Os ofrezco la transcripción de varias fuentes primarias relacionadas con la expulsión de una madre y su hijo de la ciudad marroquí de Larache a finales del siglo XIX. Los documentos están extraídos del Archivo General de la Administración. Esta es una selección reducida del expediente completo, que es algo más largo.
Para entender el contexto del texto, hay que tener en cuenta que los españoles residentes en Marruecos no estaban sujetos a las leyes marroquíes. Bajo el régimen de capitulaciones establecido en el Tratado de 1861 entre España y Marruecos, los españoles estaban bajo la autoridad de los agentes consulares, que podían decretar su expulsión. No obstante, estos agentes consulares no podían recurrir a la coerción física, lo que daba pie a todo tipo de situaciones. Nótese la dureza del vicecónsul Cuevas con los inmigrantes españoles en Marruecos, a quienes considera una turba de vagos y maleantes.
Despacho del vicecónsul español en Larache al enviado especial y ministro plenipotenciario de España en Marruecos, 6 de Agosto de 1888
Exc.mo señor.
Muy señor mío, V.E. conoce la clase de españoles que por desgracia para nuestro prestigio acude generalmente a Marruecos. Aparte de los empleados, de algunos comerciantes y contadas personas dignas de toda estimación, aparte de una que otra familia de honrados artesanos, nos vemos invadidos por un elemento social contaminado por la inmoralidad en palabras y en costumbres y por individuos de deplorables antecedentes.
Semejante situación obliga a este viceconsulado a velar activamente con objeto de que ningún español se establezca o venga a Larache sin estar provisto de su documentación personal; para evitar y reprimir con severidad los desmanes de la borrachera y su inmediata consecuencia las riñas y los actos de conducta individual y para barrer por último de la Colonia española los perturbadores de su tranquilidad cuando después de reiteradas reincidencias viene a comprenderse no ser posible la enmienda. De no proceder así, de no mantener a los españoles de Larache bajo la idea de que sus excesos han de ser inmediatamente reprimidos, hubiera sido ya establecida en las huertas inmediatas y aún dentro de la ciudad la fabricación de moneda falsa y no pasaría semana sin que fuese necesario proceder gubernativa o judicialmente contra algunos culpables. Por fortuna los falsos monederos no han logrado hacer más que ligeros ensayos de su mala industria pues así que comprendieron que se estaban practicando ciertas indagaciones se apresuraron a ausentarse.
Esas cuestiones de vecindad, esas peleas que acompañadas de gritos descompasados, insultos soeces, provocaciones procaces amenazas y hasta golpes, repetidas con alarmadora frecuencia y con ardor cada vez creciente, hace motivado la provicencia gubernativa por mi tomada de expulsar de Larache a la española María Rosa Baeza y Pro, natural de Manilva, viuda de Andrés Giménez Núñez; mujer al parecer buena e inofensiva, de aspecto inocente, pero provocativa y maldiciente, famosa en Tánger mismo tanto por su constante afán de escándalo como por otras razones de que tal vez ese Sr. Cónsul de España y aún la Misión Apostólica estén enterados. Semejante resolución no ha venido así de pronto, sino después de multitud de amonestaciones, advertencias y reprehensiones, cuantas veces este Sr. Vicecónsul de Portugal se ha visto precisado a acudir a mí para defender contra la María Rosa a la familia portuguesa de Ramón Patricio, a cuya esposa villanamente calumniaba en su honra.
En la propia medida de expulsión estaba comprendido un hijo de la misma mujer, llamado Juan Giménez Baeza de unos 18 años de edad. Este joven fue echado por defraudador del molino harinero de esta localidad y convertido hoy en consumado vago, pasa su vida contrayendo deudas y bebiendo por veces hasta llegar a embriagarse. De aquí repetidos emplazamientos y severas advertencias en este Viceconsulado. Además, el hecho de ser algo tonto le conduce a la manía fomentada por su madre de querer galantear a cuantas señoritas europeas hay en Larache, a las cuales dirige a veces cartas saturadas de necedad y cuanto su lado pasa las dice por vía de requiebro ciertas expresiones indecentes. También repetidas veces he tenido que amonestarle por estas causas. La enmienda ha sido siempre irse a la calle y allá vociferar amenazando con matarme a mí y a otras personas. Hace pocos días dirigió una de sus sucias frases a cierta niña. Hubieron de oírle unos primos de ella; le reprendieron, contestó él con insultos y hablando de puñales y pistolas y se armó un escándalo que una hora más tarde la madre renovó corriendo por las calles y dando desaforados gritos.
En vista de esto y teniendo en cuenta además de lo acontecido, lo que pueda sobrevenir de dejar como otras veces impunes hechos de esta naturaleza, comprendí por ser indispensable alejar igualmente de aquí al Juan Giménez y en consecuencia me ajusté con el patrón de un falucho para que condujese a Tánger a la madre y al hijo.
El buque ha zarpado hoy a cosa del mediodía; pero sólo marchó María Rosa, porque su hijo, que andaba borracho por las calles desde ayer tarde, se fue a casa del Cadí; declaró querer volverse moro y al ser por aquí reclamado al Jalifa Caid Mohamed ben Abselam y Serbut, que tanto detesta a los españoles, me fue rotundamente negado por esta autoridad.
De lo ocurrido con tal motivo daré cuenta a V.E. con despacho separado.
Larache, 6 de Agosto de 1888
[Firmado] Pedro de Cuevas
Carta del vicecónsul de España en Larache al Jalifa del Bajá de Larache, 6 de agosto de 1888
Si Mohamed ben Abselam Serbut, Jalifa del Bajá de Larache
Juan Giménez Baeza ha sido por este Viceconsulado condenado a ser expulsado de Larache con su madre María Rosa. Hoy se ha vuelto moro. El cambio de religión no borra la nacionalidad, y por tanto Juan Giménez es español. Yo os he reclamado a dicho individuo primero por medio de uno de mis soldados y luego por el intérprete José Gallego. Vos me habéis hecho contestar que esto depende del Cadí y el Cadí ha dicho que siendo moro el Juan ni quiere ni debe entregarle, y que para esto estáis vos. No he querido llamar en auxilio de mi autoridad a las tripulaciones de buques españoles surtas en este puerto, pues hubiera podido tener lugar un conflicto sangriento.
Os escribo pues, instando a que como primera autoridad de la provincia con quien deben entenderse los Cónsules, me entreguéis inmediatamente al español Juan Giménez, y si os negáis a mi justa petición, os hago responsable de las consecuencias.
Larache, 6 de Agosto de 1888
[Firmado] Pedro de Cuevas

Respuesta del Jalifa del Bajá de Larache al vicecónsul de España en Larache, 7 de agosto de 1888
Traducción de una carta dirigida por el Caid Mohamed ben Abselam Serbut, Jalifa del Bajá de Larache al Vicecónsul de España en la misma residencia a veintisiete del mes de Dulcada del año mil trescientos cinco, (7 de agosto de 1888).
Loor al Dios único.
A mi amigo el atento caballero representante de los españoles, Cónsul Cuevas, el español, concédate Dios mucho bien y te bendiga.
Recibí vuestro escrito referente al asunto del cristiano Juan el español y de su madre María mandados ambos expulsar por vos del pueblo, renegando luego el hijo de la referida mujer; y a que me enviásteis el soldado que está en nuestra puerta y luego el intérprete Sr. José, añadiendo que conteste que la cuestión estaba en manos del Cadí y que quisísteis enviar a todos los marineros de los buques españoles surtos en el puerto para que cogiesen a la fuerza (al Juan) y que después lo retirásteis por temor a un conflicto escribiéndome por lo tanto para decirme que yo soy el encargado del pueblo. Esto es lo que me decís.
Os diré que de esta cuestión vos tenéis la culpa porque ese hombre se ha vuelto moro por nuestra causa por no haber encontrado en vos la verdad en sus asuntos y así renegó sin que nadie le obligase; además en tu misma religión el hombre es libre. Yo no tuve el conocimiento de que hubiese renegado hasta que nos mandásteis a los tripulantes de los barcos españoles autorizándoles a cogerle (a Juan) a viva fuerza. Era menester que antes de todo me lo comunicases y veríamos cómo arreglarlo todo en bien para que no resultase cuestión ninguna importante entre nuestros súbditos. Y la carta que me enviásteis la observo como prueba contra vos de cuanto hicísteis con los marineros que mandásteis de vuestra nación y con los judíos en las puertas del baño de los moros y se hubiera levantado un escándalo a no haberse encontrado allí gente nuestra de juicio. Esto mismo lo saben todos y lo tenemos por escrito, y lo prueba tu carta que me enviásteis, lo cual me basta y gracias a Dios por todo que salió así.
Y la paz = escrito a 27 del mes de Dulcada de 1305. Firmado Mohamed ben Abselam Serbut. Guárdele dios
[Firmado] El Intérprete: José Gallego

Despacho del vicecónsul español en Larache al enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de España en Marruecos, 12 de agosto de 1888
Excmo. Señor […]
El Caid Serbut continua sin querer entregar al español Juan Giménez.
Parece que el proyecto de hacerse moro databa en este muchacho desde el día en que fue echado por defraudador del molino a vapor, inclinándole más a ello los pérfidos consejos de su madre y sus aficiones sodomíticas. La madre misma, la famosa María Rosa, había también tratado en dos distintas ocasiones de apostatar. La vez primera fue rechazada, pero la segunda sólo la entereza de su hija logró apartarla del tal intento.
Dios Guarde a V.E. muchos años.
Larache, 12 de Agosto de 1888
Interrogatorio a Juan Jiménez Baeza en Tánger, 20 de agosto de 1888
Interrogado en este Consulado de España y de órden del Sr. Ministro, el español Juan Giménez, enviado a disposición de la Legación por el Vicecónsul en Larache, con oficio del 17 del actual, contestó: que al notificarle dicho Vicecónsul que iba a ser expulsado con su madre María Rosa Baeza, del distrito de Larache, se presentó a un moro de aquella ciudad, de oficio cafetero, llamado Aly, y después al Jalifa, Kaid Mohamed Serbout, manifestándoles su deseo de convertirse al mahometismo. Que dicho Kaid se mostró muy satisfecho de aquel deseo y le prometió recomendarle al Sultán para que le dieran huertas y casas, y hasta un mando en el Ejército.
Que acompañado del citado Aly y de orden del mismo kaid, entró el Juan en el Santuario de Lala (Mimana? MInana?), patrona de aquella ciudad y en el que aparentó convertirse al mahometismo. Que acompañado después de una multitud de moros, lo llevaron al baño y después y precedido del mismo Kaaid Surbout y del Kadi de la misma población, lo instalaron en la misma casa que habitan las dos hijas del sultán en dicha ciudad, siendo objeto de toda clase de festejos y de atenciones por todos los moros, y especialmente por el Serbout y el Kadi; quienes le enviaban diariamente comida abundante y le visitaban con gran frecuencia.
Que seis días después, y por temor quizás de que lo sorprendieran y se lo llevaran de dicha casa los españoles, lo envió el Kaid Serbout a la cárcel, a pesar de haberse opuesto el Kadí, permaneciendo allí encerrado y solo allí; algunos días y enviándole también la comida el mismo Serbout y el Kadí.
Que seis días después, y sin haberle permitido comunicar con nadie, y menos con el barbero español Juan Gómez, que lo solicitaba con insistencia, se lo llevó a su casa el mismo Kadi, tratándole con toda clase de atenciones.
Que el día diez y seis fue entregado al Vicecónsul, saliendo al siguiente día y de orden del mismo para Tánger, acompañado de un soldado.
Interrogado igualmente por las deudas que hubiera contraído el Giménez en Larache, contestó que sólo debía siete duros y catorce reales al hebreo Salomón de Plata, y ocho duros y catorce reales a Mordajay Gabay, a quienes di el oportuno recibo.
Dándole después lectura de la lista de (defraudadores?) según aviso del Vicecónsul de Larache confesó esas deudas, con las alteraciones que aparecen al margen de dicha lista.
Tánger, 20 de agosto de 1888


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