Los gobiernos de Jatami (1997 – 2005)

Proseguimos con el especial sobre Irán tras una larga interrupción de 17 días.  Como ya comenté, mi nueva situación laboral me hace difícil publicar con regularidad. Esta será la penúltima o antepenúltima entrega. Después de ella quedarían los gobiernos de Ahmadineyad, y el actual gobierno de Jatami, acompañado sobre una reflexión sobre la situación actual y las perspectivas diplomáticas.

Especial “Acuerdo nuclear”
I – Relaciones Irán-Occidente, 1800-1953
II – Relaciones Irán-Occidente, 1953-1979
III – La Revolución Islámica, 1979-1989
IV – Irán después de Jomeini, 1989-1997
V – Los gobiernos de Jatami, 1997-2005
Bonus: Las relaciones no tan secretas entre EEUU y Jomeini

Los gobiernos de Jatami

La campaña presidencial de 1997

Como decíamos en la entrega anterior, las elecciones de 1997 se prevían interesantes. Por supuesto, la mayoría de las candidaturas a la presidencia fueron anuladas por el Consejo Guardián. De los 200 candidatos que se inscribieron, 9 de ellos mujeres, solo 4 pudieron presentarse finalmente.

De entre ellos sobresalían Ali-Akbar Nateq Nuri, el candidato oficial, apoyado por Jamenei, los Pasdarán y la “vieja guardia” revolucionaria, un veterano clérigo, colaborador de los jomeinistas desde 1963, y miembro de varios parlamentos de la República Islámica; y Mohammad Jatami, un intelectual religioso que había sido director del Centro Islámico de Hamburgo, Ministro de Cultura entre 1983 y 1992, editor del periódico Kayhan, director de la Biblioteca Nacional, y tenía muy buenas relaciones con la industria cinematográfica iraní.

Durante su campaña, Jatami prometió que defendería los derechos de las mujeres y las minorías religiosas y que Irán avanzaría bajo su mandato hacia una verdadera “democracia islámica”. También prometió relajar la censura sobre la prensa, y ampliar la “sociedad civil” apoyando organizaciones no gubernamentales y movimientos populares.

Igualmente, proponía mejorar las relaciones internacionales de Irán para eliminar la imagen exterior de la República Islámica como un régimen caótico, agresivo e imprevisible. Dado que su dimisión en 1992 se produjo a consecuencia de su defensa de un periodista acusado por el Tribunal Especial del Clero, parecía que Jatami estaba comprometido realmente con su discurso. Por el lado contrario, Nuri defendía la ley, el orden, el status quo, y el legado de la Revolución.

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Mohammed Jatami. Fuente, AFP.

 Jatami contaba con el apoyo de la izquierda islámica que operaba dentro del sistema, así como de grupos opositores reprimidos y censurados por el Consejo Guardián, y de gran parte del mundo de la cultura. Las clases sociales que apoyaban a Jatami eran fundamentalmente clases medias y medias-bajas urbanas, sobre todo estudiantes y activistas.

Nuri, por el contrario, estaba respaldado por parte de las instituciones del régimen y los veteranos de la revolución, así como la parte del clero afín a Jamenei y los sectores rurales e industriales. Los “pragmáticos”, nombre con el que se denominaba a los seguidores de Rafsanyani, decidieron finalmente brindar su apoyo a Jatami, dado que temían que una victoria conservadora acabase con el legado reformista y liberalizador del gobierno anterior. Es decir, que se forjó una inusual alianza de liberales, socialdemócratas, izquierdistas y opositores a la República Islámica para evitar la victoria del candidato oficial, al que todas las encuestas daban como seguro ganador.

Los resultados de las elecciones fueron apabullantes. La participación fue muy elevada, un 88% del electorado acudió a las urnas. 30 millones de iraníes (69% de los votantes) dieron su apoyo a Jatami. Solo 7 millones optaron por Nuri, y su derrota fue, para muchos, un puñetazo en la cara de Jamenei y los suyos.

Una nueva era, parecía, empezaba para Irán. La victoria del amable, conciliador y sonriente Jatami era vista por muchos como una prueba del descontento de la población con el Líder Supremo, el Consejo Guardián, los Guardias Revolucionarios y la judicatura.

Primer gobierno de Jatami

Como ya explicamos en la tercera entrega, el sistema constitucional de la República Islámica consiste en un complejo entramado de instituciones que compiten entre sí y limitan la capacidad de acción de las demás. El Presidente nombra gobierno, pero este debe ser autorizado por el Parlamento; y todas las leyes y medidas que se aprueben deben ser sancionadas por el Consejo Guardián, una especie de Tribunal Constitucional integrado por juristas religiosos (ayatollahs) elegido a partes iguales por el Líder Supremo y el Parlamento. El CG también dictamina quién puede presentarse a las elecciones, y a su vez el CJ es elegido por el Parlamento.

Aunque Jatami tenía el apoyo del electorado, su poder real era bastante reducido. La coalición que le había llevado al poder no tenía aún presencia en el Parlamento, puesto que no habría elecciones hasta el 2000, y en el 96 la Asociación de Clérigos Combatientes, ACC (el partido de Jamenei y Nuri) había obtenido mayoría.

El nuevo gobierno contaba con muchas caras nuevas, como Masoumeh Ebtekar, la que fuera portavoz de los estudiantes que tomaron la embajada de EEUU, y que se convirtió en la primera mujer vice-presidente de Irán, cargo que hoy día sigue ejerciendo en el gobierno de Rohaní. Sin embargo, la ACC se aseguró el control de los ministerios importantes (Inteligencia, Defensa) de forma que las fuerzas de seguridad continuasen siendo afines a Jamenei.

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Masoumeh Ebtekar en 1979, cuando tenía 19 años y, en perfecto inglés, actuaba como portavoz de los estudiantes iraníes que secuestraron la embajada americana. Captura de pantalla de un vídeo de Thames Tv. Fuente, Shelf3d

En todo caso, los “Jatamistas” estaban al frente del ministerio de Cultura, y relajaron ampliamente la censura. La prensa tuvo un auge inédito desde los días de la Revolución, y se multiplicaron los debates sobre la tolerancia religiosa, sociedad civil, el papel de la mujer, las relaciones con Occidente e incluso la idoneidad del velayat e-faqih (el Gobierno del Jurista, la ideología en la que se inspira la República Islámica).

La reacción desde la judicatura y los grupos armados revolucionarios no se hizo esperar, y los políticos, periodistas y clérigos que cruzaron la línea roja y criticaron abiertamente a Jamenei y el velayat-e faqih sufrieron arrestos domiciliarios, detenciones y juicios. El gran ayatollah Montazeri fue condenado por criticar al régimen, y el alcalde “reformista” de Tehrán, Gholam Karbaschi, fue inhabilitado por corrupción, lo que ocasionó una oleada de protestas estudiantiles duramente reprimidas.

En el verano de 1998 la judicatura comenzó a cerrar periódicos pro-Jatami y arrestar a periodistas, a la vez que los grupos paramilitares revolucionarios (Pasdarán, Basij), hostigaban y acosaban a activistas estudiantiles, periodistas y escritores y personalidades del mundo de la cultura. Durante los primeros 18 meses de Jatami en el poder, al menos nueve activistas fueron asesinados o desaparecieron en extrañas circunstancias.

En materia económica, Jatami tuvo que hacer frente a una dependencia del petróleo arrastrada desde los años del shah (en 1997 el petróleo representaba un 50% de los ingresos del Estado), un creciente desempleo (entre el 15% y el 30%) y la resistencia de los “bazaaris” (comerciantes minoristas) a la apertura a la inversión extranjera. Dado que el 60% de la economía de Irán está planificada por el Estado (y otro 20% depende de las “fundaciones religiosas” ligadas a Jamenei y sus afines), parecía necesario continuar el programa de privatizaciones de Rafsanyani, lo que suscitó tensiones internas en la alianza que sostenía a Jatami.

La necesidad de apoyos sociales, hizo que el presidente reculara y optara por el contrario por detener el plan de privatizaciones y, en su lugar, subir los sueldos públicos, medida muy apreciada ya que el sueldo de los maestros, por ejemplo, estaba por debajo de la línea de la pobreza. En todo caso, las resistencias internas y la divergencia de opiniones entre los aliados de Jatami hicieron que éste no ahondara en las reformas económicas, poniendo sus esperanzas en mejorar las relaciones internacionales con el objetivo de mejorar la inversión extranjera. A pesar de sus divergencias en política interna, tanto Jamenei como Jatami coincidían en que este punto era vital para los intereses de la República Islámica.

Diálogo de civilizaciones, choque de civilizaciones

En 1998, Jatami acuñó la expresión “Diálogo de Civilizaciones” o “Alianza de Civilizaciones”, como contrapeso al Choque de Civilizaciones propuesto por el académico de Harvard Samuel Huntington (¡el mismo que le propuso al último shah crear un partido único!).

Choque de Civilizaciones, para los que no estén familiarizados con la obra, puede resumirse en que las relaciones internacionales se mueven según la afinidad cultural entre los distintos actores, que las diferencias son irreconciliables y que en el futuro no habrá conflictos geopolíticos sino grandes luchas entre civilizaciones, siendo China y el Islam las más problemáticas para Occidente.

El libro es interesante pero sus posiciones no se sostienen, y ha sido ampliamente criticado y defenestrado por parte de la comunidad académica. No es mi objetivo analizar en este artículo la obra de Huntington, pero en mi opinión la teoría hace aguas por todas partes y abusa de las generalizaciones simplistas, aunque para mérito del autor, supo prever el actual conflicto en Ucrania.

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Jatami, Erdogán y ZP posando para las cámaras. Fuente, Getty Images.

Volviendo al tema, la Alianza de Civilizaciones, que luego retomaría o plagiaría el ex-presidente Zapatero, surgía como una llamada al diálogo amistoso entre los distintos países del mundo. Proponía abandonar la necesidad de establecer una ideología mundial (“democracia occidental, capitalismo, derechos humanos”, sin mencionarlos explícitamente) y ahondar en los puntos en común en lugar de las diferencias.

A la vez que proclamaba su admiración por las tradiciones políticas estadounidenses, Jatami daba por concluido el caso Rushdie (recordemos que Jomeini había emitido una fatua pidiendo su ejecución por su obra Los Versos Satánicos) y trataba de liderar a los países musulmanes organizando la asamblea Conferencia Islámica Internacional. Al igual que Rohaní las últimas semanas, Jatami dio una gira triunfal por Europa, siendo el primer presidente iraní en visitar Roma, París y otras capitales.

Aunque no consiguió mejorar las relaciones entre Irán y EUU (a pesar de que se levantó el embargo sobre los pistachos y las alfombras persas), el primer mandato de Jatami sirvió para relajar la tensión entre su país y Arabia Saudí, y sobre todo para mejorar la relación de Irán con uno de sus principales vecinos y enemigos históricos, Rusia y las exrepúblicas soviéticas de Asia Central.

El 11S y la intervención estadounidense en Afganistán no alteraron significativamente, al menos en principio, la posición de Irán respecto al régimen Talibán. Desde el acceso de los Talibán al poder en 1996 la República Islámica había estado apoyando a la coalición rival en la guerra civil que asola Afganistán desde hace más de 20 años, la Liga Norte. La ayuda de EEUU a esta alianza de señores de la guerra parecía asegurar una mejora en el entendimiento entre Irán y EEUU, dado que compartían aliados y enemigos en el país afgano. Nada más lejos de la realidad.

Segundo gobierno de Jatami

En 2001, Jatami fue reelegido presidente. La victoria de sus partidarios y aliados en las elecciones parlamentarias de 2000 (71% de los escaños) garantizaban que el presidente pudiera continuar con su programa, ahora sin la oposición parlamentaria de los conservadores. Las elecciones locales de 1999, las primeras de la historia de la república Islámica, habían sido anunciadas como un gran éxito de Jatami y sus reformistas. Dado que el Consejo Guardián no tenía poder de veto sobre las candidaturas locales, la campaña fue festiva e intensa. Numerosas mujeres fueron elegidas para posiciones de poder, y los partidarios de Jatami se apuntaron importantísimas victorias en grandes y pequeñas ciudades.

“Reforma”, “reformismo” y “reformista” son palabras ambiguas y amables, cuyo significado no queda muy claro. Los académicos y periodistas anglosajones las emplean con muchísima frecuencia, al igual que están comenzando a hacer los medios en habla hispana. El término “reforma” no es más que un sinónimo de “cambio”. Es decir, un reformista no sería sino alguien que quiere hacer cambios (cualquier tipo de cambios) en el orden político, económico y social. Estos cambios no se plantean de forma brusca, sino gradual y progresiva, de modo que a los reformistas también se les denomina “moderados”.

Si decimos de alguien que es un “reformista moderado”, sentiremos por él una oleada de simpatía, aunque realmente no conozcamos su ideología y sus intenciones. El efecto contrario es producido por las palabras “fundamentalista” y “ultraconservador” y que evocan imágenes violentas, lapidaciones y juicios sumarios. Es decir, que cuando no conocemos nada de un país, los “reformistas” generan confianza mientras que los “fundamentalistas” inspiran miedo.

 Estoy intentando no utilizar la palabra “reformista” para referirme a Jatami, a pesar de que es la más empleada en los medios de comunicación anglosajones y la literatura académica. Esta omisión deliberada se debe a la confusión semántica que el término puede generar, como he explicado en el párrafo anterior. Creo que, por lo general, los expertos occidentales en Irán experimentaban una gran simpatía por Jatami, y de ahí el empleo continuado de la palabra “reformista”, que también se aplicó a Rafsanyani (aunque ideológicamente estuviera lejos de Jatami) o al hoy presidente Rohaní.

En el sentido estricto del término, un reformista moderado sería todo aquel que propone cambios graduales al sistema en el que vive, definición que haría que la mayoría de personas entráramos en esta ideología difusa. En el caso español, tanto Rajoy como Pablo Iglesias, por citar dos ejemplos opuestos, podrían ser considerados reformistas, ya que ambos plantean “reformar” el sistema y las instituciones. En Irán, ya hemos visto que una amalgama de grupos e individuos con ideologías no necesariamente compatibles daba su apoyo a Jatami. Esa heterogénea alianza de liberales, socialdemócratas, izquierdistas, centristas, laicos y religiosos, dentro y fuera del sistema político, es a lo que se denomina “reformistas”.

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Manifestación conmemorando el aniversario de la Revolución Islámica (Tehrán, 11 de febrero de 2002) y recordando quién es el “Gran Satán”. Fuente: Global Post

 Lo que Jatami planteaba, según sus defensores, era democratizar las instituciones de la República Islámica desde dentro, reduciendo el poder de los órganos no-electos y ampliando las competencias del presidente y su gobierno. Los representantes de dichos órganos no-electos, por el contrario, percibían en Jatami una persona con ansias de poder y determinado a alterar el delicado equilibrio institucional que mantenía el correcto funcionamiento la República Islámica. Por tanto, y a pesar del batacazo electoral, tanto el poder judicial como el Consejo Guardián, el Líder Supremo, y las fuerzas de seguridad se dedicaron a boicotear en la medida de los posible el gobierno de Jatami, que no solo amenazaba sus intereses políticos y económicos sino también, se decían, el espíritu anti-imperialista e islámico de la Revolución.

  Desde la primavera de 2000 se produjo un incremento en las detenciones de activistas, estudiantes, intelectuales y demás voces críticas con el régimen. Veteranos políticos de la revolución como Ezzatollah Sahabi y Ebhrahim Yazdi (del Movimiento de Liberación, prohibido pero tolerado) fueron condenados y encarcelados, periodistas de investigación como Akbar Ganji fueron silenciados y metidos entre rejas, y Hasem Aghajari, un profesor universitario de Historia, fue condenado a muerte por criticar la doctrina de la emulación (véase ¿Qué es un ayatollah?). Afortunadamente para él, su caso fue revisado dada la oleada de indignación popular que suscitó.

Otros menos conocidos, sobre todo líderes estudiantiles, desaparecieron sin dejar rastro. También se produjeron asaltos y ataques no ordenados directamente por la judicatura. Periódicos críticos con el Consejo Guardián fueron asaltados, y manifestaciones estudiantiles fueron dispersadas por bandas paramilitares sin identificar. Incluso altos cargos del partido de Jatami sufrieron acoso y asaltos, como Said Hajjarian, atacado con arma de fuego.

Aunque Jatami no era responsable directo de las detenciones y las violaciones de los Derechos Humanos que cometían las fuerzas de seguridad, muchos iraníes empezaron a dudar de la capacidad del líder reformista para crear un cambio significativo. Su tibieza a la hora de criticar estos abusos, a la vez que su actitud conciliadora, hicieron que algunos planteasen que el cambio desde las instituciones del régimen era imposible. A pesar de los éxitos del gobierno de Jatami (políticas sociales, incremento del PIB, mejora de las relaciones internacionales, incremento de las libertades políticas hasta cierto punto y un poco menos de censura en la prensa), la desilusión y el descontento cundió entre sus partidarios, que empezaban a fragmentarse entre diversas corrientes políticas.

 George Bush se encargó de dar la puntilla a Jatami. Para perplejidad del gobierno iraní, que llevaba desde 2001 suministrando a los EEUU informes de inteligencia sobre las actividades de los Talibán, Bush declaró en 2002 que Irán integraba, junto con Iraq y Corea del Norte, el celebérrimo “Eje del Mal”. Esto hizo saltar las alarmas en Irán, que se preparaba para una invasión inminente como la que experimentaría Iraq en 2003.

No sé si era el objetivo de Bush, pero la inclusión de Irán en el Eje del Mal terminó de dinamitar el proyecto reformista y facilitó el retorno de los velayatis al poder. La estrategia conciliadora de Jatami, la prometedora Alianza de Civilizaciones, había resultado ser un verdadero fracaso. Las palabras amables del presidente, sus llamadas al diálogo y el entendimiento, habían caído en saco roto, y eran percibidas por los conservadores como una humillación y una perversión del mensaje anti-imperialista de la Revolución.

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Quién mató al ayatolá Kanuni, editado en castellano por Alianza.

El ambiente enrarecido de los últimos años del mandato de Jatami está genialmente plasmado en la novela Quién mató al ayatollá Kanuni, de Naïri Nahapétian. La obra, disponible en español (yo la tomé prestada de la Biblioteca de Castilla La Mancha), trata un caso ficticio con nombres inventados, aunque la protagonista parece estar en A’zam Taleqani, hija del ayatollah Taleqani, una de las grandes figuras del Movimiento de Liberación y de la Revolución, muerto en 1979. La novela refleja de forma muy amena y sin tantas complicaciones como mis textos las intrigas y luchas internas entre los altos cargos de la República Islámica, a la vez que la ficción permite a la autora ciertas licencias artísticas.

Jatami, en fin, parecía haber fracasado. Ninguno de los tres grandes puntos de su programa (aumento de las libertades civiles, mejora de la economía y cambio en las relaciones internacionales) había cumplido las expectativas levantadas. El descontento y el desánimo cundieron entre los iraníes.

La participación en las elecciones presidenciales de 2003 sería baja, dado que muchos de los antiguos partidarios de Jatami decidieron abstenerse como forma de restarle legitimidad al régimen. De entre los que decidieron participar en el sistema, no surgió ningún candidato capaz de aglutinar los intereses e ideologías contrapuestos y de despertar el entusiasmo de los votantes. Terminaba el momento político de las clases medias urbanas. Los sectores más desfavorecidos de la sociedad, aquellos que no estaban interesados en las libertades civiles sino en salir de la pobreza, serían los grandes protagonistas de las elecciones de 2005. De ellos hablaremos el próximo día.

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¿Qué es un ayatolá?

Aunque ya estaréis al tanto, debo mencionar que este es un blog divulgativo, cuyo objetivo es ser ameno y fácil de leer. Es decir, que lo que váis a leer es un resumen simplificado de un tema bastante complejo, y por tanto puede haber omisiones e incorrecciones. Ni se os ocurra copiarlo y pegarlo para un trabajo de instituto/universidad o un artículo de prensa, porque haríais un sonoro ridículo. En este artículo hay muchas palabras raras, así que tal vez sea conveniente tener a mano el Glosario de términos islámicos.


Introducción

En las anteriores entregas hemos estado hablando de Irán y sus ayatolás. Irán es uno de los principales países de mayoría chií, pero no el único. Es muy importante tener en cuenta que, aunque la mayoría de los iraníes sean chiíes (un 95% de la población total del país, unos 70 millones), la mayoría de los chiíes no son iraníes. Repito, hablar de chiísmo no es hablar de Irán, y viceversa. Alrededor de un 10% de los musulmanes son chiíes. De todos ellos, solo un tercio son iraníes.

Además de una diáspora extensa, existen importantes comunidades de chiíes en Líbano, Yemen, Arabia Saudí, Bahrain, el sur de Iraq (en torno a los santuarios de Nayaf y Kerbala), Azerbaiyán, Pakistán y la India. La India es el segundo país del mundo tras Irán en número de chiíes. Allí hay unos 45 millones de chiíes, el 30% de la población musulmana total de la India. El principal núcleo chií de la India es la ciudad de Lucknow, donde hubo un sultanato chií independiente hasta el célebre motín de 1857.

Fundamentos del chiísmo

El chiísmo duodecimano, la rama más extendida, cree que Alí, primo y yerno de Mahoma, y sus descendientes, son los sucesores legítimos del profeta al mando de la comunidad islámica. Aparte de Alí, hay 11 herederos de Mahoma reconocidos, siendo los más famosos Hussein (hijo de Alí que fue martirizado en la ciudad iraquí de Kerbala cuando luchaba contra Muawiya, el primer Omeya) y Yafar.

A estos descendientes de Mahoma se les denomina Imanes o Imames, y se les atribuyen virtudes casi divinas, fundamentalmente la infalibilidad. Además, de casi todos ellos se recopilaron una serie de dichos y opiniones (ahadith) que forman la Sunna chií, es decir, el segundo cuerpo doctrinal tras el Corán. Los sunníes, por el contrario, solo consideran los dichos del profeta Mahoma en su Sunna. Según la creencia chií, todos los imames fueron asesinados salvo el número 12, Muhammad ibn Hasán, el Mahdi, que entró en “Ocultación” alrededor del año 874.

Que entrase en ocultación no significa que el Imam muriese, sino que se retiró del mundo terrenal. Un día, cuando las condiciones sean propicias, volverá, acompañado por Jesucristo (uno de los profetas del Islam, como Moisés o Salomón), a instaurar la justicia, la paz y el Islam universales. Es decir, que la creencia en el Imamato tiene repercusiones escatológicas similares a la creencia cristiana en el Juicio Final, la resurrección de las almas, etc.

Desde un punto de vista político y religioso, dado que la línea de sucesión de Mahoma termina en el duodécimo Imam y este no está muerto sino oculto, no hay un líder establecido de la comunidad de creyentes. Sin embargo, durante la ausencia del Imam los seres humanos siguen precisando de guía temporal y espiritual. De esta forma, los estudiosos de la doctrina islámica se convierten en los representantes del Imam en la Tierra.

Sistani.jpgEl Gran Ayatolá Sistani, uno de los principales marya en la actualidad. Fuente: Wikimedia

Dado que los chiíes han sido por lo general perseguidos, condenados y asesinados a lo largo de la historia y pocas veces han ostentado poder político (salvo en los califatos fatimíes de Egipto y Túnez y en Irán tras 1501), no hay una institución religiosa única que los integre y organice a todos. Por el contrario, el chiísmo duodecimano funciona de forma un tanto informal, al menos si lo comparamos con la Iglesia Católica.

Jerarquía religiosa chií

Según la doctrina Usuli, que fue la que se consolidó en Irán alrededor del siglo XIX, la comunidad religiosa se divide en dos: los clérigos (ulema o muytahid), que pueden interpretar la ley islámica; y los emuladores, que deben seguir los consejos de un sabio islámico de su elección. Solo se pueden seguir las opiniones de un erudito vivo, en cuanto muere sus fatuas (opiniones legales) dejan de tener vigencia. Aún así, este erudito puede tener seguidores que transmiten y adopten su legado doctrinal a los nuevos tiempos. Además, no todos los clérigos son iguales, hay rangos.

  Los principales rangos (aunque hay una infinidad) son hoyatoleslam, ayatolá y marya. Dos elementos determinan el rango de un estudioso del Islam: por un lado, la formación académica y la cantidad y variedad de obras que haya publicado. Por otro, el número de seguidores que tenga, es decir, de fieles que acudan a él para recibir consejo.

Grosso modo, y para que lo entendáis de forma simple, un hoyatoleslam sería el equivalente a un estudiante que ha completado una Licenciatura o un Grado universitario; en este caso alguien que haya estudiado unos cuantos años en un seminario con un maestro destacado y haya dominado la gramática del árabe, la exégesis del Corán y la Sunna, la lógica, la filosofía, la jurisprudencia, y demás disciplinas relevantes.

El siguiente rango en importancia seria ayatolá. Un ayatolá es algo así como un Doctor universitario, es decir, un hoyatoleslam que ha publicado una extensa y voluminosa tesis en un tema de su elección, demostrando su dominio de las ciencias islámicas, y que por tanto se ha ganado el privilegio de interpretar la ley, emitir juicios religiosos de forma legítima y dar clase en seminarios islámicos.

El último y más elevado grado es el de marya-e taqlid, fuente de emulación. Los marayi (pl. de marya) son los clérigos más influyentes y poderosos. Para ser un marya uno ha de ser un ayatolá de prestigio y debe haber publicado al menos una obra sobre cada una de las grandes materias islámicas, desde mística hasta reparto de herencias y divorcios. Aunque el número de marayi se haya disparado en las últimas décadas (hoy día hay más de 40), tradicionalmente había nada más que uno, como mucho dos o tres. En la época de la Revolución Islámica había unos cuatro marya en Irán.

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El Gran Ayatolá Montazeri, uno de los marayi más importantes de los años 80, y primo perdido de Fernando Arrabal. Fuente, The Guardian.

El marya más famoso y poderoso hoy día es Ali Al-Sistani, originario de Irán residente en Irak. Sistani no es partidario de la doctrina del velayat e-faqih (que ya expliqué aquí, ver sección “El gobierno del jurista”), y sus relaciones con la República Islámica no son precisamente buenas. Tiene una página web muy interesante donde podéis consultar en qué consiste su trabajo, principalmente responder dudas de confusos creyentes que se plantean si comprar un coche a plazos está permitido por la ley islámica, o si comer helado con una pequeña cantidad de etanol es pecaminoso. La web está disponible en árabe, persa, urdu, azerí, turco, francés e inglés, toda una muestra de la popularidad de Sistani.

Es necesario puntualizar, como bien nos ha señalado Manuel Llinás en Facebook, que estas categorías son un fenómeno reciente, desarrollado sobre todo a partir de la Revolución. Hace 50 años, el término ayatolá solía emplearse para referirse a un marya o aspirante a marya; hoy día se utiliza para calificar a un muytahid (clérigo capaz de interpretar la ley) establecido, mientras que hoyatoleslam ha pasado a designar a los estudiantes aspirantes a muytahid.

  Mucho se habla en la poco informada prensa española (e internacional) de un supuesto conflicto entre suníes y chiíes. En otro momento he dedicado un artículo a desmontar tal teoría (en mi opinión no es un “conflicto” doctrinal, confesional o sectario, sino estrictamente geopolítico).

Ahora me limitaré a señalar que en los últimos quinientos años de historia islámica no ha habido grandes guerras interconfesionales al estilo de las que sacudieron Europa en tiempos de Lutero. Aunque tengan creencias distintas, los chiíes no tienen la tradición de matar sunníes, y viceversa.

Sí es cierto que en época medieval los chiíes desarrollaron una doctrina muy interesante denominada disimulación, consistente en hacerse pasar por sunníes allá donde gobernasen líderes intolerantes con los chiíes. Por encima del martirio, los chiíes perseguidos buscaban la supervivencia. No obstante, ese tema lo dejamos para otro día. No dudéis en comentar si tenéis dudas u objecciones.


Para saber más. Bibliografía de interés general:

  • Varios autores, Encyclopaedia Iranica (en inglés, libre acceso): http://www.iranicaonline.org/
  • Moojan Momen, An Introduction to Shi’i Islam, Yale University Press, 1985. (Dispongo de versión en pdf si estáis interesados)