliados en el terreno con armas pesadas o artillería, lo más probable es que el conflicto dure indefinidamente. La intervención rusa bombardeando a todos los grupos contrarios a Al Assad, dependiendo de su intensidad y de la respuesta de las demás potencias, puede inclinar la balanza a favor del presidente sirio. En todo caso, sería necesaria una transición negociada entre todas las partes incorporando a la mayoría de las partes implicadas y favoreciendo la reconciliación. Hay mucha especulación al respecto entre los círculos especializados. Pero, más allá de las bonitas palabras, el conflicto parece irresoluble si la comunidad internacional no deja de añadir leña al fuego vendiendo armas y persiguiendo políticas egoístas. El tiempo dirá.

             Si deseas saber más sobre Siria y no hablas inglés o árabe, una de las mejores páginas en castellano sobre el conflicto es Traducciones de la Revolución Siria. Actualización (5 de febrero): La victoria de Al-Assad gracias al apoyo ruso está más cerca de lo que parecía hace unos meses.
Véase aquí (en inglés).

 


Referencias

[1]En 2013, la ONU cifraba el número de muertos en 100.000.

[2]Tom Ruys, “The Syrian Civil War and the Achilles’ heel of the Law of Non International Armed Conflict” in Stanford Journal of International Law 50 (2014), pp. 247-280 and “Of Arms, Funding and “Non- lethal Assistance”—Issues Surrounding Third-State Intervention in the Syrian Civil War ” in Chinese Journal of International Law (2014), pp. 13–53 [Ofrecer descarga]

[3]Ruys, …Achilles’ heel… p. 253.

[4]Leon Goldsmith, “Alawites for Assad: Why the Syrian Sect Backs the Regime” in Foreign Affairs, 16-4-2012 [Seen on 21-10-2014] <<http://www.foreignaffairs.com/articles/137407/leon-goldsmith/alawites-for-assad>>; Mohammed Zuhdi Jasser, “Sectarian conflict in Syria” in Prysm Syria Suplemental, National Defense University [Seen on 22-10-2014] <<http://cco.dodlive.mil/files/2014/01/Syrias_Sectarian_Conflict.pdf>>; Charlotte Keenan, “Syria Is Part Of A Wider Religious SectarianWar” in Forbes, 23-9-2013 [Seen on 21-10-2014] <<http://www.forbes.com/sites/skollworldforum/2013/09/23/syria-is-part-of-a-wider-religious-sectarian-war/>&gt;

[5] Elizabeth Shakman Hurd, “The Dangereous Illusion of an Alawite Regime” in Boston Review, 11-6-2013. [Seen on 20-10-2014] <<http://www.bostonreview.net/blog/dangerous-illusion-alawite-regime>>

[6] Un reporte de RAND recomendaba a los analistas estadounidenses “to address Syria in parts, not as a whole. Syria has become an abstraction”. Bryan Michael Jenkins, “The Dynamics of Syria’s Civil War ” in Perspectives (2014), 21. <<http://www.rand.org/pubs/perspectives/PE115.html>>

[7]Elias Khoury, “عن سورية والسوريين”, in Al Quds al Arabi, 10-6-2013 [Seen on 22-10-2014] <<http://www.alquds.co.uk/?p=52806>> Spanish translation available at <<http://traduccionsiria.blogspot.com.es/2013/06/sobre-siria-y-los-sirios.html>> [Seen on 19-10-2014]

[8]“Key Syrian rebels reject National Coalition” in Al Jazeera, 25-10-2013. [Seen on 19-10-2014] <<http://www.aljazeera.com/news/middleeast/2013/09/key-syrian-rebels-reject-national-coalition-201392512047715713.html>&gt;

[9] Ted Galen Carpenter, “Tangled Web: The Syrian Civil War and Its Implications ” in Mediterranean Quarterly (Winter 2013). Also, Joshua Landis, “The Syrian uprising of 2011: Why the Assad regime is likely to survive” in Midle East Policy 19-1; 2012 p. 72

[10]Mahmood Monshipouri and Erich Wieger, “Syria: The Hope and Challenges of Mediation” in Insight Turkey 16-2 (2014), p. 152. Carpenter maintains a similar thesis.

[11] Emil A. Souleimano v, “Globalizing Jihad? North Caucasians in the Syrian Civil War” in Middle East Policy 21-3 (2014 )

[12] Mohammed Ayoob , “The Arab Spring. Its geostrategic significance” in Middle East Policy 19-3 (2012), 86.

[13]Michael R. Gordon, “Russia Sends More Advanced Missiles to Aid Assad in Syria” in The New York Times, 16-5-2013 [Seen on 20-10-2014] <<http://www.nytimes.com/2013/05/17/world/middleeast/russia-provides-syria-with-advanced-missiles.html>>

[14]Ruys, Issues Surrounding Intervention in the Syrian Civil War .

[15]Este hecho puede parecer sorprendente. ¿Cómo es posible que Siria apoyase a Irán en lugar de Iraq? Al fin y al cabo, el régimen de Sadam Hussein y al-Assad padre compartían ideología (socialismo pan-árabe) y partido, el Baath. Sin embargo, la animosidad entre ambos dictadores era tal que Siria, contra todo pronóstico, apoyó al régimen de los ayatollahs.

[16]Radwan Ziadeh, Power and Policy in Syria. The Intelligence Services, Foreign Relations and Democracy in the Modern Middle East. London: I.B. Tauris, 2011, p. 42 and 85.

[17]“Qatar’s foreign minister: Iran has ‘crucial role’ in Syria” in Al Monitor, 22-1-2014. [Seen on 23-10-2014] << http://www.al-monitor.com/pulse/originals/2014/01/qatar-geneva-ii-syria-opposition-iran.html#ixzz3Gy7Z3UJu>>

[18]Ruys, Issues Surrounding Intervention in the Syrian Civil War , 15.

[19]Un análisis detallado de la posición de Irán puede encontrarse en James Devine, “Iran versus ISIL” en Insight Turkey 17:2, 21-34 <<http://file.insightturkey.com/Files/Pdf/02_devine_5.pdf>> [Visto 21-10-2015]

[20]

[21]Raymond Hinnebusch, Marwan J. Kabalan, Bassma Kodmani & David Lesch, Syrian Foreign Policy and the United States. From Bush to Obama, Fife: The University of st. Andrews Centre for Syrian Studies, 2010.

[22]“CIA starts arming Syrian rebels overtly” in Russia Today, 12-9-2013.

[23]“UK forces EU to lift embargo on Syria rebel arms”, The Guardian, 28-5-2013. [Seen on 21-10-2014] <<http://www.theguardian.com/world/2014/aug/15/eu-backs-arms-kurdish-fighters-iraq>&gt;

[24]Al Assad Interview with Russia Today, <<https://www.youtube.com/watch?v=pdH4JKjVRyA>>

[25] Monshipouri and Wieger, Challenges of Mediation, p. 157.

[26] Sami Naïr, ¿Por qué se rebelan?, Madrid, Clave Intelectual, 2013.

[27]“Al Qaradawi role in Tamim’s Qatar sparks debate” in Gulf News, 26-6-2013. [Seen on 22-10-2014] <<http://gulfnews.com/news/gulf/qatar/al-qaradawi-role-in-tamim-s-qatar-sparks-debate-1.1202306>>